Primera Publicación: Agosto 2012
Reedición: Julio 2017
Se podría decir que estaba muy emocionado con su nueva realidad, la convivencia le parecía una buena forma de conocer mucho mejor a su futura esposa, detalles y otras cosas que tendrían que pulir para el día de mañana poder vivir en armonía.
Sonrió de lado al recordar que tan sólo faltaba veintiséis días para la boda.
Ese día tenía trabajo en la tarde, así que tras darse una relajante ducha, decidió pasar por Serena a la universidad e invitarla a almorzar afuera.
Se paró frente al espejo y se acomodó el cuello de la camisa, era la primera vez que iba a ir a buscarla a la universidad, y estaba seguro que iba a ser una sorpresa muy grata. Colocó las gafas oscuras sobre sus ojos azules y tras tomar las llaves de su carro, salió de la casa.
Pasó a comprar un lindo ramo de rosas y se estacionó al frente de la entrada de la universidad. Salió del auto, y se apoyó sobre la puerta del copiloto a esperar.
No pasaron muchos minutos hasta que finalmente la vio hablando con una compañera que lo señalaba; era el momento. Sus ojos celestes se cruzaron con los del médico y no pudo evitar sonreír, sabía que era una sorpresa que le iba a encantar. La rubia se acercó, pero de pronto se detuvo.
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Conquístame, si puedes
Capítulo 09: "Celos Desbordantes"
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Un hombre de cabellos oscuros atados por una coleta se había parado tras su princesa y le susurró algo haciendo que la alegría de Darien desapareciera en ese preciso instante.
Su novia, Su princesa, su Serena, había volteado sobre sus pies muy emocionada a abrazar al sujeto que había aparecido. Cómo si hubiera bebido una botella completa de sake, sintió que su garganta le ardía, pero no tanto como la boca del estómago. No lo dudo, ni dos segundos y en tres largos pasos quedo parado al lado de su futura esposa y la separó de su amigo.
—Hola —saludó en un gruñido, el músico de cabello largo lo miró de pies a cabeza con una sonrisa ladeada.
—Hola Darien —regresó el saludo—, la verdad no esperaba verte, pero voy a aprovechar la ocasión, para decirte que estoy muy molesto contigo, ¿Para que me prometiste que la vas a cuidar si no lo harías? Me fui tranquilo y luego me enteró que te fuiste por dos años dejándomela sola— Darien apretó el puño inconscientemente y Seiya miró a Serena—. Dime que llegue a tiempo para impedir que te cases con él —lo señaló con el pulgar.
—¡Seiya! —lo regañó Serena, pero la mirada de odio que se dedicaban ambos caballeros no era nada linda—. ¡No seas tonto! —tomó el brazo de Darien y sonrió—. He esperado miles de años por este momento, nada lo va a impedir.
—¿Ni siquiera yo? —preguntó de forma coqueta y el doctor vio con las mejillas de su novia se ruborizaron levemente y no le gusto para nada.
—Amor —dijo el moreno mirando a su princesa—, vine a buscarte para ir a almorzar.
—¿De verdad? —exclamó sorprendida, pero luego desvió su mirada hacia Seiya y se cruzó de brazos.
—¿Qué pasa? —le preguntó.
—Es que Seiya había venido a buscarme, porque con Yaten y Taiki invitaron a las chicas a almorzar todos juntos —con una mirada de suplica en sus ojos, miró a su novio—. ¿No te enojas, verdad?
—No, claro que no —trató de fingir una sonrisa, pero ni él se la creyó—. Ve tranquila, yo tengo que hacer unas cosas en el hospital por las dos semanas de vacaciones que me voy a tomar por lo de la boda, así que tranquila…
—¿De verdad? —emocionada saltó a los brazos de su príncipe y le dio un beso que lo dejo sin aliento, el tercero fingió toser, pero lejos de molestarlo, Darien aprovechó y tras tomar el rostro de la rubía entre sus manos, la besó.
—Pásalo bien mi amor, nos vemos en la noche en Nuestra casa —le dijo recalcándole el «nuestra» a Seiya.
—¿Viven juntos? —preguntó sorprendido.
—Así es, ¿problema? —preguntó divertido aún atrapando a Serena entre sus brazos, viendo la molestia en los ojos azules de su adversario—. Ya princesa, la dejo —volvió a besarla—. Extráñeme mucho.
—¡Cada segundo! —exclamó con los brazos en alto mientras veía como el moreno de cabellos oscuros cruzaba hasta su automóvil y subía a éste para marcharse.
—Bien bombón, vámonos
Darien se puso en marcha hacia el hospital apretando de sobremanera el volante de su auto, los nudillos se notaban tan blancos que le empezaron a doler.
—¡Demonios Darien, cálmate! —golpeó su frente con la palma de la mano consecutivamente—. Seiya no es alguien por el cual deberías preocuparte, después de todo cuando se transforma en Sailor le crecen… —la rápida visión de Seiya vestido como Sailor Star Fighter le dio un escalofrío que le rozó la espalda—. Bien, así, además Serena está conmigo, está conmigo. Pudo haberlo elegido a él mientras yo no estaba, pero no lo hizo… Además no paso nada entre ellos que me haga pensar mal… Claro, debo confiar en mi princesita.
En ese momento, su móvil empezó a sonar quitándolo de su conversación personal.
—Diga —respondió al activar el manos libres.
«Hola hijo.»
—Mamá Ikuko, dígame en que le puedo ser útil —sonrió al escuchar la risa del otro lado.
«Aguantas a Serena, eso ya es mucho. Pero no quiero hablar de mi hija, te invito a almorzar. ¿Qué te parece?»
—Claro, voy para allá inmediatamente.
«¡Perfecto!»
—Bien, nos vemos en diez minutos.
«Te espero» la llamada fue cortada y sonrió.
—Voy a dejar de preocuparme por el musiquito de sexualidad confusa —se dijo decidido mientras tomaba el camino hacia la casa de los Tsukino.
Llegó a la residencia, y la señora de cabellos azulados lo invitó a pasar.
—¿Serena fue en la universidad? —preguntó colocando el plato frente a Darien —. La llamé para invitarla también, pero no responde.
—Ah, es que está en una reunión con las chicas puede que no escuche el celular. Anoche llegaron amigas y hoy un par de amigos, los músicos esos.
—¿Seiya estpa de vuelta? —preguntó contenta, y la molestia volvió a instaurarse en él.
—¿Lo conoce?
—Como no conocer al único ser que logró que mi hija hiciera deporte —exclamó emocionada—. Cuando Serena nos dijo que iba a participar en el club de Softball de la preparatoria casi nos morimos del impacto. Seiya fue muy amable de enseñarle todo a Serena.
—Ah… —esa parte parece que a alguien se le había olvidado contar.
—Además siempre estuvo pendiente de ella cuando tú estabas en Estados Unidos. Incluso se quedo a dormir en la casa una noche que tuvimos que salir los tres.
Con aquellas palabras la comida se le atragantó en la garganta. Y empezó a golpearse hasta que paso y bebió agua.
—¿Estás bien?
—Sí, sólo que no recordaba si Serena me había contado esas anécdotas.
—Ah, pero Rei y las demás también estaban, así que no te preocupes —rió tapándose la boca con la mano—. Supongo que me exprese mal, no pienses mal de mi hija.
—Claro, nunca pensaría mal de mi querida Serena —respondió con una sonrisa. «Aunque de la gente que la rodea, si ya estoy pensando mal» pensó.
Tras el almuerzo en compañía de Ikuko, Darien se fue a trabajar aún peor de lo que estaba. Definitivamente ese sujeto había hecho muchas cosas por Serena en el poco tiempo que estuvo a su lado. Y encima, ella prefería ir a comer con ese, antes que con él que tan emocionado había ido a buscarla. Observó las rosas en el asiento trasero de su automóvil, las tomó con rabia y las botó en el primer cesto de basura que encontró.
En el trabajo poco y nada pudo concentrarse, pero le alegró saber que su permiso para vacaciones -que se iba a tomar en dos semanas más para ayudar a Serena en todo lo que falte para la boda- estaba aprobado y esperándolo.
Contó hasta los segundos para que ese día acabara y pudiera regresar a casa donde podría dormir otra noche arropando entre sus brazos a esa rubia que lo traía loco, esa rubia que le pertenecía a él.
«¡A mí y no a ningún musiquito de quinta!» pensó y con aquella frase se levantó de su asiento, tomó sus cosas y salió camino a su casa.
Darien estacionó su auto sorprendido por lo oscura que lucía la casa, tomó su celular y comprobó la hora. Eran más de las diez de la noche y se suponía que Serena debería estar en casa. Sin querer seguir pensando mal, bajó del auto e ingresó a la casa
«Quizás esté dormida» se dijo para tranquilizarse.
Subió las escaleras, y encontró la puerta de su habitación abierta, se asomó y los malos pensamientos no tardaron en cubrir su mente. Ella no estaba.
Buscó el celular del bolsillo y la llamó
«El número telefónico que usted está marcando, está apagado o fuera del área de servicio»
—¡Demonios Serena contesta! —volvió a llamarla y la misma voz de la contestadora lo atendió una y otra vez.
La ira comenzó a subirle como un potente ácido desde la boca del estómago, invadiendo cada uno de los poros.
¡Cómo era posible que no contestara su celular!
—¡Serena! No puede llegar cualquiera y botarme así como así. Tú —comenzó a caminar por la habitación como un león enjaulado—, ¿por qué prefieres estar con él? ¿No soy yo tu príncipe? ¿El ser por él que has arriesgado tu vida? —se pasó las manos por las hebras oscuras consecutivamente—. ¿No estará aburrida de mí, verdad? Ella sabe que, aunque no lo grite a los cuatro vientos, la amo… —volvió a marcar el teléfono.
«El número telefónico que usted está marcando, está apagado o fuera del área de servicio»
—Además ya antes ha rechazado a muchos pretendientes por mí —sonrió entre los nervios—. Soy su mejor elección, su única elección. Sí —se sentó en la cama—, en esta cama nosotros vamos a concretar nuestras vidas, ella va a llevar en su vientre a mi hija, a nuestra hija… Por ese futuro de brillante cristal…
—Oh… —se tranquilizó pero rápidamente se preocupó—, ¿y si no responde por qué le paso algo? —trató de explicarse para apaciguar sus ánimos, nunca antes se había sentido así. Desorientado, nervioso, lleno de ira…
Por un lado, debía estar tranquilo porque cuando él fue atacado por Galaxia, Serena tuvo la contención de un extraterrestre lanza luces quien además la protegió, pero no podía evitar pensar que ese la estuviera abrazando, o…
—¿Habrán tenido alguna cita en ese tiempo? —se preguntó—. ¿Cómo demonios podre saber eso? —se paró y empezó a caminar por todos lados.
Miró el reloj y explotó una vez más.
—¡Once y media de la noche! —volvió a marcar.
«El número telefónico que usted…»
—¡Rayos! Si no llega en media hora voy a salir a buscarla.
Ni bien terminó de pronunciar sintió un auto a las afueras de la casa, se acercó al ventanal y reconoció a la dueña de tal: Haruka.
Al menos si había estado con las chicas, eso lo tranquilizaba un poco, sobre todo con Haruka y Michiru quienes estaban de su lado sin saberlo -después de todo- ellas no soportaban al cantante tampoco.
Volvió sobre sus pasos y tomó asiento en el borde de la cama, apoyó los codos en las piernas, el mentón en las manos entrelazadas y se dispuso a esperar por su querida novia. Cuando los pasos se escucharon en la escalera, soltó el aire por la nariz.
Serena abrió la puerta y se sobresaltó cuando la luz del velador se prendió.
—Llegas tarde.
—¡Oh! —exclamó con la mano sobre el pecho—. Pensé que estarías dormido.
Darien la miró con el ceño fruncido—. ¿Dormido?
—Si, dormido. Debe ser más de media noche —le comentó pero sólo se ganó una mirada indignada de los ojos azules.
—Claro, es casi media noche. ¿No te enseñaron que las señoritas decentes no deben estar en la calle a estas horas?
—¿Perdón? —dijo con las manos en la cintura.
—Te perdono, pero no lo vuelvas a hacer —respondió a la defensiva.
—Ay Darien —gruñó—. ¡No te pongas como mi papá, ¿quieres?! Por si no lo sabías, cuando era una niña andaba hasta altas horas de la noche salvando al mundo.
—Oh —exclamó irónico—, mira que si no me lo decías, no lo sabía —se paró—. Después de todo yo estaba salvándote el pellejo cada vez que eso pasaba. Pero ahora es distinto, no estabas salvando al mundo… ¿o sí?
—¿Qué demonios te pasa Chiba? —preguntó apretando y estirando los puños consecutivamente—. ¿Te cayó mal la comida? Tú no eres de hacer este tipo de escenas tan "demostrativas" —se burló haciendo las comillas con los dedos.
—¿Será por qué nunca me diste motivos para ponerme de esta forma?
—¿De qué hablas? ¿De qué motivos? —Serena estaba completamente desorientada, había pasado una bonita velada con sus amigos, y al llegar su novio era un ser extraño. Los ojos azules que tanto amaba estaban turbios e iba a tratar de controlarse hasta saber que lo aquejaba.
—No te parece suficiente motivo que llegaras a estas horas por ir a comer con ese cantantecito.
—Vamos Darien —negó con la cabeza—. Yo nunca te dije nada de esa amiguita tuya que se notaba a la legua que quería contigo —lo miró frunciendo el ceño—. Yo confiaba en ti y nunca te hice una escena por Saorí, al contrario me quede tranquila y no te hice ni siquiera un escándalo. Pese a que ella no creía que yo era tu novia. Aunque —bajó la mirada—, si estas así, supongo que tú no confías en mí.
—¡Claro que confío en ti! —se le acercó y la tomó del rostro para que lo mirara—. Pero no puedo confiar en él. ¿Lo oíste cuando dijo: "Dime que llegue a tiempo para impedir que te cases con él"? —dijo tratando de imitar la voz de Seiya con un exagerado tono afeminado.
—¡Por favor Darien! ¡Era una broma! ¡Broma! ¿Sabes lo que son?
—Si sé lo que son, pero yo no ando por ahí haciéndole bromas a las mujeres de otros porque lo encuentro poco ético.
—O sea que cuando sea tu mujer nadie va a poder hacerme una broma —le reclamó.
—Tú ya eres mi mujer, recuerda que solo faltan días para que te cases conmigo.
—Pero por ahora no he firmado nada de nada —comentó irónica.
Aquellas palabras de Serena fueron la gota que rebalsó el vaso, la tomó de los hombros y la besó de manera demandante hasta que sintió que le faltaba el aire. Serena estaba aún algo mareada por la falta de oxígeno pero aún así tenía una enorme sonrisa en sus labios.
Aquel beso para el moreno no había servido para nada más que confirmar la sangre a punto de ebullición que sentía recorrer por sus venas. Ya no podía soportarlo más, ya no quería sentirse así, tan vulnerable a que alguien le quitara a su Serena. Porque era suya, de él y eso nadie lo iba a impedir.
Quería sentirse un completo egoísta por una vez en su vida, deseaba a esa mujer con locura.
—Serena, te deseo… te necesito —la tomó del rostro y acercó el suyo—. Anhelé tanto este momento, desde que eras una niña. ¡Rayos! Siete años conteniéndome para no —estampó sus labios contras los femeninos—, dejar que mis instintos más primitivos, me controlara.
—Darien… —susurró.
—Vamos a hablar, esta es la verdad de esta noche —apegó la frente a la de la rubia—. Me muero por tenerte entre mis brazos desde que tenías catorce, ¿Te crees que no me gustaban tus demostraciones de amor porque soy tímido? ¡Bah! ¡Soy hombre Serena! Creía que un día de estos no iba a poder contenerme, ahí abrazada a mí, frotando tu cuerpo contra mi brazo… ¡No soy de fierro! Tenía que contar hasta diez para no agarrarte donde estuviéramos y seguir con mi pose de caballero.
—Pe… —tartamudeo—, pero… yo…
—¡Estaba mal, lo sé! —se quejo separándose de ella—. Aquí y en la China, si yo intentaba algo contigo era firmar mi sentencia de muerte. ¡No debía hacerlo, pero tú no me dejabas otra opción! Me incitabas sin darte cuenta, Serena —volvió a acercarse.
—Yo siempre creí que no me deseabas por ser una niña —bajo la mirada.
—¡Demonios! —la volvió a tomar del rostro para que lo mirara—. ¡Serena me vuelves loco! Desde siempre, así loca, infantil, despistada, con tu peinado extraño, tus ropas cortas y provocativas. ¡Tú padre será un guardián, pero no vía como te vestías! —la princesa no pudo evitar reír ante el comentario—. ¡No te rías! ¡Que te estoy hablando en serio! —le gritó atrapándola entre la puerta y su cuerpo, apegándose a ella
—Darien… —murmuró sorprendida al notar el bulto que el moreno apegaba contra su vientre.
Él la comenzó a besar de una manera que juraba que era ilegal, la tenía en vilo con sólo unos besos y sentía en su interior como todo se volvía gelatina y agua, sentía que toda su piel quemaba y que la única manera de que su cuerpo bajara la temperatura era a través de los besos de Darien. Las ansias que la invadían -por ese hombre- aumentaban cada vez más, pero éste cortó el beso de golpe, dejándola aturdida.
—¿Qué estuviste haciendo todo este tiempo? ¿Estabas con él, estuviste a solas con Seiya? —la tomó de los brazos y le dio un leve sacudón—. Por favor Serena, dímelo. —la soltó y pasó –nervioso- ambas manos por sus cabellos oscuros, él no era así, él era una persona tranquila no estaba bien, pero no podía detenerse.
Serena sonrió de lado mientras lo observaba detenidamente, ¿esa era otra faceta de su novio? ¿Era realmente Darien, una persona vulnerable cómo lo estaba viendo?
La aparición de Seiya lo había desestabilizado mucho más que cualquier persona y ahora parecía un pequeño cachorro aturdido y confundido.
—Darien —Serena se cruzó de brazos—, Seiya es sólo un viejo amigo que no veo hace años.
—Un amigo que abrazaste efusivamente cuando lo viste.
—¡Soy así con todo el mundo! —le recordó moviendo los hombros, Darien también se cruzó de brazos sin decir nada—. Lo que me faltaba ahora, salir de un padre hostigador a un marido posesivo.
—Como si tú no lo fueras —respondió corriendo la mirada entre un gran resoplido—. Posesiva a morir.
—Pues sí —afirmó golpeando el piso con su pie—, soy muy posesiva y muy celosa —confirmó asentando con la cabeza—. Pero creo que tú me ganas y con creces.
—¿De qué hablas? —la miró ofendido—. Yo no estoy celoso de ese, por favor.
—Si lo estás —se acercó a él sin cortar el contacto visual—. Estás celoso, temes que otro me quite de tu lado y la verdad, me encanta verte así, celoso…
—Serena —gruñó el hombre, no estaba para juegos… al menos los que ella quería jugar.
—Así que Darien Chiba también es capaz de experimentar celos —se quitó el chaleco y lo dejó tirado en el suelo.
—¡Te dije que no son celos!
—¡Son celos! —le afirmó convencida—. Soy la reina de los celos, así que no me discutas.
Bueno, si no quería que le discuta, eso se podía solucionar enseguida. Cortó la distancia pero antes de que pudiera llevar sus manos a la espalda de la rubia, ella se colgó de su cuello ganándole el beso.
Serena besaba tan inocente, pero él se estaba consumiendo por dentro. La alzó entre sus brazos y ella cruzó las piernas por la cadera masculina para sostenerse -profundizando el beso-, con su tibia lengua acarició los labios de su novia pidiendo permiso; ella no titubeó.
Sus lenguas se entrelazaron, en un inicio torpemente pero no tardaron en conseguir un baile perfecto. Serena estaba consumida por la frustración de las noches anteriores y Darien por los malditos celos. ¡Si, Lo admitía! Moría de celos de que alguien tocara el más corto de sus cabellos.
Pero de hoy no pasaría, se marcarían uno al otro sin importar que el cielo se cayera a pedazos.
Retrocedieron unos pasos y Darien se sentó al borde de la cama, y a ella, la sentó en sus piernas. Ambas manos cobraron vida propia deslizándose por la fina espalda femenina -sin romper el beso- consiguió meter mano a través de la tela. Serena jadeó contra sus labios al sentir la calidez que emanaban esas manos.
Ella también quería explotar, bajó las manos hasta la cintura de su novio y le desprendió el cinturón para poder quitar la camisa de la cintura del pantalón. Jaló la tela con desesperación causando una risa divertida en el moreno.
—No me creas tan inocente —le reclamó la chica—. Yo también llevó años esperando que me faltes al respeto con mucho gusto —consiguió quitar la camisa de la cintura y también metió sus manos para tocar la piel de su hombre.
—Serena —gruñó cerrando sus ojos, mientras ella llevaba las manos al pecho, recorriéndolo con suavidad y los ojos cerrados—, vas a matarme…
Serena sonrió y acercó su boca al oído masculino.
—Entonces espero que tú también lo hagas —le besó bajo la oreja y luego le mordió el lóbulo de la oreja haciendo que el doctor soltara un quejido—, porque quiero que está noche subamos al cielo y nos refundámonos en el infierno.
