Tuve algunos inconvenientes y no logré actualizar la semana pasada, pero ya he retomado el ritmo y he ordenado mis ideas.


Reality I: Wishful Thinking

Ninguno de los gemelos de Géminis entendía muy bien lo sucedido. Pólux y Cástor aparecieron de repente, alegando que los llevarían a un lugar digno de tal combate. Los gemelos abrieron lentamente los ojos, acostumbrándose a la cegadora luz. Kanon fue el primero en incorporarse, mirando de reojo a Saga que no tardó en hacer lo mismo. Se encontraban en una especie de jardín, amplio y hermoso, en cuyo centro yacía un templo de blanco mármol. Cuando se fijaron bien se dieron cuenta de que estaban flotando sobre una plataforma, pues abajo sólo se veían nubes. Los gemelos se miraron y asintieron, definitivamente se encontraban en el Olimpo.

—Ese es Logios, el templo de Hermes, el mensajero de los dioses —Kanon y Saga se colocaron en guardia al escuchar la voz de Cástor —Los templos de los demás Olímpicos se han desprendido de la estructura principal donde se encuentra la morada del gran Zeus. No hay forma de llegar hasta él más que atravesando los templos que le preceden. Dentro de Logios se encuentra la llave que los llevará hasta el siguiente tiempo.

—¿Por qué estás contándole todo esto a tus enemigos? —preguntó Kanon.

—Para entrar en Logios tendrán que derrotarnos a nosotros, los Olimpiacos que protegemos este templo —contestó Cástor, al tiempo que Pólux aparecía a su lado —Aquel día cuando nos enfrentamos en los dominios submarinos, te subestimé, Kanon de Dragón Marino. Mi inmadurez provocó mi derrota, es por eso que esta vez voy a enfrentarte con todo mi poder.

—Nosotros, los Olimpiacos gemelos, acabaremos con ustedes y colgaremos sus cuerpos en la entrada del templo, como advertencia para los herejes que vienen detrás de ustedes —agregó Pólux —Nadie jamás ha podido oponerse al señor Zeus y esta vez no será la excepción.

—Hermano, espero que no hayas olvidado tu promesa —dijo Cástor a su hermano mayor.

—No te preocupes, Andrea. Dejaré que tú mismo te encargues de Dragón Marino, mientras tanto yo me desharé de Géminis. Luego de esta batalla, no les quedará la menor duda de quiénes son los gemelos más fuertes. Nosotros somos los verdaderos Dioscuros, descendientes de Zeus y en este mundo no hay lugar para otros Dioscuros más que nosotros.

—No sé qué tanto estás balbuceando, —lo cortó Saga —pero si tanto deseas enfrentarme, cumpliré tu deseo. ¡Explosión Galáctica!

El poderoso cosmos de Saga destruyó buena parte del jardín, pero cuando el caballero dorado prestó más atención se dio cuenta de que su enemigo había desaparecido. A pesar de su rápida reacción, Saga no pudo esquivar la patada que Pólux le propinó. El cosmos de Pólux había desaparecido por un instante y por eso había logrado golpearlo. Saga se incorporó rápidamente, como si nada hubiese sucedido, pero las rodillas le temblaron un momento y se tambaleó antes de recuperar el equilibrio. Pólux lo miraba con gesto burlón, Saga chasqueó la lengua, molesto, y notó que no había rastro de Kanon ni de Cástor.

—¿Estás preocupado por tu gemelo? —Saga sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo, un mal presentimiento.

—¿No eres tú quien debería estar preocupado? —replicó el de Géminis —Quizás deberías ir y salvar a tu hermano, como lo hiciste cuando Kanon casi acaba con él —Pólux soltó una risita.

—Andrea no es un hombre que cometa el mismo error dos veces, así que no hay necesidad de preocuparme por él —Saga volvió a sentir ese escalofrío, era como si algo le dijera que Kanon estaba en problemas —Kanon es tu gemelo, así que es normal que puedas sentir su misma inquietud. Es por eso que luces tan inquieto, ¿verdad?, porque sientes que algo anda mal, pero no puedes saber qué es. Deja que te diga algo, Saga de Géminis, no hay forma de que Andrea pierda este combate. Por supuesto yo tampoco voy a perder.

Pólux volvió a desaparecer del campo de visión de Saga, quien de pronto se vio atacado desde distintos flancos, siendo capaz apenas de evadir los golpes dirigidos a sus puntos vitales. Saga no era capaz de seguir la velocidad de Pólux con sus ojos, además el otro hombre tenía una asombrosa habilidad para ocultar su cosmos instantáneamente. Saga decidió no depender más de sus ojos, así que los cerró y, confiando en el resto de sus sentidos, logró asestarle un golpe a Pólux en la cara.

—Eso es, Saga, muéstrame lo que puedes hacer —lo retó —Demuéstrame por qué eres considerado el caballero dorado más poderoso. Muéstrame el poder del hombre que le dio problemas a Davi.

Era imposible olvidar el poder de los puños de Davi de Hércules. Aquellos golpes pesados, como los pecados que cargaba el héroe mitológico. En aquel entonces no había duda de que Hércules estaba probando a Saga. No había forma de que un Olimpiaco, esos arrogantes guerreros que se autoproclamaban los más poderosos del universo, cayera víctima de su Explosión Galáctica. Podía ser su técnica más poderosa, pero Saga sabía que las cosas no serían tan simples. En aquel momento, Davi de Hércules sin duda había tenido intenciones ocultas al dejar a Niké en manos de sus enemigos.

¡Y ahora caía en la cuenta! No había forma de que Zeus dejara escapar a Niké tan fácilmente. Entonces, ¿qué planeaba? ¿Por qué Davi de Hércules no había peleado en serio aquel día? Aquello era sin duda alguna estratagema de Zeus para derrotarlos. Y si así iban a ser las cosas, Saga haría que Pólux hablara.

—¡Genrōmaōken!

Pólux se quedó inmóvil, incapaz de controlar su propio cuerpo, cuando Saga utilizó su técnica de Otra Dimensión. Mientras Pólux flotaba en la otra dimensión, en ese espacio en el que sentía que su propio cuerpo no le pertenecía. Sólo podía escuchar la voz de Saga en su cabeza diciéndole que si no quería morir, tenía que confesar cuáles eran las verdaderas intenciones de Zeus al dejar escapar a Niké y también qué era lo que pretendía Athena ahora que había regresado al Olimpo. Las palabras se escaparon de sus labios sin que Pólux pudiera controlarlas.

—Hay un mito que fue enterrado en lo más recóndito de la memoria de los dioses hace mucho tiempo. Cuando Athena ganó la batalla contra Poseidón por la ciudad de Atenas y decidió descender a la Tierra para protegerla, una parte de ella no quería abandonar el Olimpo. Siendo la favorita de Zeus, su relación con su padre siempre fue buena, así que le entristecía abandonarlo. Sin embargo, otra parte de ella, quería salir y explorar el mundo, quería conocer los misterios de la humanidad.

"Así que Athena fue con Morfeo y le pidió que la ayudara a deshacerse de sus dudas. Así fue como Morfeo desprendió de Athena esa parte que la mantenía atada al Olimpo y la encerró en sus dominios. Esa es la contraparte de Athena que conocemos como Palas. Sin nada que la atara al Olimpo, Athena descendió a la Tierra, acompañada de su fiel compañera, Niké. Antes de partir, Zeus selló en el cuerpo de Niké una parte del destructivo poder de Athena, para que pudiera utilizarlo cuando "fuera el momento". Claro que ni siquiera la misma Niké sabía de esto. Además, la única forma de liberar este poder es con la muerte de Niké.

Después de su enfrentamiento con Dominique, Niké quedó muy debilitada, moribunda. Por orden de Zeus, Dominique llevó a Niké ante él. Estoy seguro de que, en este momento Athena ya debe haber matado a Niké y liberado su poder. Y ahora que Palas regresó también, la esencia de Athena está completa. Athena está lista para destruir la Tierra que en el pasado juró proteger aún a costa de su vida. Esa es la verdadera naturaleza de Athena, Saga, ella misma ha visto la maldad de la humanidad y está ansiosa por destruirlo todo y comenzar de nuevo. Esa es la razón por la cual Athena regresó al Olimpo."

Saga no quería creer las palabras de Pólux, sin embargo, siendo que el Olimpiaco estaba bajo su control, el de Géminis sabía que el otro no mentía. La revelación lo golpeó con fuerza cuando se dio cuenta de que los caballeros de bronce habían ido a los dominios de Morfeo precisamente para buscar a Palas, pero si ella no estaba ahí, todo había sido en vano. ¿Acaso sus esfuerzos eran inútiles? ¿Qué ganaría si derrotaba a Alessandro de Pólux? ¿Tenía sentido continuar hasta donde se encontraba Zeus? ¿Por qué tenían que seguir arriesgando sus vidas por una diosa que había renunciado a su deber?

—Bueno, creo que ya hablé suficiente y lo mejor es que terminemos con todo esto, ¿no lo crees, Andrea?

Saga abrió los ojos de golpe, sintiendo como si acabase de despertar de una pesadilla. Estaba de vuelta en los jardines, pero, ¿cómo? ¿Por qué habían regresado de la Otra Dimensión? Y, ¿cómo era posible que Pólux estuviera ileso, de pie enfrente de él, como si nada hubiese sucedido?

—Lo siento, hermano, creo que me excedí —en ese momento apareció Andrea, cubierto de sangre y llevando en su mano… no, imposible —Fue pan comido. Una vez que se dio cuenta de que su querido hermano mayor corría peligro, no fue capaz de concentrarse en la batalla.

El de Géminis lanzó un grito cuando la cabeza de Kanon cayó a sus pies. Los ojos de Kanon se abrieron y miraron a Saga con reproche.

—Saga, explícame por qué. ¿Por qué el destino ha sido tan injusto? ¿Por qué te escogió a ti Athena como el guardián de Géminis? ¿Por qué eras amado y respetado por todos en el santuario mientras a mí me miraban con desprecio? ¿Es porque soy el Segundo? ¡Dímelo Saga! ¿Por qué tuve que morir, eh? ¿Por qué yo estoy muerto mientras tú sigues con vida?

—Kanon, yo…

—Tú me mataste, Saga. Todo es tu culpa. Nunca me consideraste tu hermano. Siempre fui un estorbo para ti.

—Eso no…

¿Cuándo había sido la última vez que se sintió tan vulnerable? ¿Por qué las palabras de Kanon lo afectaban de esa manera? Mientras Saga se debatía, sujetándose la cabeza con ambas manos y lanzando maldiciones en griego, Pólux miraba divertido, cómo su poder ilusorio hacía estragos en la mente del hombre que era, supuestamente, la mayor amenaza para los planes de Zeus.

—¿Qué te parece mi Polydeuces, Saga? Este es el verdadero poder de las ilusiones. Tu Genrōmaōken no puede compararse con el poder de los Dioscuros. La voz de tu hermano te atormentará por la eternidad. O eso me gustaría decir, pero mi señor me ha ordenado matar a todos sus enemigos, así que te cortaré la cabeza de una vez.

Entonces Pólux sintió que su cuerpo era aplastado por una fuerza sin precedentes. Su cuerpo estaba pegado al suelo, enterrándose cada vez más en él. Nuevamente era incapaz de moverse. Ni siquiera podía levantar la cabeza para observar qué estaba sucediendo, pero por alguna razón sintió un escalofrío al escuchar pasos que caminaban hacia él. Esa era la primera vez que Alessandro de Pólux temía por su vida.

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Olimpo. Aposentos de Athena.

Lo siguiente aconteció días antes del inicio del camino de los ejércitos de la Tierra y el Mar hacia el Olimpo.

Athena todavía podía recordar la sorpresa que la invadió cuando él entró en sus aposentos sin anunciarse y se presentó como Zeus, el rey del Cielo. Y es que para Athena, el hombre que estaba ante ella era Seiya de Pegaso. Un Seiya de Pegaso que tres años atrás milagrosamente se recuperó del coma en el que lo dejó el ataque de Hades luego de la última batalla. Ahora se presentaba ante la diosa vistiendo la sagrada armadura de los dioses y alegando que había llegado el momento de "purificar la Tierra". Sin embargo, después de escucharlo durante unos minutos, Athena estuvo segura: ese hombre se había convertido completamente en Zeus. No había en él rastro de quien antes fuera el caballero de bronce de Pegaso.

Finalmente sus ojos se abrieron.

La diosa de la sabiduría no pudo evitar sentir que había dormido por años. El sueño en el que se sumió fue tan profundo que a sus ojos les tomó un momento acostumbrarse a la luz que se filtraba por la ventana de la habitación. Cuando se incorporó, se mareó un momento. Era lo más lógico, pues no estaba acostumbrada a tanto poder. Acababa de regresar de los dominios de Morfeo, luego de recuperar la parte faltante de su esencia. Por primera vez en siglos, sentía que era ella misma. Valieron la pena todas las dificultades por las que tuvo que pasar para entrar en los dominios del orgulloso Morfeo. Después de todo, la primera vez que lo intentó, fracasó y casi no logra regresar.

Notó que su báculo yacía al lado de la cama y cuando lo tocó no pudo sentir ningún cosmos de él. Volvió a dejar el báculo en su lugar y abrió la puerta de la habitación. Se sorprendió al notar que no era Wolfgang de Ío quien la vigilaba, sino una mujer que recordaba haber visto junto a Ares. No recordaba su nombre, pero en cuanto la mujer reparó en su presencia, se arrodilló y la saludó diciendo:

—Bienvenida, gran señora Palas Atenea. Disculpe mi impertinencia, pero me han pedido escoltarla al palacio del gran Zeus en cuanto despertara.

—Vamos, entonces —Athena siguió a la mujer y le preguntó —¿Cómo te llamas?

—Mi nombre es Enio, soy uno de los guerreros al servicio del señor Ares.

—Ah, eres aquella a quien conocen como la Destructora de Ciudades, quien es más fiera que cualquier otro guerrero. He escuchado que desprecias a cualquier hombre que no sea capaz de mostrarte su valía.

—Es un honor que mi nombre haya llegado a oídos de la gran Palas Atenea —Athena sonrió, recordando que hacía muchísimo tiempo que nadie la llamaba de esa manera. Continuaron caminando en silencio hasta que Athena tomó la palabra nuevamente:

—¿Qué sucedió con el guerrero que me vigilaba? —Enio se detuvo y se volteó para mirar a la diosa. Antes de que pudiera decir algo, Athena se le adelantó —Sé que ninguno de los dioses confía en mí, ni siquiera Zeus —Enio abrió la boca, pero ninguna palabra salió de ella —Y eso está bien. Realmente no hay nada que reprocharles, tienen todo el derecho a dudar de mí, pero eso se acaba hoy.

—¿Señora Athena? —preguntó Enio al ver en Athena una expresión que nunca antes había visto. Alguna vez escuchó que ese gesto lleno de pasión y casi un poco perverso era común en ella en la época del mito cuando planeaba alguna de sus estrategias.

—Hice una promesa a Zeus antes de marcharme a los dominios de Morfeo.

—¿Está segura que debería contarme esto, señora Athena?, no quiero sonar grosera o insolente, pero sólo soy un simple soldado. No me considero digna de…

—Está bien, sé que puedo confiar en ti. Bien, entonces, hice una promesa a Zeus. Le prometí que si lograba recuperar mis poderes, aquella esencia de la que me deshice cuando decidí marcharme del Olimpo, yo misma me encargaría de destruir a la humanidad.

Enio se detuvo en seco y se volteó una vez más. No podía creer las palabras que acababan de salir de la boca de Athena, de aquella que era la guardiana de la Tierra, que renacía cada vez que la Tierra estaba en peligro, de aquella que no temía arriesgar su vida por la humanidad. Y aunque no podía creer aquellas palabras, algo en el rostro de Athena le decía que no estaba mintiendo. Enio se sobresaltó cuando Athena pasó junto a ella y le dio una palmadita en la espalda. La guerrera casi tuvo que correr para alcanzar a la diosa, que ya se había adelantado.

No tardaron en llegar a la sala donde se celebraba el Concejo Olímpico. Zeus, Hera, Apolo, Ares, Hefestos, Afrodita y Deméter se encontraban sentados en sus tronos. En el medio de la sala, yacía una inconsciente Niké. Athena sintió lástima al ver el cuerpo de su compañera cubierto de heridas. Enio se quedó fuera de la habitación y Athena se puso de rodillas.

—Honorable Zeus, he regresado.

—Me alegra ver que has regresado sana y salva —dijo Zeus —Confío en que hayas cumplido con tu cometido sin que Morfeo te causara demasiados problemas. Hefestos —al escuchar su nombre, el dios herrero se puso de pie y tomó una espada que reposaba detrás de su asiento. Luego colocó el arma sobre el suelo, enfrente de Athena.

—Esto es…

—Es tu antigua espada —contestó Hera —Hefestos se encargó de restaurarla y devolverle su antigua gloria. Todo fue por petición de mi señor Zeus por supuesto. Y pensar que Zeus insistiría tanto en que debemos confiar en ti.

—Mi señora Hera, estoy dispuesta a hacer lo que haga falta para probar mi lealtad a los Olímpicos —dijo Athena —Dígame qué es lo que debo hacer y cumpliré con ello sin falta.

—Muy bien. Si es así, mata a Niké.

Athena levantó la cabeza al escuchar las palabras de Hera. El gesto de suficiencia que la diosa tenía en el rostro le decía que no bromeaba. Athena miró a su antigua compañera, inconsciente y debilitada y, tomando la espada, se puso de pie y la empuñó. La diosa levantó el brazo y justo antes de que pudiera atravesar el cuerpo de Niké, esta abrió los ojos. Los ojos de Niké recorrieron el lugar, estaba asustada; entonces miró a Athena y la espada que empuñaba. Debilitada como estaba no era capaz de moverse, además, Niké lo había visto en los ojos de Athena. No había marcha atrás.

—Niké, ¿acaso me has traicionado? —dijo Athena, al ver cómo los ojos de la diosa de la victoria se llenaban de lágrimas.

—Nunca. Sólo hice lo que me pareció correcto como compañera de la guardiana de la Tierra. Sin embargo, tú no eres la misma Athena que descendió a la Tierra luego de ganarse el derecho de proteger Atenas. Eres Palas Atenea, una diosa Olímpica. No eres la diosa de la Tierra, sino la sabia guerrera virgen, Palas Atenea. Y, como tal, yo no tengo ya lugar a tu lado.

—Es bueno saber que conoces tu lugar, Niké —le dijo Athena —Gracias por permanecer a mi lado durante todo este tiempo. Como muestra de mi agradecimiento, deja que te permita descansar en los Elíseos durante toda la eternidad. Lo mejor que puedo hacer por ti es no dejar que veas lo que está a punto de suceder en la Tierra que tanto amas.

—Sólo hay algo que me gustaría saber antes de morir —Athena asintió con la cabeza, dándole permiso para que continuara —Esos caballeros que te protegían, los doce más fuertes de entre las 88 constelaciones, ¿fuiste tú quien dio la orden de revivirlos?

—¿Crees que Hades aceptaría una orden de su "insolente sobrina"? No, esta fue su decisión, aunque sus motivos no están del todo claros para mí. Supongo que tendré que preguntárselo personalmente.

—Ya veo —Niké cerró los ojos —Has lo que tengas que hacer, mi señora.

Sin titubear, Athena atravesó el pecho de Niké con su espada. La sangre cubrió el piso, manchando las vestiduras blancas de la diosa de la sabiduría. Athena no lloró, no se lamentó, no había emoción alguna en su rostro. Hera miró, sorprendida, cómo Athena retiraba la espada y limpiaba la hoja con su mano. Entonces la esposa de Zeus se puso de pie y, acercándose a Athena, le dio un beso en la mejilla, diciendo:

—Me alegra tenerte de vuelta, Athena.

Sin embargo, la bienvenida no pudo continuar.

—Están aquí —Apolo se puso de pie súbitamente.

—Oh, ¿acaso ese es el cosmos de tu otra mitad, Apolo? —interrogó Afrodita —Vaya, no esperaba que apareciera tan pronto. Y parece que trae compañía.

—¿Cómo es que llegaron hasta Febo?, están peligrosamente cerca de aquí —preguntó Deméter —¿Debería ir y encargarme de ellos?

—Helios es mi presa, Deméter, ni se te ocurra ponerle un dedo encima —espetó Apolo, amenazante —Aunque Poseidón es una molestia, así que puedes encargarte de él si quieres.

—¿Por qué no dejamos que sea Athena quien se encargue de Poseidón? —propuso Hera —¿Qué piensas, Athena? ¿Te gustaría vivir la mítica batalla de Atenas? No estaría mal que lo humillaras nuevamente para que recuerde cuál es su lugar.

—Me encargaré de Poseidón si eso es lo que los Olímpicos desean. Sin embargo, hay algo que me preocupa. Parece que hay problemas en Logios.

—No puede ser que Pólux y Cástor estén teniendo problemas —dijo Hera —¿Contra quién se enfrentan? Athena, ¿es que acaso hay en tu ejército hombres que pueden estar a la par en poder con los Olimpiacos?

—Los gemelos de Géminis no deben ser subestimados —respondió la diosa de la sabiduría.

—¿Debería ir y encargarme de esos dos sujetos, gran Zeus? —preguntó Hermes. Zeus negó con la cabeza.

—No te precipites, Hermes. Tomémonos las cosas con calma. Mientras tanto, Athena, te encargo a Poseidón; dejaré que regresen a la Tierra y luchen en Atenas, creo que no habrá escenario mejor que ese. Poseidón ha dejado de ser uno de los nuestros, así que no muestres piedad.

—Como ordene.

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Cuando se quedaron ambos solos, Hera le sirvió una copa de vino a Zeus y ambos contemplaron los amplios jardines que rodeaban sus dominios.

—Athena es una mujer de cuidado. Me refiero a la verdadera Athena.

—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que la viste así, ¿verdad? Athena nunca fue una diosa sensible. Su corazón era incapaz de sentir la pasión del amor, es por eso que nunca se casó o tuvo amantes. Lo único que le apasionaba era el conocimiento y la guerra.

—Entonces, ¿por qué decidió separarse de Palas? —Zeus lanzó un suspiro.

—Eso es algo que ni siquiera yo comprendo, pero ya tendremos tiempo para preguntárselo luego. Todavía hay algo que te inquieta, ¿verdad? —Hera se mordió el labio, era imposible ocultarle algo a Zeus.

—Es acerca de la orden que le dio Athena a esos caballeros de bronce.

—Oh, te refieres a los chicos que obtuvieron la armadura divina en su batalla contra Hades. ¿Qué pasa con ellos?

—¿Por qué querría Athena enviarlos a los dominios de Morfeo? ¿Cuál era el sentido de esa orden?

—Ah, eso. Es bastante simple en realidad, los estaba usando como distracción —Hera parpadeó, confundida —Sabes que a los dominios de Morfeo están reservados para los héroes. A Morfeo realmente no le importa si nosotros los Olímpicos vamos, bueno quizás Ares es la excepción, mientras no causemos problemas, pero sus guardianes son algo… fastidiosos. Si no eres cuidadoso, puedes acabar perdido por toda la eternidad.

"Athena quería reunirse con Palas sin que nadie la molestara; como falló la primera vez, tuvo que idear una estrategia. Así que se comunicó con el antiguo Patriarca de su santuario y le pidió que enviara a los caballeros de bronce al reino de Morfeo para que encontraran el arma que les ayudaría a derrotarme. Claro que todo era mentira; esos sujetos son tan estúpidos que ni siquiera sospechan del cambio de Athena, confían ciegamente en ella y por eso ahora sufren las consecuencias."

—¿Qué ha pasado con esos chicos?

—Están encerrados en el calabozo de Morfeo, sumidos en un sueño eterno.