¡Hola mis ternuras!

Para que vean que no siempre soy irresponsable les traje capítulo porque mañana ya regreso a tener menos vida feliz.

Espero que sea de su agrado.

Narra Choromatsu.


¿Era cierto que el dolor era belleza?

Ya no recordaba la última vez que había sido genuinamente feliz. Que había sido capaz de sonreír sin quebrarme en el espejo, era un deporte de extremo impacto el odiarse.

Necesitaba embriagarme con confianza, inyectarme de seguridad, y maquillarme con gracia. No había que ser tan dramáticos, era un poco de plástico nada más. Choromi, la muñeca más bonita de todo el lugar, eso siempre lo arreglaba; un simple aleteo de pestañas, una muestra de costillas y relleno. Nada era real. Ni siquiera una quebrajada personalidad.

Desperté en una cama que desconocí, con sabanas suaves y una camisa que me quedaba demasiado grande, la peluca no se encontraba sobre mi cabeza. Algunos rayos de luz se trataban de colar por un par de gruesas cortinas de seda purpura, una elegante alfombra de piel yacía a los pies de estas; a juzgar por la insoportable jaqueca adivine que recién estaba amaneciendo.

De pronto, todas las imágenes se proyectaron en mi cabeza como la última cena antes de la bulimia. Karamatsu había regresado de un viaje en el cual se había mantenido frío y apartado; incomunicado. Por la distancia esperé una bienvenida afectiva, sin embargo, lo único que recibí fueron criticas.

"Podrías ser más delgada"

"Podrías tener más pechos"

"Podrías tener piernas más largas"

Me levante de la cama, apreciando mi reflejo en un espejo cercano; el maquillaje era un desastre, la ilusión de lo femenino se había esfumado con aquel pequeño vestido azul y tacones de aguja negros, repase mi cara masacrada, desecha entre la pena y el remordimiento.

"Podrías ser más bonita"

Y lo supe.

Sin importar lo mucho que tratará nunca sería lo suficientemente buena para él. Ni siquiera tenía sentido el insistir, jamás me podría profesar completo o contento, estaba destinado a vagar mientras mi propio reflejo se despreciaba, a ser un esperpento el resto de la eternidad. Fue triste y amargo percatarse de que nunca sería suficiente. Para mí. Fue tan deprimente darme cuenta de que me estaba matando; a Choromi, a Choromatsu, a los dos. A ninguno.

Estaba destruyendo mi identidad masculina al alimentarme de hambre y corsés, de bonitas fajas y tacones. Estaba aniquilando a esa preciosa y segura muchacha al no poderla hacer real; me había esforzado por actuar como dicho alter-ego, lo hacía, no obstante, no era yo, no en su totalidad. La camisa se deslizo por mi hombro, me abracé, en ese instante; maldiciendo los primeros rayos de un nuevo y fatídico día, quise desaparecer. Era un sentimiento tan familiar como nostálgico. Amargo.

"Ah" Una puerta se abrió, la bailarina de la caja musical se rompió "Veo que la chica más bonita del mundo ha despertado" No me llames así "No estaba seguro de si tendrías hambre, por eso preferí esperar a que estuvieras consciente" No seas considerado con quien no lo merece.

Ni amor propio. No debería arrastrar a nadie más a esta clase de lio. Nunca sería suficiente.

"¿Qué fue lo que pasó?" El rubio se repasó con coquetería el flequillo; vestía la misma sudadera negra con la que lo conocí "Yo" Y esos encantadores e hipnotizantes ojos "¿Cómo llegué aquí?" No eran más que tonteras.

"Pues te desvaneciste entre mis brazos" Él respondía como si aquello mereciera omisión "Yo solo te traje a un lugar más seguro" Se acercó hasta los pies de la cama para hacerme compañía, el colchón crujió con su peso, mi ceja levantada no se infirió.

"¿Alguien más sabe que estoy acá?" El más alto no se movió "¿Karamatsu?" Como si esas letras fuesen recordatorio de mi condena me levante de la cama, dispuesto a salir del lugar. Quizás "Me tengo que ir" No "Me puede necesitar" No lo haría.

Karamatsu no nos necesitaba más.

Ya no era la chica más bonita del lugar.

"Si te traje acá es porque no considere su mansión como un lugar seguro" Sus manos se posaron sobre mis hombros, en un penoso intento de calma "Creo que debes descansar un poco más" Separe mis resecos labios "Lejos de él" Y estos fueron leídos.

"No me puedo desaparecer con el matrimonio tan próximo" Pero mi cuerpo no tuvo la suficiente fuerza como para enfrentarlo "Tampoco lo puedo abandonar con las alianzas pendiendo de una cuerda floja" Era inútil.

"No le serás de utilidad si enloqueces" Fue el reclamo que me entrego. Me trate de levantar como un animal desesperado. Mi dueño me había abandonado.

"¡Tengo que ir!" Dolor. Ira.

"¡Choromatsu!" Fui incapaz de desistir.

"¡Me necesita!" Sus uñas hicieron presión en mi antebrazo; lo que quedaba de ellos "¡Me necesita!" Repetí histérico.

"¡Choromi!" Su mandíbula se apretó en seña de cólera "¡Basta de esto!"

"¡La necesita!" Y de un empujón él termino arriba de la cama, apresándome con las piernas y con las mejillas encendidas de furia "¡Ella no lo puede abandonar!" Con los ojos reflejando una pena que no quise comprender "La necesita" No pude.

"Yo" Sus brazos trepitaron, sus rodillas se acercaron a mis caderas "Yo la necesito más" Su voz se deslizo como un suave abrazo entre mi piel "Por favor no regreses con él" Su cabeza se apoyo en mi pecho "No todavía" Una corriente eléctrica entre nosotros dos fue lo único de lo que tuve consciencia en la habitación. Se hizo plomo el oxígeno.

"Osomatsu" Su nombre fue difícil de pronunciar. Un latido desenfrenado. Una inexistente orquesta tocó para nosotros dos un tango. Era apasionado.

"No sé de qué otra manera decírtelo" Era seductor "Choromi, Choromatsu" Era doloroso.

"Ni siquiera yo lo sé" Balbuceé.

"Quien quiera que seas, quien quiera que elijas ser" Como si fuese un niño mimado se encogió sobre mi cuerpo en busca de calor "¿No lo ves?" Otro latir, sus labios sobre mi corazón "¿No lo quieres ver?" Un conjunto desenfrenado. Entrelazado a los violines y a las voces del tango.

"¡Para con esto!" No era tan fuerte "Te dije que no me convencerías con tus tonteras" No era capaz de aparentar mucho más "Solo deja que me vaya" Mis dedos se deslizaron por su espalda, él se negó a apartarse. Se aferro desesperado.

"Yo" Un llanto comprimido "Te amo" Repitió en un suspiro sin alzar su rostro, la camisa que yo estaba usando se profeso húmeda, con rastros de tristeza y melancolía tiñendo su escarlata "Sé que te parece extraño porque ni siquiera eres capaz de recordar, pero" Nuestros ojos se encontraron "Te amo tanto" Y en ese momento "Más de lo que debería" Supe que nunca nadie me miraría como él lo hacía "Yo no quiero que seas de él" En un intento por apartarme nuestros rostros se terminaron conociendo en la habitación.

"No te puedo pertenecer" Uno de sus rubios mechones se deslizo en medio de esos perfectos y penetrantes ojos.

"No" Una sonrisa trémula fue entregada "No quiero que me pertenezcas" Musito acariciando mis mejillas; estas quemaron "Lo que yo más ambiciono es que te dejes de considerar como un objeto que debe de ser de alguien" Fue tan ajeno y extraño "Quiero que te pertenezcas a ti mismo" Fue un idioma que nunca antes había escuchado.

"¿Cómo me puedo pertenecer si ni siquiera sé quién soy?" Fue la inseguridad la que salió, el ritmo entre nosotros se aceleró "¿Cómo puedes amar algo así?" A algo despectivo, repleto de odio y auto destrucción. No la más bonita. No más una muñeca "Soy una persona horrible" Lo era.

"No" Con una rebosante cautela él me sentó al frente de él "Karamatsu te hizo pensar que Choromatsu no valía la pena" No era momento para romperse. Ella era fuerte "Te convirtió en el remplazo del error que él cometió" Su tacto fueron mariposas en el rostro "No fuiste tú" Fue tan doloroso como una cortadura en la muñeca. Una gota de sangre hasta desfallecer.

"Basta" Se lo suplique otra vez.

"Me quedaré a tu lado hasta que seas capaz de verte de la manera en que yo te contemplo" Nuestros dedos se entrelazaron "Choromi es una chica asombrosa y hermosa, sabe mantener el respeto y es leal" Sus labios acariciaron mis nudillos; en el anillo que se había transformado en una densa e irrompible cadena "Choromatsu es creativo y sensible, tiene una voluntad impresionante, además de ser muy lindo" Me golpeó la nariz con ternura y suavidad.

"No lo comprendo" Fue el balbuceó que escapo, mis manos se aferraron a su cuello. Había algo en su cercanía; una pisca de familiaridad; había algo real "¿Quién es la persona que te gusta?" Osomatsu se limitó a sonreírme antes de acariciarme el cabello.

"Quien decidas ser" Y un agradable ardor, un burbujeo ascendió hacia mi garganta. ¿Confianza?

"Eres realmente estúpido" Me recuperé "Nada de lo que diga hará que me dejes ir antes" ¿Amor? "¿Cierto?"

"No" Murmullo antes de darme un beso en la mejilla; esta ardió, el corazón me bailo "Así que deberías de resignarte de una buena vez" Suspire sin dejar de meditar.

"¿Qué es lo que quieres hacer?" Mi voz escapo tosca junto al crujir del colchón, un puchero se poso en mi boca ante esta desagradable distancia "Antes de desvanecerme dijiste algo de una cita, ¿No es así?" Su rostro se ilumino. Era tan tonto e infantil.

"Si" Sus manos se acomodaron en su cintura. Altanero "Quiero que en este apartamento tengas la mejor cita de tu vida" Me limite a sonreír "Tomaré eso como que has caído rendido a mis pies" Se alejo de la cama y se acercó a la puerta.

"Tómalo como un sí forzado" Rodeé los ojos. En el fondo quería que se quedará.

"Iré a preparar las cosas, tú por mientras ponte cómodo, te puedes duchar y usar lo que sea de tu agrado" Sus ojos me hicieron estremecer antes de que la puerta se cerrara y me quedará a solas en aquella pequeña y lúgubre habitación.

Sí, había olvidado la última vez que había sido feliz hasta que lo encontré a él. Osomatsu era realmente la excepción a cada una de mis reglas, las sabía romper. Me sabía quebrar. Me percaté de la suerte que tenía con él.

"Estoy enamorado de ti" Y por ese ínfimo instante "Choromi, Choromatsu, quien seas" Acepte que esas palabras podrían llegar a ser verdad.

Tonto.

Me despedí de la camisa para encaminarme hacia el baño; era más amplio que la habitación en la que me encontraba, con una ducha y bañera separadas, con un gran espejo dorado en medio, con baldosas celestes en el suelo y perladas en la pared. Mis ojos no pudieron evitar enfocarse en el monstruo que asechaba en la habitación. Mierda Choromatsu. Las costillas se me marcaban al igual que los huesos de la cadera, mi rostro había empezado a perder forma; a succionarse. No era más que un muchacho debilucho. La envidia de todas las mujeres y el deseo de los caballeros del lugar. Estaba tan bien. Estaba terriblemente mal. Con un paño que había en el lavamanos me empecé a remover los restos de maquillaje que se habían acumulado entre mis ojeras. Era realmente feo.

Nunca le había dado importancia a mi apariencia hasta que él me llamó la atención sobre aquello, no fue un comentario malicioso; al menos en la ignorancia él se escudó, yo lo comprendía, él era el mafioso más poderoso del lugar su mujer debía estar a la altura, sin embargo, aquello no lo hacía más fácil de lidiar. No era objeto sexual el fantasma que tenía al frente.

"Nadie te amará si no eres atractiva"

"Nadie que no sea yo te soportará"

Y estaba tan cansado y hastiado de esa actitud. De que cada mirada fuese como si tuviesen el poder de juzgarme cuando yo no se los había entregado. Pero podían. De que fuese Choromi la chica bonita del tema; ni lo suficientemente fuerte ni elegante, no poseía ni la presencia ni la belleza. Que tenía demasiadas costillas y piel, que me respingará la mandíbula, y me operará para removerme la autoestima.

"¿No te puedes querer?" Trémulo y frágil, sediento por amor "¿Aunque sea un poco?" Fue lo que le pregunte al espejo con un cuerpo antiestético. La imagen se dividió en dos en esa oración hacia la locura.

No más llanto.

"Quizás" Fue lo que me respondió él; un muchacho débil y desnutrido, tan feo, de cabello corto y gastado. Me sonrío.

No más dolor.

"Tal vez no" Fue lo que la chica de pasarela musito, con su maquillaje bonito y perfecto, con cabellos verdes y lacios "Eso te corresponde averiguarlo a ti" De labios rojos y ojos difuminados "Es tu vida" Y suspire negando con la nuca. Estaba enloqueciendo. Era el hambre hablando.

"Nadie tiene derecho a arrebatártela" Me respondí yo. Basta.

Acá se detenía este carnaval de demencia. Era mi vida.

Me metí a la ducha para dejar que el agua fría abrazará cada rincón de mi cuerpo. No tenía ni puta idea de quien era la persona que me devolvía la imagen en el espejo, no sabía si quería continuar siendo ella o si estaba dispuesto a sacrificarlo todo para regresar a ser Choromatsu, si era lo suficientemente fuerte como para decepcionar al de ojos azules. No sabía nada más además de que necesitaba cambiar. Porque era insano atormentarse de esa manera, y aunque no me pudiese comenzar a amar en esa ambigüedad al menos quería tratar. Me lo debía. Osomatsu fue quien me recordó que yo venía sin etiqueta de precio.

Me coloque la misma camisa roja con la que él me había vestido y un par de pantalones que me quedaban grandes para salir de su habitación. Él se había acomodado en el sofá del comedor, sin zapatos, con un par de latas de cerveza en la mesa de al frente y una película pausada en la televisión. Tan simple que podría funcionar.

"¿Esta es tu idea de romance?" Mi tono lo pareció ofender "¿Te ha funcionado con alguien?" En sus labios se esbozo un pequeño y travieso puchero. Él era embriagador.

"Pues yo no tengo una cuenta bancaria con millones como Karamatsu" Él me hizo una seña para que me sentará a su lado en el sillón "De todas formas" Tan solo obedecí, la cercanía fue extraña, más, no ajena "Tengo mucho más para ofrecerte que él" Era comodidad.

"Eso lo puedo llegar a cuestionar" Osomatsu se estiro para tomar ambas latas "Por cierto" De un sorbo me acabé la mía. Choromi estaba entrenada para resistir la adicción "¿Dónde estamos?" El más alto pauso sus sorbos para observarme con desaprobación "No lo digo porque tenga intenciones de irme" Le asegure. Él era un vicio.

"Bien, confió en ti" Vaciló "Es mi viejo apartamento" Mis músculos cosquillearon ridículamente emocionados "Antes de que Tougou me aceptará en su clan solía vivir aquí" La boca se me lleno de éxtasis junto con el sabor del alcohol.

"¿Qué hacías antes?" Era viciosa la necesidad de saber más de él. Él me ignoro "¿Cómo llegaste al mundo de la mafia?" Su semblante cambio.

"Malas decisiones me llevaron a él" Fue tajante "Un estudiante ingenuo le comienza a deber dinero a quien no debía, empieza a probar cosas pensando que más tarde las podría dejar" Su mandíbula se apretó, mi mano lo busco por inercia.

"¿Pudiste?" Me omitió.

"Mientras más trataba de escapar de mi tumba más grande se hacía mi lista de problemas" Se acabo el resto de la lata de cerveza. Apretó mi mano con una divergente mezcla de fuerza y fragilidad. Él era extraño. Era especial.

"Tougou te ayudo con ellos" Fue la patética deducción que saque del circuito mental que trataba de mantener a flote "¿Es así?"

"Sí" Murmullo, su brazo me rodeó, con poder "Luego de que alguien me tratará de matar él me acepto como su nuevo discípulo" Mis ojos se abrieron incrédulos, los suyos estaban suplicando en letras transcritas en un viejo idioma. Estaba encriptado "Fueron días difíciles" La música a nuestro alrededor no ceso "Joder" Nunca sería suficiente.

"¿Quién haría algo así?" Una chispa en esas intensas escarlatas salto "Osomatsu" Un mal sabor me ahogo junto con el aire de concreto y alquitrán "¿Quién?" Lo tome del mentón.

"No" Se trato de zafar.

"Es tu turno" Un ruego con exigencia "Te he confiado más cosas que a ningún otro" Nuestras narices se juntaron "Puedes hacer lo mismo conmigo" Y finalmente esa fortaleza revestida con rosas y espinas; cedió.

"Fue Karamatsu" Musito. No quise tragarme su nombre, se profesor surreal, el corazón se me apresó, sangró. Era su trabajo. Pestañeé confundido, las palabras se me resbalaron, no me llegaron. No podía ser.

"¿Qué?" Estaba bien el justificar "Perdón" Belleza era dolor "No te escuche bien" Amor era tortura.

"Si lo hiciste" Y esa cálida red de apoyo se transformó en un iceberg "No quiero hablar de eso" Uno con el que me estrelle.

"Pero" Se hundió.

"Choromatsu" Quemó "¿Podemos solo mirar la película?" Otra vez con evasión, su brazo me sostuvo por los hombros como si temiese que me fuese a esfumar "Por favor" Me lo rogo "Quiero tener una cita normal contigo sin que él este al medio de cada conversación"

"Está bien" Musite "Pero más adelante me lo tendrás que explicar bien" En su rostro no existió un mapa de satisfacción; de todas maneras, él accedió.

"Moulin Rouge" fue la cinta que Osomatsu había elegido; un musical. Y aunque no eran de mi gusto las tramas tan poco realistas y empalagosas, el verla a su lado, con su pecho cual protección, con sus manos trazando mimos sobre mi cabello real, con una ropa que me permitía apartarme del relleno y las fajas, con un rostro asquerosamente natural, con besos tiernos sobre la frente, y risas compartidas en la oscuridad. Se sintió…

¿Bien? No.

Se sintió correcto.

Cada cosa que el de hebras rubias provocaba en mí se profesaba de esa manera, como si él fuese el escritor de aquel hostigoso musical y yo la hermosa protagonista, la preciosa chica cuyo desenlace era trágico y mortal. No era complicado de adivinar.

A veces era difícil el respirar.

A su lado era sencillo.

Un par más de latas de cerveza fueron consumidas en el resto del filme, el más alto no parecía estarle prestando verdadera atención a la trama, yo tampoco lo estaba haciendo, nuestras manos estaban ocupadas en un agarre secreto; casi profano. ¿Aquello era engaño? Estaba consciente de los sentimientos de Osomatsu, estaba entendiendo los míos; los de Choromi o Choromatsu, no obstante, era ajeno a los de mi pareja, solo poseía la certeza de que se degustaba conmigo al ser la muñeca más bonita del lugar, al ser el premio a la obediencia. No era tiempo para pensar. Más tarde lo tendría que confrontar; no mientras existiese el amor en rojo, no mientras estuviese en la televisión come what may. No mientras me permitiese fantasear con él.

"Mi bella Choromi" Fue el eco que resonó por la habitación "Mi dulce Choromatsu" Las luces se transformaron en un precioso escarlata, la atmósfera, el respirar, el sentir "¿No te gustaría quedarte a mi lado de esta manera?" Esa tarde cambio "Solo un poco más" Aquella era una pregunta a la que me negaba a responder.

"Sabes que no puedo" El anillo en mi dedo fue una cadena que se profeso densa, que ahogo a mi corazón "No mientras él me necesite"

"No tienes por que convertirte en el reemplazo de Ichimatsu" Fue crudo "No tienes que sacrificar tu personalidad por una especie de deuda" Fue áspero "Karamatsu ni siquiera lo va a apreciar" Fue verdad.

"No estoy haciendo nada de lo que dices" Me mentí; lo haría mil veces más "Y creo que la cita se terminó" Fue lo que la ira exclamo, sin embargo, antes de que me pudiese levantar para escapar de aquel apartamento entretejidos de ilusiones que se me privarían. Que me matarían.

Celos.

"Bien" Una canción. Ira "Entonces" Un ardiente y apasionado tango "Deberías" Traición. Fue lo que empezó a sonar producto de la película "Bailar conmigo" Con el corazón revestido en llamas y goteando envidia no puede haber confianza, sin confianza no es posible que subsista el amor.

"No debería" Celos "Debo regresar con él" ¡Sí! "Hablo enserio" Celos.

Te enloquecerán.

El de cabellos rubios no me dio tiempo para reaccionar al tomarme de la cintura en el primer verso, la camisa se arrugo entre sus manos, nuestras piernas se deslizaron, las caderas se rozaron. Fue caliente. Nuestra respiración se había fundido en la boca ajena, cada centímetro de mi cuerpo había comenzado a arder, a clamar por él.

Osomatsu.

Fue como si mis sentidos fuesen incapaces de buscar algo más; esos malditos y tentadores ojos, esas palabras brutalmente dulces, y esos brazos que me sostenían para que acariciase la verdad. No me habían dejado pensar. Sus labios se apoyaron en mi cuello, los míos se juntaron reprimiendo un jadeo, su mano descendió hacia mis muslos para volver a subir a mi cintura. Esta era la primera vez. El aire y el tiempo se paralizaron, la sangre me erupciono, el estómago me cosquilleo.

"Y yo que te quiero tanto" Fue lo que murmullo "¿Qué voy a hacer?" Me sentí cómodo en mi propia piel, sin tacones ni debilidad, sin engaños, sin inseguridad "Me dejaste, me dejaste" El más alto me dio vueltas para abrazar mi vientre, sus manos encajaron en el desecho en el que me había transformado "El alma se me fue, se me fue el corazón" Nos movimos al compás. Me derretí entre sus brazos, me deshice en él "Ya no tengo ganas de vivir, porque no te puedo convencer" Sus ojos fueron los que me atraparon otra vez, sus palabras tatuándose en mi piel "Que no te vendas Choromi"

"Esto" Mordió mi oreja.

La velocidad de la música aumento, la sangre me ardió, los recuerdos; sus ojos azules, sus palabras, la violencia, el reemplazo. Belleza era dolor y amor era tortura, odiarse estaba bien, yo no. No, no podía.

¡Basta!

"Choromi" Me rompí en él "¿Por qué mi corazón está llorando?" Morí por él "Son emociones contra las que no puedo luchar" Me derretí en él, me ahogué "No tienes que poner esa luz roja" Perecí para volver a nacer "No tienes que ponerte ese vestido esta noche" Dolor, amor, pasión, violencia "Choromi" Una herida en el corazón, una vuelta más, la última del compás "Choromatsu" De un empujón me aparto "Este es tu tango" La música y las luces se apagaron para mí.

Nada excepto oscuridad, un tango y la verdad.

Lo entendí.

Nunca sería suficiente.

Ni las torres de oro más altas, ni la fortuna más codiciada, ni la mujer más hermosa o el matrimonio de envidiar, nada de eso contentaría al mafioso de ojos azules, porque el brillo y la calidez de esas orbes ya le pertenecían a alguien más. A un hombre que lastimaba y apartaba con el filo de su lengua, a quien no había sido capaz de manipular. Era hora de que aquel lio se pusiera en el tema final. ¡No más!

"Sé que él no me ama" Fue lo que finalmente me atreví a confesarle a Osomatsu "Supongo que lo he comprendido desde hace un largo tiempo" Me quedé estático en medio de la sala "Sin embargo, era tan divertido y embriagador jugar a ser la mujer de su mafia" Encogí la cara con vergüenza "Me hacía sentir" No pude terminar.

"Especial" Él siempre infería por mí.

"Sí" Lo analice "Especial" Las repetí como si de esa manera las pudiese comprender. Hacer real.

Estar con aquel hombre era surreal; él había sido capaz de quemar hasta el último trozo de mi identidad; de un chico que se odiaba para convertirlo en la envidia de los demás. Y aquella sensación de admiración y el amor propio con los que me engaño me fascinaron, eran un vicio del que no me había querido rehabilitar, no obstante, esté era letal y había llegado la hora de despertar. No me podía casar con quien no me valoraba. Después de todo, Choromi era espectacular, y la dama más bonita del lugar merecía dicho reconocimiento. Por mí. Por él. Por ella.

"¿Lo vas a dejar?" Sus palabras escaparon suaves; casi con temor a ser pronunciadas "Tú" Estas no me llegaron "¿Lo harás?" Se me rompieron entre las manos.

"No" La deuda escarlata aún palpitada en un pecho carente de corazón.

"¿No te puedo convencer?" Me limite a sonreír "¿Mi amor no es suficiente para ti?" Con un gesto de mano lo silencie; recobrando la compostura. Con elegancia. Ya no tenía nada que perder.

Nada que perdonar.

Estaba bien no saber quien era, estaba bien no ser perfecto; era vivir, era sentir, eran tan humano. Era tan Choromatsu.

"No es eso" Musite acercándome, él se apartó hacia el sofá "Me ha costado mucho ganarme mi lugar en su mafia, demostrarle al mundo que Choromi es una mujer con habilidades impresionantes para el combate y para el negocio"

"Entonces se trata de apariencias" Bufo.

"Solo escucha" Lo regañe "Ichimatsu siempre ha sido su apoyo, sin él ese hombre se está desmoronando y está dejando que el resto del imperio se vea arrastrado por sus malas decisiones" Fui firme "En ese lugar están mis amigos" No vulnerable "Esta mi familia" Azul y amarillo "Si hay algo en lo que yo lo pueda ayudar para eclipsar el daño lo voy a hacer" Con seguridad "Porque Choromi es la imagen y Choromatsu la cabeza" Y era tan ridículo como una mala sátira "Puedo hacer algo con ellos dos" Quise reír por la ironía.

"Por favor no te quedes en ese lugar" Sus manos me acunaron "Él nunca te va a valorar" Fue una disfrazada suplica "Yo lo haré"

"Osomatsu yo no te amo" Fue brutalidad policial.

"Yo" En un instante su rostro se deformo en decepción al igual que nuestro agarre de manos "Lo entiendo" Sus facciones se trataron de ocultar bajo esos rebeldes cabellos; sus ojos se cerraron.

Era mi tango.

"No te amo" Le repetí pisando los fragmentos de su corazón "Pero" Una chispa "Me gustaría poder llegar a hacerlo" Fue el drama que encendió.

"¿Qué?" Balbuceó, con una linda sonrisa torpe y una respiración agitada "¿Yo te gusto?" Él no era sutil "¿En sentido romántico?" Aquello me fascinaba "Te gusto ¿Verdad?" De todas maneras "Si te haces la difícil no más" El rostro me ardió.

"No te ilusiones tanto" Aunque le dije aquello consentí que un par de fuertes brazos me acunasen "Necesito hablar con Karamatsu antes" Musite en contra de su poleron, su aliento acaricio mis cabellos "Debo ser claro, puedo continuar como su apoyo en esta mafia, puedo ser Choromi porque es a ella a quien respetan" La garganta en un nudo se me convirtió.

"¿Pero?"

"Pero" Fue imposible de desatar "Pero no me puedo casar con alguien que está enamorado de la farsa que él mismo creo" Lo rompí "No puedo permitir que me trate de esa manera, con tan poco respeto hacia quien soy en realidad" Lo quemé "Choromatsu es débil, lo comprendo" Me aferre a ese ridículo logo de pino al medio de su poleron "Pero es Choromatsu quien me hizo hoy lo que soy" Un tierno beso sobre mi frente.

"No es la respuesta que quería" Una sonrisa cálida "Me conformo" Fue lo único que necesite. Tenía cariño y seguridad. Con el de orbes azules fueron imposibles de conseguir. De comprar.

"Aún no lo entiendo" Alcé el mentón; me encontré atrapado otra vez entre esos encantadores ojos rojos y raíces rubias "¿Por qué has insistido tanto en alguien como yo?" Fue casi una mofa mi pregunta "Es decir, mírame" Despectivo.

"Eso hago" Un roce de narices "Siempre te estoy observando"

"No tengo claro absolutamente nada" Fue lo que balbuceé, rodeando su cintura con un par de esqueléticos brazos "¿Cómo puedo interesarte?" Detestaba en lo que él me había transformado, en lo que yo mismo me había dejado hacer.

"Eres increíble" Era difícil "Eres hermoso" Y sin importar las veces que sus labios me mintieran con una amarga verdad yo continuaría desistiendo, las palabras y los piropos me continuarían resbalando. Era un desastre; aunque quería cambiar.

Era mi tango.

"Hablo enserio" Le gruñí, el corazón me palpito hacía un ritmo y en un lugar que ya lo había olvidado, las piernas me trepitaron entre sus manos, consentí que sus palmas me recorrieran hasta destrozarme "Debe de haber alguna razón inicial"

"Bueno" Musito desviando la mirada "Te dije que Karamatsu fue quien me trato de asesinar en un comienzo" Hubo una incomoda pausa, sus movimientos flagelaron en aquella danza de coquetería y seducción "¿Verdad?"

"Sí" Me limite.

"Pues tú fuiste quien me salvo de él, Choromatsu" La respiración entre nosotros dos se escapó, mi cuerpo se sintió pesado y la cabeza me azoto, con lluvia, con aroma a pólvora y gritos entre los truenos de amatista.

"¿Qué?"

"Bueno" ¿Belleza era pasión? "Choromi lo hizo" Amor era dolor.

El tango de Choromi.


¡Espero que les haya gustado!

Debo decir que este fue mi capítulo favorito de escribir por todas las referencias, hace bastante quería pone explicitamente la canción del tango; usted lo encuentra como el tango de Roxanne. Y nada, soy una mamá orgullosa.

Espero que le haya gustado.

Muchisimas gracias por leer y por toda la paciencia, me sorprendió mucho la cantidad de gente que lo esperaba.

¡Muchas gracias!