Capítulo 10: Tu fantasía de realidad
Esa noche me acurruqué en mi cama, abrazándome a la almohada con fuerza mientras pensaba y pensaba intentando averiguar que es lo que iba a hacer a continuación. Era evidente que no podía regresar a mi casa, sería una presa fácil y un peligro tanto para mi misma como para mi familia, tampoco podía contar con la ayuda de Quinn, ya bastante había sufrido y pasado un montón de calamidades por mi culpa como para hacerle cargar conmigo de nuevo y lo que era evidente es que no podía seguir allí con Britt durante mucho mas tiempo. Mi escondrijo había sido descubierto y el secreto no permanecería siéndolo durante mucho tiempo. Cuando una persona sabe un secreto hay que asumir que otras dos personas lo sabrán y así sucesivamente, además, no confiaba en absoluto en Santana para cubrirme y sabía también que era demasiada responsabilidad como para que pudiese asumirlo. Si las cosas seguían así pronto mi madre descubriría mi paradero y ese sería mi fin, de nuevo, aunque esta vez estaba segura que iba a ser aun peor, ni siquiera estaba segura de poder sobrevivir otra vez a aquella tortura, de hecho, no quería sobrevivir en esa situación.
Suspiré y giré sobre mi misma agarrando el otro extremo de la almohada y abrazándola clavando las uñas en ella mientras miraba como los rayos del sol comenzaban a hacer su aparición por entre las cortinas indicándome el comienzo de un nuevo día. No había dormido en absoluto después de que Britt se había deslizado en su habitación deseándome buenas noches y pidiéndo que no tomara una decisión hasta haber hablado con ella sobre mis posibilidades. Sabía lo que quería decir con eso, no quería despertarse al día siguiente y darse cuenta de que había desaparecido, que me había ido dejándolo todo atrás e intentando encontrar un nuevo lugar en el que asentarme, como si fuese un nómada y a pesar de ser eso lo que mi cabeza me decía una y otra vez que hiciese, mi cuerpo estaba cansado de esconderse, de huir de todo y de tener que empezar una nueva vida otra vez y la cual seguramente no iba a ser tan fácil sin Britt a mi lado. Su apoyo y dulzura había sido muy importante para mí a lo largo de todo este tiempo lejos de las personas que quiero, consiguió que me sintiese cómoda y como en casa, cosa que pensaba que nunca más iba a conseguir, ni siquiera con mi familia ya que no conseguiría que la tensión se despegase de mí en ningún segundo.
Me levanté de la cama estirando mis músculos entumecidos por el cansancio y me arrastré prácticamente al baño. Necesitaba un buen baño que me relajase a ver si conseguía dejar de pensar durante un segundo y si no era así, por lo menos esperaba encontrar una solución que tanto precisaba.
El agua caliente quemó mi piel en un principio mientras me deslizaba hasta acabar sentada en la bañera dejando que mi cuerpo se acostumbrase a ese calor abrasador. En realidad era relajante ese contraste de temperatura, conseguía que mis músculos se tensasen durante un segundo y después se relajasen por completo como si se diesen cuenta lo mucho que lo necesitaban. Apoyé mi cabeza en el borde para después cerrar los ojos sintiendo el agua acariciando mi piel. Es curioso como nos sentimos cuando estamos sumergidos en el agua, es como si estuvieses dentro de una burbuja, todo es mas liviano, tú eres más liviano hasta que la falta de aire es evidente y tienes que volver a la superficie, a la realidad. Pero esos segundos en los que todo lo que sentimos es el agua agolpándose en nuestros oídos, creando un vacío en nuestra cabeza y nuestros movimientos se vuelven mas lentos es el momento en el que nada mas importa. De pequeña me gustaba ir a la piscina, me pasaba horas y horas en el agua hasta que mi padre me gritaba que saliese de allí que había que volver a casa, lo que mas disfrutaba era hundirme por completo hasta llegar a sentarme en el fondo, miraba a mi alrededor observando las ondulaciones deformadas de la realidad y aguantaba la respiración hasta que los pulmones me quemaban, gritando por un poco del oxigeno que necesitaban para sobrevivir, entonces salía a toda prisa, impulsándome con los pies y respirando con fuerza llenándolos de lo que me pedían y sintiendo el frio contraste de temperatura contra mi cara recordándome que fuera de allí, todo era diferente, después de unas cuantas respiraciones necesarias, regresaba a aquel mundo que me creaba durante apenas unos segundos pero que para mí parecían mucho mas. Desde aquel día en el que mi madre me encontró me siento de la misma manera, como si todo a mi alrededor estuviese deformado, el tiempo pasa mas lento o simplemente no es importante, lo único importante es cuando me descubrirán, cuando tendré que huir, cuando tendré que luchar. Sentimientos básicos que necesito para sobrevivir, al igual que el oxigeno, o quizás mas importante. Pero llega un momento, cuando todo parece aclararse de una manera que sientes como si te pegaran una bofetada, te das cuenta de tus errores, de tus peligros y dolor y lo único que haces, es tomar unas cuantas respiraciones y regresar a lo que es ahora tu fantasía de realidad.
No sé en que momento me quedé dormida pero cuando volví a abrir los ojos me encontré tiritando en el agua ahora congelada, apenas sentía mis músculos, ya insensibilizados por las bajas temperaturas a las que los había sometido, pero a pesar de eso sentía mi cuerpo mas descansado aunque mi cuello se resentía por aquella posición. Encendí de nuevo el agua caliente hasta que mi cuerpo se calentó de nuevo y en ese momento me dispuse a salir de la bañera para comenzar aquel nuevo día.
Cuando me adentré en la cocina me encontré allí a Britt, sentada en la mesa y con una gran taza de café frente a ella, me miró nada mas que oyó mis pasos por la puerta y su expresión triste y cansada no había cambiado nada desde hacía unas pocas horas. Era evidente que tampoco había podido dormir nada. Me acerqué a la cafetera sirviéndome café para mi misma y después me senté frente a ella en silencio. No teníamos mucho mas que hablar de lo que había pasado, ya lo habíamos dejado todo claro y seguir con ello sería como si la herida se volviese a abrir y ninguna de las dos queríamos aquello.
Nos centramos en nuestra taza de café sumidas en nuestros pensamientos, las dos éramos conscientes que iba a ser un largo día por delante y que necesitábamos esa dosis de energía que no habíamos podido conseguir con el sueño.
De repente unos pasos por las escaleras hizo que las dos alzásemos la cabeza mirándonos confundidas. Nadie a esas horas venía, ni siquiera Puck que solía llegar pasado el medio día. El estomago se me encogió y contuve la respiración mientras Britt se levantaba deprisa y caminaba con paso firme hacia la puerta abriéndola con ímpetu. Yo mientras tanto me había mantenido en la cocina, petrificada temiendo que todos mis miedos se hiciesen de repente realidad, y el repentino silencio que se produjo después de abrir la puerta no ayudaba a mis nervios. Lentamente y cogiendo fuerzas de donde no sabía que tenía, me levanté haciendo el mismo camino que había echo la otra segundos antes. Cuando llegué al salón me encontré con algo que ciertamente no esperaba.
Frente a mi se encontraba Santana, mirándome nerviosa y mordiéndose el labio. Tenía el rostro cansado, al igual que nosotras dos y su maquillaje había sido corrido de su rostro debido a las lágrimas que debía haber derramado. Era evidente que ni siquiera había vuelto a su casa ya que su ropa seguía siendo la misma y no entendía que hacia allí. Mientras tanto Britt estaba cruzada de brazos, moviendo su pie de manera nerviosa mientras su ceño fruncido daba clara muestra de que no estaba contenta con esta situación.
-Será mejor que os deje solas… -murmuré, lo último que quería era interrumpir una posible reconciliación o pelea, o lo que fuera, no quería estar en medio.
-En realidad quiero hablar contigo –dijo Santana con voz ahogada.
Alcé la vista y la miré sorprendida. ¿Qué es lo que quería ahora? Quizás chantajearme para que ella no cuente donde me encuentro o disculparse, o… No sé, cualquier cosa era posible, era algo que había tenido que aprender por la fuerza.
-De acuerdo… -dije lentamente no muy convencida.
-Me encontrare en la cocina si me necesitas –murmuró Britt pasando por mi lado y dejándonos solas.
Vi como Santana seguía con la mirada a la rubia con una expresión de tristeza y arrepentimiento absoluto, se notaba que la quería, pero no terminaba de entender su complicada relación y en realidad no era algo que me competía, por lo menos no quería que lo hiciese.
-¿Qué quieres? –espeté de forma mas brusca de lo que pretendía.
Ella se encogió levemente ante mis palabras y se volvió a morder el labio, abrió la boca un par de veces para hablar, pero parecía que las palabras no le salían o simplemente se había olvidado de esa función motora en particular, aun no estaba muy segura.
-Yo le conté a tu madre donde estabas –soltó de repente dirigiendo su vista al suelo.
Parpadeé varias veces intentando asimilar lo que acababa de oír.
-¿Q..qu… qué? –dije con la voz entre cortada.
La saliva parecía haber desaparecido de mi boca mientras que mi corazón bombeaba con fuerza contra mi pecho, tanto que estaba temiendo incluso que me diese un ataque al corazón en ese mismo instante. Santana cogió aire con fuerza y cerró los ojos.
-Un tiempo después de que apareciste de nuevo en mi vida, cuando te mudaste a esta ciudad, me la encontré en la calle. Sabes que conozco a tu madre desde hace años, a pesar de no haber tenido mucha relación con ella y todo lo que ha cambiado, la reconocí y ella a mi. Iba con un señor muy extraño y me acorralaron en la calle, no me dejaban irme y no dejaban de preguntarme si sabía donde estabas. En ese momento esta muy asustada, además acabábamos de tener una pequeña confrontación y estaba enfadada contigo, así que le dije todo, donde vivías, estudiabas, todo… -la voz se fue apagando a medida que hablaba hasta que todo quedó en apenas un susurró.
-¡No puedes hablar en serio! –oí un grito a mis espaldas que debería haber hecho que pegase un salto, pero me encontraba totalmente paralizada con mi vista clavada en Santana sin terminar de creerme lo que estaba oyendo.
Britt pasó por mi lado como un tornado y cuando llegó frente a la otra comenzó a sacudirla mientras Santana lloraba sin ni siquiera intentar detenerla.
-¡Lo siento!... lo siento… -dijo una y otra vez entre sollozos.
Acababa de sacar la cabeza del agua y la realidad me acababa de golpear mas fuerte que en toda mi vida, por lo menos dolía como tal, era tanto el dolor que mi cuerpo no reaccionaba, es como si estuviese totalmente entumecido, como si mi cerebro no fuera capaz de enviar las ordenes adecuadas el resto de mi cuerpo.
Mientras tanto Britt seguía zarandeando a Santana, gritándole una y mil cosas que la verdad es que no estaba escuchando, aunque era evidente que no eran halagos precisamente. El rostro de Britt estaba bañado en ira sin ni siquiera querer ocultarlo mientras la otra se encogía cada vez mas en si misma sin dejar de llorar.
Los minutos fueron pasando y la rubia se dio cuenta por fin de mi falta de reacción y se detuvo centrando su atención en mí. Se acercó rápidamente intentando que volviese a la realidad, que la mirase, pero mi vista estaba perdida en algún punto donde se encontraba Santana hacía apenas unos segundos mientras en mi cabeza revivía lo que acababa de pasar y todo lo que había ocurrido con mi madre, todo parecía tener un poco mas de sentido, aunque en el fondo hubiese preferido que no lo tuviese. Britt me miró preocupada y luego se giró levemente para observar a Santana que tenía la misma expresión que la otra, pero acompañada del arrepentimiento y la pena.
Al ver que seguía sin reaccionar Santana se acercó a mí lentamente buscando mi mirada.
-¿Sabias donde estaba todo ese tiempo y no dijiste nada? –fue lo primero que salió por mi boca haciendo que las otras dos se quedasen congeladas en su sitio.
-¡No! –exclamó rápidamente- ¡No sabía lo que te había pasado! Pero un día estaba hablando con Quinn… estaba totalmente desesperada por encontrarte, no dormía apenas y se pasaba los días recorriendo la ciudad preguntando por ti a cada persona que se le cruzaba. Murmuraba una y otra vez que era su culpa, que si no se hubiese comportado de esa estúpida manera tú estarías a salvo en casa y no hubieses sido secuestrada por aquel hombre y aquella extraña mujer. Cuando dijo eso fue como si un mazo me golpease y todo se aclaró en mi mente. Tú madre nunca te había querido y su obsesión por encontrarte me había desconcertado al principio y no le di mayor importancia, pero al decir eso Quinn… supe exactamente quien te había secuestrado. Se lo conté, le conté todo y nunca en mi vida he visto una mirada llena de tanta decepción como la que me dio en ese momento –se quedó callada unos segundos tragando la saliva que se le acumulaba en la garganta- Excepto estas… -nos señaló a Britt y a mi y luego sacudió la cabeza centrándose en su relato- Cuando terminé de contárselo cogió el casco, una mochila con ropa y salió de casa. No supimos nada más de ella hasta que un día nos llamó diciendo que te había encontrado, que ya estabas a salvo.
-¿Por qué me cuentas todo esto ahora? –gruñí.
-Porque… -cogió aire con fuerza- Quinn ha desaparecido –soltó.
-¡¿Qué?¡
No sé porque presiento que vais a odiar a Santana y a Rachel por todo lo que ha pasado la pobre Quinn. Solo diré una cosa. Me encanta =)
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SaraChana1
