The Lonely Mountain
Aclaraciones relativas al copyright de esta historia colocado al principio de los primeros 7 capítulos. Simplemente ¿por qué repetir lo mismo cada capítulo nuevo?
ANOTACIONES DEL CAPÍTULO: Capítulo ¡10! Yey! espero que estéis disfrutando hasta ahora, si tenéis alguna sugerencia, ya sabéis :) MUUUCHAS GRACIAS POR TOOODOOO gran abrazo psicológico (copiando a Hola Soy German por un segundo) voy leyendo vuestros reviews cada día y siempre me ponéis de gran buen humor :)
CORRECCIONES IMPORTANTES EN LA HISTORIA RESPECTO A LA CRONOLOGÍA
Ya sé que dije que ya había arreglado la cronología, pero me equivocaba, porque tras enterarme investigando en disney wiki que durante la película Frozen Anna tenía 18 años y Elsa y Kristoff 21, se me ha trastocado TODO :( bueno, casi todo. Así que aquí va una lista de datos extras, algunos importantes, otros no, para tener en cuenta, ya con la cronología definitiva. Cuando pueda corregiré los capítulos anteriores (uff) Aquí tenéis, alerta spoiler:
Rey Arkyn de Arendelle, nacido el 04/10/497 y fallecido el 13/05/563 durante una guerra. Contrajo matrimonio con Edith el 06/04/532.
Reina Edith de Arendelle, nacida el 08/02/501 y fallecida el 05/07/565 debido a una enfermedad.
Rey Akðar de Arendelle, nacido el 06/07/540 y fallecido el 10/06/585 en el hundimiento de su barco. Contrajo matrimonio con Iðunn el 11/09/561.
Reina Iðunn de Arendelle, nacida el 21/12/541 y fallecida el 10/06/585 en el hundimiento de su barco.
Reina Elsa de Arendelle, nacida el 09/01/567. Edad actual, 23.
Princesa Anna de Arendelle, nacida el 27/04/570. Edad actual, 20.
Príncipe y Proveedor Oficial de Hielo de Arendelle, Kristoff Bjorgman, nacido el 17/08/567. Edad actual, 23.
Halvar Lundberg, nacido el 02/03/477, fallecido el 20/07/564. Llegó a Arendelle junto con su mujer y su hijo el 28/06/544. Contrajo matrimonio con Gunhild el 04/05/514.
Gunhild Lundberg, nacida el 30/11/474. De seguir viva, tendría 116 años, pero no puedo dar más datos de ella de momento.
Johannes Lundberg, nacido el 13/12/537. De seguir vivo, tendría 53 años, pero de momento no puedo decir más de él. Tanto él como su madre fueron expulsados del castillo de Arendelle el 10/08/565.
Capítulo 10:
—Anna —Elsa entró en la habitación de su hermana, donde ésta liberaba cajones y armarios para Kristoff, pues la ropa de invierno ocupaba más espacio al ser más gruesa y andaban un poco apretados. Además, a Kristoff le gustaba coleccionar piedras, minerales y cosas que encontraba en las montañas, y ella sabía que a Kristoff le sentaría más como "estar en casa" saber que tenía sitio para lo que quisiera. Elsa contempló la habitación y Anna la miró expectante—. ¿No está Kristoff?
—Salió a dar una vuelta al trineo con Sven y eso, ya sabes... ¿pasa algo? —preguntó Anna.
Elsa la contempló un par de segundos, pestañeó y asintió acercándose a Anna.
—He mirado los censos de población antiguos.
—¿Y bien? —Elsa le puso un libro en los brazos abierto por la mitad aproximadamente y señaló una página.
—G. Lundberg. Gunhild Lundberg —Anna escudriñó el libro como si no pudiera leerlo y miró a Elsa.
—Podría ser casualidad, ¿no? ¿cuántas Gunhild hay en Arendelle? ¿o en los países vecinos? No puede ser la vieja esa, nos habría reconocido...
—Y si sabe algo importante, habría huido y, bueno, no sé tú, pero yo aún no he conseguido dar con ella y parece que se la haya tragado la tierra. Mira, yo también lo pensé, en este censo antiguo del año 549 no hay más que una Gunhild más, pero miré el censo actual del año pasado, no hay ninguna Gunhild inscrita. Busqué y pregunté a los descendientes de esta otra Gunhild, y dicen que era su tatarataratatara... abuela o algo así, y que murió en el año 550 de vieja según sabían, y que además, no tenían constancia de que nadie en su familia fuera hechicero ni nada de eso, como era la Gunhild que nos encontramos en esa montaña —Elsa hizo una pausa para respirar y se sentó a su lado—. Entonces volví a los censos antiguos, busqué a Gunhild Lundberg, y me di cuenta de que su nombre y el de Johannes Lundberg, al que también encontré, dejan de aparecer en el censo a partir del año 565, lo cual tiene sentido, porque fue el año en que papá los echó, ¿no?
—Efectivamente, los echó —enfatizó Anna—. No están en Arendelle, y esa vieja estaba en Arendelle. En las montañas, afueras, vale, pero era Arendelle.
—Pero Anna, papá no los desterró, sólo los echó del castillo y les despidió. Piensa esto, ¿vale? Sólo un suponer —Elsa y Anna se miraron atentamente—. Pongamos que se van del castillo, y por miedo a enfadar a papá, porque a lo mejor él los echó por algo yo que sé, gordo, y estaba muy cabreado, así que por miedo de enfadarle y que les desterrara, se van a vivir a las montañas, no incluimos en el censo a la gente que no viene al castillo en su momento para inscribirse, así que nadie sabría que existen. Podrían vivir allí y practicar su hechicería, porque la vieja que vimos aunque no tenía poderes propios como yo, era hechicera, sabía de plantas, conjuros, hechizos, se notaba. Y quizá allí lejos no le llegaron noticias de la muerte de papá y mamá, quizá se enteró por suposición cuando le dije que era la reina, y quizá oculta algo tan gordo y no quiere que lo sepamos y por eso ha desaparecido antes de que descubriésemos quién era. Tiene sentido, admítelo, son la misma Gunhild.
—De acuerdo es... es una gran posibilidad. Pero entonces dime, ¿y Johannes? No estaba en aquella "cabaña" por llamar de algún modo a ese antro, y tampoco parecía haber sitio para nadie más.
—Johannes tendría ahora cincuenta y tres años, Anna. Podría haberse ido, o haber muerto. Quizá él no es hechicero como su madre...
—...suponiendo que su madre fuera la vieja que vimos...
—...y no tiene necesidad de vivir apartado de la ciudad y se ha ido a Suecia o algún sitio.
—Está bien, tú ganas —Anna sonrió—. Cuando Kristoff vuelva, iremos a buscar a Gunhild de nuevo y la encontraremos aunque le tenga que decir de todo menos bonito. Llevamos tiempo sin mandar a nadie por allí, quizá se haya relajado y esté desprevenida y descubierta ahora, no sé, pero tenemos que averiguar si es la señora Lundberg y por qué les echaron, entre mil preguntas. Si es ella, tendrá unos ciento dieciséis años, que es más o menos lo que aquella vieja parecía tener igualmente, así que sabrá qué cosas pasaban por Arendelle no cuando naciste, pero sí unos años antes, quizá ayude. O sepa quien es ese mago, no sé.
Elsa sonrió y abrazó a su hermana.
—¡Perfecto! —Anna sonrió y terminó de doblar una camiseta de Kristoff, dejándola en un montón de ropa sobre la cama que era de verano y había que guardar para que no ocuparan espacio innecesariamente. A Anna no le gustaba ser muy dependiente de los sirvientes y era algo que Kristoff cada día le pegaba más—. Así que... ¿habéis empezado ya con los planes de boda?
—Bueno, anoche hablamos un poco, las bodas reales se suelen hacer en la capilla del castillo, lo sé, pero Kristoff prefiere las montañas, cuando llegue el verano para no morir helados, y a mí me parece una buena idea...
—Sí, supongo que habrá que planearlo un poco mejor para asegurarnos. ¿Entonces estás cien por cien segura de que te quieres casar con él?
—¿Qué? ¡Claro! Elsa, ya hemos tenido esta conversación —Anna sonrió.
—Lo sé, lo sé... es que... entiéndeme, tienes sólo diecinueve años —"veinte en dos meses" le recordó Anna— aún eres joven...
—Elsa —la interrumpió Anna— es una edad perfecta para casarse, mamá se casó tres meses antes de tener veinte años, y yo a este paso ya los habré cumplido cuando me case, aún hay que acabar con todo esto y planear la boda...
—De acuerdo, sólo quería asegurarme de que eras feliz con eso, aún eres mi hermanita... —se sonrieron tiernamente.
La puerta se abrió de un portazo y apareció Kristoff, con expresión de sublime felicidad y totalmente lleno de nieve.
—¡Ya estoy aquí! —anunció abriendo los brazos como esperando un abrazo. Anna sonrió radiante y corrió a sus brazos, y tras un gran abrazo bastante largo en el que Kristoff levantó a Anna un palmo del suelo, se besaron y se separaron.
—Por fin, tenemos que volvernos a ir, ¿sabes?
—¿Ah, sí? —Kristoff miró a su futura esposa sorprendido—. ¿Y eso?
—A buscar a Gundhild de nuevo —respondió Elsa—. Pero antes, ¿qué tal lo habéis pasado Sven y tú?
—¡Genial! —los tres salieron de la habitación y se encaminaron hacia las puertas del castillo—. Y Elsa, ¿pedimos que traigan los caballos o...?
—Cabemos los tres en el trineo, ¿cierto? —quiso saber Elsa.
—Claro, por supuesto —contestó el hombre de la montaña—. ¿Y Olaf?
—Pues usaremos el trineo. Olaf se quedará, quiero dejarle a cargo de todo en mi nombre.
Tras despedirse de Olaf, y acordar no tardar mucho en volver, subieron al trineo y, tardando mucho menos de lo normal debido a la mejora del clima y la ausencia de elementos peligrosos, la falta de niebla y que en ese momento había parado de nevar, llegaron al mismo acantilado que habían tenido que subir para conocer a Gunhild. Allí dejaron a Sven y el trineo y, sin la menor dificultad, Elsa hizo aparecer una gigantesca escalera de caracol hasta la cima del acantilado. De nuevo, no hubo rastro del castillo, ni de la guarida de Gunhild, pero eso no les detuvo de gritar su nombre, buscarla y proferir amenazas.
—¡Si la encuentro, la mato! —declaró Kristoff agotado sentándose en una roca después de veinte minutos caminando de un lado a otro, buscándola. Pero para su sorpresa, la roca gimió de dolor bajo él y se vino abajo, haciendo que Kristoff cayera sobre una anciana—. ¡Ay! ¡Tú! —rápido como un rayo, Kristoff agarró a la anciana Gunhild y la aprisionó contra la nieve. Elsa y Anna corrieron hasta ellos y le ayudaron a retenerla, temiendo que con algún conjuro escapara de nuevo.
—No más conjuros ni tretas, Gunhild —le advirtió Elsa y después, más amablemente—, por favor, necesitamos tu ayuda. Sé que tenemos nuestras diferencias, pero ambas luchamos contra el mismo mal, ¿cierto? —Gunhild asintió lentamente—. Kristoff, vamos a sentarla en tu trineo.
Kristoff la agarró en brazos y bajaron, llegaron al trineo y la ataron a él, y los tres se colocaron a su alrededor.
—Perdona las precauciones, estamos un poco desesperados —se excusó Anna con una pequeña sonrisa que Gunhild no le devolvió.
—Eres Gunhild Lundberg, ¿verdad? Por eso no estás muy dispuesta a colaborar ahora, porque sabes que fue nuestro padre quien os echó, a ti y a tu hijo —dijo Elsa. Gunhild, tras mirarla desafiante unos segundos, carraspeó.
—Sabía quién eras en el momento en que te vi, no os parecéis mucho, te pareces más a ella, pero sin embargo vuestros gestos sí se parecen, y la misma mirada desafiante que he visto tantas veces en él la veo en ti —declaró Gunhild—. En aquél momento no os ayudé, os distraje simplemente. La verdad, estaba cómoda con esa fuerza al lado, alejaba a los chismosos de aquí y era amable conmigo. Tu padre nos hizo mucho daño a mi hijo y a mí, no esperes mi ayuda.
—Sé lo que pasó, sé que os echó. Y lo siento profundamente, de veras, que perdierais vuestro hogar —dijo Elsa amablemente—. ¿Me dirías al menos por qué os echó, qué es lo que mi padre pensó que habíais hecho?
—Akðar era un buen chico —Gunhild asintió— era amble, justo, leal, y muy valiente. Pero era también un hombre muy celoso. Mi hijo y él apenas se llevaban tres años de diferencia, eran los mejores amigos que podáis imaginar, siempre correteando por ahí, jugando, tirándose bolas de nieve en invierno y tirándose al mar en verano, eran uña y carne. Sí, se llevaron muchas broncas de Halvar y Arkyn porque Akðar tenía que recibir educación e instrucción como príncipe y encontraba gran distracción en mi pequeño Johannes, pero al final ambos hincaban los codos y sobretodo conforme fueron madurando. Trabajaron y se ayudaron el uno al otro, y cuando Johannes cumplió veintiún años, Akðar rogó a su padre para que le diera un buen trabajo, y fue hecho jefe de ceremonias de Arendelle, dirigía las fiestas más importantes de Arendelle, cuando venían los reyes y príncipes extranjeros él era el encargado de planearlo todo, era una gran responsabilidad —el trío la escuchaba con atención—. Ese mismo verano, Akðar cumplió los dieciocho y fue por aquél entonces cuando conoció a Iðunn, era hija de una familia importante de mercaderes que había servido a Arkyn durante años, proporcionándoles las mejores telas, todo lo necesario para el castillo. Estaban muy enamorados, se unieron muy deprisa. Dos semanas eran amigos, tres semanas después todo era Iðunn esto, Iðunn lo otro, y ese verano fueron una pareja encantadora. Ella era muy hermosa, una joven alegre, hermosa, inteligente, centrada... y logró que Johannes y Akðar cada vez pasaran menos tiempo juntos, se fueron distanciando. Johannes trabajaba mucho, el poco tiempo libre que tenía y quería pasar con su amigo, éste estaba ocupado con ella. Pero Johannes también supo apreciar su belleza, inteligencia y buenas maneras. A pesar de todo, Akðar y Iðunn se casaron tres años después, aunque ella era muy joven y Akðar acababa apenas de cumplir la mayoría de edad, y Johannes fue el padrino de boda. Un par de años después, Arkyn falleció y entonces, Akðar tuvo que asumir mayores responsabilidades como rey, porque su madre era ya muy mayor y abdicó en favor de su joven hijo y éste tuvo menos tiempo con Iðunn, aunque ésta fue coronada reina. Johannes estuvo con ella cuando ella estaba triste y echaba de menos a su marido, la ayudaba con las dificultades de ser reina, etc. Eran grandes amigos. Al año siguiente, mi querido Halvar falleció, y Johannes y yo pasamos a vivir en el castillo —Gunhild hizo una pausa, durante la cual, se miró las manos, entrelazadas—. Eso significó más tiempo juntos para Johannes y Iðunn y el final del aguante de Akðar. Él y Iðunn estaban teniendo problemas intentando concebir una descendencia real, imagino que eso fue un factor más para que un día, celoso, tuviera un fuerte discusión con Johannes, fue una gran bronca, Iðunn lloraba pidiéndoles parar y, al final, Johannes fue echado del castillo, pese a que sólo hacía un año que había perdido a su padre, lo que le hizo estar todavía más dolido, y aunque a mí no se me había expulsado, mi hijo se negó a dejarme allí sola, y juntos nos fuimos.
—¿Y qué pasó entonces? —preguntó Elsa ansiosa.
—Fuimos a vivir aquí, a las montañas. Yo soy hechicera, mi marido era brujo, tenía grandes poderes sobre los vientos, y nuestro hijo también tenía los suyos, así que nos las aviamos bien. Mi hijo se las arregló para construir un castillo, donde ambos pudiéramos vivir, y cambió su apariencia, quería dejar de lucir como un "niño bueno" como él decía, y juraba que un día Akðar se las pagaría, quería ser temido por todos. Iðunn, a escondidas, venía a visitarnos muy a menudo y eso alegraba mucho a Johannes. Eran muy amigos, sí que lo eran.
—Mi madre... ¿le quería? —preguntó Anna y Gunhild negó.
—No creo. Estaba muy enamorada de tu padre, tremendamente enamorada, eran tan para cual. Pero Johannes era su único amigo, aparte de los sirvientes del castillo, si es que consideraba a alguno su amigo, y no tuvo otra que mentir a todo el mundo para escaparse y ver a Johannes. Un día, mi hijo volvió a casa después de estar con ella, muy consternado. Decía que se habían peleado, pero no me dio más detalles. Meses después, en los cuales Iðunn no apareció, ella regresó, y aunque yo no pude oír nada, sé que tuvieron una gran pelea, a gritos, ella llorando, y se fue y jamás volvió. Mi hijo estuvo muy deprimido, y entonces aumentó su poder y su odio por Akðar. Y no hace mucho...
—Basta, madre —una voz atronadora sonó y el mismo mago que tantas veces habían visto apareció ante ellos. El trió le miró expectante, preparados para la lucha—. Te gusta demasiado hablar, por desgracia. Así es, yo soy Johannes Lundberg, siento que me hayáis descubierto tran pronto —sonrió mirando a Elsa—. Es increíble lo mucho que te pareces a ella, tan hermosa...
—¡Tú! —Elsa enfureció y al señalarle con un dedo lanzó un rayo de hielo que el mago esquivó por los pelos, riendo.
—Estoy tan orgulloso de ti —el mago parecía más feliz por momentos—. Te has convertido en una bruja casi tan poderosa como yo. Bueno, no somos brujos exactamente, pero ya sabes...
—No... —susurró Elsa, pensamientos concordando en su cabeza—. Es imposible...
Anna y Kristoff les contemplaban expectantes. Se habían alejado de Sven y el trineo y Gunhild había vuelto a desaparecer.
—Sí —Johannes afirmó, poniéndose serio e irguiéndose—. Ahora sabes la verdad, mi hermosa hija.
Y dicho esto, Johannes alzó una mano, y el negro de su vello facial y su pelo desapareció, sustituyéndose por un rubio blanquecino, con mechones de largo pelo aún más claros, casi blancos. Y en lugar de los ojos negros, unos ojos de un azul profundo y oscuro.
