Cualquiera pensaría que después de haber tenido que ponerse de acuerdo para llevar a cabo un robo, dos personas se tendrían un determinado porcentaje más de confianza entre ellas. ¿O no? Ustedes piensan lo mismo, ¿verdad? ¡Tiene lógica!

Pero si algo faltaba en el mundo de esta singular banda que todavía se estaba formando, era lógica.

Era por eso que Murdoc y Evelyn ahora se hablaban sólo cuando era absolutamente necesario. Nadie entendía por qué; sabido era que Russel desaprobaba lo que habían hecho, pero pensó que tal vez los ayudaría a relacionarse mejor. Sin embargo, había una especie de temor por acercarse, como si les fuera dar una corriente eléctrica si estaban a una distancia muy corta.

La verdad era que toda esa frialdad era porque hace unos pocos días el satanista le había hecho saber a Evelyn lo que quería a cambio de su complicidad.

Era simple, nada que no pudiera hacer: él quería su respeto. Pero no del que se recibe de otra persona cuando hiciste algo muy bueno, sino del que se recibe cuando esa persona está destinada a estar de acuerdo con todo lo que uno diga. Una especie de esclavitud, casi, una forma de asegurarse de que no se revelaría contra él.

A ella le había dolido especialmente ese pedido, no sólo por lo que representaba en sí, sino también por la forma en que lo había dicho.

La había abordado en uno de los pasillos de la mansión de forma sorpresiva, agresiva, sus manos pegadas a la pared y a los lados de su cabeza le dieron una sensación de encierro terrible. Se preguntó cómo había mujeres a las que les gustaba aquello.

-Creo que ya sé con qué quiero que me pagues.- murmuró él muy cerca de su rostro. Evelyn no pudo evitar desviar su mirada a su boca, más precisamente a sus filosos dientes que parecían estar ya verdes por el descuido. Se quedó sin aliento y las palabras resbalaron de vuelta por su garganta; ¿hacía cuánto tiempo que el desgraciado no tocaba la pasta dental?

Volvió a mirarlo a los ojos, un extraño brillo en ellos la hizo pensar que no le había causado ninguna gracia aquella falta de atención.

-¿Me escuchaste?- preguntó hoscamente. ¿Qué se creía la mocosa ésa? No fuera a resultar que en el fondo le gustaba y por eso lo miraba tanto.

Pero no, no era así. Ella solamente analizaba a esa amenaza en frente como quien intenta dominar su pánico mediante la poca frialdad que podía mantener, porque en realidad se estaba cagando en las patas.

-Sí…- respondió casi en un susurro tembloroso. A Murdoc le encantó ver el esfuerzo que hacía para mantenerle la mirada, por un momento creyó que sería suficiente fuerza como para mover los montes de basura que rodeaban a los estudios Kong. Tenía miedo, siempre tenía miedo esa chiquilla cobarde, ¡como si fuera a hacerle tanto daño!

-Ya sé con qué quiero que pagues mi ayuda.- repitió, por las dudas.

-¿Qué quieres?- cuestionó Eve a la espera de algo terrible, como ser su esclava y tener que lavar su ropa. Aaaah, qué inocencia la suya.

-Que me respetes.- masculló como con rabia entre dientes. Eso sorprendió mucho a la joven violinista, quien alzó las cejas en un interrogante mudo.

-¿Cómo?

-Que me respetes, ¿acaso estás sorda? Porque así no me sirves en la banda.

-No… no lo entiendo.- dijo para sí, bajando la cabeza como si millones de pensamientos contradictorios estuvieran desplegando una batalla campal en su mente- Me ayudaste, yo ya te respeto.

-Ya veo que no entiendes.- replicó él con una sonrisa perversa tensando sus labios- Con eso sólo se conforman los idiotas. Yo quiero que te calles, que no me discutas, porque ya veo que eso te gusta mucho.

-¡Pero…!

-¡Ya lo estás haciendo mal, carajo! ¡Cierra la maldita boca!- bramó dándole un golpe a la pared, el puño cayendo con furia cerca de su cabeza la hizo encogerse en su lugar y cubrir su rostro con sus manos a la espera de algo peor- Odio que me lleven la contra, de verdad me molesta…

Evelyn asintió débilmente en señal de que sí, lo había notado, pero no dijo nada detrás de sus deditos tensos. Sin embargo, ese pequeño refugio no duró mucho cuando Murdoc tomó bruscamente de una de sus muñecas y apartó la mano para que lo mirara: poco le faltó para poder escuchar los latidos acelerados de su corazón como si estuvieran sonando a todo volumen de fondo, la respiración entrecortada de la joven se lo hacía ver. Podía saborear ese dulce miedo cual si lo tuviera debajo de la lengua en aquel momento.

-¿Sabes qué pasará si lo haces?- cuestionó suavemente, la rabia de unos segundos atrás había desaparecido.

Ella negó con la cabeza. Con su mano libre limpió un poco sus ojos empañados por las lágrimas, y no supo si lo hacía para verlo bien o para que no se burlara porque era una niña débil. Pero él no hizo nada de eso, sólo siguió sonriendo.

-Puedo llamar a tu hermanito para que venga a buscarte.- le dijo muy tranquilo. La violinista soltó un leve gemido entre el temor y la sorpresa, que el satanista deseó poder encerrar en un frasquito sólo para él- ¿Te gustaría, Evelyn? Debe extrañarte mucho por lo que nos contaste.

-¡No!- saltó Eve como si estuviera dispuesto a hacerlo justo allí, en frente de ella. Estaba más que dispuesto, ¿pero qué gracia tendría sin la extorsión?- Por favor, no lo hagas…

-¿No quieres ver otra vez a tu hermano?

-No.

-Entonces no me discutirás, harás lo que te diga y lo harás bien; nada de hacerlo mal para molestarme porque será peor para ti.- dictó, frío, como si fueran órdenes del ejército- Si no lo haces, llamaré al empresario éste de segunda para que termine contigo, volverás a ser basura…- se interrumpió para mirarla de arriba abajo, desdeñoso, y continuó:- sigues siendo basura, en realidad.

La joven ya no pudo contener más un sollozo. Miedo, impotencia, odio; ésos eran sólo algunos de los sentimientos que llenaban su pecho. Pero no le quedaba otra que aceptar esa esclavitud.

-Está bien.- susurró con la cabeza gacha al final.

-¿Lo entendiste?

-Sí.

-Qué buena chica.- concedió Niccals, que pareció juntar toda la hipocresía del mundo en esas tres palabritas. No tardó en alejarse e irse, a cualquier parte de Kong, para disfrutar esa victoria sobre la rebelde argentina.

Sola nuevamente, Evelyn respiraba con dificultad, apoyada contra la pared. No lloró, a pesar de que ganas no le faltaban, y no pensaba decírselo a Russel o a Stuart por miedo a lo que pasaría después.

Lo único que hizo fue quitarse el sombrero y abrazarlo contra sí: eso siempre le daba un poquito de fuerza para aguantar lo que fuera.


Todavía trataba de asimilarlo, ni siquiera sabía por cuánto tiempo tendría que ser una tumba en presencia de Murdoc. ¿Un año, tal vez? ¿Hasta que la banda se separara? Si así era, no sabía si tenerle miedo o desear ese momento.

Mientras, el tiempo pasaba, Paula le caía cada vez peor ahora que coqueteaba con 2D, y a él no parecía disgustarle. Al contrario: con todo y esa pinta suya de chico ingenuo, muchas veces amenazaba con comerle la boca de lo cerca que estaban.

A ella le daba entre asco y coraje. Russel decía que estaba celosa porque Stuart era su amigo y creía que con Paula allí le prestaría menos atención, y así seguía el discurso. Lo había escuchado tantas veces que ya se lo sabía, en su mente repasaba las líneas conforme el baterista las recitaba.

Le encantaba que hubiera alguien que se preocupara por ella, claro que sí, pero no eran celos, solamente sabía que a Stu no le convenía salir con una zorra como lo era la nueva guitarrista. Con mirarla era suficiente para darse cuenta, siempre tenía puestos esos pantalones ajustados que le marcaban hasta el alma y unas blusas que tampoco daban muy buena impresión.

"Si la quiere…" se decía siempre, pero eso no la satisfacía. No podía evitar ese ardorcito en el pecho que le provocaba el rencor.

El tiempo siguió pasando sin muchas cosas nuevas. La primera canción que pretendía estar en el disco de la banda sin nombre había salido de un ensayo casual, pura improvisación de Murdoc y Paula. Gran cosa, había empezado con un reto de él, que decía que ella no sabía tocar el bajo.

-Claro que sé.- se había quejado la delgada morocha en respuesta.

-No es lo mismo que la guitarra, amor.- replicó el satanista como si se lo estuviera explicando a un niño testarudo. No tardó en tomar uno de los bajos en el cuarto de grabación y sentarse en alguna silla de por allí cerca.

-Te digo que sí sé, ¿me quieres probar?- cuestionó molesta. Murdoc sonrió.

-Me encantaría.- contestó sin dejar de sonreír con malicia, para luego tenderle otro instrumento.

2D, que había estado del otro lado del vidrio que los separaba del estudio de grabación, seguro no notó nada extraño en esa pequeña charla. Sólo siguió escuchando el ritmo que se debatía entre deprimente e hipnotizante mientras Evelyn recopilaba esas notas moviendo controles y apretando botones.

Tanta nostalgia le dio el estar haciendo aquello como en la disquera de su padre que hasta se olvidó de que ella sí había notado un dejo insinuante en las voces de sus compañeros. "Cosas que pasan" pensó.

No podía evitar pensar que a esa "canción", si así se le podía decir, le faltaba algo, no sabía qué exactamente. Murdoc pensaba lo mismo. A los demás les daba lo mismo: bastante ya con que era lo primero que habían hecho, ¿verdad? Con todo el tiempo perdido…

-Tal vez ya deberíamos llamar a Damon.- sugería Stuart cada tanto. O cuando su colega bajista se quejaba de que el primer sencillo de la banda no estaba completo, y de que no sabía cómo darle ese "toque" que necesitaba.

-Claro que no.- rebatía él siempre- Dos como mínimo, dice el chico bonito ése.

-Pero dile que no tenemos dos; si la que ya está fue una improvisación, tal vez la que vayamos a hacer sea una basura porque no tuvimos otra opción y había que llenar el hueco.- explicó Paula una vez que se hubo hartado de aquella discusión sin sentido. Demonios, 2D sabía la respuesta que obtendría, ¿para qué seguía jodiendo? Era lindo y todo, pero a veces no podía evitar pesar que era un poco estúpido.

"Creo que es la primera vez que estoy de acuerdo con ella" pensó Evelyn, que nada más miraba todo como si estuviera apartada en alguna otra parte del cosmos infinito y un vidrio verde oliva le impidiera intervenir.

-Hay gente a la que le gusta escuchar basura.- argumentó Russel como para suavizar la discusión.

-A nadie le gusta escuchar ni oler basura, tenemos que hacer algo bueno.- respondió Murdoc antes de encender un cigarrillo ante los ojos severos de Hobbs.

-¿Y a ti se te ocurre buena mierda para escribir?- cuestionó Eve con desgano, pero se calló cuando una mirada de advertencia del bajista pareció aplastarle la cabeza.

-No digas malas palabras.- murmuró él nada más. 2D alzó un poco las cejas por el comentario tan seco y lleno de ironía. Algo le dio la impresión de que hubiera querido decir alguna otra cosa en lugar de eso.

-Pero tiene razón: si no tenemos un tema sobre el que escribir, no hay canción.- concluyó Russ encogiéndose de hombros cual si dijera "es obvio, hay que ser tú para no verlo".

Niccals no dijo nada esta vez. Lo único que hizo fue exhalar el humo del tabaco con una expresión pensativa para aparentar que estaba intentando idear alguna solución, pero no se le ocurría nada bueno.

-Ya saldrá algo.- dijo al final. Era de esperar que esa respuesta no dejara a nadie satisfecho, ¿pero qué se le iba a hacer? Cuando el satanista de la banda no quería hablar, era mejor no forzar las cosas. Sino, que le preguntaran al pobre chico en McDonald's que le preguntó más de tres veces cuál iba a ser su pedido cuando todavía no se había decidido.

¡Dios, eso fue épico!

Pero no les voy a contar, me iría de tema.

Volviendo al debate, todos terminaron yéndose con la idea fija de que había que escribir una canción antes que nada. El futuro de la banda sin nombre dependía de ello y no podían distraerse.

De todos modos, las distracciones aparecían tan fáciles que casi las podían prever; pero hasta que llegaran, pasarían un buen rato escribiendo y componiendo.


Como dije, puede haber un gran abanico de cosas capaces de desviar la atención de uno de lo que tiene que hacer, y es mucho peor cuando ese uno está en pareja o conoce a alguien que le revienta la cabeza. Es normal, no se lo puede negar, pero un caso más raro es que otra persona haga a un lado su deber por el primer caso. No sé si me explico.

Si no se entendió, el ejemplo de Evelyn Bann encaja perfectamente para hacerles ver mi punto. Varias veces se la podía ver sentada en el piso, algún sillón, en la cama de su cuarto o el balcón con una libreta llena de hojas de color "blanco frustrante"; mas cualquier atención que pudiera prestarle a las líneas vacías se esfumaba en el aire cuando su amigo de pelo azul entraba en escena luchando con la lengua de Paula Cracker, su nueva novia ya declarada.

No sabía si sentir asco, enojo porque estaban usurpando su lugar, nostalgia por recordar los momentos en los que ella no estaba… realmente estaba bastante confundida con sus sentimientos. Sin embargo, ¡bajo ninguna circunstancia serían celos!

Lo bueno era que siempre tenía a la mano una bola de papel para sacarlos de su mundo.

-Yo tampoco los aguanto.- le dijo Murdoc un día, sentándose a su lado, cuando ambos se hubieron ido. Como siempre, habían ignorado el improvisado misil- El Face-ache es insoportable cuando se pone así de cursi.

-Lo que me molesta es que estén todo el tiempo como si estuvieran tratando de comerse, me asquea.- se quejó ella arrugando la nariz, un gesto que hizo reír levemente al demonio de Stoke-on-Trent.

-No es tan desagradable como crees, tú lo dices porque no estás acostumbrada.

-Se ve desagradable, Murdoc.- opinó antes de torcer los labios por un momento.

Su comentario hizo que el bajista se girara a mirarla casi escandalizado; ¿cómo podía decir una cosa así si todas las niñas de su edad siempre se ponían histéricas pensando en cómo sería su primer beso y toda esa pendejada?

-¿Me dices que nunca lo has probado?- cuestionó, pero como respuesta sólo recibió el seño fruncido de la muchacha castaña.

-¿De qué hablas?

-Que si nunca has besado a nadie.

-Claro que no.- replicó la joven, seguida de una mueca extraña, mezcla entre aversión y alguno que otro sentimiento negativo que Niccals no pudo definir- Mira si te toca alguien que no se lava los dientes, debe ser horrible.

-No seas estúpida, te das cuenta a kilómetros cuando alguien no se lava los dientes.- protestó él. "Ya lo creo" pensó Evelyn, pero prefirió no decirlo en voz alta.

-Aún así, me da náuseas.- concluyó la violinista, como una última salida para dar por zanjada aquella conversación. Ni siquiera sabía por qué estaba hablando con quien la había reprimido mediante amenazas durante un tiempo indefinido. El sólo recordarlo volvía a darle escalofríos.

Sin embargo, parecía ser que Murdoc había captado el mensaje de "no quiero discutir, lárgate de una vez", pues ahora se ponía de pie chasqueando la lengua con impaciencia y desgano.

-Hasta en eso pareces niño.- murmuró antes de irse. Porque claro, parecía ser que el vestir como niña no cambiaba en nada su apariencia y seguía viéndose como un chico de pelo largo medio aputosado.

Eve esperó a que se fuera para levantarle el dedo medio con rencor. ¡Él era el que debería verse en un espejo! Pareciera ser que llevaba la misma maldita ropa desde su nacimiento.

Por otro lado, consideró la opción de que no se estaba refiriendo a su vestimenta sino a su actitud. ¿Los niños pensaban así? ¿También les daba asco besar? Algo sabía de su miedo, algunos de sus compañeros en la clase de violín decían que besar era para maricas. Pero si lo vas a hacer con una chica, ¿qué tiene eso de marica?

Tal vez no era repulsión en realidad. Quizá era que no entendía realmente lo que ese gesto representaba. Ella no le veía nada de especial, por ejemplo, pues conocía los besos de mejilla y pensaba que con eso era más que suficiente.

Pero… si su amigo se desvivía por ellos, algo debían tener. Tenía que averiguarlo.


Y los meses pasaron sin que los integrantes de la futura banda se dieran cuenta de ello. Todavía estaban con eso de escribir una canción para presentarle a Damon Albarn, pero simplemente no tenían idea de qué escribir. En todo ese tiempo que había pasado parecía que iban a hacer su propio Landfill dentro de la mansión por todas las bolas de papel que contenían los intentos fallidos de canciones: amor, odio, dolores y placeres con un toque de pimienta en letras desprolijas habían sido desechados, uno tras otro, como si de una procesión contra el reciclaje se tratase.

Stuart era tal vez el que tenía la mente más en blanco. Siempre que lo veían estaba mirando sus hojas con esos ojos vacíos y negros que tenía; resultaba irónico pensar que alguien podía hundirse en esos pozos infinitos, mientras que él ahora caía en aquel abismo en blanco, pidiendo auxilio en un suspiro de resignación.

Russel escribía bastante, había recurrido a diversos diccionarios de rimas y constantemente estaba haciendo una especie de percusión improvisada con las mesas o donde se le ocurriera. Era evidente que tenía planeado entrar con algún rap fresco y elaborado, aunque todas las ilusiones se iban nuevamente a la basura cuando se lo escuchaba bufar como un toro y sumar otro bollo a las enormes pilas.

Murdoc se había encerrado en su habitación a escuchar todos sus discos seguidos. Nadie sabía si era para inspirarse o porque había caído tan bajo como para pensar en plagiar alguno de esos temas que tanto oía. Lo que fuera tampoco le estaba funcionando a él, ya que, si bien era buenísimo componiendo música y experimentando con los sonidos, la lírica no era lo suyo.

Paula sólo escribía frases. Miles de ellas, una debajo, a un lado, encima de la otra; lo importante era escribirlas. Luego vería cuáles eran las mejores y las combinaría todas en una sola letra.

Evelyn por su parte miraba por la ventana. Sí, miraba por la ventana. La gente de Essex era muy particular, por lo menos cerca de donde ellos estaban, y le daba muchas ideas para temáticas sociales. Lo malo era que quedaban expresiones demasiado obvias, y eso no le llegaba a nadie. Maldición.

Además, ella no tenía la cabeza puesta realmente en escribir canciones. Seguía dándole vueltas al tema de los besos y lo que el satanista le había dicho el otro día.

¿Sería verdad? ¿O lo había dicho nada más para molestarla?

Como fuera, ahora que ya le había picado la curiosidad necesitaba resolver esa duda que tenía. ¿Pero cómo lo haría? No podía hacerlo sola, precisaba de alguien con quien experimentar.

Rió ligeramente por cómo se escuchaba, parecía una especie de científica loca dispuesta a cumplir con su meta como fuera. Cual doctora experta en análisis fue estudiando y descartando a cada uno de sus compañeros para ver quién podría ser apropiado para una experiencia así.

Stuart estaba con Paula; por esa sola razón lo podía descartar. O dejarlo para después.

Russel era demasiado ético y jamás le aceptaría algo como lo que ella quería. Descartado.

Murdoc… ni siquiera se molestaría en hacer una lista de contras. Descartado.

Y a Paula Cracker definitivamente no la iba a contar, descarte elevado a la millonésima potencia dividida por el límite de uno sobre ene. Un poco exagerado, pero es para que se puedan dar cuenta de lo que pensaba.

No creía que ir a buscar a algún chico desconocido en la calle, o peor, alguno de sus antiguos compañeros, fuera una opción tampoco; por lo que solamente quedaba una elección viable.


Ya casi era medianoche en Kong, pero no todos sus habitantes dormían como lo estaba haciendo todo el resto de la ciudad.

O por lo menos los que no habían salido de fiesta y estuvieran echando griterío en la calle: ésos ya no entendían la definición de "sueño", más allá de que estuvieran demasiado chupados para poder hablarles.

En fin, vamos a dejarlos de lado porque no es lo que estuviera pasando con ellos lo que nos importa. Lo que nos interesa es ese ruido que se escuchaba resonar en las paredes de los pasillos, algo aplastando la madera de los pisos en un intento vano por hacer silencio y no llamar la atención.

A veces ni siquiera caminar con los pies descalzos lo podía salvar a uno de esas tablas que rechinan con apenas tocarlas.

Evelyn las odiaba, pensaba que con cada sonido, por más leve que fuera, haría que el mundo se detuviera y se girara a mirarla con un gesto interrogante. No le gustaba que la miraran así, pues no se le daban bien las respuestas rápidas ni las mentiras "express", por lo que intentaba ser lo más disimulada posible aunque no hubiera nadie allí.

Ahora bajaba las escaleras, heladas al contacto con la plata de sus pies, intentando acostumbrar sus ojos a la oscuridad para no tropezar con los escalones o algún demonio al que se le ocurriera pasar por allí. Si algo así ocurriera, de seguro pegaría el grito de su vida y al carajo su plan.

Llegó al estacionamiento dando gracias al de arriba porque nada había pasado en el camino. Y claro, se permitió guardarse una pequeña queja para sí sobre el frío del que un ligero pijama no lograba protegerla.

Dejó de lado los escalofríos y la piel de gallina cuando escuchó una estruendosa carcajada desde alguna parte que no pudo identificar. Casi se volvió de piedra en su lugar, su corazón latía de una forma imposible por la tensión; ¿de dónde había venido aquello? ¿Sería por ella?

-¡Ni borracha escucharía algo así!- oyó decir a una voz femenina con la misma fuerza que la risa de hacía unos instantes.

-¡Suerte que lo estás y lo estás escuchando!- secundó, esta vez, un hombre, y ambos explotaron en risotadas destartaladas e irregulares. Suspiró, ahora se acordaba de que Paula y Murdoc se reunirían aquella noche para ver si podían escribir algo bueno entre los dos, ya que se vivían quejando de que solos no conseguirían idear nada.

Evidentemente lo estaban pasando mucho mejor de lo que lo habían planeado.

Eve le restó importancia al asunto cuando el susto se le hubo pasado y siguió adelante ignorando el escándalo de los dos miembros de la banda.

Por su parte, 2D sólo tenía atención para su película de zombies, una que ya había visto tantas veces que podría decir dónde caía cada gota de sangre falsa e imitar las muecas de pánico de los protagonistas, pero no podría acordarse de los nombres por una migraña que lo estaba matando.

Detestaba esos malditos dolores de cabeza. Eran como… dolores de cabeza… ¡pero en el trasero! ¡Eso eran! Hemorroides de cabeza.

Es decir, este… dolores de trasero.

Como fuera, solamente su dosis de analgésicos podía calmar esa tortura, por lo que a tientas tomó el blíster de las pastillas en la mesa de luz, junto con una botella de agua que siempre ponía a un lado de su cama; no fuera que por accidente agarrara alguna de cerveza y adiós cantante.

Se permitió sonreír ligeramente con la idea de que seguramente Murdoc querría matarlo de nuevo en su ataúd.

Hizo resbalar la pastilla por su garganta con un pequeño sorbo de agua. Había hecho aquello tantas veces, desde tan joven, que creía que ya ni siquiera necesitaba líquido. Pero claro, siempre estaba la posibilidad de que la píldora se pegara a las paredes de la faringe y se ahogara.

Y adiós cantante.

Se giró extrañado a la puerta cuando oyó un sonido, una especie de golpe sordo, sólo uno. Por un segundo pensó que tal vez había sido su imaginación o el viento, incluso el fantasma que merodeaba por el edificio en busca de algo para beber. Honestamente, había veces en que estar allí lo hacía temblar.

Del otro lado del portal Evelyn estaba indecisa y mordiéndose el labio inferior pensando en si de verdad debería estar haciendo aquello. Al principio la idea se le hacía algo parecido al incesto por la íntima amistad que tenían, aunque otra parte de su mente le decía que justamente por eso debería sentirse más cómoda con Stu. Había una tercera y más interesante parte que le hacía sentir un morbo terrible por todo lo anterior.

Además, demonios, ¡después de haber besado a la guitarrista con boca de pescado, ella de seguro estaría mucho mejor!

Eran bastantes los factores que había que balancear antes de decidirse a tocar otra vez la puerta. Una lástima que, sin darse cuenta, lo hubiera hecho. Y con bastante fuerza, pareciera ser, porque al instante se encontró con Stuart Pot en frente de ella.

-¡Evelyn!- dijo él sorprendido cuando la vio, cosa que la sacó de sus pensamientos- ¿Qué haces aquí, pasó algo?

-Ah, pues… sólo bajé.- respondió ella encogiéndose de hombros. De repente, un temblor la recorrió de arriba abajo poniéndole la piel de gallina bajo la tela del pijama, lo cual no pasó desapercibido por el vocalista, quien recién ahí se dio cuenta de que tenía el pecho descubierto y empezaba a sentir lo mismo.

-Mejor pasa, no quiero que te enfermes.- sonrió él casi pegándola a su cuerpo al entrar al cuarto y cerrar la entrada. La violinista no supo bien qué sentir, y no pudo evitar removerse un poco bajo el brazo de su amigo.

Claro, un movimiento así cualquiera lo tomaría como un "che, estoy incómoda acá" más obvio que si lo dijera en voz alta; por lo que 2D decidió alejarse con la excusa de buscar alguna playera que pudiera ponerse. Estaba toda su ropa vergonzosamente tirada por ahí, algo tenía que haber.

-Deberías tener una frase tuya enmarcada en la pared.-sugirió Evelyn en un momento, dejando a su compañero desconcertado. Su mirada estaba detenida con curiosidad en la escabrosa escena de la película congelada en pausa.

-¿Qué frase?

-"George Romero vale más la pena que ordenar mi habitación".- contestó ella. Stu rió al tiempo que levantaba del suelo una remera azul que se veía limpia.

-Es bastante cierto.- concedió él, su voz quedó algo amortiguada por la tela de la prenda mientras se vestía- Además tengo jaqueca, no me daban ganas de hacer la cama ni nada de eso.

"Algo que no sepa…" pensó la joven fijándose en las sábanas tiradas hacia un costado, luciendo todo tipo de manchas. Prefirió no preguntar de qué eran.

-¿Te duele mucho?

-Acabo de tomar una píldora, ya pasará. Estoy acostumbrado.- aseguró Stuart encogiéndose de hombros. De la forma en que Evelyn lo miraba pudo ver que no le creía, y no pudo hacer nada más que rascarse la nuca, algo incómodo.

-Eres pésimo mintiendo, Stu.- sonrió Eve con ternura- Te delatan tus ojeras.

-Sí, pero estoy bien, créeme.- pidió casi con un dejo de súplica para zanjar el tema. Sabía que si decía eso, ella no insistiría y aceptaría cambiar de tema aunque eso fuera las desagradables manchas de las sábanas, de las cuales ni siquiera 2D estaba seguro de qué eran- No me dijiste para qué bajaste, ¿pasó algo malo?

-Bueno…- comenzó la violinista, y se sentó en el borde del colchón con desgana- sólo quería terminar bien el día ahora que todavía le quedan unos minutos.

-¿De qué hablas?- preguntó él confundido. No le veía la necesidad a querer terminar el día bajando hasta su habitación hecha un caos, un caos frío para colmo, y arriesgarse a su posible malhumor por el dolor de cabeza. Así y todo se atrevió a acercarse a ella en busca de respuestas.

-Hablo de que no se los dije,- respondió. Levantó la mirada y se aseguró de lograr en sus pupilas ese brillito conquistador de corazones que las niñas siempre tienen, que nunca falla- pero hoy fue mi cumpleaños.

"Y el premio a la manipuladora más desgraciada de la década es para: ¡Evelyn Bann, señores!" se dijo la chica en su fuero interno al ver la expresión de sorpresa de su compañero. Por supuesto que no se lo había dicho a nadie, había aprendido de su hermano a planear hasta el más insignificante detalle para lograr cualquier cosa que quisiera, aunque eso implicara pasar por alto su efeméride.

-¡Pero lo hubieras dicho antes, no pudimos hacerte ninguna fiesta! ¿Cuántos cumples?- cuestionó 2D repentinamente ansioso. De un momento a otro estaba sentado al lado de Evelyn y de seguro hizo algunas preguntas más, pero el nudo que ella sentía en el estómago la distrajo de escuchar.

-Cumplí quince.- alcanzó a decir como restándole importancia- No quise molestarlos con eso de que ahora estamos tan ocupados con lo de las canciones. Imagínate, si estuvimos desde principio de año hasta ahora en septiembre sin sacar casi nada…

-Pero festejamos los cumpleaños de todos, incluso cuando no tuvimos mucho tiempo. Las guirnaldas en la "fiesta" de Russel fueron calcetines negros amarrados unos con otros porque me había olvidado de ir a comprar guirnaldas góticas.- se quejó Stu haciendo movimientos extraños con las manos, parecía imitar la técnica para atar los extremos de las medias. Ella sólo reía.

-Todavía no sé para qué querían esas cosas.

-Bueno, pensé que iría bien con eso de que está poseído por fantasmas, queríamos algo que diera miedo.- explicó encogiéndose de hombros. Era obvio que no habían estado ni cerca de asustar con la decoración: Murdoc se había esforzado en dibujar pequeñas tumbas de papel para pegar en los vasos, pero como ese tipo de arte no era su fuerte, le habían quedado todas disparejas con un "Q.E.D." casi inentendible; Paula sostenía que para causar mayor impacto había que combinar el negro con detalles en rojo, por lo que consiguió un mantel rojo sangre de bordes negros que parecían de encaje. Russel no pudo evitar preguntarle si pretendía hacerse un baby-doll con él luego, y a 2D no le pareció una mala idea, pero que estuviera hecho con un mantel lo des-erotizaba completamente.

-Lo que vale es la intención.- respondió Eve a modo de consuelo.

-Sí, pero como a ti no te pudimos hacer una fiesta, ¿qué te gustaría que te regaláramos?

La violinista bajó la cabeza con esa pregunta. Eso al joven de pelo azul le extrañó, pero no tanto como el rubor que se le subió a las mejillas luego.

-Bueno… hay algo que me da curiosidad, pero dármelo te traerá problemas.

-¡No tengo un perro!

-¿Eh?

-Ah, ¿no quieres una mascota?- inquirió el vocalista, algo avergonzado por haber saltado tan pronto sin saber lo que Evelyn iba a decir. Una mascota era lo único que se le ocurría que podría traerle problemas.

-No, verás… a mí nunca me han besado, Stu.- dijo ella casi con pena. Pensó que tal vez debería aclarar que no quería que le diera un chico con correa, la forma en que su compañero ataba cabos era siempre muy particular- Me gustaría saber cómo se siente.

Una especie de ola de calor intenso sacudió a 2D con ese comentario. Percibió un mareo y que la migraña se hacía un poco más fuerte, rogaba que fuera por el dolor de cabeza que había malentendido aquel deseo.

-¿Que quieres que haga qué?- preguntó sin importar cuán tonto pareciera. Claro, cualquiera de ustedes querría verificar un pedido que fuera simplemente una locura, aunque no serviría de mucho porque así y todo seguirían sin creerlo.

-Te pido que me des un beso como regalo de cumpleaños.

-¡Estás loca!

-Sí, eso es algo que resulta obvio desde muchos puntos de vista, pero me gustaría saber el tuyo.

-Tengo novia, no quiero engañar a Paula.

-Pero si no te dije "cállate y bésame, puerco",- ironizó la violinista- me puedes decir que no.

Stuart miró a su compañera sin poder evitar morder la uña de su dedo pulgar con nerviosismo. Ella sólo lo miraba esperando la respuesta, sus ojos se veían casi indiferentes y le hacían al joven preguntarse si de verdad lo querría o era una broma muy pesada. En todo caso preferiría que saltara de repente diciendo "¡Día de los inocentes!" para que pudiera respirar tranquilo; con lo drogado que se sentía, pudieron haberle dicho que era Navidad y él habría salido vestido a la calle como un bizarro Papá Noel.

Pero cuando el silencio se extendió por varios tensos segundos, se dio cuenta de que eso no pasaría.

Lo empezó a considerar, ¿por qué no? Era sólo una niña, y era sólo un beso, ni que fuera a cambiar el eje de la Tierra. Sólo un regalo de cumpleaños que debería ser guardado bien en secreto porque sino Russel y Murdoc lo dejarían peor que un muñeco de trapo.

-Eso sí cambiaría un poco el eje de la Tierra…- murmuró él sin darse cuenta.

-¿Qué cosa?- preguntó Evelyn con el seño ligeramente fruncido.

2D la miró preguntándose lo mismo. ¿Había dicho algo?

-Que a ti no se te puede decir que no.- sonrió al final, a nadie le interesaba si había dicho algo antes, así como tampoco importaría lo que pasara en su cuarto- Ven aquí.

La violinista no pudo contener una sonrisa de satisfacción y una pizca de nerviosismo. Era increíble que hubiera conseguido convencer a su amigo y ahora estuviera ayudándola a sentarse sobre sus piernas. Tuvo que ponerse a horcajadas, eso sí, pues enfrentarlo estando de lado era muy incómodo.

-¿Qué tengo que hacer?- cuestionó antes de que él se acercara. En lugar de responderle, tomó sus manos pequeñas (y heladas, carajo) y las colocó sobre sus hombros, para luego posar las suyas en su cintura.

-Sígueme.- dijo nada más. Evelyn se descubrió ya con el corazón acelerado viendo que tenía los labios de su amigo a un par de centímetros de distancia; pero cuando los sintió sobre los suyos, ¡Dios! Empezó a latir tan rápido que rezó por que no se le saliera por la boca justo cuando la tenía ocupada.

Stu se quedó así un momento y luego se separó apenas para ver con ternura las mejillas sonrojadas de la joven. Volvió a besarla, esta vez con los labios un poco separados, y ella lo imitó. Pudo notar un saltito de sorpresa cuando su lengua comenzó a buscar la suya, y eso lo hizo sonreír levemente porque de todos modos se estaba esforzando para dar la impresión de que sabía qué hacer.

Siguieron así por un rato, ni les interesó el tiempo cuando se acostumbraron a respirar por la nariz. Evelyn comenzaba a entender por qué la gente se emocionaba tanto por los besos, Stuart lo estaba disfrutando mucho también. Se sorprendió al ver que le gustaba sentir aquellos bracitos delgados abrazándolo con fuerza y que no estaba pensando en Paula.

Tal vez era porque no sabía igual, a veces le molestaba el sabor a cigarrillo y tragos inventados con lo primero a la mano; era como besar a Murdoc, pero lo aguantaba porque la amaba. Todas las sensaciones que lo invadían ahora no se comparaban con las que su novia le daba: éstas eran puras y llenas de curiosidad, ya no era el alumno o el esclavo sino el maestro, y le encantaba.

No sabía exactamente por qué se ponía a pensar en esas cosas justo en aquel momento, así que lo ignoró y una vez más se dejó llevar.

Parecía ser muy bueno en eso, porque minutos después se descubrió acariciando la espalda de su compañera y casi metiendo las manos por debajo de su pijama. ¿Cómo había sido tan estúpido para no escuchar sus jadeos o notar que de repente se quedaba paralizada?

-¡No, no, espera!- exclamó separándose al instante de la joven. Sin querer se puso de pie y la tiró al suelo- Lo siento, de verdad lo siento, no debí hacerlo…

-No te preocupes, no dolió tanto.- respondió la violinista recostada y despatarrada, pero con una cara terrible de "no te me acerques, puedo hacerte mi experimento también". Era obvio que todo el mundo le daba vueltas y las hormonas estaban haciendo estragos en su cabeza.

-Sabía que era una mala idea y me convenciste, no debí… ¡Rayos!

-Hey, no fue tan grave.- dijo ella de lo más relajada y enderezándose un poco- Sólo fue un regalo de cumpleaños poco común, los chicos no tienen por qué saberlo.

-Pues sí… pero ya pasan de las doce, y-yo creo que tu cumpleaños ya pasó y es… es hora de que te vayas a d-dormir.- finalizó él en un intento por ser tajante, pero la voz y las manos le temblaban como una gelatina. Mejor como una partícula de agua siendo perturbada por una fuerza exterior, porque lo de la gelatina está muy usado ya.

La cosa es que temblaba y Evelyn lo podía notar, así que decidió pararse y emprender la retirada antes de que la sacara a patadas. Obviamente ustedes dirán "Ay, cómo se te ocurre, es 2D", pero eso sería subestimarlo, porque Eve tenía bien clara la carga que le estaba dejando con haber engañado a Paula, y una persona con esos nervios puede hacer cualquier cosa.

Fue entonces que se dio cuenta de que la puerta no estaba bien cerrada y tenía una rendija por donde entraba una cruel brisa fría, le pareció muy raro porque creyó haberla visto impenetrable cuando su amigo la invitó a pasar en un principio.

-¡Vete, no quiero que te vea!- exigió Stu muy alterado, y le dio un empujón que casi le hizo llevarse la puerta como un elegante parachoques.

-¡Está bien, tranquilo, me estoy yendo!- contestó. Cruzó el umbral rápidamente y un escalofrío la recorrió entera con aquella diferencia de temperaturas. Soltó un suspiro de resignación fijándose en la cochera y pensando en el camino de vuelta a su habitación, pero antes de comenzar a caminar se giró a ver a su amigo- Gracias, Stu.

-Sí, lo sé, feliz cumpleaños y todo eso. No la ves, ¿cierto?

-Hiciste que valiera la pena recordar qué día era hoy.- dijo con una sonrisa tierna que hizo a 2D quedársele viendo, mordiéndose los labios como si no supiera qué responder. En efecto no lo hizo, pero Evelyn no siguió con esa expectativa y dio los primeros pasos mientras se abrazaba a sí misma, luchando contra el frío.

-¡Eve, espera!- gritó el chico de pelo azul. El eco resonó en el lugar cual si se hubiera tocado mal una flauta dulce y la joven se detuvo en seco, casi aguantaba la respiración esperando lo que fuera a pasar.

Lo siguiente que sintió fue una especie de capa muy suave que cubría sus hombros y todo su cuerpo. Se dio cuenta de que no era una capa sino una frazada, pero antes de poder decir nada un beso cálido cayó sobre su cabello.

-Sólo a ti se te ocurre venir así de desabrigada.- comentó el cantante en un intento de chiste que le salió fatal, pero eso a ella no le importó- ¡Anda, vete, ya debe estar por llegar!

Eve reanudó su camino. Sin parar de correr, se envolvió más con la manta y volteó para ver a su compañero una última vez: había hecho mucho daño y se daba cuenta, pero en ese momento sólo podía correr a su cuarto. Tal vez los ojos que vigilaban la escena, escondidos detrás de una columna, le hicieran pagar ese daño los días siguientes.