Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

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¡Hola de nuevo!

Sí, sí soy yo y UN LUNES jajajaja Pero es que llevo todo el fin de semana (y la semana pasada) leyendo vuestras teorías sobre qué es lo que habrá hecho Bella y no me puedo resistir más ni dejaros sufrir más. Así que acabo de llegar de trabajar y me he dispuesto a corregir el capítulo para subirlo y así sacaros de dudas. ¡Me he animado!

Es un pequeño regalito por todo vuestro apoyo y por lo mucho que me animáis con vuestros comentarios tan rebonitos! Así que el VIERNES si nada en el universo lo impide también tendréis capítulo ;)

Os dejo con Bella y su fin de semana ;)

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¡MIERDA!

Bella POV

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Miles de martillos golpeando sin piedad mi cabeza me despertaron o quizá fue la suave luz que se colaba por las cortinas que estaban cuidadosamente corridas impidiendo que la claridad entrara con toda su potencia matinal.

-Ufff – fue lo único que pude decir mientras llevaba mis manos a la cabeza intentando masajearlas para ver si el dolor se esfumaba milagrosamente.

Mi boca estaba seca, mi estómago revuelto y si a eso sumábamos la migraña todo me llevaba al mismo lugar. Tenía resaca.

Mi mente intentaba buscar entre los recuerdos de anoche… pero no había nada. Me giré para intentar volver a dormir… pero…

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

Estas no eran mis sabanas.

Me incorporé de golpe arrepintiéndome en ese mismo instante de mi ímpetu. Ahora tenía ganas de vomitar.

¡Por favor no podía vomitar en la cama de un extraño!

¿Dónde estaba? ¿Qué había hecho anoche?

Levanté las sabanas para comprobar que, excepto mis zapatos, toda mi ropa seguía en el mismo sitio. ¡Gracias a Dios!

Miré la habitación pero no la reconocí. ¿Dónde narices estaba?

Mi respiración comenzó a acelerarse… No quería sentir miedo, pero no tenía ni idea de dónde estaba o de quién era esta casa. Podría ser cualquier loco… y yo… ¿Dónde estaba mi teléfono? Me levanté a buscar por la habitación mis pertenencias pero mi bolso no estaba por ningún lado.

Tranquila Bella… Tranquila. Me repetía mientras me ponía mis deportivas que estaban debajo de una gran butaca que quedaba a un lado de la cama, pero no estaba sirviendo de nada porque cada vez estaba más nerviosa.

-Veo que ya estás despierta, Bella durmiente – escuché una voz familiar e inmediatamente la tranquilidad recorrió todo mi cuerpo.

Igual que los recuerdos volvieron a mi mente, como si su voz hubiese abierto las compuertas de mi memoria.

Caius Vulturi y yo bebiendo, bailando, haciendo bromas durante toda la noche en el Eclipse. Desde que se había sentado a mi lado en la barra no se había separado ni medio metro. Aunque al principio pensaba que sería incómodo, y por qué no admitirlo jugar con fuego con sus esperanzas incansables, él había sido todo un caballero conmigo y nos lo habíamos pasado realmente bien. Me había hecho olvidar todos mis problemas con Jake.

¡Mierda Jake!

Debería estar muerto de preocupación…. Y seguramente Rose también, me jugaba toda mi fortuna que habría sido una de las primeras cosas que había hecho, llamar a mi prima para saber si estaba bien.

¡Mierda era una chica muerta!

Rose me iba a patear tan fuerte el trasero que iba a lamentar hasta el último de mis daiquiris.

-Dime que no llevo durmiendo todo el día... ¿Qué día es? – pregunté confusa girándome para ver a Caius mirándome divertido desde la puerta.

Vi que llevaba una taza en sus manos y se acercó para dármela. Café bien cargado.

-Gracias – le dije dándole un trago a mi bebida y me sentí un poco más persona a pesar de que mi aspecto debía ser lamentable.

-Sabes Bella… siempre pensé que el día que estuvieras entre mis sabanas estarías… consciente… el destino se ríe constantemente de mí – se burló sentándose en la butaca que tenía delante de la gran cama después de retirar las cortinas y dejar que la luz entrara.

Cerré mis ojos intentándome acostumbrar a la claridad.

-Dudo que estás sean tus sabanas… - le dije mirando la habitación que era muy fría para que fuera el dormitorio de nadie – Y no me has contestado… ¿Qué hora es?

- Te situaré en tiempo y espacio, Dulce Bella… Es domingo, tres de la tarde y estás en mi apartamento, concretamente en la habitación de invitados. Cuando dejamos el Eclipse ayer a las tantas de la madrugada no estabas en todos tus sentidos y no podías ni decirle a mi chófer dónde vivías…. Así que decidí comportarme como un caballero y cederte mi habitación de invitados. – me explicó rellenándome la laguna de mi memoria.

-Gracias, de verdad… muchas gracias Caius – le agradecí porque no tenía ninguna necesidad de cuidar de mí… no solo al traerme a su casa, sino durante toda la noche en el bar.

-Fue un placer tenerte entre mis brazos. – alcé mis cejas… ¡No se podía tomar nada en serio! – No pretenderás creerte que llegaste hasta aquí por tu propio pie – me dijo riéndose de mi sonrojo que cada vez era mayor - En serio, me lo pasé bien contigo anoche. Nos divertimos… y esto… - dijo extendiendo sus brazos señalando la habitación – No me tienes que dar las gracias, ni loco te iba a dejar borracha a tu merced. No ha supuesto ninguna molestia, así que no hacen falta que me agradezcas nada. – me guiñó un ojo.

La verdad es que no recordaba mucho sobre cómo acabó mi noche y eso era una señal de lo mucho que me afectó el alcohol de mis copas, así que fue un gesto muy bonito por parte de Caius cuidar de mi cuando mi capacidad para hacerlo estaba claramente en entredicho.

-Igualmente… fue muy amable por tu parte. Todo lo que hiciste. No me acuerdo de mucho, pero sí recuerdo que me sacaste a un par de babosos de encima. Gracias. – le dije con una sonrisa sincera a la que él contestó de la misma manera.

-¡Vale de agradecer! En esa puerta encontraras un lavabo… seguro que te sentirás mejor persona después de usarlo. Siéntete libre de coger todo lo que necesites. – me dijo antes de levantarse de la butaca – Y después baja las escaleras, te espero en la cocina con unos ibuprofenos que te ayudaran con la resaca.

Y sin más dejó la habitación dejándome sola con mis pensamientos.

Mientras me aseaba un poco pensaba en todo lo que había ocurrido anoche… o de lo que me acordaba.

Me había puesto furiosa con Jake… me había hecho sentirme como si fuera una niña que no sabe lo que hace. Como alguien que acaba de llegar a este mundo y no como su igual. Y eso había sido lo que había desatado toda la tormenta de mi interior. No me gustaba que la gente que me quería y en quién confiaba me pusiera en duda y mucho menos que me llevaran al límite de mis fuerzas.

Jake siempre había tenido más facilidad que nadie para hacerlo. Éramos muy parecidos y ambos teníamos la capacidad de provocar al otro con tal maestría que en ocasiones no éramos ni conscientes de lo que hacíamos. Esta vez había sido una de esas situaciones. Ambos estábamos bajo mucha presión con el nuevo restaurante y no habíamos sabido gestionar bien nuestras emociones…

Quería llamarlo para hablar con él pero aún estaba dolida por lo que me había dicho. Yo estaba renunciando a mucho por este sueño para que él no supiera apreciarlo.

Al menos esta vez no me había acostado con él como manera nefasta de afrontar los problemas como había hecho otras veces… Bueno ni con él ni con nadie. Aun no superaba el desastre de irme a la cama con Edward como para poner en mi lista de decisiones lamentables una más.

Terminé rápido y bajé hasta dónde me había dicho Caius que estaría. Me urgía dar señales de vida a Rose y Jacob.

Cuando entré vi mi bolso en la enorme mesa del comedor. La casa de Caius era enorme. La planta de arriba me había parecido gigante con todas las puertas que había alrededor de la habitación en la que había pasado la noche, pero sin duda la de abajo era aún más magnifica. No había una sola pared. Todo estaba despejado dando una sensación de amplitud espectacular. Con una simple vista podías ver la cocina, el salón, la terraza y la entrada. Era muy bonito y lujoso… un poco frío para mi gusto, pero decorado maravillosamente.

-Tus advils – me dijo Caius mientras me pasaba un vaso de agua y dos pastillas.

-Gracias…. Yo debería dar señales de vida… ¿me podrías pedir un taxi? No sé qué dirección darle – le comenté algo nerviosa.

Una cosa era tener una conversación con Caius en mi restaurante o en las oficinas, pero aquí era todo tan privado y personal que me daba la sensación que estaba invadiendo su intimidad y de poder dar a entender algo que desde luego no quería que entendiera de mí.

-Tú haz esas llamadas y después hablamos. – me dijo antes de darse media vuelta dándome un poco de intimidad para hacer mis llamadas.

Le envié un mensaje a Jacob diciéndole que estaba bien y que nos veríamos en el restaurante el lunes… cuando estuviera libre de lo que fuera que tuviera que hacer. No había mirado la agenda, pero seguro que me esperaban cincuenta reuniones y como mínimo las dos peleas diarias con el arquitecto.

La llamada a Rose fue más difícil. Nadie me salvó de sus gritos y regaños por haber desaparecido. Lo soporté estoicamente porque esto era lo que siempre pasaba con ella. Me insistía en que viviera mi vida, fuera del restaurante, lejos de Jacob, lejos de mi círculo de confianza que ya estaba asentado… que conociera gente nueva, pero cuando daba dos pasos lejos de ella y su protección temblaba de miedo por si algo me pasaba. A veces era frustrante tener a Rose y Jacob protegiéndome hasta de mi misma. En estos momentos daba gracias que no se llevaran bien, porque no me podía ni imaginar qué pasaría si hicieran un frente común de defensa… Seguramente me encerrarían en una burbuja para que nada me tocara.

-¿Ya has avisado que no te he raptado? – bromeó Caius mientras entraba a la cocina para reunirme con él.

-Sí, ya es seguro salir a la calle de nuevo para ti, nadie va a cortar tu cabeza – intenté continuar su broma, pero se me hacía raro estar con él en su casa.

-Sabes… ayer me dijiste que estabas un poco bloqueada por un plato… que te parece si ya que es tarde y ambos vamos tarde para comer…. Te cedo mis vírgenes fogones para que te desestreses. – se ofreció amablemente.

-¿Intentas que te cocine la carta del nuevo restaurante? Sabes que es alto secreto– le dije intentando parecer ofendida.

-Digamos que podría ser así como un acto de buena voluntad por lo bien que te traté anoche… de verdad Bella ni un vistazo a esa bonita ropa interior que llevas eché – me contestó volviendo a recuperar su tono distendido y retador de siempre.

Cogí un trapo que había en la encimera y se lo tiré en toda la cara por lo muy descarado que era.

-¡Eres un caradura! – le increpé intentando sonar dura, pero me costaba porque si algo tenía Caius era un humor contagioso.

-Bien… entonces hazlo como agradecimiento por los babosos que te quite de encima… y sobre todo por la chica que quería hacerte cosas realmente indecentes cuando fuiste al lavabo… en serio Bella no sabes lo que me costó rescatarte de sus garras – dijo dramáticamente haciéndome reír.

-Supongo que nunca va mal una opinión externa…- acabé aceptando no solo porque sí le estaba muy agradecida por la noche de ayer sino por su capacidad de ponerme de buen humor. Su capacidad de abstraerme de las preocupaciones y llevarme a un lugar dónde solo había conversaciones ligeras y coqueteos que habían acabado siendo más bromas entre dos amigos que un cortejo. O eso esperaba.

-Además, soy todo un experto en vuestra comida… no se me ocurre mejor juez que yo. – me contestó pagadamente.

-¡Cuanta humildad! – dije irónicamente mientras él se encogía y me pasaba un delantal.

La cocina y la despensa de Caius eran realmente impresionante. Para una persona que no sabe ni coger un cuchillo era increíble encontrarla tan equipada de casi todo lo que se necesitaba para preparar un gran banquete.

Decidí hacer una versión del plato de la discordia de ayer por la noche, pero con lo que fui encontrando por la cocina. La verdad es que me quedó espectacular y a Caius le encantó… aunque claro él nunca era neutral conmigo. Le ayudé a recoger y no tarde mucho en marcharme a mi casa. Había estado realmente cómoda. Había descubierto que Caius era un aficionado a prácticamente todo, incluso a la pesca. Había sido muy revelador verlo sin el traje puesto y con esa aura de ligón empedernido que siempre le acompañaban. Era un hombre divertido, dulce, que se preocupaba por hacerte sentirte cómoda y se interesaba por lo que le explicabas de manera genuina… sin imposturas. Era diferente ver este Caius, ojalá siempre fuera así.

Llegué a casa con una misión. Ducharme y dormir de un tirón hasta mañana por la mañana. El mundo podía esperar a que yo me recuperara de mi resaca para volver a girar.

Había conseguido llevar con éxito la primera parte de mi plan y solo me quedaba dormir hasta el nuevo día cuando las consecuencias de mis actos caerían sobre mí como una losa. Tenía muy claro que nada ni nadie iba a librarme de Jake y Rose.

Cogí mi teléfono para programar la alarma justo cuando un mensaje entraba.

"Me gustaría tener una reunión para hacer una recapitulación del proyecto. ¿El lunes a las 16h va bien? Edward Cullen.

Edward…

Una semana sin verlo y si cerraba los ojos aún podía oler su colonia entre mis sabanas. Los primeros días había dormido en el sofá porque me perturbaba demasiado mis sueños estar en la misma cama en la que me había tocado el cielo gracias a él. Me sentía culpable de haber sucumbido a mis deseos, de no haber sido capaz de controlarme y aunque no había sido la única y lo había disfrutado, muchísimo, no podía volver a repetirse. Él aún estaba enamorado de su difunta mujer y yo… yo era un desastre amoroso como para complicarme de esa manera la vida. Ya había jugado con fuego con Jacob como para hacerlo ahora también con Edward. Lo mejor sería dejar esta relación en el plano profesional, que era la única manera en la que no saldría escaldada.

"Ok. Intentaré ser puntual. Tengo visita con el arquitecto, pero allí estaré. Bella"

Enviar.

-Tome asiento, ahora mismo aviso al Señor Cullen de que ha llegado – me dijo Tanya tan profesional como siempre aunque me miraba con cara de preocupación.

-Estoy bien… un percance sin importancia – intenté quitarle hierro pero la verdad es que me dolía la cabeza como un demonio y el trapo que había estado sosteniendo tenía más sangre de la que le gustaría a mí fobia a todo lo relacionado con los médicos, agujas y heridas.

-Si lo necesita tenemos un servicio de enfermería en la empresa, estoy segura que podríamos conseguir que le echaran un ojo. – se ofreció muy dulcemente.

¿Tan mala pinta tendría? Me había asegurado que mi ropa estaba intacta, solo era un corte un poco aparatoso.

-Estoy bien. – le insistí mientras me iba a sentar en las butacas que había en la salita de espera que quedaba justo delante de la oficina de Edward y la mesa de Tanya.

Julius, nuestro estrambótico arquitecto me había estado explicando cómo iban los cambios que habíamos decidido hacer en la sala cuando un operario había pasado por mi lado sin reparar en mi presencia y me había dado con una viga de madera en toda la frente.

El karma me estaba castigando por haber hecho sufrir a mis seres queridos la noche del sábado, lo sabía y lo aceptaba con resignación y una herida pomposa en la frente. Había insistido en que me dejaran tranquila y no me llevaran al médico. Primero porque los odiaba y segundo porque mis años de experiencia me decían que solo era una heridita que se curaría con una tirita y yo tenía mucho que hacer como para perder mi tiempo con esas cosas. Llevaba el pañuelo de mi arquitecto haciendo tapón mientras esperaba que parara de sangrar. Realmente no era mucho, pero me comenzaba a marear ver el pañuelo cada vez más rojo.

-Bella ¿Qué te ha pasado? – escuché la profunda voz de Edward colarse en mi interior. Había intentado olvidar todo lo que me provocaba, pero era imposible… y más después de haberlo escuchado gemir mi nombre.

Sacudí la cabeza para sacarme esos pensamientos de mi mente mientras me levantaba…. Y no fue una gran idea. Trastabillé pero los brazos de Edward me sostuvieron. Otra vez volvía estar a milímetros de él haciendo que todas las excusas que me había costado tanto construir se esfumaran.

-Estoy bien… me he levantado muy rápido – me defendí intentando separarme de sus brazos.

-Permíteme que lo dude. – me rebatió apretándome más fuerte en sus brazos – Tanya llama al servicio médico, que entren en cuanto estén aquí. – le ordenó a su secretaria para después mirarme fijamente – Vamos a dentro.

Prácticamente me llevó en volandas hasta su despacho y me sentó en las butacas que tenía delante de su escritorio dónde se sentó para inclinarse encima de mí e intentar ver la herida que yo tenía bien tapada.

-Déjame ver que esconde ese pañuelo – dijo suavemente mientras llevaba su mano a la que yo tenía cogida el dichoso trozo de tela.

Instintivamente me aparté. Lo último que necesitaba era que me volviera a tocar. Mis defensas no aguantarían ni medio segundo.

-Estoy bien… sólo es un poco de sangre, pero es muy aparatosa – le dije intentando no reparar en la decepción de su cara por haberme alejado de su intento de ayuda.

-Bella por favor… - volvió a pedir esta vez sin intentar tocarme. Retiré el pañuelo para que pudiera comprobar que no era nada y dejara el drama. Sus ojos se enfocaron en mi frente – Pues yo creo que es más profundo de lo que debería ser un simple corte… pero ahora vendrá la enfermera- sentenció manteniendo la distancia. –

Asentí con la cabeza.

-Podríamos comenzar de mientras…. No quiero hacerte perder el tiempo por algo sin importancia – intenté desviar el tema al plano profesional. Esa era mi estrategia de supervivencia con Edward… Lo que me permitiría no tirarme a sus brazos de nuevo, porque él lo ponía muy difícil con esos trajes y su cara perfecta.

¿Dónde debería comprar los trajes? ¿Se los harían a medida? Porque nunca había conocido a nadie que le quedara tan bien uno. Aunque también estaba realmente espectacular sin nada puesto divagó mi traicionera mente.

-¿Cómo te lo has hecho? – Preguntó sin ni hacer el intento de considerar mi petición.

-En el restaurante nuevo… Me interpuse en el camino de una viga de madera… suerte que no era excesivamente grande…bueno, y que mi cabeza es muy dura. – intenté bromear para aligerar el ambiente que sin dudas era tenso.

-¿No hay cascos para esas visitas? – me preguntó mientras me miraba con una cara que no conseguía descifrar.

-¿Qué eres mi padre ahora? – contesté a la defensiva.

No necesitaba ni su preocupación ni su protección. Solo necesitaba que me hablara de balances y dinero, acciones y programas de gestión… Solo necesitaba mantener todo esto en el ámbito profesional.

Su respuesta fue interrumpida por unos golpes en la puerta. Vi entrar a una mujer de mediana edad con un maletín. Todo apuntaba que era la famosa enfermera.

Rodeé los ojos por su exageración.

-Señor Cullen ¿Me ha llamado? – preguntó amablemente la mujer.

-Sí, esta es la Señorita Swan y como es evidente creo que la necesita – le respondió con amabilidad.

Maia que era como se llamaba la dulce enfermera me limpió la herida y aplicó unos puntos de esos que se caen solos. Al parecer la herida si era más profunda de lo que yo había creído. Después de un sermón sobre la necesidad de acudir al hospital ante golpes en la cabeza se fue.

-¿Contento? – pregunté cuando se fue la enfermera.

-Estaría contento si no pusieras tu vida en peligro cada vez que sales a la calle, pero sí, estoy más tranquilo que cuando has llegado. Estabas blanca como el papel, no sé cómo has conseguido llegar hasta aquí sola – explicó aun mirándome de manera extraña.

No lograba descifrar qué estaba pensando. ¿Estaba preocupado, enfadado, molesto con mi presencia?

-Soy perfectamente capaz de cuidar de mí misma. Soy una mujer adulta no una niña pequeña – me defendí.

-Eso parece… pero quizás deberías tomarte un descanso del peligro durante unas horas. – me gruñó tensando su postura que pretendía ser despreocupada, apoyado en su mesa delante de mí.

Vale, ahora sí sabía perfectamente qué era lo que transmitían sus ojos. Estaba enfadado.

-¿Perdona? Se puede saber a qué viene todo eso – me levanté para encararlo cada vez más molesta con él y su tono.

Edward no se movió lo que hizo que nuestras miradas estuvieran a la misma altura.

-Ya sabes tus aventuras de este fin de semana. – me contestó, esta vez sin ningún sarcasmo en su voz.

-Y a ti que más te da… y ¿cómo te has enterado igualmente? – le dije cruzándome de brazos e intentando mantener mi postura firme a pesar que mi intento de igualar posturas nos había dejado demasiado cerca y comenzaba a ser muy consciente de su cuerpo.

-Estábamos con Rose cuando se enteró y estaba muy preocupada. Todos nos preocupamos, la verdad – me explicó.

-Vaya, lo siento mucho no pretendía que mi vida os volviera locos a todos – dije sin poder evitar la molestia en mi voz.

-Bella – me llamó suavemente Edward mientras me cogía del brazo haciendo que la poca distancia que había entre nosotros fuera más escasa conectando nuestras miradas.

Quería chillarle que era mi vida y que hacía con ella lo que me daba la gana sin tener que darle explicaciones a nadie y mucho menos a él, pero mi voz me había abandonado. Solo existía nuestra mirada y mi respiración cada vez más pesada inundada por su esencia que tanto había echado de menos.

-En serio mi dulce Bella deberías ir con cuidado… no puedo salvarte siempre – nos interrumpió la voz de Caius haciendo que me separara de Edward rápidamente.

-Exageras en todo lo que dices. Ni es para tanto ni siempre me estás salvando – le dije rodando los ojos por su dramatismo intentando disimular lo mucho que me había afectado la cercanía con Edward.

-Una pena que no tenga fotos del sábado por la noche, serías incapaz de mantener esa defensa – me rebatió acercándose a ver mi herida.

Escuché un gruñido detrás de nosotros. Caius nunca había tenido el don de la oportunidad, pero si algún momento sus comentarios habían sido completamente inoportunos era este.

-Exageras... – repetí incapaz de decir mucho en mi defensa sin comprometerme más.

Sabía que no había pasado nada entre Caius y yo, y si así hubiera sido no debería sentirme avergonzada, pero no me sentía cómoda estando con Caius y sus coqueteos delante de Edward. No sabía qué hacer para cambiar de conversación sin que se notara mucho.

-¿El sábado? – preguntó Edward sin darme tiempo a cambiar de tema.

Me giré para encararlo pero ya había ido a sentarse en su silla y desde el otro lado de su amplio escritorio me miraba retador. Volvía a proyectar esa imagen de hombre de negocios que me había dado la impresión en nuestra primera reunión.

-Quién iba a decir que la dulce Bella era una enamorada de los daiquiris… - explicó brevemente Caius y yo esperaba que se quedara aquí el tema porque de ninguna manera me apetecía que Edward se enterara que había pasado la noche en casa de Caius.

-Sabéis… y aunque os cueste creer yo tengo cosas que hacer y había venido aquí a por temas de trabajo no para comentar con vosotros mi fin de semana– intenté volver a encarrilar esta reunión.

-Tienes razón – admitió Caius levantando sus manos en señal de rendición – Me han dicho que estabas sangrando y me he preocupado. – se dirigió a mí más serio de lo que lo había visto nunca, ignorando la presencia de Edward. – Ahora que he visto que estás bien, ya puedo seguir trabajando – pensaba que se iba a ir pero se acercó un poco más a mí susurrándome al oído – Porque sí, Bella durmiente, yo también trabajo aunque todo el mundo en esta empresa se empeñe en quitarme méritos – me guiñó un ojo antes de girarse hacia Edward – No me la canses mucho, Edward.

Edward no le contestó ni Caius esperaba que lo hiciera porque salía por la puerta antes de poder obtener una respuesta de su director económico. Si se hubiese girado habría visto a Edward con una cara de absoluta ira que solo daban ganas de huir en dirección contraria.

-Veo que esas copas os han unido mucho – comentó irónicamente.

-No es tu problema. ¿Podemos comenzar ya? Me empieza a doler la cabeza – le contesté en el mismo tono que él haciendo que el ambiente se cargara, y esta vez no de tensión sexual como segundos antes de que entrara Caius, sino de rabia contenida por las dos bandas.

La reunión fue muy fructífera a pesar de la hostilidad que desprendíamos los dos. Pusimos al día las cuentas de la empresa. Las obras tenían todas las papeletas de salirse de presupuesto ante el mínimo descuido, pero afortunadamente, de momento, las estábamos controlando. También decidimos comenzar a poner en marcha en el Sublime el nuevo sistema de gestión, a partir de esta semana sería su departamento económico y legal quien llevaría todos los trámites de nuestra empresa de manera definitiva. Y finalmente acordamos una visita al nuevo local con el equipo creativo para que se conocieran con el diseñador de interiores, ahora que todo iba cogiendo algo más de forma, para comenzar a coordinar toda la estrategia publicitaria.

-Esto es todo, supongo – acabó cerrando el dosier que tenía delante de él. Pude leer por primera vez el nombre de Fantasía escrito en ella.

Una sonrisa orgullosa y emocionada se instaló en mi cara automáticamente. Parecía una tontería pero el que tuviera nombre lo hacía un poco más real y eso me daba ánimos. En este mundo de negocios que me había visto inmersa en el que no controlaba nada, me gustaba saber que mi restaurante era real. Que los trámites, las palabras legales indescifrables y tanto número eran transitorios que en unos meses volvería a mi habitad natural, las cocinas.

-Sabes están todos muy contestos con el nombre… y por el hecho que les estés dejando completa libertad para llevar a cabo sus locuras. – me dijo Edward recordando como Carl había saltado de su silla emocionado por todo lo que podría crear a partir de aquí para el restaurante.

-Que voy a decirte tienes un equipo creativo… que no está muy centrado, supongo que eso es lo que les hace brillantes – comenté encogiéndome de hombros.

-¿Y el nombre puedo preguntar a qué se debe? – me preguntó algo más tranquilo mientras se acomodaba en el respaldo de su amplia silla. Era tan grande que parecía un sillón.

- Encajaba con la idea de restaurante más canalla que queríamos hacer. Supongo que queríamos dejarnos llevar por nuestros instintos… Y que hay más instintivo que nuestras fantasías. Todos tenemos y todos las deseamos por encima de todo… - le explique.

-¿Y cuáles son tus fantasías, Bella? – me preguntó con esa sonrisa de medio lado que me volvía loca y con tantas implicaciones en su tono y su mirada que me podría haber derretido en ese mismo instante de no ser físicamente imposible.

-No pretenderás que te las cuente… ¿no? – intenté desviar el tema sin que se me notara el nerviosismo que me provocaba hablar con Edward de nada que implicara deseos y fantasías.

-Tienes razón… mejor descubrirlas – me contestó robándome la respiración y encima el muy maldito se había dado cuenta de lo que me había provocado haciendo que la chispa que había en su mirada se intensificara.

-Me tengo que ir… - dije nerviosa poniéndome de pie.

-Te acompaño – me contestó poniéndose de pie.

-No es necesario – recliné su oferta pero solo viéndole la cara sabía que sería imposible.

-Insisto… solo quiero asegurarme que llegas de una pieza al ascensor, que sabe qué podría cruzarte por tu camino esta vez – bromeó conmigo mientras me ayudaba a ponerme la chaqueta. Era muy rápido.

Su leve toque a través de la ropa conseguía ponerme la piel de gallina y darme ganas de girarme y demostrarle que él era quién activaba todas mis fantasías desde un tiempo a esta parte.

-Gracioso – contesté alejándome un poco de él.

Caminamos en silencio hasta el ascensor. Me iba a subir cuando se interpuso en el sensor para evitar que se cerraran las puertas.

Esto no podía estar pasando, si algo no podía resistir era a Edward en un ascensor… no sé qué narices me hacían estos cacharros pero mi voluntad se esfumaba y solo podía sentirlo a él.

-Me alegro de que estés bien… estuve preocupado por ti – me dijo con tanta sinceridad que me dejó pasmada y fui muy consciente, por primera vez, de a cuantas personas puedes alcanzar con actos completamente irresponsables e impulsivos.

No sabía qué decir, me había dejado noqueada con su sinceridad y su preocupación.

-No digas nada… solo… cuídate – Dijo ante mi silencio dando un paso atrás liberando el sensor – Nos vemos – se despidió mientras las puertas se cerraban.

Edward Cullen me hacía sentir tantas cosas… Tan solo unas horas con él y había sido como una puñetera montaña rusa de las emociones. No tenía ni idea de cómo me las iba a ingeniar para sobrevivir a los meses que me quedaban por delante.

Ni la más mínima idea.

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NA:

¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado y que este extra ayude a entender un poco más todo lo que ha pasado en ese fin de semana tan movidito.

Muchas os preocupabais que Caius y Bella se acostaran… bien, no lo han hecho y parece que en ese departamento la mente de nuestra protagonista está bastante ocupada con Edward…. También os preocupaba que Caius comenzara a ganar terreno… aquí ya os lo dejo a vuestra interpretación si lo está haciendo.

Ya sabéis que espero ansiosa vuestros comentarios. ¡Me encanta leerlos!

¡Nos vemos el viernes!