Psicología Amorosa:
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Idea Original: -Joshua Lee.
Ideas Otorgadas: -Maru Ishiyama.
- Springover.
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Notas del Autor:
Bueno… Hola, esta vez el capítulo me resulto algo largo… Y creo que lo estoy subiendo bastante pronto, pero bueno, estoy teniendo "privacidad" con mi querida computadora… ^^… -No piensen mal, onegaii. La última vez que usé esa frase, me gané la mirada fea de muchos amigos… -*Gotita anime con aura negativa*-
Pero bueno… Aquí estamos en el capítulo 10!! Jojo ^o^
Este capí está playado de *recuerdos* *sueños* *flash back* -pero creo que se puede considerar como recuerdo, ¿no? Jojo ^o^ -*risa tonta* Pero de sí es Si!!
Gracias eternamente a las personas que leen la historia… -Se que están allí….!! Jajajja… - perdón, quería decir eso. Ahora volvamos a lo que estaba. Gracias también a las personas que dejan sus comentarios y/o amenazas que también las recibo con mucho cariño (y cuidado)
En especial a…
Ichi-Ichi: Gracias por tu mensaje!! Y siempre les dejo con la incógnita de Kanda, pienso que algún día van a vengarse por eso, o el mismo karma, pero bueno, admito, me lo merezco… *Reverencia* la verdad que en éste capí comienza a desenvolver algo sobre el tema, pero en el próximo ya afirmo… ¡Se revelará más de la mitad! ¡Con testigos y todo! Jojo ^o^
Si, los Noah son todo un misterio, y en este fanfic no son la excepción… Su historia en sí, comienza también a revelarse en este capítulo, y enfatizo "comienza" puesto que su historia se alargará a lo largo de la historia, pero siempre con fragmentos de sus propósitos a relucir… ^^
Gracias de nuevo y nos leemos muy pronto!!
Strawberrykoneko: Nuevamente me disculpo por la tanrdanza en el capítulo anterior… *Reverencia apenada* pero gracias por recordarmelo, espero que con este capítulo quede libre de culpa… Jeje.
Ah, y si, no está de más decir –de seguro porque lo notaron- que este fanfic es de contenido yullen y también laki… jojo ^o^ al final he puesto algunas aclaraciones sobre las parejas que habrá o es posible que sigan a lo largo de la historia… ¡!
Para los fan´s de delfín-san y timpcampy… ¡Este es su capítulo! Hay algo de contenido sobre ellos… en especial de Tim; proporcionado por su "amo"… moyashi-chan!!
Charlie, si…. Está en mi habitación muy bien guardado y restringido del aura, karma, chakra, ki, o lo que sea de mi mamá… ^^ jojo!! Graicas! SayoO!!
Marpesa Fane-Li: uff, gomen si no te gustó la insinuación de AllenLenalee, pero espero que no solo me perdones por eso, nee!! Pues el siguiente capitulo, vendría a ser el 11º habrá mucho… jojo!! Y no te preocupes, Kanda… Ops, spoiler, gomen, soy de dar malos spoilers, por lo que prefiero que lo descubran ustedes…. Jojo!!
Gracias por tu mensaje y nos vemos!! También cuídate tú, ¿ne?!
Yuuram-neko: Gracias, y espero que te siga gustando!! Ah, también gracias por tu opinión acerca de la secuela, espero que pueda vivir para poder escribirlo, jojo ^o^… Bueno, y gracias de nuevo! Nos vemos o leemos pronto!! Nee =^.^=
Nikoniko-chan: No te preocupes, ya está aquí el capítulo 10!! Gracias por la paciencia y también que delfín-san te acompañe, jeje!!
Y bueno, gracias de nuevo a las personas que siguen el fanfic… Y ya para no alargar tanto el suspenso, aquí les dejo el capítulo 10! Itadakimasu!!... bueno, perdón por la frase… ¡Qué lo disfruten!
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Durante toda mi vida, he estado en busca de aquella persona…
Esa persona que pueda hacer más larga mi vida; pueda renovar los pétalos caídos por el cansancio… Que pueda salvar mi alma…
Desde pequeña, he reprimido mis sentimientos a causa del dolor y sufrimiento causados por ellos… He aprendido a vivir sin rastro alguno de sentimientos en mí, y tratar de madurar con un simple entrenamiento basándome solo en fuerza, pensamientos fríamente calculados, y vivir tan solo de mi orgullo.
Siempre he estado cerciorándome de que mis movimientos, mis pensamientos, y todo lo que implique mi vida, sea perfecto, ningún error, al menos no por parte mía…
No quiero equivocarme por tan solo un error que puedo evitarme mucho antes de que éste ocurra. Creía que lo sabía todo, la verdad hasta me parecía ridículo ir al colegio, puesto que solo me estarían mintiendo con cosas vanas a las que ellos llaman "enseñanza". No es mi culpa que los maestros no tengan nada mejor que hacer…
Simplemente, he estado evitando todo contacto superficial y profunda con aquellas personas que rodeaban mis días; pero de todas formas, tenía la esperanza de poder encontrar a aquella persona, aquella me diga que estoy equivocada, que mis cálculos estaban mal, y que soy totalmente inmadura…
Pero, tras mi recorrido por la vida, solamente pude llenarme de personas a las que llegué a creer como "amigos" y quizás lo sean, pero no estaba en mis planes tenerlos. Mi orgullo no me lo permitiría, ni tampoco quería derrochar todo mi sacrificio, relacionándome con personas que al fin y al cabo iban a desaparecer por un motivo igual para todos. Me parecía ridículo poseer una familia, si al final, ésta se disolvería…
Los amigos… ¿Qué clase de amigo podrías tener sin que éste te lastime o tú a él? Eso no está correcto, no para mí, si tenías un amigo, es de seguro para no sentirte sola y para poder ayudarte por medio de su presencia…
Nunca pude considerar mis amigos a aquellos que iban pasando por mi vida, como si nada, como si no fuera nada para ellos. Después de todo, es eso lo que la gente llamaba "amistad infantil", patrañas, eso para mí significa "hola y adiós" como siempre era, como siempre es y será hasta el final de la raza humana…
Los humanos tendemos a ser sociables, a entablar una conversación y lazos con otros de nuestra misma raza, e incluso forjar lazos con los animales… Pero el ser humano de por sí es egoísta, mentiroso, y no puede tocar nada sin destruirlo al final.
Ni siquiera estaba esperando ser amiga de nadie, no lo necesitaba y no esperaba que alguien me necesite, pero de nuevo… Quería encontrar a esa persona, a aquella que pueda decirme sin rodeos "eres completamente idiota" y que pueda mostrarme cosas que ni siquiera yo podría ver sola.
- Yuu… ¡Qué bonito nombre! –dices con gran alegría, como un niño descubriendo algo nuevo, algo que quiere conservarlo por siempre, lo sé, eso refleja en tus ojos…
- No me gusta… ¡Deja de llamarme por mi nombre! Sabes que lo odio… -Me cruzo de brazos con molestia para luego desviar la mirada. Odio que pongas esa mirada tan ilusionada y a la vez tan enfermiza…
- No lo entiendo… Te queda bien, y hasta podría decir que eres tranquila. (1) –Sigues insistiendo, y yo sigo con aquella posición, de brazos cruzados; la verdad no entiendo que tanto te interesa, pero de nuevo, tú estás allí con esa cara que tanto odio, diciéndome una y otra vez lo mismo.
- Che… Solo no me llames de esa forma.
- No importa… ¡Haré que ames tu nombre! ¡Por eso solo yo te llamaré así! ¿Bien? –Gritas con euforia notoria, te abrazas a mí, y sigues siendo el mismo idiota de ayer…
- Eres idiota… -Murmuro con molestia, pero amo que lo hagas, porque al fin puedo decir que encontré a esa persona… La persona que me haga sentir de esa manera, tan frágil y a la vez eufórica, tan torpe y desalineada… Al igual que tú, yo creceré y sé que lo haré junto contigo, y es eso lo que me emociona por dentro, porque se que nunca me dejarás atrás…
Al fin, se podrá romper aquel vidrio… Aquel que me mantiene atada a un pasado odioso.
- ¡Nee, tengo nombre! ¡Bakanda! ¡Debes de saber que soy la única persona con derecho a llamarte por tu nombre, ¿bien?! ¡Dilo, dilo, dilo!
- Ni en tus sueños, idiota. –de nuevo, haces un puchero, y sonrío con autosuficiencia y se que eso será un motivo más para comenzar otra discusión, y es por eso que lo hago.
- ¡Yuu Bakanda!
- ¡Serás imbécil!
- ¡Yuu Bakanda! –vuelves a repetir, sabiendo que me molesta, pero está bien, yo se que lo sabes pero de todos modos, lo seguirás haciendo sin importar nada.
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Su labios tiembla levemente, no sabía el porque, o más bien, no quería creerlo. Estaba nuevamente sentada frente a él, frente a su psicólogo, aquel que te ayuda a superar ese obstáculo puesta por tu pasado, pero en su caso, solo la escuchara como una persona, una simple persona que te escucha y comprende; como aquella a la que dos años atrás aún poseía.
Sus ojos la miran con determinación notoria, quizás para darle más confianza y pueda hablar tranquilamente. Ella no necesitaba eso, ella necesitaba tiempo, pero ya tuvo dos años de tiempo, pero de todas formas, no podía sanar la herida.
- Kanda… -logró decir el inglés para llamar la atención de la muchacha; ella dio un respingo al oír que la llamaba, sabía que estaba divagando en su mente, que no tenía la más mísera intención de hablar, o al menos en aquellos momentos.
Se sentía extraña, algo apenada, pero simplemente con mucha presión. No sabía como comenzar, quería sentirse mejor, y no veía que la solución fuese hablar de ello, porque sabía que se derrumbaría en cualquier instante.
Sintió como la mano de Allen rozaba la suya; la tenía algo fría, pero siempre manteniendo el calor corporal. Pudo sentirse mejor, aquella mano con tan solo acariciarla de esa manera, la hizo volver a la realidad, sabía que Allen era un hombre maduro –aunque no lo demuestre mucho- que podría escucharla pero no contaba con que pudiera comprenderla.
- Yo… -dijo algo más motivada. Tomó la mano de Allen casi por iniciativa; él se sobresaltó un poco al sentir como la mano de la muchacha se fundía con la de él; pudo ver también, como Kanda trataba de normalizar su respiración ¿Tan mala fue esa experiencia de hace dos años atrás?
Muchas ideas recorrieron la mente del muchacho; formulaba varias hipótesis que llevaran a la razón por el cual haya existido aquel cambio brusco que dio Kanda; no quería presionarla, pero quería hacer que esa herida sanara por completo, y sabía que él y Kanda, no eran muy diferentes.
- Hace dos años… Yo… Había perdido a una persona… Una persona muy importante para mí… -Allen abrió los ojos de par en par; entonces era eso. –N-No lo he podido superar… Porque… Creo que fue mi culpa…
- Kanda… -dijo en un susurro; la muchacha bajó la cabeza, en verdad le forzaba hablar de ello, y se sentía realmente mal por ello. Pero aún había dudas que Allen quería aclarar sobre el tema. -¿Por qué piensas eso?
- Si… Si no fuera tan orgullosa… Aún estaría con vida. –murmuró aún con la mirada baja, estaba temblando; supuso que era por la impotencia de no poder hacer nada al respecto; se estaba mordiendo el labio inferior con mucha fuerza. Allen dirigió la mano que tenía libre para levantar el rostro de Kanda y hacer que la mirara.
- Puedo entender… Si no quieres hablar de eso ahora… -Kanda negó con la cabeza, dando a entender que no era el momento indicado. Allen sonrió pesadamente, y así alejó sus manos de la muchacha. –Falta cinco minutos para terminar la hora… Si quieres puedo pasar mañana por ti después de la universidad.
Kanda solo se puso en pié llamando la atención de Allen; éste también se puso en pié y extendió su mano hasta Kanda, le estaba ofreciendo una tarjeta.
- Éste es mi número… Si te decides, mañana tendré más tiempo. –Kanda dirigió su vista hasta la mano del muchacho y tomó el pequeño papel para así marcharse hacia su hogar.
Allen suspiró con pesadez, se lanzó a su asiento y recostó su cabeza por el respaldo, cerrando los ojos. Sabía lo dura que podría ser Kanda, pero verla de esa manera; definitivamente quería ayudarla, pero no por pena o por trabajo; sabía lo importante que se había vuelto esa chica en su vida, y quería acercarse más a ella.
Sonrió, estaba haciendo que Kanda sea el centro de atención de sus pensamientos en aquellos momentos. Después de todo, sabía que le correspondía ayudarla, aunque no supiera mucho sobre ella, sabía que la única persona capaz de sacarle alguna información y hacer que ella hable, era él. Una gota recayó por sobre su cabeza, la forma en que lo pensaba sonaba algo… Duro… Suspiró, pero sabía que Kanda lo necesitaba, aunque ella lo negara.
Aunque eso de hacerle hablar… Recordó aquella frase que decía "Es más fácil decirlo que hacerlo". ¡Por Delfín-san! ¡Sus intenciones eran buenas! ¿No? Eso era lo único que importaba ahora; el método que utilizase para lograrlo, lo desconocía pero estaba seguro que lograría hacerlo.
Sintió como su celular estaba vibrando, lo tomó y se fijó, que alguien le había dejado un mensaje. Al abrirlo, solo los malos recuerdos de días anteriores se hicieron presentes en su mente. Era Road. No sabía si ella tenía algo que ver con el ataque de Mana, pero, de todas formas era parte de aquella familia tan misteriosa que arruinaba la vida de Mana, y por tanto su propia vida.
Se mordió el labio inferior, sentía una terrible impotencia al saber que estaba entre la espada y la pared. Si hacía algo, no solo afectaría su vida, sino que pondría en riesgo la vida de Mana y quien sabe de que otra persona. Pero se negaba a vivir callado, sabiendo de las cosas que está haciendo el líder de aquella familia.
Algo le decía que ese día no era uno tan bueno, o al menos como lo estuviese pensando. Además, cuando llegase a casa, no se encontraría con una linda demostración de cariño por parte de su perro; lo más probable es que éste saltara a por su cabeza y comenzara a perseguirlo por toda la casa. No sabe que haya hecho de mal con aquel animal; lo alimentaba, bañaba (a la fuerza, claro XD) y velaba por su bienestar… Bueno, solo lo alimentaba y bañaba.
Quizás el pasar tiempo de caridad con su perro, lo ayude… ¡Esperen! ¿En qué estaba pensando? Su perro era el principal sospechoso de aquel nazi torturador. Definitivamente, la palabra "Timpcampy" y "Allen" no iban bien juntos de no ser que existiese entre ambos "dominio" o "domado". Y efectivamente, Allen no sería el dominador…
Negó con la cabeza, estaba yendo demasiado lejos con aquellos pensamientos; era un perro, un animal, un individuo que sigue su instinto y que no puede ser comparado con el ser humano…
- ¡Es cierto! ¡Es solo un perro! –se había puesto de pie con aires determinados, solo que por unos cuantos segundos; puesto que… Una gran roca había caído por sobre su cabeza, deprimiéndolo bastante, haciendo que se vuelva a sentar en su sillón. ¿A quién engañaba? Su perro, o era un extraterrestre enviado por Delfín-san, o era la reencarnación de Hitler… Pero viniendo por parte de su tío Cross…
Un aura negativa se apoderó de él; solo de recordar a ese demente, las ganas inmensas de comer todo un regimiento de comida, se hicieron humo junto con su calma. Ese hombre… Era un demonio… Aún recordaba que cuando tenía diez años…
Era Navidad, todo era amor, paz y prosperidad… ¡Todo!
Todo menos en la vida de Allen Walker…
- ¡Sobrino estúpido! ¡Trae más el maldito vino! ¿Qué no puedes hacer las cosas bien? –Se quejaba el pelirrojo con la copa vacía, mientras que su presencia y atención fue puesta en las dos mujeres que ahora tenía una a cada lado.
- ¡Ya enseguida, Tío Cross! –decía Allen quien traía el vino, mientras que corría en dirección a los presentes. Era una fría navidad para el joven albino, y la verdad que el tener a Mana más de cien metros alejado de él, no ayudaba mucho en aquella situación.
- ¡Ya te dije que si sigues así de lento, te tendré que tirar fuera de aquí! ¡Estas muchachas y yo no soportamos a los lerdos y torpes como tú, estúpido sobrino! –restregó con rabia el mayor mientras que al final de la oración, añadía una rizota que dejaba la de Santa muy atrás, claro que ésta era mucho pero mucho más sádica y malvada.
- No tienes que ser tan duro con el niño, Cross-sama. –decía una de las muchachas. –No tiene la culpa de ser lerdo y estúpido…
Un aura no tan alegre se formó en el menor, haciendo que el vino se congelara por las palabras de los presentes. Trató de forjar la sonrisa más amable que haya podido esbozar su hipocresía, para luego posar el amado vino de su tío en la champañera que había en medio de la mesa.
Definitivamente, ese día no era un buen día de Navidad.
Suspiró con cansancio al recordar tal acontecimiento. De verdad, el hecho de tener a Mana lejos, implicaba muchos problemas para él. Y muchos de esos problemas tienen apedillado Cross, con letras en mayúsculas. Se frotó la sien con esmero, se sentía agobiado. La verdad que el hecho de tener doble turno que cubrir en el consultorio, lo había dejado corto de tiempo.
Pero lo peor era que no solo el trabajo lo consumía. De vez en cuando, o para ser más exactos, una vez a la semana; la sombra de los Noah, se hacía de tiempo para entrar en su vida. Pero lo que creía que sería peor, no solo era ir junto a ellos a "una reunión familiar", sino lo que hace poco pudo escuchar por parte de aquel hombre de mirada oculta, y risa siniestra.
- Allen Walker… -pronunció sin pudor alguno. El muchacho trataba de no hacer notar su nerviosismo mientras que cortaba sin mucho esmero el salmón que había en su plato; como un buen actor, sus emociones sabía controlar, y hablar en el momento justo, sin dar a conocer sus verdaderos pensamientos. Se llevó el pescado a la boca y masticó tranquilamente, con los ojos cerrados, dando alarde de su serenidad. Con mucha cautela, elevó su mirada hasta la de su autonombrado "Tío", enarcando una ceja como esperando a que éste hablara. –Espero que estés saboreando el almuerzo, Allen-kun.
El muchacho se llevó la servilleta a la boca, para limpiarla con etiqueta latente en sus actos. Sabía como actuar frente a aquel hombre, aunque al verle directo a los ojos, cualquiera podría enloquecer por ese brillo macabro que él sabía definir perfectamente.
- Temo decir que está muy salado… -comentó sin mucho esmero. Bajó la tela hasta su regazo y se recostó por el respaldo de la silla. Una de las cosas que no negaría, era que ese lugar tenía lujos que muchos no alcanzarían a imaginarse, y no actuaría en disfrutarlos, porque lo hacía naturalmente. –Seamos francos, Conde… -cerró los ojos para luego ponerse firme, apoyar los brazos sobre la mesa y juntar las manos, entrelazando los dedos. -¿A qué me ha llamado? He perdido por casi tres días su comunicación, y repentinamente me invita a almorzar con usted…
- Siempre tan directo, ¿Nee, Allen-kun? Claro que pienso que estés dudando de mi hospitalidad… Es un golpe un tanto bajo hacerlo, ¿no te parece? –colocó esa cáscara de banana en el camino del albino; pero lo que Allen sabe, y el Conde lo afirma, es que el muchacho, no es ciego.
- Solo si ésta reunión fuese con un fin conocido, Conde… Y por lo que sé, no veo ningún motivo elocuente en ello que lo justifique… -El mayor comenzó a reír a voz libre, quizás sea eso lo que hizo que Allen se tensara un poco, pero siempre logrando disimular bajo esa sonrisa aparentemente inocente.
- Oh, Road tenía razón… Eres totalmente impredecible, Allen Walker… Ahora entiendo que es lo que vio ella en ti. –Allen pasó saliva por la garganta; con el solo hecho de nombrarla, hacia que la boca se le secara de inmediato. –Pues, solo quería aprovechar esta ocasión para ponerte al tanto de la situación, tuya y la de tu "padre".
Allen abrió los ojos de par en par, ¿a qué venía nombrar a Mana en aquellos momentos? No será que… No, el Conde nunca se atrevería. Sabía quien era él, nunca haría algo como eso… Cerró los ojos, tratando apaciguar sus pensamientos, y normalizar su respiración. Varias ideas azotaban su mente, nublando su razón. Pero tenía que seguir de acuerdo al plan y de lo que Mana le había advertido.
El mayor, al ver el cambio brusco que había tomado Allen, sonrió con perspicacia, sabía que había dado en el blanco. Allen podía ser de todo, amable, buen actor, hipócrita; en síntesis, un Noah, pero cuando tenías las cartas correctas, podías ver las del albino perfectamente, sin hacer que eso se llame trampa.
- Por lo que veo, no sabes nada al respecto… Era de suponerse. –Allen frunció el ceño. –Mana Walker no se encuentra en estos momentos dentro de la ciudad de Tokio. Es más, ha ido a Yokohama, en compañía de tu tío Mariam Cross, o es eso lo que me han informado.
- ¡¿Qué…?! –dijo totalmente alarmado Allen ante aquella noticia que había recibido; pero no solo porque Mana no se encontraba en la ciudad; era de suponerse, tras ese atentado contra él, lo más lógico era irse de la ciudad; lo que llamó la atención del albino, fue como pudo enterarse de ello tan rápidamente. Qué él sepa, Mana y los Noah no tenían ningún contacto, que no fuese él mismo, claro. ¿Acaso Cross…? No, eso era imposible. Conocía a su tío, podía ser todo lo que quieras, pero tenía un fuerte lazo con Mana, claro, era su hermano después de todo. Además, Mana es de las pocas personas a los que Cross llamaría "Amigo", y ponía sus manos a la hoguera, a que Cross daría su vida por Mana. Eso no había duda.
- Te estarás preguntando ¿Cómo es que sabemos eso? ¿No es así, Allen-kun? –De nuevo, el Conde había descubierto su mazo. Ese hombre podía ver más de lo que tú le estés mostrando.
- Hmp… -sonrió con autosuficiencia, mostrando en esos orbes plateados, un brillo diferente. Allen siempre tenía una carta bajo la manga. –No podía esperarme menos que eso del Clan de los Noah, Conde. Pero… ¿Está seguro que Mana era el único estorbo en su camino? Recuerde que aún estoy yo en medio de usted… Y francamente, Conde… No puede deshacerse de mí… No sin tener a otro decimocuarto heredero de Noé. –Ya estaba, lo tenía contra la espada y la pared; pero había un gran precio por sus palabras, y eso era…
- ¡Oh! Vaya que en serio te pareces a tu padre… La piedra en mi zapato, ¿eh?... –Allen sonrió juguetonamente ante aquella afirmación. –Pero… No solo puedes ganar un partido de football, metiendo goles, ¿sabías eso, no Allen-kun? -¿Qué era eso? Comenzaban a hablar de un juego que involucraba la vida de su padrastro, y terminaron en el football.
- ¿Qué es esto, Conde? ¿Un juego de palabras? –dijo en tono burlesco, haciendo que el mayor esbozara una sonrisa. No se estaría refiriendo a…
- Hablas como si no me conocieras, Allen Walker… -Exacto. Se refería a eso…
- Es decir que… Cree que hay otras formas de que yo no sea un estorbo en su camino, supongo. –respondió Allen sin expresión alguna en el rostro. El Conde solo amplió más la sonrisa; es decir que Allen dio en el blanco. -¿cómo planea hacerlo? –dijo con aquel tono burlón, casi disfrazando su sorpresa y dando a conocer su auto-confianza.
- ¿Tienes tiempo lunes, miércoles y viernes; Allen-kun? –preguntó de repente el mayor, causando una confusión en el albino. Éste solo frunció el ceño como desconfiando sus palabras en un cien por ciento. –Veo que sí… Así que, creo que no está de más decirte que de ahora en adelante, los lunes, miércoles y viernes estarás acompañándonos, aquí dentro… Claro, después de tus trabajos.
- ¡¿Qué?! ¡Usted no puede…! –Si, era eso a lo que el Conde se estaba refiriendo. Mantenerlo controlado, hacer que sus intenciones vayan cambiando conforme exista lazos entre él y los Noah.
- ¿Acaso crees que puedes abstenerte de nuestra familia, Allen? Me asombra que aún lo dudes. –El mayor se levantó de la silla en la que estaba hace unos momentos para así dirigirse hasta donde la puerta y antes de salir dice. –Eres un Noah después de todo, no puedes más que seguir tus roles, Allen. Un movimiento en falso, y eso podría afectar no solo a tu padre… Sino también tu vida después de éste día. –Allen se tenzó, ¿cómo es posible que diga semejante cosa? Ya no era menor de edad como para estar dependiendo de un adulto. Se levantó de su lugar, y miró con determinación al gordinflón que hacía parado frente a la puerta. –Y no te hagas el sorprendido, Allen… Sabías que tarde o temprano, debía aparecer el decimocuarto… Y no podrás hacer nada por evitarlo. El ser un Noah está en tus venas y te guste o no, debes aceptarlo. Es más… Al ser el hijo del traidor, es un honor para ti seguir con vida… -El conde entrecerró los ojos con gracia y astucia en sus últimas palabras, ya tenía el juego ganado.
El mayor abrió la puerta y salió por ella fuera de la habitación; Allen se quedó viendo asombrado aquella puerta por donde se retiró el mayor en la familia, ¿Tan inútil era él dentro de ese lugar? Sabía y temía la respuesta, porque sabía que el Conde tenía razón, sin importar que hiciera por negarlo, sin importar que hiciera para detenerlo, él era un Noah, y por tanto su destino estaba marcado en aquella familia. Su función. Ni siquiera él lo sabía, ¿de qué tanto le hade servir? Pero viniendo del Conde, no se trataba de nada bueno.
Inútil; impotente; humillado… Era así como se sentía en aquellos momentos, condenado a una vida sin libertad, sin nada más que dinero compartido con la soledad monótona de una vida sin vida. Tomó la copa con vino que había sobre aquella mesa larga e imponente, y la arrojó contra el suelo descargando su ira por un simple objeto que no será más que un medio vano a una respuesta que él ya conocía.
Frunció el ceño con fastidio, la verdad que nadie podía hacer nada por él, ni él mismo sabía que debía hacer en realidad. ¿Retirarse? No, solo haría sentirse el peor cobarde de la historia. ¿Rendirse? Por supuesto que no, eso sería traicionar su orgullo y honor, y también traicionar a…
- Mana… -dijo en el silencio que se había parecido en aquella habitación, ni siquiera él podía hacer algo para sacarlo de aquel hoyo de desesperación y confusión. Pero sabía que si seguía las reglas del Conde, solo haría que aquella confusión, ironía y corrupción creciera y se expandiera por más y más; pero no había otra opción, o al menos no la veía a su alcance.
Hoy era martes, al menos hoy no tendría que pisar aquella mansión, cuyo frío calaba por sus huesos. Sabía de la soledad que emanaba aquel hogar, y no podía entender como Road, y los demás vivían en ella. Ellos se unieron al Conde aceptando sus reglas y condiciones, haciendo que él los use como armas a su antojo; ¿cómo podían vivir de aquella manera. Sabiendo que eran usados solo por un fin ajeno a sus sueños?
- Sueños… -Rió bajo con ironía; ellos no tenían sueños, ellos eran tan solo "Noah", y tenía miedo de convertirse en uno también.
. . .
Seguía mirando con presencia vacía, el pequeño papel que sostenía su mano derecha. No tenía las ganas suficientes como para hacer nada durante todo el tiempo que le restaba de ese día; ya era de noche, y no logró más que quitarse la ropa y ponerse algún camisón que haya encontrado tirado por su habitación.
Se dejó caer por sobre la cama, sabía que ésta le sostendría, no tenía miedo a caer, pero… Sabía que algún día lo haría, que algún día no estaría nada para sostenerla, y se derrumbaría por completo porque se dejó guiar por sus malditos sentimientos.
Y es por eso que ella se encontraba así, tan destruida por la ausencia de aquella persona; porque se jugó entera por él, y no midió sus actos o que el camino que estaba recorriendo solo era marcado por sus sentimientos. Maldijo el día en que dejó de pensar con la cabeza y solo actuaba conforme a esos instintos que muchos llaman "emociones". Que se vayan a la mierda. Ella quería vivir como era antes, sin remordimiento a nada, con la mente fría y calculadora. Pero siempre estará esa sombra, ese sentimiento de culpa persiguiéndola y acosando sus noches enteras haciendo que no pueda conciliar el sueño.
Se sentó sobre la cama, y mantenía la mirada fija en el ventanal que ahora permanecía cerrado, con las cortinas sobre él. Podía decir que la luna estaba llena; se notaba por el gran brillo que entraba por el vidrio y traspasaba por la fina tela blanca.
Se dirigió hasta la ventana, alejó las cortinas y giró la perilla para poder abrir por completo aquel resguardo de vidrio y madera, y así poder acceder a su pequeño balcón que daba justo la luz de la luna. Con el simple hecho de estar en aquel lugar, le venía al recuerdo aquella obra "Romeo y Julieta". Cada vez que lo recordaba… Tenía nauseas. Nunca se definió como Lenalee, una chica romántica hasta el final, odiaba lo dulce y lo empalagoso, y eso incluía las comidas.
Volvió a recordar aquel sueño que tuvo hace una ocho días atrás, justo un día antes de conocer al Moyashi. Abrió de par en par los ojos, aquel sueño, le hacía acelerar su corazón y hacer que sus mejillas ardan, y esta ocasión no era la excepción.
Dio un suspiro, algo bajo y tosco. Cerró los ojos por unos instantes; para ella fue una eternidad, al tiempo que se deshacía de la coleta alta de todos los días, haciendo que su cabello cayera como cascada por sobre sus hombros hasta la medida de su cintura. Aún mantenía los ojos cerrados, sintiendo la brisa de la noche serena por su rostro, haciendo que el recuerdo de aquel sueño de hace días se remonte a su memoria…
Aquel sueño, envolvía a dos figuras. Podía verse a ella misma en aquel recuerdo.
"Podía sentir el frío del vidrio de mi ventana por mis dedos; estaba cerrada, pero las cortinas abiertas mostrando la luna llena sobre el cielo despejado. Traía el cabello suelto, y no traía nada puesto, más que una fina camisa que ni siquiera me la había puesto; estaba sobre-puesta en mis hombros y tapaba lo suficiente; era grande para mi medida, hasta parecía de hombre… Quizás porque era de uno…
Escucho pasos acercarse hacia mis espaldas, siento como tus brazos me rodean la cintura, llenándome de nuevo de tú maldito aroma. No me sorprendo, sé que estabas en aquella habitación, pero gruño con algo de molestia por aquel abrazo. Me doy vuelta y te enfrento; tú, siempre con aquella sonrisa que tanta molestia me da.
- Kanda… -murmuras aún manteniendo tu sonrisa en tus labios; no puedo evitar desviar la mirada avergonzada, aún no me acostumbro a que me veas desnuda. Te acercas de nuevo hacia mí, y no pongo resistencia, al contrario, correspondo a tus labios que besan los míos con tanta ternura, que ni siquiera puedo considerarlo un beso, es tan solo un rose de piel. Pero sé que es solo el comienzo.
- Moyashi… -murmuro con autosuficiencia cuando el beso se vio deshecho, no haces más que inflar tus cachetes con enfado infantil, para luego acercarte a mí en un rápido movimiento; hundes tu cabeza en mi hombro. Siento tu respiración chocar contra mi piel, me estremezco. Escucho tu voz baja, diciendo esas tonterías románticas que tantas nauseas me provoca, pero sé que no haré nada por evitarlo, y que simplemente me quedaré callada, escuchando tu respiración.
Siento como tus manos comienzan unas traviesas caricias por mi cabello, enredando tus dedos en ellos; amas perderte en mi aroma, lo sé, por tu forma de actuar, y porque me lo has hecho saber más de una vez. Me sonrojo al sentir como tus manos, van haciendo que la distancia entre mi piel y la camisa se haga grande, haciendo que ésta caiga al suelo cerca de mis pies, también desnudos. Murmuro que eres un maldito pervertido, pero se que también, yo ansiaba que te hayas deshecho de la prenda.
Bajo la mirada hacia el suelo, como ya lo he dicho, aún no me acostumbro a que me veas desnuda; siento tus manos recorrer mi cuerpo en una danza de caricias que espero que no sean efímeras. Me acorrarlas contra la pared, y no pongo resistencia alguna. El hecho de estar contigo, hace que me sienta desnuda y no solo por no traer nada puesto.
Te acercas a mi oído para susurrar tan solo dos palabras que hacen que mi ser se estremezca, y correspondo de nuevo a tus labios, siempre tan tibios y húmedos, con ese sabor tan adictivo que hace que me pierda en un mar de placer sin razón. Porque el estar contigo es más que simple superficialidad, guiado por la lujuria y el placer; no, lo nuestro, es más que sexo… Porque cuando me haces el amor, se que es algo sincero que me desconcierta y hace que tema al amanecer…
Pero es obvio que no te estaré diciendo todo esto; me conoces, y sabes que mi orgullo me lo impedirá de sobre manera, antes muerta. Pero cada roce, cada beso, cada vaivén de caderas, sabes que te estoy diciendo "Te Amo", y sé que lo entiendes, porque sigues allí, mirándome con esa sonrisa que sabes odio, diciéndome lo mucho que me amas y que lo darías todo por mí, más yo siempre respondo con un "Eres demasiado empalagoso" O "Eres un simple moyashi" haciendo que el ambiente de "rosas" se desvanezca en un escenario con los típicos diálogos de "Mi nombre es Allen, no Moyashi, Bakanda".
Me tenso, al instante en el cual siento tus labios recorrer mi cuello; y tus manos, acercándome más hacia ti; sin duda alguna, todo esto terminará en la cama, pero se que esto significa más que una sesión vacía de sexo, porque me siento diferente, y se que lo logras notar al tiempo que digo tu nombre con cansancio y correspondo a tus caricias… Quizás es esto lo que estuve buscando después de la muerte de…"
TOC-TOC.
Dio un respingo al escuchar como alguien llamaba a la puerta, trató de normalizar su respiración y luego dirigirse hacia la puerta para abrirla. Conocía la forma en que tocaban su puerta los miembros de la casa, y por la forma de tocar tan irritante, podía saber que se trataba de su padre.
- ¿Qué quieres? –dice con su voz gélida tan habitual en ella. Más Tiedoll solo hace su tan típico teatro de "¿Por qué tratas así a tu padre?" o algo por el estilo.
- Solo quería avistarte que la cena está lista… Hoy tu madre no está en casa, y quería que cenaras conmigo, Yuu-chan. –dijo el hombre con una sonrisa. Kanda solo chasqueó la lengua con algo de molestia para luego cerrar la puerta en la cara de su padre. -¡Yuu-chan, eres cruel!
Luego de unos instantes, Kanda, sale de la habitación con un pantalón gris holgado, una remera mangas-larga y una chamarra encima. Los ojos de Tiedoll se iluminaron al ver a su hija vestida dispuesta a aceptar su propuesta.
Pero no se confundan, la japonesa no quería estar soportando los berrinches de aquel "niño-grande" que tenía como padre, por lo que prefirió ahorrarse el numerito de "Hija mala" ante el artista.
Ya en la cocina, acabando de cenar.
No había muchas palabras de por medio, y no eran necesarias para Froi Tiedoll, él sabía como era su hija, y aunque le cueste acercarse a ella, sabe que el silencio que emana la muchacha es más que una conversación fraternal. Kanda estaba terminando de comer su adorado "Soba" al tiempo que su padre levantaba los platos para llevarlos al lavabo.
- Yuu-chan, ¿ya acabaste de cenar? –preguntó el hombre desde la cocina, a lo que Kanda solo musitó un "Che" para acercarle la bajilla al mayor.
- Ten… -musitó sin muchos ánimos, su padre solo sonrió como siempre, y comenzó a lavar los platos. Pero lo que caracteriza mucho a su padre, y Kanda lo sabe, es que no es tan "atento".
- ¡Itai! –musitó el mayor. Tiedoll, no se había fijado en el exceso que había puesto de detergente en el agua, haciendo que se le resbalara de sus manos uno de los platos, y éste cayera de lleno sobre el suelo haciendo que varios de sus trozos quedaran incrustados en la mano de Froi.
- ¡Baka! ¡Será mejor que yo me encargue de esto, viejo! –restregó con verdadera molestia su hija, para luego apartar a su padre y comenzar a recoger los pedazos que dejó el plato sobre el suelo, y seguir luego, con la limpieza de la bajilla restante.
Tiedoll, se encontraba sentado en una silla cerca del comedor, saneando las partes afectadas minutos atrás. Kanda había terminado su labor dejando impecable la cocina para luego dirigirse hasta donde yacía sentado su padre, "tratando" –porque no lo lograba- de coordinar con las bendas.
- Serás… -musitó con fastidio al ver a su padre "tratando" de bendarse. –Mejor me lo dejas a mí… -y así apartó la mano de éste y comenzó a desinfectar la herida, para luego comenzar a vendar la mano izquierda de su padre.
Éste, solo podía sonreír al ver a su hija y su tan reservada y nada notoria preocupación. Kanda sentía la mirada de su padre, pero prefirió no hacer comentario alguno, hace tiempo que no pasaban estas cosas y se podría decir que comenzaba a extrañarlas.
Sonrió interiormente, la verdad que en algo le daba la razón al usagi; desde aquel accidente, ella había dejado mucha distancia con su familia y amigos, casi como si viviera en un mundo aparte al de ellos, y se concentraba solamente en su vida; no quería darse cuenta pero ahora lo afirmaba.
- Ya está… Y será mejor que no intentes hacer nada estúpido. –suspiró. –Pero viniendo de ti… -Tiedoll sonrió, más que Kanda solo frunció el ceño al verlo de esa manera. -¿Qué?
- Te estaba extrañando… -dijo simplemente al tiempo que se levantaba de la silla y acercó a su hija para poder abrazarla. Al principio ella comenzó a armar un alboroto, pero sabía que el viejo no la dejaría ir, por lo que siguió maldiciendo por lo bajo.
- Che… El momento "padre-hija" termino, viejo. –dijo la muchacha al tiempo que deshacía el abrazo. El padre tan solo siguió mirándola para luego comenzar a acariciar su cabello suelto. -¿Qué tanto te pasa hoy?
- Es extraño verte con el cabello suelto… -Kanda abrió los ojos un tanto sorprendida por la acotación, para luego, desviar la mirada un tanto apenada. –Sería lindo si lo mantuvieras de ésta manera…
- Che… Me iré a dormir. De seguro que mamá no tarda en llegar. No quiero escuchar sus rabietas porque aún sigo despierta… -y así se encaminó hacia la escalera que dirigía hacia su habitación.
- Buenas noches, Yuu-chan. –Se despidió el mayor; Kanda detuvo el paso al tiempo que ladeaba un poco el rostro, sin darlo a conocer, tan solo, miraba a su padre por el rabillo del ojo.
- Que descanses… -murmuró por lo bajo para luego seguir su camino. Definitivamente, éste día era uno de los mejores para el adulto. Cenó con su hija y pudo volver a vivir aquellos momentos que hace dos años creyó que había muerto.
- Aún te sigues culpando, Yuu… -murmuró para sí. –Ojala pudiera hacer algo más que quedarme viendo con los brazos cruzados… -suspiró con pesar, para luego dirigirse él también a la cama; porque de seguro que su esposa no le agradará ver que aún sigue despierto. Por alguna razón, esa señora, tiene complejo de dictador o algo semejante. Un escalofrío recorrió su cuerpo; después de todo, aquella mujer, tenía ojos en la nuca.
. . .
Notas del Fanfic:
Bueno… Creo que éste capítulo me salió algo largo… - como lo he mencionado al principio *gomen*… Y es por el tema de los recuerdos y todo eso. Pero, creo que me quedó bien – o eso espero-; después de todo, es difícil hacer un Kanda POV en un AU; y más cuando le cambias el sexo al espadachín… XD
Y bueno… A pedido del público, delfín-san y Timpcampy volvieron a la pantalla!! Jojo ^o^. Espero que les haya gustado. En el próximo capítulo habrá varias sorpresas para los Fan´s…
Insinuaciones…
Como es de esperarse… ¡AreXkaN!
Lavi+kandA.
Allen+lenaleE.
Allen+roaD.
Lavi+alleN. –Si, extraño… pero bueno… No podía faltar-
E indicios a TykixLavi…
Próximo capítulo… ¡Varias disputas entre parejas! Jojo ^o^ Estoy dando todo spoiler… no mentira, solo les anticipo… ¡Perdón, pero es que las ganitas me estaban obligando a escribirlas!
Espero que sigan leyendo y también espero sus comentarios!! Matta ne!
