El mundo y los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo juego con ellos. Esta historia nació para fines de entretenimiento y no busco lucrar con ella.
Mi ángel de la muerte
By Angelique Kaulitz-Cullen-Black
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Ángel de la perdición
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Íncubo (del latín Incubus, in, 'sobre' y cubare, 'yacer', 'acostarse') es un demonio masculino en la creencia y mitología popular europea de la Edad Media que se supone se posa encima de la víctima durmiente, generalmente mujeres, pero también hay mitos sobre posesión de hombres, para tener relaciones sexuales con quien duerme, de acuerdo con una cantidad de tradiciones mitológicas y legendarias…
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Me detuve a mi misma antes de sacar conclusiones apresuradas, aunque no las había de otro tipo.
Quiero decir, ¿Por qué Aro había mencionado al súcubo y a los incubos en nuestra plática? ¡Me había enviado a investigarlo todo, además! Las cosas, en definitiva, estaban tomando un rumbo que no estaba dispuesta a aceptar.
¿Qué era lo que Aro quería decirme?
¿Qué es lo que estaba insinuándome?
¿Me querían utilizar como algún tipo de esclava…?
Me ruboricé de solo pensar en eso. ¡Debía haber comprendido mal el concepto!
…
— ¿Sabes algo del llamado súcubo, mi querida muchacha?
Caius entrecerró los ojos mientras ladeaba el rostro, para mirar a Aro. Esa palabra me parecía familiar, aunque el significado no estaba del todo claro en mi mente. Como aquel término que has oído vagamente nombrar pero que no fue realmente importante como para que lo investigases.
…
Y por aquella simple cuestión, había vuelto a mis aposentos, custodiada por Heidi. La premisa de Aro había sido que investigue exhaustivamente sobre el tema, para, así, él pudiese despejar mis dudas… Pero…
¿Quién me había mandado a meterme en todo esto, quiero saber?
Mi celular continuaba resonando furiosamente. Llamadas perdidas de mis familiares y amigos, instándome a contestarles. Pero, no podía. Realmente, tenía demasiadas cosas en mi mente como para devolverles tranquilamente sus llamadas.
No podía siquiera procesar en donde había quedado mi plática con Aro.
…
Aro curvó los labios — Es una historia muy interesante, querida. Félix, Demetri, por favor, déjennos platicar con nuestra invitada. — Las sombras retrocedieron hasta perderse del todo, pero no podía pensar que se hubiesen ido de forma definitiva. Jane y la otra figura femenina se alejaron también — Ángela tienes muchas cosas que saber, aun.
Lanzó un suspiro exasperado. Y me sorprendió que me ofreciese un asiento —el cual había aparecido por arte de magia— para escuchar lo que fuese que tuviese que decir.
— Alec. Vete… — Masculló Caius — Luego, te presentarás aquí.
Alec me dirigió una larga y eterna mirada. Luego contempló a Aro — Puedes quedarte, muchacho — Comentó su maestro — Apreciaría que estuvieses aquí cuando sellásemos el pacto. ¿No crees que eso sea lo más conveniente, hermano? — Inquirió, volviéndose hacia el de cabello platinado.
Caius resopló pero yo no pude evitar sonreír.
Alec se quedaba conmigo, eso era suficiente para mí. Era… Me ruboricé, ante la mirada del malévolo Caius Vulturi. No pude evitar notar que Alec no había obedecido su orden, su orden directa. A Caius aquello no le había gustado, pero esperaba —aunque suene egoísta— que se desquitara con Aro. No con Alec.
— Déjame explicarte los sucesos que agobiaron a mi familia, mi querida Ángela. Nosotros, como verás, somos parte de una antiquísima organización para mantener oculta nuestra existencia… Nunca había fallado en nuestra misión, como habrás de suponer, porque nadie duda al respecto de que los vampiros no existen.
Y ahora, con esas simples palabras, me incluían a mi dentro de esa organización, aunque ni siquiera se lo había pedido. Grandioso, estupendo, magnifico.
— ¿Pero? — Quise saber. Aro se había quedado callado, meditando.
— Pero, ustedes los seres humanos hace tiempo que han dejado de ser lo que eran. Ahora, algunos de ustedes se suman a nosotros, de maneras peculiares…
— No comprendo — Aseveré, cansinamente. No estaba para rodeos, si este iba a ser el final —comenzaba a pensar que entre morir y vivir allí, prefería morir— deseaba que fuese sin tantas complicaciones.
— Conocimos a una humana desesperada por pertenecer a nuestra clase — Mis ojos se abrieron como platos. ¿Una humana desesperada por ser vampiro? Pobre chica. Quizás tenía problemas mentales…
— ¿Por qué?
Aro esbozó una sonrisa, mitad dulce mitad calculadora — ¿No te lo imaginas? — Y le lanzó una descarada mirada a Alec.
— ¿Por…? — Murmuré, fingiendo no comprender ese sutil guiño a mis sentimientos.
Aro siguió sonriendo, con expresión imperturbable — Bella dijo amor.
…
Vampiros. Incubo. Súcubo. Leyendas. Amor. Humano. Muerte. Vida.
Por supuesto, todo un espectro de misterios se abría en mi horizonte con aquellas sencillas palabras. Especialmente si se unían tan sutil y fehacientemente como en la realidad. Aro hablaba de una humana que había encontrado el amor con un vampiro —no parecía tan descabellado, una vez que los piensas: algunas flores carnívoras atraen a sus piezas— el caso había sido que el vampiro se había enamorado de su presa.
Curioso.
…
— ¿Bella Cullen? ¿La que usted mencionó? — Aro asintió, conforme con mi observación.
— Tienes buena memoria — Aprobó — Sí, me refiero a ella. Vino aquí pues un malentendido había atraído a Edward, su novio, hacia nosotros. Entonces, tuve la fortuna de conocerlos a ambos. — Miró a Marcus, con una pizca de interés creciente — Poseían una fuerte relación, con lazos profundos e intensos.
Copié sus movimientos, y miré también a Marcus — Casi indisolubles — Susurró este, con la voz queda. Quizás, lo imaginé.
— La ley es clara, al respecto. — Insistió Caius, con frialdad — Ningún humano que no sirva de alimento o como nuevo miembro del aquelarre, no debe saber la verdad.
Mi corazón se aceleró, comprendiendo la verdadera amenaza detrás de esas palabras.
— Con la excepción — intervino Aro, sonriente — De que ese ser humano nos fuese útil en su estado. Así, no tendría que ser grave…
Quise rogar que me perdonasen la vida pero, ¿de que serviría? Levanté la barbilla, decidida.
Si iba a morir… no, cuando muriese, quería parecer firme, no cobarde.
— Lo siento, pero ¿Qué tiene eso que ver conmigo? — Quise saber, temerosa. Rogué que el temblor de mi voz haya pasado desapercibido por Aro.
— Bueno, querida, como mi hermano se ha encargado de resaltar… No podemos dejarte ir, viva…
Tragué pesado, y vi a Alec tensarse nuevamente a mi lado. ¿Por eso habían dicho que mi hermano había elegido morir? Sonaba pausible, si Nicola debía optar por morir o ser un esclavo para los vampiros, yo hubiese entendido porqué eligió morir.
Sin embargo, aun no quería comprender del todo porque mi hermano había abandonado este mundo. Aceptar esa realidad cruel e inconcebible se llevaría las fuerzas que necesitaba para soportar el calvario.
No estaba pidiéndome que me quede, estaba diciéndome que, si no lo hacia, iba a morir.
Y yo que pensaba que las cosas no podían estar peor.
— Mi querida Ángela, quiero que investigues un poco al respecto. Quiero que comprendas lo que quiero proponerte, y mi querido muchacho, deberías ser agradecido. Estamos perdonando su vida…
…
Perdonando mi vida. ¿A cambio de que me convirtiese en su esclava, para… mantener relaciones…? ¿Ese era el precio?
Aparté la computadora portátil, mi computadora portátil y resoplé, sólo para encontrarme con la mirada de Heidi. Sus ojos Burdeos me miraban con indescifrable curiosidad y, probablemente, antipatía.
— ¿Puedo hacerte una pregunta? — Quise saber, pero me encontré con que ella negaba con la cabeza y seguía estando en la misma postura en la que había estado las últimas dos horas. — Por favor — Supliqué.
Heidi resopló, pero parecía divertida. Seguramente, quería que le suplicase. La miré con atención, encontrándola amenazante y hermosa bajo la luz de mi habitación. ¿Acaso…?
— ¿Qué quieres saber? — Dijo, de repente, como si de verdad se sintiese interesada por mi pregunta.
— ¿Dónde está Alec? — Inquirí, con curiosidad.
…
— Heidi — Llamó, entonces, Aro — Quiero que acompañes a nuestra querida muchacha a su dormitorio, para que averigüe sobre lo que le he dicho.
Me tensé en mi sitio. No sabía como reaccionar, nunca supe como reaccionar. No obstante, como Alec ya debía pagar la cuota suficiente de problemas por mi causa, asentí a Aro.
— Lo haré — Mascullé — Dije que haría lo que sea.
Aro levantó sus brazos, en señal de triunfo pero sus ojos eran calculadores — Claro que lo harás, querida.
Lo miré desconcertada. Heidi me sujetó firmemente del brazo, de un momento a otro.
— Pero también requiero de tiempo a solas con mi muchacho. — Aro miró fijamente a Alec apartando sus ojos turbios de los míos. Me estremecí.
— No… — Musité, y sentí que Heidi apretaba mi brazo con sus pétreas manos. Alec ni siquiera me miró, pero sabía que debía estar preocupándose por la locura que me había asaltado — Aro, no…
— Mi querida Ángela. Lo primero que tendrás que aprender aquí es a cumplir mis mandatos, si quieres sobrevivir — Aunque lo dijo tranquilamente, con una reconfortable sonrisa, temblé. — Heidi, llévatela. En cuanto lo disponga, tráela de nuevo.
Ese era el vampiro más aterrador que había conocido en mi vida.
— Sí, maestro.
…
Por eso estaba inquieta. Las cosas habían comenzado a ser de un prometedor color esperanza hasta teñirse por completo del oscuro tenor del miedo.
Estaba perdida. Estaba realmente perdida y sola.
Quería llorar.
— Está platicando con nuestro maestro — Fue la respuesta que Heidi me dio.
Sabía que no era cierto, pero no podía dejar de pensar en que, de no haber conocido a Alec, nada de esto estaría sucediéndome.
De no haber sido por Nicola, todo estaría bien…
De no haber sido por…
La puerta de mi dormitorio se abrió, y un vampiro del cual no conocía el nombre, se presentó bajo el umbral. Portaba una capa, como todos los demás y me mordí el labio cuando me percaté que no era Alec.
— El maestro Aro quiere verte.
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Avancé entre los pasillos oscuros aun más asustada que antes. Demetri, porque con ese nombre Heidi lo había saludado, me guiaba. Heidi iba en la retaguardia. Debía reconocer que me sorprendía el control que estos vampiros ejercían, porque mi corazón no paraba de señalar donde atacar.
Mis pasos se hicieron pesados cuando escuché unos gritos detrás de las grandes puertas de madera.
Estaban torturando a alguien. Posiblemente con el don de Jane.
Me detuve, paralizada, pero me sorprendí, gratamente cuando contemplé que no era Alec a quien castigaban.
Era otro vampiro. Un vampiro totalmente nuevo.
Aro y sus dos hermanos seguían ubicados cómodamente sobre los sillones.
— Veo que has terminado con mi investigación, mi querida Ángela. Déjame presentarte a mi querido amigo, Nahuel.
El vampiro temblaba, para satisfacción de Jane, que esbozaba una sonrisa cálida, llena de hermosura. La sonrisa de la tortura.
Aro se levantó de su asiento, y me ofreció su mano.
Vacilante, levanté el brazo hasta que nuestros dedos hicieron contactos, entonces el vampiro que parecía ser el líder y portavoz de los Vulturis me guió hacia su lugar, su cómoda silla de cojines rojo terciopelo.
— Siéntate, querida — Musitó, con una sonrisa amplia — Es hora de que veas cual es mi verdadero objetivo. — Háganlas entrar
Como por arte de magia, tres mujeres, todas hermosas, ingresaron al salón. Sus trajes, en verdad, no dejaban mucho a la imaginación. Tez morena, piernas fluidas, belleza sobre humana…
Ojos cafés.
Era imposible, ellas no eran…
— No, no son vampiros — Otra vez, Aro leía mi mente. Mis ojos viajaron directamente a nuestras manos unidas. Pese a que me había hecho sentar en su lugar, me ruboricé al ver que él se quedaba de pie a mi lado. — Mi querida Ángela, espero que lo que oigas no te sorprenda porque necesitaras prestar atención a mis palabras…
Miré confusa a Aro, luego a Alec y finalmente a Nahuel y las recién llegadas. Esto, todo esto era demasiado extraño.
— Ellos son híbridos. Mitad mortales, mitad inmortales — Prosiguió Aro, como su sembrar más dudas en mi cabeza fuera necesario — Son hijos de un vampiro y una humana. Bueno, en este caso, cuatro humanas distintas y un mismo vampiro.
Abrí los ojos como platos, sorprendida. — ¿Híbridos…?
Aro asintió — Su padre se llamaba Joham… Fue destruido por crear una nueva raza. Una raza que amenaza los cimientos más grandes de nuestra civilización. Por ello, Nahuel y sus hermanas han venido a vivir aquí, porque aquí, han encontrado su lugar.
Mis ojos se abrieron, aun más.
Eran prisioneros, como yo. Nahuel emitió un gruñido, pero al instante, su cuerpo volvió a quedarse rígido y golpearse contra el suelo. Sus hermanas y yo apartamos la mirada del triste espectáculo. Aro presionó mi mano.
— Mi querida Ángela, lo que quiero pedirte, tiene que ver con esto. Quiero usarte como la madre de la nueva raza.
Y eso era todo. Todo lo que había oído, se perdió en un mar sin sentido. Dejé de pensar, sentir u oír.
Aro quería que yo… ¿Tuviese un hijo con un vampiro? Que idea más absurda, estrafalaria, inaceptable, imposible, absurda, desquiciada…
¿Acaso estaba demente?
— ¿Qué? — Gritó Nahuel, desde el suelo. Sus ojos se fijaron en los míos.
Se veía amenazador, pese a no ser un vampiro completo.
Aturdida, como estaba, no pude precisar, en que momento, sucedió todo. Lo siguiente que recuerdo era que el vampiro enorme estaba sometiendo al insurrecto de Nahuel.
— Querida Ángela, no comprendes el enorme don que posees. Tu mente es fascinante, en verdad. Y tu don se asemeja tanto al de Bella, aunque no es tan impenetrable como el de ella… — Musitó Aro, pensando en voz alta más que dirigiéndose a mi. — Sí haces lo que te pido, mantendremos con vida a las personas que más quieres… y habrás cumplido tu paga. — Le lanzó una mirada fugaz a Alec, que, para mi sorpresa, tenía el rostro descompuesto.
Jamás lo había visto así…
Eso me devolvió a la realidad — No puede hacer eso.
Aro se rió, jocoso — Sólo él está muerto. ¿Qué harías si algo le sucede a alguien más? Piénsalo bien querida, puedes arrepentirte de muchas cosas en la vida…
Y miró a Jane. La muchacha, entonces, le sonrió a su hermana. Alec no grito, por supuesto, pero me quedé petrificada mientras lo veía retorcerse contra el suelo.
Su dolor. Su dolor era por mi causa...
Apreté los labios — No... Detenla... — Mascullé. Aro hizo un gesto y todo cesó.
Era la peor tortura a la que me habían sometido. Me daba el control, me hacia decidir cuan grande seria el sufrimiento de los demás, porque a mi Aro no iba a hacerme sufrir. Claro que no. Estaba manipulando mis emociones para ver cual era mi límite.
Por Dios, ¿Acaso Alec estaba padeciendo todo esto por mi causa?
— Mi querida Ángela, ¿Aun no has pensado en tu amiga Caterina?
¡NO! ¿Como demonios sabía Aro de Caterina?
El rostro de mi amiga se plasmó dolorosamente en mis pensamientos. Su mirada, su sonrisa, su espiritu. No, no, no. Ella no había hecho nada...
…
Encuentra a Nicola. Vuelvan a casa, los dos, sanos y salvos.
Vamos, amiga, tú puedes con esto. Sólo espera a que me recupere. Estaré allí en menos de lo que canta un gallo.
¡Suerte! Sabes que puedes contar siempre conmigo. Llámame, no lo olvides. Y, por favor, no te olvides que aquí también te esperamos.
Seremos amigas, para siempre. Tú sabes, lo típico.
¡ÁNGELA WAYLAND COMPORTATE!
Ni siquiera pareces de mi edad… Demasiado madura.
Ángela… Sabes como soy, me comprendes mejor que nadie.
Yo cuidaré de todos hasta que regreses.
¡EN CUANTO PUEDA, TE SEGUIRÉ!
…
— Por favor, no — Musité, aterrada. Esta situación se estaba saliendo de control. Aro se rió, profunda y gravemente. — Dije que… — Me contuve para no mirar a Alec porque todo había nacido a partir de él, para que no lo atacasen — Dije que haría lo que fuera.
Un profundo silencio se adueñó del lugar. Mis fuerzas lo sintieron y flaquearon. Tuve que reprimir el impulso de gritar.
— Sabía que colaborarías, querida. Has hecho la decisión correcta. — Fue todo lo que Aro dijo.
Al mirar los rostros descompuestos de Nahuel y sus hermanas —él parecía furioso, aunque ya más calmo, y ellas asustadas— supe que las cosas iban a ser difíciles, para mí.
Quizás, para todos.
Todas las cosas que habían sucedido desde mi llegada comenzaron a unirse y conformar este terrible episodio en el que estaba sumergida. Y pensar que pocas horas antes tenía la absurda ilusión de marcharme.
Que ilusa.
Todo se había complicado a tal punto en tan poco tiempo que sentía ganas de reír, reír descontroladamente por lo subrrealista que era todo ese mundo. De verdad, esto podría ser un episodio de locura temporal. Todo esto distaba tanto de la realidad que conocía, todo estaba tan afuera de los límites de lo lógico y real, que no sabía hasta que punto debía considerarlo como verdadero.
Mi mirada buscó la de mi ángel, que estaba siendo retenido aun. Era tan hermoso, y era demasiado perfecto para ser real...
Ahora, lo único que podía hacer era pensar en Alec.
Alec, y sus visitas nocturnas. Alec y sus ojos rojos como rubíes. Alec y sus labios contra los míos. Alec y sus amenazas...
Si no te marchas, haré de tu vida un infierno...
Cuando mis ojos se toparon con los de Alec, me pregunté si él podría hacer de mi vida un infierno peor que este, en el que estaba viviendo ahora.
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N/A: ¡Perdón! Chinita Rinaldi me hizo recordar cuan abandonado tenía el fic T-T
Desde hace demasiado tiempo no subía nada a Mí ángel de la Muerte pero actualicé! Este capítulo estaba empezado pero lo terminé hoy, por fin. Culpen a mi falta de inspiración sobre estos vampiros, yo soy inocente al respecto :S
Bueno, espero que no haya sido demasiado confuso este capítulo, que fue más bien corto. Nahuel, sus hermanas y el plan de Aro son develados… Ángela va a estar atrapada en Volterra un tiempo más, y ya sabremos que sucederá con ella… jejeje
...
Como dije en un principio esta historia estaba pensada para ser más corta, por lo que se alargó más de lo que pensé, pero no quiero ni pretendo abandonarla.
Muchas gracias a todos los que leen, comentan y/o siguen esta historia! ^^
Bueno, sin nada más que decir, hasta la próxima.
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Saludos ^^
