Interludio III: Iyohuilcayotl[1]
Estoy a tu lado, tú eres dios
¿Acaso quieres darme la muerte?
Netzahualcóyotl.
Isla de Luzón, Filipinas, agosto de 1945. Son las seis de la tarde de un día nublado en el Pacífico Norte. Norteamericanos y japoneses se disputan un arduo combate por el control de la isla de Luzón, que por su cercanía a la ciudad de Manila, es un punto clave para el control de las Filipinas. Pero los estadounidenses no están solos en el combate. Herido por el hundimiento de los petroleros Potrero del Llano y Faja de Oro, México ha enviado su propio grupo de combate a esta lucha de proporciones globales: el Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana, la única división de las fuerzas armadas del país azteca que combatirá en esta guerra que ya casi arrasa con todo el mundo.
Uno de los cazas P-47 Thunderbolt[2] que pilotan los mexicanos está en persecución de un avión japonés. Las dos aves de acero se baten en una violenta cacería que roza las crestas de las olas y hace retumbar la superficie del mar. Las nubes en el cielo se cortan con sus alas y se desgarran con las balas que salen de las ametralladoras del Thunderbolt. Luego de una arriesgada maniobra que casi le cuesta su propia vida, el piloto azteca logra derribar a su oponente. En ese momento el comandante de la base anuncia la retirada del escuadrón.
El piloto gira cumpliendo la orden, pero las nubes rotas del cielo comienzan a dejar caer su sangre cristalina sobre el mar embravecido. Un extraño rayo en forma de globo sale de pronto de una de las nubes e impacta al avión justo detrás de la carlinga. Con una visibilidad casi nula debido a la tormenta, el piloto había de confiar en sus instrumentos para dirigirse, pero ahora éstos están totalmente fritos por la descarga. Ciego y en el medio de una fuerte tormenta, el avión cae en picada hacia el suelo y se precipita sobre las olas como un alcatraz. El sistema de eyección falla y deja al piloto atrapado dentro en lo que podría ser una tumba de acero de varias toneladas.
Justo cuando cree que sus horas han terminado y que ha de convertirse en otro héroe caído en el campo de batalla de esta cruenta e interminable guerra, un calamar gigante destroza con su pico el fuselaje del avión y lo abre como si fuese una lata de conserva. Los brazos del monstruo arrastran al piloto hacia las profundidades y lo encierran dentro de un naufragio que parece demasiado reciente. El pecio no tiene aún crecimientos de algas ni corales o forma alguna de vida marina que se desarrolle en esas estructuras. Parece haberse hundido ayer. El monstruo marino introduce al cuerpo en uno de los enormes agujeros que las bombas le hicieron a aquel acorazado y lo suelta en el interior como si lo guardase para servirse de él después.
Esperando solamente su muerte, una extraña fuerza absorbe al hombre en medio de un torbellino de luz azul. Sale súbitamente de la vorágine a lo que parece ser una cámara submarina: una burbuja de aire debajo del mar. El marino se pone de pie sobre el piso de agua y mira la gigantesca esfera y el océano que parece flotar por encima de él. De pronto, una hermosa mujer de piel morena y líneas negras tatuadas en su rostro surge de las aguas. Sus ojos son del color azul más profundo que jamás se haya visto, y sobre su cabello negro azulado, que se mueve con la misma cadencia de las olas del mar, lleva un extraño tocado con forma de cabeza de serpiente. Sus faldas están hechas de agua con peces nadando en ella; y el resto de sus ropas parecen estar confeccionadas de piel de ofidios, conchas y demás creaturas marinas. El hombre se inclina inmediatamente ante la mujer y le dice:
— Sihuatekutsin[3] Atlacamani[4], he aquí a tu fiel siervo.
— Levántate, Mick — le contesta ella con una dulce voz que hace eco en las paredes de aquella burbuja.
— ¿En qué puedo servirle, oh gran señora? — le dice el marino sin atreverse a mirarla a los ojos.
— ¡Tú robaste la flor del jardín sagrado de mi esposo! — le dijo ella mientras se le acerca convertida en una inmensa figura de agua que finalmente revienta como una ola frente al infortunado, barriéndolo como la arena de la playa.
— Esa deuda ya fue pagada, Sihuatekutsin. — le dice él, disculpándose mientras se levanta temblando de frío. — Tláloc[5] ya me ha impuesto su castigo y mi padre también.
— El castigo del Señor de la Lluvia fue justo, — le dice ella, acercándosele y tocándole el pecho con una mano cubierta de finísimas escamas azules. El hombre se estremece cuando la diosa le toca el corazón. — pero lo que tu padre ha hecho es algo horrible.
— Él ya no es mi padre, — contesta él volteándose — y usted lo sabe mejor que nadie.
— Has sido muchas cosas Mick Thlan, — le dice ella — pero jamás deshonesto. Sé lo mucho que ha sufrido tu corazón en todos estos años — le susurra suavemente al envolverlo en su hídrico abrazo — y es justo que tu condena termine, pero antes debes probar tu valor.
— ¿Qué es lo que quiere de mí? — le pregunta él.
— Esta guerra terminará pronto, — le dice ella mientras proyecta en la pared de agua la imagen de un reducido grupo de barcos japoneses que se retiran del lugar de la batalla — y las estelas de sangre en las aguas de este océano deben ser limpiadas.
— No entiendo. — le dice Mick con todo el respeto de que es capaz.
— La tarea es sencilla, Mick — le explica la diosa. — Deberás recoger todas las almas que yacen en estos mares y llevarlas a donde tu padre. Te daré para ello este barco. Serás su amo y señor y lo bautizarás con el nombre de Cipactli[6] en honor al monstruo de la tierra, dador de vida y hogar.
— Necesitaré tripulación, no puedo hacer este viaje solo.
— No te preocupes por ello — le aclara la Señora del Océano — la nave te obedecerá en todo cuanto demandes y hará cualquier cosa que le pidas; y la única compañía que necesitarás será la de tu corazón.
— Seguro los americanos me estarán buscando en cuanto me avisten. — dice él. — Este barco era su enemigo.
— Tampoco será problema. — continua ella. — Estarás protegido bajo mi cobijo y no habrá tormenta capaz de vencerte otra vez. Podrás desvanecerte incluso en medio del más claro de los días, ocultarte bajo el frío manto de las nubes y hacerle frente la más poderosa de las flotas. Te verán hundirte en mi abrazo cada atardecer, y resurgir con gloria de nuevo junto con la estrella de la mañana.
Mick finalmente se arrodilla ante ella, y con el corazón en el puño le dice:
— Sihuatekutsin Atlacamani, he aquí a tu devoto vasallo.
— De aquí a un Xiuhmolpilli[7] — le advierte ella finalmente mientras le dibuja una marca en el hombro derecho — te veré aquí en este mismo lugar para ver si has cumplido con tu misión.
Dicho esto, la gigantesca burbuja en donde se encuentran comienza a derrumbarse sobre sí misma y Mick es impulsado hacia la superficie por algo que no alcanza a ver. Tras unos minutos se halla de nuevo en la superficie del mar, sobre la cubierta de un acorazado reflotado por la diosa con el nombre de Cipactli. Aquel barco es nada más y nada menos que el temible acorazado japonés IJN Yamato, hundido por los norteamericanos cinco meses atrás. Con nueve cañones calibre 460mm; unas medidas totales de 263m de eslora, 39 de manga y 11.5 de calado; y un desplazamiento de 70 mil toneladas métricas, el barco fue un orgullo para la Armada Imperial Japonesa hasta su naufragio cerca de Okinawa. "Deja que tu corazón te guíe en esta penosa misión" dice en un pedazo de papel amate que Mick encontró en el puente del barco. Luego de leer el escrito, el hombre toma el timón del buque, impulsa la palanca del telégrafo y desaparece en el horizonte junto con el sol en medio de un espectral resplandor azul.
II
Costas de Okinawa, Japón, marzo de 1997. Exactamente cincuenta y dos años después de su encuentro con la diosa, Mick espera su aparición sobre la arena blanca; observando la silueta de su acorazado difuminarse a lo lejos en la brisa marina de la tarde. Exactamente como lo prometió, la mujer de las faldas de agua emerge del mar y se posa en la orilla sin dejar de tocar nunca las olas del océano. El hombre entonces se aproxima y le entrega un saco lleno de perlas blancas del tamaño de granos de arena: uno por cada una de las almas que han sido rescatadas. La mujer revisa bien el contenido del saco y le dice:
— Has cumplido tu misión Mick, pronto serás libre de tu martirio.
— No. — contesta él.
— ¿Qué cosa has dicho? — pregunta ella, sorprendida.
— No quiero volver allá. — le explica Mick. — Mi hermana ahora está también en este mundo y debo cuidarla. Además, si regreso, mis padres no me dejará volver jamás a la Tierra, y la verdad he aprendido a apreciar la vida de aquí.
— Escucha bien lo que estás diciendo Mick; — le advierte la diosa — si decides quedarte no podré ayudarte a volver después. Es ahora o nunca.
— Pues mejor que no sea nunca. — finaliza él antes de inclinarse en señal de respeto. — Escúcheme, señora. Micka es aún muy joven y necesita a alguien de guía y guardia en su paso por este mundo. Por eso debo quedarme.
— Está bien, Mick. — concluye ella. — Puedes quedarte, pero deberás seguir siendo mi mensajero y guardián. Los humanos deben aprender a cuidar y respetar al mar y sólo tú puedes representarme ante ellos.
— ¿Puedo quedarme con la nave? — pregunta él.
— Claro que sí. — le dice ella. — ¿de qué otra forma ibas a surcar la inmensidad de estas aguas?
— Hay un pequeño detalle, — replica él con timidez. — la nave es vieja y la guerra es nueva. Necesito mantenerla al día ante el inquieto devenir de los tiempos.
— Haz lo que sea necesario para conservarla viva, que mi bendición te acompañará por siempre.
Inclinándose de nuevo ante la diosa para agradecerle por los favores recibidos, el hombre finalmente le dice:
— Sihuatekutsin Atlacamani, he aquí a tu devoto siervo, eterno y agradecido.
La diosa desaparece nuevamente en el agua y el hombre regresa al buque montado en una ola. Igual que lo hiciera hace cincuenta años, el Cipactli desaparece al atardecer vestido de un fulgor azul.
Notas del autor:
1.-Iyohuilcayotl significa "castigo divino" en náhuatl, la lengua natal de Mick.
2.-El Republic P-47 Thunderbolt (apodado "Jug" o "Juggernaut") fue un avión de combate construido en EUA entre 1942 y 1945. Fue uno de los cazas más grandes y pesados de la Segunda Guerra Mundial y estaba armado con 8 ametralladoras calibre .50, bombas y cohetes. Además de México, Brasil también equipó a sus escuadrones con los P-47. Algunos de ellos aún vuelan en exhibiciones y festivales aéreos.
3.-Sihuatekutsin significa "amada señora".
4.-Atlacamani es la diosa azteca de los mares y las tormentas oceánicas. Es asimismo una de las representaciones de Chalchiuhtlicue "La de las faldas preciosas", diosa del agua.
5.-Tláloc es el dios azteca de la lluvia, esposo de Chalchiuhtlicue. Viven juntos en un paraíso conocido como Tlalocan.
6.-Cipactli es una antigua creatura mitológica que, según la cosmovisión azteca, existió antes de que el mundo fuera creado por primera vez. Se trataba de un animal mitad cocodrilo y mitad pez, con dieciocho cuerpos y dieciocho voraces bocas. Según la leyenda del Quinto Sol, fue capturado y muerto por Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, quienes con el cuerpo del animal dieron forma al cielo y la tierra.
7.-Un Xiuhmolpilli o "atado de años" es una de las unidades con las que los aztecas medían el tiempo. Se trataba de ciclos de 52 años de duración que culminaban con una importante ceremonia conocida como "Fuego Nuevo".
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