4ª Parte: El grupo de Hartford

[Notas abajo]


-¿Cómo está Desmond?- preguntó Ellie cuando el médico entró en la cocina.

-Ha perdido mucha sangre- respondió él. Era un hombre de avanzada edad llamado Stan-. Pero creo que sobrevivirá.

La chica se mordió el labio, preocupada. Sarah suspiró y volvió a centrarse en el plato de comida que tenía en las manos; era la primera vez en mucho tiempo que probaba un guiso decente.

Desmond se había desmayado por la pérdida de sangre antes de alcanzar el campamento donde se habían establecido sus compañeros. Las dos habían tenido que cargar con él el resto del camino, hasta que unos centinelas las encontraron y las escoltaron hasta una granja donde se encargaron del herido; Sarah calculó que había menos de cuarenta personas, y no parecían violentos como los cazadores, simplemente desconfiados. Incluso vio un par de niños de no más de diez años jugando en el porche.

Una mujer morena con el pelo recogido en pequeñas trenzas las recibió con más desconfianza que el resto. Ordenó que se llevaran a Desmond a la enfermería y, aunque ofreció a las recién llegadas algo de comer, se quedó con ellas todo el tiempo, sin perderlas de vista.

-No te fías de nosotras, no te culpo- había comentado la contrabandista.

-Me creo que no seáis cazadoras, ellos no cuidan de críos- respondió ella señalando a Ellie. La chica arrugó el gesto cuando escuchó eso, pero no dijo nada-. Aun así, confiar en las personas equivocadas se paga muy caro estos días.

Sarah asintió, sabía muy bien que tenía razón. Poco después fue cuando entró el médico para anunciar que se había encargado de Desmond.

-También debería echarte un vistazo a ti- añadió Stan señalando a la rubia.

-No es tan grave como parece, la mayoría de esta sangre no es mía-dijo la rubia señalando su ropa. Tendría que buscarse otra limpia, se sentía enferma con aquello puesto-. Pero me preocupa esta herida en la frente, ha tardado mucho en dejar de sangrar.

-Te la hiciste cuando estrellaste el coche- le recordó Ellie-. Hoy se te ha vuelto a abrir.

-Te la coseré- sentenció el médico, haciendo un gesto para le siguiera a la habitación que usaban de enfermería.

Sarah se acabó y se puso en pie, pero se acercó a Ellie antes de marcharse.

-Ten cuidado, nosotros tampoco sabemos hasta qué punto podemos confiar en esta gente- murmuró.

La chica asintió mirando de reojo a la mujer de las trenzas, después hizo un gesto de despedida a su compañera. Ellie terminó de comer en silencio mientras escuchaba movimiento en el exterior de la granja. Parecía que acababa de llegar alguien. Pudo comprobar que así era cuando la puerta se abrió y entró un hombre alto de rostro afilado, con el pelo entrecano y perilla.

-Carley- saludó con voz grave a la mujer que vigilaba a la chica-. Me han dicho que Desmond llegó más muerto que vivo.

-Stan se ha ocupado de él, dice que probablemente saldrá de esta- Carley señaló entonces a Ellie-. Esa niña es una de las que le trajeron, la otra está en la enfermería.

El hombre se fijó por primera vez en la chica, tenía una mirada peligrosa que a Ellie no le gustó nada. Se sentó frente a ella con naturalidad y la examinó con sus ojos oscuros.

-Me llamo Andre- se presentó-. Digamos que dirijo las cosas aquí. ¿Te llamabas Ellen?

-Ellie- corrigió la chica-. Mi amiga es Sarah.

-Bien Ellie, me gustaría agradeceros que le salvarais el culo a Desmond, pero primero quería asegurarme de que podemos confiar en vosotras… ¿Quiénes sois exactamente? ¿Sois familia?

-No- respondió ella-. Nos conocimos en Boston hace unos días, venimos de allí.

-Boston, ¿eh?…- Andre se acarició la perilla-. Tengo entendido que allí los militares siguen manteniendo el orden, ¿cómo están las cosas?

-Siguen teniendo el poder, los Luciérnagas provocaron algunos atentados, pero no consiguieron nada.

-Y más vale que no lo consigan-repuso él con sequedad.

Por su tono de voz parecía tener algo personal en contra del grupo terrorista. Ellie se removió en su asiento, inquieta.

-Nosotros venimos de Hartford, la FEDRA abandonó la ciudad hace poco- explicó Andre, notando la expresión de la chica-. Se rumorea que los Luciérnagas estuvieron implicados. El caso es que ahora es una ciudad sin gobierno donde los más fuertes han tomado el control y se matan entre ellos. Muchos nos fuimos antes de que las cosas empeoraran, puede que ahora no sean más que cazadores como los que están ahí fuera, matando y robando a todo el que pueden.

Cuando acabó de contarlo, la cocina quedó sumida en un incómodo silencio.

-¿Y qué hacéis tan lejos de Boston, hacia dónde vais?- preguntó entonces el hombre, volviendo a su interrogatorio.

Ellie tardó unos segundos en contestar, muy consciente de la situación. No podía decirles el motivo de su viaje, si descubrían que estaba infectada se vería en problemas, y quizá también si confesaba que estaba metida en asuntos de los Luciérnagas, pero sabía que después iban a hacerle las mismas preguntas a Sarah así que no podía inventarse nada. Tenía que decir la verdad en la medida de lo posible.

-Sarah me está llevando a Wyoming, con su tío. Una amiga de mi madre la ha contratado, es… es una historia un poco larga.

-Desde Boston hasta Wyoming… -Andre se acomodó en su silla-. Un viaje largo para ir a pie, ¿no? Sobre todo llevando tan poca cosa -señaló sus mochilas, que descansaban junto a la chica-. Nada de comida y solo una botella de agua… no habéis llegado tan lejos con eso.

-Teníamos un coche, lo perdimos anoche con el resto de nuestras cosas cuando nos atacaron unos infectados- respondió Ellie con firmeza, Andre parecía dispuesto a dudar de todo lo que dijera-. Fue en una gasolinera que hay en la carretera hacia Pittsburgh, hubo una explosión y todo.

-¿Fuisteis vosotras?- intervino Carley por primera vez-. Pensábamos que fue cosa de los cazadores. El fuego se vio por todo el valle.

-Fuimos nosotras- reafirmó Ellie-. Pasamos la noche en una casa abandonada junto a la carretera, cerca de allí nos encontramos a Desmond y a esos cazadores.

-¿Cuántos eran?- quiso saber él.

-Cinco. Sarah les mató a todos.

-No está mal- Andre asintió con admiración-. Cuando Desmond despierte podremos corroborar eso- se volvió hacia Carley-. Dile a Stan que me avise cuando termine con esa mujer, Sarah, tengo que hablar con ella. Y dile que eche un vistazo a la niña, si tiene alguna herida…

-¡No!- Ellie se mordió la lengua dándose cuenta de que le había interrumpido demasiado deprisa-. No tengo nada, solo rasguños.

Ellie sonrió inocentemente mientras se acariciaba el labio, aún algo hinchado por el puñetazo del cazador. Andre cruzó una mirada con Carley y después clavó en ella sus ojos oscuros. Parecía tranquilo, pero había un tono peligroso en su voz.

-No me digas…


-¿Quedará cicatriz?- fue lo primero que preguntó Sarah cuando se sacó de la boca el paño que había estado mordiendo para no gritar.

-Me temo que sí- respondió Stan-. Pero el flequillo la tapará. Aunque no me preocuparía por eso, ha sido un precio bajo a pagar. ¿Cuántos fueron, cinco cazadores? Podrías estar muerta.

-Pero no lo estoy- dijo ella simplemente, y se acarició la herida de bala que tenía en el brazo. Era superficial, pero Stan se la había vendado también.

El médico se fue a una mesa y empezó a guardar el material que había estado usando: agujas, hilo de sutura, desinfectante... Al otro lado de la habitación Desmond descansaba sobre una cama. Llevaba inmóvil desde que le habían traído, pero en ese momento se estremeció y murmuró algo incomprensible. Stan se acercó a él rápidamente y le examinó las pupilas, que estaban desenfocadas, y después le pasó una toalla húmeda por la frente.

-¿No despierta?- preguntó Sarah.

-No, está delirando- respondió él-. Efecto de la fiebre, creo que llama a su hermana.

-¿Su hermana está en el campamento?

-Murió hace años - Stan suspiró-. Le subiré la dosis y cruzaré los dedos. Ojalá pudiera hacer más por él, ya hemos perdido a demasiados por culpa de esos cazadores.

-¿Cuánto tiempo lleváis sufriendo ataques?-quiso saber Sarah.

-Desde que llegamos a las granjas, hace ya un par de semanas. Algunos pensaron en buscar un lugar más seguro, pero Andre ha conseguido mantenerles a raya de momento, y no queremos arriesgarnos más. Es el mejor refugio que hemos tenido desde que dejamos Hartford.

-¿Quién es Andre?-preguntó la rubia arqueando las cejas.

-Bueno, no le gustan los títulos, pero es algo así como nu…- comenzó a decir el médico, pero se quedó con la palabra en la boca.

La puerta se abrió de un golpe y un hombre de rostro afilado y sienes canosas entró con paso rápido y decidido. Sarah percibió el peligro, pero no tuvo tiempo para reaccionar antes de que él se acercara y le pusiera una pistola en la sien. La contrabandista se quedó inmóvil esperando un disparo que no se produjo.

-¿Qué... qué significa esto, Andre?- balbuceó alarmado Stan mientras retrocedía hasta la pared-. ¿Es una cazadora?

-¿Cuánto tiempo?- preguntó el recién llegado con voz gélida, ignorándole completamente.

-¿Cuánto tiempo qué?- dijo ella lentamente.

Sarah había clavado en él su mirada azul, no tenía ni idea de qué estaba hablando pero sí tenía claro que las cosas iban muy mal, no debía haberse relajado. Había un bisturí encima de la mesa, si lo alcanzaba tal vez podría hundirlo en el cuello de aquel tipo en un momento de guardia baja, entonces podría quitarle la pistola y… no, no tenía ninguna posibilidad, afuera había más gente armada, y seguro que tenían a Ellie, y… Oh, no; ¡Ellie! ¿No se estaría hablando de…?

-¿Cuánto tiempo lleva la chica infectada?- preguntó Andre, confirmando sus sospechas-. Dame una respuesta que me guste.

Sarah apretó los dientes antes de responder. Por su forma de hablar deducía que no habían matado a Ellie; se aferró a esa idea, porque todo su viaje carecería de sentido si la chica estaba muerta. Y ahora que lo habían descubierto y era inútil negarlo, su mejor opción era contar la verdad, así que le dio a su voz toda la confianza que pudo.

-Cuando la conocí ya llevaba tres semanas infectada. Desde entonces han pasado varios días.

Andre entrecerró los ojos, por un momento la rubia temió que apretara el gatillo, pero no lo hizo.

-Esa no es la respuesta que quería oír- murmuró-. Dime la verdad, la chica morirá de todas formas, no sirve de nada intentar protegerla ¿Cuándo la mordieron?

-Esa es la verdad, la mordieron en Boston hace semanas. Es inmune.

La tensión en la enfermería había alcanzado el límite. Los ojos oscuros de Andre no reflejaban lo que estaba pensando

-¡Carley!- llamó al final.

Momentos después, la puerta de la enfermería se volvió a abrir y la mujer entró arrastrando a Ellie con una pistola en la espalda de la chica. Con todo, Sarah sintió un alivio inmenso al verla viva, por muy asustada que estuviera y desesperada fuera la situación.

-¡Ya te lo he dicho, soy inmune!- exclamaba-. ¡Sarah, ayúdame!

-Stan, mira su brazo- ordenó Andre al médico sin separar la pistola de la cabeza de Sarah-. Dime lo que crees.

-Deberíamos matarla- replicó Carley secamente-. No te creerás ese montón de mentiras, ¿verdad?

Ellie le dirigió una mirada asesina, pero la mujer se limitó a llevarla ante el médico a punta de pistola.

-Dios mío- murmuró Stan al ver el mordisco. -. Es… bueno, está infectado, está claro… pero aún no se ha extendido, yo diría…- pasó los dedos por encima, sin atreverse casi a tocarlo-, tiene una hora, dos como mucho.

-Hace ese tiempo estábamos con Desmond, él podrá decírtelo cuando despierte- afirmó Sarah-. Créeme, si fuera a morirse no estaría intentando salvarla la vida.

-Una mierda- respondió Carley.

-¡Que te jodan, es la verdad!- exclamó Ellie-. ¡Eres una zorra…!

-¡Basta!- estalló Andre haciéndoles callar al instante, y entonces se volvió a dirigir hacia la contrabandista- Dame una sola razón por la que debería escucharte.

-Porque podría ser la clave para descubrir una cura para el Cordyceps- respondió Sarah. Él se mostró sorprendido por primera vez; no dejó de apuntarla en ningún momento, pero inclinó la cabeza indicando que la estaba prestando atención-. Los Luciérnagas me contrataron para sacarla de Boston, tenían que llevársela a un laboratorio, pero los militares les mataron… estoy intentando llevarla de vuelta con ellos. Si no me crees deja que nos marchemos, no tendréis que preocuparos más por ella.

-¿Los Luciérnagas…?- murmuró Carley. Ella y Andre cruzaron una mirada con la que parecieron decirse muchas cosas.

-¿Qué hacemos, Andre?- preguntó Stan muy nervioso mientras seguía examinando el brazo de Ellie-. Podría ser cierto, podría… podríamos esperar y ver si la infección empeora.

Sarah notó que Andre se estaba planteando sus opciones. Al hombre le costaba creerlo, igual que a ella al principio, si le daba una oportunidad podría demostrárselo.

-Solo hay una forma de saber la verdad- murmuró al fin-. Se hace de noche, si mañana por la mañana la chica sigue siendo humana… bueno, empezaré a creer lo que decís.

-¿Piensas dejar que una infectada pase la noche entre nosotros, Andre?- siseó Carley-. ¿Te has vuelto loco?

-La chica se queda, la encerraremos en el sótano- insistió él, entonces hizo un gesto a Sarah-. Y tú la harás compañía, si de verdad piensas que no perderá la cabeza y te clavará los dientes en el cuello mientras duermes.

-Me parece bien- si Andre esperaba acobardarla se llevó una sorpresa, la contrabandista asintió con naturalidad.

-¿Cómo piensas explicárselo al resto?- preguntó Carley-. Tenemos una infectada y no…

-¿Infectada?- Andre arqueó las cejas-. Vamos a encerrarlas porque aún no sabemos sus intenciones, podrían trabajar para los cazadores. No hay ninguna infectada. ¿Entendido?

Carley abrió la boca para replicar, pero la cerró lentamente y asintió, aceptando de malas formas. Sarah comprendió que si se extendía la noticia de que Ellie estaba infectada podían intentar expulsarla, o incluso matarla, así que agradeció la mentira, pero apretó los dientes con rabia al sentir el arma de Andre contra su espalda para que se pusiera en marcha.


La puerta se cerró con un chirrido dejándolas casi a oscuras; el sótano era amplio y tenía una única ventana estrecha en lo alto, demasiado pequeña para que pudieran salir por ella. De todas formas intentar escapar no sería una buena idea, al otro lado de la puerta se podían escuchas las órdenes de Andre indicando a sus hombres las guardias que debían hacer aquella noche para vigilarlas.

-¿Te han hecho algo?- preguntó Sarah mirando a su compañera, aunque sus ojos no se habían acostumbrado aún a la penumbra.

-No. Bueno, casi me disparan cuando les dije que era inmune, y creía que esa tía de las trenzas iba a partirme el brazo, pero a aparte de eso…- dio una vuelta sobre sí misma con un gesto tranquilizador.

-Podrían habernos matado- la rubia frunció el ceño y se llevó la mano a la cabeza, como si acabara de darse cuenta del peligro que habían corrido-. Dios, hemos estado a punto… debimos haber tenido más cuidado.

-¿Qué va a pasar ahora?- preguntó Ellie preocupada-. ¿Dejarán que nos marchemos?

-Eso espero- gruñó Sarah-. Cuando vean que la infección no te hace nada lo mejor que pueden hacer es dejarnos seguir con nuestro camino. No parecen bandidos o cazadores, no creo que intenten nada…

Se hizo el silencio. Sarah suspiró para alejar la inquietud y miró a su alrededor.

-Bueno, vamos a tener que dormir aquí, será mejor que nos pongamos cómodas.

-Era mucho pedir una cama, ¿no?- comentó Ellie mirando el suelo vacío, desanimada-. Espero que en esas cajas haya algo.

Sarah se acercó a las grandes cajas de madera que había en un rincón, y Ellie la siguió con curiosidad.

-Basura- murmuró Sarah abriendo la primera-. Piezas de motor de algo, creo…

-Mira, ¡Aquí hay ropa!- sonrió Ellie buscando en otra.

-Por favor, dime que hay algo que pueda ponerme- dijo la rubia, anhelante. Aún tenía puesta aquella camiseta manchada de sangre y estaba deseando quitársela.

-Claro, seguro que estarás preciosa con… ¡esto!- exclamó la chica sacando un gran vestido con estampado de flores. Debía de tener cincuenta años al menos, y era tan ancho que cabrían las dos en él. Sarah hizo una mueca y Ellie se echó a reír.

-Antes muerta, ¿alguna vez has visto a alguien con vestido?- gruñó la contrabandista.

-Nunca- admitió Ellie-. ¿Quién llevaría algo tan incómodo? Con esto no se puede correr. Además, no tiene nada por debajo… ¿no se te ve todo cuando lo llevas?

Sarah rió con ganas, parecía su primera risa sincera en meses.

-No, normalmente no se ve nada. De todas formas antes las chicas llevaban faldas mucho más cortas que esto.

-Vivías en un mundo muy raro- Ellie agitó la cabeza-. Toda esa preocupación por ponerse guapa y estar sexy... He visto muchas tiendas y escaparates antiguos, y siempre me he preguntado a qué venía tanta obsesión con las minifaldas, o los vestidos apretados, o tacones… ¡Oh, los tacones! ¿Has andado alguna vez con ellos? ¡Yo lo intenté una vez y casi me rompo el tobillo! ¿En qué estaba pensando el que inventó esas cosas?

-En que las mujeres parecieran más altas, supongo- sonrió Sarah. Estaba empezando a recordar cosas que se le hacían extrañas y muy lejanas.

-Creo que no merece la pena para lo incómodos que son- respondió la pelirroja poniendo los ojos en blanco, después volvió a mirar el vestido-. Y tampoco he conocido a nadie tan gordo como para llevar esto. Bueno, menos a Bill, ¿te imaginas a Bill con este vestido?

La imagen mental del desgreñado contrabandista llevando un vestido de flores provocó que Sarah rompiera a reír de nuevo, y Ellie se sumó a ella enseguida. La contrabandista se sentía bien, extrañamente bien. Por primera vez en mucho tiempo estaba a gusto, como lo estaba cuando vivía en Texas antes de la infección. Casi como cuando tenía razones para ser feliz

-Mira esto…- dijo cuando dejó de reír, y sacó una camisa de la caja. Era de hombre, a cuadros verdes y negros. Ellie asintió.

-Esa me gusta.

Sarah se quitó al fin su camiseta sucia y se puso aquella camisa. Estaba arrugada y le quedaba algo grande, pero la contrabandista sonrió mientras se la abotonaba. A ella también le gustaba.

-¿No es incómoda?- preguntó la chica.

-Para nada. En Boston apenas puedes encontrar ropa de tu talla, y muchas veces he tenido que ir con unas botas demasiado grandes, o un sujetador demasiado pequeño. Créeme, eso sí que es incómodo.

Ellie soltó una carcajada.

-No te rías- Sarah la dio un codazo amistoso-. Ya crecerás tú también.

-¡Oye! Ya estoy creciendo- la pelirroja sonrió señalando su figura-. Seguro que dentro de poco soy más alta que tú.

-Sigue soñando- rió la rubia.

-Una vez le pregunté a una calavera adivina si me iban a crecer las tetas, pero no quiso responderme- comentó Ellie palpándose el pecho, frustrada.

-Vale… haré como si eso me pareciera normal.

El tiempo pasó rápidamente mientras las dos compañeras seguían compartiendo bromas y recuerdos, olvidándose durante unos momentos de toda preocupación. Cuando cayó la noche prepararon un lecho con un montón de ropa que resultaba bastante más reconfortante que el frío suelo.

-Menudo día- suspiró Ellie acomodándose-. Eh, esto no está tan mal.

-He dormido en sitios peores- Sarah se echó a su lado-. Da igual cuando estás tan agotada.

-Será que te estás haciendo vieja- Ellie recibió un codazo-. ¡Ay! Vale, vale…-la chica suspiró profundamente y dudó un momento antes de seguir-. Por cierto, gracias.

-¿Por qué?- preguntó extrañada Sarah.

-Por todo- respondió ella-. Sé que no haces esto por mí, pero… hacía tiempo que no me sentía tan bien con nadie... No preguntes, solo quería darte las gracias.

Sarah guardó silencio unos segundos, dejando a Ellie con la impresión de que no la había escuchado. Finalmente, la contrabandista buscó una postura más cómoda.

-Será mejor que descansemos, no sabemos lo que nos espera mañana.

Ellie asintió y cerró los ojos con un largo bostezo, entonces se giró para buscar una postura más cómoda. Pronto su respiración se hizo lenta y pesada, revelando que se había dormido; Sarah, sin embargo, permaneció despierta. Sin moverse, sin apartar sus ojos azules del techo, sin pensar en nada en particular. Sus dedos acariciaban inconscientemente el reloj roto que siempre llevaba encima, recorriendo las grietas en el cristal una y otra vez hasta que el sueño pudo con ella.

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Puf, releyendo los últimos capítulos veo que me disculpo todo el rato por lo que tardo en actualizar, pero estoy intentando trabajarme bien esta historia, así que hago lo que puedo...

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Por cierto, hay un nuevo One-shot llamado "La historia olvidada" en el apartado de The Last of Us que explora otra de las posibilidades del juego, espero que os guste.

Notas:

1- Hartford era la ciudad de donde venían Henry y Sam, convertida ahora en otro nido de cazadores.

2- Intentaré que los capítulos ahora sean más largos, así la espera merecerá más la pena.

3- En realidad los tacones se inventaron en la edad media para que los carniceros no se llenaran los pies de sangre, no sé cómo acabaron siendo lo que son hoy día. No tiene nada que ver con el fic, pero lo comento igualmente.

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Zireael-Rukia: ¡Gracias por pensar eso! Y como ves este capítulo es algo más largo y tiene más contenido, espero que no sepa a poco ;)

Valulalula: Nunca me voy del todo, aunque lo parezca :3 ¡Gracias por pasarte!

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