Hoy es mejor ir directamente al grano, creo que ya sabemos lo que viene. Así que pónganse cómodos.

Capitulo 10. Clases de anatomía I

- ¿Una tarde de amigos? Casi me sorprendes. – Dijo Harriet. – Bueno, hay algo… Una vez me prometiste que me darías clases de anatomía y nunca lo hiciste. – Dijo Harriet cerrando el libro que leía. Maynard la observó por encima.

- ¿Clases de anatomía¡Vaya! Si no fuera Harriet Potter la sosa, lo tomaría como una invitación a liarnos. – Dijo Maynard. Harriet lo miró momentáneamente y con una sonrisa débil negó con la cabeza. ¿Qué diablos estaba haciendo? Una fuerza magnética le hacía actuar como tonta¿qué diablos le importaba conocer la anatomía humana? Bueno pensándolo fríamente, quizás en alguna otra ocasión podría conocer la anatomía del chico que la miraba fríamente pero con un sentimiento oculto que se delataba, la observaba atentamente de arriba hacía abajo.

- Vamos al sofá. Lo prometido es deuda. – Dijo Maynard tomando a Harriet por el hombro, ella siguió sin pensarlo. Harriet se sentó en el sofá. El se sentó a su lado y se puso cómodo.

- Bueno¿comenzamos? – Dijo Maynard aproximando sus manos a su rostro. Posteriormente sujetando la cabeza de la chica, ella sintió perfectamente sus manos largas y fuertes tocándola, haciendo contacto con su frente y cabello. – Comenzamos arriba, terminamos abajo, extremidades inferiores. Lo más fácil, en el cráneo encontramos ocho huesos, un hueso frontal, un hueso etmoides, otro hueso esfenoides, un hueso occipital, un par de huesos temporales y un par de huesos parietales. – Maynard empezaba a recordar todo lo que sabía y señalaba en la cabeza de la chica la ubicación relativa de cada hueso. - También hay numerosos músculos y algunas articulaciones.

- El hecho de que te hayas aprendido el nombre de los huesos ya es suficiente. Eres un ratón de biblioteca. – Dijo Harriet sorprendida por la fluidez con la que el chico escupía sus conocimientos. A la vez que el contacto con él la hacía sentir bien.

- Lo soy, no lo dudes. – Dijo Maynard sonriéndole continuando. Pronto afloraría el sentido de aquellas clases de anatomía, lo presentía al sentir el pulso de su amiga acelerándose – Más abajo encontramos el cuello donde encontramos siete vértebras cervicales. – Maynard pasaba una de sus manos por el cuello de la chica señalando cada vértebra y ella lo sentía por el tacto.

- He oído de ellas. – Dijo Harriet, sentía un cosquilleo en el cuello.

- En los hombros encontramos dos clavículas y dos escapulas. – Maynard esta vez usaba sus dos manos. – Además que en los brazos encontramos el húmero en la parte superior y en el antebrazo encontramos el radio y el cúbito. Luego llegamos a las manos.

- ¿Cómo puedes memorizarte todos esos nombres? Seguro que le pondrás a tus hijos esos nombres extraños. – Harriet estaba asombrada. Maynard en verdad sabía aquellos nombres. – Yo se que la mano tiene 25 huesos y mi madre me lo dijo luego del ataque.

- En realidad son 27 huesos. – Dijo Maynard tomando con sus dos manos una de las suyas. – En la muñeca tienes tus huesos carpianos que pudieron haber sido lastimados, son ocho. En la palma de la mano, denominada también metacarpio encontramos 5 huesos. El resto son los 14 huesos digitales, que forman cada uno de tus dedos.

- Que compleja es la anatomía humana. – Harriet miraba sus manos. Maynard la miró a los ojos en la mitad de su explicación. – Aunque no tan complicada como las relaciones humanas y convivencia.

- Sin duda. – Dijo Maynard resoplando. - ¿Quieres que siga?

- Si, aun faltan el tórax y extremidades inferiores. – Dijo Harriet. Maynard se acercó azarosamente colocando sus manos en la espalda de la chica, su boca estaba al lado de su oído y ella sentía que su voz la estremecía. Aquello había sido deliberado, un juego de seducción ¿Qué estaba haciendo ella? Estaba dejándose llevar.

- En la espalda conseguimos las vértebras dorsales, son doce. – Dijo Maynard a la chica que permanecía inmóvil, paseando su mano por la espalda y contaba cada vértebra con una suave caricia proveniente de sus manos. - En el tórax también se encuentra el esternón y como olvidar las costillas. – Con sus manos habilidosas este pasaba sus manos por las costillas de la chica cuidadosamente, el se apartó de su oído aunque su voz seguía siendo suave, la miró a los ojos.

Maynard ahora colocó una de sus manos en la base de la espalda de la chica. Había sido bastante ágil para hacer contacto con ella. Harriet tenía sus manos en su regazo, y en un instante se atrevió a mirar al chico a los ojos.

- Faltan las extremidades inferiores. Comenzando con la pelvis. – Dijo Maynard poniendo ambas manos en las caderas de la chica. Harriet tenía el pulso bastante acelerado, el chico estaba muy cerca de ella. Cuando el volvió a alzar su mirada, sus rostros se encontraron muy próximos.

- Hasta aquí llegan mis manos hoy. Faltan las últimas vértebras que son el sacro y el cóccix, pero no creo que haga falta señalártelos, si lo hago probablemente me abofetees. – Dijo Maynard. – Sería muy apresurado de mi parte tocarte, se te debe hacer conocido su ubicación.

- Probablemente, o quizás aprendiste anatomía solo para impresionarme y tener una excusa… o quizás solo lo estoy maquinando en mi mente. – Harriet respiraba rápidamente. Frente a sus ojos estaban los ojos grises y fríos de Maynard, podía detallar su cara, sus ojos expresivos que en la calma expresaban algo de furia contenida y su nariz perfilada, sus labios eran finos, sus mejillas simétricas, su mandíbula armonizaba su cara y el cabello quizás algo grasoso era negro azabache caía por su cara.

- ¿Podría ser ambas opciones? - Maynard la observaba cercanamente, dándose cuenta que jamás podría contar las infinitas pecas del rostro de Harriet, eran tenues, sus ojos verdes eran similares a los de los felinos, rodeados de un par de cejas expresivas y una nariz cubierta de más pecas, sus labios se veían jugosos y provocativos, sus mejillas algo rosadas. ¿Cómo se había resistido a aquello? Había dejado a un lado todas sus defensas.

Luego del reconocimiento inicial, quedaron callados unos segundos más. Maynard se acercó al fin, estaba decidido. Con sus manos sujetando la cintura de la chica se acercó. Harriet sabía lo que venía, lo había presentido desde que estaban sentados en el sofá, ella lo había buscado y estaba preparada pero a la vez estaba asustada, quería salir corriendo de allí. Maynard cerró sus ojos y se acercó impulsivamente a la chica, hasta que hizo contacto con sus labios y Harriet correspondió a aquel beso.

Era aquel el primer contacto con la boca del chico y era real. Era una descarga eléctrica que recorría el cuerpo de ambos y mezclado con una sensación placentera que aumentaba con cada segundo. Para ella, probar sus labios la tomó de sorpresa pero momentáneamente supo que aquello se sentía bien y que había valido la pena esperar, sus labios suaves que eran ágiles, la devoraban.

Maynard realmente no había pensado en el momento que decidió tomar la iniciativa, eran muchos pro y contra, ganaban los contra pero allí estaba él, cediendo a la tentación. Finalizando el juego de seducción que ambos habían comenzado, sin ser capaz de ir directamente a su objetivo (besarla). Habiendo encontrado la excusa perfecta para examinarse y tocarse, para conocerse físicamente ya que emocionalmente sabía que esperar de la chica. El sabor de sus labios, le sabía a algo nuevo y su sed se calmaba, pero la obsesión por tenerla no cedía, aumentaba a cada segundo y no la dejaría ir. Los labios de ella eran una buena recompensa. Fueron tan solo unos minutos breves hasta que se apartaron, ninguno de los dos dijo nada.

- Podríamos dejar las extremidades inferiores para otro día¿no crees? – Maynard al fin habló, ella asintió. Pero aun podía saborear el sabor que Maynard había dejado en sus labios, un sabor que sentiría como parte de ella hasta el día a partir de aquel momento.

- Creo que está bien. – Dijo Harriet. – Ya es algo tarde ¿no? Además que tenemos prohibido estar juntos.

- Yo no tengo prohibido nada, Valdemarr no me dice que debo hacer. – Maynard le sonreía, le era difícil ocultar su estado de agitación y algo de emoción.

- Eso veo. Es que me siento tan fuera de mi elemento. – Harriet temblaba. Los dos actuaban como si nada hubiese pasado.

- ¿Cuál es tu elemento? – Maynard parecía tranquilo pero sus manos estaban inquietas, no se atrevía a acercarse más.

- No lo sé. No sé nada sobre mí¿puedes creerlo? – Harriet estaba algo mareada, estaba asombrada y sudaba frío. Tenía ganas de vomitar, sabía que los nervios habían tenido origen en su atracción con Maynard. El chico parecía ocultar algo.

Harriet se levantó y tomó sus cosas, Maynard hizo lo mismo ya era algo tarde. Al despedirse y antes de ir hacía los pasillos de las mazmorras, Harriet besó a Maynard con un beso de despedida en la mejilla, esperando que Maynard se negara pero él parecía bastante receptivo.

- Por cierto, no creo que seas sosa. – Dijo Maynard sin mirarle. – Tampoco eres la chica varonil que Martha decía que eras. Eres bastante interesante y tienes un buen esqueleto, todos tus huesos están completos.

- ¿Interesante? Eso suena a decirme fenomenoide sin querer herir mis sentimientos. Di lo que quieras. Pero sigo siendo aburrida. – Dijo Harriet sonriéndole. – Pita estaba en lo cierto.

- Podemos divertirnos juntos, hoy fue divertido. Apuesto a que no recuerdas ningún hueso. – Dijo Maynard caminando a su lado.

Harriet le sonrió levemente y fue hacía el Gran Comedor, sus piernas temblaban. Maynard se quedó en las mazmorras, se sentó en el piso y miró el techo con una sonrisa. Por primera vez en mucho tiempo se sentía realizado, ahora debía fingir ante todos que las cosas seguían igual.

Harriet no podía creerlo, lo había besado¿estaba loca? Era el hijo del Profesor Snape, nadie debía saberlo pero en aquel instante no le importaba y sentía que caminaba por una nube. No podía creer que había estado besándose con Maynard, el mismo Maynard que le hizo sentir miserable a veces pasar malos ratos, pero quién le atraía sin poderlo evitar.

Nunca se sintió así con respecto a Christian, no podía dejar de sonreír. Pero debía disimular, su novio la engañaba y muchas cosas terribles pasaban en el mundo, pero ¿a quién le importaba?

- Harriet¿me estás escuchando? – Christian estaba a su lado, había estado quizás un par de minutos hablándole. Estaba en el gran comedor.

- ¿Si?

- ¿Dónde estabas?

- Estudiando… con Snape. – Dijo Harriet algo perdida.

- ¿Por qué no van a la biblioteca? Siempre estudian a solas y a escondidas. ¿Pasa algo que nadie deba ver?

- No, todo bien.

Harriet estaba sonriendo. Christian parecía algo inseguro, su mirada se fijaba en Maynard quien acababa de entrar el gran comedor, en el rostro del chico Snape no había ninguna emoción por descifrar, lucía indiferente. Se sentó solo en la mesa de Gryffindor. Sabía disimular, pensó Harriet en el segundo que sus miradas se cruzaron.

- No quiero saber del baile. – Dijo Cassie. Eloise le dio la razón.

- Pero ya compramos las túnicas en Hogsmeade. Sería una tontería no ir, además estamos obligadas. Faltan dos semanas. – Dijo Hillary. – Deberíamos tener todo listo. Martha Macinsale será la organizadora y seguro nos querrá opacar terriblemente. A pesar del despecho que carga, su carácter está irritable.

- ¿Martha¿A quién le importa Martha? – Dijo Harriet sin interés. – De hecho no me importa que haga ella en contra de cualquiera. Al menos, no hoy.

- ¿Qué ocurre Harriet? Hoy parece que el mundo no te importa. – Dijo Hillary. – Ella te robó a tu novio.

- No, no me importa mucho. – Dijo Harriet. – Ella no me robó a nadie, Christian nunca fue mío.

Severus Snape estaba reunido en su despacho, Tara Ustinov le acompañaba y hablaban en secreto.

- ¿Qué más has sabido? – Preguntó Snape.

- No puedo creer que te casaras con otra mujer apenas Florence murió. Pensé que la amabas. – Dijo Tara reprochando, ella ignoraba que Florence aun seguía viva bajo la apariencia de Marie L'Obiello.

- No entiendes. – Dijo Snape. – Es parte de un plan mayor que Florence tenía. Todo está bajo control, y si me preguntas nunca he dejado de amar a Florence. Marie mi esposa actual es simplemente…

- ¿Una fachada?

- Algo parecido. – Dijo Severus.

- No se que traigas entre manos, Severus. Pero debe ser algo bastante enorme. – Tara estaba algo agotada. – Mc Nair ha dicho que todos los profesores debemos estar presentes en el baile, pero yo seré la única junto al Profesor Ponds en la enfermería, hay tres chicos que no podrán asistir por motivos de salud.

- ¿Crees que…?

- Hay tantas cosas que sospecho. Pero los alumnos se están dando cuenta, el censo los ha irritado y no tienen entusiasmo. No parecen jóvenes y lucen oprimidos. – Dijo Tara.- He visto a Ted Weasley hablando con algunos alumnos a escondidas, piensan hacer una especie de frente.

- ¿Weasley?

- Sus padres están ocultos. Hermione Granger su madre está siendo buscada por el ministerio. Si la encuentran, seguro la torturarán por ser hija de muggles. Es descabellado.

- Por si fuera peor, el Ministerio está hecho un caos. La rebelión de los mestizos ha perpetuado ataques y muchos han muerto. Krycek del departamento de misterios murió en uno de los ataques, resultó ser fuego cruzado.

- Tu hijo es bastante parecido a ella, a Florence. – Dijo Tara sonriendo de repente. – Aunque tiene algunos rasgos tuyos, pero es un chico totalmente original. Tiene una personalidad bastante aceptable para tener apenas ¿16 años?

- Cumplió 16 años en Junio, no le gusta celebrarlo. – Dijo Severus. – Es a él quién protejo. Por Maynard aun estoy en Hogwarts. No puedo perderlo.

- Lo quieres demasiado, seguro te recuerda a Florence.

- No, Maynard es como una parte de mi que ha despertado mis sentimientos paternales. Pero no lo he llevado bien. Lo mínimo que puedo hacer es protegerle, pero no se exactamente de que. ¿De él mismo¿De Malfoy¿De quién? – Snape se sentó en su sillón. Tara suspiró.

- Si Florence hubiese sido hombre, me hubiese enamorado de ella. Y justo encuentro a su hijo, una mezcla adorable (en lo que cabe) de ustedes dos. Estoy segura que si tuviera algunas décadas menos de edad, no me importaría…

- ¡Ustinov! Aléjate de mi hijo.

- Solo bromeaba. – Dio Tara riendo. – Nunca pierdo el sentido del humor.

- Maynard sabe todo, incluso las cosas que están en juego por él. – Dijo Severus. – Lo sabe también Potter. Pero no destacan aun, no hay fuerza dentro de ellos que sea de admirar. Maynard puede hacer magia sin varita a través de sus ojos, pero no puede controlarlo.

- Florence tuvo que aprender también.

- Cuando Florence tenía la edad de Maynard, ya sabía controlar muchas más cosas. Sabía más maldiciones, pero Maynard a su corta edad tiene un concepto claro sobre el bien y el mal: no cree en ello y toma las mejores decisiones para su beneficio. Algo que yo solo entendí cuando tenía 40 años.

- Es bastante inteligente. – Dijo Tara. – En mi clase es bastante pasable, claro que tiene algunos rastros de tu carácter chocante. Es de familia. Pero se que irónicamente es uno de los mejores amigos de Harriet Potter. La nieta de James.

- Le he advertido mantenerse alejado de ella, pero creo que ha sido inútil. – Dijo Snape. – Pero entre otras cosas es lo que menos me quita el sueño.

- ¿Qué pensarían James y Lily si se enterarán que su nieta es la mejor amiga de el hijo de Severus Snape? – Tara sonreía.

- Nunca lo sabremos. – Dijo Severus.

- ¿No te has preguntado si entre ellos hay algo más que amistad?

- No quiero saberlo en verdad. No creo que haya nada, mi hijo solo se fija en chicas superficiales y mediocres. Lo que es otra calamidad más. – Dijo Snape. – Aunque debo admitir que la chica Potter, ha sido menos decepcionante a mi parecer que su padre y abuelo. No es tan arrogante y muestra una inseguridad que tapa con sus esfuerzos académicos.

- Es una Slytherin y es prefecta. – Tara miraba asombrada. – Pero no tiene la belleza que Lily tenía, es parecida a Harry, pero con los rasgos de su madre Ginevra. Es preciosa a su manera.

- ¿No esperarás que me quede discutiendo contigo si Potter me parece un buen partido para mi propio hijo? Creo que sabes lo que pienso.– Dijo Severus.

Harriet terminaba las asignaciones atrasadas, afortunadamente en la asignatura Mestizaje mágico, no había tareas sino que solo se evaluaban intervenciones. Ella había deseado desaparecer antes los comentarios racistas del Profesor Ponds sobre los muggles. Su abuela Lily había sido hija de muggles y Harriet no entendía el concepto y la utilidad de la limpieza de sangre. Hillary por ser sangre sucia, juntos a los demás marcados, tenían prohibido ver mestizaje mágico, así como historia de la magia y encantamientos. Ahora solo podría hacer algunas prácticas de pociones, asistir de oyente a transformaciones y tener clases normales en el resto de las asignaturas. Los sangres sucias poco a poco en Hogwarts iban separándose del resto de los demás aprendices de magia. Hillary disimulaba su pena preocupándose por lucir lo mejor posible en el baile venidero, pero nadie se atrevería a invitarla.

- No puedes bailar en la canción de entrada. – Dijo Martha Macinsale casi histérica. - Así que no te molestes en venir a ensayar.

- ¿Por qué? – Hillary la parecía injusto y no daría su brazo a torcer.

- Porque no tienes pareja. – Dijo Martha. – Corina y Valery tienen pareja. Amelia, Carla e incluso mi prima Daeva tienen pareja. Tu no, y es obvio… eres una troll de Slytherin.

- ¡Es injusto!

- Los que no tienen pareja deberán entrar y hacerse a un lado. – Dijo Martha volteándose.

- Entonces tú tampoco deberías participar en la entrada. Terminaste con Maynard Snape y no tienes pareja. – Dijo Hillary alcanzándola enfurecida. Harriet entraba al ensayo junto a Christian y se percató de la situación.

- Yo organizo el baile, y decido que no puedes bailar en la canción de entrada. ¡Sangre sucia¿Qué pensaría Salazar Slytherin si supiera que la escoria como tú ensucia su casa? Desaparécete de mi vista.

- ¡Lava esa boca! – Dijo Hillary apuntando con su varita. Pero Martha fue más rápida y la desarmó. Hillary cayó varios metros atrás. Harriet alcanzó la varita de Hillary indignada.

- Martha Macinsale es una perra. – Dijo Harriet sin poder ocultar su enojo.

- Creo que exageras, las normas son claras. Solo las parejas pueden bailar en la canción de entrada. ¿Cómo va bailar en la entrada al baile si no tiene pareja? – Dijo Christian al lado de Harriet.

- No entiendes. – Dijo Harriet, de un empujón hizo a Christian hacía un lado. Caminó desafiante hasta Martha Macinsale. Cassie ayudaba a que Hillary se levantara.

- ¿Qué quieres Potter? – Martha la enfrentó.

- Alzaste tu varita y la desarmaste. – Dijo Harriet. – No tenías porque hacer eso.

- Claro que si¿nos has leído las nuevas normas de Hogwarts? Los alumnos normales pueden defenderse de los sangres sucias si estos se salen de control. – Dijo Martha sonriendo. – Me defendí de su amenaza.

- ¡Sectusempra! – Harriet conjuró con su varita. Pero su varita voló de sus manos antes de que el rayo saliera. Maynard Snape la había desarmado a ella.

- ¡No, Harriet! – Maynard la alcanzó. Se acercó a ella, todos observaban la escena.

- ¿No has entendido Potter? – Martha reía. Maynard hizo que Harriet se levantara. Ella le miró con resentimiento.

- Si la atacas, Mc Nair no tendrá dudas de que eres problemática. Recuerda que estamos en la lista negra. – Maynard le decía aquello por debajo sin llamar la atención.

- No puedo vivir oprimida y ver injusticias sin hacer nada. – Dijo Harriet en voz alta. – Sabes que es injusto.

- Potter, si el director se entera que eres defensora de los sangres sucias seguro te marcará a ti. – Dijo Martha riéndose junto a Valery y Corina.

- ¿Por qué no te callas la boca Macinsale? – Maynard fue bastante severo dirigiéndose hacía Martha. Harriet tomó a Hillary del brazo, se iban a ir. Maynard le dio la espalda a Martha y fue hacía Harriet.

- No te irás otra vez con tus amigas y Maynard. – Dijo Christian atravesándose en el camino de Harriet. – No es nuestra culpa que las normas de Hogwarts hayan cambiado, se que es injusto. Pero debes quedarte al ensayo.

- No participaré entonces. Ni siquiera tu puedes decirme que hacer. – Dijo Harriet desafiándolo.

- ¡Harriet la Row Potter! Si atraviesas la puerta del Gran Comedor con Snape, olvídate de mi porque hemos terminado. – Dijo Christian en voz alta. Harriet se detuvo y lentamente volteó a verlo indiferente. Le dio una sonrisa.

- Entonces terminamos. – Dijo Harriet. – Quizás Martha quiera ir contigo al baile, si te acuestas con ella cada vez que puedes, supongo que ir al baile debe ser lo de menos. Adiós.

Todos estaban sorprendidos por tales afirmaciones, pero Harriet siguió su camino con sus amigas. Maynard pasó al lado de Christian con una mueca de lástima.

- Vaya, qué lástima por ti. – Dijo Maynard. – Lo hiciste bien campeón.

- ¡Harriet! Regresa… - Dijo Christian inútilmente. Pero Harriet ya no estaba en el Gran Comedor. Martha Macinsale estaba más furiosa que nunca, algunos la miraban.

- ¿Ustedes que ven? Muévanse a sus posiciones, el ensayo va atrasado. – Dijo Martha. Valery y Corina miraban avergonzadas, hicieron caso a su "amiga".

Harriet estaba aun furiosa, Hillary lloraba a su lado deteniéndose. Cassie y Eloise estaban calladas.

- No tenías que hacer eso por mí. – Dijo Hillary.

- No me importa el baile. – Dijo Harriet. - ¿Es que no entiendes? Nuestra sociedad es un lugar donde ahora la ley es discriminar a las personas diferentes. Pero todos somos iguales y no me importa que digan, eres mi amiga. Me importas más tu, que lo que digan alguno de ellos.

- Le dijiste la verdad a Christian en la cara. – Dijo Eloise. - ¡Vaya! Es un gran paso.

- ¡Potter¿Qué crees que has hecho? – Maynard la alcanzó al fin. Estaba algo pálido. – No sabía que te dejarías llevar por las emociones del momento y escupirías todo eso.

- Christian me dio elegir en quedarme con las personas que quiero u obedecerle a él. – Dijo Harriet. – El no tiene poder sobre mí, y no lo tendrá luego de hoy.

- Nadie habría hecho eso por mí. – Hillary abrazó a Harriet. Cassie y Eloise sonreían.

- Me sorprendes. Es el lado que no conocía de ti. – Dijo Maynard. – De verdad hubieras sido capaz de atacar a Martha y ganarte problemas.

- Quizás, porque se lo merecía. – Dijo Harriet. – Y porque mis amigas serían capaces de dar a vida por mi, yo daría mi vida por ellas.

Las chicas miraban sorprendidas, pero a la vez felices. Las cuatro se abrazaron. Maynard inspeccionó la cara de Cassie y Eloise¿Cuál de las dos había traicionado a Harriet? no tenía forma de saberlo. Una era inocente y la otra podría esconder bien los sentimientos. Harriet abrazaba a sus amigas sin saber quién la traicionaba, a pesar de todo las quería. Sentía pena por ello, pero nada podía hacer.

Harriet estaba en la biblioteca días más tarde y observó que algunas miradas la seguían por el incidente de hace unos días. Rebeca Stevens contaba el último chisme con detalles inventados agregados. Ella estaba sentada escribiendo un ensayo sobre los encantamientos para cambiar la forma de grandes objetos. Sus heridas habían sanado bastante, aunque algunos dolores de cabeza y pesadillas nocturnas le seguían día a día. No recordaba mucho y se sentía mejor estando apartada de todos. Había sabido cómo deshacerse de Christian, ahora ella debía lidiar con su vida.

Maynard venía entrando junto a Kelly Owens, quién hablaba muy interesada cargando varios libros. Ella siguió escribiendo su ensayo, los dos jóvenes se sentaron a pocas mesas de ella. Maynard parecía leer interesado varios fragmentos de periódico. Levantó su mirada y se dio cuenta que la chica estaba allí.

- ¿Harriet? No sabía que estuvieses aquí. – Dijo Maynard saludándola con la mano. Harriet levantó su mirada y le devolvió el saludo algo sorprendida.

- Estoy haciendo tareas, ensayo de… encantamientos. – Dijo Harriet.

- Yo ya terminé mis asignaciones. Estoy buscando sobre algunos registros del Profeta, noticias importantes sobre las familias de mortífagos más importantes.

- ¿Para qué?

- Nuestra investigación. ¿Recuerdas? – Maynard levantó una de sus cejas sin tratar de dar mucha información. Kelly no entendía mucho. Harriet se levantó dejando sus cosas atrás y se acercó a la mesa de Maynard.

- La familia Nott y Avery eran distinguidos mortifagos en la época en que mi padre era joven. Muchas cosas pudieron haber cambiado, estoy buscando que no haya sido así. – Dijo Maynard con una pila de periódicos viejos. Harriet parecía indiferente, en realidad estaba observando como Kelly miraba al chico con ojos ilusionados.

- Ya veo, muy buena investigación. – Dijo Harriet dándole la espalda.

- Hey¿Por qué no vienes y te sientas aquí?

- Mejor me quedo en mi mesa, no quiero saberlo aun. – Dijo Harriet sin mirar. – Por cierto¿Con quién irás al baile?

- Solo. Es lo más cercano a no ir, hubiese sido mejor eso. – Dijo Maynard, a lo que Kelly miró algo triste hacía el piso. Harriet sentía algo extraño a los celos. Volteó hacía Maynard y este no había dejado de mirarla. Harriet bajó su mirada, sus pies estaban sobre un charco.

- ¡Oh no! Debo irme, es urgente. – Harriet tomó sus cosas y voló como alma que lleva el diablo. Iba dejando un rastro de agua por el pasillo y esto la asustó más. Al detenerse al lado de una ventana observó cómo se empañaba. Sus manos estaban congeladas y sus heridas estaban abiertas

- ¡Basta! Dije basta. – Dijo Harriet sujetando su cabeza. – No quiero hacer daño. No quiero…

- ¿Harriet? – Maynard estaba a pocos metros de ella. - ¿Qué ocurre?

- Lo mismo que sucedió el mismo día que supe lo de Christian y Martha, agua helada y luego todo se congeló y los árboles murieron. – Dijo Harriet. – Aléjate de mi.

- ¿Tu eres quién hace eso? – Maynard intentó acercarse pero Harriet le repelió.

- Déjame sola.

- Mira tus heridas, están abiertas. – Maynard avanzó una vez más y abrazó a la chica, ella estaba completamente fría como una roca. No estaba muerta, estaba algo extraña. Harriet cerró los ojos y cayó en los brazos de Maynard. El la sujetó, Kelly había presenciado todo.

- ¿Qué diablos ocurre aquí? Debemos avisarle al director. – Dijo Kelly algo asustada. - ¿Está bien ella?

- Si, todo bien. No debemos decirle al director, pueden marcarla. – Dijo Maynard tratando de reanimarla. Harriet tenía las pupilas dilatadas y parecía estar volviendo a la temperatura normal.

- ¿Qué ocurre?

- No lo se. – Dijo Maynard. Harriet respiraba regularmente y abrió los ojos. Estaba en los brazos de Maynard acostada en el piso. Vio a Kelly al lado de Maynard, recordó todo.

- ¿Estás bien?

- Noviembre se teñirá de sangre. Malfoydijo eso, escucho su voz en las sombras – Dijo Harriet mirando sus muñecas, habían dejado de sangrar y se volvían a cerrar. – Algo malo va a pasar. Lo presiento.

Harriet se levantó del piso, su túnica estaba húmeda.

- ¿Algo peor de lo que ya ha pasado? – Kelly miraba algo triste.

- Esto no está bien. – Harriet se levantó, a lo lejos escuchaban algunos pasos. Maynard se apartó de ella y un grupo de chicas de Ravenclaw reían al ver a Harriet. Ella disimuló bien como si nada pasara.

- Tengo clases, Maynard luego me explicarás pociones. Estoy perdida por haber faltado a las clases. – Dijo Kelly despidiéndose. Harriet no quiso mirar a Maynard, pero él la tomó del brazo.

- A los invernaderos ahora mismo. – Dijo Maynard. Harriet no dijo una palabra pero lo siguió, a medida que caminaban por el Castillo, las pinturas se empañaban y todos sentían una ráfaga de frío invisible. Harriet respiraba profundo, no sabía qué hacer. Al caminar por el pasto en los jardines, notó que los árboles perdían sus hojas.

- Ya comenzó el Otoño, no te preocupes. – Dijo Maynard tomando su mano. Ella siguió al chico, y fueron hasta el final de los invernaderos, era un lugar cálido y húmedo.

- Soy yo… la que hizo eso.

- ¿Tu? Harriet, todos los años los arboles pierden sus hojas.

- Fui yo quién congeló la calle, las paredes, las ventanas. Todo… fui yo, yo tengo ese poder.

- ¿No lo puedes controlar?

- No, es imposible. Noto que aparece cuando estoy nerviosa, asustada o molesta. No, cuando siento todo eso al mismo tiempo. – Harriet miraba las plantas intactas y verdes dentro del invernadero. – Mira, creo que debemos hablar.

- En eso estamos. – Dijo Maynard. – Tu hiciste que Martha se resbalara, lo recuerdo. Sentías rabia y odio. Ella se fracturó un tobillo.

- ¿Por qué me besaste?

- No te besé. – Dijo Maynard sorprendido por el cambio de tema.

- Me besaste, aun tengo tu sabor en mis labios. Me besaste como ningún otro chico. Yo… - Harriet estaba algo enredada. Maynard comenzó a reírse.

- Está bien, te besé… no fue un accidente. ¿Por qué? Esa pregunta está fuera de lugar. No sabes ver lo obvio, que importa porque te besé. – Maynard la observaba y ella lo miró a los ojos.

- ¿Qué es lo obvio?

- Olvídalo, solo estás confundida. Quizás yo también. – Dijo Maynard. Harriet se paró delante de él, lo detuvo poniendo sus manos en sus hombros. Maynard no se esperaba esto, comenzó a mirar que nadie estuviese acercándose.

- Me siento como si caminara en vidrios rotos. – Dijo Harriet, Maynard no entendía bien. – Tu…

- Solo me gustas. ¿Qué hay de malo en eso? – Preguntó Maynard evitando su mirada.

- Eso no es nada obvio, sobretodo con una persona como tu que oculta realmente lo que siente.

- Tu también lo haces.

- Nunca dije que ser como yo era algo obvio, toda mujer tiene su grado de complejidad. Esto si es obvio. – Harriet jaló hacía ella a Maynard y lo besó, ella sentía que si no lo hacía iba a enloquecer. El chico siguió besándola luego de la sorpresa inicial, la abrazó hacia él y acarició su cabello. No podía creer que estaba besando a la sosa y fastidiosa hija de Harry Potter, pero sus besos no eran sosos sino más bien llenos de pasión y sabor. No se daba cuenta de lo que hacía, solo satisfaciendo sus instintos. Sus labios eran adictivos, Harriet sentía que el frío se desvanecía y que no había pensado al hacer aquel movimiento repentino. Pronto se separaron.

- Tu complejidad es innecesaria. – Dijo Maynard pasando a su lado.

- ¿Solo te gusto? – Harriet retrocedió. La pareció ver que aquellas plantas habían florecido repentinamente, pero quizás solo fueron ideas de ella.

- Ya lo dije, me gustas. – Dijo Maynard. - ¿Qué más hay que aclarar?

- No puedo creerlo. – Dijo Harriet. – Tú no tienes sentimientos, dijiste que jamás…

- Si los tengo. – Dijo Maynard Snape sintiendo que se desnudaba frente a aquella chica. – Bien guardados. Tenía muchas dudas y te mataré si le cuentas a alguien de lo ocurrido.

- Creo que tienes una imagen distorsionada sobre mí. – Dijo Harriet sonriendo por primera vez. – No soy Martha.

- ¿Hay necesidad de hablar de porque nos besamos en vez de hacerlo sin preguntarnos nada? Además no todos salen con la chica suicida, asesina que puede congelar cosas.

- No eres gracioso. – Dijo Harriet. – Un momento¿Estamos saliendo acaso?

- Bueno… Eres una chica sana, así que me temo que sí.– Dijo Maynard dando por acabado el asunto.

- ¿Una chica sana¿Cuándo me pediste salir? – Preguntó Harriet persiguiendo a Maynard, quién apuraba el paso.

- Y si no es así, quizás que estamos más cerca de salir juntos que el año pasado. ¿No crees? – Maynard parecía algo más nervioso. Harriet lo frenó sujetando su mano y él se devolvió, se miraron un segundo.

- ¿De qué trata todo esto?

- No lo sé. No creo que sea momento de tocar el tema, ya veremos. – Dijo Maynard. – Adiós, nos veremos por ahí.

Harriet quedó boquiabierta, Maynard desapareció a la distancia. Ella estaba más calmada pero ahora estaba enormemente confundida. Su situación era bastante peculiar. ¿Acaso Maynard Snape había insinuado que era el momento de salir juntos? Martha Macinsale venía junto a Ally, Corina y Valery, la clase de Herbología comenzaría pronto.

- Defensora de sangres sucias, allí estás. – Martha sonaba con mucha arrogancia. - ¿Cuántos sangres sucias has refugiado en tus brazos hoy?

- Macinsale, los suficientes como para enterrarte en estiércol. – Dijo rudamente Harriet.

- Ahora me respondes mal. Te sacaría del baile de entrada, pero recordé que te dejaron y nadie te pedirá ser tu pareja¿Quién se fijaría en ti? Solo fuiste una apuesta de Christian ¿Quién invitaría al baile a la suicida que asesinó a sus hermanos? – Dijo Martha desafiándola. – Supongo que tu lugar fue siempre sentarte en un rincón y no tratar de ser el centro de atención, aunque te suicides no vas a llamar la atención.

- La única que está al borde del suicidio eres tú. No lograste tu plan, creo que dijiste que te acostarías con Maynard así fuese lo último que hicieras, estabas obsesionada. Pero fallaste, la gente eventualmente se cansara de ti y quedarás sola. Te lo dice la "sosa" de Harriet, debe significar algo en el maní que tienes por cerebro.

- ¿Cómo supo de tu plan? – Valery chillaba. – Lo hablamos en secreto.

- Cállate Valery. Eso es mentira. Harriet, no tienes derecho…

- ¿No tengo derecho a qué? Vete a comer mierda. Aunque no creo que haya alguna diferencia, tu boca siempre ha estado llena de eso. – Dijo Harriet calmadamente y dándole la espalda. Martha quedó paralizada y temblando, no esperaba que Harriet respondiera de aquella manera.

Los chicos se reían, sobretodo Marion que estaba al borde una crisis. Hillary miraba estupefacta a Harriet con mucha admiración, mientras Ally se reía por lo bajo. Cassie y Eloise se miraban extrañadas. Jack Marshall susurraba con Anthony mientras miraban con lástima a Martha. Ella salió derramando algunas lágrimas.

- Creo que tenemos clases de herbología. – Dijo Harriet como si nada hubiese pasado.

FIN DEL CAPITULO

Nota de autor:

Bien, no saben lo que me ha costado hacer a estos dos amigos tan competitivos y accidentados decidirse por fin a besarse. Como algo natural, pero a la vez que acarrea con algunas consecuencias. Lo que viene después es algo más duro.

Lara Evans: Martha es del tipo de personas que creen que el fin justifica los medios en el amor. Ojala lo aplicara a sus estudios y dejara de copiarse en los exámenes. Christian es un galán de niñas sin personalidad, atractivo a la vista quizás, pero entre la apuesta y Harriet, terminó enamorándose a su manera pero hizo lo que no debía por estar urguido de otras cosas. Harriet ha decidido dejar su plan de venganza hasta aquí, pero… ¿Será verdad? Es posible que Harriet termine demente, es por eso que con cualquier excusa Mc Nair quiere atraparla lejos de la vista de todos. El próximo capítulo sabrás quién ha traicionado a Harriet. Ahorita veremos que tal definen Maynard y Harriet la relación que llevan o si es que tienen una. Jejeje. Saludos.

Laura: Hola Laura, actualizo lo más rápido que puedo. No te preocupes, aun queda más por venir, jiji. Espero que te haya gustado. Saludos para ti.

Lyla: Vaya, ese es el gran punto: Comunicación Social, no es para menos, una carrera donde la redacción, coherencia y ortografía son muy importantes. A mí también me fastidia encontrar fics en tales condiciones de horrores ortográficos o sin coherencia. Éxito en esa pasantía entonces. Hay buenas telenovelas, pero las cliché son las peores, espero no pecar criticando ahora y terminando en la boda multiple de todos los personajes sin match de HP. Ay no no, bodas múltiples no. Gracias por tus buenos deseos en todo, hacen falta. Saludos y nos estamos viendo.

Lupin-Tonks: Clases de anatomía, ya verás la segunda parte de esas clases. ¿Cómo que no se han liado? Ahora todo toma su curso. Martha ha salido del camino por ahora, pero no te fies es una trepadora y en cualquier momento puede volver a querer atraparnos al pobre chico. Por cierto, he pecado por no incluir a Florence, pero ella ahorita se encuentra investigando otras cosas importantes, ya sabrás que son. Espero que te siga gustando, un saludo muy cordial.

Lia Du Black: Holaaas, Mucho tiempo sin saber de ti. Bienvenida, jeje. Luego de la salida del séptimo libro yo tuve que hacerme una terapia espiritual para sacar todo eso de mi sistema y hacer como si nunca ocurrió nada. Más aun con el epilogo. Es obvio porque. Jeje. Pues gracias, me halagas, la verdad es que mientras conecto más la trama salen algunos hechos inesperados o errorcitos, pero nada grave. Hay un buen motivo para que a Harriet le pasen esas cosas y no son coincidencias, hay una mano peluda tras esto y con un objetivo. Eileen ha tomado la ventaja que tiene al ser hija de Snape y Florence, ellos le dieron los genes de inteligencia y astucia, aunque un poco descarriada, sobre ella pesan muchas cosas, el entrenamiento de Malfoy hizo que se pulieran mejor sus habilidades, ya veremos. Espero que te vaya bien, un saludo. :)