Capítulo 3.2 Diciembre 2, 22:00 pm.

Tiempo restante: 29 días.

Prácticamente se había saltado la cena y había estado leyendo cuanto libro hubiese podido encontrar en el universo muggle, acerca del sexo.

No porque no tuviese idea alguna, al respecto del tema. No precisamente. Sin embargo, las veces que había concertado y tenido una relación sexual exitosa, terminaba siendo con alguna mujer ninfómana a la que le gustaba el sexo rudo y sin compromiso. No podía decir que había tenido alguna oportunidad de acostarse con alguien y que perdiera la virginidad con él.

Y si la había tenido alguna vez, las mujeres nunca se lo habían participado expresamente. No era de su gusto, tampoco, llevar a jovencitas a la cama. Por más preciosos que sus cuerpos fuesen, no quería mala fama y mucho menos como profesor de una institución tan renombrada. Aunque seguramente, a la mayoría de las mujeres de mediana edad con las que se había acostado, les había dado clases en la institución o había estudiado con alguna de ellas.

Granger no era como ellas, estaba plenamente seguro y también, de que debía recurir a nuevas tácticas para tener éxito. Ser lo más dulce posible, aunque fuese en contra de sus principios y aunque fuese en contra de sus deseos más impuros, de simplemente desgarrar su ropa y hacerlo en cualquier parte posible.

A veces hasta se asustaba él mismo, de sus propias ideas.

- "Si se trata de la primera vez de su pareja, sea realmente cuidadoso. Trate de ser paciente y no apresure el momento, ya que ello solo provocará tensión y posterior incomodidad a la hora del coito. Asegúrele que previamente se ha realizado estudios sobre enfermedades venéreas y de estar sano, que no tiene nada que temer. En caso de lo contrario, por favor supenda la relación sexual y acuda a un médico. No exponga a su pareja y a sí mismo, a un gran peligro."

¿Enfermedades venéreas? No tenía alguna, que él supiera. Pero tampoco estaba de más asegurarse. Por su tranquilidad y la de ella. Tampoco quería matarla, solo por darle una lección.

- "Tómese su tiempo en los juegos previos, no acelere las cosas. Disfrute de su pareja y permítale disfrutar de usted. Realice juegos previos que incluyan explorar el cuerpo, besos y caricias, estimulación oral, todo aquello que relaje a su pareja, antes del momento de la penetración. Es importante que esté preparada mentalmente para dicho acto y lo más relajada posible o de lo contrario, podrá experimentar mucha incomodidad y temor a futuras ocasiones. Abrácela en todo momento y afírmele que siempre existirá un pequeño dolor, pero que se acostumbrará mientras más se relaje y más se permita disfrutar del momento. Que no piense demasiado al respecto y que simplemente se deje llevar por las diferentes sensaciones corporales."

¿Que deje de pensar? ¿Qué acaso ese libro no conocía a Hermione Granger? Estaba seguro de que como ella todo lo sabía y leía, ya conocía los pormenores del sexo y sus implicaciones. Sin embargo, no estaba mal documentarse y tomar en cuenta las sugerencias de aquellos dichosos libros. Estaba seguro de que era una mujer tan inocente como él era feliz de no escuchar a Albus Dumbledore (realmente mucho), así que tenía que ser cuidadoso.

- "El tamaño no es tan importante y nunca existe una medida que resulte agradable para todas. Mucho puede ser incómodo como poco puede ser insuficiente para el placer de su pareja. Simplemente encuentre la mejor forma de satisfacer sus necesidades mutuas, sin preocuparse por el aspecto."

Se miró en el espejo, completamente desnudo. Bueno, no tenía el mejor de los cuerpos ni tampoco la mejor apariencia, pero estaba satisfecho con un par de cosas.

La delgada línea de vello que recorría desde el pecho hasta sus genitales. Estaba seguro de que algunas mujeres lo encotraban sensual. Al menos, aquellas con las que había estado. Y también, de que tenía un buen tamaño de varita. Había conseguido satisfacerlas hasta los momentos y ninguna se había quejado de su desempeño.

Sí, tenía cicatrices aquí y allá, pero seguro también Granger y por educación, como ella jamás decía algo que pudiera ofender a otros, lo encontraba sensual y apetecible.

Quizá se tenía en muy alta estima, pero no era el mejor momento para ponerse a dudar. Tenía que actuar rápido, el tiempo se acababa.

Y más valía comenzar con una de las tácticas más antiguas, de la vieja escuela y que conocía muy bien.

Un pequeño regalo de navidad anticipado. ¿Y qué regalar a una mujer tan culta, inteligente y por sobre todas las cosas, tan malditamente suspicaz como para darse cuenta de cualquiera de sus movimientos?

Tenía que ser algo inocente que no levantara sospecha alguna y que de paso pudiera encontrar en su propio despacho, ya que no tenía tiempo para salir y comprar algo. Seguramente todas las tiendas ya estaban cerradas o quizá no, pero se rehusaba a caminar en medio de las ofertas navideñas.

Un libro, claro. Y sabía qué libro era el mejor para su plan. Se apresuró a buscar entre sus cosas y en cuanto hubo encontrado el objeto en cuestión, conjuró un par de hechizos de limpieza y restauradores, hasta que el libro lució prácticamente como nuevo.

Y decía prácticamente porque tenía que lucir como algo personal, antiguo e invaluable o ella no creería la historia.

Abrió la puerta con la mayor prisa posible y siempre mirando su reloj de bolsillo, deseando interiormente que Hermione no fuese de ese tipo de mujer, como Minerva, que siempre se acostaban temprano y muy aburridas, para darle el regalo a tiempo.

Casi puso el grito en el cielo, al encontrarla aún en el comedor y charlando con un par de elfos. No tardó en abordarla, tratando de adoptar una inocente expresión.

- Señorita Hermione, pensaba que no la encontraría sino hasta el amanecer. Escuché que se marchaba en un par de días y pensé que era el mejor momento para otorgarle un regalo de navidad adelantado.

- Pues sí, hay mucho que hacer. Pensé que no tendría el placer de volver a verlo, luego de que no se presentara a cenar. Creí que algo malo le había ocurrido. ¿Acaso escuché bien? ¿Dijo regalo de navidad?

- Estuve realmente ocupado organizando el despacho y tratando de encontrar su regalo. No fue una tarea fácil.

- Supongo que no. Papá siempre decía eso también.

Severus soltó una carcajada de pronto y Hermione sonrió. Miró el libro que el profesor de pociones le ofrecía y sus ojos brillaron al notar el título.

- Oh el famoso caso de Jack el destripador. Tantos años sin leerlo, por Merlín.

- Imaginé que sinpatizaríamos de inmediato. Lamento no haberlo envuelto, pero no soy bueno en ese asunto de regalar y pensé que quizá lo disfrutaría más de ésta forma y con una taza de té en mi despacho, mientras yo termino de organizar el resto de los libros. No me malinterprete, solo es una inocente invitación. Allí nadie podrá molestarla y podrá leer con toda la paz y tranquilidad que ese libro amerite.

- Le tomaré la palabra.

Perfecto.

El camino al despacho estuvo tranquilo y en silencio, lo que le llevó a pensar que necesitaba estudiar nuevos temas de conversación, para evitar los ratos de silencio de los que Ginny Weasley siempre hablaba.

Al entar había poca iluminación pero la suficiente como para que Hermione pudiera leer. La joven pensó ocupar el asiento de visitas, aquel que siempre le traía recuerdos de su juventud, castigada y en manos de Snape, en cuanto el hombre hizo un gesto para que ocupara la silla junto a su escritorio.

Y ella con una sonrisa y un suave "gracias", así lo hizo. Le gustaba su nueva actitud amable, una gran mejoría.

En cuanto Hermione ya había leído un par de páginas y parecía inmersa en la lectura, Snape se puso en pie y apartándose de la silla de visitas. Había estado mirándola por un par de minutos y ligeramente distraído con su comportamiento al leer. Sus dedos pasando las páginas casi sin darse cuenta, mordiéndose el labio inferior ante el suspenso y sus pupilas dilatándose ante la sorpresa.

Preciosa, sí. Pobre Weasley.

- Buscaré un par de cajas en el armario de pociones y volveré en unos minutos. Quédese el tiempo que guste.

Estaba seguro de que no le había escuchado en absoluto. Así que tomando otro libro, simplemente abandonó el despacho y sentándose en el suelo junto a la puerta, se dedicó a pasar las páginas y a leer detenidamente, mientras esperaba.

Tenía que ser el momento preciso o el plan se iría al caño. Quizá una media hora o un par de minutos más.

Se decidió por media hora y luego de transcurrido el tiempo, se dedicó a cerrar el libro y ponerse de pie, estirándose y ahogando un bostezo. Tenía que volver al despacho y asegurarse de no hacer ruido al entrar.

Y así lo hizo.

- Señorita Granger. - dijo y ella pegó un brinco de inmediato, sin darse cuenta del hombre que se encontraba detenido junto a ella y con una expresión de confusión ante su reacción.

- Oh por mi señor, me ha asustado... profesor Snape.

- Soy desagradable, pero tampoco como para que me confunda con Jack el destripador y piense que voy a matarla...

Hermione quiso responder pero simplemente se sonrojó en respuesta y Snape, con los brazos tras su espalda, se tomó su tiempo para ejecutar la segunda parte de su plan.

Con un movimiento rápido de su mano, la puerta de su despacho se abrió de repente y las luces de las velas se apagaron de un soplo, dejándolos sumidos en una total y absoluta oscuridad.

- Oh Merlín. - escuchó y realmente pensaba que Hermione era capaz de resistir el miedo a un libro de suspenso, si le gustaban tanto. Agradeció que fuese todo lo contrario y mucho más al sentir un par de brazos a su alrededor. - ¿Severus? - dijo con una vocecilla y Snape tardó un poco en contestar.

-Descuide... todo va a estar bien, ¡lumos!

La habitación se iluminó de inmediato y el profesor de pociones se preparó para adoptar su mejor expresión de sorpresa.

- ¿Se encuentra bien, señorita Hermione?

Hermione mantenía sus ojos fuertemente cerrados y sus brazos alrededor del hombre. Tardó un par de segundos en percatarse de la luz a su alrededor.

Al darse cuenta, se sonrojó de inmediato.

- Yo... lo siento tanto...

- Está bien, es algo que nos pasa a todos. - mintió y observó que Hermione se abrazaba a sí misma, ante el frío glacial que pasaba por la puerta del despacho. - será mejor que vaya a dormir, ya es muy tarde y hace mucho frío. - dijo, retirándose el grueso saco negro de su túnica y colocándoselo sobre los hombros. - le acompañaré hasta la puerta.

Hermione no dejó de sonreír ni excusarse durante todo el trayecto y Snape continuó diciendo que no había pasado nada, hasta que la joven alcanzó el vestíbulo.

- ¿Dónde diablos estuviste? Te estuve buscando por todo el castillo. - La voz de Ron, la sobresaltó de inmediato.

- Estaba dando un paseo y creo que me distraje.

- ¿Qué es eso que traes puesto, de dónde lo sacaste? - preguntó ante el abrigo, claramente mucho más ancho que su novia.

- Oh... esto. Tenía mucho frío y por casualidad, me encontré con el profesor Snape. Me lo prestó amablemente.

- ¿Te lo prestó amablemente? ¿No pudo simplemente encender la chimenea?

- No seas tonto, no puedes ponerte celoso por ésta tontería. Simplemente no se nos ocurrió.

No realmente.