Kristoff entro en el establo de la posada cabizbajo seguido de cerca por Sven. El reno se acomodó con desgano frente al comedero, resoplando al olfatear la comida y el muchacho se dejó caer sobre un montículo de heno. Doblo un poco la rodilla y apoyo un brazo en ella, reclinando la cabeza en su mano, solo para quitarla con una expresión de dolor al tocar sin darse cuenta su labio. Suspiró profundamente.
Desde muy temprano ese día había sido cualquier cosa, menos tranquilo. Sonrió recordando la primero discusión y posterior reconciliación cuando Anna por fin había comprendió que todo no había sido más que un mal entendido de su parte. Kristoff había dado gracias mentalmente que Anna parecía había olvidado lo que escucho en el establo y no lo había vuelto a interrogar y en cambio le pidió salir de palacio. Pasaron el resto de la tarde caminando por el puerto cerca de palacio, mientras Olaf seguía tratando de convencer a Anna que intercediera con Gerda para no recordaba le diera qué. Fue un paseo hermoso, hasta que Anna en un momento, frente a uno de los muelles, se había detenido en seco y repentinamente se quedó callada mirando fijamente el atracadero y los botes. Su cara se volvió blanca y pareció que estaba a punto de llorar. Quiso volver de inmediato a palacio sin más explicación y sin decir palabra. Kristoff trataba de repasar mentalmente si había sido algo que él había hecho o dicho, pero no podía recordar nada en particular, aunque estaba casi seguro que debía ser su culpa. Hablar de más lo había metido en problemas más de una vez ese día.
La cena, a diferencia el paseo, no había sido nada placentera, con un Olaf lloriqueando que no le daban a probar Rakfisk y Anna continuando sin decir palabra y tan solo mirando de reojo la silla vacía de Elsa. El muchacho sintió un nudo en el estómago al recordar a la Reina. El mismo nudo que se le había hecho cuando, al dirigirse al establo por Sven, luego de despedirse de Anna, dos guardias lo detuvieron y le dijeron que la Reina quería verle inmediatamente. Mil cosas se le habían cruzado por la cabeza camino al despacho mientras lo escoltaban los soldados, desde destierro hasta pasar el resto de su vida en un calabozo. Mil cosas, menos lo que Elsa le dijo en realidad.
Volvió a suspirar y levantándose comenzó a empacar las pertenencias que tenía en el establo.
—Bien Sven, esta será la última noche aquí…
—Espero que todo esté bien con Anna.
Kristoff salto y casi se le cae las mantas que estaba recogiendo. Se dio vuelta al mismo tiempo que Sven, y vio a la muchacha con que había chocado temprano en la mañana y que Olaf había llamado Ada, apoyada en la puerta con los brazos cruzados.
—Ah… eres tú… Ho… Hola…
—Siento haberte asustado.
—¿Qué? No, no... ¿Cómo piensas que voy a asustarme…? Solo me sorprendí.
—Ok. Siento haberte sorprendido.
—Es que no te oí llegar. Estaba empacando…
— ¿Te metí en problemas con la Princesa? — pregunto con tono algo angustiado.
—No, no… en lo absoluto. Anna es algo algo…
—¿Impulsiva?
—Si impulsiva… y a veces se arrebata y se enfada fácilmente, pero si le explicas… si le explicas ella… ella enseguida…
—Recapacita.
—Sí, recapacita y es como si nada hubiera pasado, es incapaz de guardar rencor. Es demasiado buena y dulce para guardar rencor — La cara del proveedor de hielo de Arendelle se iba iluminando mientras hablaba de la Princesa — Siempre está viendo el lado bueno de las cosas y de las personas… — suspiró.
Ada sonrió y se acercó un poco más hasta uno de los troncos cruzados que dividían los compartimientos para los animales sentándose en él.
—Me alegro. Pero si está todo bien ¿porque estas empacando?
—Es que me mudare a palacio — dijo con fastidio.
—Me parece que no te gusta tanto la idea.
—Si… no… es que… es que… en realidad Els... la Reina me había pedido varias veces que me mudara, pero yo prefería no hacerlo.
—¿Por? No muchos dejarían pasar la oportunidad de vivir en palacio…
—Si… es que… Anna y Els… y la Reina son tan amables... y me han dado mucho... y se la pasan diciendo cuan agradecidas están, pero yo en realidad… no he hecho nada para merecerlo. No me parece correcto. Siento que me estoy aprovechando.
—Ya veo… y entonces ¿porque te mudas?
—Es que la Reina lo pidió de nuevo y me dijo que, si esta vez no aceptaba, me lo ordenaría, ya que quería quedarse tranquila que cuidaría de Anna cuando ella… —se detuvo en seco recordando que Elsa le había dicho que nadie debía saber de su partida.
—Cuando ella se ausente.
—¿Qué? — casi grito Kristoff — ¿Cómo lo sabes? ¿No es por algo que dije no? — replicó angustiado el muchacho al tiempo que pensaba "yo y mi enorme bocaza".
—Tranquilo, tranquilo… lo sé, pero no por algo que tú hayas dicho. — Kristoff suspiro aliviado. — ¿Elsa debe confiar mucho en ti para encargarte a su hermana no?
—¿Qué? No lo sé. Supongo… Ella siempre dice que ayude a Anna cuando más lo necesitaba y todo eso, pero… — levanto los hombros — no lo veo como la gran cosa.
Sven miraba distraídamente a uno y otro cuando hablaban mientras comía a disgusto, recordando la comida del establo real.
Ada observo al rubio de arriba abajo e hizo una mueca.
—Desde el primer momento que nos… cruzamos, digámoslo así, que me percate de algo que en verdad me tiene intrigada de ti.
—¿De mí? — pregunto mientras sentía que la sangre le empezaba a subir a la cara.
—Si… —lo miraba algo extrañada — hueles a troll.
Kristoff se sorprendió.
—Si quieres ofenderme, déjame decirte que deberás buscar otra cosa…
—Oh, no, no buscaba ofenderte— salta del tronco y se acerca un poco más — es que en realidad... hueles a troll — repitió con tono sorprendido. — Nunca me he cruzado a nadie que huela a troll que no sea... un troll.
—Y yo no me he cruzado con nadie que supiera como huele un troll.
—Si bueno, digamos he tenido contacto una y otra vez con ellos.
—¿De verdad? No es muy común que ellos tengan contacto con nadie.
—Justamente eso hace más raro que tú huelas a troll.
—Es que en realidad, yo… yo...
—¿En realidad tu…?
—En realidad yo fui criado por los trolls.
—¿Criado por los trolls?
—Si, vivo con ellos desde niño…
—Creí que los trolls ya no raptaban niños humanos…
—¡No me raptaron! — grito, sorprendiendo tanto a Sven como a Ada— ¡Ellos me adoptaron! ¡Ellos son mi familia!
—Ok... ok… —dijo la joven, al tiempo que levantaban ambas manos— perdona.
—Yo estaba solo y ellos me dieron un hogar. – acoto algo avergonzado dándose cuenta que había levantado el tono de voz.
Ada lo miro firmemente.
—Entonces... ¿desde niño vives con los trolls?
—Si, una noche llegue al valle de las piedras vivientes y ellos me tomaron como uno más. — comento al tiempo que se volvía para seguir empacando sus cosas.
— ¿Y creciste entre ellos?
—Si.
La expresión de Ada iba volviéndose cada vez más seria.
—Creciste entre ellos, con sus costumbres… con sus hábitos…. con sus… historias.
—¿Historias? Creo que si… Bulma, mi madre — aclaro — me contaba historias como creo que todas las madres cuentan. Me relataba cuentos de árboles parlantes, de princesas y príncipes, pero las mejores eran las de Gran Pabbie. –sonrió con expresión nostálgica— Las que él contaba siempre estaban llenas de grandes batallas y guerras entre el hielo y el fuego, entre las montañas y los bosques, el mar y el cielo…
Ada lo miro seriamente, puso una de sus manos detrás y la apretó fuertemente. "No quiero hacer esto, no quiero hacer esto, pero no tengo otra opción" pensó al tiempo que de su puño cerrado se escapaban finos rayos de luz entre sus dedos.
Kristoff se volteó y sorprendió al ver a la joven en una actitud extraña.
—¿Ada? ¿Pasa algo?
Ada abrió los ojos y lo miro fijamente.
—Verdaderamente no quiero hacer esto, no lo quiero, pero es necesario.
—¿De qué hablas?
—Sinceramente espero que me perdones, pero no tengo otra opción
—¿Perdonarte? ¿Perdonarte qué?
La muchacha retiro la mano de la espalda y con el puño aun cerrado la levanto delante suyo. Volvió a mirar a Kristoff y la abrió.
—Que me perdones la carga que voy a darte. — Kristoff observo confundido la mano de Ada mientras Sven al mismo tiempo olisqueaba. Un cristal con forma de lagrima, con un intenso brillo blanco y destellos celestes y violetas claros descansaba en su palma — ¿Sabes lo que es esto?
—Creo que lo he visto antes, por lo menos, algo parecido. Es un cristal como los que tiene Gran Pabbie en su cueva, pero de otro color.
—Escucha y escucha bien. — el tono de su voz era firme, pero parecía preocupado— Pronto la Reina y yo partiremos. Si tardamos mucho en volver o tú te das cuenta de que Arendelle está en algún peligro, quiero que vayas a tierra troll y le des esto a Pabbie. Hasta ese momento debes guardarlo y no mostrárselo a nadie, absolutamente a nadie — suspiró — Si Elsa te confió su hermana, entonces yo voy a arriesgarme a confiar en ti también.
Kristoff estaba confundido, pero sintió que la joven le estaba hablando muy seriamente.
—Ok — intento tomar el cristal, pero Ada cerro su mano.
—Quiero que entiendas cuan serio es esto. — le apunto con un dedo— No tienes ni idea lo que te estoy confiando, no lo tomes a la ligera. Debes jurarme que no se lo mostraras a nadie y debes jurarme que de ser necesario harás cualquier cosa para que el líder troll lo tenga. Quiero que comprendas que la vida de cientos dependerá de eso.
—De...de acuerdo, te lo prometo — dijo con mezcla de sorpresa y temor y volvió a intentar tomar el cristal de la mano nuevamente extendida, esta vez con éxito.
"No quiero hacer esto, no lo quiero, pero siempre es necesario un plan B" pensó Ada.
