Wow vaya que me es difícil escribir conforme me acerco al final de la historia y más si sigo ideando en la siguiente historia jejejeje. Gracias por sus reviews y sus alertas, me alegra mucho poder compartirles esta historia. Espero que les agrade este chapter XD

-Hola Dr Aurelius- Con pereza y desinterés contesto a su saludo.

-Creo que he insistido mucho en que me llamaras por teléfono ¿No es así? ¿No has tenido tiempo de regresar mis llamadas?- frunzo el seño mientras el Doctor me regaña.

-Si lo sé, debí comunicarme con usted como era debido, lo siento.

-Bueno el caso es que aquí hay alguien que me hizo recapacitar sobre insistir más con mis llamadas telefónicas hacia ti.

Tomo el auricular y lo presiono con mayor fuerza, inclino de lado mi cabeza aun con el seño fruncido, preguntándome quien pudo haber insistido en que el Doctor Aurelius se comunicara conmigo. No tarde mucho en sacar mis conclusiones, fue Peeta evidentemente, aun con la distancia que el interpuso entre nosotros se preocupa por mí.

-Si Doctor, bueno ya le conteste su llamada-dije tajantemente y sin ánimos de hablar.

-Bueno dado que tu salud está a mi cargo, me gustaría que pudiésemos hablar, no se tu dime ¿de qué quisieras hablar conmigo?

-No se Doctor dígame usted que quisiera saber?- mi semblante cambia de pereza a cansancio y muchísima más pereza.

-Mmm creo que vamos a empezar con una dinámica, yo te hare preguntas y tu las contestas ¿qué te parece?- animosamente me contesta

-Está bien doctor Aurelius.-a regañadientes le contesto

-¿Has estado en contacto con tu madre?, ¿Tienes alguna rutina diaria de la cual me quisieras hablar?, ¿Has tenido algún contacto con alguna otra persona de otro distrito que no sea tu madre?, ¿Y cómo va tu relación con Peeta?-Me satura de preguntas que trato de asimilar una por una.

Trate de contestarte una por una lo más rápido posible dado que no me gusta mucho y no se me da mucho el hablar con las personas. Cuando evito el tema de Peeta el entiende de tajo el porqué excluyo dicho tema.

Sus llamadas son regulares, acordamos que una vez por semana sería suficiente, hay veces que me desespero y trato de acortar la llamada lo antes posible. El bien sabe que no me gusta hablar, no quiero recordar la muerte de Prim, la ahora inexistente conexión que tenia con Gale, la lejanía de mi madre, y ahora la actual ausencia del chico del pan.

Conforme pasa el tiempo esta rutina de las llamadas se hace ya un habito, trato de seguir sus consejos, se que debo tratar de volver a la vida que tenía antes, de vivir el día a día, de tener un propósito por el cual vivir.

En una ocasión hablando con el Dr Aurelius le comento sobre el libro de plantas de mi familia, el cual hizo mi padre, le comento que este a parte de su chaqueta de piel es lo único que me queda de el, y son uno de mis tesoros más preciados. El se queda pensativo tratando de meditar sobre mis palabras y me comenta que el libro es una buena forma de pasar conocimiento a través del tiempo y que mi padre apreciaba tanto la sabiduría sobre las plantas que quiso plasmarlo para las posteridad, me quedo meditando sobre sus palabras y le pregunto si él cree que sería buena idea el poder escribir un libro sobre lo que he pasado, es decir un libro donde se haga constar lo que he vivido y por todo lo que he pasado hasta llegar al día de hoy. El piensa que es una buena idea, que me serviría de terapia, y que tal vez este libro de memorias pudiese pasárselo a mis hijos en algún momento de mi vida. Cuando sugirió tal cosa no pude más que aguantar la risa, puesto que esta chica a la cual veo día a día frente al espejo, llena de tristeza, de dolor, de cicatrices físicas y emocionales no es el prototipo de madre.

Hay ocasiones en las que mis pesadillas no me dejan dormir lo suficiente, tanto así que paso la noche en vela, postrada en mi cama en compañía de Buttercup. Cada día parece interminable, sobre todo si no tengo mucho que hacer durante el día.

Suelo pasar el día en el Quemador, ayudando a Sae a entretener a su nieta mientras ella va a casa de Haymitch, otras veces solo voy vagando por las calles de la Veta o de la Ciudad, hay veces que voy a visitar a Haymith y nos quedamos postrados en el sofá callados, tratando de encontrar un tema de conversación que no se relacione con Peeta. Creo que al fin y al cabo las personas con las que convivo en la actualidad se han dado cuenta que estoy dejando de lado dicho tema, puesto que ya he comprobado que el no va a volver a mí y que debo aprender a vivir sin él.

Han pasado ya semanas y los restos de la nieve se disipan poco a poco haciendo la entrada a la primavera. Un día salgo de casa temprano con un bolso para el botín de la caza, mi carcaj de flechas, mi arco y la chaqueta de piel de mi padre, mientras salgo por el umbral de la casa abro la chaqueta en la cual se encuentra mi insignia del Sinsajo, la llevo conmigo porque de cierta manera me recuerda a Cinna, el que aunque era parte del Capitolio siempre aposto por mí, el que siempre estuvo conmigo llevándome a la arena, tratando de que su chica en llamas volviera invicta.

Decido que esta vez es una buena oportunidad de adentrarme más al bosque, siento la necesidad de estar en contacto con este aire cálido que empiezo a inhalar conforme camino, siento como si el bosque fuera una parte de mi, una extensión de mis brazos, de mis piernas, de mis sentidos.

En mi paso por este, alcanzo a tener como botín unas 4 ardillas y un par de conejos, para ser temprano creo que ha sido una buena idea pasar por aquí. Decido que sería buena idea pasar por unas raíces comestibles y tal vez algunas bayas. Cuando empieza mi recolección noto que hay unas bayas bastante singulares detrás de un arbusto que se encuentra a un costado mío, decido verificar de que tipo son y antes de tomarlas con mis manos el recuerdo de la voz de mi padre me aborda… por segunda vez Estas no, Katniss, nunca. Son jaulas de noche, estarías muerta antes de que te llegaran al estomago.

Tomo unas cuentas entre mis manos, las examino un poco y las guardo en el bolso de mi pantalón.

Cuando llego a lo que antes era la Pradera, esta poco a poco deja entrever que empieza a enverdecer, me siento feliz como si una parte de mi también lo hiciera. Me siento en la sombra de un árbol dejando a un lado mi bolso de caza, el carcaj de flechas y mi arco. Tomo como almohada provisional la chaqueta y la deposito debajo de mi cabeza. A lo lejos puedo divisar un ave conocida por mi… empiezo a silbar un gorjeo y este me imita. Una sonrisa se forma en mi rostro y noto que a un lado de mi oído se asoma por la solapa de la chaqueta mi insignia del Sinsajo. No sé cuánto tiempo ha pasado mientras me doy cuenta que he estado cantando todas las canciones que me había enseñado mi padre sin parar y para regocijo del Sinsajo que aun sigue en su misma posición él me imita sin tapujo alguno.

Disfruto de los rayos del sol que se asoman entre las hojas de aquel árbol que se encuentra frente a mí y que apenas empiezan a llegarme a mi rostro. Cuando poso mis brazos en mis costados ciento un bulto dentro del bolso de mi pantalón. Saco su contenido y recuerdo que son las Jaulas de Noche, las tomo en la palma de mi mano. Recordando aquel día en que gane mis primeros juegos del hambre.

Estas Jaulas de Noche dieron el inicio de la Rebelión, llevándose consigo la vida de Peeta a su paso, me doy cuenta lo egoísta que fui en ese momento, quería que el Capitolio aceptara que nosotros habíamos ganado sus juegos porque habían concedido la victoria a dos tributos a la vez. Quería que se dieran cuenta que no podían manipularnos, quería demostrarle al Capitolio que no le pertenecía y que era más que una pieza de sus juegos. Ahí entendí el enfoque de Peeta, pero al tratar de vernos como los Amantes Trágicos no me di cuenta que fue cuando Peeta me estaba salvando de nueva cuenta, si al tratar de suicidarse conmigo, el no quería ganar a consta de mi muerte y me siguió la corriente con mi actuación, así nos salvábamos los dos. No me había percatado que una vez más le debía mi vida a Peeta Mellark.

Mientras empiezo a rodar las bayas de una mano a otro tratando de analizarlas aun mas…. Me llega a mi memoria que estas bayas en forma de capsula hicieron que Peeta me salvara de nueva cuenta en mi segundo intento de suicidio una vez que yo había lanzado una flecha mortífera contra la Presidenta Coin. Recuerdo que mientras me apartaban de el, Peeta me decía que no podía dejarme ir…

Aferro las bayas a mi pecho y las sostengo mientras mi sollozo es inminente.

Pareciera que él estuviera predestinado a compartir conmigo más que unas hogazas de pan en un día de lluvia, estábamos marcados por el amor no correspondido de mi madre a su padre, por aquel diente de león, por los juegos del hambre, por las tantas veces que uno quiso salvar al otro sin importar la propia muerte. Miles de imágenes que compartimos juntos se me vienen a la mente. Los comentarios de Snow sobre mi fallido intento de convencerlo sobre mi amor por Peeta, Haymith me decía que yo no me merecía el amor de Peeta así viviera cien vidas, cuando Prim me consolaba por el secuestro de Peeta, cuando Finnick me decía que yo si quería a Peeta solo que yo aun desconocía de qué forma y cuando le pregunte a este ultimo -¿Te enamoraste de Annie desde el primer momento, Finnick?

-No….Los sentimientos aparecieron casi sin darme cuenta.

Rebusco de nueva cuenta en mi corazón…..

Empiezo a oír a lo lejos una voz que reconozco, me agita desesperadamente y fija su mirada sobre la mía mientras mi visión borrosa por el sueño también se posa sobre la suya.

-Katniss….