Los derechos son compartidos entre RICHELLE MEAD y nikkafuza.


Capítulo 9. There You Go

So you say you wanna talk, let´s talk

If you won´t talk I´ll walk, yeah, it´s like that

Got a new man, he´s waiting out back

Now what, whatcha´ think about that?

There You Go – Pink!


Pretendí que Dimitri no se sintiera incómodo durante nuestra cena de compromiso, me mantuve cerca todo el tiempo y lo presenté con todos.

Nos sentamos en los sofás que se encontraban en un rincón lejos del salón, tratando de huir un poco de aquel movimiento. He vuelto a mirar completamente maravillada.

No sabía que los rusos podían ser tan… no encuentro la palabra exacta… ¿detallistas, tal vez?

– Pareces distraída – Dimitri comentó jugando con el anillo en mi dedo.

– Lo estoy, un poco – Admití – No sabía que la decoración rusa podía ser tan alegre.

– ¿Te gusta? – Indagó acariciando mi mano izquierda, luego la llevó a su boca y depositó un suave beso en el anillo.

– ¿Qué haces? – Arrugué el ceño. Estábamos solos ahí, no necesitábamos fingir nada – ¿Dimitri? – Sentí que mi cuerpo se tensó cuando se acercó, dando otro dócil beso a mi hombro antes de subir a mi oreja, provocando que mi corazón se acelerara.

¿Este ruso perdió el juicio?

– Solo estoy provocando a Nathan Ivashkov – Susurró en mi oído con una sonrisa en la cara, al mismo tiempo que me esforzaba por no sonrojarme – No ha dejado de observarnos ni un minuto desde que llegamos. Lo siento…

Se alejó mientras yo intentaba disimular mi vergüenza ¡Mierda!

– ¿Sigue mirando? – Pregunté.

– Él no es el único – Dimitri frunció el ceño. Vi en la dirección indicada solo para encontrarme a Adrian con una mirada poco amigable hacia nosotros.

– ¿Qué es eso? – Señalé la construcción estampada en el panel de la pared a nuestro lado.

– Es la Catedral de San Basilio, en Moscú – Me explicó extrañado por mi súbito cambio de tema.

– Es bonita – Dije.

– Quizá puedas conocerla algún día – Observó la imagen – Tendremos que hacer un viaje de luna de miel…

– Si planeas llevarme a Rusia para nuestra luna de miel, desiste – Provoqué – No quiero terminar atrapada en la nieve, teniendo un oso como compañía.

– Eso no va a suceder – Se rio.

– Ciertamente no, porque no iremos a Rusia – Contesté sonriendo.

– Todavía tendremos dos años por delante – Aseguró – Puedo convencerte.

Lo observé por un momento, ¿cómo debe sentirse estando tan lejos de casa? Es nuestro compromiso y no hay nadie que conozca, tuvo que dar por teléfono una noticia importante para su familia ¡Eso parece terrible!

– ¿Vivías en Moscú? – Lo cuestioné al notar su mirada fija en la imagen.

– No – Negó – Crecí en Baia, un pueblo en Siberia.

– Parece ser un lugar horrible – Lo provoqué.

– Es un lugar hermoso – Devolvió.

– ¿Es ahí donde vive tu familia?

– Sí – Confirmó – Mi madre y mis hermanas.

– ¿Solo ellas? – Indagué tratando de descubrir algo sobre su padre.

– Sí – Desconversó, tal vez sea mejor que le pregunte en otro momento.

– Dame tu celular, camarada – Pasé totalmente de tema al notar su incomodidad.

– ¿Qué? – Frunció el ceño – ¿Para qué?

– Necesitamos una foto – Apunté lo obvio.

– Te diste cuenta que tu padre contrató un fotógrafo que toma fotos de los dos a cada minuto, ¿verdad? – Bromeó entregándome su móvil.

– Pero esta será para tu madre y hermanas – Le guiñé, acercándome para tomar la foto.

La cena fue anunciada y luego de ocupar nuestros lugares en la mesa, mi recelo sobre la gastronomía rusa regresó con fuerza. Teníamos dos opciones de entrada y platos principales; el menú me pareció confuso y no tenía idea de qué pedir.

– ¿Quieres ayuda? – Dimitri se inclinó hacia mí.

– Si eso significa que no voy a terminar comiendo crustáceos o algo parecido, sí quiero ayuda – Hice una mueca.

– Nosotros no comemos crustáceos, Rose – Rodó los ojos.

– Estos nombres no son exactamente normales – Apunté.

– El Borsch es tradicional – Explicó señalando uno de los nombres – ¿Sabes lo que es?

– Dudo que puedas hacer que Rose coma remolacha – Mi madre declaró. Ella estaba sentada directamente delante de nosotros y nos miraba con curiosidad.

– Si consigues hacerlo, liberaré la casa en los Hamptons para que ustedes pasen el fin de semana – Abe sonrió.

– ¡Rose! – Lissa exclamó – Debes aprovechar esto…

– De ninguna manera – Respondí con una mueca – No sueñes con ello.

– Sabes que hace tiempo no los dejo volver ahí sin supervisión – Abe incitó.

– ¿Qué hiciste? – Dimitri irguió una ceja.

– Fue solo una fiesta que se salió de control – André expresó – Cosa de niños.

– Tú y tus amigos depredaron completamente la casa – Mi baba estrechó los ojos observando a Lissa, Christian y Adrian que parecían avergonzados.

¿Tienen que revelar mis irresponsabilidades de adolescente en medio de mi cena de compromiso?

– Sin contar la cantidad de alcohol que se encontró en la casa – Janine completó.

– Eso sucedió hace casi diez años – Lissa se quejó – No fue justo prohibirnos volver ahí.

– Ya que tuve que pagar cien mil en la reforma de aquella casa, creo que fue un castigo bastante justo – Opinó Eric.

– Yo no estuve en la fiesta y aun así fui castigado de la misma manera – Adrian reclamó.

– Ellos eran tu responsabilidad – Janine sentenció – Y en lugar de eso, los dejaste solos y te fuiste a un bar con André.

– En nuestra defensa, estuvieron locos al dejarnos bajo la responsabilidad de estos dos – Habló Christian.

– Tengo hambre – Dije, ya cansada de aquel asunto, mientras Dimitri nos miraba con curiosidad. Debe estar imaginándose que se está involucrando con la persona más frívola de la faz de la tierra – ¿Qué puedo comer que no tenga remolacha?

– Ensalada de salmón – Dijo.

– Comeré eso entonces – Murmuré haciendo una mueca ¿Papá no se pudo haber encaprichado más con el menú?

Esperábamos las entradas a la vez que mi baba continuaba insistiendo con la historia de la remolacha, y Lissa y Christian intentaban convencerme para que aceptara, esperanzados por un fin de semana en la playa.

– Tienes historias interesantes – Dimitri susurró en mi oído.

– Calla, camarada – Giré el rostro en su dirección.

– Solo tengo curiosidad – Bromeó.

– ¿Van a casarse y no conoces ninguna de las historias de tu novia? – Adrian insinuó.

– Conoce lo suficiente – Interferí antes de que Dimitri respondiera, dándole una mirada dura a Adrian – Él sabe quién soy hoy, no me resumo a las fiestas locas en las que participé cuando fui adolescente.

– Rose, huyes del asunto – Liss imploró – ¡Tenemos que ir a la playa!

– No voy a comer sopa de remolacha, Lissa – Rodé los ojos.

– No es mala, deberías probarla – Dimitri sugirió al recibir su plato.

– Ni lo pienses – Protesté observando mi ensalada, pensando en cómo comer aquello – No me gusta la remolacha.

– Sí él te conociera realmente, no habría pedido una ensalada – Adrian rumoreó al lado de mi madre. Yo voy a matar a ese idiota – Tú odias cualquier cosa verde.

– ¡Adrian! – Reñí.

– Lo siento – Dimitri comentó desconcertado – Voy a pedir otra cosa para que comas.

– ¡No es necesario! – Exclamé – Aquí no hay solo hojas, tiene el salmón.

– Es extraño que no lo sepas – Nathan nos observó con una sonrisa victoriosa.

– No fue su culpa – Solté – Camarada, solo había dos opciones y yo no quise la remolacha, no tenías cómo saberlo…

– Yo lo sabría… – Adrian continuó, provocando que Dimitri se retirara y un clima tenso se apoderara de la mesa.

– ¿Cuál es tu problema? – Gruñí tan pronto como él se alejó.

– Él no te conoce – Contestó – Tú mereces a alguien que te conozca de verdad.

– No eres tú quien lo decide – Amenacé – No está obligado a conocer cada detalle…

– Creo que debería saber que su novia no come ensaladas – Insistió mientras todos seguían en un silencio incómodo.

– Y pienso que eso es algo que no te afecta, chico – Abe le lanzó una mirada dura.

Todos permanecieron en silencio, haciéndome desear estar en cualquier otro lugar en aquel momento. Estuve a punto de levantarme e ir detrás de Dimitri cuando volvió al salón con un plato en las manos, seguido por uno de los camareros. Quitó mi ensalada, se la entregó al mesero y colocó otro plato en su lugar.

– Medallón de langosta con trufas – Reveló – Lamento lo de la ensalada.

– Gracias, Dimitri – Sonreí, esto sí tiene buena pinta.

– Eso fue tierno – Lissa interpretó – Me gustaría que Christian fuera así.

– Yo nunca me equivocaría así – Ozera protestó.

– Él no se equivocó – Los interrumpí, inclinándome y besando el rostro de Dimitri.

– Opino que para celebrar podríamos ir a la playa – Lissa comentó esperanzada, intentando suavizar el ambiente.

– ¿No vas a desistir con eso? – Rodé los ojos, cortando un pedazo de la langosta.

– Solo cuando logro lo que quiero – Tarareó.

– La propuesta aún sigue en pie – Abe se burló.

– Creí que la propuesta se trataba de que Belikov la convenciera de probar – Adrian murmuró mientras revolvía su ensalada de salmón.

– Voy a arrojar el Borsch en tu cara – Lo amenacé al mismo tiempo que Dimitri lanzaba una mirada enojada hacia el muchacho.

Dimitri pasó su brazo por mi hombro, tirándome en su dirección antes de bajar a mi oído – Rose, si lo haces por mí, te querré más – Musitó acariciando suavemente mi hombro. Su respiración en mi cuello me provocaba escalofríos; aparentemente la provocación de Adrian durante buena parte de la noche finalmente surtió algún efecto – ¿Qué dices? – Colocó un poco de Borsch en su cuchara luego de darme un beso suave en la mandíbula, haciéndome estremecer.

¿Cómo hace eso? Yo no tendría cómo negarme, probablemente comería el plato entero si él continuaba con aquello.

– Ok… – Balbuceé al mirar sus ojos. Una sonrisa convencida surgió en su cara mientras Lissa celebraba y la mirada de Adrian se volvía aún más rabiosa.

– ¿Realmente vas a comer eso solo porque él te lo pidió? – Mamá me cuestionó sorprendida, hasta mi padre parecía perplejo.

– Abre la boca – Dimitri habló con voz suave. Sin romper el contacto visual obedecí mecánicamente, tratando de no sentir el sabor de la remolacha – Ahora engulle, Rose.

Una ola de excitación recorrió mi cuerpo al ver la sonrisa victoriosa del ruso.

¿Qué está haciendo conmigo?

¿Qué podría hacer conmigo? Mis ojos inmediatamente se enfocaron en su boca, nosotros aún no nos hemos besado delante de nadie… ¿deberíamos hacerlo, no?

¿En qué estoy pensando?

¿En qué está pensando? Continuó con la mirada atada a la mía, olvidándose de las demás personas en la mesa. Una raspadura de garganta acabó llamando nuestra atención, haciendo que me alejara inmediatamente de él al notar nuestra situación.

– Eso fue… intenso – Daniela Ivashkov expresó mirándonos.

– Belikov, cualquier daño en mi propiedad será descontado de tu salario – Abe desconversó, luciendo incómodo por la situación.

– No se preocupe – Dimitri aseguró sonriendo – Soy responsable.

– Eso suena como aburrido – Adrian rumoreó.

Intentamos mantener un clima templado durante el resto de la cena. Dimitri eligió mi plato principal, una especie de pastel cocido relleno con repollo y cebolla, con un nombre prácticamente impronunciable. No estaba mal. Aparentemente mi pavor por la cocina rusa era un poco infundado, a pesar de haber odiado el Borsch.

Todos pasaron a elegir entre los dos postres disponibles: una masa húmeda rellena con cerezas o pudín de chocolate.

– Hey, estaba decidiendo – Me quejé cuando Dimitri retiró el menú de mis manos.

– Ya escogí por ti – Me aseguró.

– ¿Cómo?

– Cuando fui a elegir tu entrada – Dijo – Pedí el postre…

– ¿Qué has pedido? – Lissa curioseó animada.

– Espero que haya sido algo con chocolate – Adrian provocó – Todos saben que a Rose le encanta cualquier cosa de chocolate.

– Sé qué tipo de postre le gusta a mi novia – Dimitri sonrió – Gracias por preocuparte – La llegada de los dulces terminó interrumpiendo el pequeño debate – ¿Te gustó? – Sonrió mientras yo admiraba el pedazo de pastel de queso con frutos rojos y chantillí.

– ¿Es en serio? – Me reí – ¿Realmente te acordaste?

– ¿Se acordó de qué? – Janine frunció el ceño, observando mi pastel de queso.

– En mi primer día de trabajo Dimitri me pidió un café sin chantillí – Expliqué – Fui por el café y compré una rebanada de pastel de queso con frutos rojos para mí – Dije con una sonrisa espontánea en la cara, obteniendo la atención inmediata de todos en la mesa – Pero me olvidé de pedir que no pusieran chantillí en su café – Continué – Entonces, al final, me hizo sacar todo el chantillí y lo puse encima del pastel.

– Es una bella historia – Rhea sonrió.

– ¿Qué tiene de bello eso? – Adrian se quejó – Se equivocó y él la castigó por eso.

– Me encantó – Sonreí mirando a Dimitri. Y realmente lo había adorado.

No puedo creer que se acordara después de tanto tiempo. Yo ni siquiera pensé que me prestara atención como para saber que me gusta el pastel de queso.

– Rose, no seas aburrida – Lissa exclamó – Debes agradecerle apropiadamente.

Sí, sería extraño si no le agradeciera. Dimitri sonreía mirándome; tenía el brazo apoyado en el respaldo de mi silla, de forma que no era difícil inclinarme y darle un beso en la boca.

Y al igual que la última vez, la sensación de su beso me envolvió inmediatamente, provocando que llevara mi mano hasta su cabello, enredando mis dedos ahí. Sin embargo, Dimitri terminó separándose tan pronto como la intensidad de nuestro beso comenzó a aumentar, haciéndome ansiar por más.

Mierda, esto no puede suceder… no puedo sentirme así cada vez que me bese.

– Con permiso – Sonreí saliendo de la mesa. Necesitaba apartarme un poco para normalizar los latidos de mi corazón. Caminé hasta el pequeño pasillo que había cerca de los sofás, entrando al baño. Comprobé mi maquillaje en el espejo, lavé mis manos y traté de recomponerme para volver al salón. Salí unos minutos después, topándome con Adrian apoyado en la pared a medio pasillo – ¿Vas a seguirme ahora? – Rodé los ojos.

– Solo quería conversar – Se incorporó acercándose – Tú y Belikov parecen estar cerca.

– ¿Qué esperabas, Adrian? – Respiré profundo, apoyándome en la pared – ¡Es nuestra cena de compromiso!

– Pero sabemos que no es real – Apuntó haciendo mi exasperación subir.

– ¡No sabes nada! – Solté.

– Rose, ¿desde cuándo nos conocemos? – Preguntó.

– Desde siempre – Crucé los brazos.

– ¿Crees que no sé cuando estas mintiendo? ¡Te enseñé a mentir! – Rodó los ojos – ¿Estás tratando de convencerme de que han vivido una gran historia de amor a causa de un pastel de queso?

– No pretendo convencerte de nada – Murmuré, separándome de la pared.

– Quieres ayudarlo, lo entiendo – Insistió – Pero pensé que me darías una oportunidad en algún momento.

– Adrian, eres mi amigo y siempre lo serás – Respiré profundamente – Pero me voy a casar te guste o no.

– Puedes pensarlo mejor, pedacito – Suplicó acercándose.

– Ya te dije que no me llamaras así – Reñí.

– Rose, hablamos de tu vida – Expresó – Tienes veinticuatro años y ya te vas a casar… mira, sé que tu fiesta de compromiso no es el mejor momento para hablar de esto…

– ¿Lo crees? – Le pregunté con ironía.

– Puedo pasar a tu casa después – Sugirió.

Me di cuenta de que Dimitri surgió en el pasillo, se encontraba lo suficientemente cerca para oír la conversación. Tengo que poner un punto final a esto.

– No voy a estar en casa – Caminé hacia el ruso. Adrian se giró para ver a Dimitri parado allí y por la mirada del ruso, oyó al menos parte de nuestra conversación. Me anidé en él lo que más pude, lanzándole una mirada desafiante a Adrian – Hoy voy a dormir en casa de Dimitri, ¿no es así, camarada? – Sonreí al sentir que Dimitri pasaba su brazo por mi hombro, tirándome hacia él.

– Volvamos – Murmuró – Nos están esperando.

Regresamos en silencio al salón, Dimitri parecía malhumorado mientras yo estaba tan incómoda por aquella escena.

– ¿Escuchaste nuestra conversación? – Susurré después de unos minutos de silencio.

– Después hablamos de esto – Musitó.

Pasamos el resto de la noche en silencio, yo forzaba una sonrisa cada vez que alguien se dirigía a mí, pero mi cabeza se encontraba atrapada en el mal humor de Dimitri.

¿Está celoso? ¿O está fingiendo? ¿O simplemente no le gusta ver a otro hombre invadiendo su territorio?

– Rose, ¿Belikov te llevará a casa? – Janine preguntó – ¿O prefieres volver en nuestro coche?

– Ella va a dormir en su casa – Espetó Adrian – ¿No es así, Rose?

¡Mierda! Eso era solo para él; yo no planeaba dormir realmente en el apartamento de Dimitri… ¡no tengo ropa ahí!

– Sí… – Balbuceé – Voy a dormir en su departamento…

– Bien… – Mi padre declaró.

– Si a ustedes les incomoda esto, puedo ir a casa – Sugerí.

– Como si nunca hubieras pasado la noche fuera – Papá bromeó.

– Mientras no nos hagas salir del estado para ir a buscarte a una comisaría, no nos molestamos – Mi mamá aseguró.

– Fue tan incómodo volver a la escuela al día siguiente – Christian se rio.

– Vamos camarada – Murmuré llevándolo hacia la salida.

– ¿Qué sucedió? – Inquirió.

– Esa es una historia que puede ser completamente olvidada – Musité avergonzada. Dimitri me guio en silencio hasta el coche, aparentemente su humor no había mejorado – Estás callado – Susurré luego de un tiempo.

– No lo estoy – Respondió haciéndome rodar los ojos.

– Oíste mi conversación con Adrian… – Confirmé.

– Sí…

– ¿No dirás nada? – Le reclamé después de otro momento de silencio.

– ¿Qué quieres que diga? – Me dio una mirada atravesada – ¿Quieres que me disculpe por estar oyendo tu conversación con tu novio?

– ¡Adrian no es mi novio!

– Tal vez deberías decírselo a él – Dimitri volvió a mirar el camino.

– No sé si te diste cuenta, pero pasé gran parte de la noche haciéndolo – Bufé.

– ¿Lo hiciste? – Murmuró.

– Mira, quizás sea mejor que me lleves a mi casa – Reclamé.

– ¿Quieres llamarlo y avisarle que estás en camino? – Dimitri ironizó – Estoy seguro de que va a estar esperándote en la puerta y va a estar más que dispuesto en ayudarte a salir de mi coche.

– ¿Realmente estas celoso? – Elevé la voz.

– No estoy celoso – Volvió a murmurar.

– ¿Y qué es esto entonces? – Provoqué.

¿Está celándome? ¿De verdad?

– No me gusta – Farfulló.

– ¿Entonces te estas desquitando conmigo porque él no te agrada? – Rodé los ojos – ¿Y todavía dices que no son celos?

– Yo no siento celos por ti, Rosemarie – Me lanzó una mirada dura – Puedes salir con quien tú quieras, no me importa.

Esa frase me incomodó más de lo que debería, pero en lugar de demostrarle mi molestia, decidí ocultarla con actitud – ¿Puedo salir con quien quiera, siempre y cuando no sea Adrian Ivashkov? – Acusé – ¡Estás siendo ridículo!

– ¿Quieres salir con él? ¡Sal! – Elevó la voz – Pero creo que tengo derecho a saberlo con anticipación.

– ¿Tienes el derecho? – Me burlé.

– ¿Tienes idea de cuán incómodo fue estar ahí en medio de desconocidos? – Respiró profundamente – ¿Teniendo a ese cretino pomposo encima de ti a cada minuto?

– ¿De qué se trata entonces? ¿Tu gran orgullo masculino fue herido? – Culpé con rabia.

– No es cuestión de orgullo y lo sabes.

– Llévame a casa, Dimitri – Vi su edificio surgir ante nosotros – No voy a dormir aquí contigo cuando estas actuando de esta manera.

– No – Respondió.

¿Cuál es su problema?

– ¿Por qué no?

– Porque no vamos a pelear en la noche de nuestra cena de compromiso – Me explicó respirando profundamente.

– ¿Estás loco? No sé cómo sean las cosas en Rusia, pero ¿qué crees que está pasando aquí? – Volví a rodar los ojos mientras él se estacionaba.

– Ok, lo siento – Suspiró – Vamos a hablar bien sobre esto.

– ¿Ahora quieres hablar? – Salí enojada del auto.

– ¿Cómo esperabas que reaccionara? Él pasó toda la noche encima de ti – Protestó rumbo al ascensor – ¡Te siguió hasta el baño!

– Él es mi amigo, Dimitri – Crucé los brazos – Lo conozco desde siempre.

– ¿Has tenido algo con él? – Preguntó directamente.

– ¡Qué importa! – Reté – Tú mismo dijiste que no sientes celos por mí.

– No los siento – Confirmó provocando el aumento de mi irritación – Tienes el derecho de relacionarte con quien quieras, ese fue nuestro acuerdo ¿no?

– Eres un idiota – Murmuré, saliendo del elevador cuando las puertas se abrieron en el quinto piso.

– ¿Quieres que sienta celos? – Avanzó hacia el departamento.

– No – Volví a cruzar los brazos – Solo es… no sé explicarlo.

– ¿Tú sientes celos de mí? – Se detuvo fuera del departamento e irguió la ceja.

– ¿Cómo? – Me confundí.

¿De dónde sacó eso? ¡Es él quien se queja, no yo!

– Me pediste que no me involucrara con nadie que conocieras – Apuntó. Dentro pude oír los pasitos apresurados de la perra – ¿Tienes celos?

– Claro que no – Rodé los ojos – Ya te lo expliqué, no quiero a nadie que me conozca riéndose de mí por estar cogiéndose con mi marido.

– ¿Y cómo crees que me sentí hoy? – Alzó las dos cejas, lanzándome una mirada significativa – Nadie sabe que no estamos realmente juntos ¡Y lo único que vieron fue a ese maldito sobre ti todo el tiempo! – Me quedé pensativa un momento mientras Dimitri abría la puerta del apartamento, siendo recibido alegremente por la corgi que saltaba a sus piernas. Mirándolo por ese lado, realmente debe haber sido horrible para él ver a Adrian sobre mí a cada minuto y resaltando cada error suyo – ¿Vas a quedarte en el pasillo? – Dimitri preguntó desde la cocina.

– Lo siento – Pedí entrando al departamento. La perra pronto corrió hacia otro lado, ¿cuál es el problema de estos bichos conmigo? El gato de mi baba actúa de la misma manera.

– La elección es tuya – Se encogió de hombros, tomando una botella de agua de la nevera – Si quieres quedarte en el pasillo…

– ¿Quieres dejar de actuar como un engreído? – Exclamé caminando a la pequeña cocina, parándome directamente detrás de él – Estoy tratando de resolver las cosas.

– ¿Cómo exactamente planeas resolver las cosas, Rose? – Se giró, arrinconándome contra el desayunador.

– Lamento mucho lo que pasó en la cena – Intenté alejarme un poco, quedando completamente pegada a la barra – Entiendo cómo te sientes…

– No quiero estorbar en tu vida, Rose – Suspiró – Si sientes algo por él…

– ¡No lo siento! – Lo interrumpí mordiendo mi labio inferior – Adrian solo es insistente, si sintiera algo no esperaría para ser su novia después de siete años de intentos suyos por aceptar algo con él.

– ¿En serio?

– No tienes que preocuparte por Adrian Ivashkov – Le aseguré con el corazón acelerado. Dimitri estaba tan cerca de mí, a menos de un paso de distancia. Este realmente no es el momento para recordar aquel beso.

– ¿No? – Se acercó más, apoyándose del desayunador detrás de mí, prendiéndome entre él y la barra.

– No – Miré sus ojos sintiendo mi corazón acelerar… no deberíamos seguir este camino; aquí en este momento – Él es aburrido, solo eso – Antes de que cualquier cosa pudiera suceder, la perra corrió ladrando hacia mí – ¡Dimitri! – Hui usándolo como escudo ¿Qué le ocurre a ella?

– Libby – Dimitri la reprendió, haciendo que se alejara malhumorada – Lo lamento, nunca lo había hecho.

– Ok… – Me alejé normalizando los latidos de mi corazón.

Tal vez haya sido mejor así, si sucediera algo entre nosotros habría sido un error.

Creo que Dimitri siguió la misma línea de pensamiento, ya que se alejó inmediatamente, caminando hacia la sala – Puedes dormir en mi cama – Comentó observando la ventana – Voy a quedarme en el sofá.

– Gracias – Comencé sin saber cómo actuar – ¿Tienes algo que pueda usar?

– ¿Cómo? – Esto acabó atrayendo su atención nuevamente.

– No voy a dormir con un vestido así – Le expliqué.

– Sí, claro… – Entró en su habitación – ¿Te importaría dormir con una camiseta mía? Te quedará larga.

– Será perfecta – Concordé siguiéndolo, intentando huir de la perra que me miraba en la habitación, tomando la camiseta que él me ofrecía.

– El baño es en esa puerta – Indicó – Siéntete como en casa.

Caminé en la dirección indicada, observando el baño del ruso. Si eligió la decoración de este departamento, definitivamente tiene buen gusto. Me libré del vestido, soltándome el cabello y peinándolo con un peine, obviamente de Dimitri, que encontré sobre el lavamanos. Me puse su camiseta, esforzándome por quitarme totalmente el maquillaje y cuando me di por satisfecha, salí del baño.

– Hey camarada, tenías razón – Comencé siguiendo hacia la sala, buscándolo – Parece un vestido en mí; no sabía que eras aficionado de los Bucaneros… – Me callé inmediatamente al encontrarlo hablando por teléfono ¿Con quién hablará a esta hora? ¡Ya casi es media noche!

Él se giró en mi dirección, evaluándome por un momento.

– Sí Karo, es ella – Respiró profundamente. Fruncí el ceño, ¿quién es Karo? ¿Y por qué quiere saber quién soy yo? – ¡Estamos ocupados ahora! – Rodó los ojos – No me importa lo que Vika diga… – Sentí una punzada de curiosidad invadirme ¿Quién es?

Me senté en la cama, observando al ruso. Oyó por unos segundos más antes de aceptar y colgar el teléfono, respirando profundamente, girándose en mi dirección.

– ¿Está todo bien? – Pregunté al notar que Dimitri llevaba la notebook a la habitación.

– Bueno, pasé esta noche con tu familia – Comentó – Ahora, tú vas a conocer a la mía…


¿Quién dijo celos?

¿Alguien más está odiando a Adrian con todo su ser?

Espero les haya gustado el capítulo de hoy; nuestra pareja favorita cada vez se encuentra más cerca del altar... ¿será?

Como siempre, gracias por leer, seguir y comentar.

Nota: por causas de fuerza mayor, no podré actualizar pronto. Pero prometo que en ocho días tendrán nuevo capítulo.

Saludos a Guatemala.

Besos, Isy.