Disclaimer: Harry Potter, y los Dioses del Olimpo, son propiedad de J.K.R, y Rick Riordan.
En el capítulo anterior mencione que el cuchillo de Tracey era de Bronce celestial. Me equivoque. No es de Bronce celestial, sino de Plata divina (que sería el mismo material con el que están echas las armas de las cazadoras.)
Me sorprende que nadie reparase sobre el pequeño guiñó que hice en el anterior capítulo sobre la película Fantasía de Disney; cuando menciono que la escoba de Harry podrían surgirle brazos, cogería dos cubos de agua, y se pondría a limpiar. Aunque supongo que es normal. La película es de 1940 o por ahí.
Ahora si, vamos con el capítulo X.
También mencionar que en este capítulo habrá algo de contenido erótico, como alguna que otra palabra algo subida de tono.
La cabeza de Harry quedó recostada sobre el frío muro de piedra. Con pereza, contempló a Tracey y Daphne. La hija de Afrodita estaba sentada con las piernas cruzadas sobre un escritorio, con su túnica descansando al lado de ella. Daphne también se había quitado la túnica, dejándola colgada de un perchero que había allí. Paseaba arriba y abajo de la sala, y Harry pudo notar que estaba nerviosa. Harry, por su parte, estaba sentado en el suelo, apoyado contra el muro de piedra de la clase. Él, al igual que sus amigas, se había desecho de la túnica, junto al jersey gris del uniforme, de manera que tenía su camisa blanca, junto a la corbata verde y plateada.
Acababan de terminar la clase de Pociones, donde Snape había intentado sabotear a Harry otra vez, seguramente frustrado de que el chico se hubiese librado del castigo. Por supuesto, Harry no le hizo caso, y consiguió terminar la poción con tiempo de sobra. El profesor murciélago había tirado la poción de Harry "por accidente" al suelo, con la intención de ponerle un cero. Pero Harry había estado un paso por delante, y había encantado la botellita de cristal, para que fuese irrompible. Enfadado, Snape había obligado a Neville a quedarse después de clase, para recoger y limpiar los desperfectos.
Aquello le iba bien a Harry, ya que aún no sabía como explicarle al chico todo el asunto de los dioses. El ruido de la puerta abriéndose, reveló que Neville acababa de entrar en la sala.
La expresión de su rostro era del estilo: "Oh, Dios. Me van a matar." Harry pudo ver como Daphne bufaba (ella aún no estaba muy convencida de que el chico fuese el legado de Ares), mientras Tracey le sonreía con amabilidad.
-Muy bien, Neville -dijo Harry, poniéndose de pie-. Dime, ¿que sabes acerca de los dioses griegos?
-Que eran una especie de fuerzas sobrenaturales, que gobernaban varios aspectos, como el fuego o el agua -respondió Neville. Harry hizo una mueca-. Pero son solo invenciones...
Un trueno resonó en la sala.
-Ten cuidado con lo que dices -le advirtió Tracey, mirando el cielo, un poco nerviosa.
-Lo que has dicho, es más o menos correcto -dijo Harry-. Pero los dioses no solo se limitan a gobernar. Ellos controlan todos los aspectos de la vida.
-Hablas como si fuesen reales -murmuró Neville.
-Es que son reales -resopló Daphne. Harry le lanzó una mirada de advertencia, antes de girarse hacia el chico de nuevo.
-Daphne tiene razón -explicó Harry-. Los dioses son bien reales. El tipo que nos encontramos anoche, era Ares, el dios de la guerra -Neville abrió la boca para protestar, pero Harry levantó la mano-. Escucha ahora, habla luego. En ocasiones, los dioses tienen una pequeña aventura con mortales, y de esa unión nace lo que se conoce como semidiós o mestizo. Tracey es hija de Afrodita, diosa del amor -Tracey hizo un gesto-. También es posible de que un semidiós tuviese descendencia. Los descendientes estaba relacionados con un dios, pero no de manera directa. Ellos son conocidos como legados, como por ejemplo, Daphne, que es legado de Apolo, dios del sol. Aunque también es posible, que un mestizo sea semidiós y legado a la vez. Por ejemplo, yo, soy hijo de Hades, dios del Inframundo, y legado de Hécate, diosa de la magia -Harry tomó aire-. ¿Lo entiendes?
-Creo que sí -respondió Neville, tras unos segundos de vacilación. Harry asintió.
-Muy bien, por que no me apetecía explicarlo de nuevo -bromeó el chico-. Como ya te he dicho, el hombre de anoche era Ares, quien te reconoció como su legado. Así que alguien de tu familia, sea hijo o hija suyo...
-Mi abuela -respondió Neville, al instante-. Es muy ruda. Además, muchas veces habla de su padre como si estuviese vivo.
-Es posible -admitió Daphne.
-Bueno -dijo Tracey, alegremente-. ¿Pasamos a la segunda parte de la clase?
-¿Segunda parte? -preguntó Neville, nervioso.
-¡Oh, sí! -exclamo Harry, sacando su lanza de Hierro estigio. Neville retrocedió un par de pasos-. ¡Entrenamiento con lanza! Vamos, Longbottom. ¡Saca la tuya!
Reprimiendo un gemido, el chico sacó su lanza de Bronce celestial.
Fue casi a la hora de la cena, cuando abandonaron el salón de la clase. Neville iba haciendo leves gestos de dolor, que se intensificaron cuando Harry le palmeó la espalda.
-Anímate, Neville -el dijo el legado de Hécate-. Lo has hecho genial para ser tu primera lección... No tan bien como yo, por supuesto, pero por algo se empieza...
-Ten cuidado de no caerte por tu ego, Potter -se burló Daphne. Harry, con una actitud muy madura, le sacó la lengua, mientras Tracey reía. Neville los observaba, incrédulo.
-¿Pensabas que los Slytherin eramos unos tíos serios. que solo hablaban de magia oscura? -preguntó Tracey, viendo la expresión de Neville. El chico se sonrojo, haciendo que Harry y Tracey riese, y Daphne negase con la cabeza.
Los cuatro se encaminaron al Gran Comedor, siendo observado por una gran cantidad de alumnos, que los miraban en estado de shock. Por supuesto, la calma no iba a durar para siempre, y antes de llegar al interior del Gran Comedor, fueron detenidos por alguien.
-¡Neville!
-Dioses del Olimpo. ¿Es que Weasley vive en el Gran Comedor? -oyó Harry que decía Tracey detrás suyo.
-Es lo más probable -replicó Daphne. Harry rió por lo bajo. Weasley se acercó a ellos.
-Neville, ¿qué haces con ellas? -preguntó, poniendo una mueca al ver a Tracey y Daphne. Luego se fijo en Harry, y sonrió-. Ya veo. Intentando liberar a Harry de su magia oscura, ¿eh?
-Ron, te equivocas -dijo Neville-. Tracey y Daphne no han hecho nada.
Ron lo observó con incredulidad.
-¡También han usado magia oscura contigo! -exclamó, al final.
Es más idiota de lo que pensaba pensó Harry. Pero antes de que alguna de las chicas pudiese replicar, un chico alto y pelirrojo, con el emblema de prefecto de Gryffindor, se acercó a ellos.
-¿Qué son estos gritos, Ron? -preguntó el prefecto, severamente.
-¡Percy! -exclamó Weasley-. ¡Estas dos serpientes han hecho magia oscura para controlar a Neville, junto a Harry!
La expresión del prefecto, Percy, era claramente de: "Dios. Mi hermano es gilipollas."
-Pasa adentro, Ron -ordeno Percy Weasley.
-Pero...
-¡Ahora! -Weasley entró, refunfuñando en voz baja. Percy Weasley se giró para encararlos-. Pasad vosotros también.
Así que los cuatro entraron en el Gran Comedor, marchándose Neville hacia la mesa de Gryffindor; y Harry, Tracey y Daphne a la de Slytherin. Claro esta, tenía que estar el idiota de turno allí.
-Eres la vergüenza de Slytherin, Potter -gruñó Malfoy-. Siendo amable con el squib de Longbottom. Ese chico es la vergüenza del mundo mágico.
-Yo no hablaría, Malfoy -replicó Harry-. ¿O te has olvidado de tus amiguitos?
-Por lo menos Neville es capaz de hacer magia. Y ni a Crabbe ni a Goyle les he visto aún haciéndolo -dijo Tracey con sorna-. Así qué... ¿quién es la vergüenza de Slytherin, Malfoy?
Malfoy soltó un gruñido, y se marchó junto a Crabbe y Goyle.
Faltaba solo una semana para que el mes de octubre acabase, y Harry seguía sin su cabeza de monstruo.
Caminaba por uno de los pasillos del séptimo piso, casi deseando que algún monstruo apareciese de la nada. No vio a ninguno, pero si a su amiga Tracey, quien se acercó corriendo a él.
-¿Estás bien, Tracey? -preguntó Harry, viendo que su amiga estaba bastante colorada-. ¿Tienes fiebre?
-No, no. Estoy bien -respondió Tracey, jadeando-. Necesito hablar contigo, a solas.
Harry le dio un rápido vistazo. Se había quitado la túnica y el jersey del uniforme, de manera que llevaba su camisa blanca y la corbata con los colores de la serpiente. Se había desabrochado los dos primeros botones de la camisa, lo que le daba a Harry una vista del escote de la chica. El hijo de Hades tenía que admitir que su amiga estaba algo más desarrolladas que las compañeras de su curso.
-Em... vale -aceptó Harry.
Harry siguió a Tracey a una aula cercana, y cuando Harry cerró la puerta, Tracey se abalanzó sobre él, besándolo.
-¿Tr... Tracey? -tartamudeó Harry, separándose de su amiga, en shock.
-Necesito que me ayudes -le susurró Tracey al oído, mordiéndole el lóbulo de la oreja. Harry soltó un gemido-. Necesito que me ayudes a bajar este calor que tengo. Necesito que me hagas tuya.
-¿D-d-de qué hab-hab-hablas? -tartamudeó Harry, al más puro estilo Quirrell.
-A que estoy muy excitada, y necesito que me folles -le susurró Tracey, besando su cuello. Harry gimió de nuevo, notando como su amigo empezaba a levantarse-. De eso estaba hablando.
La hija de Afrodita se separó de él y, con un rápido movimiento, se quitó la camisa y la corbata, quedando solo con un sujetador azul. Guiñándole el ojo, se lo quitó, quedándose desnuda de cintura para arriba.
-Tracey, solo tenemos once años -consiguió decir Harry, mientras veía como la chica se arrodillaba delante suyo, y le acariciaba el bulto que tenía en su entrepierna.
-¿Y? -dijo ella, quitandole el cinturón a Harry, y empezando a juguetear con el botón del pantalón...
Hubo un destello rosa, y Tracey cayó desmayada al suelo.
-¿Quién eres? -preguntó Harry a la mujer que acababa de aparecer. Era una mujer de extraordinaria belleza. Tenía el cabello rubio y los ojos azules. Tenía un increíble parecido a Daphne, aunque también habían detalles en su rostro de Daphne, como la nariz. Y el tono de su piel, era parecido al de Piper...
-Soy la madre de Tracey, Afrodita, hijo de Hades -se presentó la diosa. Harry reprimió un gemido. ¿Es que todos conocían su existencia?-. No todos saben de tu existencia, Harry Potter. Zeus, Hera, Apolo, Atenea y Artemisa aún no saben de ti.
-Eso es un alivio -murmuró Harry, mirando a Tracey-. ¿Qué le ocurre?
-Es algo que les suele suceder a mis hijos cuando entran en la adolescencia -explicó Afrodita, mientras le introducía un caramelo azul en la boca a su hija-. Los adolescentes tienen las hormonas revolucionadas. Pero, con mis hijos, eso es mucho más fuerte. Tienen la tendencia de querer mantener relaciones sexuales con quien les dé la gana, ya sea hombre o mujer.
Mientras Afrodita hablaba, la mente traicionera de Harry le mandó una imagen de Tracey y Daphne besándose con muy poca ropa encima. Sacudió la cabeza.
-Estos caramelos bajan el nivel de excitación -explicó la diosa del amor, dándoselos a Harry-. Cuando veas que le sube, dale uno de estos.
-Sin problemas -sonrió Harry. Afrodita le dirigió una sonrisa, antes de darle un beso en la frente a su hija y desaparecer con un destello rosa.
Harry suspiró. Aún seguía algo contento. Bien podría menearsela como un mandril salido, o...
Cogió uno de los caramelos azules, y se lo comió. Fue como tragarse un cubito de hielo. Pero el efecto fue instantáneo. Dando un suspiro, Harry se quitó la túnica y arropó a Tracey con ella. Después, la cogió en brazos, y se recostó en una de las paredes, con Tracey, aún dormida, en su regazo.
-¿Sucede algo, Neville? -preguntó Daphne al legado de Ares.
-Estoy preocupado por Hermione -admitió Neville. Al ver la cara de confusión de los otros tres, Neville se apresuró a explicarse-. Hoy, en la clase de Encantamientos, Ron y Hermione han formado pareja. El caso, es que a Hermione le ha salido bien el encantamiento, y Ron la insultado por ello. He oído que esta llorando en el baño de las niñas.
-Que desconsiderado por parte de Weasley -murmuró Tracey, abrazando por detrás a Daphne. Los ojos de Harry se abrieron cuando vio que las manos de Tracey empezaban a descender a la falda de Daphne.
Esta, sacó un caramelo azul (que Harry había repartido entre todos), y se lo metió a Tracey en la boca. Tracey se separo del legado de Apolo, completamente sonrojada.
-Lo siento -susurró Tracey. Harry sacudió la cabeza para eliminar de su mente el momento lésbico que había estado a punto de presenciar.
-Vamos adentro -sugirió Harry-. Me muero de hambre...
-Ya te pareces a Weasley, Harry -se burló Daphne, pero igualmente se encaminaron hacía el Gran Comedor.
El Gran Comedor estaba decorado con cientos de calabazas gigantes que flotaban en el techo, y por el salón volaban murciélagos vivos. Como las calabazas ocupaban el techo, los murciélagos tenían que volar por lo bajo, de manera que comer resultaba algo incómodo.
Snape, dile a tu familia que se vaya a otra parte pensó Harry desesperado, cuando el tercer murciélago de la noche se estrello contra su cabeza.
La fiesta de Halloween iba con normalidad (si no se tenía en cuenta los murciélagos, que habían decidido que las jarras de zumo de calabaza eran unos retretes geniales) cuando la puerta del Gran Comedor se abrió, y Quirrell entró corriendo, con el turbante torcido y cara de terror-
-¡Trol en las mazmorras! -gritó con una voz llena de pánico. Demasiado pánico para ser normal-. ¡Trol en las mazmorras! Pensé... que tenía que avisar.
Y acto seguido, cayó al suelo...
Hola gente,
décimo capítulo de nuestro semidiós/mago favorito.
Antes de que me lancéis tomates virtuales, en el capítulo anterior mencione la fiesta de Halloween... ¡En ningún momento dije algo de un trol salvaje! Así que he cumplido.
La escena entre Harry y Tracey, me reí mientras la imaginaba. Queráis o no verlo, resulta un poco graciosa. Pero descuidad, la pareja de Harry será Daphne, así que tranquilos.
Bueno, en el siguiente capítulo, el enfrentamiento contra el trol, Harry conseguirá lo que Ares le ha estado pidiendo, aparecera un nuevo nombre en juego y... ¡NAVIDAD! Así que este capítulo lo subiré el veinticinco de diciembre...
¡Era broma!
Se despide,
Grytherin18.
