Casi como puedo, aprieto el acelerador a toda velocidad, atravesando Nueva York hasta llegar al hospital. Aparco el coche, y salgo corriendo hasta llegar al ascensor, subiendo hasta la quinta planta.
Veo a Santana a lo lejos, de espaldas. Se da la vuelta y me mira, corriendo hacia ella y abrazándola.
-San…¿Qué ha pasado?-Digo separándola. Ella niega y me sonríe.
-No es nada grave, Quinn.-Dice separándose de mí. Me quedo mirándola, esperando a que siga con la explicación.-La hemos operado de apendicitis, no tienes por qué preocuparte.-Dice sonriendo.
-Ya, San, pero es mi hija.-Digo terminando la frase con un suspiro apoyándome contra la pared.
-Entra a verla, anda. Le he dicho a Shelby que aún no podía entrar a verla para que entraras tú. Bueno, os dejo a solas.-Dice. ¿Os dejo? Miro hacia atrás, y Finn está detrás de mí. Me abrazo a su cuello, suspirando. Me agarra de la cintura y se agacha para que no me tenga que poner de puntillas para abrazarlo.
-¿Qué ha pasado?-Dice separándose de mí.
-Han operado a Beth de apendicitis.-Digo abrazándome a él.
-Pero cariño, Beth está bien. No es grave…-Dice sonriendo y quitándome el pelo de la cara.-Venga, entra a verla.-Dice mirando la puerta de la habitación. Suelto sus manos y me dirijo hacia la habitación, abriendo la puerta.
Beth está tumbada en la cama, mirando al techo con las manos cruzadas. Al darse cuenta de que alguien entra en la habitación, levanta la cabeza sonriendo.
-¡Mami!-Dice alzando la voz. Me acerco a ella, que se incorpora para abrazarme. La abrazo, sosteniendo su cabeza entre mis manos y volviéndola a tumbar en la cama, dándole un beso en la cabeza.
-Hola, peque.-Digo acariciándole la mejilla, sonriendo. Ella me agarra de la mano, apretándola.-¿Cómo estás, Bethy?
-Bien, aunque me escuece un poquito la herida.-Dice mirando hacia abajo.
-No pasa nada, luego se cura.-Digo sonriendo. Pongo el bolso encima del sillón, sacando un precioso peluche de un conejo rosa claro, con dos grandes orejas y se lo pongo encima de ella.
-¿Es para mí?-Dice. Asiento sonriendo.
-Te lo compré para cuando nacieras, pero… Te perdí demasiado pronto.-Digo mordiéndome el labio inferior. Beth coge el peluche y lo abraza.
-Gracias mami.-Dice dándole un beso en la cabeza al conejo.
-¿Sabes? A mí a tu edad también me operaron de apendicitis. Me dolía muchísimo y casi no podía andar. –Digo acariciándole la cabeza. Ella sonríe y vuelve su mirada al nuevo peluche guardado desde hacía años.
-¿Ha venido Finn?-Vuelve la mirada hacia mí. Asiento y sonrío.-Quiero verle.
Abro la puerta de la habitación, llamando a Finn, que está apoyado sobre la pared y se sobresalta al ver que lo llamo.
-Quiere verte…-Digo sonriendo. Finn abre los ojos, sorprendido, y pasando hacia dentro conmigo. Se sienta en el borde de la cama, al igual que yo pero en el lado derecho, dándole un beso en la cabeza a Beth.
-Hola, pequeña.-Dice sonriendo.
-Hola Finn. ¿Has visto mi nuevo peluche? Me lo ha regalado mamá, se llama Señor Orejas.-Dice mirándolo y dándole un besito al peluche. Finn levanta la mirada hacia mí, sonriéndome.
-Es muy bonito, sí. –Dice acariciando él también la cabeza del peluche.
-El otro día me lo pasé muy bien en la playa.-Dice sin dejar de acariciar el peluche. Miro a Finn, que levanta la cabeza hacia mí y sonríe.
-Nosotros también, ¿verdad, Quinn?-Dice con una pizca de malicia en su expresión. Pongo los ojos en blanco sonriendo, volviendo a mirar a Beth.
Santana abre la puerta, asomando la cabeza.
-Eh, familia feliz, tenéis que iros.-Dice sonriendo. Le damos un beso en la frente a la pequeña, que se engancha a mi cuello abrazándome.
-Adiós, Beth.-Digo saliendo de la habitación con Finn.
Salimos por la sala de espera, agarrándolo de la mano con la cabeza agachada.
-¡Eh! ¿¡Qué coño haces tú aquí!?-Me grita alguien desde detrás. Me doy la vuelta, y no puede ser otra. Shelby. Me acerco hacia ella soltándome de la mano de Finn.
-Ver a mi hija.-Le suelto con frialdad.
-¿Tu hija? Más quisieras tú que fuera tu hija.-Dice poniéndose la mano en la cintura.
-¿Quién se pasó dos horas en una cama dando a luz a Beth, Shelby? ¿Quién la llevó nueve meses en su vientre? ¿Quién después de nueve años sigue pensando en ella cada día, y en por qué no está conmigo? Yo. Aunque la hayas criado, Beth no te ve como a una madre, y eso lo sabes de sobra. Te reconcome por dentro la idea de que su madre sea yo, y para Beth sólo seas la mujer que vive con ella.
-Cállate.
-¿Qué me calle? No, no me callo. Porque ya he sufrido bastante por Beth. Primero, me quedo embarazada, luego, mis padres me echan de mi casa y a continuación no quieres devolverme a mi hija… Estaba harta de no poder verla, de no saber dónde vivía, de nueve años mirando su foto cada noche.-Concluyo dándome la vuelta y saliendo fuera del hospital. Finn corre detrás de mí, cogiéndome del brazo y abrazándome. Me apoya en su pecho, dándome un tierno beso en la cabeza.
-¿Estás bien?-Me pregunta.
-Enfurecida.-Digo cogiendo su camiseta con el puño.
-He de confesar, que me has puesto mucho.-Levanto la cabeza riéndome al mirarlo y abrazándolo.
-Tenía ganas de soltárselo hacía nueve años. Me he quedado muy… Tranquila.-Digo mirándolo y suspiro. Me coge de la cintura y me pega a él, comenzando a besarme lento y profundo a la vez, haciendo que cierre los ojos y ponga las manos en su pecho.
-Echaba de menos besarte.-Susurra entre mis labios, sonriendo.
-Y yo…-Digo sonriendo en voz baja.
-¿Te lo pasaste bien en la playa?-Dice arqueando una ceja, mordiéndose el labio, esta vez sí, con malas intenciones.
-Oh, sí… Sobre todo la parte en que…-Digo mordiéndome el labio y mirándolo desde abajo.
-¿En que…?
-En que hicimos el amor…-Digo mirándolo fijamente.
-Me pones mucho…-Susurra en mi oído, haciendo que su boca roce mi oreja.
-Finn, estamos en medio de la calle… Y esas provocaciones… -Digo sin terminar la frase, saliendo corriendo hasta el coche, y metiéndome en él a la vez que Finn.
-Pues a mí tus provocaciones mira lo que me hacen..-Dice sentado en el asiento del conductor, cogiendo mi mano y poniéndola por encima de sus pantalones notando su erección. Meto la mano por debajo de su pantalón, por encima de su bóxer apretando su miembro, haciendo que jadee.-Quinn, vamos a casa.-Dice retirando mi mano de su entrepierna y arrancando el coche.
Conduce a toda velocidad por la ciudad, echando la cabeza hacia atrás en cada semáforo. Me acerco a él, mordiéndole el lóbulo de la oreja, haciendo que eche la cabeza hacia atrás, jadeando.
-Quinn, no…-Susurra. Mi boca baja hacia su cuello, y mi mano vuelve a su entrepierna.-Tenemos que llegar vivos…-Dice quitando mi mano de su entrepierna y volviendo a arrancar el coche.
Llegamos al aparcamiento, donde me saca del coche y me coge de la mano, llevándome a rastras hacia el ascensor. Cuando entramos en él, me coge por los muslos, comenzando a besarme con voracidad, con ansia, metiendo su cabeza en mi cuello y su boca entre mis pechos.
Salimos del ascensor, y abre como puede la puerta de su apartamento conmigo en brazos, hasta que lo consigue y me tumba en el sofá. Ahora sí, dirijo mi mano a su entrepierna, acariciando su miembro por encima del bóxer. Sus manos se dirigen a mi sexo cubierto por la fina tela de la ropa interior, húmeda, que comienza a acariciar suavemente, haciendo que jadee al sentirlo. La mano que queda libre, pasa a mi espalda, bajando hasta abajo la cremallera del vestido y sacándolo por completo tirándolo al suelo. Su mano traspasa mi ropa interior, quitándola y tirándola al suelo, comenzando a estimular mi clítoris con su dedo pulgar haciendo movimientos circulares. Me quita el sujetador, tirándolo al mismo sitio que mi vestido, dejándome completamente desnuda, y comenzando a succionar cada resquicio de mis pechos, cada curva, cada hueco que hace mi piel, cada recoveco lo cubre con su lengua, retándome.
Introduce un dedo en mi centro, probándome, haciendo que suelte un pequeño gemido al notarlo. Aumenta el ritmo, e introduce otro dedo tumbándose encima de mí, haciendo que le quite la camiseta. Comienzo a morder sus labios, y él me hace un corte en los míos, pero me da igual, sigo besándolo, bajando por su mentón, lamiendo su cuello lentamente, mordiéndolo entre gemidos.
Llevo mis manos hacia su pantalón, desabrochando y llevándome con los pantalones su bóxer, dejando su erección libre. Coge su pantalón del suelo y a mí en brazos, llevándome hasta su habitación, tumbándome en la cama. Coge un preservativo del pantalón, y se pone de rodillas frente a mí en la cama, estimulándose a sí mismo. Rompe el envoltorio, y se coloca bien el preservativo, levantando la mirada hacia mí.
-No quiero correr riesgos…-Dice excitado.
Se acomoda entre mis piernas, comenzando a rozar su miembro con mi sexo, lentamente mientras me besa. No aguanto más, y me pongo encima de él a horcajadas, introduciendo con mi mano su miembro en mi sexo, comenzando a moverme encima de él. Me acarro a su cintura, viendo como entorna los ojos de placer, al igual que yo que miro hacia el techo. Sus manos se enredan con las mías, y a continuación van a parar a mi trasero.
Finn comienza a moverse debajo de mí, sujetándome por las caderas, levantando su pelvis del colchón para poder penetrarme. Me despega de él, haciendo que me ponga debajo, y esta vez sí, colocándose entre mis piernas comienza a penetrarme con fiereza. Mis manos van a sus brazos, que desgarran su piel. Me agarra de la cintura, poniéndose de rodillas, y moviendo sus caderas a un ritmo vertiginoso, haciendo que mis gemidos de placer sean consecutivos, sin un segundo de descanso.
Finn jadea, gime, gruñe de excitación, llevando su mano a mi clítoris a la vez que me penetra para estimularme. Al sentir esto, doy un grito seguido de un gemido, sintiendo cómo se apodera de mí el placer, pero no puedo. Tengo que aguantar un poco más. Se para para respirar, para tomar aire, y comienza a hacer movimientos circulares en mi interior con su miembro, pero eso no me ayuda a respirar, hace que gima aún más alto, y sienta cómo vuelve a penetrarme con fuerza, haciendo que me agarre al cabecero de la cama. Quita mis manos de ahí, y las pone en su espalda para que lo desgarre, y lo hago. Y Finn grita mordiéndose el labio inferior, quitando su mano de mi clítoris y llevándola a mis rodillas para poder embestirme mejor. Y lo hace, con más fuerza si cabe. Se inclina sobre mí, tumbándose, mordiéndome el cuello y dejando marcas por él y por mis pechos. Baja su boca hacia ellos, mordiendo mis pezones haciendo que gima aún más, que desgarre su espalda y Finn gima alto, y yo ya no puedo más.
-¡FINN!-Grito justo antes de que mi cuerpo se despegara del colchón, pero Finn sigue penetrándome fuertemente, haciendo que el orgasmo perdure unos segundos más, hasta que el gemido de Finn se escucha en toda la habitación, junto con mi gemido, haciéndose uno.
Cae rendido a mi pecho, los dos con las respiraciones agitadas, casi sin poder decir nada. Paso mi mano por su pelo, cerrando los ojos y mirando al techo.
-Quinnie… Te quiero…-Susurra con la respiración entrecortada.
-Dios, Finn…-Él levanta la cabeza, saliendo de mí y tumbándose a mi lado. Me quita un mechón de pelo de la cara, dándome un beso en la frente.
-Tus provocaciones pueden acabar muy mal, Quinn…-Susurra sonriendo. Le doy la vuelta, viendo su espalda y acariciando los arañazos que le acabo de hacer con las uñas.
-Finn, tengo que dejar de hacer esto.-Digo pasando mis dedos por cada una de las marcas de mis manos. Él se da la vuelta, quedando conmigo encima, poniendo sus manos detrás de su cabeza.
-Eso es lo que más me gusta, princesa.-Dice sonriendo. Lleva su mano hasta mi vientre, pasando su dedo por la línea que hace hasta llegar abajo y me mira.-¿Jugamos a algo?
-¿Más sexo, Finn?-Pregunto arqueando una ceja.
-No, sólo preguntas. Quiero saber si la princesita es "princesita" en todos los sentidos, aunque ya veo que no…-Dice sonriendo pícaramente.
-Adelante, Hudson. Pregúnteme lo que usted quiera.
-A ver, señorita Fabray… ¿Alguna vez te has tocado tú misma?-Me pregunta. Me inclino sobre él, quedando sobre sus labios.
-Sí, claro que sí.-Digo dándole un leve beso en los labios.-Toda persona humana lo ha hecho. ¿Y tú?
-Soy un tío, he sido adolescente… Así que.. Sí.
-Y… ¿Pensando en mí?-Pregunto pasando mi dedo índice por sus pectorales.
-No creo que quieras saberlo. –Dice reparando en mi dedo.
-Sí que quiero…
-Pues… Sí… Cuando tenía 18 años me imaginaba como era hacerlo contigo.-Arqueo una ceja y sonrío, dándole otro beso.-Quinn, tengo una sorpresa para ti.
-¿Qué es?
-¿Alguna vez has salido de este país?
