Eriol Hiragisawa se encontraba sentado frente al escritorio, le gustaba estar en su estudio por las noches, acompañado unicamente por una taza de té de rosas y lectura de cualquier temática, esa noche se trataba de sus notas acerca de la profesía que investigaban. Estaba convencido de que, a penas tuvieran en sus manos el cofre que faltaba, resolverían el entramado acertijo en el que su antigua encarnación los había metido, dentro del sueño compartido estaban las respuestas que buscaba.

Tenía la sospecha de que lo tenían en la mira, una sensación de ser observado se había apoderado de él en los últimos días y no conseguía relajarse completamente. Echó un vistazo por la ventana, solo para asegurarse y entonces divisó algo que le llamó la atención.

Una cascada de cabellos castaños cruzaba corriendo por su calle. Eran los mismos, idénticos a los de sus sueños, sin importar la hora salió de la casa y corrió tras la persona pero rapidamente la perdió de vista. Cuando se percató de esto, frustrado, optó por regresar por donde vino pero notó que se había alejado bastante.

-Vaya...- murmuró. -Logró que la siguiera un trecho largo... ¿Por qué no habrá querido dejar que la encuentre?

Caminó unos cuantos metros más hasta que se encontró con algo interesante, delante de un edificio había un auto que había chocado contra un poste de luz, un automovil de policía y dos ambulancias estaban estacionadas allí y había mucha gente reunida. "Al parecer es un accidente" pensó, acercándose, simplemente por curiosidad.

-Discúlpeme, ¿Usted sabe qué ocurrió?- le preguntó a una señora.

-El automovil chocó con el poste de luz, para evitar atropellar a una jovencita, es vecina nuestra, pobrecilla- le contó la mujer como inquieta. -Al parecer no la había visto cuando cruzaba...

- ¿Ah sí? ¿Hubo heridos?

-Pues sí, por lo que ha dicho la policía el conductor falleció... Iba a una velocidad importante, la chica parece estar bien... Pero los medicos igual la están revisando.

-Es normal, gracias por la información- se acercó hasta una de las ambulancias, pero detuvo sus pasos al sentir una extraña presencia, era fuerte, pero por algún motivo no podía percibirse estando muy alejado. Provenía de una muchachita que estaba sentada sobre una camilla, con una manta en los hombros y una taza de algo que parecía ser té verde. Tenía el cabello negro que le llegaba hasta los hombros y la mirada decaída, no estaba seguro si era por el susto o por otra razón.

-Disculpa, sé que debes estar asustada pero... ¿Podrías decirme qué fue lo que sucedió?

-Él... Quiso matarme...- Eriol se sorprendió, tanto por la respuesta como por el oscuro susurro que salió de ella. -Yo solo regresaba a casa...

- ¿Fue intensional?- preguntó, atento a que los paramédicos no lo echaran de allí. - ¿Viste algo extraño?

-Aceleró cuando dobló en la esquina y me vio...- el inglés asintió pensativo, la presencia definitivamente provenía de ella. -No me sorprende.

- ¿Por qué lo dices?

-Siempre ha sido así, desde que tengo memoria he sufrido accidentes intencionales...

"¿Karma?" Pensó Eriol, ciertamente era una posibilidad, la llamada mala suerte muchas veces se trataba de la repercusión de malas decisiones en vidas pasadas, probablemente aquella muchacha sería una reencarnación, como él.

-Tienes que ser fuerte... A veces nos pasan cosas que nos parecen muy injustas, pero tienes que saber que nuestro mundo se sostiene en la ley del Yin y Yang... Todo debe mantener el equilibrio justo... Sino viviríamos en un constante caos...

-Lo sé... Pero quisiera que parara...

-Lo hará, ten fe.

Se despidió y se marchó, aquel extraño encuentro lo dejó meditando. Incluso cuando llegó a su casa y se fue a dormir. Quería saber cual sería su próximo sueño con aquellos cabellos castaños, algo le querían decir, de eso estaba seguro.


- ¡Aléjate ahora!- oyeron decir a Shaoran, acto seguido empujó a Yoshida Touma para apartarlo de su novia.

El otro lo miraba indiferente, como si realmente no hubiese hecho nada malo y no comprendiera el enojo del castaño, tal vez se trataba de que estuviese muy enojado... Pero en verdad no lo parecía.

-Shaoran...- musitó Sakura, como intentando mediar, pero no hizo falta.

-Hola Li, no te había visto ahí, disculpa- todos se quedaron estáticos, la pasividad con la que hablaba el muchacho era impropia de él, al menos en lo referente a Sakura solía ser más explosivo. El proveniente de China solo se quedó ahí de pie, inmóvil. - ¿Que le ha ocurrido a tu guardaespaldas?

-Es verdad- dijo Sakura. -Tsukimine-dono, por favor... Ryu-san necesita ayuda urgente.

-Por supuesto, llevémoslo al templo.

Una vez dentro lo acostaron en un futón, sin cubrirlo, y dejaron que el monje se ocupara, después de todo era el experto más grande en magia espiritual de todo Japón. Realizaba un movimiento circular con cada mano sobre el muchacho inconsciente, destellos plateados brotaban de sus brazos mientras parecía que la calidez de su magia podría alcanzarlos a todos. Mientras se llevaba a cabo el proceso el castaño salió de la habitación y marcó un número telefónico en su móvil.

-Hola, habla Li Shaoran, ¿Cómo se encuentra?- aguardó a que la persona contestara. -Pues... A decir verdad tuvimos una complicación... Verá...- volvió a oír. -Quédese tranquila por favor, está estable pero no despertará sino le da de su energía... Puedo abrir una puerta telúrica si así lo desea, para que llegue rápidamente- se silenció una vez más. -Perfecto, enseguida lo haré.

Dentro de la habitación en donde el guardaespaldas descansaba el Monje Tsukimine comenzaba a agotarse, la magia de sanación no era sencilla de utilizar sin embargo se detuvo casi al terminar, lívido y muy sorprendido. Sakura y Touma se pusieron de pie al verlo alejarse del muchacho.

-Abuelo, ¿Qué pasa?- preguntó su nieto.

-Ming no es...- Shaoran ingresó al lugar y no comprendió que sucedía hasta ver la palidez del anciano.

-Tsukimine-dono- empezó. -Permítame explicarle por favor... Ryu...

-Han creado una aberración...

-Por favor no diga eso.

-Es un insulto contra el equilibrio de la vida Li-san, no quiera convencerme de lo contrario- Sakura dio unos pasos hacia el hombre, determinada.

-No es así, Ryu-san arriesgó su vida para salvar la mía, intenté hacer todo lo que pude... Por favor Tsukimine-dono... Èl es una buena persona.

- ¿Qué está pasando?- preguntó Touma sin entender nada. Los interrumpió una luz muy potente que provino desde el otro lado de la puerta de tatami. Una vez que el brillo enceguecedor desapareció Shaoran fue a abrirla, para dejar entrar a la persona que allí aguardaba, aunque en realidad se encontró con dos personas. Un hombre de mediana edad vestido con un saco y camisa de estilo chino, tenía los ojos y el cabello muy oscuros, su mirada parecía tener la capacidad de franquear cualquier barrera. Junto a él una mujer de largo cabello negro y brillantes ojos azules miraba hacia todas partes, tenía puesto un vestido blanco con puntillas celestes en el escote. Ambos parecían una pareja perfecta.

- ¿Donde? ¿Donde está mi hijo?- la oyeron, incluso su voz era hermosa.

-Cálmate Hikari- dijo el hombre, iban tomados de las manos.

-Señores Ming, Ryu está...- quiso decir Shaoran pero lo interrumpieron.

- ¡Ryu-chan!- vieron a la mujer correr hasta el joven inconsciente. -Oh Dios, Ryu-chan... ¿Qué te ha pasado?

-Nos atacó una cazadora...

- ¿¡Qué!?- parecía un manojo de nervios. -No comprendo...

-Tranquila, no iba tras él pero... Protegió a mi novia y... Lo hirió un arma sagrada- Sakura se acercó a él y tomó su brazo, se hacía responzable por la condición de Ryu.

-Oh cielos...

-Parece que no estuviese herido...- acotó el hombre.

-Ella trató su herida, y las heridas internas...

-Estaba haciéndolo yo- se aventuró el monje Daisuke. -Pero, he visto la verdadera identidad de esa criatura- ambos esposos se tensaron al instante, a ninguno de los dos le agradó la forma de referirse del anciano.

-Él es mi hijo su excelencia...

-Un momento- Touma intervino al notar que comenzaban a enervarse los ánimos. Solo atinó a detenerlos a sabiendas de que su abuelo no se veía nada feliz. -Vamos a calmarnos señores... No es momento para discutir, ayudaremos a Ming, y luego hablaremos.

En la sala quedaron Sakura, Shaoran, los padres de Ryu y el mismo Ryu, todos sentados alrededor del guardaespaldas. Se miraban, más calmados.

-Lamento mucho la escena que tuvieron que contemplar, de verdad me preocupé cuando vi a mi hijo en este estado- comenzó la mujer. -Mi nombre es Hikari Ming y este es mi esposo, Shen Ming.

-Es un placer conocerla señorita Kinomoto.

-Igualmente- Sakura hizo una corta reverencia. -Disculpen mi inmiscusión pero... ¿A qué se debe su visita?

-Shaoran nos ha llamado ya que sin mi ayuda Ryu no podrá despertarse, después de que alguien con poderes espirituales lo ataque necesita de mi energía para recobrar la consciencia- miró al joven como si de un niño se tratase, se notaba a la legua que ella en verdad estaba convencida de que él era su hijo. -Por desgracia es un vínculo que nunca pudimos cortar...

- ¿Eh?

-Ya debes estar al tanto, que mi hijo no es alguien corriente- Shen tomó la palabra.

-Señorita Sakura, sabemos que tienes poderes espirituales, es difícil no percibirlo, son muy grandes- la muchacha asintió. -Podemos comprender que no apruebes la relación que tenemos con Ryu pero...

-No soy quien para juzgarlos, no comparto la opinión de Tsukimine-dono, para mí las ánimas son seres vivos al igual que nosotros.

-Ryu es un humano, digan lo que digan- aclaró Hikari.

Posteriormente observaron a la mujer, que tenía el collar de su hijo y lo mantenía sobre él, recitando palabras inteligibles para los presentes. Entonces besó la chapa dorada con el nombre de su hijo y la habitación se iluminó como si una estrella hubiese caído allí mismo.

-Cielos...- murmuró Sakura.

-Esta es la renovación del contrato maestro-ánima- explicó el padre. -Mi esposa es la maestra de Ryu, sin esa relación él no podría mantenerse atado a este mundo...

"Es impresionante" pensó la chica de ojos verdes, para ella que ambos esposos hubiesen llegado a realizar tamaña demostración de amor solo significaba que se trataban de buenas personas, debieron de tener sus razones. Además de esto, jamás había percibido en el guardaespaldas la presencia de un ánima, seguramente no se trataba de una cualquiera, pero aunque le diera curiosidad, no preguntaría al respecto.

Una vez que todo regresó a la normalidad se mantuvieron en silencio. Hasta ver los ojos del joven abrirse, todos se inclinaron a él con una sonrisa.

- ¡Ryu!- exclamaron al unísono. Hikari se echó a sus brazos.

- ¿Madre?- él parecía más que sorprendido. - ¿Padre? ¿Qué hacen aquí?

-Nos llamó Shaoran, estuviste inconsciente, te hirió una cazadora...

-Ah, es verdad, no se preocupen estoy bien- Shen le alborotó el cabello a su hijo, feliz de que estuviera a salvo. Los tres se veían como una familia feliz, eso puso muy feliz a la pareja restante, que se sonrieron más aliviados.

Fuera del templo se despidieron del monje Tsukimime y su nieto, pidiendo las correspondientes disculpas por la intromisión, a pesar de que no eran bienvenidos por completo jamás le negarían la entrada a aquel lugar sagrado a alguien que lo necesitara.

Llegaron a la residencia Li y se encontraron con una enojada Mei Ling que los atacó en la entrada, al menos hasta que vio a Ryu entrar a la casa sujetándose las costillas, rodeando con un brazo a su padre ya que le costaba caminar, y a Sakura con la ropa cubierta de sangre.

- ¿Q-Qué ha pasado?- la oyeron, el guardaespaldas volteó la mirada, no quería verla.

-Nos atacó una cazadora.

- ¿Eres tú Mei Ling?- Hikari Ming se acercó hasta a ella y le tomó las manos. - ¡Has crecido muchisimo!

- ¿Señora Ming? No esperaba verla...- enrojeció, dado que no sabía bien qué decirle, la mujer siempre había sido muy amable con ella. -Que linda sorpresa...- al parecer su interlocutora notó la tensión que emanaba la joven y volteó, su hijo tenía la cabeza gacha, como quien no puede ver a alguien a los ojos. No era tonta, algo había sucedido entre ellos. "Quizás es que ya lo sabe" pensó.

-Bueno- dijo Shaoran. -Es un poco tarde pero podemos cenar todos juntos si gustan- su asistente y amigo lo miró queriendo fulminarlo, pero fue visto e ignorado, se notaba en su rostro la incomodidad.

-No tengo hambre- dijo Ryu liberándose de su padre. -Solo iré a descansar...

-No irás a ninguna parte jovencito hasta que te vea alimentarte como corresponde- ordenó Hikari.

-Madre, siempre como más de la cuenta... No pasará nada solo porque no lo haga una vez...

-Oh no, nada de eso, o te perseguiré por toda la casa Ryu-chan- la mirada pálida de su hijo la hizo cubrirse la boca y mirarlo arrepentida. Mei Ling lo notó también y se preguntó el porqué de la reacción de él, tenía tantas dudas acerca de su persona, y aún así no podía dejar de querer estar a su lado.

Lo vieron bajar la vista al suelo, el lugar había quedado en silencio, nadie se atrevía a decir una palabra.

-iré a darme un baño... Luego bajaré a cenar, disculpen- Ryu comenzó a marcharse despacio pero, al verlo tan adolorido, la prima se Shaoran lo siguió.

-Te acompaño Ryu...- lo vio quedarse quieto, hasta que volteó levemente la cabeza y la miró de reojo. Quedó paralizada. Su mirada se había tornado fiera e, incluso, le pareció más azul si era posible. No pudo moverse.

-No vuelvas a acercarte a mí- oyó, como una orden lúgubre.

Y se quedó de pie ahí. Había logrado exactamente lo que quería impedir: que la detestara.


Se colocó la capa negra que tanto le gustaba y la capucha encima para cubrir su rostro. A su lado una bestia con apariencia de león negro se dejaba acariciar la cabeza, recomfortado por la atención que estaba recibiendo. Ronroneaba muy bajito, para no disgustar a la persona.

Mi hermano ha sido destruído...

—Me temo que sí Haru— oyó como respuesta. —Pero no te preocupes, tomaremos venganza luego de que me componga, que no te quepa duda... Ryu Ming tiene los días contados.

El león caminó con paso lento por el lugar y echó un vistazo dentro de una habitación. Un centenar de soldados oscuros estaban de pie allí, en silencio y listos para actuar cuando se les ordenara. No tenían voz por lo tanto nunca los había oído hablar, se imaginaba que debía ser un martirio encontrarse atrapados dentro de esos contenedores y solo haber sido creados con el propósito de obedecer órdenes.

Ellos... ¿Serán liberados?— se atrevió a preguntar.

—Quien sabe, tal vez algún día cuando todo esto termine, probablemente, no podría asegurarte nada... ¿Te dan lástima?

Un poco de empatía diría.

Tranquilo, solo fueron creados con ese propósito.

Sí, lo comprendo perfectamente— la bestia regresó junto a su amo que aguardaba de pie. —He sido afortunado al encontrarme con usted... Aunque extraño a mi hermano...

—Pronto mi querido Haru, muy pronto...


Habían terminado de cenar ya y la casa se había vuelto muy apacible, podían estar los dos en paz unos momentos al menos, nada más deseaban. Estaban sentados en el sofá de la sala tomados de las manos, aunque hubiesen sido casi tres días que estuvieron peleados para ellos había sido mucho tiempo más.

—Lamento de verdad no haberte dicho nada Sakura— le dijo Shaoran a su novia. —A Ryu no le gusta que las personas lo sepan, quise respetar eso ¿Comprendes?

—Por supuesto, descuida, solo... Me extrañó no poder percibirlo, aunque ahora entiendo que siempre me pareció que Ryu-san tenía algo extraño, más últimamente.

—Bueno, es normal... Solo un gran poder podría percatarse que él es un ánima.

—No es como las demás ¿O sí?

—No, él es muy distinto...

—No tienes que decírmelo ahora, podemos esperar a que él lo apruebe.

—Te lo agradezco Sakura— bajó la vista al suelo. —También debo disculparme por lo del sello— la miró a los ojos, los de ella brillaban mucho.

—Todo lo que quiero es que estés bien, sé que puedo con esto Shaoran...

—Ahora lo entiendo, así que... Lo quitaré— colocó su mano en la base de su cuello, la suave piel de la chica y su fragancia a durazno lo embriagaban. Podía ver la marca del sello protector.

— ¿Shaoran?— musitó la chica al verlo dudar. "Tal vez no quiere hacerlo" pensó. Pero entonces sintió su beso, no es los labios, sino justo allí donde antes había puesto el conjuro. Se sonrojó completamente, pero la sensación era muy agradable.

— ¿Te molesta?— lo oyó susurrarle. Y solo atinó a negar con la cabeza despacio. Tenía calor, definitivamente. —Lo que siento por ti es incalculable Sakura...

—Me sucede lo mismo— ella se acercó para recibir los labios de la persona que amaba, llena de felicidad y alivio por que hubiese quitado el sello. Sabía que podían lograr entenderse si hablaban de sus problemas.

Al separarse se miraron a los ojos, enamorados al igual que la primera vez que se vieron cerca del café, igual que cuando eran niños pero con la intensidad de dos adultos. Ellos sabían en el fondo de sus corazones que el lazo que los unía no se rompería tan fácilmente.

Shaoran solo lo supo, desde ese momento, que quería tener una vida a su lado. Y tomó la determinación de lograrlo. "Sí, lo haré, le pediré a Sakura que sea mi esposa".

Lejos de su burbuja de ensueño, Hikari Ming se encontraba observando a su hijo, en cuya habitación estaban. Él sentado en la cama y con las manos entrelazadas, sin mirarla; su madre parecía triste, y era que no podía dejar de sentir en su corazón la melancolía que provenía de su hijo.

—Puedes contarme, dime Ryu...

—Sé que se filtra, pero por favor no te sientas responzable por esto Madre... Es algo que debo resolver por mí mismo.

—No digas que no me incumbe, es tu salud la que se está viendo afectada... Tu magia ha estado inestable, la última vez que nos visitaste igual...— silencio. — ¿Es por ella?

—Fue hace seis años ya...— la mujer se acercó, se arrodilló frente al guardaespaldas y apoyó una de sus manos sobre las de él.

—Ryu por favor, se ha ido, tienes que olvidarla para seguir adelante...

—No la puedo olvidar Madre.

— ¿Por qué no?— la desesperación en la mujer era casi palpable. Sabía que la magia de Ryu estaba en descontrol, era su maestra, sabía cuando le pasaba algo, no podía esconderle nada, únicamente sus pensamientos.

—Fue mi culpa...

—Temari está en donde debe estar Ryu...— el daño que le hizo al chico al escucharla pronunciar aquel nombre fue colosal.

—Ella... No quería marcharse aún...

—Fue un accidente, no es culpa de nadie— sabía que aquello no lo convencía pero a pesar de todo lo intentó. Solo le dio como respuesta un volteo de mirada, él no se lo perdonaba.

Suspiró y decidió darle su espacio, de todas formas estaba segura de que no hablaría más. Cerró las puertas detrás de sí y avanzó por los pasillos hasta la habitación que le habían dado para pasar la noche, ciertamente al recibir la llamada del jefe del clan Li se habían asustado y solo atinaron a abrir una puerta telúrica para poder ingresar a Japón con un solo paso.

Dentro de la habitación la esperaba su esposo, sentado en la cama en la misma postura que había estado Ryu, algunas cosas las había heredado de su padre ciertamente. Los ojos azules provenían de ella, no les interesaban las opiniones de los demás, estaban orgullosos de su hijo.

— ¿Cómo sigue?— lo oyó preguntar. Se acercó y se sentó a su lado para luego tomar su mano.

—La extraña mucho.

—Cielos, si no consigue hacer sus recuerdos a un lado no podrá seguir adelante, al tener sus emociones así de inestables su magia quiere disparar hacia todas partes— el hombre estaba serio, pero le sonrió a su esposa de todas maneras. —Se parece a sus padres ¿No te parece?

—Sí— se rio ella. —Es idéntico a su padre.

—Oye...— se miraron enamorados y se abrazaron. —Todo saldrá bien, no te preocupes Hikari.

—Tendré esperanzas.


—Abuelo ¿Qué sucedió con Ming?— preguntó Touma a su abuelo, ambos sentados en la puerta del templo, observando la luna llena.

—Al revisarlo... Me enteré de algo que al parecer estaba escondiendo.

— ¿Y qué es?

—Es un ánima, pero no una cualquiera— la sorpresa en el muchacho era patente.

— ¿Artificial?

—No, no fue creada... Pero no creía que ánimas tan poderosas existieran siquiera Touma-san, no sabes cuanto poder hay en ese guardaespaldas— ambos quedaron en silencio. —Solo una delgada línea lo separa del monstruo que habita en su interior...

— ¿Dices que puede descontrolarse?

—Lo aseguro— el monje suspiró. —Y no falta mucho.

—La luna brilla mucho hoy ¿Cierto? Fortalecerá la barrera del templo, lo que sea que tenga él dormirá por un rato más— dijo su nieto al notar la preocupación del anciano.

—En verdad luce preciosa hoy.

No se equivocaban, aquella noche la luna resplandeciente parecía un inmenso globo de luz blanquecina, la ciudad de Tomoeda había sido completamente cubierta por su halo nocturno y lucía iluminada.

Era por eso que una figura alada se movía por la ciudad totalmente libre. Había sido liberado finalmente y los deseos de volar eran muy fuertes, había pasado por momentos muy duros, pero ya había terminado todo aquello. El sufrimiento de su dueña se había disipado completamente.

Lo inquietaba pensar en ella. Había sido lo suficientemente ingenua como para dejar que sus emociones afectaran su nivel mágico, de hecho se encontraba bastante enojado con ella. Sí, en verdad enojado.

Pero esa noche no se preocuparía por ello. Esa noche eran solo la fiel la luna y Yue.


Notas de Autora

Hola a todos! Bueno, voy a tratar de redimirme, ya no voy a perder el tiempo. Resulta que me descargué una app para poder escribir desde el celular por lo tanto en cada momento libre que tengo lo agarro y escribo, es la razón de que este cap esté hoy aquí publicado jaja :D una buena noticia al fin! Espero que les guste. Como siempre, muchas gracias si estás leyendo esto y si quieres dejarme tu visto bueno, sugerencia o palazo virtual, redacta un review que los leo todos los días! Saludos para todos!