Capítulo beteado por Mónica León, Beta Élite Fanfiction.

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Capítulo 9: Te presento a mi madre

Bella POV.

—Isabella, esto está delicioso. Lo mejor que he probado en mucho tiempo —alabó Grey después de un tiempo. Ya se había comido dos de los tres panqueques junto con varios trocitos de tocino. Yo apenas había comido dos pedazos del mío y ya sentía que mi estómago saldría por mi boca.

—Gracias —dije con un nudo en mi garganta, ya no podía comer más. Empecé a jugar con mi comida, moviéndola de un lado a otro del plato.

—Isabella —dijo de manera amenazante y lo volteé a ver con una mueca en la cara—. Come.

—No tengo ganas —hablé, haciendo un puchero. Estábamos sentados en los bancos de la isla, él acarició una de mis piernas mientras que con su diestra comía.

—Se supone que debes comer, con lo que hicimos anoche deberías de estar hambrienta. —Sus palabras me hicieron sonrojar y mordí mi labio inferior. El pulgar de Christian liberó mi labio de su prisión, se acercó y subió la mano que tenía en mi pierna hacia mi cintura. Acercó sus labios a los míos y arrancó un apasionado beso de ellos, nuestras lenguas jugueteando una con la otra. Me pegó más a él y ladeó mi cabeza. Solté un gemido de excitación cerrando los ojos; él había dejado mis labios, pero descendía por mi cuello, chupando y mordisqueando de una manera tan sensual como sexual.

—Chris... —jadeé cuando la mano en mi cintura se metió entre mis piernas, separándolas y llegando a la cúspide de ellas. Me acarició por unos instantes y estaba casi al borde cuando retiró su mano. Estuve a punto de quejarme, pero colocó una de sus manos en mis labios.

—Vamos a tomar un baño. —Me jaló, bajándome del banco y reí un poco. Me llevó casi corriendo hasta el cuarto, cuando entramos cerró la puerta con seguro. Me acerqué a una de las puertas y la abrí con cuidado. Por suerte resultó ser el baño y era realmente espacioso, tenía una bañera y a un lado la ducha. El inodoro estaba al otro extremo, había un tocador en donde estaban las llaves de agua fría y caliente, y un enorme espejo detrás de todo eso. Me acerqué al tocador y empecé a ver los utensilios de Christian: pasta dental, cepillo de dientes, un solo peine, gel para cabello, colonia de Dior, Channel y muchas otras que había visto promocionadas en la tele.

Escuché cómo la puerta se cerró a mis espaldas y en menos de dos segundos las manos de Christian estaban en mi cintura. Levanté la mirada al espejo y nuestros ojos se encontraron. Gris con azul. Podía sentir cómo una de sus manos viajaba hacia mis piernas para acariciarlas.

—¿Con o sin burbujas? —me preguntó con una sonrisa.

—Sin. —Eso lo hizo sonreír. Me soltó y sonrió con ternura mientras se acercaba la tina. Me giré justo cuando se agachó a abrir las llaves.

—¿Hirviendo, tibia o fría? —cuestionó.

—Como lo prefieras tú. —Me sonrió de nuevo.

—Tibia. —Justo como a mí me gustaba. Mi diosa interior bailaba de gusto al ver a Christian despojándose de sus pantalones de dormir.

—Me gusta tu trasero —le dije un poco atrevida. Él volteó a verme con una ceja alzada.

—Y a mí el suyo, señorita Steele. —Se agachó y cerró las llaves para voltear a verme con inquietud—. Creo que todavía estás muy vestida.

Mordí mi labio por su comentario. Di media vuelta y empecé a desabrochar los botones; lo veía por encima del hombro y sonrió con sensualidad. Comencé a bajarla poco a poco y escuché el gruñido de Christian cuando dejé caer por completo la camisa. No lo miré cuando deshice las trenzas y agité la cabeza, dejando mi cabello libre por mi espalda. Me acerqué a la tina e ingresé lentamente. Me agaché hasta quedar sentada y Christian me miró con deseo desde su posición.

—¿Acaso no piensa unirse, señor Grey? —dije, haciendo que soltara otro gruñido.

—Hazte para adelante. —Encogí mis piernas, dándole espacio y él tomó su posición. Aferró mi cintura y me pegó a sí. Gemí cuando sentí su miembro chocar con mi bajo abdomen. Llevó su nariz a mi cuello y gimió en él—. Amo tu aroma… Es una combinación de Channel y Balenciaga... Recuérdame comprarte uno de cada uno, tu piel es tan suave como la seda... Seda, tienes que utilizar seda. Tu cabello, Dios tu cabello es tan hermoso, suave y sedoso... Quiero jalarte de él mientras te penetro desde atrás, quizás mientras estés recargada en la pared o en posición de perrito... Mh, encima de mi escritorio. Tus labios son tan perfectos, rellenos y de un tono durazno... Muero por verlos alrededor de mi polla. Tu cuerpo es como el de una diosa, eres Afrodita en persona, el pecado hecho mujer. Toda tú, eres perfecta. —Sus palabras me hicieron gemir. Me excitaba de sobre manera su insinuación sobre mamársela.

—Creo que es momento de que me des la clase sobre el oral. —Escuché cómo jadeó.

—Quizá en un momento lo hagamos. Antes, déjame bañarte. —No me di cuenta en qué momento tomó una esponja con la cual comenzó a enjabonarme con ternura y cariño.

Lavó mis piernas, el abdomen, mis pechos, los brazos, las axilas, el cuello, la cúspide entre mis piernas, y todo con ternura, lentitud y paciencia. Me sentía tan querida y deseada.

—Nadie me había bañado desde que tengo memoria. —Escuché su risa de fondo mientras continuó tallándome con extrema suavidad.

—Otra primera vez. —Su comentario me hizo reír y me volteé hacia él.

—¿Cuántas llevamos?

—Veamos... Tu llamada borracha, eres la primera persona a la que beso más de dos veces al día, la primera mujer, que no es de mi familia, que sube al Charlie Tango, con la única que he dormido, y sobre todo... mi primera relación vainilla.

—¿Vainilla? Ahora se clasifica por sabores —dije, recargando mis manos en las hendiduras de la tina—. Conocía a larga distancia, homosexual, zoofílicas, pero no las vainillas... ¿Qué tengo que hacer para ser de chocolate?

—En primer lugar, me refería a que eres mi... primera cogida sin utensilios de sadomasoquismo. —Aferró más el agarre de mi cintura y me pegó más—. Y en segundo lugar, déjame llenarte de chocolate entera y después te comeré hasta que no puedas caminar. Así serías una cogida de chocolate.

—Muy cortés, señor Grey. —Ambos reímos por la mueca que hice—. ¿Siempre lo haces todo así?

—¿A qué te refieres? Solo una vez cogí con alguien que estaba llena de chocolate.

—No me refería a eso. Me refiero a que si siempre ha sido así, todo bajo el sadomasoquismo.

—Nunca lo había visto de esa manera, pero sí... Creo que sí, cogidas, mamadas... —Le sonreí, me acerqué a sus labios y deposité un suave beso en ellos.

—Ya tuviste tu primer cogida vainilla. Ahora vamos con... una mamada vainilla. —Mis palabras lo confundieron un poco. Sonreí con picardía, tomando su pene entre mis manos. Lo comienzo a frotar de arriba a abajo.

Él echó su cabeza hacia atrás y tomé con firmeza su polla, comenzando a masturbarlo con más ahínco. Comenzó a gemir y jadear por aire, en ese momento decidí dar el siguiente paso, sumergí mi cabeza en el agua hasta tener su polla en mi boca. Arremoliné mi lengua en la punta de su pene mientras continuaba masturbándolo con ambas manos. No lo metía en mi boca, solo lo chupaba y por sus gemidos que eso lo desesperaba.

—Bella... Vamos, nena —me pidió una y otra vez—. ¡Bella! —exclamó cuando sintió mi boca a punto de tomarlo y después lo solté.

—¿Sí, Christian? —le pregunté de forma inocente y él me miró entre divertido y enojado.

—Chúpame la maldita polla —rugió molesto.

—Eso hago. —Mordí mis labios.

—No... Tú, maldita sea, Isabella. Cómete mi polla entera, deja que te folle la boca. —comenzó a suplicarme con ojos dilatados. En ningún momento dejé de masajearle la polla.

—Si eso es lo que quieres —susurré antes de respirar profundamente y sumergir la cabeza en el agua. Abrí la boca lo más que pude y moví mi cabeza de arriba a abajo. Mi lengua jugaba con su falo y lo que no alcanzaba a cubrir, lo masajeaba con mi mano.

—Nena... —Escuché que dijo antes de sentir cómo tomaba posesión de mi cabeza y empezaba a marcar su ritmo una y otra vez. Quité mi mano cuando aflojé la garganta, permitiendo que su polla llegase más allá. La sentí chocar con mi garganta. No había arcadas, estaba disfrutando tanto como él, o hasta más—. Salte sino... quieres que te... Oh, Dios. —Sabía a lo que se refería, pero no importaba. Quería que me llenase de él.

Escuché cómo soltó un enorme gemido antes que su semilla cayese en mi boca. Lo tragué todo con avidez y chupé hasta dejarlo limpio. Deposité un beso en la punta de su miembro antes de salir. No había respirado en ningún momento, así que cuando lo hice, mis pulmones lo agradecieron.

—Tú... ¿No sientes arcadas? —Estaba sonrojado. No pensé que pondría así.

—No, ¿debería? —Él sonrió y negó.

—Ven acá. —Me acercó a él y aplastó sus labios contra los míos. Gemí cuando comenzó el beso. Probó su sabor en mi boca y no sentía nada de asco, era algo excitante—. Creo que te debo otro orgasmo —me dijo antes de voltearnos. Ahora mi espalda estaba en el respaldo de la tina.

Tomó una de mis piernas y la colocó alrededor de su cadera, se movió hacia adelante y me penetró con firmeza, soltando un enorme gemido. No sabía en qué momento se puso el condón. Lo sentía hasta adentro. Sus testículos chocaban con mi trasero en cada arremetida que daba. Se inclinó y juntó nuestros labios en un beso voraz. Enredé mis brazos alrededor de su cuello y sentí el orgasmo arremolinarse en mi bajo vientre. Quería que esto durase más, mucho más. Christian salió por completo de mí y volvió a penetrarme muy fuerte.

Separó sus labios de los míos, dejándome gemir, gritar y jadear su nombre. Su boca fue a mi oreja y lamió el borde de esta.

—Esto es tan sexy, nunca había tenido sexo en esta tina. Eres la primera, y la única con la que estaré aquí. —Sus palabras me excitaron a más no poder, una de sus manos subió a mi cabeza y la otra bajó a mi clítoris. Lo empezó a masajear con destreza y firmeza. Su otra mano sostenía mi cara cerca a la suya, nuestras miradas se encontraron. Azul y gris, el deseo brillando—. Dámelo todo, por favor, Isabella. Y mientras te corres, mírame a los ojos. —Me estaba pidiendo una tarea muy difícil, pero podía hacerlo.

El orgasmo me golpeó con fuerza, haciendo que mordiese mi labio tan fuerte hasta sangrar, pero aún así nunca cerré los ojos. Los mantuve abiertos mientras todo escapaba de mí. Christian me sonrió y se agachó para besarme otra vez.

—Gracias, nena. Fue lo mejor que he hecho en mucho tiempo.

—Gracias a ti. Es lo mejor que he sentido en toda mi vida.

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—¿De verdad nunca lo habías hecho antes? —Negué con la cabeza.

—Lo juro, eres mi primera mamada, no lo había hecho antes —le dije. Apenas estábamos saliendo de la ducha. Ahora sí, bien bañados—. Eres el primero en eso también. —Se acercó por detrás y me tomó de la cadera.

—¿Dónde habías estado todo este tiempo? —preguntó de manera dramática. Me encogí de hombros.

—En la secundaria. —Él rompió en carcajadas y lo imité.

—Muy chistosita, señorita Steele. —Me pegó a él, ambos en toalla y en bata—. Eres una chica única, Isabella.

—Eso me lo han dicho ya muchas personas. —Frunció su ceño—. Mi mamá, mi papá, Ana, Kate, tío Charlie —aclaré. Eso lo hizo sonreír.

—¿Te quedarás el día de hoy? —Negué, haciendo un puchero.

—Tengo que ir a trabajar en Cullen's Group. —Levantó una de sus cejas.

—Si trabajaras en mi empresa, no tendrías que irte hoy.

—Si trabajara en tu empresa, no podrías estar íntimamente conmigo.

Touché —me dijo. Me gustaba eso de Grey. Se notaba menos preocupado que antes—. Dime que al menos te quedas a comer. —Asentí.

—Y de ahí me llevas a mi departamento, ¿okay? —Nuestros ojos se enfrentaron una lucha, hasta que él apartó la vista.

—Okay, pero déjame hacer algo más... —Desamarró el cinto de mi bata, exponiendo mi cuerpo.

—¿Otra vez? —pregunté juguetona. Él me sonrió y me lanzó a la cama y mi cuerpo rebotó un poco. Dobló una de mis piernas, apoyando el pie en la cama. Se subió encima de mí, tomó mis manos y las elevó a lo alto de mi cabeza, amarrándolas con una ¿corbata?—. ¿Qué?

—Silencio —me dijo, besando mi cuello.

Subió a mi boca y depositó un beso en mis labios. Bajé los brazos por inercia, pero me fue imposible separar mis manos. Me alejé y mi mirada se dirigió a mis muñecas. Las amarró con una de sus corbatas.

—¿Para qué es esto Christian?—pregunté, intentando enderezarme. Él me sujetó otra vez y las volvió a dejar en su sitio.

—Quiero probar tu control. —Me miró directamente a los ojos y negué con la cabeza. No sabía de qué hablaba—. Tu control para mantener las manos alejadas de mí... Solo mantente quieta... ¿puedes?

—Si... Amo. —Eso lo hizo sonreí. Soltó mis muñecas, dejando mis brazos arriba de mi cabeza.

Me volvió a besar con pasión. Bajó sus manos hasta mis muslos y los abrió. Empezó a descender por mi cuello sin dejar de besar cada rincón de mi cuerpo e inconscientemente bajaba mis brazos. Estuve a punto de tocar su cabello cuando las volvió a subir.

—Dije arriba. —Ambos soltamos una pequeña risita. Se alejó de mí y regresó a su antigua posición... Continuó besando mi abdomen, pero me observó todo el tiempo... Era una advertencia para que no bajase las manos. Me sonrió cuando vio que no lo hacía. Bajó hasta mi entrepierna y soltó un suspiro en ella, haciendo que apretase con fuerza la sábana debajo de mí. Empezó a tocarme con sus dedos de una manera inigualable, acariciando de arriba abajo, deteniéndose en mi clítoris y lo pellizcándolo un poco. Solté una exclamación de deseo cuando sucedió esto, sintiendo un remolino en mi bajo vientre. Solo necesitaba un poco más... ¡Mierda! Enterró su lengua en mi cavidad y me arqueé en la cama, gimiendo sin control su nombre. Me corrí en cuestión de segundos.

Subió por mi cuerpo, tomándome del mentón y besando mis labios. Se acercó a desamarrar mis muñecas y bajé una para ponerla en su nuca para seguir besándolo. Me tomó por la cadera y me pegué a su cuerpo. Se separó de mí, juntando su frente con la mía.

—Di sí.

—¿A qué?

—A ser mía —me susurró. Sonreí y volví a juntar sus labios con los míos, enderezándome junto a él. Nos separamos y ambos giramos nuestros rostros al espejo que estaba frente a la cama.

—¿Ves lo genial que somos juntos? Si te entregas a mí, será mucho mejor. Confía en mí, Isabella. Puedo transportarte a lugares que ni siquiera sabes que existen. —Volvió a pegar su frente a la mía, cerré mis ojos, escuchando su respiración.

Escuchamos sonidos fuera de la habitación. Taylor y alguien más.

—Christian, hijo. —La voz de una mujer hizo detener a Christian. Se enderezó con irritación en la mirada.

—¡Mierda! Mi madre. —Se levantó rápidamente, dejándome tiesa un momento.

Me quedé ahí en la cama mientras veía cómo entraba a su armario. Llevé mis rodillas a mi pecho. Salió con un pantalón y una camisa. Me envolví en la bata, aún con las rodillas en mi pecho. De seguro querría que me escondiese o algo así; no parecía ser de los hombres que le presentaban a su madre a la mujer que se acababan de coger.

—¿Qué esperas? —dijo y me encogí en mi lugar. Quizás me dijo algo y por estar pensando en otras cosas no le presté atención y quizá…—. Isabella. —Levanté mi vista hacia él—. Te volviste a perder en tu mundo, eso no me gusta. —Se volvió a escuchar la voz de su madre—. Será mejor que te cambies… si quieres conocer a mi madre. —Lo volteé a ver sorprendida. Él me sonrió y se inclinó para depositar un fugaz beso en mis labios.

—Christian, no tengo ropa limpia. —Esa era una buena excusa, aunque era mentira porque en mi mochila tenía más ropa, aparte de la que le devolvería—. Será mejor que me quede. —El solo pensar que podría conocer a la madre de Christian me hacía sentir muchísimo pánico, y no era bueno sentir pánico, pero Santísima Mierda, era su madre y no quería que me conociese desarreglada, aparte de que nos encontrábamos en plena acción.

—Oh, no, no tienes permitido hacer eso —amenazó, apuntándome con un dedo—. Puedes utilizar algo mío. —Se colocó su camisa blanca y pasó una mano por su cabello. Se veía tan sexy con el cabello de recién follado. A pesar de mi estado de ansiedad, no pude evitar que mis pensamientos imaginaran a lo que hubiera pasado si su madre no hubiera llegado. De seguro me estaría follando aún con las manos amarradas y con las piernas dobladas mientras él… —. Isabella, podrías estar utilizando una cajetilla de cigarros y aún así lucirías hermosa. —Su expresión cambió a una de total seriedad—. Si no vas en cinco minutos, te sacaré como sea. —Sin decir más, salió de la habitación, dejándome sola.

Solté un suspiro y me levanté de la cama con cuidado. Mi mochila descansaba en uno de los sillones. Me acerqué y saqué la ropa que él me dio, dejándola a un lado. No pensaba utilizar nada que él me hubiese dado hasta que quedásemos en algo.

Por suerte había metido otro atuendo; un pantalón negro, zapatos rojos y la blusa de ayer. Solo me falta la... Mierda, la ropa interior.

Alguien tocó la puerta de la habitación. Dios, que impaciente.

—Señorita Steele, el señor Grey quiere saber si ya está lista. —Taylor. Solté un suspiro. Me acerqué un poco a la puerta.

—Saldré en un minuto —le dije, escuchando una afirmación y después sus pasos alejándose. Volteé a ver el desastre de habitación que teníamos; toda la ropa regada y las cobijas hechas un nido. Visualicé mi sostén a lado de una pata de la cama. Me acerqué a tomarlo rápidamente y me metí al clóset de Christian para buscar ropa interior. Dijo que podía ponerme su ropa y necesitaba ropa interior. Tomé un bóxer blanco de Calvin Klein y me lo coloqué rápidamente. Hice lo mismo con mi sostén y abrí algunas puertas para sacar la camisa. Eran muchas blancas y el otro cuarto de espacio era de negro y gris. Tomé una negra y la comencé a cerrar con dedos torpes. Entré al cuarto de baño y tomé su cepillo dental, lavando mis dientes con rapidez. Cuando terminé, tomo el peine y cepillé mi larga cabellera castaña. Busqué algo para agarrar mi cabello y encontré unas coletas. Lo até en una trenza.

Volví a entrar a su cuarto y solo tomé mis zapatos y me los calcé para salir a buscarlo.

No podía esconder mi nerviosismo. Mi cuerpo temblaba como las ramas de un árbol. Creo que todos lo estarían la primera vez que conocían a la mamá de alguien, aunque fuese la del amigo, pero yo estaba más nerviosa porque no solo es la mamá de Christian, sino que también era la mujer que lo adoptó y ayudó en su formación.

Llegué corriendo a donde estaban ellos. Christian parecía haber sido reprendido por su madre y en cierto punto eso me ocasionó risa, que para mala suerte solté y voltearon a verme. Ella lucía realmente sorprendida al verme. Christian solo me sonrió y estiró una mano hacia mí. Me acerqué para tomarla y él me pegó a su cuerpo. Solté otra risita por ese simple acto.

—Madre, te presento a Isabella Steele...

—Solo Bella. Su hijo es el único que me llama por mi nombre completo. —Eso la hizo sonreír y Christian gruñó.

—Bueno, como decía. ISABELLA te presento a mi madre. La doctora Grace Trevelyan-Grey. —Extendí mi mano. Lucía realmente conmocionada.

—Bella, es un placer conocerte. Eres la primera amiga de mi hijo que conozco. —Volví a sonreír—. Christian es muy bonita —le habló a su hijo. Mordí mi labio y su mirada se volvió a posar en mí—. Eres muy bonita cariño.

—Gracias Doc...

—No estoy en horario de trabajo, y la señora Grey es mi suegra. Dime Grace, cariño.

—Muchas gracias, Grace. —Pareció complacida por ese gesto.

—Madre... —llamó Christian—. ¿Qué querías decirme? —Ella pareció haberse olvidado de lo que vino a hacer, lo miró y luego a mí. Pude escuchar cómo murmura "no es gay" y "es una chica", una y otra vez.

—Solo quería verte, cariño, quería saber cómo estabas, pero por lo visto estás muy bien acompañado.—Eso me hizo sonrojar. Si tan solo supiera lo que estábamos haciendo minutos antes de su interrupción, no estaría tan despreocupada de decir eso.

Empezó a sonar la canción de fashonista y me empecé a alejar de ellos.

—Si me disculpan. —Salí corriendo a la cocina, donde había dejado el celular. Lo tomé rápidamente y noté que era una llamada de Alice. La tomé con manos temblorosas—. Alice, estoy ocupada, luego te llamo.

—Pero...—No alcancé a escuchar nada de lo que dije porque ya le había colgado. Dejé el celular de nuevo ahí. Caminé de vuelta a la sala.

—Isabella, la hermana de Christian vuelve de Francia en una semana. Haremos una celebración en su honor, que Christian te dé la dirección de mi casa. Deberías pasarte por ahí en alguna ocasión. —Sonreí por sus palabras, ella era muy tierna.

—Creo que es hora de que te vayas, madre. —Se dieron un beso de despedida antes de que el elevador llegase. Me despedí con un movimiento de mano antes que las puertas del elevador se cerraran.

—Ella es muy amable, Christian —le dije. Él asintió, no muy feliz. Para nada feliz—. Sí, sí lo es. Vamos a que te cambies, después te mostraré algunas cosas. —Empezó a caminar a su cuarto y yo solo me quedé ahí para ver cómo se aleja en cada paso. No sé qué le pasó. Hacía apenas unos segundos estábamos hablando de la cena en su casa—. Isabella.

Al escuchar su voz me encogí en mi lugar y después salí corriendo tras él. Esto de sus cambios de humor de estaba matando. Entré detrás de él al cuarto. Seguía sin mirarme cuando se acercó a recoger mi ropa del piso. La colocó en la cama, aún sin pronunciar nada. Este silencio me carcomía. ¿Qué había hecho?

Pasó a mi lado en más de una ocasión. Tomó mi mochila y las cosas que estaban fuera de ella, las cosas que él me dio, las metió de vuelta a mi mochila, no sin antes lanzarme una mirada de enojo. Dejó la ropa que utilicé ayer a la mano. No me dijo nada, simplemente pasó a mi lado y me dio la mochila.

—Te dejaré para que te alistes. Nos vamos en cuanto estés lista. —Fue lo único que me dijo, pero de una manera tan ruda que me dio un poco de miedo. No sé porqué ha reaccionado así, pero seguro tenía que ser por lo que dijo su madre. Él ya no buscaba relaciones serias.

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Salgo de la recámara con la blusa y la chaqueta puesta. Metí mi ropa en la mochila y saqué la de Grey. Caminé por el pasillo, llegué a la sala y lo vi sentado, viendo unas cosas en su laptop.

—Ya estoy. —Levantó su mirada.

—Ve a la parte de arriba, sigue derecho por el pasillo y entra en el cuarto al final. Yo te alcanzaré en unos minutos. —No dije nada. Tomé mi celular, dejando solo la mochila. Subo a donde él me indicó, el lado contrario a donde estaba el cuarto de juegos. Entré y me quedé en una sola pieza:

Cama con colchas y sábanas blancas, y azules.

Un sillón blanco.

Tocador blanco.

Espejo.

Decoraciones grises.

La pintura de las paredes era completamente blanca.

Pertubador. Me senté en la cama, aún con el celular en la mano. Vi todo con atención.

—¿Es lo que esperabas? —Levanté la mirada para verlo y negué con la cabeza.

—No, no es para nada lo que esperaba. —Me levanté de la cama y empecé a caminar por la habitación—. Entiendo que te gusta dormir solo, pero... ¿una habitación para mí?

—Necesitas tener tu espacio —se justificó—, aquí podrás tener algo de tu ropa cuando te quedes, y claro, las cosas que te voy a comprar.

—¿Qué? ¿Que me vas a comprar? —Él asintió.

—Quiero que estés cómoda aquí.

—Justo ahora no me siento cómoda. —Abrió la boca, pero de su esta no salió nada—. Esto me sobrepasa. Por favor, llévame a casa. Necesito pensar. —Salí de la recámara, chocando con él.

Escuché sus pasos detrás de mí y tomé con rapidez mi mochila. Su mano apareció delante de mí con el contrato. Me giré hacia él, mirando el papel una y otra vez. Mordí mi labio con fuerza y nuestros ojos se encontraron por unos momentos. Súplica, desesperación y deseo, noté en los suyos.

Volví a bajar la mirada al contrato. Si no lo tomaba, no nos volveríamos a ver, pero si lo hacía... pondría en riesgo mi propia integridad física y emocional. Dios, ¿qué hago?

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Muchas gracias por todos los reviews que me han dejado, lamento la demora, pero aquí está el capítulo prometido. Espero lo disfruten y nos estamos leyendo. Las (os) quiero.

BellaGreyHerondale