Había mucho en qué pensar. Orlando, el chico de Slytherin que primero era bastante molesto pero luego intentaba hacer las paces con nosotras, resultó ser miembro de la familia Hornby, y de alguna forma tenía que estar emparentado con mi rival en vida, Olive Hornby. El reencuentro con mi amiga exángelHed, a quien ahora conocí como Heather Sinclair, que me dejó más dudas acerca de mi regreso a esta vida. Y todo esto enmarcado con el hecho de tener que comportarme como si todo lo estuviera viviendo por primera vez, incluyendo la rivalidad casi mortal que sostenía contra DixieDrew, nuestra "compañera" de casa, o quizá debiera decir "dictadora".
He sentido ganas de acercarme más a mi amiga Marcia. Me ha parecido que es más madura de lo que dice ser, y se merece tener a alguien en quien confiar. Espero no decepcionarla nunca. En adelante, estaremos más cercanas la una de la otra, y sé que puedo confiar en ella. Le comenté precisamente que estaba pensando en confiar un poco más en Candy, la examiga de Dixie, para así conformar un frente común que ella no pudiera corromper con sus amenazas.
La mañana se ha pasado muy rápido. Me han disculpado un par de clases, pues me han llamado de la Enfermería, y acudo acompañada de Marcia, por quien he pedido permiso para que la dejen ayudarme a andar hasta allá. Por fin mi pierna quedó sana, y Madame Pomfrey me dio el alta luego de que le devolviera su bastón. Me sentí aliviada de tener libertad de movimiento de nuevo. Tras salir de la Enfermería, Marcia y yo sentimos hambre y vamos al Gran Comedor, puesto que ya casi es hora de almorzar. No bien empezamos con los primeros bocados, cuando comienzan a llegar las lechuzas de la correspondencia, y una se posa delante de mí.
— Wow, amiga — dice Marcia pasando su bocado —. Alguien te ha escrito. ¿Será tu familia?
— Oh, no lo creo Marcia — le contesto con un dejo de tristeza —. Más bien, pienso que es la respuesta a una carta que yo envié. Veamos.
Abrí la carta, y leí ávidamente hasta el final. Me quedé tan pensativa, que ni noté cuando Marcia se asomó para leerla.
Estimada señorita Morseferth:
Le ruego me disculpe por no haber contestado con prontitud su amable carta, la verdad es que aún estando retirado como auror, creo que tengo más compromisos que cuando estaba en activo. Le ofrezco disculpas por eso, y también por tener que posponer un poco la entrevista que le prometí.
He sido llamado por parte del Ministerio de Magia para colaborar en la resolución de un asunto por demás extraño, y no sé de cierto cuánto tiempo me llevará. Pero le prometo que en cuanto mis servicios no sean ya requeridos me tendrá a su entera disposición. Me estaré comunicando con usted en cuanto me sea posible.
Saludos cordiales:
Harry Potter
— Oh Myr, lo siento — dijo Marcia, palmeándome la espalda —. De verdad quería que pudieras ver al señor Potter.
— Lo sé amiga, no te preocupes — le dije rehaciéndome de la decepción —. Mira, aquí me dice que se comunicará conmigo, y algo me dice que lo hará.
— Sí Myr, yo también lo creo.
— Bueno, terminemos de comer. Tenemos un par de clases más y terminará el día por aho…
— ¡Myrtle, Marcia! — escuchamos gritar desde la puerta. Era Candy, quien corría y nos gritaba. Cuando llegó con nosotros, tuvimos que esperar a que recobrara el aliento para que nos hablara.
— ¡Uf, uff, qué bueno que está aquí! — dijo Candy resoplando — Myrtle, el director te llama. Dijo que fueras a su despacho de inmediato.
— ¿Yo? ¿Pero qué hice? — me pregunté extrañada. Candy se encogió de hombros y Marcia se me quedó mirando con cierto temor en la mirada. Por el camino, interrogué un poco a Candy, pero no me dijo gran cosa.
— ¿Estás segura de que me buscaba a mí, Candy?
— Pues sí, me lo encontré a la salida de la sala común, creo que iba a buscarte en persona. Lo acompañaban dos caballeros, y me preguntó al verme si te conocía. Le dije que sí, y me pidió que te buscara y te acompañara a su oficina.
Estaba más extrañada que asustada. ¿Cómo sabría el director dónde encontrarme, si se suponía que entré de "contrabando" en el colegio? La respuesta me esperaba en la oficina del director. Cuando llegamos a la entrada, Candy mencionó la frase contraseña (el mismo director se la había dicho), y dijo que me esperaría junto con Marcia fuera de la oficina. Se le veía sinceramente preocupada por mí, cosa que agradecí en silencio.
— Señor director, ¿me mandó llamar? — dije estando dentro. El director mismo respondió y me tomó de la mano para acompañarme. Estaba esperándome cerca de la puerta.
— Sí señorita, pase por favor — me dijo amablemente. Era un anciano muy gentil, sin barba pero con un bigote algo espeso y canoso. Tenía maneras algo torpes, y me miraba mucho al caminar junto a él. No sé por qué, pero tengo la sensación de conocerlo de algún lado.
— Así que, si hay una Myrtle estudiando con nosotros — dijo en tono fascinado —. Cuando me lo dijeron, no lo creía de momento, pero ahora no sé…
— Disculpe profesor — interrumpí sus pensamientos — ¿Hice algo malo?
— Oh, no señorita, claro que no — me dijo de inmediato —. Es solo que tenemos aquí a unos visitantes, que desean verla y preguntarle algunas cosas. Mire, permítame presentarla con ellos, primero…
Pero en ese momento yo ya no lo escuchaba. Me quedé fría, mirando a los dos caballeros que me esperaban sentados ante el escritorio del director. Uno era el oficial Gregg, el guardia de la estación King's Cross, y el otro era el señor Bertrand, el administrador de la estación.
— Buen día señorita Morseferth — me dice Bertrand levantándose —. Nos volvemos a ver.
— Por favor señorita — dice luego el oficial Gregg —, no huya esta vez, se lo ruego.
La voz del guardia se escucha algo mortificada, mientras la de Bertrand me suena como segura, como del cazador que ha logrado acorralar a su presa.
— ¡Un momento señores! — salta frente a mí el director, cosa que me sorprende; y se pone entre ellos y yo — ¡Exijo saber en este momento qué es lo que se traen en contra de mi alumna!
— Pues resulta señor director, que su alumna es una fugitiva — recita Bertrand, muy seguro de sí —. Hace unos días se escapó de King's Cross, mientras el oficial aquí presente y un servidor intentábamos aclarar su repentina y misteriosa aparición en la estación.
— E-es que… bueno… — balbuceó el oficial — E-ella apareció así, ¡PUFF! De la nada. Sin atravesar la barrera, vistiendo harapos. Y no sabía lo que era un teléfono móvil…
— Y al interrogarla sobre su familia y procedencia, nos dio datos de una persona que ha estado muerta. ¡Muerta por más de ochenta y cinco años director Longbottom!
Longbottom. Otra oleada de recuerdos me aparece ante los ojos. Longbottom. El amigo de los tres inseparables Gryffindors, el olvidadizo niño que, tras la desaparición de Voldemort se volvió experto en Herbología, hasta llegar a profesor. Desde ahí, ya no lo recuerdo más.
— Así que, es nuestro deber saber qué ha movido a esta señorita a suplantar a una persona fallecida, director — continúa hablando Bertrand. Al parecer me perdí en algún punto de la charla —. Es por eso que debemos llevarla al Ministerio, y hemos pedido para esta investigación la asesoría del mejor de los aurores que ha habido hasta ahora. No debe tardar en lleg… ¡Ah, creo que es él!
Para ese momento me sentía ya perdida. Pronto averiguarían quién era yo, y seguramente me harían objeto de estudio por haber vuelto de la muerte, siendo que no se conocía ningún caso de alguien que lograse volver de ella, al menos sin ayuda aparente. Había oído hablar de la Piedra de la Resurrección, pero eso era un cuento de niños. O al menos eso pensaba.
El auror citado apareció en la chimenea gracias a los polvos flu, envuelto casi por completo en su túnica. Cuando se sacudió y se la quitó para presentarse, no podía dar crédito a mis ojos.
— Hola amigo Neville — dijo el anciano auror, saludando al director de forma muy familiar —. Cuánto tiempo sin verte.
— Sabes que no requieres invitación Harry — contestó el director Longbottom alegremente.
Me quedé anonadada. No supe qué decir o cómo reaccionar. Harry Potter, a quien yo quería ver para que me ayudara con mi problema, estaba a punto de llevarme al Ministerio y darle seguimiento a una investigación de suplantación de identidad. No sabía qué iba a hacer si me reconocía, aunque tampoco hubiera podido hacer algo si no lo hacía.
Luego de los saludos y presentaciones, Harry se acercó a mí. De pronto me sentí como un ingrediente de poción, cuando se tiene que medir con exactitud para no obtener un desastre.
— Así que, se trata de esta señorita — dijo Harry dirigiéndose a todos, sin dejar de mirarme.
— Sí, así es señor Potter — dijo Bertrand, en tono de quererse colgar del cuello la gloria de haberme descubierto —. Bueno, ahora que ya está usted aquí podemos llevarla al Minis…
— Oh, eso no será necesario señor Bertrand — dijo Harry mirándolo —. Cuando me solicitó ayuda, hice un poco de investigación por mi cuenta, ¿sabe? Y me encontré con algo muy interesante. O mejor dicho, con alguien.
Los dos hombres de la estación se le quedaron mirando extrañados, mientras Harry sonreía volteando a ver a la chimenea. En ese momento, alguien más hizo su aparición en ella. Era un caballero algo mayor, aunque no tanto como Harry o el director. Vestía muy apropiadamente, y tenía un gesto muy duro en el rostro. Pero lo que más llamaba la atención eran sus cejas pobladas, que enmarcaban su mirada fría.
El recién llegado me miró con mucha atención, como si me estuviera estudiando. Dio una vuelta a mi alrededor, lo cual me incomodó un poco, y terminó mirando mi cara y mis ojos. En ese momento sentí algo extraño, una especie de cercanía muy singular con aquel hombre que nunca había visto. Y estaba a punto de enterarme el por qué lo sentía.
— Señores — dijo al concluir su examen —, ha sido una atinada decisión el haberme llamado para investigar este caso. Mi departamento estará encantado de darle solución a tan peculiar situación, la cual estoy seguro de encontrar muy rápido. Desde este momento, éste caso pasa a mis manos, así que pueden retirarse con la seguridad de que será resuelto muy pronto.
— ¿Eh, así nada más? — dijo Bertrand, escéptico — Pe-pero yo creía que teníamos que llevarla al…
— Caballero, ya se le dijo que no hay ninguna necesidad — interrumpió el desconocido —. La situación de esta señorita no tiene nada de particular, es un caso muy común y será resuelto por métodos bastante simples.
— Pero, es que ella… — insistía Bertrand, acercándose peligrosamente a mí.
— Ella es una víctima más de "locura temporal por estrés" — dijo Harry, interponiéndose en su camino —. Son casos muy comunes en los adolescentes que viven experiencias traumáticas, como la humillación en el caso de ella. ¿No es así señorita?
Yo asentí automáticamente, sin decir nada. Lo que Harry dijera en mi defensa me bastaba para estar de acuerdo con él.
— Entonces, ¿a dónde se la llevarán? — preguntó el guardia Gregg, que no perdía detalle de la conversación, al desconocido — Y a propósito, ¿quién es usted?
— La señorita será llevada primero al psicólogo — contestó el extraño con seguridad —, y una vez que sea evaluado su estado mental, le haremos un interrogatorio adecuado para que nos diga su real procedencia. Y contestando su última pregunta, yo soy Dustin McEnroe, detective en jefe de la División de Personas Mágicas y Muggles Desaparecidas.
— Nunca escuché hablar de algo así — dijo Bertrand, con cara de sospecha.
— Pues claro que no — dijo el señor McEnroe —. Nuestro trabajo es transparente, para no poner en riesgo a los desaparecidos. No se sabe nunca las circunstancias de que se hayan "esfumado", por así decirlo, y no debemos permitir que su integridad peligre al estarlos buscando. Por eso trabajamos en conjunto con autoridades tanto mágicas como muggles, y el exauror Potter es y ha sido siempre un colaborador muy cercano. De hecho, gracias a sus esfuerzos es que nuestro departamento existe.
— Mire señor McEnroe — dijo Bertrand exasperado —. Esta niña se apareció de la nada en King's Cross, ¿lo oye? ¡De la nada! Y todo el mundo sabe que eso es imposible, pues la estación entera está protegida para evitar la curiosidad de los muggles. Luego, dice con exactitud el nombre de una chica muerta hace muchos años, quizá ni había ella nacido cuando aquella murió. ¿Cómo es posible que la conociera? ¿Cómo puede alguien saber algo de otra persona, si ni siquiera había nacido cuando la otra persona murió?
— ¿Y cómo sabe usted que ella sabía que estaba muerta esa persona? — replicó McEnroe, desafiante — ¿Cómo sabe que el nombre que usó no lo inventó, y que éste coincidió con el de una persona fallecida?
Bertrand iba a decir algo, pero ya no tuvo argumentos para seguir debatiendo. Le hizo una seña al guardia Gregg, y ambos se fueron como habían llegado. Luego de que desaparecieran, el señor McEnroe pareció aliviado, y volteó hacia donde yo estaba pero ahora con el gesto sonriente. Se acercó rápidamente a mí y sin decir nada, me abrazó con fuerza.
— Sí, sí era verdad. Y no lo creí posible… — decía para sí mismo, cerca de mi oído. Cuando me soltó, se dirigió a Harry — Gracias, muchas gracias amigo Harry.
— De nada amigo — contestó Harry, contento. Fue a abrazar al director, quien se había mantenido callado, mientras el señor McEnroe tomaba asiento frente a mí.
— Estoy fascinado — dijo mirándome —. Verdaderamente fascinado.
— Perdón — dije al fin —, ¿me estoy perdiendo de algo?
— Un poco nada más, Myrtle — respondió Harry —, pero enseguida te aclararemos todo.
— ¿De verdad? ¿Me dirán por qué he vuelto?
— Bueno, eso no podríamos decirlo con certeza — intervino el director Longbottom —, pero lo que sí podemos decirte es que ya no estarás sola en tu búsqueda.
— Así es Myrtle — dijo el señor McEnroe, mirándome a los ojos —. Desde ahora, yo te acompañaré.
— ¿U-usted? — dije desconfiada.
— Sí — contestó sonriendo —. Pero no me hables de usted por favor. Soy yo quien debiera hacerlo, tía Myrtle.
— ¿Eehh? ¿P-perdón, cómo dijo?
— He dicho tía Myrtle. Yo soy Dustin, tu sobrino tataranieto; y tu último pariente vivo tía.
