Disclaimer: Ni Harry Potter ni sus personajes me pertenecen... ¬¬ si así fuera la historia sería de otra manera.

Capítulo 10 "... Y me enamoro de ti"

Hermione ya contaba con dos semanas más de castigo en su haber, incluyendo la que ya había cumplido, eso ascendía a un total de tres semanas de castigo y dos días. Suspiró sonoramente mientras hacía mentalmente estos cálculos. Apenas quedaban tres meses para los E.X.T.A.S.I.S. y ya había batido el record de castigos del colegio.

Lo sabía; lo había mirado en los archivos de Hogwarts. Solo había habido en la historia del colegio dos personas con un castigo tan duradero como el suyo: los gemelos Weasley. Y el de ellos tan solo había durado tres semanas.

Volvió a suspirar y cerró el libro que estaba leyendo tan sonoramente que Madame Pince la miró con mala cara. Sí, estaba en la biblioteca, como siempre que quería estar sola sumergida en algún libro de estudio. Ahora que lo pensaba, era un buen método para estar sola.

El día anterior había sido catastrófico, era verdad, pero con la luz del día parecía que no había sido para tanto. Si Hermione lo pensaba fríamente, ella, Harry y Ron habían hecho cosas mucho peores que colarse en el despacho del director... Aunque dudaba que nada de lo que habían hecho fuera peor que el hecho de haber besado a un profesor... ¡A Snape!

Y sin embargo, ya no le parecía tan terrible el hecho de haberle besado. Ahora que podía recordarlo con claridad... Le había gustado. Mucho. Se sonrojó ante el mero pensamiento de que hubiera disfrutado de un beso robado a su profesor de Pociones. ¿Qué pensaría él? A estas alturas estaba convencida de que Snape había visto su recuerdo, pero aun no había ocurrido nada malo...

—Señorita Granger.

Aun...

—¿Sí, profesor?—Respondió Hermione, levantando la vista del libro y enfrentando los ojos negros de Snape.

—Venga conmigo a mi despacho.—Hermione asintió, se puso de pié y recogió las pocas cosas que tenía desperdigadas por la mesa. Últimamente iba demasiado al despacho de Snape. Y eso le causaba una sensación de doble filo; por un lado le sudaban las manos de recordar que ahí era donde había ocurrido el beso y por otra parte se reprochaba a sí misma esos pensamientos tan poco propios de ella.

Cuando llegaron al despacho de Snape este se sentó detrás del escritorio y le indicó a Hermione que se sentara en su sitio. Hermione pensó que Snape parecía más serio de lo habitual. Algo le perturbaba y seguramente tenía que ver con ella. Sonrió internamente al pensar que podía poner nervioso al maestro de Pociones.

—Señorita Granger... Me gustaría discutir con usted... —Hermione enarcó una ceja, divertida por los esfuerzos que estaba haciendo Snape por sonar normal, pero no mostrándolo por miedo a más días de castigo.—El... Bueno, los acontecimientos de la noche de Navidad...

Justo lo que Hermione se temía; Snape quería hablarle del beso.

—Si quiere yo... Puedo... Puedo Obliviarla para que no recuerde lo sucedido y nada de este asunto repercuta en su vida personal ni en sus estudios...—Hermione ahora frunció el ceño; ella no quería olvidarse del beso.

—¿Tan horrible fue, profesor?—Inquirió un poco triste. Snape la miró sorprendido gratamente.

—No... quiero decir... —Se dio cuenta de que había respondido demasiado rápido muy tarde. Si no tuviera el control que le habían dado tantos años como espía ahora mismo estaría ruborizándose como un adolescente.—Yo solo...

—Entonces... ¿Qué le pareció?—Hermione se sorprendió a sí misma por su atrevimiento, después de todo el Sombrero Seleccionador la había puesto en Gryffindor. Snape pareció pensar lo mismo.

—No creo que... —Snape la miró un poco exasperado.—Eso no importa...

—¡A mi me importa!—Y Hermione no supo como ni porqué se había levantado de la silla y estaba de pie, casi gritándole a un sorprendido Snape.—Yo... lo siento, señor.

Snape carraspeó sonoramente y desvió la mirada hacia otro punto de la habitación que no fuera Hermione.

—No fue para nada horrible, si le interesa saberlo, señorita Granger.—Dijo por fin Snape, en un tono de voz mucho más bajo y suave de lo acostumbrado que a Hermione le encantó. Se imaginó a Snape con esa misma voz susurrándole en el oído y sus mejillas volvieron a teñirse de rojo.

—No quiero que me haga olvidarlo, profesor.—Dijo Hermione tan tímidamente que a Snape le pareció adorable.

—Si es su deseo... No lo haré.—Hermione se atrevió a mirarle de nuevo y el hombre casi parecía estar sonriendo. Casi.—En ese caso... puede marcharse ya Granger.

Y Hermione salió del despacho con una sensación extraña en el pecho y en la punta de los dedos. Se estaba enamorando de Snape. Lo sabía, podía sentirlo en cada latido apresurado de su corazón cuando pensaba que esa misma tarde tendría que volver a estar a solas con él por el castigo. Lo sabía, pero eso no quería decir que lo entendiera.

OoO

—Hola Ginny—Saludó Hermione a la chica que se acababa de sentar a la mesa de Gryffindor con una sonrisa de oreja a oreja que no le pasaba desapercibida a nadie. Ni siquiera a Harry.

—¡Hola!—Respondió alegre. Luna Lovegood seguramente habría dicho de ella que se había tragado una bandada Tinkerwills de la felicidad.

—Vaya, parece que alguien ha tenido un buen día...—Le susurró Hermione al ver como la pelirroja desviaba la mirada hacia otro punto del Gran Comedor y guiñaba un ojo.— Y dime ¿Quién es el afortunado?

—¡Shhh! ¡No tan alto!—La regañó Ginny, mirando a todas direcciones para comprobar que nadie más se había enterado del comentario de Hermione.

—¿Así que realmente es eso?—Preguntó Hermione levantando una ceja y satisfecha de sí misma.—¿Y bien?

—No te lo puedo decir... —Hermione la miró con mala cara.—Al menos aquí.

Hermione sonrió satisfecha, olvidándose por un momento de la pesada mirada que sentía sobre su nuca y su dueño. Aun tenía en mente lo ocurrido la noche anterior. Hablando de la noche anterior...

—Oye, Ginny, ¿no tenías castigo con Filch? —La pelirroja la miró horrorizada y le hizo un gesto para que dejara el tema. Hermione no pudo evitar pensar que Ginny estaba muy misteriosa últimamente.

—No quiero hablar de eso... —Y la repentina alegría de Ginny pareció resentirse un poco, pero solo durante unos pocos segundos, después esa sonrisa reapareció en su rostro.—Creo que tenemos que hablar, Hermione.

—Ya lo creo que tenemos que hablar.—Hermione rodó los ojos y se levantó de la mesa, arrastrando con ella a la pelirroja.

Se encerraron en una de las muchas aulas que a esas horas estaban vacías y, tras poner los pertinentes hechizos anti-espías, Hermione se encaró con Ginny que estaba tan alegre que parecía que daba pequeños saltitos al moverse.

—Ahora, desembucha.—Ordenó Hermione con tono de broma. A Ginny se le iluminaron los ojos y se agarró con fuerza a las manos de Hermione.

—¡Es genial, Hermione! De verdad, no te puedes hacer ni idea de lo que...

—¿Qué es lo que es tan genial, Ginny?—Hermione, por una vez en su vida en lo referente a Ginny, estaba confusa.

—¡Blaise!

—¿Qué le pasa? —Hermione cada vez entendía menos de la conversación que estaban teniendo.

—¡Estoy saliendo con Blaise, Hermione! —Casi gritó la pelirroja, exasperada de la lentitud mental de Hermione. Los ojos de la chica de pelo castaño se abrieron como platos.

—¿Cómo? Pero... Pero... ¡Es Blaise, Ginny! ¡Blaise!—Ginny rodó los ojos.

—Sí, Hermione, ya sé de quién estamos hablando... ¡Pero no es como crees! En realidad él odia todo ese rollo de los sangre pura... —La voz de Ginny era tan aguda que estaba a punto de convertirse en un gritito histérico. Hermione torció el gesto, no le gustaba Blaise... Siempre le había parecido un perrito faldero de Draco Malfoy, un perrito faldero cualquiera. Aunque bien mirado ella no podía abrir la boca cuando acababa de darse cuenta de que se estaba enamorando de Snape... Teniendo en cuenta lo que hablar de Snape implicaba.

—Me... —Vaciló, acordándose del ceño fruncido y los ojos negros del profesor de Pociones clavados en ella mientras le besaba en la oscuridad de su despacho.—Me parece genial, Ginny, de verdad.—Incluso logró sonreír. Ginny enarcó una ceja con sospecha.

—¿Y a ti qué mosca te ha picado? —Hermiome intentó la táctica de encogerse de hombros, eso siempre solía funcionar.— No esperaba... Bueno, no esperaba que te lo tomaras tan bien...

—¿Qué esperabas? ¿Que me pusiera a gritarte hasta ponerme colorada y quedarme afónica? Creo que me has confundido con Ron.— Y ahora la sonrisa cómplice de Hermione era de verdad.

—Aun así... —Ginny seguía mirándola suspicaz, intentando averiguar los motivos de esa actitud de Hermione.— ¿No seguirás pensando en el beso con tu ya sabes quien, verdad?

—¡Ginny no lo digas así! —Exclamó Hermione antes de ir a comprobar que los hechizos anti-espías seguían en su sitio.

—¿Y porqué no? Prefieres que diga que no puedes dejar de pensar en ese beso tan apasionado que te diste con S... —La mano de Hermione se apresuró a cubrir la boca de la pelirroja, que ahora reía a carcajadas.

—No se si es peor que digas eso o que parezca que tengo algo que ver con Lord Voldemort.—Hermione sonrió, la cara de Ginny se había puesto en un instante tan blanca como el papel al escuchar el nombre.—¿Ves? Con la boca cerrada estás mas guapa...

—Entonces... ¿De verdad estás tan preocupada por eso? —Volvió a decir Ginny, esta vez seriamente. Hermione dejó salir un suspiro entre sus labios antes de contestar.

—Si te digo la verdad... Sí, Ginny... Me estoy empezando a preocupar. —La pelirroja enarcó una ceja, realmente Hermione parecía carcomida por la preocupación.—Me... He pensado que... ¡Bah, déjalo!

Hermione avanzó hacia la puerta, dispuesta a acudir a la última clase del día y después prepararse física y mentalmente para el castigo con Snape, pero Ginny la detuvo cogiéndola por el brazo. Los ojos castaños de Hermione se encontraron con los azules de Ginny. El ceño de la chica Weasley estaba fruncido.

—Estás... Te estás enamorando de él... —Ginny parecía no poder creerse sus propias palabras. Delante de ella Hermione bajó la mirada a las losas de piedra del suelo, no siendo capaz de negar las asombradas palabras de su amiga.— Pero... Hermione, es Snape... ¡Snape, el mortífago!

La mirada perturbada de Hermione volvió a cruzarse con la de Ginny. Ahora la preocupación surcaba las facciones de la pelirroja al mirar y comprender la magnitud de lo que pasaba con su amiga.

—Sí, Ginny, estamos hablando de la misma persona.

Y Ginny soltó el brazo de Hermione, dejando que la chica abriera la puerta y se perdiera de su vista, confundida entre los grupitos de estudiantes que acudían a sus clases. Ginny se quedó ahí plantada, igual que una de las muchas estatuas que adornaban los pasillos del colegio, tratando de digerir esa revelación.

Comparado con lo de Hermione lo suyo no era nada.

Salió del aula vacía y se encaminó a su clase. No tenía sentido darle más vueltas a lo que no lo tenía. Mientras caminaba por el pasillo se preguntó en qué momento sus vidas se habían complicado de esa manera.


Hola a todos! Lo primero es disculparme por el enorme retraso de la historia... como algunos sabréis he tenido unos problemas personales... digamos... preocupantes, y no he podido continuar con la historia hasta ahora... espero que me perdonéis.

También deciros que he perdido un poco el hilo con esta historia, así que las actualizaciones no sean tan seguidas como antes de esta enorme pausa... tal vez una al mes o algo así, depende.

Y un agradecimiento enorme para todos los que me habéis mostrado vuestro apoyo con vuestros comentarios, miles de gracias! Espero que os haya gustado el capítulo, ^^ pronto volveré con mas! Lo prometo!

Un saludo

Neran