*Nota para una seguidora u/o lectora*
¡Hola! Por fin me anime a hacer esto, me pareció justo hacerlo por vos, seguro pensaran que de quien hablo bueno pues creo que esa persona podrá saberlo y más porque parece ser bastante observadora, de hecho por eso mismo este pequeño texto, quería decirte que eres muy perspicaz y te has dado cuenta rápido de lo que planeaba en la historia, empiezo a pensar que era demasiado obvio pero bueno no importa, también me gustaría agradecerte los reviews que me dejas porque eres la única que siempre me saluda y se despide *inserte carita llorando aquí* en fin, ya era hora de que respondiera a tus reviews.
¡Saludos!
Ahora si para todo el público en general, me gustaría agradecerles mucho por todos sus reviews, follows y Favs, y también quería aclarar que tal vez haya más de "Tu eliges" por un tiempo más del que pensé así que disfrutadlo y no olvidéis que yo solo escribo por vosotros y porque me encanta que lo disfruten y que espero lo sigan haciendo, todos sus comentarios son bienvenidos ya sean buenos o malos porque a fin de cuentas se han tomado el tiempo de escribirme y se agradece. Sin mas por el momento, hasta la próxima.
Besos y abrazos. Y a leer que no hace daño... Se les quiere mucho.
P.D. Amo a Marceline 3
Se oían unos golpes en la puerta de una habitación, sonaban bastante insistentes, tanto como la voz de la persona que los estaba produciendo, parecía ya llevar un buen rato tocando y en el tono de su voz empezaba a notarse su molestia.
-¡Abre de una vez!- grito el chico a la persona que se encontraba en la habitación y que parecía que no saldría jamás
La puerta se abrió lentamente y tras ella apareció una chica con una camisa negra y un short rosa, su cabello rosado estaba totalmente revuelto, señal de que acababa de levantarse de la cama.
-Al fin abres- suspiro el chico de cabello rosa
-¿Qué quieres, Gumball?- cuestiono la chica con un ligero tono de mal humor
-¿Qué pasa contigo, Bonnibel? Mírate, en esas fachas a esta hora del día, deberías estar atendiendo a tus súbditos y a tu reino, pero no, estas aquí sin querer salir de la habitación- replico su primo
-Ese no es asunto tuyo- dijo y trato de cerrar la puerta más el muchacho se lo impidió
-Claro que lo es- se metió en el cuarto y se sentó sobre la cama haciéndole una señal a la joven de que se sentara a su lado –Cuéntame que es lo que te está pasando, quiero ayudarte, pero si no me lo dices no podre-
-Gracias por el gesto- dijo sentándose a su lado y tomando una de sus manos entre las suyas- Pero nadie puede ayudarme y te prometo que estaré bien, perdóname por hacer que te preocuparas-
-De acuerdo- cedió el chico y se retiró del cuarto
La joven peli rosa llevaba varios días haciendo lo mismo, se levantaba hasta tarde, no comía bien, y a pesar de que se levantara hasta las dos de la tarde no estaba descansando y se le notaba por las ojeras que ahora adornaban su rostro. Su primo había decidido quedarse un tiempo más del planeado debido al mal estado en el que había visto a la chica. Ni siquiera quería recibir visitas que no fueran estrictamente necesarias y si lo hacía no duraba mucho hablando con ellos.
Por fin se vistió y salió de la habitación, estuvo un rato haciendo papeleo y recibió a Finn y Jake quienes insistían en que querían preguntarle algo importante.
-¿Qué pasa, chicos?- pregunto la princesa mientras todos tomaban asiento en la sala
-Veras, no queremos incomodar pero ayer hemos pasado por la tarde a casa de Marceline y no ha abierto pensamos que no estaba así que nos fuimos y cuando fuimos esta mañana tampoco la encontramos, queríamos saber si tu sabias donde esta ya que últimamente se han vuelto tan amigas- explico el chico rubio
La princesa al oír el nombre de su ahora ex novia se tensó, no podía evitarlo, apenas hacia unos días que la vampira se había ido pero no daba señas de querer volver y no podía culparla después de lo que le había dicho seguro que no regresaba aun si iba a rogarle de rodillas.
-No… no sé nada de ella, lo siento, chicos- dijo forzadamente la princesa desviando la mirada
-Vaya que mala onda, esperábamos verla antes de irnos- comento el perro
-¿Irse? ¿A dónde?- pregunto con curiosidad la princesa
-Vamos a irnos de aventura al reino de Aaa, solo por unos días- respondió el humano
-Bueno pues les deseo mucha suerte, chicos, ahora si me permiten tengo muchas cosas que hacer- dijo mientras se ponía de pie
-Claro nos vemos luego- se despidió el perro y los dos jóvenes salieron del reino
La princesa chicle continúo con sus labores del reino, firmando papeles y atendiendo a un par de dulces que querían hablar con ella. Le hacía bien trabajar en algo porque de lo contrario comenzaba a recordar a Marceline, sus besos, sus caricias, sus caras de enfado cada vez que la molestaba a propósito con algún comentario, pero no era bueno ponerse a pensar en ellos, le dolía pensarla y saber que no volvería a recuperarla, ya no, después de todo ya le había fallado dos veces.
El tiempo paso y la noche llego rápido, en cuanto la peli rosa cerró la puerta de su habitación se tumbó en el piso y comenzó a llorar, llevaba desde que la vampira se fue haciendo lo mismo, le dolía no verla pero le dolía más saber que probablemente la peli negra estuviera sufriendo de la misma manera o más incluso y todo fuera por su culpa, sus miedo y sus malditas inseguridad que la hacían retroceder en su relación, pero ya no había vuelta atrás, ella se había marchado y no volvería, la había herido. Unos pequeños golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos, se limpió las lágrimas rápidamente y se paró del suelo, abrió la puerta encontrándose con su dulce mayordomo quien traía un vaso de agua en las manos.
-Le traía un poco de agua, seguro está muy cansada- comento el dulce
-Gracias, mentita-
-¿Puedo hablar con usted, su majestad?-
-Claro, pasa- le dijo invitándolo a pasar con la mano
-Vera, yo sé que es un tema delicado, pero tenemos que hablar sobre… Marceline- dijo calmadamente
Ahí estaba de nuevo, por segunda vez en el día tenía que hacer como si nada pasara respecto a la vampira
-¿Qué pasa con ella?-
-Sé que tenía una gran amistad con esa muchacha, pero yo solo quería decirle que ha hecho muy bien en alejarse de ella, usted sabe que es una mala persona, siempre lo ha sabido, tomo la decisión correcta y no tiene por qué sentirse mal por ello-
Estaba cansada, ya había oído eso antes pero simplemente cada vez que veía a la peli negra confirmaba que eran puras mentiras, ella sabía que Marceline era bastante más sensible de lo que aparentaba en realidad.
-Mentita, basta de eso por favor, no me gusta que hables mal de ella- dijo con algo de cansancio en la voz
-Pero Princesa, usted sabe que es verdad, no debería engañarse a sí misma de esa manera- le recrimino el pequeño dulce
-Yo sé que es mentira, tal vez antes era pequeña y tenía miedo pero ahora conozco mucho mejor a Marceline y estoy completamente segura de que ella es totalmente lo contrario a lo que insinúas- comento un poco más molesta pero sin llegar a alzar la voz
-Como usted diga, Majestad, pero después cuando esa chica la haga sufrir, no diga que no se lo advertí- concluyo el mayordomo y se marchó cerrando la puerta tras de sí
-Yo fui quien le hizo daño- susurro para ella misma la peli rosa
Se desvistió, se colocó su piyama y se metió bajo las sabanas, sabía bien que no conseguiría dormir pero de todos modos no tenía ganas de hacer nada más, solía dormir volteando hacia la ventana con la esperanza de que la vampira apareciera y le dedicara una más de sus cálidas sonrisas que tanto le gustaban a la princesa, que la abrazara y la besara como siempre, que no se fuera nunca… pero sabía que eso no iba a pasar por más que lo deseara, cerró los ojos lentamente tratando de dormir y después de un par de horas lo consiguió.
En otro lugar bastante más oscuro se encontraba una peli negra con su bajo-hacha componiendo un par de notas nuevas para su disco, o al menos eso trataba ya que no podía concentrarse en ello y todo lo que podía hacer era sacar horribles notas que no servían para nada, estaba tratando de sacar alguna buena nota cuando sonó el timbre así que tuvo que dejar lo que hacía para ir a abrir la puerta, no tenía ganas de ver a nadie pero por la voz que había escuchado sabía perfectamente quien era y también imaginaba a que había venido.
-Hola- dijo simplemente la vampira al abrir la puerta
-¿Hola? ¿Sabes por qué estoy aquí verdad? ¿Por qué demonios no has ido a los ensayos?- le recrimino su amiga guitarrista de la banda bastante molesta
-También me alegra verte- sonrió sarcásticamente pero lo hizo sin gracia alguna
-¿Qué te pasa, Marce?- pregunto ya más tranquila
-No sé de qué hablas, Keila- se giró para entrar a la casa y la otra chica la siguió hasta que estuvieron las dos sentadas en el sofá
-Vamos, tu nunca faltas a los ensayos y además, mírate parece que no has dormido en días y apenas y flotas, ¿Has comido algo?-
-Estas exagerando-
-¿No es por esa chica cierto?-
La joven peli negra la miro sorprendida, sabía que su amiga era muy lista pero no esperaba que lo supiera tan rápido, realmente no quería hablar de ello pero dadas las circunstancias y conociendo como conocía a la otra chica no se daría por satisfecha hasta no saberlo todo. Suspiro sin mucho ánimo y se dispuso a contarle.
-Primero debes prometer no decirlo a nadie, ni siquiera a Guy y Bongo- le advirtió la vampira
-Te lo prometo-
-Bien, mira yo… estuve en una relación con esa chica- dijo desviando el rostro
-¿Estuviste?- le cuestiono
-Si… terminamos hace un par de días, no he tenido ánimos ni siquiera para ir a los ensayos-
-¿Por qué terminaron? Se notaba todo el amor entre ambas, lo vi desde la primera vez que las vi hablar-
-Parece que te equivocaste, Bonnibel no quería nada serio conmigo, solo una estúpida relación a escondidas- recordó con un tono de dolor
-¿Has pensado en cómo debe sentirse ella?- pregunto la guitarrista mirando hacia el techo de la casa
-¿A qué te refieres?- dijo enarcando una ceja
-Lo que escuchas, mira, ella siempre ha vivido para los demás y no es fácil que todas las personas que dependen de ti sepan algo tan personal, tal vez tenía miedo a cómo reaccionarían todos y es entendible ¿Quién no ha tenido miedo? De ser rechazada tal vez o incluso de que no te aceptaran a ti ¿Lo has pensado?- volteo a verla directamente
-Claro que si- dijo cabizbaja –Porque yo misma lo he sentido, ¿Qué pensaría mi padre de verme en una relación con una persona tan buena? Los demonios se burlarían de mi por toda la eternidad y también me arriesgo a que todo Ooo me odie más de lo que ya lo hacen ¿Cómo lo tomarían mis amigos? Pero aun así, a pesar de todo, estaba dispuesta a correr el riesgo, Keila- menciono con un dejo de tristeza
-Tal vez… ella no es tan valiente-
-O tal vez no le importo lo suficiente, considerando que ni siquiera me ha buscado-
-¿Marce, quieres irte de aquí? Veras nos ofrecieron un concierto no muy lejos, supuse que no querrías irte así que tenía pensado declinar la oferta, pero ya no estoy tan segura ¿Qué dices?- pregunto la chica tomándole el rostro a la otra
-… no lo sé-
-Vamos, solo será un mes y no es muy lejos así que podrás regresar si eso quieres-
-Bien, nos vamos- dijo con toda determinación
-Entonces empaca tus cosas, mañana mismo nos vamos al reino de Aaa- hablo entusiasmada la guitarrista levantando las manos
-Espera… ¿dijiste al reino de Aaa?-
-Si ¿Qué tiene?- pregunto confusa la joven
-Es que…- se quedó pensativa sin terminar la frase
-¿Qué?-
-… es que ahí vive…-
-¿Quién?- pregunto la otra
-Nadie, olvídalo no importa- le dedico una pequeña sonrisa
-Bueno, si tú lo dices, te esperaremos mañana el mismo lugar de los ensayos a la misma hora, de ahí nos marchamos ¿Estas segura que no te quieres despedir?- agrego antes de marcharse
-… no, no quiero- añadió dudando
-De acuerdo, hasta mañana- dijo saliendo de la casa
-Adiós…- susurro la vampira –Supongo que ya era hora de verlo de nuevo- se dijo a si misma tras un breve instante
Volvió a tomar su bajo-hacha y se puso a tocar una melodía, era un poco triste pero era la que su madre solía tocar para ella cuando aún era pequeña, a veces la repetía para sí misma con tal de no olvidar jamás la letra de aquella canción que tanto significado tenía para ella.
Al parecer aquella noche tampoco dormiría pero al menos tenía que comer algo, Keila tenía razón, apenas y podía mantenerse flotando y sentía como su cuerpo se estaba rindiendo al cansancio y pronto tendría que poner los pies en el piso. Fue a la cocina y tomo una manzana, le clavo los colmillos succionando su delicioso sabor, en un segundo se sintió rejuvenecida y decidió que era hora de empacar o terminaría dejándolo todo para el final. Subió a su habitación y comenzó a llenar la maleta que saco de su armario con su ropa si fijarse mucho en realidad que era lo que metía en ella, se detuvo al ver pegada en la puerta del closet una foto de Bonnie y ella juntas, era de hace muchos años cuando Bonnibel apenas era una niña, con esa sonrisa tan tierna que siempre tenía, la estaba abrazando tan fuerte que podía recordar como aquel gesto la había tomado desprevenida y se dio cuenta de que todo había cambiado y no precisamente para mejorar.
