Disclaimer: Si fuera dueña de Shingeki no Kyojin sería rica, famosa y les pagaría a mis amigos todos los helados que les debo. Todos sus derechos están reservados al gran Isayama Hajime.


Departamento de Soltero
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Capítulo X: Eso es fácil

"Acepta los riesgos, toda la vida no es sino una oportunidad.
El hombre que llega más lejos es, generalmente, el que quiere y se atreve a serlo"
—Dale Carnegle—


—¡Por fin! —exclamó Mikasta al verme salir del baño. Ella entró en él seguidamente, dándome un duro empujón con el hombro. Parecía haber estado esperando por un largo rato su turno.

Me encogí de hombros, ahorrándome las mil y un burlas que tenía para decirle. Todavía es muy temprano por la mañana como para comenzar con lo de siempre, además de que ella podría hacerme oídos sordos al estar del otro lado de la puerta, cuando disfrutaba tanto que me contestara y me devolviera las bromas con insultos.

Antes de que pudiera caminar hacia la cocina y empezar a hacer un nutritivo desayuno para degustar, el teléfono de la casa resonó, para mi extrañeza, pues no solían llamarnos mucho por acá, porque estamos en 2015 y para algo existen los teléfonos inteligentes y el Whatsapp.

Y como no está Mikasa cerca, que es la que suele atender siempre que llaman por acá, tuve que ir yo por él.

—¿Hola? —dije.

—¿Hola? —repitió una voz femenina, pero no era una que yo conociera. No era Petra, no era Frieda, no era Annie, ni Braus, ni Lagnar, ni Carla.

¿Tal vez alguna de mis conquistas pasadas? Lo dudo, yo nunca les di mi número de casa.

—Disculpe, ¿quién habla? —pregunté.

La mujer al otro lado hizo como si abriera la boca, pero no dijo nada al instante. Y no necesité verla para saber que lo hizo, se pudo escuchar el sonido ahogado de las palabras atascadas en su garganta. Mikasa también hace unos iguales cuando está nerviosa, lo he notado.

—Yo… debería decir lo mismo.

Silencio.

Diablos, eso fue incómodo. La mujer suena avergonzada, como si se hubiese equivocado de número de teléfono. Pude haber cortado, pero eso sería tan idiota. Y ella también pudo haberlo hecho, pero por alguna razón se quedó todavía en línea, y yo también.

A menos que…

—Ah, debes ser la madre de Mikasa, ¿no?

De nuevo pude escuchar que ahogaba palabras en la garganta, pero la otra vez sonó insegura. Ésta más parece que sonó indignada, como si no le hubiese gustado que la tuteara.

—Emm, sí. ¿Con quién tengo el gusto?

—Ah, soy Eren Jaeger. El compañero de piso.

Y una vez más, hizo ese extraño sonido con la garganta, pero no sé por qué me imaginé que tal vez era una combinación de los dos anteriores.

Ay Dios…

QUÉ CASTA.

—¿Eren? ¿Quién llamaba? —escuché a Mikasa hablarme desde el pasillo.

Miyaki, Mitaki, o como se llame la «casta mayor», estaba diciéndome algo cuando su hija también me habló. Y como quería librarme de esta situación, opté por la salida fácil. Tapé la bocina del teléfono con la mano y me dirigí a la hija.

—Tu madre.

—¿QUÉ? ¡¿MI MADR—?!

Y su alarido de terror fue cortado por otros extraños sonidos, como si acabara de caerse y rodara a su paso con varias cosas. En poco tiempo, la vi gateando hacia mí y arrancarme de la mano el teléfono.

—H-hola, mamá… Sí, ese fue Eren… Ya sabes… —Y el resto de lo que pude escuchar, fueron balbuceos y otras cosas inentendibles.

Los Ackerman son raros.

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Sasha ha creado el grupo "Las chicas superpoderosas".

Sasha te añadió.

Ymir: "Qué coño es esto".

Ymir cambió el nombre del grupo a "La gorda, la flaca y la desnutrida".

Yo: "Creo que es un grupo de Whatsapp".

Sasha: "Síp, exactamente eso es lo que es".

Ymir: "Really? ¿No les basta solo con hablar en persona?".

Sasha añadió a Christa.

Christa: "¡CHICAAAAS~!".

Ymir: "ÁNGEL".

Ymir: "Digo, CHRISTA~".

Sasha: "¿Eso responde tu pregunta, Ym?".

Yo: "¡Chris! ¿Cómo has estado?".

Christa: "Bastante bien. Stohess es grandioso y mi papi siempre nos lleva a la iglesia a mis hermanos y a mí. Ah, y me he encontrado a Armin Arlert en la universidad".

Christa: "¿Y ustedes cómo han estado?".

Christa: "Es tanto tiempo sin saber de ustedes *—*".

Christa: emojis de monitos, corazones, conejos.

Ymir: "Ah, larga historia. Mikasa vive con Eren Jaeger y, supuestamente ella, practican el celibato. Sasha tiene un hermanastro lunático que nos regaló estatuas extrañas a cambio de una colaboración para un festival ñoño. Trabajo con Berth en una sexy shop y somos amigas de una fabulosa drag-queen y un calvito gay. Annie es gótica. Reiner idiota. Berth hermoso. Marco un hippie sin amigos. Ah, y el profesor de Inglés de la universidad shippea a Eren y a Mikasa, pero ésta anda montándole cuernos con un sexy culón de tercer semestre de arquitectura".

Ymir: "Sí, hemos estado muy bien".

Christa: emoji consternado.

Christa: "¡MIKASA, POR LOS CLAVOS DE CRISTO, CÓMO PUEDES SERLE INFIEL A TU NOVIO CON OTRO CHICO!".

Christa: "¡JESÚS TE REPRENDA DE TODO MAL!".

Yo: "Pero qué coño…".

Yo: "Nonono, Christa. Ymir lo contó mal".

Sasha: "EXACTO. ¡Eren Jaeger no es su novio!".

Yo: "Y tampoco Jean, pero bueno…".

Christa: "Espera… ¿Eren Jaeger? ¿No es el que estudiaba con nosotras y tenía complejo de gigolo?".

Sasha: "Ese mismo".

Christa: emoji consternado.

Christa: "¡POR LOS DIEZ MANDAMIENTOS, MIKASA, TE HACE FALTA JESÚS!".

Ymir: ha enviado una nota de voz.

Sasha: "En serio, Ymir, ¿una grabación de tu risa descontrolada?".

Ymir: "ME ESTOY ORINANDO".

Ymir cambió el nombre del grupo a "Discusión sobre el perro".

Christa: "¿Perro?".

Yo: "Se refieren a mí".

Sasha: "Es nuestra mascota *—*".

Christa: "Mikasa, ¿cómo puedes vivir con Eren Jaeger?".

Sasha: "Vaya, lo mismo le pregunté yo".

Yo: "Necesitaba el piso y él fue amable en dejarme vivir con él. Vamos, no es para tanto".

Yo: "Y es un idiota, sí. Pero no es mala persona".

Sasha: emoji de boca ladeada.

Ymir: emoji de sonrisa pícara.

Christa: emoji consternado.

Yo: "Qué .-.".

Sasha: "Ay, no. NO".

Christa: "Señor todopoderoso, perdónala".

Ymir: "Se enamoró el perro~".

Yo: "Agh, no sean idiotas".

Yo: "Me sigue gustando Jean, genias".

Sasha: "¡Oh, por Dios! ¿Te escribió?".

Yo: "No ;-;".

Ymir: "Bien hecho, Sasha".

Christa: "¿Quién es Jean?".

Ymir: "El culón sensual de tercer semestre de arquitectura. Mismo al que Sasha asustó de Mikasa cuando le quiso tomar una foto disimuladamente y le salió el flash".

Christa: "Por los clavos de Cristo, Sasha…".

Sasha: "Fue un accidente xD".

Ymir: "Sí, y ahora lo alejaste del perro".

Sasha: "Oh".

Sasha: "Lo siento, Mikasa ;-;".

Yo: "Bah, no es la gran cosa".

Yo: "Por cierto, ¿irán al festival?".

Ymir: "¿Qué festival?".

Yo: "El Caribbean Festival, en la playa".

Sasha: "¿El de Marco y los hippies?".

Ymir: "¿Lo de «Bongós y ukeleles»? ¿Hablas en serio?".

Yo: "Es el próximo martes".

Ymir: "¿Bromeas? ¡El martes es más atravesado que mi nacimiento!".

Sasha: "Ese día no tenemos clases, es feriado nacional".

Christa: "Se oye divertido :3. ¿Puedo ir con ustedes?".

Ymir: "Sí, cierto. Se oye divertido. Claro que puedes venir, vamos a ir".

Christa: "¡Yaaay!".

Christa: "Chicas, hablamos más tarde. Iré a la iglesia con mis hermanos".

Christa: emoji de beso.

Christa salió.

Sasha: "Oigan, adivinen qué encontré e.e".

Ymir: "¿Un lunar en tu trasero?".

Sasha: "Sí, pero no es eso. Es el Ask de Jean Kirschstein e.e".

Yo: "PÁSAMELO".

Ymir: "Vaya, parece que el perrito va a acosar a su hombre :v".

Sonreí maliciosa ante el último comentario de Ymir y finalmente, cuando Sasha envió el link al grupo. Bendito sea el Ask, que dejé de usar hace como un año, pero retomaré por Jean Kirschstein.

—¡Mira por dónde vas, Mikasta! —espetó Eren, chocando juguetonamente su carrito de supermercado con el mío, casi haciéndome perder el equilibrio.

—¡Oye, idiota! —protesté.

—¿Andas en las nubes o qué?

Pues, prácticamente. Cuando me unen en un grupo de Whatsapp con mis amigas y nos ponemos a hablar de estupideces, mi mente se desvía de los objetivos principales, eso es seguro.

Eren sonrió malicioso, empujándome con el maldito carrito solo para tomar en el lugar que estaba unas galletas de chocolate, con chispas de chocolate y relleno de chocolate, que solo faltaba que dijera en la etiqueta: «cómeme y te dejaré la cara como una pizza». Demasiada tentación para mí.

—Con un simple «permiso», basta. O pudiste haberme dicho y te las pasaba.

—No confío en tus manos de santa, Mikasta —mofó, queriendo picarme la nariz con sus dedos. Le pegué en el intento, pero él reía como un niño en una juguetería.

Suspiré. Toda la mañana estuve esperando a que mi querida madre llamara por fin para pedirle dinero y hacer las compras de víveres, aguantándome las increíbles ganas de ir al baño por temor a que llamara y yo no estuviera disponible. O peor, que atendiera Eren. Cosa que pasó, irónicamente, cuando mi vejiga no pudo aguantar más.

Y cuando Eren me pasó a mi madre, la indignación en su voz por saber que estoy viviendo con un chico, resonó. Tuve que recordarle —y seguir mintiéndole— que Sasha vivía conmigo y ella y Eren son novios. La mentira más vil que me he inventado, y la única que me ha salido tan malditamente bien.

Después de que se calmara y decirle que me depositara lo suficiente para salir al supermercado, y prometerle que se los devolvería, nos despedimos, le mandé saludos a Levi —que todavía, y por alguna razón que desconozco, seguía en Shiganshina. Por último, recibí la misma advertencia que me dio antes de venirme a Trost:

—El condón es tu amigo, Mikasa. No quiero nietos tan joven.

Ugh. Mi madre es boba o se le zafa un tornillo cada día.

La más pendeja para hablar de sexo soy yo, vamos. Cómo será haciéndolo.

Me estremecí de la sola idea. Ok, sé que pronto cumpliré dieciocho y desde los nueve menstruo, pero ugh… Los temas sexuales por alguna razón me cohíben. Y esto es culpa de Misaki, por eso de que es tan correcta y anticuada, y qué decir de lo mucho que me traumó el idiota de Levi cuando quiso platicarme del sexo después de que mi madre le contó a todo el mundo que su hija había «florecido».

—Ya puedes tener sexo —decía él, de veinte adorables años.

—¿Y eso qué es? —preguntaba yo, con lágrimas en los ojos porque creía que iba a morirme al descubrirme sangrando.

—Es lo que harás para tener bebés o que mamá te desherede si se entera que lo has hecho.

—¿Y cómo se hace?

—El pene es esto —había sostenido una banana en su mano, mientras que con la otra formó un pequeño círculo—, y la vagina es esto.

Y luego había introducido la banana y había podido notar la forzada expansión de su mano. Y como a los días, había venido su amiga de toda la vida, Hanji Zoë, queriéndome mostrar porno. Y joder que lo hizo. Levi estuvo molesto con ella por días, pero pronto volvieron a juntarse; ellos son como mis chicas y yo, pero más raros.

Desde entonces, el sexo me ha perturbado —¡vamos, tenía nueve años!—, aunque ya no como antes, pues sé que algún día me tocará… hacerlo

UHH

Sí, como verán, soy todo lo casta que Eren dice que soy.

Pero volviendo al presente, como ya Misaki me había depositado, le dije a Eren para salir al supermercado. Le había insistido en ir al del centro comercial, pero, oh no, él quiso venir al de la otra cuadra, donde estaba su guasona.

Y esa es una de las razones por las que anda tan pícaro y más idiota que nunca. La guasona nos observaba desde su caja, enviándole miradas seductoras y besos en el aire que él supuestamente atrapaba.

Ugh, idiotas.

Mientras tanto, yo acá, sola, acosando al que me gusta por Ask y haciéndole preguntas en anónimo.

"Jean, ¿es muy difícil hacer que me prestes atención de una vez?".

Reí como colegiala imbécil mordiéndome los labios. Bajé con el dedo hacia sus otras respuestas, detallando mensajes de otras golfas que le decían lo guapo que era y lo coqueto que él respondía a todas estas. Suspiré.

Soy patética, lo sé.

Observé mi carrito. Aparentemente, tenía de todo. Incluso había optado por comprar más desinfectante, pues la última vez que vine al supermercado me llevé solo un frasco para limpiar en casa, y aunque seguro nos rendirá durante varias semanas, prefiero ser precavida y llevarme un frasco extra. Y aparte del desinfectante, había metido otras cosas de mayor necesidad, como cloro, jabón de ropa, aparte de los alimentos más necesarios. Para mí, metí verduras extra, galletas light, yogurts light, leche light y una caja de cereales con pasas para mantenerme en forma luego de venir cenando hamburguesas casi todas las noches.

—¿Faltará algo? —pregunté en voz alta, esperando a que mi compañero de piso me quitara las dudas.

—No, si llevas casi todo el césped de un jardín.

—Son espinacas, Eren.

—Venga, ¿acaso quieres desaparecer, Mikasa? —ironizó, mirándome de arriba abajo—. ¡Pero si estás en el hueso, hija!

—Eso lo dices porque eres hombre y te gustan las culonas y tetonas —bufé, mirando de soslayo a la guasona pelándole el diente.

—Razón no te falta —admitió, sonriente—. Pero tú estás bien así, ¿para qué tanto drama por una dieta? Quién entiende a las mujeres. A ti te hace falta proteínas.

Y en menos de cinco minutos, ya me había pedido una pieza extra de carne, una bolsa de granos de frijol y como tres kilos de pasta.

—Eren, ¿para qué tanta pasta?

—Haremos chicha, amiga. A ver si engordas algo.

Rodé los ojos ante lo que dijo, pero no protesté más. Quizás no me viniera tan mal alimentarme mejor en las noches, ya que usualmente —antes de que Eren comenzara a traer lo que su exnovia le daba— omitía las cenas. Durante unos quince minutos más, vagamos por los pasillos del supermercado metiendo en nuestros carritos otros artículos de primera necesidad. Eren incluso metió un vodka que encontró en la sección del bodegón y jugo de naranja para ligarlo; irá a tomar él solo, supongo.

Por un momento, me perdí de él, pero al girarme hacia el sitio donde él debería estar, por un momento creí que se había vuelto invisible con todo y el carrito con sus compras. No tuve que esforzarme mucho en buscarlo, pues era obvio que andaba chupándole la boca a la guasona.

Puse ojos de exasperación mientras arrié el carrito hacia la caja. Eren corría con la suerte de no tener a nadie tras él en la fila de pago o se estarían desesperando, pues sus compras todavía no habían sido procesadas.

Cuando me puse tras él, carraspeé fuertemente, captando la atención de ambos que separaron sus bocas finalmente. Observé los labios de Eren con pena, le habían quedado tan rojos como si hubiese estado comiéndose una chupeta de fresa. Petra, por su parte, casi se había quedado sin color en los labios. Al verme, sentí su actuación despectiva hacia mí.

—Agh, andas con ella —la escuché mascullando.

—Sí, ¿algún problema? —reté, preparándome para sacar mis garras.

Eren tenía plasmada en la cara la diversión que esta situación le provocaba.

Finalmente, luego de pagar con nuestras tarjetas y tener que esperar a que Eren se despidiera de la guasona, salimos con nuestras compras directo al auto. Guardamos gran parte en el maletero y el resto en los asientos traseros.

—En serio, Eren —espeté ceñuda—. Estamos a solo una cuadra del edificio, ¿y aun así eres incapaz de caminar cargando unas simples bolsas?

—Prff, si tengo un auto, ¿para qué molestarme en caminar? —dijo, con esa imborrable y estúpida sonrisa en su rostro.

—Ugh, ven acá. Me tienes estresada —dije, acercándome un poco hacia él.

Lo tomé de la barbilla e hice que se inclinara lo suficiente. Con uno de mis pulgares, presioné sus labios suavemente borrando todo rastro de labial rojo de guasona. El dedo terminó quedándome casi tan rojo como él había estado en esa zona, pero al menos el resultado fue más favorable.

Eren sonrió pícaramente.

—Si tanto quieres tocarme los labios, solo pídeme un beso y te lo daré.

Lo miré ceñuda, sintiendo el tibio escozor del rubor agolpándose en mis mejillas. Le di un empujón en el hombro, que en vez de molestarlo solo lo hizo reír.

—No seas idiota —reproché—. Si estás tan necesitado, vete con tu guasona y ya.

—Ah, ¿no te conté? Tiene novio justo ahora, así que no está muy dispuesta.

Me giré hacia él todavía con el ceño fruncido. No hablaba en serio, ¿verdad?

—¿Y aun así se estaban comiendo la boca?

—¿Qué? —Se encogió de hombros—. Solo fueron besos, Mikasta.

Rodé los ojos ante el estúpido apodo. Eren debería convertirse en fruta y madurar.

Una vibración en el bolsillo de mis jeans captó mi atención. Al instante saqué mi teléfono de su lugar y lo encendí con un par de toques hasta desplegar el cintillo de las notificaciones. Era de Ask, mierda. ¡Y era la respuesta de Jean!

Oh, por Dios… Oh, por Dios…

"Jean, ¿es muy difícil hacer que me prestes atención de una vez?:

No, vale. Eso es fácil".

Fácil.

FÁCIL.

¿FÁCIL? ¡Si es tan fácil ven ahora mismo y tómame!

—¿Estás bien, Mikasa? —cuestionó Eren, observándome de reojo mientras aparcaba el auto en su respectivo lugar del estacionamiento del edificio.

No me había dado cuenta de que había estado apretando los dientes con frustración. Solo atiné a soltar un pesado suspiro.

—Estoy perfecta.

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Hippie cabrón: "¡Hey, hola!".

Yo: "Hey".

Hippie cabrón: "No se te olvida el trato con el que quedamos, ¿no?".

Yo: "¿Trato? ¿Cuál trato?".

Hippie cabrón: "De venir al Caribbean Festival el martes".

Yo: "Alto, yo nunca dije que iría".

Yo: "Creí que eran tus benditos discos indie y ya".

Hippie cabrón: "Pues yo siendo tú consideraría venir".

Hippie cabrón: "Digo, Connie ya me contó".

Hippie cabrón: "Fue algo interesante lo que hicieron, tengo que agregar".

Yo: "¿A qué hora dices que empezaba?".

El teléfono volvió a sonar una vez más, y cuando estuve a punto de lanzarlo contra la pared porque pensaba que era el hippie cabrón llamándome, abrí emocionadamente los ojos al darme cuenta de que era una persona con la que sí me gustaría hablar.

—¡Viejo! —exclamé atendiendo la llamada. Había una marcada sonrisa en mi rostro cuando escuché la voz de mi mejor amigo de vuelta.

—Hey, olvida-amigos —respondió Armin. Sonaba despectivo, pero sabía que estaba bromeando.

—No te pongas cursi, pendejo.

Él rió, y yo lo secundé.

—Me sorprende que me llames.

—Me sorprende que no lo hayas hecho antes.

—Vamos, Armin. Por algo existe Whatsapp.

—Oye, ¿vas a ir a ese festival que se va a hacer allá en Trost?

Mierda, ¿él también sabía de eso? Vaya, debe tener también un hippie intenso que lo haya invitado a una cosa como tal.

—No pensaba hacerlo, pero digamos que tengo qué —le dije.

—Ve. Yo voy a ir.

Enarqué las cejas ante su decisión, sonriendo socarronamente aunque no pudiera verme.

—¿Y eso? ¿Al pequeño y estudioso Armin Arlert le entró la onda universitaria de ir a fiestas y conciertos?

—Eres un cabrón —espetó, aunque sé que desde el otro lado estaba sonriendo como la dulce nena que es—. En realidad, Christa me habló de ello.

Ugh, Christa. La recuerdo de la secundaria, por supuesto; la chica es una belleza, rubia y de ojos azules, pero la caga ser tan… ella. Una más del clan de las amigas perras de Mikasa. Aunque no merece el título de «perra» sino el de «monja». A Reiner le gustó un tiempo, incluso a mí cuando tenía catorce, y estoy seguro de que a Armin también le debe gustar; es más, creo que estudian en la misma universidad.

—La monja —señalé con fastidio.

—Ella es genial.

—Sí, viva Jesús.

Armin rió.

—En serio, iré solo para volver a verlos. No sé casi nada de los chicos desde antes de venirme a Stohess. ¿Cómo están Annie, Reiner y Bertholdt?

—Igualitos que siempre. Annie como si fuese un alma en pena, Reiner tan marica como de costumbre y Bertholdt… siendo Bertholdt, en fase de luna de miel con Lagnar.

—¿Lagnar? —repitió—. ¿Ymir Lagnar? ¿Todavía siguen?

Y al igual que a él, a mí también me sigue costando creérmelo.

—Ya van a los cinco meses. Qué horror.

Armin rió jovialmente.

—No seas cruel. Berth es feliz, y de alguna forma lucen bien.

—Sí. El chico grande y callado con la chica perra. Se complementan. —Rodé los ojos acentuando mi sarcasmo, aunque Armin no pudiera verme.

—Oye —inició de nuevo, utilizando un tono de voz que ahora sonaba más serio—, ¿cómo te va viviendo con Mikasa Ackerman?

Ante la mención de la casta, sonreí. A decir verdad, a los únicos que les conté que viviría con Mikasa fueron Armin y Frieda. El resto se enteraron gracias a sus escandalosas amigas, y Carla y Grisha deben seguir creyendo que estoy solo.

—Es un fastidio —admití—. Me manda a limpiar cada sábado y dejar la casa como si fuese una tacita de cristal. Es tan correcta que es gracioso cuando intenta decir malas palabras o insultar. Sus amigas son un fastidio más y unas perras. Ayer tuve el placer de hablar con su madre por teléfono; ni la conozco y ya sé que debe ser hasta peor de lo que es ella.

Armin no contestó por un rato, pero sí atinó a reírse.

—Suena como que se llevan bien.

—En realidad —afirmé—. Al principio no negaré que la quería en casa como salida fácil, pero he estado disfrutando de su compañía, aunque no sea exactamente la que acostumbro. No sé, me recuerda un poco a Frieda.

—Ah, Eren, no has cambiado nada —suspiró mi amigo—. Pues, ya quiero que sea martes. Será divertido encontrarnos un rato antes de la reunión navideña de la promoción.

—¿Reunión navideña? —repetí.

—¿Reiner no te ha dicho? Están planeando hacer la primera reunión de la promoción en diciembre por las navidades, y creo que hasta planean un intercambio y esas cosas. Suena genial, ¿no lo crees?

—Sí, lo que digas.

Armin pareció comprender; no dijo nada más.

—¿Nos veremos en el festival entonces? —dije.

—Cuenta con ello, galán.

—Adiós, dulzura.

Escuché la puerta del departamento abrirse en el momento en que corté el teléfono. Vi a Mikasa entrando con una bolsa de pan, soltando varios y pesados suspiros mientras intentaba controlar las notificaciones entrantes en su teléfono.

—Gracias por haberme acompañado, Eren —sulfuró sarcásticamente colocando el pan sobre el mesón de la cocina-comedor.

—¿Me pediste que lo hiciera, acaso?

—¡Es tu deber como compañero de piso hacerlo! —decretó entornando los ojos mientras se acercaba hacia la sala, sentándose justo en el sofá frente a mí.

—¿Quién lo dice?

—¡Yo!

—Pues lo siento, milady —chamullé entre bostezos—. Por cierto, ¿qué harás el martes?

La vi encogerse de hombros mientras abrazaba un cojín.

—No sé si sabes, pero habrá un festival en la playa. Y estaba planeando en ir con las chicas —afirmó.

—Oh, entonces también irás.

—¿También? —repitió observándome analíticamente.

—Sí, Marco me quiere ahí y no quería estar yo solo rodeado de hippies frikis.

—Espera, ¿Marco? ¿Marco Bodt? ¿De cuándo acá ustedes son amigos?

Abrí la boca dispuesto a responderle su duda, pero instantáneamente la cerré. Mierda, no iba a decirle que el hippie cabrón me estaba mandando a hacerle favores para que pudiera darme la estatuilla endemoniada que luego la casta vino a romper, y que todavía sigo en deuda con él y debo asistir a ese tonto festival.

—Prff, Mikasa. Hay tantas cosas que no sabes de mí. ¡Por cierto…! —me apresuré a cambiar de tema—. ¿Qué tal te va con tu chico? ¿Has hablado con él?

Volvió a suspirar, enterrando la cara en el cojín que tenía en brazos.

—No quiero hablar de eso.

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—¡ESO ES FÁCIL, VALE! —gritó Ymir, apretujándonos contra la multitud del festival apenas llegamos. Estallaba en carcajadas luego de contarles mi penosa situación con el Ask de Jean mientras que Sasha trataba de sujetársele del brazo porque iba a caerse de tanto reír.

—¡Ymir, cállate! —rogué entre dientes, temerosa de creer en la posibilidad de que Jean se encontrara cerca. Por algo son amigos, según dijo Sasha.

—Oh vamos, si nos oye, ¿de verdad crees que piense que nos estemos refiriendo a él? —razonó Ymir, recostándose de una valla metálica propia de las que hay en conciertos.

—El pensamiento de los mortales es tan sorprendente como absurdo —citó Annie con su espectral tono. Cargaba una sombrilla consigo para protegerse del sol cual vampira.

Mentalmente, lancé mis monedas de la suerte al aire rogando que, si Jean estaba en la playa, no hubiese escuchado los aullidos burlescos de Ymir. Podría preocuparme menos de no ser porque hay tanto silencio entre el bajo bullicio de las voces que ni siquiera parece un festival de música. La tarima está montada, las cornetas y plantas puestas junto con micrófonos y artilugios de iluminación que prometen quedar mejor de lo que Marco nos hacía ver. Pero no había ni una mísera melodía puesta, ni siquiera de radio.

—Con mi gran experiencia de conciertos a los que he ido, como el show de Barnie sobre hielo, sé que por lo menos debería haber musiquita preliminar —expresó Sasha, luego de que finalmente se calmara de su ronda de carcajadas.

—Eso díselo a tu hermano el raro —objetó Annie—. ¿Me hicieron salir de casa con pleno sol vespertino para que no haya nada?

—Ah, vamos, den una oportunidad a todo el asunto —defendí—. Pronto comenzará.

—Ugh, ¿dónde diablos estará Christa? —urgió Ymir.

—¡Hola, preciosas! —saludó Reiner, apareciéndose tras nosotras de repente y abrazando a su novia.

—Dije Christa, no un rubio llorón —se quejó la de pecas.

—¿Qué? ¿Christa Renz vendrá? —inquirió con sorpresa—. ¡Vaya, no la vemos desde la fiesta de graduación!

Notamos cómo Annie lo miró desafiante, por el rabillo del ojo. Todo el dramón de secundaria en los primeros instantes de su relación, en 7mo año, tenía incluido a Christa. A Reiner le gustaba Annie, a Annie Reiner, así que empezaron a salir juntos. Solo que hubo momentos en los que Reiner se dejó llevar por los encantos de nuestra dulce Christa, la cual le explicaba biología para aquel entonces. Así que Annie y Reiner terminaron, eso dejó repercusiones en Reiner, y tras la graduación volvieron.

Y Annie parecía no poder olvidar nada del pasado.

—Dilo por ti, hijo —prosiguió Sasha.

—¡Qué emoción que venga! Creo que Armin también lo hará —exclamó felizmente el rubio.

Annie se soltó de su agarre, aproximando peligrosamente el filo de la sombrilla a la nariz de Reiner.

—Ojalá te vea baboseando por ella y juro que te clavaré esto en un testículo —amenazó. Hasta a nosotras se nos puso la piel de gallina.

—L-lo que tú digas, angelito.

El «angelito» quedó tranquilo mientras su desdichado «santo» intentaba darle pequeñas muestras de afecto.

—Hey, es muy temprano para andar boicoteándole la existencia a Reiner, Annie —calmó Bertholdt, llegando hasta nosotras y acariciándole suavemente la cabeza a Annie como si fuera una dulce e inocente niña. Pronto, se acercó hacia Ymir para abrazarla por detrás y plantarle un beso en el hombro que su blusa sin mangas dejaba al aire.

Quise suspirar. Este ambiente rodeado de tanto amor me enferma. Al menos Sasha se compadece conmigo porque está igual de sola que yo.

—¡SASHITAAAA! —exclamó una voz conocida.

—¡CONNIEEEEE! —secundó mi amiga, recibiendo en brazos a mi jefe de la disquería y alzándolo en el aire como si fuese una reina de belleza.

—¿De cuándo acá hay tanto amor? —exigí perpleja, que hasta Annie que es Annie soltó una risa frenada.

—Desde que Sashita es mi socia en el crimen —respondió Connie, todavía rodeando a Sasha con un brazo—. Siempre está ahí para mí cuando necesito recargas de energía en Criminal Case.

Y mientras tanto yo aquí, lamentándome por Jean y sus estúpidas respuestas del Ask. Es que quisiera encontrármelo finalmente y proceder con lo que me dijo Eren, hablarle. Claro, si es que no me arrepiento a último momento de hacerlo por temor a quedar como una idiota desesperada.

—¡CHICAAAAAS! —chilló Christa cuando nos vio mientras se apartaba entre la multitud con los brazos abiertos dispuesta a abrazarnos.

Ymir fue la primera en llegar con ella, soltándose de los brazos de Bertholdt. Sasha y yo le seguimos por detrás e hicimos casi una bolita de arrumacos.

—¡Cuánta falta me hacen en Stohess! —dijo cuando nos soltamos—. Deberían ir para allá alguna vez. La casa de mi papá es grande.

Y como estábamos libres de nuestros propios brazos y Christa procedió a saludar al resto, me fijé en dos personas más que la habían estado siguiendo al llegar. El primero era Armin Arlert, un ex compañero de secundaria, junto a Eren.

—Hey —me saludó él apenas llegó hacia donde estábamos. Armin venía a su lado—, ya conoces a Armin.

—Sí, claro. Te recuerdo de la secundaria.

—Entonces, ¿cómo es vivir con Eren? —inquirió con curiosidad en su expresión simpática, haciéndome reír.

—Sinceramente, no me quejo demasiado.

—Claro, si tú eres prácticamente la comandante de mi departamento —se quejó Eren.

—¿Estudias en Stohess, no? —formulé a Armin ignorando a Eren en redondo.

—Así es, Arqueología en la Universidad de Stohess.

—Vaya, grandiosa carrera.

—Mis notas me ayudaron a conseguir la beca —afirmó humildemente, con un dulce sonrojo en sus mejillas.

—Creo que se llevarán bien. Ambos son aburridos —replicó Eren.

—Mikasa —intervino Sasha llegando hacia nosotros—. Ah, hola Armin, tanto tiempo sin verte.

—Lo mismo digo, Sasha.

—Oh, vaya, pero miren lo que trajeron las olas del mar. Un aguamala —dijo Eren, burlándose de Sasha, la cual a fijarse que él estaba aquí, gruñó.

—¿Qué ibas a decirme? —insté.

—Ah sí, ¿quieres acompañarme a buscar a Marco y decirle que nos consiga bebidas para todos?

—Está bien, ¿dónde estará?

—Justo lo acabo de ver por allá. —Sasha señaló con su dedo hacia una sección aproximada a la tarima cerca de unas enormes cornetas de sonido, donde, en efecto, él se encontraba y…

Ay, no…

Jean está con él, hablando.

NOOOO.

—¡Hey, eso es fá—! —gritó Ymir cuando se fijó en él en la lejanía, justo cuando la entrecorté para mi suerte con una mano.

—¡Con más razón aún! —dijo Sasha tomándome del brazo—. ¡Ven conmigo!

•·.·´¯`·.·•

A excepción de la perra entrometida de Sasha y de Mikasa, las chicas se habían hecho a un lado y ahora estaban hablando con Connie Springer, cosa a la cual yo intentaba huir. Era tiempo de hombres ahora, y vaya que nos estaba haciendo falta a los cuatro volvernos a reunir de esta forma, incluso cuando habláramos de puras tonterías como ahora mismo.

—¿Y entonces? —Reiner enarcó las cejas con picardía, mientras le daba suaves codazos a Armin en las costillas.

—¿Entonces qué? —dijo Armin, frunciendo el ceño con expresión confusa.

—No te hagas el santo, pequeñín —siguió el rubio musculoso, ahora mirándonos con complicidad—. Quién te viera, Armin Arlert.

—No sé de qué estás hablando.

—Vamos, estudias con Christa Lenz, ¿no es así?

—No. Bueno, sí… Compartimos la clase de inglés. Ella estudia una carrera diferente —señaló, encogiéndose de hombros.

—Vaya, no pierdes oportunidad —opinó Berth, seguido de una carcajada de Reiner.

Yo permanecí en silencio, compadeciéndome de Armin que tenía una cara de que no sabía de qué rayos hablaban estos dos. No sabía si reír por burlarme, o llorar de la pena.

Annie rápidamente se unió a nosotros; Reiner la abrazó ligeramente de la cintura. Detallé entre sus manos, con los dedos llenos de anillos, el mango de… ¿eso era una sombrilla? ¿Y ahora ésta se cree Mary Poppins o qué?

—¿De qué hablan, ineptos? —preguntó ella, con su característica y empalagosa dulzura para con nosotros.

—De que Armin ya ha florecido.

Annie lo miró de arriba abajo, antes de hacer una mueca que parecía ser una sonrisa cargada de un satírico sarcasmo.

—Eso no se lo cree ni él —soltó, cruzándose de brazos, todavía con una mano en el mango de la sombrilla—. Como sea, hagan como que están hablando de algo más interesante que la falsa virilidad de Armin y me tienen muy metida en ello.

—¡Oye! —exclamó Armin.

—¿Huyendo de Connie? —me burlé de ella, echando un vistazo rápido hacia Ymir, Christa y el tipo que se supone que es jefe de Mikasa en la disquería.

Annie asintió, entornando los ojos, que se le vieron enormes al ponerlos en blanco, y más con la cantidad de delineador en el párpado superior.

—Demasiadas niñerías rosas para mi gusto.

—Volviendo a la discusión sobre Armin, ¿a cuántas chicas ya te has pegado, pequeño bastardo? —insinuó Reiner, sonriendo de esa forma socarrona una vez más.

—No te creas, quizás disfruta más la compañía de Manuela —secundé entre risas.

—¿Quién es Manuela? —inquirió Armin con inocencia.

Los cuatro lo miramos como si no estuviera hablando en serio, pero vaya que sí. Este chico todavía seguía siendo un pan de Dios en todos los sentidos.

—Amigo, ¿en serio? —cuestioné.

—Oye, no me culpes por mantenerme íntegro y centrado en mis estudios como meta primordial.

—Entonces, ¿ni siquiera Christa?

—Es virgen, Reiner. Ríndete —espetó Annie, ceñuda ante las insistencias de su novio por estarle sonsacando sucios secretos.

—Vamos, chicos —intervino Berth, como todo mediador—. Armin tiene sus razones, y es mejor andar con la mente fría y pensando en el futuro vocacional que en procrearse constantemente.

—Lo dice el que todos los fines de semana no duerme por andar follando con su fiera Ymir —insinuó Reiner—. Cualquiera cae en esa faceta de inocentón, Bertholdt.

El moreno se sonrojó a más no poder. Seguía siendo el más tímido de los cinco, de todos modos. Aunque le ganó a Armin y terminó siendo más fiera de lo que aparentaba.

•·.·´¯`·.·•

—Mira tú, no te me pierdas —llegó diciéndole Sasha a Marco, enrollando un brazo en el suyo de manera cariñosa; clara forma de atrapar al que quiere pedir un favor—. Oye, ¿puedes traernos bebidas a todos? Ya que conoces a la gente de acá, pueda que te rebajen el combo, o hasta te lo den gratis.

—¿Dónde están ustedes?

—Justo allá. —Sasha señaló nuestro lugar, justo por encima de mi hombro.

Sentí la mirada de Jean sobre mí una vez Sasha quiso hacerme notar con esa cruel indirecta. Mi corazón empezó a martillear en mi pecho ante el nerviosismo que todo esto me causaba. Ya no solo me sentía patética por estar acá, sino culpable de pensamiento por saber que me rebajé al nivel del stalker por andar viendo su perfil de Ask y estarle haciendo preguntas en anonimato.

Por un instante, miré a Jean y éste sostuvo mi mirada hasta que ladeó una sonrisa. Sentí mi cara arder ante la visión de lo guapo que es, por el amor de Dios.

—Ah, él es Jean —lo presentó Marco, dándose cuenta quizás de que hubo un aterrador e incómodo silencio de miradas intercambiadas—. Jean, ésta es mi hermanastra, Sasha, y su amiga, Mikasa.

—Sí —soltó Sasha, junto a una risita nerviosa—. Ya tuvimos el placer de conocernos antes.

—¿En serio? —cuestionó Marco, extrañado, más para su hermana que para su amigo.

Jean hizo intento de abrir la boca y responder por todos, pero Sasha rápidamente intervino.

—Oye, Marquito, ¿por qué no vamos a buscar esas bebidas de una vez? Sabes lo bestial que se pone Ymir si no toma antes de que empiece la acción.

Sasha lo tomó con más firmeza del brazo, empezando a caminar en dirección contraria a la nuestra.

—Ah… Bueno —accedió Marco antes de desaparecer entre la multitud. No le quedó más remedio, en garras de Sasha.

Y ahora Jean y yo estamos solos. Genial… creo que voy a vomitar.

Recordé las palabras de Eren que me alentaron aquella noche tras un largo día de exámenes y entregas de trabajos. Él tenía razón todo este tiempo, tenía que hablarle. Entre conversaciones civilizadas se puede llegar a un acuerdo y solucionar variadas clases de problemas. Era sencillo, solo tenía que abrir la boca.

Y cuando me digné a hacerlo, un estruendoso sonido me llegó hasta la punta del tímpano, casi dejándome sorda con mis pensamientos. Me eché hacia un lado del impulso, incluso Jean lo hizo. Por fin habían activado las cornetas y la música resonaba en todo su esplendor.

—¡Maldición, eso está muy alto! —grité por encima de la música.

—¿Qué dijiste? —preguntó Jean, o eso creo que hizo, porque me estaba haciendo unas señas de que no me entendía nada.

—¡Que está muy alto!

—Ah, sí.

El bullicio enloquecedor se hizo presente. Muchos tenían las manos alzadas hacia el cielo como si el sol vespertino hiciera que la emoción drenara de ellos. Pronto, el animador del festival se ubicó en el centro de la tarima, saludando como una reina de belleza y lanzando sonoros besos por el micrófono.

Era Marla. Mierda…

—¡MI GENTEEEE!

Y la multitud aulló como si fuera una celebridad. Aunque no dudo que lo sea, Marla debe ser bastante reconocida por ser dueña de la peluquería, e incluso de la sexy shop en la que trabajan Ymir y Bertholdt. ¿Y quién no reconocería a Marla con esa vestimenta de apretados leggins que parecían leotardos, ese exuberante y perfecto maquillaje, las botas de combate y las blusas de corsé que apretaba a su figura? Hasta una forastera como yo la reconocía.

Desde nuestro lugar, justo frente a las cornetas que retumbaban en todo mi organismo como vibraciones, observé el sitio que habíamos reclamado entre la multitud. Todos mis amigos y ex compañeros de secundaria se encontraban allí. Ymir y Sasha —la cual, o había regresado hasta el grupo con las bebidas, o se le había escapado a Marco del deber— le gritaban a Marla un montón de alaridos de apoyo como si fueran sus fans. Connie se había montado encima de los hombros de Reiner y le devolvía con pasión los besos que Marla lanzaba al público; incluso, con mi poco enfoque de visión, pareciera como si Connie estuviera llorando de la emoción por ver a Marla, como si ésta fuera Bruce/Caitlin Jenner o alguien por el estilo.

—¡Oye! —le grité a Jean—. ¿No quieres irte hacia donde estamos?

—¡¿Qué?!

Como ya estaba harta de gritar, lo tomé de la muñeca y lo alejé del escándalo que se reproducía por las cornetas que teníamos casi pegadas a los oídos. Nos situamos algo cerca de donde nuestro grupo escogió estar, ya que no quería que mis inoportunas amigas y Eren estuvieran molestándome. Ya me estaba costando demasiado poder mirarlo a los ojos sin desviar la mirada en menos de diez segundos.

Y henos aquí, donde nuestras voces se oyen mejor en los oídos del otro, donde los mensajes se decodifican con mayor facilidad. Es el momento, Mikasa; ya no hay marcha atrás.

—Oye… mi amiga Sasha me contó que te dio mi número.

—Así es. Aquí lo tengo —afirmó, señalando su teléfono en manos.

Y ENTONCES POR QUÉ NO ME ESCRIBES, IDIOTA.

—Oh, bien.

Debería ganar el premio a mejor disimuladora de pensamientos.

—¿Y por qué…? Emm… ah… Tú no—

—¿Por qué no te escribo?

Mi corazón dio un vuelco ante el hecho de que completara lo que de mi boca no quería salir.

—S-sí —asentí, incapaz de verlo a los ojos. Chasqueé la lengua reprimiendo un bufido—. Si es por Sasha, oye, sé que mi amiga Sasha puede ser algo molesta como una espinilla en el trasero—

ESO SONÓ HORRIBLE.

—D-digo, como… como un chicle al zapato, sí.

Mejor.

—Pero ella es una buena persona… Es como toda amiga, ya sabes, que te molesta con el que te gus— DIGO, que… que te avergüenza con la sociedad… Bueno, no, pero… —suspiré, resignada—. ¿Sabes qué? Olvídalo.

Mis piernas, que flaqueaban de los nervios, hicieron un esfuerzo sobrehumano para poder dar un simple paso dispuesta a correr a refugiarme entre Sasha, Ymir y Christa y llorar en sus hombros.

—Oye, oye. No te vayas —dijo Jean, impidiendo mi espontánea huida de la escena, observándome con esos ojos ambarinos de príncipe.

Las ganas de vomitar aumentaron.

—Tu amiga me cayó muy bien, al contrario de lo que dices, me pareció muy graciosa —convino, sonriente—. En realidad, no te escribía porque… —soltó un suspiro—, como ya tienes novio, y eso…

Parpadeé varias veces seguidas preguntándome si lo que acababa de escuchar eran cosas mías, o en realidad Jean las había dicho.

—¿Novio? —repetí.

—Sí, Marco me dijo. Tienes un novio, ¿no? Por eso me daba tanto corte de nota escribirte.

—¡No, no, no! ¡Yo no tengo novio! —exclamé, sin importarme cuán desesperada sonó mi declaración—. ¿Por qué te dijo eso?

—Pero hace un rato te vi hablando con él.

—¿Qué? ¿Con el rubio, bajito?

—No, el otro chico que estaba con él. El castaño.

Ya va.

Detenlo.

Aguarda.

Bien, ahora sí.

THE HEEEEELL?!

—¿EREN?

No, nononono, cómo rayos va a ser mi novio. Para nada. No. Simplemente no. NO.

—Nooo, él no es mi novio. Por Dios…

—Bueno, también lo suponía ya que los veía muy juntos en la universidad.

—¡Pero él no es mi novio, en serio! É-él prácticamente moriría por Sasha. Sí. Está loco por ella. La ama.

—Ah… —Jean sonrió, llevándose una mano al cabello—. Entonces no te escribí por idiota.

—Pues, algo así —repuse tratando de sonar lo menos discorde posible.

Mierda. ¡Pero qué cosas tan raras me pasan a mí! ¡Parezco sacada de una mala comedia romántica!

Jean y yo nos quedamos callados un rato más, en el momento justo en que Marla anunciaba a «Bongós y ukeleles» en el escenario, y estos empezaban a tocar ese tipo de música que parecía propia de una secta demoníaca. Pude detallar a Marco, inspirado como un fanático en un concierto de rock, junto al resto del grupo.

—Oye… —inició Jean, haciendo que volviera mi vista a él—. La verdad es que desde que te vi aquel día que nos tropezamos, me pareciste muy bonita. Y… no sé si quieras, ya sabes, salir alguna vez.

La mona alocada de mi interior comenzó a quitarse la ropa y a tirar el sostén de copa al suelo mientras bailaba sobre él como una desquiciada. No puedo creer que me esté pidiendo que salgamos. ¡Creo que ahora sí quiero vomitar en serio!

—Claro —respondí sonriente, disimulando la increíble emoción que siento en realidad.

Jean volvió a llevarse una mano a la cabeza, despeinando los mechones cenicientos mientras una sonrisa de oreja a oreja adornaba su rostro de príncipe. Por Dios, provoca comérselo ahora mismo.

Me acerqué un poco más a él, con intenciones de darle un beso en la mejilla, cosa que la pequeña osadía del momento me estaba queriendo permitir. Pero me detuve en el momento que escuché un grito en la corta lejanía, proveniente de la garganta de Ymir.

—¡ESO ES FÁCIIIIIIL, VALEEEE!

Y, tenías razón, Jean. Fue tan fácil como solo hablar.

Mientras «Bongós y ukeleles» seguía tocando, me traje a Jean con el grupo y le presenté al resto de mis amigos y ex compañeros. Al momento de presentarle a Eren, fue ligeramente incómodo a mi parecer, ya que yo era la única que todavía tenía esa incertidumbre respecto a por qué diablos nos hicieron pasar por pareja, mientras que Eren eran ignorante de este asunto. Si tan solo se enterara, seguro reiría por horas.

En plena inspiración de Marco, lo tomé del chaleco estampado y lo aparté ligeramente del grupo cuando otra banda se anunció y se puso a tocar. Él me miró con esa expresión de paz que siempre cargaba, mientras que mi creciente curiosidad por fin colmó.

—Oye, ¿por qué le dijiste a Jean que Eren y yo éramos novios?

—Um, pensé que lo eran.

Sí, claro. Porque Eren y yo andamos profiriéndonos amor el uno por el otro cada maldito día.

—Además, él me dijo que lo eran.

Mierda. Esa sí que no me la esperaba.

Observé de nuevo al grupo cuando regresamos. Ya no tenía nada más qué decirle a Marco. Annie acababa de soltar su sombrilla cuando el ocaso se vio en el horizonte, uniéndose al compás de la música. Ymir andaba pegada a Berth, de vez en cuando arrimándose a Connie y a Sasha, que bailaban alocadamente en una extraña pareja. Christa se encontraba dando pequeños pasos al no querer derramar la bebida de sus manos, mientras Armin a su lado se hallaba en las mismas, enviándole discretas sonrisas. Marco se le había unido a Sasha y Connie; Jean iba tras él. Y Reiner y Eren, parecían unos payasos, unos que no dejaban de disfrutar del momento como si fuera el último de todos.

No sé qué diablos pensaba yo en el momento de la graduación, despreocupándome si dejaría de ver a estos idiotas para siempre. Menos mal que no fue así, no me había dado cuenta de lo mucho que disfruto estando con todos ellos.

Eren me miró, y al instante me guiñó un ojo. Sentí un ligero sonrojo crecer por mis mejillas, recordando lo que Marco me había dicho.

Pero, ¿acaso no fue algo predecible? Todos sabemos cómo es Eren. Solo le gusta jugar. Y sé que quería jugar conmigo durante nuestro primer tiempo como compañeros de piso.

Quizás solo estoy siendo dramática.

Sonreí ante su mirada, acercándome más hacia ellos para acompañarlos a bailar.


Amo demasiado a mi Mikasa más de lo que la odio, así que pensé que finalmente debería hacerla feliz en vez de avergonzarla. Aunque eso último es inevitable xD.

¡Oigan, sé que los que me leen en DS tienen ciertas repercusiones a Sasha y creen que acá es una perra desgraciada, como Eren dice! Eso y que, realmente, gracias a ella, Jean no le escribió nunca a Mikasa. No, chicos xD, la culpa de que Jean no le escribiera a Mikasa siempre la tuvo Eren. JAJAJAJAJA. ¿Se acuerdan de cuando le dijo a Marco que él y Mikasa eran novios, que vivían juntos y que no quería exteriorizar a grandes voces sobre su relación porque Eren decía que Sasha estaba enamorada de él? Pues ya ven qué consecuencias ha traído, chicos. MENTIR ES MALO :3.

Bieeeen, todos saben que lamento la tardanza, en serio u.u. Yo expliqué más o menos mis razones de ausencia en el capítulo anterior, así que tengo excusa xD. Siento que voy súper retrasada con DdS porque, ¡sorpresa!, planeé un capítulo especial de navidad, que por cierto es el que le sigue a éste, pero ya estamos en febrero de 2016 XDDD.

Así que, equis, YOLO. Lo voy a subir así no estemos en las fechas. Y prepárense, porque será más pronto de lo que creen. Se lo merecen por mi tardanza y por ser tan fieles lectores, los quiero :3.

Espero que les haya gustado este extraño capítulo. Gracias por sus comentarios, favoritos, seguimientos y todo lo demás, son adorables *—*. ¡Nos vemos pronto!

Los quiere, Ayu.


Dedicado a mi Lucy; porque #EsoEsFácilVale, chama.
Y a mi imotto,
Maki; a la que le debo muchos de mis fangirleos.