Hermione dio un respingo al sentir la mano de Draco en su hombro derecho. Era un sueño verlo nuevamente. ¡Él estaba de regreso! ¡Su Draco había vuelto! Sonrió y se puso de pie. Quiso acercase, pero de inmediato notó el rechazo. Él retrocedió haciendo un gesto con sus manos para que ella no lo tocara.

—No, no te me acerques —dijo sin mirarla a los ojos.

—Draco, ¿qué tienes? Ese hechizo era real, ¿no? Es decir, lo que vimos en el pensadero fue verdad… tú y tu padre…

Draco levantó la mirada y se encontró de frente con los ojos llorosos y sin maquillaje de su esposa. Estaba con el cabello húmedo y olía a jazmín y rosas, ese perfume que tantas veces lo enamoró, pero que hoy no significaba nada. Aunque el hecho de verla allí, con esa bata, hizo que recordara la cantidad de veces que se la quitó para terminar haciendo el amor. Pero ese recuerdo formaba parte de un pasado ficticio, que lo único bueno que tenía era que habían nacido sus dos tesoros: Scorpius y Rose Luna.

—Tan real como lo viste —respondió Draco al cabo de unos segundos. Mientras Hermione lo miraba todavía sin convencerse. Él sacó su varita y apuntó a la puerta de ingreso a la habitación y luego a la cama en donde estaban los niños—. Muffiato —dijo, para evitar que los niños se despertaran y para que los de afuera los oyeran.

—¿Y qué pretendes ahora? —Hermione cerró con fuerza el escote de su bata que dejaba al descubierto parte de su busto. Entendía que quien estaba frente a ella era el verdadero Draco Malfoy, el malcriado y engreído hijo de Lucius. Por lo tanto, no existía la confianza que tenía con el que, en un momento, fue su esposo... su amado esposo.

—No entiendo por qué te cubres tanto, si te conozco completa —dijo indiferente.

—Como sea, siento que no eres mismo con el que me casé.

—No, Granger, no lo soy.

—¿Granger? ¿Y ahora soy Granger? ¡Por Dios Draco, estamos casados desde hace años!

—Yo, bueno... ya viste lo que hice en el pasado. Como adolescente no pensé en las consecuencias, además eran otros tiempos y mi padre fue quien realizó el hechizo.

—Y que dio muy buenos resultados, ¿no es así? Te casaste conmigo y tuvimos dos hijos. ¿A qué vienes entonces? ¿A llevarte a los niños? Porque si es eso, tendrías que matarme a mí primero.

—No, Granger, tranquila. No vengo a llevarme a los niños. No dejaría jamás que les pasara algo —dijo acercándose a la cama en donde dormían sus hijos, besó la frente de Rose, que dormía a un costado y le tomó la mano a Scorpius que dormía al otro lado—. Ellos son mi vida, Granger. Si los tuve contigo o bajo un hechizo, es lo de menos. Lo que importa es que ellos son, quizá, lo único y real en mi vida.

Al oír eso, Hermione creyó morir. Estaba feliz porque Draco amara a sus hijos, pero lo último, la dejaba a ella fuera de todo. Ella no era única, ni real en su vida.

—Entonces nuestro matrimonio, ¿no significa nada? —preguntó con voz ahogada, pues un nudo había aparecido en su garganta.

—Si me lo preguntas ahora, la respuesta es no —se puso de pie y la miró de frente—. Quizá cuando todo esto pase, la respuesta sea distinta... quien sabe, ¿no? Por ahora, lo único que te puedo decir es que lamento mucho lo que hice en el pasado.

Las lágrimas resbalaban por el rostro de Hermione y Draco lo notó, no quiso seguir mirándola, le dio la espalda, inspiró y luego dijo:

—Esta será la última vez que nos veamos. Es necesario que tú y Potter hagan nuevos hechizos de ocultamiento al búnker. No sé cuánto tiempo más pueda seguir escondiendo su existencia, así como la de Scorpius. Este es un lugar seguro, por lo mismo, no deben jamás salir de aquí. No, hasta que todo acabe. Y para eso yo debo seguir con mi padre. He visto lo que hacen y créeme, sus planes no se comparan a los que tenía Voldemort.

—Esos planes incluyen que seas pareja con una de las brujas —no podía ocultar la rabia y los celos. No podía imaginar a su esposo con otra mujer.

—Eso forma parte del plan. Entiendo que te sientas molesta —agregó girándose nuevamente hacia su esposa—, pero con ella es solo sexo... con protección, si eso es lo que te preocupa.

—¿Pro... protección?

—Sí, tú misma me enseñaste a usar los métodos muggles. ¿Te olvidas acaso que lo hicimos un par de veces con preservativos para probar nuevas sensaciones? —Hermione se ruborizó. Había olvidado aquellas impetuosas noches de amor, cuando se habían reencontrado luego de haber estado separados por siete años—. ¿Cómo crees que logro fingir delante de ella? Nunca llego al clímax, si eso te preocupa… además porque es realmente difícil estar con alguien a quien no conoces, ni deseas.

—Poco te va a durar «tu actuación»... cuando se le ocurra revisarlos y vea que no hay nada... te va a matar...

—Espero que no lo haga, además le gusta ese método.

—Draco, mejor calla. No quiero saber más detalles de tus noches sexuales. Recuerda que aún eres mi esposo y eso que estás haciendo, se llama adulterio —dijo apuntando la mano izquierda de él, en donde estaba su anillo matrimonial.

—No lo he olvidado, Granger. Ese es un tema que luego debemos hablar —al escuchar eso, Hermione presintió lo peor. Draco la dejaría tarde o temprano —Además quiero que le digas a Potter y al resto, que no traten de buscarme. Yo veré cuando pueda escapar y si no… Tú eres la heredera de todo, junto a mis hijos, sabrás qué hacer...

—Draco, por favor, no digas eso.

—Es necesario hablar de esto ya que me expongo demasiado estando del lado de mi padre. Si ustedes logran encontrar la forma de derrotar a esas brujas, pues háganlo, que yo podré ayudarlos desde adentro, luego veré la forma de comunicarme con ustedes, ¿sí? —Hermione asintió—. Bien, Granger, me voy —se volvió hacia sus hijos y los besó en la frente a cada uno—. Nos veremos luego.

—Tengo una consulta antes —dijo Hermione.

—Tú dirás.

—Tu padre quería que me asesinaras, ¿lo habrías hecho?

—Granger, no soy un asesino.

—¿Cómo habrías probado tu lealtad hacia él?

—No sé. Pero no te habría matado, ¿algo más? — preguntó con tono indiferente.

—Sí, con Greyback… Sabías lo que ese animal iba a hacer conmigo y aun así no me ayudaste.

—Te dije lo de las balas de plata.

—¿Cómo sabías que yo tenía el arma cargada con balas de plata?

—Sé que siempre acoges mis sugerencias y por eso suponía que tenías la Magnum cargada con ese tipo de balas. Además, te defendiste bien… y… sí, también asumí que tal vez no las tuvieras, así que iba a esa habitación a matar a Greyback, pero tú ya habías escapado —Hermione sonrió con tristeza, así que a pesar de no quererla, no iba a dejar que ese animal la violara y la convirtiera en loba… Malfoy, tan territorial hasta con su orgullo.

—De haberte esperado, es la hora que soy la compañera eterna de esa bestia.

—No, sabes que eso no habría ocurrido. ¿Alguna otra pregunta?

—No.

—Bien, entonces nos vemos.

—¡Draco, no! ¡Draco no te vayas! —Hermione se colgó del cuello de su esposo llorando y apretándolo contra su cuerpo. Pero Draco no hizo nada. Se irguió y tomó ambas manos, separándola de su cuerpo.

—No, Granger. No llores. Lo que hice, no merece tus lágrimas. Cuida a mis hijos —dijo y desapareció de la habitación.

Hermione cayó de rodillas llorando fuerte. En ese momento el hechizo muffiatto se había desvanecido lo que favoreció para que Rose Luna despertara. La niña se levantó y corrió a abrazar a su madre.

—Mamita linda, estás llorando.

—Rose, mi vida —Hermione abrazó a su hija, no podía decirle que Draco había estado allí, la preocuparía. Era mejor que no se enterara—. Todo está bien.

—Ven... ven a acostarte con nosotros. Te hemos echado mucho de menos.

—Y yo a ustedes.


Lloraré por si te vas un día

lloraré por si no estás mañana.

Quédate al menos en mi mente

quédate un día en mí presente.

Lloraré por si no estás mañana

quédate al menos por un día...


Draco apareció en la casa ubicada en el puerto de Margate en donde estaban ocultos Lucius y las brujas. Había salido sin decir nada. Aprovechó que todos estaban fuera «de cacería» como dijo Elly y, dada la confianza que se había ganado, lo habían dejado solo en casa.

Respiró profundo. Debía continuar con su actuación y ver la forma de cómo derrotar a esas brujas y tratar de, a lo menos, salvar el alma de su padre.

Al intentar caminar hacia una de las habitaciones, se percató de que algo líquido le corría por la cara. Se llevó una mano a la mejilla y notó que estaba húmeda. Eran lágrimas de Hermione que ella le había traspasado mientras lo abrazó. Sintió una punzada en el corazón. No podía seguir haciéndole más daño a esa mujer. Si bien no sentía amor por ella, tampoco odio, era la madre de sus hijos; la mujer con quien tantos años había vivido. Pero, ¿estaba totalmente seguro de que no sentía nada por ella? ¿Cómo explicaba, entonces, esa angustia dolorosa en el pecho? ¿Qué era eso? ¿Amor? ¿Compasión? ¿O solo los deseos de que nada de esto estuviera pasando y que solo fuera un mal sueño? Hubiese dado su vida para que todo fuese irreal. Pero no. La verdad era otra y de la cual él tenía gran culpa, pero estaba dispuesto a buscar la forma de enmendar el error y eso sería que jamás le entregaría su hija a Lucius. Nunca haría de Rose una bruja oscura como su padre lo había fraguado. Y tal como lo había dicho Hermione, antes muerto que ver a sus hijos sufrir.

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Eran las cinco de la mañana y el jet privado de la Familia Malfoy despegaba de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Gatwick, lugar en donde también estaba el hangar de algunas de las familias más poderosas de la ciudad.

En el jet, iba el piloto, su copiloto y una sobrecargo. Todos muggles, ninguno sabía la verdadera procedencia de sus pasajeros, solo que pertenecían a una de las fortunas más prominentes de Inglaterra.

—Buen gusto, ¿no, Granger? —observó Pansy tomándose una copa de whisky.

—Eh... sí... claro.

—Todavía no me has contado, cómo fue que lograste derrotar a Greyback, ¿cómo era eso que tenías balas de plata?

—En una oportunidad el mismo Draco me dijo que siempre tuviera balas de plata en una de las armas... total plata o plomo matan a los humanos, pero la plata mata a los no-humanos... eso fue todo. Mi arma estaba cargada desde hace mucho con balas de plata, así que no había que cambiar nada. Sinceramente no creí que podía derrotar a Greyback, pues siempre lo vi como un hombre lobo distinto, ¿es que a nadie se le ocurrió dispararle con ese tipo de balas a esa bestia?

—Por lo que sé, ese hombre lobo atacaba solo en el mundo mágico y muy rara vez, se acercaba a muggles indefensos… Además allí no hay de ese tipo de armas. No sé, creo que esa podría ser la mejor explicación.

—Sí, podría ser.

—Otra cosa, Granger, ¿por qué quisiste que yo te acompañara y no tus amigos?

—Para vigilarte.

—Lo supuse.

—Veremos qué tan «cambiada» estás, Parkinson.

—No tanto, sigo siendo la misma, con la diferencia que ya no sirvo a Lucius.

Aterrizaron en la noche en el aeropuerto JFK de Nueva York. El plan de Hermione era ir al otro día a la estación de policía, en donde ella había sido comisario. Quería ver algunos archivos, para así poder dar con la dirección de los hermanos Winchester. Para eso debía usar sus contactos, esperando que ellos estuvieran aún allí trabajando, en caso contrario, no le quedaba más que usar magia, cosa que no le gustaba hacer en el mundo muggle.

Se hospedaron en un hotel sencillo, cercano a la comisaría, ambas en habitaciones separadas. Hermione quería dormir tranquila, sin la amenaza de Pansy cerca. Aún no confiaba al cien por ciento en esa bruja, así que prefería mantener las distancias.

Al otro día, ambas salieron rumbo a la estación de policía. Para Pansy era un regocijo utilizar ropa muggle, por algo había vivido algún tiempo entre ellos mientras huía de los aurores.

Al ingresar a la estación de policía, Hermione se dio cuenta de que muchas cosas habían cambiado. Todo era moderno, con paredes de vidrio reforzado, estanterías nuevas, poco papelerío y muchos computadores. Además de televisores de pantalla plana colgados en las paredes. No había una recepcionista en la entrada, en su lugar, estaba dispuesto un detector de metales. Ambas mujeres pasaron por él y ningún timbre sonó. En ese momento una policía, vestida de civil pero con su placa colgando del pecho, dio un grito que alteró a todo el mundo.

—¡Sangre Contaminada!

—¡Mary Ann! ¡Sangre Contaminada Dos! —exclamó Hermione al ver a su amiga.

Ambas se abrazaron. Era una alegría enorme volver a verse luego de tanto años, desde la boda de Draco y Hermione que no se veían y encontrarse ahora era una alegría enorme. Pansy no entendía mucho eso de los apodos, pero suponía que tenía relación con la cicatriz del brazo de Granger.

Luego de hablar unos segundos y de presentar a Pansy, Hermione procedió a explicar el motivo de su visita a Mary Ann, quien buscó en la computadora y encontró de inmediato la dirección de estos hermanos. Procedió a imprimirla y la entregó a su amiga.

—¿No has pensado en volver? ¿Serías una excelente comisario?

—¿Y Daniels? ¿Ya no es el comisario?

—Sí, lo sigue siendo, pero es un animal insoportable. Ha de tener algún tipo de trastorno emocional, dicen que va cinco veces por semana al psiquiatra.

—¡Ja, ja, ja! Ha de estar sobrepasado con el trabajo... ¡Y tanto que quería mi puesto!

—Si algún día decides regresar, esta placa —dijo señalando la de ella—, te estará esperando.

—Eres, ¿teniente? ¿Por qué no me lo habías dicho?

—Es que me costó tanto pasar de oficial a detective y luego a teniente que me dio pena decirlo.

—Eres una excelente policía.

—Gracias. Me encantaría que regresaras… si algún día las cosas no van tan bien como soñaste, recuerda que siempre aquí habrá un lugar para ti.

—Lo consideraré, pero resérvame una placa de detective.

Un par de horas más tarde, Pansy y Hermione detuvieron el vehículo alquilado en un casa de las afueras de Connecticut, lugar en donde, según información obtenida, debería ser el domicilio de los hermanos Winchester. De igual forma, Hermione dudaba que ellos estuviesen allí, en consideración a la profesión de cazadores que ellos tenían.

Bajaron del vehículo y vieron una casa desgastada de madera color verde claro, con algunas ventanas empolvadas y bastante hierba seca por la orilla.

Caminaron hasta entrada pero mientras Hermione se disponía a tocar, la puerta se abrió. Apareció la varonil, atlética y bastante atrayente figura de Sam Winchester, un hombre treintón de cabello desordenado que vestía jeans desgatados, lo cual le daba un aire audaz y de misterio, cuadro perfecto enmarcado por sus ojos azules que se clavaron de inmediato en Hermione.

—Comisario Jean Granger. Tantos años sin verla.

Detrás de Sam se asomó su hermano Dean, vestido de forma pulcra y con ropas oscuras. A diferencia de su hermano, su cabello lo llevaba peinado y corto, tipo militar. Ambos contrastaban de sobremanera.

Sam era menor un poco menor que su hermano y tanto el uno como el otro, se dedicaban a cazar demonios y otras especie sobrenaturales que intentaran hacer daño a los no-magos.

—No pensé que me recordaran —dijo Hermione.

—Es difícil olvidar un rostro como el suyo, comisario —agregó Dean abriendo más la puerta y haciendo una señal con su mano derecha, invitándolas a ingresar—. Veo que viene con una amiga —observó deteniendo mirada en la femenina figura de Pansy.

—No es mi amiga —dijo Hermione de inmediato, dejando claro que esa mujer jamás sería su amiga por muy «reformada» que dijera que estaba.

—Mucho gusto. Me llamo Pansy Parkinson y solo soy una aliada.

—Bueno, por lo menos no dijo «sospechosa» —Sam le dio la mano a Pansy, saludándola.

—¿Así que ya no es policía? Lo último que supimos de usted, fue que se había ido a Inglaterra y de ahí nunca más la vimos. Supongo que ya sabe que le decíamos la verdad al señalarle que era una bruja —dijo Sam en tanto ambas examinaban el lugar. Se veía que era una casa habitada solo por hombres y que al parecer se utilizaba de refugio, porque no había cuadros en las paredes, figuritas o recuerdos. Al contrario, era oscura, un poco descuidada, algo húmeda y fría. Además al pie de la escalera reposaban un par de mochilas, evidencia que los varones residentes debían de haber llegado hacía poco de alguna incursión.

—Sí, ambas somos brujas —respondió Pansy.

—¿Y tan brujas que dicen ser y andan motorizadas? ¿Qué hay de eso de las escobas o de las apariciones? —añadió Dean mirando por la ventana el convertible que se encontraba estacionado en la entrada de la casa.

—Considero que en el mundo muggle, lo mejor es hacer lo menos magia posible —contestó Hermione a lo que Pansy solo hizo un movimiento de hombros —Además odio las escobas… y, para aparecernos, hay que conocer bien el lugar a dónde se quiere llega y como notarán, no somos de aquí.

—Entiendo. Y bien, comisario —comenzó a decir Dean mientras se acomodaba en un sofá.

—Hermione, me llamo Hermione Mal… Hermione Granger —iba a decir su nombre de casada pero recordó la situación con Draco y de que él jamás la volvería a reconocer como su esposa, así que optó por utilizar el nombre de soltera.

—Granger... Hermione... ustedes dirán para qué somos buenos —Dean miró de reojo a Pansy haciendo un movimiento de cejas, lo que Pansy le respondió con una mueca. Para ella también era extraño que un muggle le hablara así, sobre todo si era uno con ciertos poderes poco naturales que si bien no lo convertían en mago, sí en un ser digno de ser considerado, debido a sus capacidades y conexión con lo divino y lo maligno.

Hermione inspiró fuerte y comenzó a relatar lo ocurrido, desde que Pansy fue rescatada del sanatorio, pasando por las extrañas desapariciones de personas hasta los planes de las brujas junto Lucius Malfoy por gobernar el mundo.

Mientras hablaban Sam sirvió café a las recién llegadas, infusión que a ellas les resultaba algo amarga, acostumbradas al dulce té británico, por lo que el café norteamericano les sabía a yogurt agrio. Según Pansy, parecía poción Multijugos, pero no dijo nada.

Fue ella misma quien relató su actual situación y de por qué Hermione no la consideraba su amiga.

—Yo, en lugar de Hermione, te habría mandado derechito al infierno —dijo Dean bastante serio.

—Eres un amor, ¿lo sabías? —respondió Pansy con una sonrisita cínica. Si en un momento Dean le pareció agradable, ahora solo quería ahorcarlo…

—Y dime Hermione, ¿qué tiene que ver con nosotros toda esa historia? —preguntó Sam.

—Como les dije, hay que regresar a esas brujas al lugar de donde salieron. Según cuenta la leyenda, deben ser devueltas por alguien que haya ido y regresado del infierno… Y, por lo que sé, tú Sam, estuviste allí… —Sam miró a su hermano y este asintió.

—Bueno, sí, estuve... bien dicho. Pero no pienso regresar, ¡cuarenta años es toda una vida!

—Cuarenta... más...Hmm ¿Treinta? —dijo Pansy calculando la posible edad de Sam—. No pareces tan viejo —opinó Pansy.

—Cuarenta años en el infierno son seis meses en la tierra —respondió.

—No hay otra alternativa. Hasta ahora mucha gente muggle ha muerto y almas de niños inocentes están siendo llevadas donde Hades —añadió Hermione.

—Hades o Plutón, ¿no? —Hermione asintió—. Hablas del inframundo…

—Así es.

—Yo no sé nada de mitología griega —dijo Sam sonriendo. Dean meneó la cabeza, pues su hermano era quien le daba cátedra cuando eran estudiantes.

—Hades es el hijo varón mayor de Cronos y Rea. Según el mito, él junto a sus hermanos Zeus y Poseidón derrotaron a los Titanes y reclamaron el gobierno del cosmos, adjudicándose el inframundo, el cielo y el mar, respectivamente; la tierra sólida, desde mucho antes llamada provincia de Gea, estaba disponible para los tres al mismo tiempo —dijo Dean.

—Correcto. Y esas brujas se están llevando las almas de los niños al caldero de Hades. Y solo hay una forma de recobrarlas e impedir que sigan ocurriendo estos hechos... y es que tú, Sam, nos puedas ayudar.

—¿Sabes Hermione que debo llevar un tributo al inframundo y entregárselo al Barquero? ¿Sabías eso? —preguntó Sam.

—Sí, a Caronte… dos monedas de oro ¿no? Para poder pasar por el Lago de los Lamentos… ¿No que no tenías idea de historia? —Sam rio y agregó:

—Y un alma. Cuando quieres ver a Hades debes dejar un alma como prenda. Alguien que se sacrifique si Hades accede a dejar sus planes. En caso que no, esa persona deberá pelear por su libertad contra el perro que vigila el inframundo.

—No sabíamos eso… —reconoció Pansy y miró a Hermione que también estaba tan desconcertada como ella. Ese dato complicaba todo, ¿quién estaría dispuesto a quedarse allí en caso de perder el duelo?

—Bueno es un tema que podríamos ver más adelante… —dijo Hermione esperanzada, deseando un milagro—. Por lo pronto, ¿podríamos contar con ustedes?

Dean miró a su hermano y este hizo un movimiento de hombros como diciendo «qué más da» y sonrieron.

—¿Cuándo empezamos? —preguntó Sam.

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En la mansión descuidada del Puerto Margate, Draco acababa de llegar de una incursión en un pueblo cercano en donde pudo ver a su supuesta amante ocasional, en plena acción. Alice había seducido a un par de hombres delante de él y, luego de haberse saciado, los asesinó. Él presenció solo el inicio del ritual, luego desapareció. Esos años en donde era obligado a ser testigo de las atrocidades de Voldemort habían quedado atrás, las pesadillas de las muertes que presenció, las había dejado en un rincón cerrado de su alma. No quería repetir lo mismo, ni volver a sentir aquella aterradora angustia que por tantos años lo atormentó.

¿Cómo lograría salir de todo aquello? Por un lado estaba su padre que, como fuera, era su sangre. No podía permitir que sucumbiera ante el horror que había iniciado. Sus hijos… Scorpius... ¡Dios, cuánto extrañaba las caricias de su pequeño! Y Rose Luna, su bella Rose. ¡No, no debía recordarla! Aún la conexión entre él y su hija estaba latente. ¿Qué pasaría si Lucius se enteraba de la verdad? Y luego estaba ella… la sangre sucia de cabello desordenado, de vocabulario amplio… la sabelotodo… la mejor bruja de su generación, la mujer de labios perfectos… de cintura pequeña… de… ¡Qué idiotez estaba pensando! ¡Ella no significada nada! Fue todo un juego y nada más. Ese amor jamás existió. Jamás debió existir…

—Jamás debió existir… es… es que… ¿existió entonces? —en ese momento Elly Kedward llegó a su lado con cara de pocos amigos.

—¿Qué ocurre? —preguntó Draco, aunque realmente poco o nada le importaba que hiciera la harpía esa.

—Acabo de desaparecer el cuerpo del hombre lobo, el hedor ya tenía envuelta la casa.

—Supongo que el olor a perro muerto es más aguantable que el de humano muerto, ¿no?

—¿Por qué lo dices?

—Supongo que en algún momento los cuerpos que tú y Alice utilizan comenzarán a corromperse… a pudrirse.

—Somos brujas, eso no ocurrirá.

—¡Ah! Bueno, entonces el olor que aún hay en el ambiente, ¿de dónde vendrá? —preguntó Draco y salió de la habitación.

La bruja lo miró con odio, pero disimuladamente se olió un brazo y luego la axila, ¿sería que se estaba descomponiendo?