Capítulo 10
No estaba segura de lo que pretendía Peterson invitándome a una fiesta de la alta sociedad. Sin mencionar que odiaba esos ambientes. De niña me obligaban a ir a esos eventos. Los hijos de esas personas adineradas por lo general eran muy odiosos. Lo que era de esperarse niños ricos mimados a los que no les dan buena enseñanza en casa. Tenía toda la autoridad moral para decir eso.
Me encontraba yendo a la fiesta en una limusina mandada por ese Lopunny descarado. Cualquiera diría que estaba yendo a una trampa por voluntad propia. Pero tenía que jugar un poco a su juego si quería obtener pistas o evidencia. Esa vez si me aseguré de llevar un micrófono oculto. A pesar de mi convicción tenía un ligero sabor amargo en mi boca. Al contemplar el vestido rojo que llevaba puesto supe la razón. Quizá inconscientemente pensaba que estaba traicionando a Electi. Volví a recordar cuando lo vi con Paula. Me sacudí esos pensamientos inútiles de la cabeza. Había cosas más importantes que una deforme vida amorosa como la mía.
La limusina se detuvo en frente del lugar. Era mi primera vez ahí, pero entendía de qué tipo de sitio se trataba; Un salón destinado a eventos de celebración, por lo general de alta sociedad únicamente. Ahí tomaban eventos como la inauguración de una nueva instalación, el cierre de un trato, la culminación de un proyecto, la unión de compañías, etc. En esa ocasión se celebraba el retiro de un empresario veterano.
Arnold me recibió en la entrada. Llevaba puesto un traje negro de marca.
–Bienvenida seas Lady – me dijo.
–Buenas noches, señor Peterson.
–Por favor, llámame Arnold. Aquí estamos en una charla casual.
– ¿Lo estamos? –inquirí con cierta picardía. Él me sonrió como si me retara.
Entramos en el lugar. El salón estaba lleno de Pokémon. Individuos de cierta importancia en muchos ámbitos. Todo lo que yo veía realmente era superficialidad en sus expresiones. Él único que parecía ser honesto ante mis instintos era Peterson, irónicamente. Como si se tratara de una rutina fue saludando y presentándome.
–Muy astuto – le dije – haciendo pantalla con mi apellido.
–Me sorprendí cuando averigüé quien eras. Pero esto no es una mera treta, en verdad lo quiero ver como un cortejo. Para que veas que tengo carisma y no solo una habilidad de gran encanto.
–Me cuesta creerlo– me di la vuelta y fui a la mesa donde estaba la comida y tomé unos cuantos.
–Fue por eso mismo que te recibí aquí – me dijo poniéndose a mi lado – no quería que pensaras que intentaría algo en la limusina.
-¿Que te hace pensar que dejaría volver a dejarte lamerme? – le pregunté con altanería.
-¿Lady?
El mundo se me vino encima cuando escuché esa voz. Cerré mis ojos un par de segundo tratando de negar la realidad. Me di la vuelta lentamente. Mi madre me observaba estupefacta desde el otro lado de la mesa. Mi papa se paró en dos patas para poder ver. ¡¿Cómo no vi venir eso?! Deseé con todas mis fuerzas que no hubiera escuchado eso último.
– ¿Qué haces aquí hija? – preguntó mi madre.
– ¿no estas con Electi? – mi padre buscó alrededor.
– ¿Electi? – repitió Arnold.
Hice lo que pude por mantener la calma.
–Él no está aquí – respondí – he seguido la investigación por mi cuenta. Ahora si me disculpan debo seguir.
Me retiré, de seguro dejándolos pasmados. Tal como esperaba Arnold me siguió.
–Pensé que estabas al tanto de que tus padres estarían aquí – comentó el lopunny.
–Sí, debí suponerlo- me parecía absurdo que siempre los veía pocas veces que los veía, y luego me los estaba encontrando en los momentos más inoportunos.
-¿y quién es Electi?
-no es de tu incumbencia.
Alcancé a notar cierta seña de irritación en el semblante del lopunny.
–si tanto te interesa podemos hacer un intercambio de información. Pero si vuelves a decirme que no tienes nada de que me sirva la velada se acaba ahora.
Cat me estaba cubriendo. En parte sentía culpa por aprovecharme de su buen espíritu. Si no podía sacarle provecho a eso prefería regresar a mi trabajo. Arnold tomó aire y se calmó.
–Puedo afirmar con seguridad que alguien como tú es capaz de atreverse a mucho con tal de cumplir su objetivo. Estoy más que seguro de que ha estado obteniendo información de mi compañía sin órdenes oficiales. Y aun si las tuviera no me reduciría a chantajearla – sonrió de la misma manera retadora –. Lo que quiero es que formemos un equipo. Tengo sospechas de que alguien en mi compañía sí estuvo trabajando en el negocio de Wulf y los quiero tras las rejas.
–Oh – dije –. Aunque todavía me falta rectificar que usted no sea uno de ellos.
– ¿Qué más puedo hacer para ganarme su confianza?
–Entregarme la información que necesito y testificar.
Arnold frunció los labios y movió la cabeza lado a lado ligeramente.
-parece un precio muy elevado para su confianza nada más.
Rodé los ojos.
-¿Qué tal si hablamos un poco de otras cuestiones del trabajo? Luego podríamos arreglar una reunión de trabajo – sugirió Arnold-
Ese papelito de hacerse el casanova ya empezaba a colmar mi paciencia. Estaba aburrida y asqueada de hacerme la de desear con ese tipo. No pude evitar pensar que diría Electi si me viera en esas y luego me pregunté qué es lo que estaba haciendo.
Estaba en una sala del centro pokemon herido de mi serie de combates. Esperaba a que una enfermera o enfermero me atendiera. Me sorprendí mucho cuando la que entró fue Ángela Bendición. Ella era la dueña de varios centro pokemon, no una simple enfermera. Nunca se me hubiera pasado por la cabeza que ella me atendería.
–Hola, Electi – me saludó.
–Hola, señorita Ángela.
–He notado que has venido mucho aquí – empezó a revisar mis heridas.
–Pues estoy en proceso de hacerme más fuerte… no lo he conseguido.
Ella rio.
–Puedo notar que pese a tu físico eres un intelectual más que todo.
–Tiene razón– asentí con desgana. Me atendió las heridas y me vendó con una habilidad asombrosa– ¿Cómo va todo con tu novia?
–Ah… bueno, no la he visto en los últimos días. Ha estado trabajando mucho y no quiero molestarla.
–No deberías dejar que la vida laboral se interponga entre ustedes. Deben darse su tiempo. De lo contrario sus corazones se alejarán.
Esas palabras me preocuparon.
– ¿Cuál es su trabajo?
–Es policía.
–Ah vaya. Quizá ella sea la que lleva los pantalones en la relación.
–Tiene toda la razón – Los dos reímos–. Ella es mandona y le gusta imponer su autoridad. Su carácter es fuerte, como su profesión lo exige. Cuando logro complacerla… cuando logro hacerla sonreír… escucho campanas.
–Ay amorcito. Tú estás bien enamorado – No pude evitar sonrojarme –. Deberías regresar con ella
Estaba en mi apartamento con un vaso de vino entre mis garras. Olfateaba su aroma. Realmente me sentía sola y me sentía patética por eso mismo. Pensaba que el hecho de querer que alguien me diera fuerzas era algo patético de mi parte. Mi deber era ser fuerte por los débiles. No podía desanimarme. La promesa de la colaboración de Peterson no fue tan alentadora como me lo esperaba. Si en verdad existen esos otros cómplices ocultaron muy bien sus huellas. Dejé el vaso a un lado y alguien abrió la puerta. Instintivamente me puse en guardia, pero me quedé pasmada apenas vi a Electi entrar. Nos miramos en silencio un momento sin decir palabra ni mover musculo. Fue él quien rompió el silencio.
–Perdón por llegar sin avisar.
Tuve un fuerte impulso de irlo a abrazar, pero me contuve.
–Vas y vienes como te place – dije.
–No digas eso… tuve asuntos de los que ocuparme.
– ¿Cómo cuál? – pregunté casi gruñendo.
–Es algo difícil de explicar.
–Soy toda oídos.
Cerró la puerta y me invitó tomar asiento en el sofá.
–Luego de lo ocurrido en la guardería, empecé a… tener pesadillas.
– ¿Con Paula?
Él asintió.
–Fui a un psicólogo y decidí dejar de venir hasta haber solucionado ese problema. Lastimosamente fue más difícil de hacerlo.
– ¿Y eso?
–Me habló de posibles formas de solucionar ese trauma… la primera y más rápida sería enfrentar a Paula y vencerla.
"Eso explicaría que hacía con ella en un gimnasio" pensé, aliviada.
–Sin embargo, no he podido vencerla.
– ¡¿Aun teniendo la ventaja de tipo?!
Asintió, evidentemente apenado.
–Lamento si te preocupe. No quería que me vieras siendo tan patético. Pero no pude aguantar más estar lejos de ti… Quería volver a verte.
Me miró como si ejecutara ojos tiernos. No aguanté más y me abalancé sobre él tumbándolo sobre el sofá. Le di numerosas lamidas en el rostro silenciando sus palabras y luego lo besé. Lo sentí tensarse unos segundos, después correspondió. Me rodeó con sus brazos fornidos y acarició mi espalda.
–Ya no digas más – susurré sin separarme y nos acomodamos en el sofá.
