Disclaimer: TMNT no me pertenecen ellos son propiedad de la autoría creativa de Kevin Eastman y Peter Laird.

Feudalista

A la mañana siguiente en el templo de Gensai se podía apreciar a dos jóvenes atendiendo un pequeño plantío de arroz blanco, en el jardín trasero del templo budista donde habían residido Usagi y Leonardo por las ultimas semanas había un pequeño cultivo de cada cosa, hasta de bonsáis cosa que era la única entretención real del señor Gensai. Eso le hacía recordar a Leonardo a cierto padre suyo y su obsesión por la botánica, lo único que competía con eso era su pasión por las telenovelas mexicanas.

Usagi y Leo estaban cosechando el arroz que comerían esa misma noche, era una noble y honrada labor además ambos podían jactarse de que se ganaban la vida allí honradamente.

—Leonardo ¿Puedo hacerte una pregunta? — espeto repentinamente Usagi con las mangas dobladas y los pantalones también.

—Claro ¿Qué sucede? — la tortuga lo miro apremiante y Usagi lo volteo a ver penetrantemente.

— ¿Cuánto tiempo te quedaras aquí? Llevas varios meses viajando conmigo, en realidad nunca me dijiste por cuanto planeabas quedarte…— no es quisiera correr a su ahora pareja, pero la curiosidad podía más que el.

Leonardo volteo a otro lado un segundo y exhalando finalmente encaro a Usagi, sabia que esa pregunta vendría en cualquier momento.

—Usagi…es complicado— se sujeto de la nuca y miro al cielo en busca de una respuesta concisa, su rostro denotaba tristeza— Tengo que contarte algo primero.

—Escucho— aunque siempre sospecho de las verdaderas intensiones del de azul en su mundo nunca imagino que el asunto tuviera tanto peso sobre sus hombros.

Leo parecía mortalmente derrotado— Veras…ya una vez había dejado mi casa alrededor de dos años en un viaje de crecimiento espiritual y entrenamiento particular a un lugar en mi mundo llamado América Central— todo esto lo relataba con el mayor de los sabores amargos en la boca—Se supone que mi estadía allí no sería mayor de un año pero…tuve…conflictos existenciales acerca de mi posición como líder del Clan, cuando llegue a casa note como mi partida había generado mucha des-unión en la familia…— Leonardo lo vio como tratando de explicarse mejor— No regresaba por la vergüenza que sentía y ahora estoy en un predicamento parecido.

— ¿Parecido? — Usagi parpadeo muchas veces incrédulo— ¿Qué sucede en realidad?

Leo suspiro de nuevo.

—Usagi yo…se supone que pasaría una semana aquí nada mas…— Leo espero el grito pero en lugar de eso recibió un confundidisimo:

— ¿Qué? — No podía creer lo que oía— ¿Qué te ha mantenido aquí tanto tiempo?

Usagi no tuvo que esperar respuesta, el ninja Kame se le acerco y con ese par de avellanas que tenía en vez de ojos le paralizo el alma, Leonardo era más alto por lo cual lo atrajo de la cintura y sostuvo del mentón cuando se dio cuenta estaban fundidos en un beso apasionado y muy necesitado. Leo se separo por falta de aire y Usagi había captado el mensaje.

—….Mi corazón me retiene aquí. No creo poder irme sin el.

Estaba jodidamente enamorado del samurái, y eso le hacía partir su vida en dos, sabía que Usagi no se acostumbraría a la vida de ciudad y ni siquiera sabía si sería bien visto en casa por su condición sexual recién descubierta, había un sin número de razones que lo hacían querer alejarse de la realidad pero por desgracia el numerito de Centro América se estaba repitiendo.

No sabía qué hacer.

—Tu… ¿Yo? — Usagi medito al respecto y tampoco hallaba respuesta, lo que menos quería era que Leonardo se fuese de su lado, eso lo mataría. Debía haber una forma de estar juntos. La que fuese.

Necesitaban consejo.

Mas tarde ese dia, Leonardo fue a comprar un par de especias al pueblo mientras Usagi meditaba en uno de los amplios pasillos exteriores del templo, no quería separar a Leo de su familia, pero no quería separarse de él. ¿Qué hacia? También estaba la opción de irse al mundo de Leonardo pero ¿Sería aceptado?

— ¿Sucede algo? — la voz de Gensai sonó aleccionadora y como un remedio ante sus sensibles orejas— ¿Qué te tiene tan pensativo Miyamoto-san?

El anciano perro tenía una mirada sospechosa y por algún motivo se estaba acariciando de más la barba esa tarde.

—Yo este…estaba meditando.

— ¿Tienes algún problema? — dijo insinuando lo obvio, y más obvio era que: Siendo sacerdote era el consejero de los pueblerinos y de cualquiera que necesitara guía. Quien mejor que Gensai para solventar sus dudas— ¿Es por Hamato-Kun verdad?

Usagi se sonrojo en el acto.

—H-Hai…— vio hacia otro lado y luego de espabilarse volvió a la pose correcta— P-pero es algo que puedo solventar solo.

—Oh, que yo sepa los problemas de parejas siempre necesitan de un tercero.

Usagi pego un brinco en su sitio con esa declaración y vio con ojos muy abiertos a Gensai.

—Hey, calma que no cunda el pánico jejeje…— el anciano estaba disfrutando de lo que veía y era que la cara de Usagi era como para retratarse— Los vi en el patio, se nota que una gran angustia esta turbando a tu compañero.

Compañero.

Después de todo eran pareja ¿No? Aunque en realidad no se lo había pedido formalmente. Era un hecho.

—Pues…si.

— ¿Qué ocurre? — pregunto el sabio anciano sentándose a su lado.

— ¿No le parece incorrecto?

—No tiene nada de malo el amor— dijo resuelto— Además creo que el concepto de ''amor viril'' lo inventamos los adeptos al Bushido desde un principio ¿No?

—Si quiere filosofar al respecto…bueno el caso es que, Leonardo se queda conmigo a expensas de su Clan, no creo que sea correcto.

— ¿Por qué no te vas con él?

—No sé si me aceptaran de esa forma.

—Pero es tu prometido ¿No? — un dato interesante era que la unión homosexual si estaba aprobada en el Edo de la dimensión de Usagi, movimiento que estaba circulando en todo Japón. Y es que ese mundo tenía más diferencias de las que Leo conocía.

Usagi se puso todo rojo y miro exasperado a Gensai.

— ¡No! ¡DIGO! Au-un no tal vez…es decir.

—No tienes la menor idea de si el diría que si ¿Verdad? —dijo con el rostro descompuesto el anciano.

—Es que…quizá es muy pronto— intento excusarse.

—Tienes miedo ¿No?

—Aterrorizado.

—Esta juventud….

— ¡Oiga!

Al dia siguiente Gensai les había dado una sorpresa a los dos, entradas para ver el Kabuki en la capital.

— ¡Wow! ¿Cómo las consiguió? — pregunto Leo asombrado y sumamente emocionado.

—Las compre ayer, se merecen ir a entretenerse luego de ayudarme a dejar este sitio como un lugar turístico— sonrió de oreja a oreja el canino mientras observaba las expresiones de cada uno.

— ¡Arigato! — dijeron ambos.

Ya para la tarde habían llegado a la capital y algo muy raro pasaba, todo aquel que los veía se le quedaba viendo expectante a Leonardo muchos lo veían con miedo otros con respeto y muchos otros con envidia.

— ¿Por qué todo el mundo te ve?

—Debe ser ese asunto del Clan Shikkakukame…

— ¿Creen que eres un Yakuza? — dijo divertido el conejo blanco.

— Bueno, cualquier cosa di que me contrataste como guardaespaldas.

— No hare eso… ¡Oh mira! ¡Ya llegamos al teatro!

Un fino establecimiento que firmaba como teatro japonés se cernía frente a ellos, Leo estaba maravillado y Usagi encantado, también era la primera vez que iba a ver un Kabuki.

La noche se les fue en ver las maravillosas actuaciones de los actores y ver interpretadas leyendas y mitos de la cultura japonesa por hombres disfrazados y espectacularmente maquillados. Demonios antiguos y disfraces de reyes. Todo era mágico en aquel lugar. Tomaron un par de tragos de sake en la barra y comieron dangos y otras bolas de masa. Todo estaba en calma las risas y habladurías de los demás estaban viciando el aire. Leonardo notaba como el barman se le quedaba viendo demasiado y con temor en el rostro.

No fue hasta que el temblor en las manos del cuervo antropomorfo que era el barman fue el suficiente como para dejar caer la jarra de sake que Leo y Usagi notaron el aura tensa.

— ¿Sucede algo? ¿Está bien? — Leo intento dialogar con él pero el hombre reacciono de forma violenta.

— ¡P-por favor! ¡Juro que tendré el dinero para mañana! — grito lleno de terror y se arrodillo frente a Leo. Usagi se quedo viendo la escena perdido en el tiempo.

— ¿De que esta hablando…?— justo en ese momento las puertas del teatro de kabuki japonés fueron tiradas abajo y un grupo de al menos quince tortugas antropomorfas emergieron de la luz de la calle.

Vestidos con yukatas refinadas y al estilo de cualquier sicario, rostros curtidos y otros llenos de cicatrices y ojos penetrantes y no podían faltar las armas ninja amarradas a los caparazones y listones e las yukatas.

Yakuzas. Pensaron Usagi y Leonardo.

— Vaya, vaya vaaaaya ¿Qué tenemos aquí? — una tortuga un poco más alta que Leonardo y de ojos plateados apareció como portavoz, debía tener treinta años y cargaba una katana al hombro— ¿Este miserable cuervo ya iba a ver su fin por moroso? — Detallo a Leonardo quien lo veía con asco y enojo— ¿Eres nuevo muchacho? ¿Shino-Sama te envió? Debió avisarme…— lo detallo y Leonardo casi rugió en modo de saludo.

—No soy un Yakuza, soy un ninja honrado.

Todos alzaron una ceja incluido el barman.

— ¿Ósea que no tenemos honor? — la tortuga mayor lo detallo bien y noto como efectivamente Leo no posea el distintivo en la muñeca izquierda— ¿Quién eres muchacho?

—Mi nombre es Hamato Leonardo y no tengo que ver con ustedes…pero no dejare que le hagan nada a este hombre— desenvaino ambas espadas y Usagi estaba listo para sacar la suya.

Estaban metidos en un tremendo pleito.