Orgullo y tradición – El comienzo. CAP 10
Conducir a la hora pico en la capital del oeste siempre fue una mala idea, pero no podía esperar hasta mañana para visitar a su ginecólogo de confianza.
-Malditos semáforos- masculló golpeando con su débil puño el volante de su automóvil, modelo diseñado entre su padre y ella.
Su estómago rugió de nuevo, había desayunado algo ligero debido a que se le hizo tarde esa mañana. Tendría una visita muy importante de un general del ejército, se encontraba en pláticas para comprarle a la corporación una flota de casas cápsula que se camuflan. Bulma pensó que ese invento podría ayudar al menos a que no sean eliminados tan fácilmente por los androides, aunque esa información no se la proporcionaría al general.
Sobó su brazo adolorido, una pequeña inyección fue suficiente para evitar un posible accidente por su travesura de la noche anterior, y para asegurar que el resto del mes no tendía que preocuparse por eso. El doctor le recomendó inyectarse cada mes o tomar píldoras cada día, la científica optó por las píldoras a pesar de las posibles reacciones secundarias que pudieran surgir. Ella nunca antes había tomado anticonceptivos debido a que siempre le exigió a Yamcha usar preservativo, pero dudaba que el orgulloso príncipe siquiera lo considerara, por lo que decidió llevar ella misma el control y disfrutar del momento.
-Estúpido saiyajin salvaje- gruñó acalorada, a pesar de ser temporada invernal el sol brillaba en todo su esplendor llenando de calor la capital del oeste y Bulma Briefs vestía un abrigador sweater de cuello alto. -Y todavía tiene el descaro de decirme que me queda bien- una sonrisa maliciosa apareció en sus bellas facciones, -sí… a la próxima tomaré venganza y le dejaré uno igual de enorme y vulgar- de pronto sus facciones cambiaron a una mueca de inseguridad.
"¿Se repetirá? El arrogante no dijo nada al respecto en la mañana, ni dio señales de mostrar interés, solo se limitó a burlarse y comportarse como el idiota cretino que es"
El semáforo en verde de avisó que al fin podía continuar conduciendo. La científica frunció a profundidad el ceño, en una actitud decidida.
"Por supuesto que querrá repetirlo, ¿quién no querría? Soy irresistible… inclusive para ese orgulloso príncipe" Una ruidosa carcajada cargada de vanidad reinó en el auto de la científica.
Llegó al gran edificio que conformaba la corporación cápsula y se dirigió directamente hacia la cocina, moría de hambre debido a que al medio día salió directo a ver al ginecólogo, la preocupación de que hubieran consecuencias de su aventura con en saiyajin era su prioridad y había dejado para después el alimentarse, primero debía evitar una tragedia, como ella misma lo nombró en su mente.
-¡Tranquila Bulma! La comida no se irá a ningún lado- Panchy tomó asiento a un lado de su hija menor, observando divertida la manera en que engullía sus alimentos. -¿Acaso entrenaste con el guapo y simpático de Vegeta?
La científica se atragantó con el rollo de verduras que devoraba con gran ímpetu.
"¿Habrá escuchado algo anoche?... No, es imposible, ya estaba profundamente dormida a esa hora"
La señora Briefs se levantó para servir agua en un vaso que le ofreció a la científica.
Bulma bebió el agua agradeciendo en silencio el gesto de su madre. -¿De dónde sacas que yo entrenaría con ese lunático?- preguntó fingiendo indiferencia por el guerrero.
-Hoy Vegeta también devoró su desayuno como si se hubiera gastado todas sus energías en una guerra…así como lo haces tú ahora- la señaló con el dedo índice mientras Bulma engullía un trozo de carne.
-Anoche me desvelé viendo una película y por culpa de eso me desperté tarde.
-¿Y a dónde fuiste con tanta prisa hace rato? No alcancé a pedirte que pasaras a la pastelería.
La mujer de cabellos azulados sonrió con la boca llena.
-¡Ohh ya veo!- colocó ambas manos en las mejillas. -Es un secreto.
Bulma se limitó a negar con la cabeza, aliviada por la inocencia de su madre.
-No me digas nada, déjame adivinar hija-entrecerró los ojos. -Te viste con un muchacho. ¿Es igual de guapo que el joven Vegeta?
Bulma rodó los ojos. -No tuve una cita mamá. Salí por unas herramientas que necesito para la cámara que estoy construyendo- mintió felicitándose por tan buena coartada según su percepción. Ni loca le diría que fue con el ginecólogo para evitar un embarazo por haberse acostado con el mismísimo Vegeta la noche anterior, y no porque su madre fuese una mojigata, sino porque la bombardearía con un sinfín de preguntas íntimas, además, el príncipe había dejado muy claro que eso quedaría entre ellos dos y era lo mejor, después de todo solo era una aventura pasajera.
-Pero Bulma, no tenías por qué molestarte en ir por eso, se supone que aquí tenemos de todo tipo de herramientas, lo ha dicho tu padre- se dirigió hacia la puerta, -si quieres mantenerlo como un secreto solo dilo… ¡qué emoción! Un romance prohibido- salió emocionada hablando consigo misma.
La científica suspiró resignada. -¿Un romance prohibido? De romance no tiene nada.
…
El príncipe caminaba con la arrogancia que lo caracterizaba por los pasillos de la corporación, los empleados se hacían a un lado y evitaban tener contacto visual con el guerrero, el doctor Briefs les había instruido en evitar cualquier confortamiento con su voluble huésped, les había dicho que era un príncipe de un país muy lejano y desconocido, que estaría viviendo en la corporación por tiempo indefinido y que en su cultura no eran personas sociables. No quiso dar más detalles debido a que tendría que mentir y era una ciencia que el científico no dominaba.
Llegó hacia el gran domo que se erigía en la parte central de la construcción y lo contempló con genuino asombro por unos segundos, para luego cambiar su mirada a una de desprecio al ver que el padre de la mujer se acercaba hacia él.
-Van muy atrasados- opinó petulante, sin dejar de observar el gran espacio abovedado.
-Al contrario muchacho, hemos avanzado más rápido de lo que supusimos en un principio.
-¿Y por qué no está trabajando la holgazana de tu hija?- inquirió más interesado en querer saber si ella querría repetirlo que en verla trabajando en su proyecto.
-Bulma salió hace unas horas…- en eso vio llegar a su hija, quien distraídamente revisaba unas hojas. -pero ya regresó. ¡Bulma, que bueno que llegaste! ¡Vegeta vino a visitarte!
El príncipe se estremeció ante lo dicho por el anciano, giró la cabeza y la vio sorprendida de verlo ahí, ya que nunca se aparecía por la construcción.
-¡NO ESTOY AQUÍ BUSCANDO A ESA MUJER VULGAR!- le gritó indignado, lo que menos deseaba era que se hiciera pública su vida íntima. De todas maneras lo tendrían que saber cuando nazca su descendiente, pero para ese entonces no importará porque pensaba largarse con él. -Vine para saber si es verdad que le están dando prioridad a la cámara de gravedad- aclaró con los brazos cruzados y la nariz altivamente levantada.
Bulma no era tonta, intuía que había algo más, era muy probable que el hombre buscara cualquier absurdo pretexto para un segundo encuentro, y probablemente un tercero y un cuarto y quinto. Se le erizó la piel al imaginarse repetirlo, le había encantado domar esa bestia, allanar en territorio inexplorado para cualquier otra terrícola, le hinchaba el pecho de orgullo tener esa retorcida aventura con un guerrero tan poderoso y temido, y el detalle de tratarse de un príncipe extranjero le agregaba ese toque exótico que ahora comprendía que le excitaba en sobremanera.
-¿Impresionado?- decidió hacerle como que creía la escueta escusa del príncipe. -Fue realmente difícil mudar los laboratorios que tenían años aquí, pero aun así fue más fácil que comenzarla de cero en uno de los terrenos aledaños. En este espacio podrás moverte con mayor libertad e inclusive podremos triplicar la potencia del generador de gravedad- finalizó orgullosa de su trabajo.
-Hablas mucho terrícola- la miró de frente y notó el caluroso sweater de cuello alto que vestía, lo que le renovó el buen humor con el que había amanecido. Por mucho que se tapase él sabía lo que había debajo, lo que ella escondía de los demás.
"Ya quiero ver la cara del insecto cuando sepa por mi boca que forniqué a la que fue su hembra" Se dijo en su maliciosa mente, sin evitar mostrar una mueca de burla.
-Eres un malagradecido, tengo que explicártelo hablando…
-Explícalo con hechos- la interrumpió solo para fastidiarla, ya se encargaría de domar esa actitud altiva.
Bulma se acercó al príncipe, levantó el pecho y le sonrió con presunción. -No me rete su majestad- al guerrero se le erizaron los vellos al escucharla llamarlo así, -si me reta puede resultar herido y no sabrá qué lo golpeó.
Vegeta se acercó un poco más a la mujer y clavó su mirada en la tela gruesa que la cubría hasta la barbilla, sus mejillas estaban más sonrosadas de lo habitual, eso era definitivamente debido a que se encontraba acalorada. Luego se alejó de regreso y levantó una ceja divertido para decirle en voz alta. -Hace calor aquí adentro, deberías de cambiar tu atuendo- dirigió su mano hacia el cuello de estambre, -te puedo hacer un favor desapareciendo esa parte molesta, se ve que te incomoda… para que no digas que soy un mal agradecido.
-Es verdad hija, aquí la calefacción mantiene el clima agradable- opinó el doctor Briefs entre risas jocosas notar el atuendo exagerado para usar en interior.
-No me costaría nada librarte de esa molesta tela extra- insistió Vegeta acercando demasiado sus dedos al borde de su cuello de tortuga. El guerrero lo estaba disfrutando, provocar a la mujer, abochornarla frente a terceros mientras veía como se teñía su cara de color rojo.
-No harás nada de eso Vegeta- alejó la mano del guerrero con un brusco manotazo, esa agresiva acción le sacó una sonrisa apenas perceptible al príncipe. -Si no vas a ayudar mejor no estorbes- agregó lanzándole una mirada furiosa.
-Como sea- caminó hacia la puerta a paso lento, recreando en su mente como se vería ya terminada su nueva y mejorada cámara. Antes de salir retornó la vista hacia la mujer, solo para comprobar que no dejó de verlo mientras se marchaba, finalmente salió del lugar para tomar su merienda de la tarde.
-Es un cretino- pensó en voz alta.
-Tu madre piensa que es encantador- agregó su padre. -Yo pienso que le gusta para yerno.
Bulma resopló fingiendo indignación.
-Mi madre me odia- musitó para sí misma.
…
Conforme pasaron las horas la ansiedad fue creciendo en el vientre de la científica, en realidad no había acordado nada con él, en la mañana el príncipe se había limitado en molestarla burlándose de las marcas que dejó en su cuerpo y después de hacerla rabiar se había marchado sin decir más.
No tenía la certeza de que la buscaría, no le había lanzado ninguna señal de que deseaba repetirlo, le había dicho que sería algo parecido a una amiga para él, pero eso era muy ambiguo. Por primera vez en todo el día dudó de lo que tendría con el orgulloso guerrero. Inclusive en la mañana, después de la rabieta que le provocó, aun así decidió buscar un método anticonceptivo para poder disfrutar de su sexualidad sin preocupaciones ni accidentes. Pero ahora que ya se había metido el sol se preguntaba si hizo bien en haber comprado las píldoras con tanta anticipación, pues el médico le indicó que debería comenzar a tomarlas el primer día que comenzara su próximo periodo.
"Ni loca voy a buscarlo para aclarar las cosas"
Se levantó del sillón de la sala de estar, donde se encontraba matando el tiempo, o más bien esperando a que el príncipe pasara por ahí, ya que estaba de pasada hacia las habitaciones.
"Ni hablar, me quedaré con la duda"
Caminó hacia su habitación sin mirar atrás, sin observar en las penumbras del pasillo, donde un indeciso guerrero se encontraba atento a sus movimientos, igual de orgulloso que ella, esperando a que ella lo buscara, dudando igual que ella, deseando repetirlo igual que ella.
Bulma avanzó hacia su habitación pasando de largo por la del guerrero, para el mal infortunio de Vegeta.
En la oscuridad suspiró resignado y se dirigió a dormir, no se rebajaría a buscarla, ella no había dado indicios ni indirectas de querer fornicar de nuevo. Una cosa era segura, debía repetirse, más que nada para asegurar preñarla, ya que esa era su meta inicial. Ya pensaría en la forma de abordarla de nuevo otro día, tal vez la noche siguiente.
Se recostó vistiendo sus calzoncillos ceñidos, como prefería vestir después de toda una vida utilizando vestimentas que se ajustaban a sus músculos, aún le costaba acostumbrarse a ropa suelta cuando llegaba a ponerse alguna pantalonera, los calzoncillos sueltos no los toleraba, los que le había comprado la científica no duraron ni cinco minutos, apenas descubrió que sus queridas partes brincaban con cada paso que daba a pesar de vestir una cómoda pantalonera holgada y decidió quemar todo el paquete de esa molesta prenda. De hecho, desde que volvió a utilizar traje de guerrero fue que dejó de lado la ropa interior, solo la utilizaba para dormir en escasas ocasiones y cuando utilizaba prendas terrícolas, principalmente las sueltas, que era cuando se limitaba a merodear por las instalaciones o se dedicaba a reposar burlándose de algún estúpido programa de televisión.
Se tapó con la cobija que en segundos se calentó con el calor corporal que despedía el hombre. No pudo evitar traer a su mente las escenas de la noche anterior, al parecer no había sido suficiente para su cuerpo y quería más, lo que le extrañó, ya que en el pasado solía llegar deseoso de liberar su libido cuando buscaba a una hembra para dicho fin, una vez que daba rienda suelta a sus impulsos sexuales y lograba su satisfacción, se largaba del lugar y se dirigía a tener una reparadora siesta para despertar con más hambre de la común al día siguiente, luego pasaban semanas o meses para otro encuentro. Evitaba a lo máximo intimar más de lo debido con cualquier hembra, inclusive con la más recurrente, prefería gastar sus energías combatiendo o entrenando en algún paraje solitario para lograr incrementar sus poderes y así poder eliminar a Freezer, hacerse de su imperio y gobernar con mano de hierro, convirtiéndose en el ser más temido y poderoso del universo.
Pero ahora ya no estaba Freezer, había sido eliminado por un bastardo mestizo, concebido de un vulgar apareamiento entre una terrícola y un guerrero de clase baja. El gran imperio se encontraba disuelto en pequeñas rebeliones ahora que ya no existía esa lagartija ridícula, pero era cuestión de tiempo para que él apaciguara dichas rebeliones y tomara el control de todo, y con un heredero para entrenar tendría a un poderoso aliado que continuaría con su legado. Y ya no estaría solo, aunque esa parte la excluía de sus pensamientos, se suponía que no debería importarle la soledad, nunca le importó, ¿por qué habría de hacerlo ahora que al fin era libre?
"Ha de ser porque tenía mucho tiempo sin fornicar… sí, eso ha de ser" Justificó el ardor que se acumulaba en su vientre, su cuerpo exigiendo más de ese tibio y suave cuerpo del que gozó la noche anterior. "Ha de ser por la similitud física con mi raza" Buscó otro pretexto, no quería admitir que la experiencia con la terrícola era la mejor que había tenido en su vida sexual, ni Yakat, ni aquella meretriz costosa a la que tuvo el lujo de gozar en dos ocasiones lograron darle ese nivel de placer. Definitivamente la similitud de razas jugó un papel muy importante, el príncipe de la raza guerrera había poseído a hembras con diferentes tonalidades de piel, azul claro, rojizo, grisáceo, verde pálido y rosa con lunares blancos. La científica era la primera con un tono de piel muy similar al de él, sin olvidar el resto de rasgos físicos, ella no tenía ojos enormes, orejas puntiagudas, seis dedos, nariz casi inexistente, tres senos, textura extraña en su piel y lo más importante, el olor, ese aroma que despedía la hembra terrícola no era para nada desagradable.
"¿Cómo habrá sido la esencia de las hembras de mi raza?" Se preguntó por primera vez en su vida.
-Ojalá que ese hijo de puta de Freezer se esté retorciendo de dolor en el otro mundo- abrió los ojos perdiendo su vista en el techo iluminado por la luz de la ciudad que se colaba por el ventanal. -Te tengo noticias patética lagartija- sonrió de lado, -no te daré gusto de exterminar mi linaje. Ya no me importa si es un mestizo, tendrá mi sangre y con eso basta para que sea saiyajin.
Ignoró su libido y se quedó dormido en poco tiempo, a pesar de no haber logrado nada esa noche se encontraba esperanzado, por primera vez en su vida, podía vislumbrar un futuro y éste se mostraba favorecedor.
Mientras tanto, en la habitación de la científica el ambiente no era muy diferente. Acostada en su cama, vistiendo sus bragas de encaje negro y una diminuta camisola del mismo color y material, la mujer se giró por quinta vez, no lograba conciliar el sueño o mejor dicho, esperaba tener una inoportuna visita que nunca llegó. Bufó inquieta. Era ridículo, ella era una mujer bella e inteligente, si lo que deseaba era tener una aventura carnal, bastaba con tronar los dedos para que filas de hombres llegaran hacia ella adulándola con dulces palabras, dulces y falsas palabras, flores y sonrisas corteses para disfrazar su falta de interés en ella como persona. Al menos el príncipe era sincero desde un principio, él había dicho que no significaba nada, sus crudas palabras al menos eran sinceras, él no ganaba nada con mentir, ¿qué otra razón tendría que no fuera revolcarse por placer?
"Ni hablar, parece que esta noche me quedaré con las ganas" Bostezó largamente siendo vencida por el sueño. "Pero esto no se quedará así. Quiero hacerlo de nuevo... la gran Bulma Briefs siempre obtiene lo que quiere y yo quiero jugar con ese sexy salvaje guerrero"
Finalmente se quedó dormida con la certeza de que tomaría todo lo que se le antojaría de ese hombre durante los dos años que le quedaban seguros de vida.
…
La mañana siguiente transcurrió con regularidad, los miembros de la gran casa y su huésped continuaron con sus rutinas sin mayores inconvenientes. Bulma conectaba cables con maestría detrás de lo que se convertiría el panel de control de la nueva cámara de gravedad. Una gota de sudor resbaló por su sien, el espacio donde trabajaba era reducido y aunque en esta ocasión vestía una camiseta más ligera, no pudo evitar colocarse una mascada para tapar el recuerdo que el saiyajin había dejado en el nacimiento de su delicado cuello. Bajo esa situación en la que se encontraba le comenzó a molestar la prenda la rededor de su cuello, pero no podía quitarla, al menos en unos días más tendría que ingeniársela para ocultarla de la vista curiosa de las demás personas, principalmente de sus padres, sabían que la relación con Yamcha se había terminado y no deseaba contestar quién era su nueva conquista, no porque Vegeta la hubiera amenazado, era ella la que no deseaba ser juzgada por acostarse con el culpable de que sus amigos murieran y además estaba el detalle de los androides. Si todo marchaba bien él los ayudaría y probablemente se quedaría en la tierra, después de todo pudieron integrar a Picoro, con el orgulloso príncipe no tendría por qué ser tan diferente.
Limpió el sudor con su brazo justo al terminar de conectar el intrincado sistema eléctrico que conformaría la avanzada consola de la nueva cámara de gravedad.
"Terminé a tiempo. Era de esperarse, definitivamente soy brillante"
Salió con prisa del claustrofóbico espacio destinado para las conexiones de su nuevo gran proyecto, se despidió de los obreros que resanaban las paredes con un material creado por el mismo doctor Briefs para soportar la tremenda presión a la que sería sometido el espacio una vez que terminaran con el trabajo.
Por alguna razón que desconocía se encontraba de muy buen humor. Alegremente avanzó hacia su laboratorio dando pequeños brincos como si fuera una niña planeando una travesura, y de hecho así era, tenía planeado un pretexto perfecto para buscar al príncipe, aprovecharía la ocasión para sacarle información sobre la amistad que ahora llevaban y los beneficios que obtendría de eso.
Entró a su lugar favorito en el mundo y se dispuso a trabajar en el pequeño robot que tenía semanas relegado, debido a que su prioridad estaba enfocada en el proyecto de la cámara. Se remangó las mangas y tomó el artefacto en sus manos decidida a terminar antes del anochecer, justo para tener tiempo de prepararse para la guerra, como lo definió ella.
…
El rendimiento en el entrenamiento de ese día no había sido de su conformidad, tuvo algunas distracciones mentales que lo dominaron por casi medio día. Toda la mañana para ser exactos. Diversas maneras de abordar a la hembra le dieron vuelta a la cabeza y ninguna de ellas le pareció convincente. Por otra parte estaban los recuerdos de aquella noche en la cama de la terrícola, recreándose una y otra vez, inclusive había fantaseado con lo que haría la próxima vez que la tuviera debajo de él, tenía decidido probar más de su piel ya que el olor que despidió la mujer lo tomó por sorpresa, una agradable sorpresa, en especial la dulce esencia que desprendían sus fluidos. Se le hizo agua la boca al recordarlo, tenía que probarlos aunque sonara descabellado.
Se rio por lo bajo ante su situación, el príncipe de la raza guerrera más poderosa deseando meter algo tan íntimo como su lengua en un lugar destinado para meter su miembro viril, algo que debería ser repugnante para un príncipe tan orgulloso. Contrario si fuera al revés, de ser ella la que pusiera su boca entre las piernas del príncipe, ella sería la afortunada de tener el honor de darle placer y probar la esencia de un ser tan poderoso. Palabras dichas por la meretriz Yakat la primera vez que ella le hizo un oral al príncipe, cuando él tenía tan solo quince años. Para esa meretriz fue un honor y para otras dos a las que las dejó hacerlo también lo fue. Pero él nunca se rebajó, a pesar de que Nappa llegó a comentarle en una ocasión en que se encontraba ebrio, que a una de las hembras que intentaba preñar la había probado con su boca y que al menos con ella le gustaba hacerlo, poco le duró el gusto pues la hembra murió al no poder con el embarazo de una raza tan poderosa.
"No me quedaré con las ganas. Después de todo nadie más lo sabrá" Se relamió los labios con impaciencia, pero tenía que esperar. Ya lo tenía decidido, sería esa misma noche, no dejaría escapar de nuevo a la hembra.
"Tenía mucho sin ese tipo de acción, es normal que mi cuerpo reaccione como si fuera un estúpido chiquillo que recién acaba de conocer para que sirve su miembro" Se repitió mentalmente lo que para él era una razón lógica a sus deseos y en gran parte tenía razón.
…
El silencio reinaba en la gran corporación como todas las noches, Vegeta ya se había acostumbrado a eso, a la rutina que le imponía vivir en ese patético planeta. Se duchó y vistió con una pantalonera entallada que hacía juego con una playera que le quedaba como guante. Si su propósito era seducir a la hembra tenía que lucir sus músculos, ya que tenía conocimiento gracias a su experiencia personal en la galaxia y a un comentario proveniente de la loca mujer rubia, de que a las hembras les enloquecían los músculos en los hombres y el notorio bulto remarcando su masculinidad, aunque ese último comentario le pareció por demás vulgar en su momento, ahora le parecía sumamente útil saberlo y con ese ajustado atuendo y la escases de ropa interior, vaya que se hacía notar.
-Hoy no vas a escapar mujer esquiva. Lo repetiré hasta saciarme.
Salió de la habitación dando grandes zancadas, no podía evitar sentirse ansioso, el incómodo nudo en el estómago era algo que no podía evitar y él sabía a qué se debía, al hecho de que él mismo tendría que buscarla con el temor de que ella se negara debido a lo testaruda que era. Y a diferencia de las pasadas hembras que fornicó, a ella no podría comprarla con dinero. Le afectaba tener que rebajarse y que la hembra malinterpretara su repentino interés, pero ya estaba decidido y él no renunciaba a sus propósitos, principalmente cuando su linaje se encontraba en juego por primera vez en su vida.
"Es un riesgo que vale la pena correr" Se convenció mientras caminaba por el largo pasillo que corría hacia el ala de las habitaciones de la familia Briefs
Justo al dar la vuelta en una curva se topó con algo con lo que no contaba, la terrícola.
Igualmente que él, perdida en sus propios pensamientos caminaba en dirección hacia donde se encontraba la habitación del príncipe. Se detuvo abruptamente al levantar la vista y verlo.
-Hola Vegeta- saludó con el tono más casual que encontró.
-¿Qué haces aquí mujer?- preguntó con tono áspero, pero en realidad esa pregunta fue un pensamiento que se le escapó de la boca, en consecuencia de que él esperaba encontrarla en su habitación.
"Maldito ki insignificante, eso me pasa por no concentrarme en sentirlo primero"
-¡Oye cretino! Por si no lo sabías te comunico que ésta es mi casa y puedo andar por donde quiera a la hora que yo quiera- espetó, dio media vuelta y se regresó hacia su habitación, antes de alejarse agregó. -Me dirigía a buscarte, pero en vista que estas insufrible mejor me alejo de ti- comenzó a caminar con ambas manos cerradas en puños hacia los lados.
Vegeta levantó una ceja de manera altanera.
"Así que ella iba a buscarme. Eso me facilita mucho las cosas"
Avanzó hasta alcanzarla y jalarla de un brazo hacia él.
-Precisamente yo también te buscaba, hembra odiosa- dijo con voz grave.
El tono utilizado por el saiyajin le produjo un ligero rubor y una variación en su diminuto ki pero aun así perceptible para el guerrero.
Sonrió de lado complacido, ya no tenía caso utilizar el pretexto que tenía planeado para abordarla, ya no hacían falta las palabras, la cargaría y entraría de nuevo a su habitación para poseerla en su amplia cama hasta caer rendido. Estaba decidido en descargar su preciada semilla al menos unas tres veces en el interior de la hembra. Pensar en eso lo desgastaba, le robaba tiempo sagrado para su entrenamiento, debía finiquitar lo antes posible el asunto de su descendiente y de paso enfriar su libido lo suficiente como para olvidarse de fornicar hasta que terminen las batallas que tanto ansiaba pelear y vencer. Ya después, cuando reclamara el imperio que perteneció a Freezer, ya entonces se dará el lujo de aliviar la tensión sexual acumulada consiguiendo para su servicio personal las mejores meretrices de la galaxia.
Se acercó hacia ella con la intención de cargarla sobre su hombro izquierdo pero antes de siquiera pestañear ella levantó una mano mostrando un objeto pequeño en la palma.
-Iba a entregarte el nuevo modelo de robot en el que estuve trabajando hoy, ¿quieres que te muestre de lo que es capaz de hacer?- levanto una ceja orgullosa de sus logros, pero al ver que el príncipe ladeaba la cabeza confundido le entró la duda.
"Vegeta me buscaba. ¿Para qué? ¿Para fastidiarme o para…?"
"Así que me buscaba para mostrarme un estúpido robot. Estuve a punto de rebelarle que la buscaba a ella y no precisamente por su estúpida tecnología. En fin, aprovecharé la ocasión y la manipularé a mi conveniencia"
La soltó y se alejó un par se pasos. -Muéstrame lo qué hace- ordenó con la mirada profundamente clavada en ella.
-Vamos a un lugar con más iluminación- señaló las luces del pasillo apagadas, solo la luz proveniente de las ventanas aluzaba el pasillo. -Tal vez la sala de estar- sugirió.
Vegeta negó con la cabeza. -A tu habitación, es lo más cercano- opinó estoico.
Bulma titubeó ante la repentina proposición del príncipe, en parte era lo que deseaba, pero no sin antes aclarar ciertos puntos. El saiyajin notó ese titubeó, mostró una sonrisa de lado y habló inclinándose hacia una sonrojada mejilla.
-¿Tienes miedo estar a solas conmigo?- aspiró frunciendo la nariz ante el suave perfume que la mujer se había rociado justo antes de salir de su habitación.
-No le temo a un engreído- le hizo una señal con la mano, -sígueme.
Entraron a la cálida habitación, al contrario de la vez pasada ahora si se encontraba prendida la calefacción.
-Apaga ese maldito aparato, hace mucho calor- se quejó.
-Estamos en temporada de invierno- espetó levantando la voz.
-Eres una debilucha que no aguanta una ligera baja de temperatura. He estado en el norte de tu planeta y allá si te congelarías- ubicó de inmediato el panel que regulaba la temperatura, era igual al que él tenía en su habitación, se acercó y lo apagó sin darse cuenta de que ella lo devoró con la vista cuando le dio la espalda.
"Debo felicitarme por haberle escogido esa playera"
-¡Oye!- quiso alegar pero antes de continuar él le arrebató la cápsula y la activó, de inmediato apareció en nuevo modelo del robot.
-Es más pequeño- cruzó los brazos observando el dispositivo.
-Y más veloz- se agachó hacia el robot y comenzó a señalar los orificios por donde saldrían potentes rayos laser que atacarían al guerrero sincronizándose entre ellos y escaneando la posición de su oponente con mayor precisión, durante su explicación se distrajo un par de veces al levantar la vista y toparse con ese par de piernas fornidas enfundadas con una tela que dejaba admirar cada maldito músculo y ese bulto que gritaba que lo volteara a ver, le costó mucho trabajo limitarse a verlo hacia los ojos.
-Esto es letal para un terrícola común, inclusive uno que practique artes marciales, inclusive para ti si tienes un descuido- finalizó no muy convencida a última hora de haber hecho un arma tan poderosa que pusiera en peligro su plan B, pero estaba consciente de que el guerrero necesitaba de peligro real para perfeccionar sus reflejos y velocidad.
Vegeta hizo una leve mueca de aprobación, cada vez se impresionaba más de las capacidades de la hembra, pero no lo admitiría en voz alta.
"Espero que mi descendiente herede su inteligencia, al menos hay probabilidades"
-Bien mujer, mañana lo pondré a prueba- entrecerró los ojos burlonamente, -espero y no sea un fiasco, ya que para ti cualquier cosa es más fuerte, eres demasiado débil.
-No soy tan débil, comparada contigo que eres un fenómeno sí, pero si me comparas con otras mujeres te sorprenderías.
-He conocido hembras mucho más fuertes- se acercó rodeándola hasta estar detrás de ella, -no lloriqueaban cuando las poseía, ni me pedían que bajara la intensidad de mis… movimientos- se inclinó hacia el oído derecho de la mujer. -Te hace falta práctica- se alejó sin despegar los ojos de ella.
Bulma se giró con la boca abierta hacia el príncipe, ¿había escuchado bien? ¿Él ya se había acostado antes con algunas mujeres?
-¿Entonces ya habías tenido sexo antes?
Vegeta frunció el ceño ofendido. -¿Qué se supone que soy? ¿Un chiquillo?
-No Vegeta, es solo que siempre piensas en pelear que no te imaginaba… ya sabes. Además tu forma tan brusca y primitiva de…
-¿Primitiva?- inquirió con el ojo izquierdo crispándose, visiblemente molesto acercándose hacia ella de manera amenazadora.
Bulma caminó hacia atrás alejándose disimuladamente. -Entonces estás acostumbrado a mujeres poderosas y musculosas, yo…- la mirada agresiva del guerrero denotaba indignación.
"¿Lo habré ofendido al suponer que no tenía experiencia?"
La cama detuvo su huida ocasionando que cayera en ella boca arriba, el saiyajin aprovechó para agacharse aprisionándola con sus dos brazos que en esos momentos le parecieron murallas a la mujer.
-¿De dónde rayos sacas que eran musculosas?- inquirió divirtiéndose, podía percibir el miedo y las dudas en ella y eso había enfriado su enojo.
-Dijiste que eran fuertes.
-Lo que pasa es que tu raza es patéticamente débil- se inclinó aún más apoyando el peso de su cuerpo sobre sus codos. -Eres tan débil que no soportas una revolcada con un guerrero- le dijo a pocos centímetros de su cara, con sus negros orbes clavados en el océano azul que lo miraba desafiante.
-Para tu información, Yamcha también es un guerrero.
Vegeta se irguió emitiendo una ruidosa carcajada.
-El insecto no cuenta, me cuesta trabajo creer que supiera dónde meterlo- se relamió los labios acorralándola de nuevo, -¿acaso me dijiste dónde ponerlo?
Bulma no respondió a las burlas del príncipe, recordó que en su primera vez con Yamcha, su exnovio se encontraba igual de nervioso que ella, pues también era la primera vez que lo hacía él ya que antes de conocerla le temía al sexo femenino y de hecho debido al nerviosismo que tenía le pidió con timidez a Bulma que lo guiara por dónde era que lo debía introducir. Muy al contrario del príncipe, quien la tomó de sorpresa introduciéndose hasta el fondo con maestría.
"Es verdad, que ingenua fui al creer que no lo había hecho… A decir verdad, ¿qué no habrá hecho?"
-Vegeta- le dedicó una mirada coqueta, -tú dijiste que yo sería algo parecido a una amiga- el guerrero asintió con la cabeza. -¿Seremos amigos con derechos?- finalmente lo preguntó quitándose un gran peso de encima.
-¿A qué te refieres con eso mujer?- se acercó hasta estar a escasos cinco centímetros de la científica. A pesar de haberlo preguntado, intuía a lo que se refería Bulma.
-Es verdad- dijo rodeando el cuello del saiyajin con sus brazos, acercándose más hasta casi rozar sus labios, -no estás muy relacionado con las terminologías de mi planeta- mordió su labio inferior. -Amigos con derechos significa que podemos divertirnos sin compromisos de por medio.
-¿Sin sentimentalismos estúpidos?
-Exacto príncipe… ¿eso seremos?- pasó sus dedos por el cuero cabelludo del hombre, encontrando maravillosa la sensación de sus cabellos crespos.
-¿Aguantarás? Hembra débil-. Sabía que ella era igual de orgullosa que él, por lo que aceptaría el reto. Era lo que él esperaba y no se equivocó, ambos juntaron sus labios al mismo tiempo sellando el trato
La placentera batalla entre sus bocas no se prolongó por mucho tiempo ya que un impaciente saiyajin descendió al níveo cuello para lamer y mordisquear.
-¡Sin marcas en lugares visibles!- Bulma exclamó interrumpiéndolo en cuanto comenzó a sentir una ligera succión.
Vegeta gruño pero obedeció, bajando hacia uno de los hombros.
"No sé por qué nunca antes me nació hacer esto" El olor de la vez pasada comenzó a emerger golpeándolo de lleno. "Ahí está mi respuesta. Ese maldito olor"
La levantó recostándola por completo sobre la cama, quedando él arriba. Se volvieron a besar y acariciar con vehemencia, de pronto un crujido se hizo presente y antes de que la mujer reclamara porque su vestimenta estaba siendo desgarrada, sintió una cálida y ansiosa mano masculina acariciando entre sus piernas, subiendo y bajando sus dedos con más delicadeza que la vez pasada.
Los gemidos no se hicieron esperar al tiempo que el pecho femenino subía y bajaba invitándolo a devorarlo, el príncipe aceptó gustoso la invitación y procedió a devorar ambos senos, sin decidirse cuál le gustaba más. La excitación en la mujer creció de pronto hasta el punto de que ella misma comenzó a mover las caderas contra el guerrero, a frotar su intimidad contra la de él, aun aprisionados debajo de las telas que los cubrían, ella con sus bragas y él con su pantalonera.
Otro crujido se escuchó, ahora fue el turno de la ropa interior de la científica. Embelesado por el dulce aroma que lo invitaba a copular, decidió probarlo antes de entrar en ella, bajó sin previo aviso y abrió las piernas femeninas de golpe, sacando un jadeó cargado de temor a la mujer, pero para su alivio fue la lengua del guerrero lo que la atacó sin tregua.
Después de la primera probada quiso más, acarició con su lengua cada superficie externa e interna hasta donde alcanzaba su lengua, mordió y succionó en un par de ocasiones ocasionando ligeras molestias a la mujer, pero nada comparado con el placer que se encontraba experimentando de la boca de ese grosero y altanero hombre.
Teniendo demasiado de eso lo dejó y limpió su boca con un brazo, sacó su playera y el resto de la ropa sin dejar de mirarla con profundidad, con furia cargada de deseo. Completamente desnudo se dejó admirar por unos cuantos segundos, su sonrisa de lado demostraba lo orgulloso que se sentía de su cuerpo, inclusive eso era todo un orgullo para él. Tomó con cuidado las rodillas de la mujer abriéndolas y admirando los pliegues rosáceos que se abría recibiéndolo.
Esa noche lo repitieron tres veces más, en cada ocasión el príncipe midió su fuerza, probó los límites de la mujer de a poco y aprendió con rapidez sin necesidad de recibir ninguna instrucción de ella. Después de todo él era el de mayor experiencia y no iba a permitir que lo creyera un principiante.
La temperatura en la habitación bajó gracias a la calefacción apagada, pero en la cama la pareja sudaba y ardía en pasión. El guerrero orgulloso se dejó acariciar, tocar mucho más de lo que nunca antes le había permitido a una hembra, se dejó morder y que Bulma le tocara el cabello, algo que nunca dejaba que le tocaran, sin darse cuenta le daba acceso a esa insignificante terrícola a su intimidad en todo el sentido de la palabra, era únicamente por placer, ¿qué tendría de malo si nadie más se enteraba?
Darle un poco de libertades a la mujer aseguraba que tomaría de buena gana la noticia cuando supiera que está preñada y aseguraría la supervivencia del crío. Definitivamente no era mala idea y ¿porque no? Lo estaba disfrutando.
Agotados cayeron rendidos, cada uno de espaldas al otro, eso de dormir abrazados era para novios, no para amigos. Bulma suspiró antes de meditar sobre lo sucedido.
"Menos mal que me estoy cuidando. Vegeta siempre termina dentro" Frunció los labios dudando en hacer algún comentario al respecto. "No. No me conviene mencionarlo. Si toma en cuenta que me podría embarazar quizá se aleje y ya no quiera… jugar. Mejor no lo comento"
Mientras tanto, el príncipe de la raza guerrera también se encontraba sumergido en sus pensamientos y a punto de quedarse dormido.
"La ingenua no ha tomado en cuenta que mi valiosa semilla ya se encuentra haciendo su trabajo dentro de ella. La sorpresa que se llevará" Sonrió satisfecho para después dormir sin importarle que la mujer se encontraba durmiendo a su lado.
He terminado el capítulo. Quería abordar una situación más, pero tardaría unos días más en publicarlo, así que lo demás lo veremos en el próximo capítulo.
¿Cómo lo tomará Vegeta una vez que sepa que Bulma se ha cuidado?
Agradezco de nuevo a todos aquellos que dejan su comentario, me animan a apurarme a escribir al saber que hay gente queriendo saber que va a suceder. Aunque ya todos sabemos el desenlace final de la historia.
