Historia de amor desde la cárcel

Historia de amor desde la cárcel

Capítulo 10

-¡No! Por favor… ¡se lo ruego! ¡¡Déjeme ir!!- exclamó la mujer. Su edad rondaba los veinte. -¡Ahh!- gritó de dolor al sentir a alguien tomarla fuertemente de sus cabellos negros.

-Te vas a quedar en silencio, si de verdad aprecias tu vida- susurró una fría voz. La mujer miró con terror al joven quien la tenía aprisionada. Tembló en horror al ver los crueles ojos carmesí.

-Por favor… no le diré a nadie, lo juro… déjeme ir… por piedad- le dijo. Estaba de verdad aterrada. -¡¡NOO!! Déjeme… ¡¡SUELTEME!!- exclamó de pronto, al sentir a su atacante subirle la falda. Se empezó a mover bruscamente, intentando escapar de las manos del que se convertiría en su violador.

-¡Quédate quieta!- ordenó el joven, dándole una fuerte cachetada a la mujer, quien se limitó luego a solo sollozar. –Así está mejor- agregó.

Separó las piernas de la joven, y sin decir más se introdujo en ella, quien dejó escapar un grito desgarrador al sentir su ser entero ser partido en dos.

Sollozó fuertemente, sintiendo rabia y odio al joven quien ahora solo dejaba escapar gemidos de placer. Se quedó quieta, rogando en silencio que todo terminara pronto.

Escuchó luego un prolongado gemido escapar del violador, y sintió cómo sus adentros se llenaban de la semilla del joven.

-Maldito seas- susurró con verdadero odio y rencor.

El joven se acercó a su rostro, besando sus labios. Le sonrió con maldad al separarse.

-Ya lo soy- le dijo, mostrando luego un objeto en su mano.

La mujer lo miró terror. Negó luego con la cabeza.

-No… no por favor… por favor… nooo- suplicó hecha un mar de lágrimas.

El violador ignoró sus ruegos, trayendo el cuchillo hasta el cuello de la joven.

-Ninguna de mis víctimas vive para contar la historia- susurró.

Y sintiendo solo placer al hacerlo, cortó el cuello de la joven… dándole una muerte casi instantánea…

Se levantó con rapidez. Miró sus alrededores. Estaba en su celda. Suspiró, trayendo su mano hasta su frente, limpiando las gotas de sudor que en ella había. Miró su mano luego. Tenía varias cicatrices, producidas por aquel día en el cual se le había ocurrido quebrar un espejo.

¿Cuánto tiempo había pasado ya desde eso? Un año.

Y ahora, era el ser más temido en todo el lugar. Había matado ya a varios reos, de la forma más cruel que podía existir.

Miró de pronto la celda en la que se encontraba, estaba desierta.

Sí, aún la compartía con Marik, Bakura y… Yugi. Pero desde aquel día del incidente con el espejo, se dejaron de dirigir la palabra. Yugi solo se había acercado a él poco después de eso para ayudarlo con la herida en su mano. Pero tan pronto sanó ésta, el chico se había alejado.

No le interesaba, sin embargo. Era mejor estar solo. Había vuelto a ser un asesino, un monstruo, así que la soledad era algo a lo que ya estaba acostumbrado.

Aún así, todas las noches tenía esos malditos sueños. Eran recuerdos en realidad, pero aún así le atormentaban. No le dejaban encontrar un poco de paz.

Después, estaba el asunto de las drogas. Se había dispuesto a dejarlas al fin, hacía un mes. En algunos momentos la tentación de consumirlas lo embargaba, pero no se había dejado llevar por eso.

Aunque bueno, esa pequeña victoria que estaba obteniendo no parecía importarle a nadie.

Y por último, había un pensamiento que lo molestaba. Intentaba ignorarlo, pero a veces se le hacía muy difícil. No le encontraba el sentido a la vida. No tenía sueños ni ilusiones. A nadie le interesaba ya lo que pasara con él.

Y por eso, varias veces había pensado en el suicidio. Si, la salida fácil. Pero por momentos, la más lógica. Es decir, su vida no valía nada, ni para él ni para nadie. ¿Para qué seguir viviendo? ¿Para matar? No, no era una razón suficiente.

El asesinar ya no lo llenaba como antes, aunque no quisiera admitirlo. El ver sangre correr ya no era el mismo placer. No sabía por qué.

Así que… ya no había razón, ¿cierto? Era tonto que siguiera ahí.

Sin siquiera notarlo, las lágrimas empezaron a caer de sus ojos.

Sollozó en silencio. Su viejo estilo de vida ya no lo hacía sentirse bien.

Ya nada tenía sentido. Nada estaba bien.

Y por eso, muy dentro de él, existía un pensamiento. Uno muy pequeño quizás, pero importante.

En su corazón... quería cambiar…

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

-¿Seguro que quieres quedarte solo?- preguntó el Cuidatumbas, mirando a Tenshi. Estaban en los baños, y el menor había optado por quedarse en la ducha más tiempo.

-Seguro, no te preocupes- le dijo Yugi, sonriendo ligeramente.

-Bueno, si eso quieres. Iré a buscar al Robatumbas entonces- habló el moreno. Yugi asintió, mirando luego a Marik salir del lugar.

Se metió entonces a la ducha, y dejó que el agua cayera sobre él. Y solo entonces, dejó sus lágrimas libres.

Lloró, sintiendo varias emociones inundarlo. Inseguridad, tristeza, soledad, y muchas otras.

Extrañaba de sobremanera a su abuelo y a sus amigos. Desde que llegó a ese lugar, no había recibido noticia de ellos. Sabía muy bien que las visitas estaban prohibidas a las personas que estaban en la zona de máxima seguridad. Y eso era lo que lo entristecía aún más; el hecho de que él no debía estar ahí.

Y luego, estaba Yami. Sus sollozos aumentaron. Aún lo amaba, pero ambos se habían distanciado. Y el miedo aún seguía ahí. Sabía que las misteriosas muertes de los reos habían sido causadas por el Faraón, y eso de verdad le aterraba. Considerando las condiciones en las que habían encontrado los cadáveres.

Negó con la cabeza, no quería pensar en eso. Y no quería perder la esperanza en Yami. Sabía que el joven podía cambiar, pero… con cada día que pasaba, esa esperanza iba disminuyendo. El Faraón siempre se mostraba frío y distante. Nunca hablaba, siquiera.

Eso lo desesperaba. Quería volver a acercarse a Yami, pero no sentía la confianza suficiente.

Suspiró, en su mente buscando otro tema. Su cumpleaños sería dentro de una semana. Sería el segundo que pasaría sin sus amigos. El anterior, nadie le había dicho nada, ni una pequeña felicitación. Claro, que no la había esperado, después de todo ahí nadie sabía cuando era su cumpleaños.

Salió de sus pensamientos al escuchar a alguien entrar al lugar. No le dio importancia. El baño no era suyo después de todo.

De pronto, sintió como alguien lo agarraba con violencia. Iba a gritar, pero una mano en su boca no se lo permitió. El terror se hizo paso en él. ¿Qué iban a hacerle? ¿Quién estaba a sus espaldas?

-Por fin, voy a poder hacerte mío- escuchó un susurro en su oído. Empezó a temblar. No reconoció la voz, pero por su tono podía descifrar que estaba en problemas.

Intentó forcejear entonces, logrando solo que el hombre a sus espaldas lo lanzara contra la pared. Gritó de dolor al sentir el impacto. Cayó al suelo luego.

Intentó forcejear nuevamente al sentir al hombre sentarse sobre sus piernas. Pero lo único que recibió fue un fuerte golpe en el rostro.

-¡Quédate quieto!- exclamó el reo. Yugi lo miró entonces. Era un hombre grande, musculoso. Su cabello era castaño al igual que sus ojos.

Sin poder hacer nada más, lloró en silencio.

Sintió asco de inmediato al sentir al hombre tocando sus partes íntimas. Y lo supo entonces, de ésta no iba a escapar. Yami no iba a venir a ayudarlo esta vez.

-"Ayuda… por favor… ¡Yami ayúdame!"- exclamó en su mente.

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Caminaba por los largos pasillos sin un rumbo fijo. Había salido de su celda minutos atrás. No había podido seguir durmiendo, lo recuerdos de inmediato lo inundaban.

Parecía que no importaba lo que hiciera, no podría tener algo de paz.

Se detuvo de pronto, al escuchar unos sollozos.

Miró hacia la puerta que daba a los baños. El sonido parecía venir de ahí. Pero luego se alzó de hombros. No era nada de su incumbencia. De seguro algunos reos disfrutando una buena sesión de sexo.

Iba a irse, pero una exclamación lo hizo detenerse.

-Por favor, ¡basta!- Abrió sus ojos en impresión al reconocer la voz. Era… ¡era Yugi!

Sin siquiera ser conciente, la preocupación lo invadió. Entró con rapidez al lugar.

Y se quedó congelado al ver la escena frente a él. Un reo estaba encima de Yugi, mientras que el chico solo sollozaba impotente. La rabia lo inundó. Nadie podía tocar al menor, absolutamente nadie.

-¡Qué pasa aquí!- exclamó con enojo. El reo de inmediato se levantó, mientras que el chico en el piso solo se abrazó a él mismo.

-Faraón…- susurró el hombre. Sin ser notado por Yami, el reo llevó una mano a su espalda. Sonrió con malicia. –Solo me estaba divirtiendo con el mocoso- le dijo. Yami apretó sus puños. Ese maldito se atrevía a burlarse de él.

Corrió hacia el hombre.

Yugi miró entonces la escena. Sus ojos de inmediato se centraron en el objeto que el reo escondía a tras su espalda. Vio a Yami acercarse, y el terror lo inundó.

-¡No Yami, no te acerques!- le gritó. Pero ya era tarde.

El reo mostró el cuchillo. Y con él… apuñaló al joven en el estómago. Una exclamación de dolor salió de inmediato del Faraón.

El reo se separó del joven. Yugi se quedó congelado al ver cómo la sangre salía en grandes cantidades. Miró a Yami, quien a pesar de todo solo veía al reo con odio.

-Pagarás por eso- susurró. Llevó sus manos a su estómago y tomó el cuchillo, el cual aún estaba clavado ahí.

Ejerció fuerza, gritando de dolor en el proceso. Y así sacó el arma. Sonrió con burla al ver el terror en el rostro del hombre.

-Despídete de tu vida- habló. Y en solo segundos se acercó al hombre, a quien le fue inútil defenderse contra el arma, la cual quedó incrustada en su pecho.

Cayó entonces de rodillas, antes de caer por completo al suelo, su cuerpo al parecer sin vida.

Yami se quedó de pie, pero solo por unos segundos antes de caer pesadamente al piso, sintiendo la consciencia abandonarle.

Yugi se acercó al Faraón. Las lágrimas caían de su rostro como dos fuentes de agua.

-¿Ya… Yami?- preguntó con temor. Suspiró en alivio al ver los ojos carmesí del joven mirarlo. –Es… es mi culpa- susurró. Alzó un poco el cuerpo del Faraón, ganándose un quejido por parte de éste. La sangre empezó a caer en su cuerpo, pero su preocupación era otra.

-No debiste hacer eso… mejor… mejor hubieras dejado que… snif- intentó decir. Yami lo miró con debilidad, sus ojos ahora entrecerrados. Estaba a punto de desmayarse. Sonrió ligeramente.

-No podía dejar que… te hicieran daño… mi Tenshi- susurró. Y ya no pudo más, sus ojos se cerraron, y perdió la consciencia.

Yugi miró esto con terror. Sacudió un poco el cuerpo del Faraón.

-Ya… Yami… ¡Yami no te duermas! ¡Despierta! ¡Te necesito!- Abrazó con fuerza el cuerpo del joven. -¡Ayuda, por favor, alguien!- exclamó.

Sollozó fuertemente. No podía perderlo, no a su Yami. ¡Lo amaba!

-¡Por favor, ayuda!-

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Magi: y ahí lo dejo u.u Fue una verdadera inspiración de momento xD Jaja me encanta tener la vida de Yamito en mis manos!! nOn

En fin, ¡gracias por sus reviews!

Espero que les haya gustado este capítulo.

¡Hasta la próxima!