Hi, minna-san!! COn menos demora y más alargo viene este chap ;D, creanme que más de alguna querrá matarme por dejarlo así xD, pero bueno... les dejo leyendo :D
Por cierto, este capítulo va dedicado con mucho cariño a mi nee-chan, La Luz de Mi Oscuridad. Gracias amiga por apoyarme durante estos meses que han sido casi nefastos para mí, con todo mi corazón y aunque no sea lo mismo dejarlo aquí que allá, espero que te guste muchísimo :D
"Los personajes no me pertenecen (para mi gran desgracia y realidad xD) sino de Stephenie Meyer-sama º-ºU" (ya verás Edward, en la próxima te rapto, sí o sí xD)
Capítulo 9: Persuasión
La semana transcurrió más rápido de lo normal, entre los juegos que hacían Emmett y Jasper o, las costosas compras que me obligaban en participar Rosalie y Alice... ¿Cómo el tiempo no pasaría volando?
Y obviamente no quería ingresar aún. No me sentía para nada preparada en enfrentar a mis ex compañeros del preescolar y, probablemente a las nuevas caras desconocidas. Y, mucho menos quería ver la expresión irritada de algunos de mis hermanos. Sobretodo, la de Edward.
De tan sólo recordar nuestra discusión de ayer y la palabra hermandad... se me revolvía el estómago. Comenzaba a odiar profundamente esa palabra.
- Ya sabes- me había advertido el día anterior- Te quiero por lo menos diez metros de él.
Su rostro era impasible y sabía, que su terquedad superaba a la mía con creces cuando se lo proponía. En aquel instante, nos encontrábamos en su habitación.
- ¿Ahora eres mi guardaespaldas?- le critiqué molesta- Jacob es mi amigo y no dejaré que pase a otra categoría- expliqué amurrada mientras me cruzaba de brazos en su cama.
- Lo hago por tu bien, Bella- suspiró enfadado- No confío en él – gruñó exasperado.
- ¿Pero confías en mí? En el sentido de que... soy tu hermana- había cerrado los ojos con resignación. Probablemente ese sería siempre el encubridor lazo que me unía a él. ¿Cómo alguien tan maravilloso e inmortal podría fijarse en alguien con aspecto tan... ordinario?
- Precisamente por ese motivo. Eres mi hermana y no dejaré que te hagan daño- sonrió con fastidio para luego dejar una dulce- Y, por supuesto que confío en ti, tonta- acarició mi mejilla en un delicado gesto, que hizo que me ruborizara en el acto. Odiaba mis reacciones.
- Tú eres el tonto, Edward – fruncí el ceño pero al instante sonreí. Si hubiese sido más pequeña le habría dicho "Gwo toto" – ¿Ésta es una de tus pequeñas persuasiones?
- No, las otras son mucho más mejores- su sonrisa estaba llena de picardía, por lo que mi corazón sufrió- Pero si la quieres considerar, la recordaré... hermanita- susurró a mi oreja de una forma tan... sexy.
Si me consideras tu hermana... ¡No me niego al incesto, wiii!, me avivó la vocecita interna.
Gruñí por lo bajo. Esa era una parte de la discusión, ya que no lograba recordar la otra. Debía admitir que... sus métodos de persuasión si hacían el efecto deseado. ¡Como odiaba que hiciera eso! Me tenía en sus manos, el muy tramposo.
Di un mordisco a mi tostada.
Sí, en sus exquisitas y maravillosas manos níveas. Dijo pervertidamente mi voz interior.
- Cielo, aún no terminas tu desayuno- me regañó mi madre. No podía decir Esme a secas.- Y los demás ya están esperándote en el coche, están impacientes- rió al ver mi mueca.
- Me falta tomar la leche y voy- dije nerviosa mientras cogía el vaso para servírmelo a secas- Un poco de retraso no les va afectar, además si están al volante ellos... ¿Por qué preocuparse si en la carretera estarán conduciendo como si tuviesen diarrea?- me tapé la boca con ambas manos.
- Supongo que esa sería la mejor forma de verles desde el punto de vista humano- volvió a reír divertida, pero yo volví a revisar su frase en mi cabeza- Mejor anda, cielo, ya conoces el carácter de Edward sobre la puntualidad.
"Punto de vista humano" Otra pista más- Cierto, no quiero que esté gruñón todo el santo día- puse los ojos en blanco y me despedí de mi madre con un beso en la mejilla.
Salí de casa con mi bolso en la espalda y, pude divisar a unos cinco metros como mis hermanos me esperaban con el ceño fruncido pero con diversión plantados de forma maravillosa en el Volvo.
- Es tu primer día de clases ¿Y ya quieres llegar tarde?- se mofó Emmett – Debería haber cargado la batería de mi cámara... bueno, para algo está también el móvil- revolvió entre su chaqueta para buscar el dichoso aparatito del demonio.
- ¡No!- para sorpresa mía, Edward había gritado al mismo tiempo que yo. Cosa que me avergonzó bastante por lo demás.
Alice me empujó levemente para que subiese en el flamante Volvo, mientras que Emmett y Rosalie se fueron en otro. Durante el trayecto hacia al Instituto, no pude evitar los horrorosos nervios que me carcomían por dentro. Entrar con semejantes ángeles... les estropearía la visión, estaba segura de ello. Lo mejor sería entrar sola, para así pasar desapercibida – aunque en un Instituto de pueblo no sería tan fácil porque ya conocían a todos desde la niñez- y no degradar a mis hermanos.
- No lo harás Bella- musitó Alice antes de darme un pequeño golpe en el hombro- Tú entrarás con nosotros y punto.
- ¿C-cómo supiste que yo...?- tragué en seco.
- Intuición, ya te lo había dicho- olvidándose de su antigua postura de reproche, rió melódicamente- La primera clase estarás sola, pero las siguientes son todas con Edward- el nombrado se limitó a mirar por el espejo retrovisor. Le dediqué una mirada furibunda. Ya sabía a que venía esto- Alégrate, Bella. ¿Qué chica no desearía estar en una clase con Edward Cullen?- me susurró infantilmente.
Mi imaginación voló a una particular clase de español.
"Señor Cullen, diga una frase seductora como ejemplo por favor."
"¿Puedo hacer algo por usted, bella señorita? Sus deseos son órdenes para mí" Pronunció al español un Edward cargado de sensualidad y lujuria en sus palabras "Soy su esclavo por el resto de la eternidad" sus ojos cambiaron de un ocre a uno más oscuro.
El deslumbrante y exquisito torso de Edward se me presentaba a pequeños centímetros de mí. ¡Madre mía, que estaba bueno! Y... era para mí, únicamente para mí. Me va dar algo... lo presiento.
"¿E-esto es clase de español o anatomía celestial?" pregunté con los nervios a flor de piel por su respuesta.
"Las dos cosas se podrían dar, sin embargo, si me permites por supuesto, preferiría las lecciones de anatomía. Podríamos explorarnos..."
- ¿A qué hora es la clase de español y la de biología?- solté sin pensarlo. Ya estaba hiperventilando sólo por la idea.
- Segunda hora- sonrió de manera deslumbrante- Lo que toda chica desearía ver ¿No?- rió sutilmente al ver las caras confundidas de Edward y Jasper.
- Wow- sonreí levemente. Sin lugar a dudas, las clases de español serían mucho más educativas si lo tomaba desde "esa" inusual perspectiva.
Sin embargo, la molestia de que Edward hubiese hecho ese cambio en mi horario para tenerme vigilada era una reverenda estupidez. ¿Por qué tanta preocupación de que no hablara con Jacob? ¿Por qué tanto enfado por su parte...?
Celos, cariño. Concluyó mi listecilla vocecita. ¿Pero celos de qué...?
De haber estado vagando tanto por mis pensamientos y... delirios, no me había percatado de que ya habíamos llegado al Instituto. Edward estacionó en una de las plazas más apartadas y apagó el motor con un suave ronroneo. Le dediqué una rápida miradita antes de bajar, aún cuestionándome la pregunta sobre los celos. Era una tontería...
Alice me acompañó hasta la oficina principal para buscar el comprobante de asistencia que debía pasar a los profesores. Luego de eso, me acompañó hasta mi primera clase deseándome buena suerte y antes de perderse por los pasillos, escuché un gruñido de su parte. No comprendí muy bien aquello, pero ya estas alturas cualquier cosa me podría esperar.
- ¡Bella!- apenas giré el pomo de la puerta para entrar a la clase de Historia, un Jacob lleno de efusividad me abrazó, sin darme escapatoria alguna- ¡Me alegro que estés aquí y viva!- rió a carcajadas.
- Pero no lo estaré tanto si no dejas de abrazarme- logré decir con el poco aire que me quedaba en los pulmones. Ante mi queja, Jake me dejó en el suelo sonriendo aún- Yo también me alegro de verte, Jake- sonreí apenas.
Los estudiantes que iban ingresando a la sala y los que estaban ya sentados, nos quedaban observando con sorpresa, por lo que de inmediato comenzaron a cuchichear entre ellos. Podía imaginar cual era el chisme del día de hoy.
Jacob me ofreció sentarme con él durante la clase y, ya cuando estábamos ubicados en la última mesa de la fila donde se encontraba las ventanas, empezó a preguntarme en que clases me tocaban a las siguientes horas. Sólo coincidía ésta y la hora de trigonometría.
- ¡Rayos! Quien sea que haya hecho el horario, le maldigo- dijo molesto a lo que yo no pude evitar reírme de su expresión infantil.
- "Si supieses quien fue el de la idea..."- pensé nerviosa- Oh, ya llegó el profesor. Debo ir a que firme mi comprobante- sin más, me levanté hacia su escritorio.
A pesar de que me moví lo más rápido posible para acabar con aquel espantoso tramite, las miradas clavadas en mi espalda y los cuchicheos sobre una tal "Isabella" – que para mi desgracia, sabía quien era- hicieron que los nervios aumentaran, provocando que mi inusual don llamado torpeza me jugara de las suyas como nunca: Tropecé mientras iba devuelta hacia la mesa que compartía con Jacob, éste se rió de todas formas pero me ayudó a levantarme.
- Lo siento. ¿Te encuentras bien?- preguntó aún con la risa adornando su rostro.
- Creo que sí- respondí avergonzada y molesta por la pregunta- "Me gusta comerme el piso cada vez que puedo ¿Acaso no lo ves?"- mis manos temblaron por la molestia. Mi don era único.
Una aburrida y horrorosa clase de Historia tuve. Era mucho peor que en el Internado. Hasta creo que me di un buen golpe en la cabeza con la banca. El timbre sonó. ¡Aleluya!
- ¿Te veo en trigonometría, vale?- la voz de Jacob sonaba esperanzada.
- Vale- contesté con una pequeña sonrisa. Se fue sonriendo mientras alzaba su puño en señal de victoria- ¿Eh? ¿Ahora que le pasa a ése?- me pregunté rascando mi mejilla.
Por los corredores me sentí algo intimidada. No sabía si me estaba volviendo paranoica pero, sentía otra vez o más miradas en mi persona. Mi plan por pasar desapercibida se estaba yendo al carajo. Entré al baño de chicas – aprovechando que la clase quedaba cerca- y mojé mi rostro con el fin de espabilarme un poco.
- Vamos, Bella- me sequé con un poco de papel higiénico las manos y salí más segura. Actitud que se había ido cuando encontré a un hermoso ángel esperando apoyado en una de las paredes del frente- ¿E-E-E...?- mis piernas temblaron y la voz no me salía por la impresión.
- Sí, Bella. Mi nombre empieza con la letra E- sus labios se apretaron para no largarse a reír melódicamente. Volvió a cerrar los ojos y toda señal de humor se esfumó- Te estaba esperando, Bella- su expresión se endureció, pero sus hermosos ojos topacios adquirieron ese peculiar brillo que me atontaba en los sueños y en mi poco imaginación. Un brillo de total seducción- ¿Recuerdas nuestra pequeña conversación, no?- dijo mientras avanzaba hacia a mí.
- Horario- respondí de inmediato. No podía negarme a esa mirada. Suspiré para quitarme el aturdimiento- Tenemos la clase de español, vamos- sin importar la cercanía que teníamos y, la razón de ella que tenía Edward, me limité a seguir caminando.
- Bella- gruñó cogiendo mi mano con delicadeza entre las suyas- Lo único que te pido es que no te le acerques ¿Tan difícil es eso?- preguntó calmado, pero sus ojos le traicionaban- ¿O es que te gusta?- cerró sus ojos con enfado.
- Edward, pero que tonto te pones algunas veces- sonreí torpemente al seguir sintiendo su mano gélida contra la mía. Debía disfrutar de este mínimo contacto- No le veo desde los ocho años ¿Crees que tendría otra intención con él si ya me gusta alguien...?- callé de inmediato y seguí caminando pero la mano del ángel no me soltaba. Estaba roja, rojísima.
¿Cómo pude haber soltado eso? Era como pedir mi ejecución. Arg... ¡Bella, tonta!
- ¿Te gusta alguien?- me interrogó pasmado. Y me percaté, por primera vez, que sus ojos cambiaban del ocre a un negro tan profundo... y colérico. Soltó mi mano con pesadez y la puso en el puente de su nariz- Y no me lo dirás ¿Estoy en lo cierto?
- Por supuesto que no te diré- a pesar de todo, le saqué la lengua en un gesto infantil de mi parte. Si le decía... se podría alejar de mí- Ya, vamos a Español de una vez.
En un profundo e incómodo silencio entramos a la clase. Miradas venían e iban. Entregué el comprobante de asistencia para que lo firmara y me fui a sentar al lado de un molesto y amenazante Edward. Se veía mucho más aterrador que la vez que Jacob estaba conmigo cuando llegué a Forks después de mi huída.
- Señor Cullen, podría decirnos alguna frase por favor- No, esto no era como en mi imaginación.
- Por supuesto- respondió y me miró de reojo- "Es tu decisión, yo no me involucraré más si es lo que tú deseas. Permíteme saber el nombre de aquel que te cautivó y logró capturar tu corazón"-
- Que romántico, Señor Cullen- le felicitó el maestro.
- Para que vea lo que sale después de una "sorpresa"- murmuró cansado.
Mordí mi labio. Apostaría el poco capital que me quedaba en una de mis maletas a que este era otro método de persuasión. Uno muy extraño, pero era una táctica... ¡Y lo había dicho en español!
Además... ¿Cómo podría decirle que él era quien me robó el corazón desde la infancia?
Podía decir que era "indirectamente" incestuosa, pero el sello de asalta tumbas me faltaba por asimilar...
... Por lo menos por un pequeño tiempo más...
OoOoOoOoOoO
Pasamos la mayor parte de las clases que nos correspondían a ambos en un profundo silencio. Las miradas furtivas que en otro tiempo podía emplear con nerviosismo... las extrañaba. El Edward que se encontraba a mi lado era uno completamente ausente y... ¡Frustrante! No había caso al intentar descifrar las expresiones de su rostro.
- "Para eso me hubiese quedado otra semana en casa"- pensé abatida- "Al menos tenía excusa"
El caos se desató al final de Trigonometría. Jacob me había invitado a almorzar con él y un pequeño grupo reducido que conocía en la época que estaba estudiando en Forks. Los cuatro de mis cinco hermanos parecían contentos de que estuviese sociabilizando, excepto uno.
- ¿De verdad que no les molesta? – pregunté de nuevo, aunque más por Rosalie, Alice, Emmett y Jasper. La opinión de Edward la sabía al revés y al derecho.
- Por cuarta vez, Bella, que no- puso los ojos en blanco Alice- Pero ten cierta distancia con Mike, el rubio, y Jacob- mandó una mirada furtiva a Edward- Está con humor que...- sacudió su cabeza- Va estar insoportable- murmuró cansada.
- Gracias, Alice- la abracé y fui a la fila a comprar mi almuerzo, donde estaba Jacob esperándome con el grupito. Sonreí intimidada por sus quisquillosas miradas... ¿Pero que se podía esperar si era como la nueva atracción de un circo de mala muerte?
Nos ubicamos en una de las mesas que se encontraban en las esquinas. Mientras ellos charlaban animadamente y me preguntaban de que había sido de mi vida, yo les contestaba con pequeñas respuestas simples para irme directamente a mis pensamientos...
En clases Edward estaba callado y muy molesto. Sí, pero a pesar de todo, su frase se repitió una y otra vez en mi cabeza. ¿Acaso no era evidente de que él me gustaba? Prácticamente toda la familia nos molestaba sobre el incesto que "supuestamente" existía entre nosotros. Y si se le añadía el factor de mis sonrojos frecuentes ante su presencia, o mi nerviosismo que se manifestaba con el mínimo contacto que tenía conmigo y me estremecía hasta la médula... ¿Cómo no se había dado cuenta de algo tan obvio?
- "Es obvio que no se daría cuenta. Él debe tener los ojos fijos para a un ser que se le iguale, alguien que no le avergüence"- Con esa simple y triste conclusión se congeló cualquier intento futuro.
¿Entonces por qué mierda me había besado?... ¿Por qué me sobreprotegía tanto?
- "Bueno, de algo se tienen que divertir cuando son seres inmortales"- involuntariamente encogí los hombros cuando encontré la mejor explicación posible- "No hay nada más divertido que molestar a una patética mortal"
OoOoOoOoOoO
Los días pasaron rápidamente y Edward ni siquiera se dignaba a mirarme ni en la escuela y mucho menos en casa. Apenas me respondía con monosílabos las pocas veces en que reunía el suficiente valor para hablarle con normalidad. Me fastidiaba que actuase de esa forma.
Durante todo un mes tuve distintos sueños con él, específicamente, de "esa" clase de sueños. Benditas lecciones de español. Pero... ¿De qué rayos me servían si el Edward real pasaba de mí como si fuese una verdadera pared invisible?
El resto de mi familia sabía que algo pasaba entre nosotros. Alice y Rosalie muchas veces me llevaron a Seattle para ir de compras y lograr distraerme con mis enfados por el excesivo costo de la ropa. Jasper me enseñaba las materias que no lograba entender y en el tiempo libre, relataba algunas historias de terror – cosa que me fascinaban-. Emmett por su parte, intentaba por todos los medios a que yo jugara con él al Xbox. Y mis padres... intentaban apaciguar los ánimos de mis hermanos. Cosa que les estaba realmente agradecida.
Estaba quedando como la víctima y eso justamente yo no quería. Lo único que pedía era que Edward me hablara como antes lo hacía. Añoraba con fervor sentir sus caricias de "hermano" o sus gruñidos por simples nimiedades. Y sobretodo, lo que más extrañaba, eran sus amables y hermosas sonrisas que provocaban que mi corazón latiera con mayor fuerza e ímpetu. Tal era mi grado de desesperación, que deseaba volver a tener tres años para revivir esos mágicos y añorables momentos.
Caminaba con Jacob para ir a almorzar y escuchaba lo feliz que era por terminar este día. Claro, lo que todo estudiante desea en la semana es que llegue el día viernes para acabar la jornada e ir a una disco para pasarlo bien. Hoy, precisamente era ese fatídico día.
Antes hubiese estado feliz, pues lo habría pasado en familia y... con Edward. Pero ahora no era posible.
Estaba tan cerca y demasiado lejos de él.
- ¿Entonces vendrás, Bella?- con esa voz chillona salí de mis tristes y patéticos pensamientos.
- ¿Eh?- miré a la chica de rizos que me preguntó- Perdona, no presté atención a lo último- me excusé.
- Uf- gruñó molesta la chica. Recordé que se llamaba Jessica- Estábamos planeando ir a un Pub en Port Angeles ¿Vendrás, verdad?- preguntó entusiasmada- ¡Hay muchos tragos!
- Jessica, no la atosigues tanto- le reprendió una chica algo tímida. ¿Angela?- Bella, decidirá si puede o no- me sonrió breve.
- Gracias- le respondí devolviéndole el gesto- Es que...- tragué nerviosa el poco de mi soda- No sé si pueda...- confesé extenuada- Debo terminar mis deberes...- mentí a la rápida.
- Por favor, Bella- rió Mike Newton, el único chico aparte de Jacob que recordaba su nombre con facilidad- Los profesores no nos han mandado tantos deberes, uno que otros libros pero nada más. Vamos, di que sí- me guiñó el ojo. Alcé una ceja.
- Además, yo no dejaré que te pase nada- Jacob me abrazó- Y tus padres no se negaran, estoy seguro.
Mordí mi labio por la inseguridad. Si iba, de seguro Edward no me hablaría ni para Pascuas- Yo...- me separé de Jacob para moverme inquieta en mi asiento. ¿Qué hacía?
Envié una mirada furtiva hacia la mesa en que se sentaban mis hermanos - No me sentaba con ellos en el almuerzo por el tenso ambiente que creaba. Si en casa y en clases ni me miraba ¿Cómo sería almorzar con él y mis hermanos que ya sabían de nuestra incomodidad? Sería... frustrante. Por lo que opté seguir almorzando con Jake y sus amigos- y lo siguiente que hice... fue quedarme en blanco.
Quedé ligeramente pasmada – y casi boté mi soda por la impresión-. Edward me estaba observando con un grado de enfado que nunca creí posible. Si se tuviese que medir la cólera en sus ojos, yo diría que estaba cerca del ciento diez por ciento o aún más...
Una brillante y maligna idea relució en mi mente. Había descubierto en poco tiempo que en la celestial familia en la que convivía, eran capaces de oír hasta el susurro más inaudible del mundo.
- Creo que definitivamente iré- sonreí muy a mi pesar para sonar convincente- Una buena distracción me hará bien, demasiado bien- enfaticé satisfecha al ver como sus labios se movían con rapidez divina por la molestia.
Esa no fue idea mía. Paga tú las consecuencias. Me reprochó la vocecita que hace mucho no aparecía. Si le hubieses hecho el salto del tigre en su debido tiempo, no estaríamos aquí y podríamos estar felices de la vida tomados de la mano.
Puse los ojos en blanco. Como si aquella divinidad posara sus ojos en mí para otra cosa.
- Hoy, a las diez de la noche nos juntamos en el Gateway Tavern- la voz de Jessica parecía más chillona al cabo de los segundos- Angela y yo te iremos a recoger a las nueve ¿Te parece?- un brillo adornó sus ojos.
Alcé una ceja. Lo que en verdad quería Jessica era descubrir la casa de los Cullen para armar un chisme. Demasiado predecible su rostro.
- Está bien, por mí no hay problemas- me encogí de hombros para aparentar.
- Me alegro por ello- me sonrió Mike mientras cogía una de mis manos. Que rápidamente saqué de la mesa toda ruborizada.
- Hey, amigo. Ella es mía- le fulminó con la mirada Jacob. Suspiré. Prefería ni saber el por qué de aquello.
Las clases siguientes me tomaron por sorpresa. Y no precisamente por la materia de éstas, sino por el extraño acercamiento de Edward me dejó algo... plop. Supuse que había escuchado sobre mi salida con mis "extraños" amigos – si de alguna manera les podría decir- pero no era lo que yo realmente esperaba; pensé que me dirigiría al menos una palabra. Y nada. Sólo miradas furiosas, miradas furtivas de su parte, mas ni una palabra salió de sus labios adornados por una torcida mueca.
Alice me bombardeó de preguntas cuando ya íbamos de regreso a casa y eso aumentó de sobremanera la molestia de Edward, que mandaba miradas con reproche por el espejo retrovisor a mi hermana que ya estaba eufórica.
- ¿Te puedo ayudar a vestir? ¡Por favor, Bella!- suplicó juntando sus manos- ¡Por favor, por favor, por favor! ¡Bella, por favor!- decía casi cantando alegremente. No sabía a que se debía ese repentino entusiasmo.
Siguió sin parar. Ni cuando entramos a casa me dejó de atosigar con la idea. Era inútil escapar de las ideas de mi hermana, mucho menos cuando ya estaba en el PIC del entusiasmo mismo.
Opté por lo fácil; rendirme.
- Está bien, Alice. Haz lo que quieras- bufé cansada por su insistencia. Escuché su ¡Yei! De la victoria.
Las escaleras se me hicieron más difíciles que de costumbre. Mi patosidad estaba en el máximo nivel. Alice ya me esperaba dentro de mi habitación con una gran sonrisa mientras rebuscaba en mi armario una que otra ropa para hacer un conjunto.
-Así que... Port Angeles- inició la conversación cuando me asegurar de cerrar la puerta- Eso complicará las cosas...- gruñó molesta... pero no por la ropa que examinaba- Si vas a tomar, toma con prudencia por favor- dijo como si nada.
- Nunca he bebido en mi vida ¿Y crees que lo haré en estas circunstancias?- le protesté.
- Sólo decía. Quién sabe lo que puede deparar el futuro- dijo riendo.
- Ja, ja.
- Edward lucía muy enfadado. Bueno... más de lo que ha estado en todo este mes. ¿Me preguntó la razón?- susurró desviando los ojos hacia a mí- Tal vez esta noche suceda algo interesante- sus ojos dorados brillaron.
- Esperemos que lo sea- murmuré agobiada.
Le pedí a Alice que no hiciese una "mega producción" conmigo, aunque para variar, hizo caso omiso de mi pequeña petición. Este era el precio de mi gran y brillante idea de asistir a Port Angeles- Falta el maquillaje...- dijo al fin cuando me vio vestida con el atuendo que había escogido. Una blusa negra de tirantes, vaqueros ajustados a la cadera con ciertos rasguños en la zona de mis rodillas- Rosalie- llamó como si estuviese presente en la habitación.
- ¿La has estado arreglando sin llamarme antes? Me siento ofendida, Alice- le reprendió ofendida mi esbelta hermana- Veamos... – sacó un maletín de la nada. Era de maquillaje.
- Por favor... no me hagan esto- supliqué al ver como Rosalie vaciaba unos extraños objetos encima del tocador. Odiaba ser la conejilla de indias cuando se trataba de maquillarme.
- Te ves genial con ese atuendo, pero falta el peinado- repuso Alice con un par de cepillos- Y sólo te falta unos toques de sombras y brillo- Rosalie abrió el maletón dejándome "apreciar" la variedad que poseía- Estás en buenas manos, Bella- corearon con una singular sonrisa- Ya no te reconocerás...
Entre gritos de dolor y protesta de mi parte y, melódicas risas de mis hermanas, logré salir de salir de la tortura con una apariencia totalmente distinta a la de esta tarde. La desganada y frágil Bella que antes había visto en el espejo... estaba en el olvido por esta noche. La actual parecía alegre, con brillo y sin ninguna preocupación.
Lo único lamentable era que aquella Bella se encontraba exteriormente, ya que por dentro estaba tiritando como una oveja llegando al matadero.
- Acuérdate de no beber en exceso, hazlo con prudencia- advirtió nuevamente Alice bastante satisfecha por el resultado de mi apariencia.
- Ya lo sé- respondí cansada de repetirle lo mismo. Angela y Jessica ya me esperaban a las afueras de la casa.
- Diviértete, hija- dijeron mis padres besando mi mejilla.
- ¡Mi bebé se está haciendo grande!- oí el estrepitoso sollozo de Emmett desde la entrada- ¡Ni se te ocurra escaparte con algún chico de la barra!- bromeó.
Y la noche recién empezaba... para mi gran desgracia.
Gateway Tavern estaba casi repleta. Chicos y chicas bailaban y tomaban al sonido de la música, sí, tomaban como si fuese el mismísimo elixir de la vida. Mike había invitado a otro grupo de la mesa del almuerzo. Reconocí a una chica rubia – que me miraba con repugnancia- a otros tres chicos y otro par de chicas. Esta sería una larga e incómoda noche.
Diferentes tragos se sirvieron ellos, pero yo me mantenía al margen con mi encubridora Coca-cola. Prefería abstenerme de aquella "guerra" que habían hecho por beber los treinta tragos de nuestra mesa.
- ¡Ajua! Esta cosa me está poniendo a tono- dijo Mike riendo a lo loco- ¡Bella, no has tomado tu ronda! – señaló los dos vasos que me tocaban por obligación.
- Prefiero ver como caen- reí forzosamente mientras tomaba mi bebida- ¡Oye!- le grité a Jessica por haberle echado cerveza a la Coca-cola que bebía.
- Te va a gustar, Bella- chilló entre medio de la música.
"Joder, que desesperante se vuelve" Pedí ayuda con la mirada a Jacob, sin embargo, parecía muy feliz tomando su décimo vaso de vodka. Con un tic en el ojo observé el vaso que sostenía. Tenía Coca-cola por lo menos- ¡Ay, bueno! Son desesperantes- les grité enfadada al ver la sonrisa en los labios de Jessica y de Mike.
Y lo tomé al seco sin proponérmelo. Para mi gusto... no era tan agrio ni tan dulce... Debía admitir... que estaba bueno. Pasaron dos minutos y mi cabeza se... desconectó.
- ¡Wo! ¡Está muy bueno! ¡Jessica, dame más de esta cosa!- pedí con una sonrisa tonta mientras le señalaba la rara mezcla que tenía ella en su vaso.
- ¡Brindemos por Bellaaa! Qué estáa más que buenaa- cantó Mike entre miles de risas.
- ¡Hey! ¡Vayamos a bailar, Mike!- le jaló del brazo una enfadada Jessica. Todos se habían ido a la pista de baile, sólo Jacob y yo seguíamos sentados bebiendo de lo poco que nos quedaba en nuestros tragos.
Jacob sonriendo me cogió de la mano, algo brusco, también para ir a bailar- ¡Oe, tú! No sé bailar- logré decirle con el efecto del alcohol en la sangre después de 5 tragos diferentes- ¡Oe! – grité con los ojos entrecerrados.
- ¡Te ves muy divertida borracha, Bella!- rió apegándome a su cuerpo- Aunque todo me gusta de ti- cogió mi mentón, sin embargo, eso no llamó mi atención.
- ¡Wo! Una moneda ¡Cashing!- me separé de él tambaleando para recogerla- ¡Wii! Otra que se va a la cuenta- reí tontamente y ebria.
- ¡Arg! Malditas sanguijuelas que me persiguen- gruñó dando manotazos al aire- ¡Los odio! – me cogió por los hombros sin dejar de arrugar su frente.
- ¿A quiénes, J-jabón?- pregunté atontada. Bastó con ese grito para que mi razón volviese levemente a pesar del alcohol existente.
- ¡A la maldita familia de vampiros que tienes! – bramó cogiéndome de los hombros encolerizado.
Le miré confusa- ¡Ja, ja, ja! ¡Qué buena ésa!- reí para seguirle el juego.
No. Su rostro no era ningún juego. Él decía la verdad, la verdad de un borracho. Mis pupilas se abrieron al máximo... ¿Mi familia... estaba compuesta por vampiros? Eran inmortales, magníficos, preciosos, el color cambiante de sus ojos... ¿Pero la sangre dónde quedaba?
Tambaleando y con la visión algo distorsionada volví a la mesa a reposar. Demasiado alcohol ingerido, nunca más iba a tomar. Con la moneda de un dólar en la mano, logré sentarme aún aturdida.
- Oye, chica de la moneda- dijo alguien sentándose frente a mí. Busqué su cara con lentitud, a pesar de la poca luz que había, pude ver unos ojos verdes que me miraban con diversión. Sus facciones eran muy maduras... probablemente tendría unos veinticinco años- ¿Quieres una ronda, nena?- le miré con el entrecejo fruncido. Por supuesto que no quería, aunque sin responderle, me tomó del brazo para ir a la barra.
- Oe... suéltame, idiota- gruñí temblando por la ira. Mis reacciones eran demasiada lentas.
- No quiero. Pero te aseguro que lo disfrutarás de lo lindo- finalizando la frase me dio a beber una cerveza a la fuerza que hasta me llegué a atorar con la susodicha. Los segundos pasaban y pasaban para que pudiese volver a respirar con normalidad.
- ¡Maldito desgraciado, te dije que...!- las palabras murieron, pues mis músculos faciales no me respondían. Y poco después, mi cuerpo entero al igual.
Había quedado paralizada por el efecto de una droga. Mis pupilas se dilataron, la respiración se volvió agitada, la luz y la sombra se distorsionaban, pero la sonrisa cínica de ese chico prevalecía...
... Logrando que mi mente se desconectara por su efecto y del alcohol...
¿Quién... quién era el maldito que había hechizado a Bella? ¿Quién era el bastardo?
Lo admitía. Estaba cegado por los celos y el enfado. Sabía perfectamente que podría llegar aquel momento en que posara sus ojos chocolate en otro. Pero... aún así, no me resignaba. Indagué por tantas mentes para obtener una pequeña pista por el resto del mes, y nada. Escuchaba sus conversaciones con la esperanza de saber quién demonios era. Y nuevamente, nada. Estudiaba sus gestos y reacciones con demasiada atención. Estaba obsesionado por saber.
Ella intentaba acercarse a mí, pero yo le rehuía por el enfado. El enfado de no saber por lo que pasaba por su extraña y compleja mente. El enfado por tener que admitir que ella probablemente no me pertenecería nunca. El enfado y la cólera de saber que el dueño de sus pensamientos era aquel quién me la había arrebatado.
Rabia y dolor, dolor y estremecimiento. Esos sentimientos eran los que constantemente habían vivido durante todo este mes.
Y ahora, ella estaría disfrutando de una velada con sus amigos... Yo no era quién para impedírselo. Sólo... su gruñón "hermano".
- "¡Edward! Bella está en peligro"- la voz preocupada de Alice me sonó distanciada, pero con el solo nombramiento de Bella fui directamente hacia ella.
- Le advertí que no bebiese en exceso, que terca- dijo molesta- Pero eso no es lo importante, hay algo... mucho peor.
- ¿Está ebria, no?- cuestioné suspirando.
- Aparte- dijo rápido- "Tuve esta nueva visión hace unos segundos. ¡Tienes que ir por ella!"- suplicó mientras me dejaba hurgar en su mente.
Una habitación completamente a obscuras, Bella atada en una silla... con ropas menores y un chico sonriendo con prepotencia observándola con éxtasis. Y la siguiente visión... el piso manchado de sangre y Bella... llena de golpes.
Sin pensarlo más, me subí al Volvo con un único propósito. Matar a ese mal nacido, haría que su estúpida existencia desapareciese de este mundo. Alcancé los 200 Km/Hr de inmediato.
Abrí los ojos con molestia y unas fuertes punzadas en la cabeza se hicieron presentes. No sentía mis manos y mucho menos las piernas. Sólo la visión y la razón habían vuelto, mas, la inmovilidad de mi cuerpo no desaparecía.
Una ventana, un piso de mala muerte, un espejo roto que reflejaba a una chica en precarias condiciones físicas. Sólo la cubría su ropa interior. Sus manos estaban esposadas al igual que sus pies... y su rostro... lucía demacrado. Aquella chica mostraba el mismo sentimiento que yo estaba experimentando. Desolación y asco. Aquella chica... era yo.
El chico de la cínica sonrisa se encontraba en un simple bóxer sin dejar de sonreír con prepotencia.
"¡No!" pensé aterrorizada- "¡NO!"- los ojos se me llenaron de lágrimas, que no tardaron demasiado en recorrer mis mejillas.
Maldita la hora en que había aceptado beber. Maldita la hora en que acepté salir a Port Angeles. Maldita la hora en que le dije a Edward que alguien me gustaba. Maldita la hora en que... me enamoré de él y no le dije.
Me iban a violar... y yo no iba a poder hacer absolutamente nada para evitarlo, ni un minúsculo movimiento podía realizar por el entumecimiento de los músculos. Estaba malditamente a su merced... por estúpida.
Sus asquerosas manos me tocaban desde el cuello hasta el vientre. Le odiaba, le odiaba como nunca... ¿Pero qué podía hacer? Nada...
- No llores, chica. Luego me vas a gritar para que te dé más, ya lo verás- se relamió sus labios. Cosa que me pareció repugnante- Ahora eres la pequeña muñeca- restregó su... "cosa" por mi pierna.
"Mátenme, mátenme por favor" suplicaba por dentro.
Acarició mis piernas con desesperación. Temblé del asco y de la repugnancia.
Los sollozos perecían dentro de mi garganta. Cada sucia caricia de su parte, cada avance que hacía con su masculinidad al aire para intentar forzarme... me hacía más arrepentirme de no haberme confesado a Edward.
Lo que verdaderamente sentía por aquel maravilloso ser. Él era mi incestuoso sueño de la niñez, mi razón para sonreír cada día, el causante de mis suspiros; mi vida, incluso hasta el mismísimo aire...
...Era mi todo... era mi amor.
Un estruendoso ruido venía proveniente del exterior. La puerta literalmente fue destrozada por el simple azote que se le dio. Una figura alta y casi omnipotente logré divisar con dificultad a causa de las lágrimas.
"Edward" gesticulé dolorosamente a pesar del estar dopada por la droga.
El chico que anteriormente estaba con la sonrisa de burla por el acto que iba a cometer, ahora temblaba al sentir la furia que irradiaba mi maravilloso "hermano". Dolor y sollozos era lo único que escuchaba por parte de él en menos de un segundo. El ruido y crujido proveniente de sus huesos rotos se hacían cada vez más fuerte, aunque no me afectaba para nada aquello. Únicamente observaba con deleite y admiración a Edward, nunca se había visto menos humano y mucho más celestial.
Sus ojos negros apresaban, su rostro invadido por la ira le hacía parecer un verdadero Dios de la batalla, simplemente hermoso. Sus finas facciones llenas del odio le hacían lucir más maravilloso que nunca.
Sin embargo, me di cuenta muy tarde... que aquel ángel estaba con las manos sucias por mí. Y eso no me lo podía perdonar. Él era un ángel... y los ángeles debían mantenerse puros.
Sin palabra alguna, me cogió suavemente entre sus pétreos brazos para cobijarme como si fuese una pequeña. Sus gélidas y suaves manos recorrieron mi rostro con cariño, cariño que creí olvidar durante este espantoso mes. Me cubrió con su cazadora con lentitud y su rostro reflejó la pena y el remordimiento.
Lloré, lloré por verle así...
Lo último que vi antes de desvanecerme nuevamente por el efecto de la droga, fue unos de sus dedos recorrer mis mejillas...
No sé cómo pudo pasar, pero el hecho de despertar entre sus brazos mientras él subía las escaleras, me sobresaltó. El efecto de la maldita droga prevalecía en mi organismo, pero sentía menor entumecimiento en los músculos que antes, lo que significaba un pequeño progreso. Todo estaba demasiado silencioso en casa, probablemente el resto de la familia no se encontraba en casa. Algo... raro.
Moví con dificultad mis labios, pero logré hablar al fin- Edward... No me dejes- le rogué cansada.
- Nunca- murmuró en mi oreja. Extrañaba aquello con creces.
Abrió una de las primeras habitaciones del tercer piso. Supuse que era la suya por el embriagante aroma que me aturdía. Con gentileza, me depositó en su cama mientras abría las sábanas para cubrirme. Una vez que lo hizo, pude ver la indecisión de recostarse a mi lado, pero... al fin y al cabo se acomodó a un lado mío.
- Esto no habría sucedido si yo...- murmuró con dolor mientras acariciaba mi flequillo- Fue mi culpa...- dijo con voz apagada y me abrazó por la cintura.
- No... No te eches la culpa, Gwo toto...- susurré más calmada por sentir su tacto y cercanía.
Estuvimos en silencio, cada uno enfrascados en sus pensamientos. Tenía que hacer al menos el intento... – Edward... ¿Puedo pedirte algo?
- Por supuesto que sí, Bella- siguió acariciando mis mejillas con ternura. Tal vez el efecto del alcohol o la misma droga provoco que un revuelo de sentimientos se agolpara de inmediato y soltara las palabras sin más.
- Quítame las huellas de ese chico, por favor- suplique- Ni el mismo agua podría borrar sus sucias manos. El único que podría hacer eso, eres tú, Edward- murmuré.
Con miedo y con esfuerzo, toqué su rostro... no como lo haría una hermana a su hermano para pedir cariño, sino como algo mucho más allá de ese pequeñísimo contacto.
Al diablo si me ve como su hermana pequeña. Me basta con que conozca el sentimiento que le tengo.
Sus ojos habían cambiado hacia uno más claro desde la última vez que me fije en ellos. Su rostro se acercó con prudencia hacia al mío y, con cierta vacilación, sus labios suaves y embriagantes rozaron los míos para luego presionarlos con deleite. Las manos con que muchas ocasiones soñé para que viajaran por mi cuello y hombros, así lo hicieron. Cada caricia que él me proporcionaba en mi espalda y, por el cuerpo entero, borraba las huellas que había dejado el chico de Port Angeles.
Edward me curaba... tanto física y psicológicamente. Sus besos en mi cuello, en mis hombros ya desnudos... en mi vientre... él era mi solución a los problemas.
Observé como se despojaba de su camisa para volver a besarme con más fervor... y yo... no me negaba.
OoOoOoOoOoO
La luz tenue de la habitación fue como la alarma del despertador. Pero yo no quería abrir los ojos, por ahora, no. Quizás en unas tres horas más.
Pero, ciertas punzadas en mi cabeza y por el cuerpo hicieron rectificarme de mi decisión. Era como jaqueca... aunque más bien como resaca.
Resaca... Resaca... ¡¿Resaca?!
Revolviéndome entre las sábanas busqué mi mano para intentar oler mi aliento. Rayos... ¡Apestaba a alcohol! Fruncí el ceño sin abrir los ojos. Entonces... si había ido a Port Angeles, y si había ido a Port Angeles también habría sucedido... aquella pesadilla que posteriormente se había transformado en un hermoso sueño. Sí, tenía que haber sido un sueño.
Tanteé la cama para encontrar si había algo fuera de lo normal.
- Caliente... tibio... helado... ¡frío!- susurré tiritando. Sudé frío, algo andaba mal en mi habitación.
Abrí los ojos con lentitud para levantar la sábana. Mis manos temblaron. Yo recordaba estar con ropa interior pero...
¡Estaba desnuda, completamente desnuda!
Me tapé como si vida dependiese de ello. Observé la habitación por un largo lapso de tiempo, para encontrar algo que me orientara. Un estante repleto de Cd's, una pared de cristal, una alfombra que MUY bien conocía desde pequeña, ropa de hombre, mi ropa interior a los pies de la cama, Edward acostado a mi lado, un tocadiscos que estaba de maravilla, Edward acostado a mi lado mirándome como si estuviese paranoica, más muebles...
¡¿Edward?! La respiración se me cortó al ver que reía disimuladamente.
- Buenos días- saludó con una sonrisa que mi pobre corazón se alteró.
Inicié a procesar la información fríamente...
Primero, estaba yo desnuda. Bien. Segundo, Edward también estaba desnudo del torso y para abajo... bueno, no me había fijado. Tercero, estaba acostada en su cama y a su lado.
Muy bien... ya tenía la respuesta y/o pregunta:
¡¿ME HABÍA ACOSTADO CON EDWARD?!
Wiii! Por fin, pasó lo que pasó xD. Pobre Bella, no se acuerda de nada xS... ¿la quieren matar? xD. Wow, nos estamos acercando cada vez más a los capítulos con más climax xD. Estoy corta de palabras hoy... tal vez porque literlalmente no puedo ni hablar xD, pero ese es otro cuento xD. ¡Muchas gracias por sus reviews! Me hacen happy, very happy!! xD
¿Quieren saber lo que sucede? ¿Tienen ganas de ser bella? xD... pues ¡próximo chap! xD
nuevamente gracias, sin ustedes esto no sería posible continuarlo ;D
ja ne!
