– ¿No sabes lo que le pasó a Ben?
Brian no alzó la mirada del café que removía.
– ¿Qué Ben? ¿Ross?
– El administrativo, Whitby. Bueno, pues resulta que le dispararon frente a su casa. Debes de ser la única persona en Warner Falls que no lo sabe.
– Tengo demasiadas cosas en la cabeza. Pero ¿está muerto?
No había prácticamente emoción alguna en su voz, pero aun así se podía notar un poco de interés.
– ¡Oh, no! ¡Está perfectamente! Pero no pudo venir hoy. La policía está aún haciendo preguntas, el susto...ya sabes.
– Ah, claro, sí.
Brian juzgó que el azúcar ya se había disuelto y finalmente sorbió su café. Aún estaba bastante caliente.
¿Alguien había disparado contra Ben? Pero ¿por qué? Tenía que ser la persona más aburrida que conocía. Bueno, lo cierto era que realmente no lo conocía...quizás estaba envuelto en algún tema escabroso fuera del trabajo. Auxiliar administrativo de día, camello de noche, o algo por el estilo; nada bueno, por supuesto. Sí, podía verlo.
A él nunca le había gustado ese hombre, para ser sinceros. Recursos Humanos no tenía ningún problema con él y pensaba que era lo suficientemente competente para el puesto, y él no lo dudaba, pero...No. Ben era de esa clase de personas a las que uno odia sin que hubiera hecho nada particularmente desagradable. No era que se sintiera feliz de que alguien hubiera tratado de matarlo, pero por Dios que no estaba demasiado preocupado.
Tras una pequeña conversación con Rose sobre sus vacaciones en Escocia, Brian se sentó en su escritorio, dejó a un lado el informe que había estado escribiendo y abrió la base de datos de la oficna. Escribió un nombre en la barra de búsqueda y pinchó sobre él cuando apareció en la pantalla. Leyó toda la información con cuidado. Por qué, no estaba completamente seguro. Pero la memorizó.
No era asunto suyo, claramente, pero José no pudo evitar meterse.
Debía de ser la séptima vez que veía pasar a aquel hombre, como si cada vez que se alejara recordara que se había dejado un punto y volviera para examinarlo. Tenía pinta de ser un completo rarito, sí, así que era natural pensar que solamente hacía cosas de raritos, pero podía estar ocurriendo algo sospechoso. José tenía esa sensación. Así que, durante su pausa para el almuerzo, acudió a su encuentro.
– ¿Señor? Perdone.
Sheldon se volvió hacia aquel hombre de piel tostada y bigote divertido. Identificó su acento como italiano.
– ¿Está buscando algo? ¿Se le ha perdido alguna cosa?
– Uh, sí, uhm...
Sheldon estuvo a punto de mentirle. Sí, había perdido una lentilla, o su cartera; lo que fuera que se le ocurriera. Pero en el último segundo cambió de opinión...había una buena posibilidad de que el hombre pensara que le estaba tomando el pelo, pero...
– Escuche, ¿ha visto algo raro por aquí?
– ¿Raro? Raro, ¿cómo? ¿Un unicornio tocando la flauta?
– Más del tipo un hombrecillo sin boca.
– Esta debe de ser la cosa más rara que alguien me ha dicho nunca. Pues no, no he visto nada de eso.
– Hm. Gracias.
Sheldon dio unos pocos pasos.
– ¿Habla en serio? ¿Realmente está buscando gnomos sin boca?
– No creo que sea un gnomo...Podría ser... –Sheldon sacudió la cabeza y se acercó a José para hablarle con un tono discreto–. Vi uno en mi casa.
– ...Sí–José asintió lentamente con la cabeza.
– Ah, claro, no esperaba que me creyera. Olvídelo. No he dicho nada.
Bueno, eso era bastante raro. ¡Otro como Joey! ¿Había acaso una epidemia de paranoia o algo así?
– ¡Perdone, señor! ¡No se crea que me burlo de usted! –José le dio alcance–. Como ya le he dicho, es una situación muy extraña para mí. ¿Quizás haya estado teniendo sueños extraños?
– ¿Sueños? ¡Qué va! ¡Desde que vi a esa cosa no he pegado ojo!
– Dígame, ¿cómo era?
– No sé, como menos de un metro de estatura, completamente negra, su cara tenía ojos, pero no boca ni nariz, ni orejas...Vestía como un gladiador...
– ¿En serio?
– Sí, ya sé que suena absurdo, pero juro que eso es lo que vi.
– ¿Quizás fuera una broma, señor?
– Oh, no, no creo. Además...
José le miró con interés. Sheldon se acercó más para musitar:
– Mencionó algo sobre una maldición que pesa sobre este pueblo.
– ¿Una maldición?
– Sí. No sé qué significa, pero eso dijo.
– ¡Interesante! Sí, lo digo de verdad. Eso es muy interesante. Entonces, ¿por qué va por ahí como un pollo sin cabeza?
– Ese gnomo, alien o lo que fuera escapó. Y lo estoy buscando. Tenía una pistola, así que cuanto antes lo encuentre, mejor.
– ¿No se lo ha dicho a la policía? Si hay algo así por la ciudad, seguro que lo encuentran.
– ¿Qué cree usted que dirán si les digo esto?
–Uh...
– Exacto. Pensarán que estoy majareta.
– Yo no creo que lo esté.
– ¿No?
–¡Claro! Sé cuando alguien me miente.
–¡Oh, gracias a Dios!
– Tal vez pueda ayudarlo, si quiere. Conozco esta ciudad como la palma de mi mano...Y soy amigo del alcalde, ¡eso es una ventaja!
– ¡Síííí! ¡Eso puede ser de mucha ayuda! Gracias, eh...
– José Antonio Rivera Hernández, pero puede llamarme José solo.
– Hernández...Yo habría dicho Gonzáles.
– ¿Por qué? –sonrió José.
– No sé. Tiene pinta de Gonzáles.
– De todas formas, estaré encantado de ayudar. Si hay algo fuera de lugar en Warner Falls, lo encontraremos.
Loco. Completamente chiflado, sin duda. Le tendría que preguntar a Joey cuál era el mejor de proceder en esos casos, pero por el momento le seguiría la corriente y lo ayudaría. Ese pobre hombre realmente creía todo lo que decía, así que tenía que andar con cuidado. Podía resultar peligroso.
A Warren no le gustaba beber alcohol durante las horas de trabajo, pero aquella situación era insólita, así que hizo una excepción. Ofreció a Luc un vaso y él aceptó. Luc le ofreció un cigarrillo y él lo rechazó.
– Vale...–Warren comenzó a decir, pero hizo una pausa y no volvió a hablar hasta pasado un buen rato.
–Vale...Tenemos una clase de...Superman indigente y desquiciado suelto por ahí. Un hombre capaz de tirar abajo una pared de ladrillo sólido. Y enfermo mental. ¿Y dónde está ahora? No lo sabemos.
Luc exhaló el humo y asintió ligeramente con la cabeza, con una expresión ausente.
– Realmente no quiero hacer esto, pero la gente debe saberlo. Billy no es un mal hombre, pero ahora es peligroso y no puedo dejar que le haga daño a nadie. Tenemos que alertar a todo el mundo. Alguien debe haberlo visto. ¡Por el amor del cielo, con el desastre que ha dejado detrás alguien tiene que haberlo visto!
De nuevo, Luc no dijo nada. Sus ojos miraban el humo que ascendía hacia el techo.
– Rezo por que no tengamos que pegarle un tiro si lo encontramos. Pero si no nos deja otra...
Warren calló y miró de reojo a Luc, y éste no dijo nada.
– Supongo que tendré que pintarme los pezones con purpurina y bailar desnudo frente a todo el mundo en la plaza; eso lo atraerá, ¿no crees?
Luc asintió y Warren frunció el ceño.
– Luc, maldita sea, no me estás escuchando. Sé que te he llamado muy temprano, pero esto es importante, y llámame loco, pero creo que debería preocuparte...
– Ya no quiero a Sylvia.
Warren alzó las cejas.
– ...¿Eh?
Con el dramatismo de un actor de Shakespeare, Luc dio una larga calada a su cigarrillo y miró al vacío.
– Miré a Sylvia esta noche y no sentí nada. Nada de nada. Era como si estuviera durmiendo con mi hermana. Siento...que ya no es el amor de mi vida. Se ha convertido solamente en mi mujer. Estábamos tan bien...Trabajo mucho, pero no demasiado. Los fines de semana hacemos muchas cosas juntos, seguimos teniendo nuestros momentos de intimidad después de que nacieran los niños, hacemos el amor a menudo...Me pregunto a mí mismo, ¿qué hay de malo? ¿Por qué me siento así? Quiero preguntárselo, pero no quiero hacerle daño. Puede que no la ame, pero aún la quiero, no sé si me explico. O sea, no quiero que sufra. Pero ya no la amo. Aun así, quiero luchar, porque se lo merece y por los niños. Esto ha sido tan repentino que no sé qué hacer...
– ...Sí...Definitivamente tienes un problema y lo siento por ti–Warren lo interrumpió con voz suave y lenta–. Pero, por favor, tenemos un asunto muy importante que tratar, puede que haya vidas en riesgo. Así que...
– Sí, sí, lo siento. Uh, claro, tenemos que avisar a la población y encontrar a Billy antes de que le haga daño a alguien.
– Espero que no lo haya hecho ya–Warren suspiró y se terminó el poco whisky que quedaba en su vaso.
