A draki k7, alexa grayson hofferson, NaryMont, Celeste, Cochita D, Rozeta, magginela, gcfavela y 02KaryYourGuardianAngel20 millones de gracias por sus reviews.

A Begeles pues eso es exactamente lo que tenía Rin en la cabeza, es que aysh, ponerse firme con tanto demonio x3

A LilSykesMixer publica más, quiero leerte (?)

Les pido mil millones de disculpas por lo mucho que tardé con este capítulo, pero sinceramente el tiempo que paso delante de una pc es estudiando y/o trabajando, por lo que apenas si pude pensar un poco en escribir :(

Al resto... Pues... Acá se vienen las partes que son más fáciles de escribir para mi... No sé si sea una buena noticia.

Disclaimer: ninguno de estos personajes me pertenece, son creación y propiedad de Rumiko Takahashi.


Capítulo 10

La noche acaecía apacible, ocultando todas las aventuras y desventuras de quienes la habitaban, allí en el palacio del Oeste una niña, porque otra palabra no le cabía, caminaba nerviosa por las galerías. Para quienes no conocieran su historia resultaría raro ver una muchachita tan pequeña, con un fuerte olor humano, vestida con ropas que le quedaban algo grandes. Pero quien la conociera sabía que esos rasgos aniñados volverían a afilarse tras el amanecer, que sus ojos oscuros se tornarían violeta, su cabello parecería nuevamente una llama, que sus orejas redondeadas darían lugar a las de un zorro y que unas cuatro colas aparecerían tras de si. Además, claro, que se vería varios años mayor a los que se veía ahora. Resultaba curioso que la sangre humana de Ai hubiera acelerado su crecimiento físico en su forma normal, pero que al llegar las fechas especiales en las que se tornaba humana, su sangre demonio la volvería una infante.

Caminaba, de lado a lado, bastante nerviosa, intentando reprimir pequeños gritos cada vez que alguna sombra, ruido o lo que sea surgiera en aquella espesa oscuridad. Tal vez la luna llena iluminaba los jardines con fuerza, pero dentro de aquellas paredes nada perturbaría la noche. La "humana" suspiró nerviosa y terminó por quedarse de pie delante de una gran puerta ricamente decorada. En el interior, como sospechaba, escuchaba a una mujer gritar y llorar en sueños.


El día amaneció con fuerza, sin nubes en el cielo, solo el sol espantando a la noche, demostrando el poder de su brillo, de su calor. Un día que subía el ánimo de la mayoría, pero no el de aquella hanyou que ya había recuperado su aspecto de siempre. Movía sus cuatro colas incesantemente, alterando los nervios de quienes permanecieran junto a ella por demasiado tiempo.

- Maldita hanyou, estate quieta ¡Vas a tirar todo! - Gritó una youkai clavando su fría mirada en la híbrida.

- Lo... Lo siento señora yo...

- ¡Deja de titubear, inútil! ¡Ve y cumple tu trabajo! ¿O estás aquí solo para estorbar? Si el amo te viera así seguro te expulsaría ¡Agradece que le caes bien a la humana! ¿Me estás escuchando?

A decir verdad, la pelirroja ya se había apartado de aquel lugar hacia rato, cargando la bandeja del desayuno de la gran señora del oeste. Y aunque ese día le habían dedicado palabras más "coloridas" que lo normal, no era eso lo que le preocupaba. Suspiró nuevamente al detenerse ante la puerta de la habitación principal. Observó el detallado decorado de la misma, tomando valor para ingresar en ella, donde la única humana que habitaba el palacio del Oeste despertaba.

- Buenos días, mi señora.

- Mrg... Buen día... Ai -. Murmuró la humana, escondiéndose debajo del futón, despertando una risilla en la híbrida.

- Mi señora, ese futón no la esconderá del día.

- No me escondo... Solo quiero seguir durmiendo -. Refutó haciéndose un ovillo, o al menos lo que su abultado vientre le permitía.

- Esta bien, aquí le dejo su desayuno, haga el favor de comer algo y ya luego se vuelve a dormir.

- Me parece un buen plan -. Dijo Rin saliendo de abajo de la manta, más allá del aspecto desalineado de quien recién se levanta, presentaba unas ojeras enormes. La hanyou frunció levemente el ceño ante aquel aspecto pero pasó imperceptible para la humana.

- Volveré en cuanto haya terminado de comer, con su permiso -. Dijo la híbrida, dejando a la humana comer tranquila.

Ai comenzó a caminar hacia las cocinas, pero poco después se detuvo. Miró inquisitivamente hacia ambos lados y volvió a caminar, esta vez hacia la sala de reuniones del palacio. No era un lugar que le agradara visitar, los poderosos generales del Oeste se solían reunir allí y eran quienes le dedicaban los comentarios más mordaces, pero aquello no le amedrentaría, no en aquella situación. En las puertas de la sala un grupo de grandes youkai se arremolinaban en torno a un pequeño youkai verde, el cual parecía encontrarse en su salsa al ser el centro de atención y quien dirigía a todos aquellos poderosos demonios.

Varias miradas poco agradables se posaron sobre la híbrida quien se mantuvo imperturbable hasta ver que el sapo se liberaba un poco. Se acercó a este, ubicándose delante de Jaken y se inclinó, más de lo que cualquiera hubiera hecho delante del demonio, por lo que este se quedó perplejo, observando a la hanyou, haciendo un gran esfuerzo por disimular su asombro en una expresión de puro ego.

- Gran Jaken -. Dijo Ai, intentando esconder la preocupación en su voz -. Ne... Necesito hablar con usted, es algo importante.

- ¿Qué quieres, hanyou, de mi, el gran Jaken?

- Es sobre la compañera del amo.

- ¿Qué pasó con la niña? - La voz de Jaken ahora intentaba esconder la preocupación, era obvio que aquella humana le preocupaba más de lo que quería demostrar. Ai tomó aire sin levantar la mirada. Sopesó un instante si responder allí o en otro lado, consideró que ya había llamado lo suficiente la atención, y que de todas formas de aquello todos se enterarían tarde o temprano.

- Alguien esta atacando los sueños de la Señora, los están distorsionando para que sean terribles pesadillas -. Informó, sintiendo que la voz se le quebraba.

- ¿¡Qué estás diciendo!? ¡Nadie se atrevería a atacar a esa mocosa! ¡El amo bonito lo mataría al instante!

- Es... Es por eso Gran Jaken. Según veo quieren afectar al amo a través de la Señora. Mi poder no es grande, solo soy una hanyou -. Dijo Ai, dándose un instante para tomar aire -. Pero hay algo que la esta perturbando, y según parece quien lo hace sabe esconderse... Pero haya algo que hace que pueda sentirlo, creo que es un kitsune el que esta haciendo eso.

- ¿Un kitsune? ¿¡Pero qué dices, hanyou!? ¡Este lugar esta lleno! ¡Deberían haber sentido algo! - Gritó indignado el demonio sapo, aunque la mirada que le dedicó la híbrida respondía bastante -. ¿Crees... Crees que sea una conspiración contra la mocosa?

La semi-demonio asintió con pesar, cada vez se le hacía más certera aquella idea, y no por ello llegaba a ser reconfortante. Muchos demonios odiaban a la humana, principalmente todas las demonio que habían sido rechazadas por el señor del Oeste, se sentían insultadas al ser vencidas por nada menos que una estúpida humana. Una sucia, inferior, impura humana, que solo daría hanyous, que era demasiado frágil, que al mínimo suspiro estaba muerta. Ai lo había escuchado cientos de veces, lo sentía en las miradas de reproche de la servidumbre que tenían la "dicha" de atender a la humana, y si bien se había ganado bastante respeto con su actitud más firme, no por ello se había ganado la seguridad. Demasiada gente aún la odiaba.

- Esto es grave, el amo bonito se encargaría rápido de esto... Pero hasta que regrese, esta guerra se esta extendiendo demasiado -. Dijo resoplando el sapo mirando con cansancio a la hanyou, le hubiera gustado ayudar a su amo en la batalla pero sabía que sería lastre. Aquello le molestó, pero al menos en aquel lugar podía ayudar a la mocosa humana. Se sujetó con firmesa de su báculo y miró con resolución a la híbrida -. Hablaré con la señora Irasue, y luego investigaré sobre este hechizo, tu intenta averiguar todo lo que puedas, hanyou.


Fue extraño, pero Irasue notó el olor de la híbrida cuando esta hizo acto de presencia en la habitación. La observó sin expresión alguna, escondiendo su sorpresa interna al verla llegar sin la humana presente. Mantuvo su semblante distante y escuchó todas y cada una de las inquietudes de aquella híbrida. Comprendió muy bien la actitud de la hanyou y una vez que esta terminara de hablar la otrora Señora del Oeste se puso de pie.

- Tus inquietudes no serán ignoradas -. Comentó escuetamente retirándose de la habitación dejando a la híbrida pensando qué hacer ahora.

La inugami había tenido sus sospechas, confirmadas ahora debía tomar cartas en el asunto si quería en verdad velar por el bienestar de su hijo.


A Rin le habían dispensado de todas las clases de aquel día, permitiéndole entonces disfrutar de los primeros vientos primaverales, así como observar las hojas de los árboles que poco a poco iban repoblando el paisaje del Oeste. Se quedó largo rato observando el paisaje hasta que aquello que tanto anhelaba ver, apareció frente a sus ojos. Envuelto en una nube de Luz, el demonio de cabellos plateados retornaba a su hogar. Lucía algo agotado, y sus ropas no se veían tan perfectas como siempre, pero a los ojos de su compañera, era la visión más bella sobre la tierra.

- ¡Señor Sesshomaru! - Gritó la joven acercándose velozmente, o al menos todo lo que su estado le permitía, hasta quedar a pocos pasos de él, recordando lo que podía significar aquel encuentro -. Yo... Yo lo estuve esperando ¿Cómo se encuentra?

El daiyoukai observó la figura de su compañera intentando ocultar el shock. Dos más dos da cuatro, y al haber mantenido relaciones sin ningún tipo de cuidado era razonable que aquello ocurriera ¿Verdad? Aquella imagen le impresionó, pero increíblemente, no le desagradó. Al contrario, sentía cierto gusto en la idea de tener un heredero que compartiera sangre con Rin. "Si me vieras padre, seguro te reirías", pensó un instante, antes de acercarse a su compañera.

- Rin.

La aludida dio un brinco, sintiéndose aún más nerviosa al sentir la cercanía del inugami. Pero este no se detuvo, simplemente siguió caminando, por lo que interpretó quería que le siguiera.

- Se... Señor Sesshomaru... Yo... Bueno, es algo obvio ¿no? -. Comenzó a decir la muchacha en uno de los pasillos internos del palacio, sin nadie en las inmediaciones, no al menos para lo que la humana había visto.

- Lo es -. Respondió escuetamente el demonio, Rin dio un respingo.

- Y eso... ¿Le molesta? Ya sabe... Será un híbrido -. Señaló la joven, bastante angustiada, Sesshomaru detuvo entonces su caminar, volteando a verla.

- Esta bien que así sea. Es mi hija, y por ser tuya es correcto sea híbrida -. Sentenció el demonio, haciendo que el corazón de Rin diera un vuelco.

- ¿Seguro que...? ¡Espere! ¿Hija? ¿Ya sabe qué es? - Exclamó sorprendida la humana, recibiendo un asentimiento por parte del demonio - ¡Oh! ¡Por todos los dioses! Debo... ¡Debo hacer tantas cosas! Señor Sesshomaru, hay que preparar las cosas para ella... ¡Lo bueno es que ya tengo nombre!

El demonio arqueó una ceja ante la respuesta explosiva de su compañera.

- ¡Es que lo pensé desde que la Señora Irasue me confirmó que estaba embarazada! Así que intenté pensar nombres para niña o niño, pero a final terminé eligiendo uno que sirviera para ambos.

- ¿Y cuál es?

- Ushio ¿Le gusta? Ya me he encariñado con ese nombre... Pero si a usted no le guste podríamos pensar otro, alguno que le guste a usted.

- Es un nombre agradable -. Aprobó el demonio, observando como Rin le miraba emocionada, en verdad estaba encariñada con aquel nombre y ni él tenía el corazón tan helado como para negarle aquello. A decir verdad, él no podía negarle nada a la joven.

- ¿En verdad lo cree? - El demonio asintió - ¡Me hace muy feliz señor Sesshomaru!

La humana se abrazó al demonio, sintiendo un gran nivel de gratitud, una calma que no sentía desde su partida y una felicidad que jamás creyó poder alcanzar. Aquel momento, en los brazos del hombre que amaba, con su pequeña gestándose era por lejos, el momento más preciado de su vida.