Hola a todos!

Primero que nada los saludo y me disculpo con todos ustedes, pues los dejé abandonados me parece que casi ya un año atrás.

Antes de dejarlo con elcapítulo más reciente de la historia quiero tomarme un minuto para explicarles, en breve, el por qué de esta eterna pausa.

Resulta que en diciembre hace dos años concluí mi carrera, aunque no invicto x3, debía mi servicio social todavía pues aún no terminaba, proceso el cual se extendió hasta aproximadamente marzo y abril del 2017. Después de haber superado eso me enfoque de lleno a mi tesis y así poderme titular y, aunque me tomó un muy buen rato, finalmente lo logré. Terminando eso, mi madre no quería tenerme de planta en la casa sin hacer nada xD, así que tuve que buscar un trabajo y lo conseguí. Y es precisamente por eso que me tomé esta larga pausa, porque era justo cuando estaba libre y podía tener tiempo para escribir, que mejor prefería tirarme en mi cama y descansar :'(
Y cuando no estaba en mi cama descansando, las ideas simplemente no llegaban a mi cabeza, así que hubo demasiadas veces en las que dejé de lado la laptop y decidía hacer otras cosas, esperando que así me llegara la insipiración. El capítulo que vengo a dejarles aquí fue escrito con muchísimo esfuerzo y, casi podría decir que escribía un párrafo por día x3

Así que, nuevamente les pido disculpas y espero que este capítulo sea de su total agrado. No haré la promesa de traerles un capítulo nuevo cada semana o cada dos o cada mes, pero sí más pronto que lo que tardé en escribir este. Y que sepan que sigo vivo! :D

Sin más por el momento, me despido. Espero les guste esta 9na parte y siempre recibo bien cualquier tipo de crítica en sus reviews que, aunque no responda, tengan por seguro que sí los leo. Bye-byeee!


La deslumbrante luz del día le había hecho cerrar los ojos inmediatamente después de abrirlos, cubriéndolos con su mano mientras se adaptaban a la luminosa habitación. Después de unos segundos de volver en sí y frotarse los ojos, se sentó en el borde de la abultada cama; sin embargo, Asuma se sentía fatal. No recordaba absolutamente nada de la noche anterior: es decir, recordaba haberse duchado después que Kakashi haya abusado de él, pero, ¿qué ocurrió después? Una vista rápida a sí mismo y, como de costumbre en tiempos recientes, se encontraba desnudo, y una toalla blanca en el suelo justo al lado de la cama. Agachándose, la tomó, y fue entonces que con arduo esfuerzo logró recordar también salir de la regadera y recostarse sobre la cama, pensante. Su mente no daba para más, se sentía terriblemente esa mañana: se le dificultaba abrir por completo los ojos, la cabeza le dolía y le daba vueltas, su cuerpo apestaba a sudor y, cabe mencionar, la pérdida de memoria que estaba experimentando en ese momento.

Aún pensativo, procedió a levantarse de la cama. Estirándose, giró un par de veces sobre su cintura y volteó a ver las revueltas y desordenadas sábanas sobre el colchón. ¿Acaso, Kakashi se lo había cogido de nuevo mientras estaba dormido? Inmediatamente después de ese pensamiento le siguió un gesto de disgusto y enojo en su atractivo rostro. Deteniendo sus flexiones y con aquella interrogante en su mente, sólo pensó en una forma de comprobar si aquello era cierto; comenzó a dirigir su mano derecha hacia su trasero, más específicamente, a su ano. Y es que a pesar de todo por lo que ya había pasado, aún reaccionaba temeroso ante cualquier invasión que aquellas partes, hasta antes de mudarse con Kakashi, eran vírgenes y no habían sido exploradas por él ni por nadie más. Una vez hallada su mano en sus nalgas, llevó lentamente el dedo índice hacia el abusado agujero, deteniéndose por un momento en la entrada del esfínter, tomando valor para hacer lo que estaba a punto de hacer. Luego de una profunda respiración, temerosamente comenzaba a presionar el dedo sobre el también temeroso ano que, al igual que él, parecía resistirse ante aquel extraño cuerpo que buscaba hacerse de entrada. Jamás había tenido que hacer semejante atrocidad en el pasado, el simple hecho de estar ahí, parado, con un dedo en su trasero, le hacía sentir miserable y esa gran masculinidad de la que tanto alardeaba antes, se desaparecía cada vez que era penetrado; pero, fue lo que siguió, lo que en verdad le sorprendió.

Inmediatamente después de haber violado aquel agujero y hallarse su dedo dentro de este, sintió una extraña sensación que le recorrió en menos de un segundo toda la espina dorsal, haciéndole caer sobre sus rodillas y el otro brazo en el suelo dejando salir un gemido con esa masculina voz. Abruptamente sorprendido ante aquella reacción de su cuerpo, Asuma comenzó a respirar estrepitosamente, no sabía qué demonios era eso que había sentido; ¿podría haber sido que…? ¿le había gustado aquello? ¡No… eso no podía ser cierto! Él sabía y tenía muy en claro que había accedido a aquel repulsivo acuerdo por no tener otra salida, prácticamente no tuvo elección; el que disfrutara ser penetrado por su colega shinobi era una mentira, jamás había sentido atracción por otro hombre o tuvo la curiosidad de juguetear con su propio trasero. Se martirizaba con sus propios pensamientos hasta que, Asuma, se percató de un pequeño detalle, aún tenía su dedo dentro de su trasero, si su negación al hecho de disfrutar aquello era tan cierta ¿por qué aún no sacaba su dedo de ahí? ¿qué era lo que estaba haciendo? Fue entonces cuando, decidido a terminar con eso, jalaba su dedo fuera del recto y, ahí estaba, nuevamente esa sensación recorriendo su cuerpo. Los jadeos se volvieron más pesados y frecuentes, y su respiración irregular, el shinobi no podía dar crédito a lo que le estaba sucediendo y su sorpresa sólo incrementó cuando notó que no sólo tenía su dedo aún en su trasero, sino que había comenzado a moverlo dentro y fuera, lenta pero firmemente. Con un rostro lleno de terror, Asuma no tenía idea de por qué estaba haciendo aquello, los movimientos que su mano realizaba eran completamente involuntarios; pero lo más desconcertante era el hecho que, parecía que, le gustaba la sensación que le provocaba.

A pesar del miedo y disgusto por lo que ocurría, el adonis continuaba estimulándose a través de su trasero, frustrado ante la impotencia que por lo visto tenía sobre su mismo cuerpo. Es que era casi como su cuerpo y su mente lo tracionaran, y conspiraran contra la masculinidad que, alguna vez, sentía y lo hacía sentir tan orgulloso y seguro de todo lo que era. ¿Por qué estaba sintiendo todo eso? Pensaba en cómo y cuándo comenzó a tener esas sensaciones cuando su ano era penetrado, y llegaron a su mente las imágenes del día anterior, cuando despertaba de su siesta sólo para encontrarse con Kakashi violando sus entrañas. No. No había sentido lo que estaba sintiendo en aquel momento. Entonces otro pensamiento invadió su perturbada mente. Por primera vez, desde que se mudó con el enmascarado, había tenido una erección mientras era penetrado; claro que, eso a consecuencia que Kakashi lo masturbaba, ¿cierto? Al menos eso quería repetirse a sí mismo, tenía que convencerse que aquello en realidad no había sido por haber sentido placer o gozo por tener un pene dentro de su trasero.

La mente del shinobi revoloteaba en aquellos pensamientos hasta que se dio cuenta que estaba cerca de correrse. El vaivén de su dedo se había vuelto más rápido, causando picos en la excitación que le provocaba, los gemidos se habían vuelto constantes pero irregulares, y más fuertes. Mantuvo ese ritmo por varios segundos hasta que finalmente, introdujo su dedo lo más que pudo y, debido al alto grado de placer que experimentaba, la blanca y tibia sustancia comenzaba a salir disparada de su miembro, la cual viajaba unos centímetros sólo para terminar en el alfombrado suelo; pudiendo solamente arquear la espalda por el clímax al que había llegado mientras esperaba que todo el semen terminara de salir, disparo tras disparo. Y fue justamente al terminar que, dejándose caer, quedó acostado en el suelo boca abajo, llorando, sintiendo nada más que asco y disgusto de sí mismo, por lo bajo que había caído y el haberse permitido semejante acto. Estuvo ahí, en esa misma posición, durante varios minutos, lamentando una y otra vez la situación en la que se había permitido caer. Muy lejos quedaron ya los días del perfecto adonis que era Asuma, había cedido a los placeres que, hasta ese momento, no sabía que su trasero podía brindarle. Si todo esto terminaba algún día, ¿Cómo podría ver a su amada Kurenai a la cara nuevamente? El hombre del que se había enamorado se había ido, y ya no podía seguir diciéndose a sí mismo frases vacías de ánimo o darse falsas esperanzas. Todavía le faltaba mucho por qué pasar, y esto, era sólo el principio.

Deprimido y derrotado, finalmente Asuma se puso de pie, tomó una ducha de agua fría para quitarse un poco de todo ese peso y angustias sobre sus hombros y, tomando del armario únicamente unos ajustados shorts que cubrían hasta la mitad de sus muslos, acompañados de una playera de algodón negra ajustada también, se decidió a bajar a la sala, dispuesto a afrontar lo que sea que le depararía aquel día.

Eran aproximadamente las 10:00 am; Asuma y Kakashi, sentados en el comedor desayunando el arroz, los huevos estrellados y café que este último había preparado para ambos. La comida recién había sido servida y los pocos minutos que llevaban ambos shinobis ahí habían sido rotundamente silenciosos; sin embargo, Kakashi había notado en el rostro de Asuma una peculiar inquietud, casi como si tuviera la urgencia de decirle algo y se estaba conteniendo. El enmascarado no había dicho nada y no lo haría, sólo por llevar el juego del perturbado adonis, a fin de cuentas, darle tiempo al tiempo era algo en lo que se consideraba bastante bueno.

—Kakashi. ¿Qué…qué pasó anoche? —ahí estaba. Ese era el "algo" que había notado en Asuma desde que se sentó a desayunar. Así que, ¿no podía recordar el gangbang del que había sido víctima la noche anterior? Kakashi reía de satisfacción dentro de sí, pero lo ocultaba mostrando una calmada actitud, habiendo levantado la mirada de su comida al confundido rostro del musculoso ninja.

—*Munch* *Munch* ¿Hhmm? No entiendo ¿De qué hablas? —respondió el enmascarado con cierta indiferencia en su tono de voz, haciéndose por completo el desentendido.

—Ammm… después de que… *ejem* de que…

—¿Cogimos? —aquella respuesta había dejado al adonis un poco atónito, la manera tan déspota en que Kakashi veía lo que hacía con él seguía sorprendiéndolo; y Asuma todavía sentía profunda vergüenza de siquiera pronunciar aquello a lo que había accedido, a pesar de todo lo que había pasado.

—S-sí… eso —dijo Asuma aún algo titubeante —Después de eso, y después de que subí a ducharme… ¿Q-qué pasó?

—Bueno, la verdad no sé cómo pretendes que yo lo sepa, Asuma. Cuando subí a la habitación ya estabas dormido en la cama —respondió Kakashi sin darle la importancia a nada de lo que decía mientras jugueteaba con las llemas de sus huevos —¿Por qué te molesta tanto?

—Bueno, pues… No puedo recordar que hice después, ni siquiera recuerdo haber salido de la ducha y… bueno, es bastante extraño.

—¿Sabes qué creo? —cuestionó el enmascarado después de darle un sorbo al café —Creo que te preocupas demasiado por cosas que no tienen importancia. Estás aquí, ¿no? ¡Estás bien! Es lo realmente importante aquí, ¿o no? —a pesar de tener nublada la mente, así como sus memorias, Asuma solamente asintió, dándole la razón al shinobi —Pero, sí que hay algo que, a mí, sí que me preocupa.

—¿Q-qué es?

—¿Por qué demonios te asusta tanto el sexo?

—… —aquella interrogante que salió de la boca de Kakashi hizo conflicto en la mente de Asuma, o así lo demostró cuando lo volteó a ver a la cara entrecerrando los ojos y frunciendo el ceño. ¿Asustarle el sexo? ¿A qué se refiere al hacerle esa pregunta? —¿D-disculpa? No… yo no, entiendo de que estas…

—¡Oh! ¡Santo cielo, Asuma! Hace un momento casi te quedas mudo por no poder decir que cogimos ayer por la tarde, ¿eh? En serio, ¿qué te pasa?

—Ummm… Kakashi —respondió recargándose en el respaldo de la silla procesando lo dicho —E-eso, no tiene NADA que ver con que me asuste el sexo o algo por el estilo.

—¡Oh! ¡Buenas noticias, supongo! Heh… —soltó una cínica risa —Entonces explícame, por favor.

—Hmmph… —Asuma no pudo decir, o mejor dicho, no supo decir el por qué había titubeado y dudado hace un momento cuando quería referirse a las relaciones que habían tenido el día de ayer, bajando la mirada.

—¿Alguna vez te cogiste a Kurenai, Asuma? —el adonis regresó a ver rápidamente a Kakashi con unos ojos diferentes, unos ojos que no se veían en él desde hacía un muy buen tiempo atrás —O es que, de casualidad, ¿eres virgen? —Kakashi no hacía más que seguir sorprendiendo a Asuma con todas las cuestiones que traía a la mesa cada vez que discutían o hablaban. La mirada del adonis se iluminó de una muy palpable ira que habían provocado aquellas palabras, Kakashi se estaba metiendo con la persona a la que él más quería en este mundo. Es que, ¿cómo se atrevía siquiera a preguntar aquello? —Curioso, porque a mí me parecías algo así como un donjuán por estos rumbos, ¿no? Todas las mujeres soñaban con que fueras suyo y montarte hasta la muerte, supongo. Incluso tuve que soportar escuchar a muchas cercanas a…

—¡NO, Kakashi! No soy virgen, y tampoco lo era en ese entonces —respondió fuertemente Asuma con su masculina voz dando un golpe en la mesa.

—Bueno pues justo ahora definitivamente no lo eres, ¿verdad? ¡HWAHAHAHAHA! —replicó Kakashi buscando molestar a su compañero de mesa, lo cual, a juzgar por la mirada baja y ese serio semblante, lo había logrado —Ok, ok. Suficiente de bromas. Entonces, volviendo a la pregunta principal, ¿por qué te avergüenza? ¡Venga! Te ayudaré a soltarte más conmigo, ¿sí? Estamos viviendo juntos, a fin de cuentas. Repite esto: Kakashi, ¿qué pasó ayer después de que me cogiste?

—Kakashi, por favor. Deja de jugar —respondió el irritado adonis queriendo seguir con su desayuno para evitar así el tema.

—Vamos, Asuma. Repítelo.

—Kakashi, ya basta. Déjate de tonterías.

—¡Oh! Ya veo. Será así entonces. ¿Acaso tendré que recurrir al chantaje? —preguntó el enmascarado en tono burlón.

—Hmmph… Que irónico que digas eso —respondió Asuma con una pequeña sonrisa. Aquello sí que sacó a Kakashi de sus casillas, parecía que aquel hombre olvidaba quien estaba a cargo ahí. No iba a permitir que se burlaran de él en su propia casa.

"¡Heh…! Esto no se va a quedar así, Asuma" pensó Kakashi para sí mismo con una rabia que lo quemaba internamente, mirando fijamente como Asuma seguía comiendo su arroz tan seguro y orgulloso de sus palabras. Después de aquello, el desayuno prosiguió tal y como había comenzado hace un rato, completamente silencioso.

Las cosas entre Asuma y Kakashi no habían cambiado en lo transcurrido del día; después del desayuno, ambos se levantaron de la mesa sin dirigirse palabra alguna: Kakashi se vistió y salió de la casa pocos minutos después, mientras que Asuma se sentó a mirar televisión un par de horas. Para cuando se hartó de toda la estúpida programación, apagó el aparato y se levantó del sofá dirigiéndose al gimnasio para ejercitarse, así como hacía a diario; después de todo, aquel musculoso y envidiable cuerpo no se había conseguido solo, era el producto de toda su dedicación y disciplina, y no pensaba perderlo, aún si le traía problemas cuando de la mente morbosa de Kakashi se trataba. Antes de bajar al gimnasio, subió al dormitorio por la mediana toalla que usaba para poder limpiar su sudor y fue al refrigerador de la cocina para sacar un termo metálico con agua fría que rellenaba siempre una vez terminada su rutina.

El musculoso shinobi iba de máquina en máquina trabajando diferentes áreas de su cuerpo: bíceps y tríceps, espalda, abdomen; hallándose ya en una prensa de piernas, ejercitando sus muslos y glúteos. Con una total dedicación a sus ejercicios, el ninja no se permitía distracción alguna, pues para ejercitarse efectivamente debía enfocar el esfuerzo en los respectivos músculos; y era justo cuando comenzaba a faltarle la energía que se exigía un extra más, superándose a sí mismo. Aquello era una buena terapia que le permitían, al menos unos momentos, olvidar todo aquello que lo frustraba y afligía. Una vez terminados sus ejercicios, se levantó de la prensa y, dando un vistazo rápido al reloj, se dio cuenta que el tiempo había volado, estuvo alrededor de una hora y 20 minutos ejercitándose. Era suficiente por hoy.

Luego de rellenar el recipiente con agua nueva, se dirigía directamente a ducharse; más, sin embargo, hacía ya mucho que no se sobrepasaba a la hora de hacer ejercicio, todo el cuerpo le dolía, por lo que decidió usar el baño de la sala para tomar su baño. Con todo el cuerpo pesándole, Asuma se quitaba la ropa de camino al baño, prenda tras prenda, estaba muy cansado como para agacharse a recogerla. Entró directamente a la regadera y, abriendo completamente la llave, dejó que el chorro de agua cayera sobre su rostro. Ducharse era la mejor parte de ejercitarse, según Asuma, la sensación del frío líquido sobre su adolorido y cansado cuerpo era indescriptiblemente relajante. Tomó un poco de shampoo en sus manos y comenzó a lavar su negro cabello, dando ligeros masajes hasta haber formado suficiente espuma para cubrir su cabeza; siguiendo por tomar el jabón y comenzar a frotarlo contra su cuerpo. Estaba totalmente concentrado enjabonando su cuerpo, cuando de repente al adonis le pareció haber escuchado un ruido afuera, así que, cerrando la llave, cortó el flujo del agua para así poder corroborar si, en efecto, había escuchado algo. Tardó unos momentos sin hacer ruido alguno, a excepción de las pequeñas gotas de agua que caían de su húmedo cuerpo hasta el suelo.

Falsa alarma. Tal vez el cansancio le hacía imaginar cosas, sí, seguramente es eso. Habiendo dejado ese tema de lado, prosiguió con su baño frotando el jabón sobre su abdomen. Había incluso comenzado a silbar alguna tonada que se le acaba de ocurrir a su mente, cuando algo perturbó la calma en la que se encontraba.

—¡¿Asumaaaa?! ¡¿Qué hace toda esta ropa aquí tirada?! ¡Ven aquí! —decía burlona una voz a gritos proveniente de la sala de estar.

Asuma inmediatamente supo que Kakashi estaba de regreso, y después del ligero, apretó fuertemente el puño hasta haber partido el jabón en dos. Aquel tono burlón y denigrante que el enmascarado usaba para dirigirse a él le hacía sentir una profunda rabia pues, quisiera o no, le recordaba el lugar que tenía mientras siguiera viviendo bajo aquel techo.

—K-Kakashi, ya estás de vuelta —contestó el adonis no pudiendo ocultar su desagrado —E…estoy tomando un baño. Ya casi termino, sólo déja….

—¡No, no, no! ¡Tonterías! ¡Ven aquí tal y como estás! —seguía diciendo a gritos.

Cerrando los ojos, y tratando de contener todo ese enojo que finalmente estaba haciéndolo llegar a su límite, el musculoso adonis salió de la regadera y dirigía su camino hasta la sala, donde lo estaban esperando. Inmediatamente después de atravesar el pasillo frente al baño y haber llegado a su destino, pudo ver a su compañero de profesión parado justo en medio de aquel espacio, donde se suponía estaba la mesa de centro. Kakashi no podía sentirse más realizado, mirando cuidadosa y detalladamente mientras el desnudo shinobi caminaba hacia él a pasos lentos y cuidadosos para no resbalar con el liso suelo de madera a su vez que traía ambas manos cubriendo sus genitales, como si eso fuera a poder ayudarlo en algo. Sólo, reía para sí.

—¡Heh…! ¿Qué demonios haces? —preguntó entre risas Kakashi al desnudo hombre —Quita las manos de ahí, anda —su voz había cambiado de cínica a dominante en menos de un segundo.

Que Kakashi lo viera completamente desnudo ya no era un problema para él, relativamente. Entonces, ¿por qué le costaba tanto llevar a cabo la orden que le había sido dada? Es que, en el fondo, él sabía que tal vez quisiera buscar venganza por la discusión que había tenido más temprano ese mismo día. Si ya era una mala situación en la que se encontraba, temía que aquello pudiera empeorar aún más. Finalmente, Asuma no tuvo otra opción que destapar su entrepierna y dejar a la vista aquel, aunque flácido, enorme miembro.

—*Silbido* Mira nada más este monstruo ¡Hah!... ¿Me creerías si te digo que todavía no me acostumbro a semejante tamaño? —dijo el enmascarado ya habiéndose acercado al adonis y tomado su pene en su mano —Pensar que esta verga es el sueño de muchas mujeres, que estuvo dentro de la hermosa Kurenai… y que, ahora, sea mía. Está bajo mis órdenes. Qué desperdicio, ¿no crees?

La sangre le hervía al musculoso shinobi por la rabia que causaban aquellas palabras y cada vez se le dificultaba aún más el no golpear a ese miserable y aprovechado ser que alguna vez consideraba su amigo. Dirigió su fúrica mirada hacia el único ojo visible de Kakashi, buscando dejarle muy en claro que estaba en completo desacuerdo con todo aquello que salía de su boca, que si se metía con su amada como había estado haciendo desde temprano, encontraría en él un enemigo.

—¡Aghh! — el enmascarado había comenzado a masturbar el pene de Asuma, tomándolo por sorpresa y sacándolo del fúrico estado en el que se encontraba. El adonis buscó inmediatamente apartar aquella mano de su miembro, pero había sido detenido y empujado hasta una pared cercana por su dominador, inmovilizándole ambas manos con una fuerza increíblemente descomunal, además que su aún húmedo y jabonoso cuerpo no ayudaba mucho.

—¡Hahahaha! ¡No veía esa mirada desde hace mucho tiempo, Asumita! —decía cínicamente Kakashi mientras reía —Veo que todavía queda algo de esa voluntad tuya ahí dentro. Vamos a encargarnos de eso, ¿quieres?

El enmascarado aumentó considerablemente el ritmo de su mano, así como también la fricción del prepucio y por siguiente, Asuma comenzaba a sentir un ligero placer. El ninja soltó las manos del adonis, pero no sin antes dejar un sello en su lugar que mantenía ambas extremidades pegadas a la pared, dejándolo a su completa merced, y ahora que tenía la otra mano libre, estaba dispuesto a provocarle placer y llevarlo hasta el éxtasis a como dé lugar. Llevó su mano hasta el oscuro pezón derecho, dando ligeros pellizcos que poco a poco se tornaban más fuertes, provocando en el sometido ninja una extraña, pero muy agradable sensación que terminaba en el flácido miembro, haciéndole aumentar su rigidez de forma gradual pero rápidamente.

—¡Nnngghh!... ¡Bas-ta! —Asuma soltaba quejido tras quejido debido a la tortura sexual a la que estaba siendo sometido. No era el hecho de que estaba siendo masturbado, pues él lo había hecho muchas veces en el pasado, sino el hecho que era otro hombre quien lo hacía; un hombre que buscaba reprogramar su cuerpo para tenerlo bajo su total control.

—¡Vamos, Asuma! ¡No te resistas! —le decía un y otra vez el enmascarado al oído, sincronizando la rapidez con la que estimulaba el semiflácido pene y el ya erecto pezón; sin embargo, el shinobi se resistía, pues podía sentir como aquel miembro comenzaba a perder la dureza que ya había ganado —¡Hmph! ¿Qué pasa, Asuma? ¿No soy lo suficientemente bueno para ti? ¿No te agrada lo que te hago?

—Ja…¡Nnggh!...¡Jamás! —contestó desafiante el adonis —¡Ya te lo… dije! Esto… es sólo por…¡necesidad!

—Vaya. Lo…lo lamento en verdad. No ser capaz de hacer lo que tu querida hacía por ti —dijo Kakashi en un fingido tono decepcionado, acompañado de un triste rostro —Sin embargo, querido Asuma. ¡Yo tengo otros métodos!

—¡Aaaaaaaaaaagh! —Asuma soltó un desgarrador grito de dolor cuando, sorpresivamente, Kakashi introdujo dos dedos en su trasero. Provocándole que perdiera todo signo de erección por la repentina acción del enmascarado.

—¡Hehehe! No por mucho… —decidido, y de un firme movimiento, empujó ambos dedos contra la próstata de Asuma, haciéndolo gritar una segunda vez.

—¡Gggggaaah! ¡M-maldito! —decía Asuma a gritos, ya que aquellos invasores dedos estaban comenzando a provocarle esa misma sensación que había experimentado por la mañana al levantarse de la cama —¡S-saca tus asquerosos dedos de mí!

—¡¿Sacarlos?! ¡Pero si apenas estamos comenzando, Asuma! —inmediatamente después, el enmascarado pudo sentir como, el ya flácido miembro, comenzaba a endurecerse nuevamente. Estaba resultando. Ahora lo que tenía que hacer era llevarlo al clímax sin nada más que su trasero, por lo que, soltó el rígido pene y se concentró en masajear continuamente ese específico punto del recto —Se siente bien, ¿no? Cede ante el placer, Asuma. ¡Cede!

La presión constante sobre aquella glándula daba resultados visibles rápidamente. El abusado adonis no tenía ya la fuerza para pronunciar palabra alguna, eran sólo gemidos y quejidos lo que salía de sus varoniles labios, mientras que retorcía su cuerpo y arqueaba la espalda involuntariamente, era como si todo sentido de razón se hubiera esfumado y ahora sólo quedaban sus más primitivos instintos. Las continuas descargas de placer que sentía recorrer su cuerpo lo tenían completamente sometido ante el hombre delante suyo, el cual parecía saber perfecta y precisamente qué hacer. La mano con la que había masturbado al miembro había llegado también al enorme pecho del adonis, turnándose entre ambos pezones para estimularlos tal y como hacía anteriormente; su trasero, por otro lado, había recibido ya un tercer dedo, con el cual podía extenderse unos milímetros más, haciéndole más fácil y cómodo el masajear aquel excitante punto.

Asuma no podía entender qué estaba ocurriéndole, ¿por qué de la noche a la mañana se volvía loco al introducir algo en su trasero? Él no era gay, no es gay. Veía como inconcebible el siquiera pensar en tener sexo con otro hombre, ya inclusive el masturbarse a través de la próstata le parecía una idea descabellada. Nunca le interesó experimentar con su mismo sexo u otras partes de su cuerpo, llevaba una vida sexual plena y activa, lo cual no le daba lugar a querer buscar placer más allá. Y aunque ya se había dicho antes que nada de lo que hacía le gustaba, esta vez su propio cuerpo parecía traicionar a su mente. El placer que su trasero le ocasionaba lo tenía hundido en un trance de excitación, y ni siquiera con esa voluntad con la que luchaba era capaz de negar o resistirse. Podría tomar el camino fácil y culpar a Kakashi por todo lo que había sufrido desde que llegó a esa casa, pero la verdad es que aceptar aquel chantajista y aprovechado acuerdo para salir del gran problema en el que estaba hundido, había sido decisión propia. Le costaba aceptar aquello, pero fue él mismo quien decidió, en la desesperación, tomar el camino fácil; había preferido que alguien más se encargara de su problema en lugar de afrontarlo como el hombre que decía ser. Fue un acto bastante estúpido e irresponsable, sin mencionar que había sido completamente egoísta con su amada, la persona a quien él decía era la más importante en su vida, Kurenai. En ese momento llegó a su mente el vívido recuerdo en que se despidió de ella, habiéndole ofrecida incluso su ayuda, salir de aquello juntos, todo con tal de que no la abandonara; se sentía por los suelos, el más miserable de todos, poniendo como prioridad su pellejo en vez de la persona que siempre había estado ahí para él.

Su mente se martirizaba a sí misma, atormentándose con el fantasma del pasado; por otro lado, su cuerpo se hallaba ajeno a todo eso, perdido entre las oleadas de placer y éxtasis que se le provocaba. Desgraciadamente, Asuma no se encontraba lo suficientemente inconsciente como para no estar presente en que la lujuria pudo con él y, después de tanta estimulación interrumpida, finalmente, había llegado al pico más alto de placer, al orgasmo. Las abundantes cantidades de semen provenientes de su rígido pene eran prueba irrefutable de eso, su ancha espalda se arqueaba con cada disparo de la blanca sustancia. Después de varios minutos de intensa eyaculación, el enmascarado sacó sus dedos de aquel abusado trasero y, mediante un rápido sello de mano, la técnica que mantenía a Asuma inmóvil en la pared se desvaneció, haciéndolo derrumbándose de lleno en el suelo.

Kakashi, en señal de victoria, estaba de pie junto al agotado y abatido adonis, orgulloso y satisfecho de todo lo que había logrado con aquel delicioso adonis, pero eso sólo era el principio. No descansaría hasta convertirlo en su esclavo sexual personal y tenerlo bajo su total control, estaba cerca, o, al menos, iba por buen camino, así que debía ser inteligente con cómo procedería. Afortunadamente, ya tenía todos sus planes a corto plazo perfectamente establecidos. Era perfecto, nada podía salir mal. Ahora que había ahogado a Asuma en un mar de éxtasis, debía satisfacer sus propias necesidades; con el shinobi derrumbado boca abajo y el tener ese perfecto cuerpo ahí sus pies le era una tentación que no podía rechazar. El enmascarado se puso de cuclillas y comenzó a acariciar la espalda de Asuma, era una ancha espalda, fuerte en los hombros y cuello que, debido al ejercicio a la que fue sometida ese mismo día era sumamente firme al tacto, literalmente podía sentir cada uno de los músculos que la conformaban mientras estos se expandían una y otra vez debido a la agitada respiración de su dueño. Así continuó dirigiendo la mano hacia abajo, pasando por allá donde el sensual cuerpo se estrechaba para formar esa contrastante cintura exenta de toda grasa y llegando a su destino, donde la espalda perdía todo nombre, y se encontraba aquel increíble trasero, del cual Kakashi había sido testigo era tema de muchas conversaciones entre mujeres e incluso jovencitas de la aldea de la hoja. Y es que cómo podía refutar algo de ello, si aquella retaguardia parecía haber sido esculpido por algún dios, la perfecta curvatura que le proporcionaba esa exquisita redondez, junto a la apropiada cantidad de musculatura lo hacían, en verdad, envidiable y sumamente atrayente. Kakashi no era gay, de hecho, se le conocía una que otra relación en el pasado, pero debía reconocer y aceptar que ese par de nalgas que tenía frente a él era hipnótico, causándole una extraña sensación que no había experimentado antes, ni siquiera con algunas muy atractivas mujeres con las que se había acostado.

Hincándose sobre su rodilla derecha justo sobre los muslos del adonis, masajeó aquel excitante par de globos muy morbosamente, jugando con el rebote que los músculos tenían cada vez que recibían las ligeras nalgadas de este; sólo para después, tomarlas firmemente y separarlas, exponiendo aquel agujero que había sido abusado tantas veces desde que Asuma llegó a vivir a esa casa. No pudiendo contener la excitación que sentía desde que vio al desnudo shinobi salir de la ducha, Kakashi bajó sus pantalones hasta sus rodillas, liberando su rígido miembro que llevaba un buen rato asfixiándose en aquella prisión de tela, más que listo para deleitarse con el trasero del inmóvil y derrumbado Asuma, quien sólo se encontraba ahí respirando por la boca abruptamente y, aunque con ojos semiabiertos, con una mirada perdida.

No soportándolo más, el enmascarado introdujo con una sola estocada su miembro entero en el trasero del sumiso adonis, quien sólo reaccionó a aquella acción con un varonil grito; sin embargo, Kakashi pudo notar de inmediato que aquel grito no era como las anteriores veces que habían tenido sexo, esta vez algo era diferente, no había sido un grito de dolor por la penetración, sino que sonaba más como un gemido. Aquello fue la chispa que disparó la excitación del enmascarado e inmediatamente comenzó a meter y sacar su pene una y otra vez del agujero, el cual sólo se estiraba del mismo grosor del miembro cada vez que este se deslizaba dentro de él. Asuma, con todavía un poco de conciencia de lo que ocurría, sentía nuevamente esa sensación que tuvo esa mañana al darse placer con nada más y nada menos que su dedo. Pero esto era completamente diferente, el grosor del miembro de aquel hombre era, por mucho, mayor al de cualquier dedo y el vaivén que ocurría dentro de su trasero se sentía extrañamente bien, algo parecido a rascarse al sentir un molesto picor, la fricción creada por las paredes del recto aumentaba cada vez más, podía sentir como estas se ajustaban al contorno del pene que lo invadía una y otra vez, y la casi inmediata erección de su miembro era prueba de que estaba disfrutándolo.

El éxtasis que recorría el cuerpo de Kakashi era enorme a este punto, sus movimientos se volvían más bestiales conforme pasaba el tiempo. Hacía ya un buen rato que había comenzado a cogerse a su colega shinobi y la erección de su miembro estaba lejos de desaparecer. El abusado agujero ya no estaba tan ajustado como al principio y, debido a esto, el semen de las corridas del enmascarado comenzaba a escaparse por ambos lados, dibujando blancos hilos en la cara interna de los anchos muslos y la ingle con la blanca sustancia. La nublada mente del adonis ansiaba por el momento en que aquel hombre sacara su pene de él; sin embargo, sus acciones demostraban lo contrario, pues desde hacía ya unos minutos, de sus labios no salía otra cosa que no fueran gemidos, los cuales se sincronizaban con los movimientos de Kakashi cada vez que introducía de lleno su miembro. Ahora ya ni siquiera el querer alejar su mente de todo eso le funcionaba, pues el placer que su cuerpo estaba experimentando era mucho mayor a su voluntad, por lo que todas esas nuevas sensaciones las estaba viviendo casi completamente consciente, pues era éste mismo el que no lo dejaba enfocarse en nada más que todo lo maravilloso que podía causarle un miembro masculino a su trasero.

Así pasaron varias horas, y con ellas varias forzadas posiciones en las que el enmascarado shinobi colocaba el débil cuerpo de Asuma. Justo ahora, se encontraban en el sofá, con Asuma acostado boca arriba a lo largo de este y con su trasero ubicado justo en el borde del descansabrazos, lo cual lo hacía quedar más alto que el resto de su cuerpo y, con ambas piernas abiertas hacia los lados, Kakashi tenía acceso completo al lleno y violado trasero, el cual había rebasado su límite de contención de semen ya muchas veces, derramando más de la sustancia sobre el suelo y ahora sobre el sofá también. Pero finalmente el enmascarado shinobi estaba llegando a su fin, sus caderas se movían desesperadamente rápido en señal de esto y, su miembro, aunque aún rígido, ya comenzaba a sentirse en un menor grado. Cada vez que el enmascarado empujaba su pene dentro de él, Asuma se venía debido al regocijo que su miembro sentía por la estimulación en su trasero, haciendo que todo el semen expulsado cayera sobre el abdomen, pecho y, algunas veces, en su rostro, a lo cual no le daba importancia alguna. En los siguientes minutos aquella escena continuaba de la misma forma, el enmascarado violando brutalmente las entrañas del adonis; sin embargo, fue hasta aquella estocada que no tuvo un movimiento de regreso la que indicó que todo estaba por terminar, pues usando ese último esfuerzo, el enmascarado terminó de vaciar sus testículos dentro de aquel desgastado agujero, dentro de Asuma. Este último sentía podía sentir como cada disparo de la tibia y viscosa sustancia golpeaba contra su recto, agregando otra reconfortante sensación al repertorio de cosas que su nuevo cuerpo experimentaba, corriéndose una última vez a la par de su colega. Una vez terminado, el exhausto hombre se dejó caer lentamente sobre el abultado pecho del adonis, acomodando su cabeza entre ambos pectorales, los cuales eran mucho más cómodos que la almohada más suave y cómoda del mundo. Y ahí se mantuvieron ambos shinobi, sus desnudos torsos uno sobre el otro, sintiéndose mutuamente como se expandían a la par de las agitadas respiraciones en señal del agotamiento físico, y mental en caso de Asuma, esperando mientras volvían en sí y comenzaban a recobrar todas las fuerzas perdidas en el acto sexual.

Transcurrió poco más de media hora y ambos ninja, aunque aún agotados, se encontraban más tranquilos y recuperados. Con Kakashi aún sobre él, Asuma ni siquiera había intentado en quitárselo de encima, durante todo ese tiempo su mente había estado repitiéndose a sí misma que nada de lo que había pasado era verdad, inventándose que quizá era algún truco de Kakashi para tenerlo en su control, es que, aún si fuera verdad, ¡no podía serlo! Intentaba por todos los medios y argumentos posibles refutar la realidad que lo había estado atormentando desde que despertó esa misma mañana.

—Estuviste IN-CRE-Í-BLE, Asuma. Como siempre —dijo Kakashi recargando el mentón en el pecho mirando a los marrones ojos del adonis.

—K-Kakashi… —dijo después de una breve pausa, llevando una preocupada y temerosa mirada al único ojo visible del ninja —¿P-por qué me está pasando esto? —cuestionó Asuma con un semblante de angustia y temor, junto a una quebrantada voz.

—No- no te entiendo. ¿De qué hablas? —preguntó Kakashi fingiendo un triste semblante en su rostro.

—¡De… de todo esto! ¿Por- por qué estoy sintiendo todo esto?

—¿Te refieres a queee….. te gustó? —dijo el enmascarado, a lo cual Asuma asintió involuntariamente, aun queriendo negarlo —¡Oh, Asuma! No tienes nada de qué avergonzarte o que temer. No hay nada malo en ser g-

—¡NO SOY GAY! —exclamó en llanto el derrumbado adonis, interrumpiendo a Kakashi —¡Por favor, Kakashi! S-si todo esto es obra tuya, por favor, ¡Dime!

—Asuma —respondió tranquilamente —¿Quién dijo algo sobre ser gay o no? ¡Yo tampoco soy gay!

—E-entonces, ¿por qué haces… esto?

—¿Por qué? ¡Porque me gusta hacerlo! ¡Se siente increíble! ¿O acaso tú no lo disfrutaste? —preguntó el enmascarado a Asuma avergonzándolo.

—¡No estamos hablando de eso! Hablamos de que ayer no sentía nada de esto. Y, así sin más, hoy abusas de mí y comienzo a sentir todas estas cosas extrañas. ¡No! Jamás me interesó tener sexo con otro hombre, Kakashi. Todo esto tiempo que he estado aquí, jamás he disfrutado de lo que me haces. ¡Jamás!

—Pero ahora lo haces, Asuma —le susurró al oído el enmascarado buscando hacerle conciencia que aceptara lo que estaba viviendo —Jamás habías intentado algo de esto, ¿cierto? ¿Entonces como estabas tan seguro que no te gustaba?

—… —el adonis estaba atónito ante su situación, mientras muchas más lágrimas escurrían de sus ojos a lo largo de sus mejillas.

—Como dije antes, nada de esto significa que seas gay o no. Si te gusta hacer algo, simplemente lo haces. Y es por eso que yo hago esto contigo.

—N-no… no entiendo. ¿Cómo puedes hablar de todo esto tan tranquilamente como si-? ¡AGH! —exclamó Asuma siendo interrumpido por un pellizco en uno de sus pezones por el enmascarado —¡Ka-Kakashi! ¡Bastaggghh! ¡Por favor!

—No sigas razonándolo. Sólo disfrútalo

Kakashi había perfeccionado la forma en que estimulaba los pezones de aquellos musculosos y abultados pechos, causando en Asuma esa tan exquisita sensación que lo tenía justamente donde se encontraba ahora.

—¡Hoohoho! ¡Vaya! —exclamó alegremente el enmascarado al sentir en su abdomen algo duro y rígido —Acabamos de tener un maratón de sexo y ¿aún quieres más?

Asuma no fue capaz de reclamar a aquello y, finalmente, tomó a Kakashi de los hombros buscando quitárselo de encima de una vez por todas antes que siguiera torturándolo con su propio cuerpo; pero este se aferró a su torso y siguió pellizcando ahora ambos pezones para despojar al shinobi de toda fuerza que ya hubiera cobrado. Antes de Kurenai, claro que Asuma se había acostado con muchas mujeres, eso para él jamás había sido un problema, y claro que le encantaba juguetear y lamer los pezones de todas ellas; sin embargo, no podía entender por qué él estaba sintiendo lo mismo, ¿acaso aquello significaba que sentía y tenía los mismos puntos G que las mujeres? ¿Cómo explicaba que el ser penetrado y que sus juguetearan con sus pezones le resultara tan excitante? Justo a mitad de estas preguntas cuando dirigió la mirada a su pecho para ver cómo estaba siendo manipulado y al observar aquello, casi instantáneamente después, su miembro dejó salir una última y un muy abundante disparo de semen, el cual quedó atrapado entre ambos torsos.

—Hahaha ¡Maravilloso! —dijo el enmascarado tomando un poco de la blanca sustancia con sus dedos sólo para después esparcirlo sobre el pecho del adonis —Pero todo debe tener un límite, tigre. Dejaremos esto aquí por ahora, ¿te parece? No queremos acabar con todo tu líbido hoy mismo.

Seguido a esto, Kakashi se quitó de encima de Asuma y, con un par de débiles piernas, se dirigió al baño, cerrando la puerta detrás de él. Lo único que quedó en aquel sofá era un hombre, no, un cascarón, de lo que alguna vez fue un hombre. Sin decir o hacer nada más, el adonis se levantó y se sentó correctamente en el sofá, lo cual causó que, debido a la presión, dejara salir una buena cantidad de semen de su trasero, la cual quedó embarrada en el aquel mueble. Se sentía completamente derrotado y acabado, de repente aquella incómoda sensación de la mañana no era nada comparado con lo que aquella tarde había experimentado. Cada vez se sentía más alejado de ser el mismo que era antes y cada vez más alejado de regresar a lado de su amada Kurenai. Su vida entera se desvanecía frente a sus ojos y, aunque pudiera, no tenía las fuerzas ni la confianza necesarias para hacerlo. Desesperado, se llevó ambas manos a la cara y, como un niño de 8 años, rompió en llanto, marcando de una vez por todas lo que probablemente era, un cambio trascendental en su situación, en su vida y en su ser.