—Creo que te reprimes mucho, Yuri— Comentaba aquel hombre de cabellos plateados. Observándolo fijamente — Aun si no quieres aceptarlo, creo que esta no es la clase de vida que te gustaría llevar, acumulas tantas emociones que terminan explotando en ti como una persona totalmente diferente.
Suspiro mientras tomaba una taza de café tranquilamente, en uno de aquellos días lluviosos a los que ya se estaban acostumbrando. Juntos en aquel pequeño consultorio con un silencio habitual dado que Yuri no solía expresar mucho. Solo contaba algún evento leve de su vida hasta el rincón del largo sofá, alejándose tanto como le era posible del ruso.
—Yo no quiero ser como el— Respondió en tono bajo. — Mi vida podría ser perfecta si el no apareciera.
—Tienes que ser un poco mas sincero. — Aquel hombre alto se levantó de su lugar, dirigiéndose directo al sofá para sentarse al lado del azabache. — No estoy diciendo que tengas que ser un loco exhibicionista, pero puede haber un punto neutro entre tú y Eros.
—Estoy bien así. Yo nunca he cometido ninguna locura, Eros es quien lo hace todo mal.
—Yuri— Le susurro en tono seductor, acercando su rostro. — Me resultarías muy atractivo si dejases de ser tan tímido.
— ¡P-pero! — Poco a poco empezó a sentir como la respiración de Víctor rosaba sobre su cuello. Avanzando lentamente mientras acariciaba con su nariz.
— ¿Me dejarías sacar tu Eros natural? — Dijo antes de morderlo levemente en la nuca. Empezando a meter sus manos bajo la playera para acariciarle el pecho.
—V-Víctor... N-no deberías hacer e-eso— Dijo entre tartamudeos, mientras escuchaba solo la risilla seductora de su enigmático psicólogo.
— ¿Por qué no? Te gusta esto— Rio, comenzando a dirigir sus manos hasta los pezones para pellizcarlo. — Yuri, deja de presionarte...
El azabache estaba asustado, con las mejillas ardiendo de la vergüenza. Sintiendo aquellas manos intrusas acariciando su cuerpo y provocando que su temperatura se elevara. Se retorcía con simples roces delicados que poco a poco se comenzaron a intensificar, levantándole la playera mientras dirigía su cuerpo para sentarlo sobre sus piernas.
—Ah... Víctor... — Gimió al sentir como una mano bajo, introduciéndose bajo el pantalón donde comenzó a acariciarlo. Tocando suavemente su falo en aquel rincón estorboso.
— ¿Quieres hacerlo? ¿Ya no quieres ser virgen? — Le susurraba Víctor mientras comenzaba a besar su cuello. — Para mí tus deseos son órdenes.
Rápidamente dejo de acariciarlo, sacando sus manos de la ropa de aquel muchacho, para tomarlo y acomodarlo en el sofá. Retirándole bruscamente el pantalón para exhibir sus blancas piernas, sin dudar un segundo el removerle la ropa interior. Yuri trato de huir de inmediato, girándose para intentar echarse a correr. Sin embargo, fue sujetado sin dejarlo escapar del pequeño sofá donde fue restregado boca abajo.
Tomándolo de los glúteos y siendo estirado hacia atrás. Su corazón palpitaba a mil por hora, sintiendo su piel erizada con el contacto de aquel apuesto hombre.
— ¿P... Podrías ser delicado? — Dijo en tono bajito, rindiéndose ante la fuerza de su psicólogo. Tratando de voltear un poco a ver los lindos ojos que tanto le llamaban la atención. No quería cambiar la imagen amable que tenia de aquel hombre, prefería terminar cediendo y ser tratado con cariño.
—Seré tan delicado como quieras si me dejas introducirme dentro de ti...— Le ronroneo.
— ¿Quién en su sano juicio no querría ser tuyo? — Pregunto nervioso mientras trataba de liberar una sonrisa.
— ¿Te gusto Yuri? — Se reclino un poco más sobre su cuerpo, comenzando a desabrocharse el pantalón.
—No me hagas decir esas cosas. — Respondió Yuri abochornado.
—Si lo admites te daré un premio Yuri.
—Pero eso está mal... — Víctor libero finalmente el miembro, comenzando a rosarlo por los claros glúteos del azabache. Moviendo con sus manos de manera lenta, tocando la entrada del azabache cuyas piernas empezaban a temblar, sin introducirlo, solo jugando a estremecer a aquel primerizo.
—M-me gustas...— Dijo en tono quedito.
— ¿Qué dijiste? No te escuche. — Rio burlón.
— ¡Q-que me gustas! — Grito de sobresalto, sintiendo el corazón en la mano al decir esas palabras. Moviéndose bruscamente y cayendo finalmente al suelo. Respingado asustado al sentir el dolor del golpe y no poder mover las manos correctamente.
Percibiendo al fin que estaba en una habitación oscura y que había caído de la cama envuelto en sus mismas sabanas, Había regresado a la realidad bruscamente, tomándose unos segundos para reflexionar y darse cuenta que estaba soñando.
Acababa de tener un sueño raro con su psicólogo.
— ¡Ah! ¡Maldición! — Chillo antes de volver a la cama y comenzar a patalear.
¿Por qué había conseguido la dirección y numero de alguien tan atractivo? Ese maldito Eros le jugo una trampa sucia al hacerle convivir con un hombre atractivo que parecía sacado de revista.
«No vayas a hacer una locura con el psicólogo»
Se dijo así mismo mientras sumía el rostro en la almohada, escuchando como su corazón palpitaba fuertemente e incomodado de la erección que acababa de adquirir. Quería morirse en ese momento aunque supiera que no había nadie observándolo.
