- Se que no es mucho, ni realmente es algo importante. Pero es lo mejor que te puedo dar. – Le dije a Akane. La verdad es que simplemente le pude invitar a un helado y a una pequeña caminata por la avenida marítima. Así que el regalo que le he pasado creo que no desentonará con la cita de "bajo presupuesto". Debería haber ahorrado al menos para poder pagar un restaurante.
- ¿Es para mí? Lo… ¿lo puedo abrir? – me preguntó. Para ser su cumpleaños, le sorprendió bastante. Creo que se va a llevar una decepción.
- Si, claro. – Al menos estamos solos. Menos mal que no se lo entregué en la fiesta de cumpleaños. Su padre se abría reído en mi cara. ¿Cómo le pudo haber regalado un piso?
El papel de regalo voló rápidamente hacia la bahía de Tokio tras una ráfaga repentina. Nunca se me ha dado bien, pero intenté proteger a Akane del viento lo mejor posible. Ella se quedó con la caja de zapatos en la mano.
- ¿Zapatos? No debiste… – Se preguntó. Quizás debí comprárselos de verdad.
- No bueno… - Miré a mi alrededor. No parecía haber nadie cerca. No tenía la mínima gana de que La gente se riese de mi fracaso. – Puedo comprarte unos si quieres…
Akane dejó la caja en el bordillo de la barandilla de piedra. Sacó poco a poco el taco de folios.
- ¿"Dark Side of The Moon"? – Me preguntó.
- Si bueno… Puedes tomarlo como aperitivo. Te comprare algo, lo juro…
Pero mis palabras no parecieron afectarle.
- ¿Es… para mi?
- Si, claro. ¡Todo tuyo!
- ¿Lo escribiste para mi? ¿Todas las noches sin dormir era porque estabas escribiendo esto? – Sus pelos no me dejaban ver si mirada, que se perdía en la sobria portada que le había puesto al guión. Un simple "Dark Side of the Moon. In guión de Ranma Saotome para Akane Tendo." Creí que sería bastante claro.
- Si… - Y sin decir nada más. Akane me besó. Me besó en la boca, con sus finos labios. Y luego en la mejilla y en el cuello, y luego se abrazó a mi. Estaba tan sorprendido que no me fijé en su cara, pero supe que estaba llorando.
- ¿Akane? – pregunté. Mientras la abrazaba. Ella solo negó con l cabeza cunado hice el intento de girarme levemente.
- Es el regalo más maravilloso que me han hecho jamás.
Jusenkyo era seguramente, el lugar más oculto de toda China. Para llegar a ese lugar, Akane había pasado cerca de tres días caminando, tras uno en tren. Hacía tanto tiempo que subía senderos, que llegó a olvidar lo ligera que se sentiría no solo al caminar pendiente abajo, si no al hacerlo en un tramo llano. La niebla, aunque no densa, había ocultado el cielo durante todo el trayecto, y la vegetación le planteaba problemas mayores a cada paso que daba. Incluso con un guía experto, la experiencia le resultaba agotadora, aunque muy gratificante. Cada pequeño parón que hacían para descansar, era la puerta a un paisaje maravilloso que se presentaba ante ella. Cada aldea que visitaban, era un sin fin de curiosidades y anécdotas. Cada arrozal que transitaban, era un elenco de olores nuevos. Aunque nunca creyó que llegaría ha pensarlo, se alegraba de que Ranma huyese nuevamente. Y de que lo hiciese a un lugar tan encantador.
- Y este finalmente es el monte Jusendo. – Dijo a Akane señalando el sendero que iban a seguir. – Hay una aldea cerca por si quiere descansar por hoy.
- ¿Sabe si hay alguna expedición en Jusenkyo?
- Supuestamente la expedición anterior tenía la tarde para ellos. Así que si lo quiere ver tranquila, le recomiendo ir mañana por la mañana.
- No. Subiremos ahora. – Afirmó Akane, mientras se ponía en marcha.
- Bueno, supongo que no habrá problemas si nos unimos al grupo. – Susurró el guía mientras iba detrás de ella.
A medida que subían, el guía le empezó a comentarle toda la historia que había detrás de esas fuentes. Desde la fecha del primer escrito en donde se le nombra, pasando por los años de la china imperial, etc. Nombró tradiciones y maldiciones. Y mucho más. Pero la realidad es que Akane no prestaba mucha atención. Estando tan cerca de su objetivo, empezaba poco a poco a centrarse y olvidarse de la maravillosa China que había conocido. Ranma estaba a unos kilómetros de ella. Y no tenía ni idea de que hacer.
Si, puede que viniese a buscarlo. Pero ahora no sabía como abordarlo. ¿Qué haría Ranma al verla? ¿Tendría que prepararse para correr detrás de él? ¿Le despreciaría? ¿Indiferencia? Sabía que cualquiera de esas conjeturas podía llevarle a una paranoia, pero la realidad es que era imposible no pensar en ellas. Y dado que no tenía pensado darse la media vuelta y marcharse, lo único que podía pasar es que un extraño sentimiento de desasosiego le invadiese a cada paso. Como el miedo a caerse, pero de una manera menos peligrosa. O más, porque al menos cuando te caes, sabes que ya estas perdido. Akane simplemente no sabía si lo que hacía estaba bien o no.
- E… Estarán aun arriba, ¿verdad?
- Es difícil saberlo. Ha veces se quedan media hora, y a veces, toda la tarde. –contestó el guía.
- Pero, ¿no hay un horario o algo?
- Bueno hay un guardia a veces. Si se quedan mucho rato les echa.
- ¿Y hoy?
- Hoy no. – El guía sacó una pipa y se puso a fumar. – Soy yo.
- ¡¿Cómo que es usted? – Akane no podía creer que todo su esfuerzo se desmoronara por semejante tontería.
- Bueno, tenía pensado que llegaríamos antes. Pero no pasa nada, no hay nada que robar ni romper, y son el único grupo de visita esta semana aparte de usted… - Dijo el guía mientras fumaba, aprovechando el ritmo lento que llevaban y el poco esfuerzo que necesitaban en ese tramo de sendero. Akane dio un gran suspiro. Lo que le faltaba.
Cada paso le resultaba más doloroso que el anterior. No sabía cómo, pero había llegado un momento en que ya todo le parecía inseguro. Todo el futuro, todo lo planeado y todo lo previsto se disipaba como el humo y en su lugar aparecía una niebla más espesa que la que azotaba las montañas del norte de China. Nada era seguro y nada parecía que llegaría a estarlo. Tanto, que en el mismo momento en que dio el último paso, Akane no estaba ni siquiera segura de si estaba haciendo lo correcto. Y así, finalmente, llegó a las puertas de Jusenkyo.
- Este es Zhouguanxiang, o como les gusta llamarlo a los japoneses, Jusenkyo. – Le comunicó, de la manera más solemne posible, el guía a Akane. Ante la chica, se abría un llanura de unos 500 metros cuadrados, lleno de fosas y bambúes. La luz del atardecer atravesaba la leve niebla que se fundía en el ambiente. Era como uno de esos lugares legendarios que narraban la mitología china. Pero por muy impresionante que pudiese parecer a primera vista, Akane no estaba para prestarle la suficiente atención. Miraba a un lado y a otro en busca de alguna persona.
- ¿No hay nadie? – Preguntó en voz alta. El guía la miró mientras volvía emprender la marcha. Al final del sendero había una pequeña cabaña de madera. Sin dejar de fumar, tanto él como Akane entraron. El olor a encierro le saltó a la nariz a Akane.
- Siento el desorden. – El guía mientras iba directo hacia una especie de escritorio. Había un libro abierto.
- Está de suerte. – Añadió el guía. – Parece que tendrá los manantiales para usted sola.
- ¡¿Cómo?
- Parece que vinieron ayer. Se han registrado. – Akane se quedó paralizada. – Parece que se adelantaron un día.
- ¡Espere! ¡¿A donde se dirigía ese grupo?
- ¿A dónde? Creo que terminaban el recorrido aquí. Así que estarán camino al aeropuerto… Pero, ¿Por qué le preocupa tanto? – El guía miraba extrañado como Akane daba vueltas por la entrada de la casa. Había sido un golpe profundo, pero sea como sea, era una posibilidad que ya sabía que existía. Ranma seguramente ya había estado aquí y se había ido, rumbo a Japón. Pero no todo estaba perdido. Se habían adelantado un día, y por lo tanto, había posibilidades. Sólo era cuestión de buscar la solución más eficaz.
- Siempre se te ha dado mejor solucionar problemas que a mi… - Se escucho una voz. Akane y el guía se dieron la vuelta rápidamente, al ver movimiento en la habitación. De la sombra de un hombre trajeado se dejó ver. – Siempre que pienso en ti, la imagen que me viene a la mente es cuando conseguiste sacara adelante el rodaje de nuestro primer corto.
- ¿Quién es usted? – Preguntó el guía, intentando buscar algo con que defenderse. Pero Akane le detuvo con el brazo.
- No se preocupe. Yo me ocupo de esto. – Le dijo, intentando tranquilizarle. Se metió una mano en el bolsillo, y sacó una cajetilla de tabaco. La lanzó al aire. – Te he traído algo de tabaco, Ranma.
Ranma, saliendo de la oscuridad, la tomó al vuelo. Su traje estaba algo sucio y desordenado, mientras su cara mostraba que no se había afeitado durante días. Y por no hablar de su pelo. Pero desprendía una especie de sonrisa de satisfacción. Sonrisa que le contagió a Akane, ante la mirada extrañada del guía.
- ¿Te apetece dar una vuelta, Akane?
- Nada me encantaría más. – contestó la muchacha.
Para cuando el guía había recibido su explicación, la noche había terminado de caer en Jusenkyo. Ranma salió rápidamente a fumar, y fue la propia Akane la que le pidió al guía, no sólo que perdonara a Ranma, si no que les dejara dormir ahí esa noche. No es que fuese seguro, pero la vida le había enseñado a ser precavida. El viejo guía, algo trastornado por lo sucedido, decidió fiarse de Akane. No hubo problema respecto a eso. Así que cuando salió de la caseta y se tomó un segundo para observar a Ranma sintió que estaba lista. Lista para afrontar lo que viniese.
Ranma, que fumaba mirando la luna, desprendía un sentimiento de libertad inimaginable. Tenía el pelo graso y revuelto. Su ropa, algo manchada y arrugada, seguramente desprendería un olor horrible si se acercaba a olerla. Ranma, sólo en imagen, había caído muchísimo. Más de lo que había visto nunca Akane. Pero desprendía libertad como si de feromonas se tratara. Su mirada seguía desprendiendo seguridad en si mismo, y sus gesto seguían descodificando su gran y firme convencimiento que estaba haciendo lo que quería, y que no se arrepentía. Era, seguramente, la esencia de lo que había enamorado a Akane. Y ella lo sabía. Esa imagen reemplazaría eternamente la de el joven Ranma que delante de toda el aula aseguró que nadie podría enseñarle nada. Akane se había vuelto a enamorar. Y no es que lo dejase de amar, si no que ahora no era la misma Akane. No era la misma Akane que se enamoró de Ranma hace años. Ahora todo era diferente. Ahora estaba lista.
El problema es que no sabía por donde empezar.
- ¿Aún te acuerdas de la marca? – Le dijo Ranma, al fijarse que Akane ya estaba en la puerta. El leve rojizo que quedaba de un sol prácticamente oculto se mezclaba con el azul de la noche. Akane sonrió.
- Para olvidarlo. – le contestó echándose el pelo hacia atrás. – ¿Quién era la que te compraba el tabaco en las noches sin dormir?
- Supongo que siempre he sido un desastre. – Se dijo el chico mientras Akane se acercaba. Juntos, empezaron andar.
- Bueno, puedes empezar a darme las gracias mientras me cuentas que hacías de "ocupa", en unos manantiales en medio de un monte de la provincia de Quinghai.
- ¿Eso? Pues te esperaba.
- ¿Me esperabas?
- Mousse me llamó. – Ranma dio una calada mientras los dos se dirigían hacia el comienzo de las fosas. – Supongo que aún tengo mis contactos.
- Nunca he entendido como llegasteis a ser tan amigos. Pensaba que te llevaría mejor con Ryoga. -
- Lo mió con Ryoga es un amor imposible. – Ranma miró de arriba abajo a Akane. Esta sintió como si la tratara de estúpida. – Es largo de explicar.
- ¿Ya empiezas con tus mensaje subliminales? – Akane odiaba esa mirada. Llego a odiarla con todas sus fuerzas, sobre todo, porque realmente creía Ranma tenía razón. Que no estaba capacitada para entenderlo. Ahora sabía que Ranma prefería hacerle enfadar antes de explicarse. O porque creía que era mejor que no lo supiera, o simplemente porque el mismo no lo entendía. Pero eso no quitaba que no le gustaba que lo hiciese. – Si tienes algo que decir, suéltalo ahora. Supongo que no has estado esperándome para ahora quedarte callado.
- No quiero discutir…
- Nadie está discutiendo. Ese es tu problema. Crees que hablar las cosas es discutirlas. Crees que alguien tiene que tener razón. Pues no es así. Y quiero que no sea así nunca más. Así que dilo de una vez. – Akane, aunque dura, soltó todo este pequeño discurso más tranquila de lo que esperaba. Esto, sin saber como, le dio un poquito más de valor. Ranma, por su parte, le miraba entre incrédulo y extrañado.
- Vamos, no me hagas decírtelo. Cómo si no te hubiese dado cuenta.
- ¿De qué?
- Ryoga siempre ha estado enamorado de ti, Akane. Por dios, si salta a la legua. – Le dijo mientras tiraba la colilla de cigarro al manantial que tenía más cerca. No tardó en encenderse otro, ante la mirada incrédula de Akane, que no acababa de procesar lo que oía. Ryoga enamorada de ella.
- Eso… eso es una tonte… - Aunque intentó defenderse, algunas imágenes se le vinieron a la mente. Era evidente que era innegable. No valía la pena ni rebatirlo. Pero ese no era el tema.
- ¿Y a que viene eso ahora?
- Tu eres la que has empezado.
- Además, bien que tienes a la Senpai besuqueándote a las primeras de cambio. – Ahora era Ranma el paralizado. Akane sabía que ni se le había pasado por la cabeza que los supiese. Y mucho menos, que lo ella le diese tan poca importancia. Si, puede que la anterior Akane estuviese furiosa por eso, pero eso era antes.
- ¿Quién…?
- Senpai me lo dijo. Así que dejemos el tema. – Akane dio una patada a un pequeña piedra por el placer de verla caer al estanque. Ranma suspiró.
- A esto hemos llegado. He llegado, más bien… - Dijo como un susurro Ranma. Miraba su reflejo en el agua. – Mírame. No me queda dinero ni para ir a la ciudad más cercana. Y mucho menos para volver a Japón. No tengo trabajo, y ya nadie me lo volverá a dar. Ni siquiera tengo ropa limpia con que cambiarme. Todo el mundo, o me odia, o intentan obtener de mi algo que no les puedo dar…
- Ranma…
- ¿Por qué has venido, Akane? – Le preguntó Ranma levantando la mirada. - ¿Qué quieres de una persona cómo yo? No creo que hayas viajado tantos kilómetros para restregarte mi fracaso.
- Por supuesto que no… -Akane se sentía algo atosigada por el instante. Y es que no era un Ranma arrastrándose lo que veía. Ranma seguía seguro de si mismo. Incluso mientras le confesaba que ya no tenía a donde agarrarse. Solamente ahora era como un perro acorralado. No tenía con que defenderse, así que le pedía explicaciones.
- Ni siquiera he podido escribir una historia que me pedían, y he tenido que usar el guión que te había regalado. No me queda ni mi propio respeto. – Para Akane era increíble. Nunca había visto tanta obstinación. No parecía que estuviese compadeciéndose. Era como si estuviese recriminándose. Ranma la tomó de los hombros. Mientras no apartaba la vista de ella. Los bambúes se movían con la brisa nocturna.
- ¿Por qué has venido? – le volvió a preguntar mientras su pelos se mecían con el viento. Akane estaba sobrecogida. Sobrecogida y perdida.
- Yo…
- Dime solo una cosa Akane. ¿Aún me quieres? – preguntó secamente. Pero la repuesta era tan obvia, que Akane respondió sin dudarlo.
- Sabes perfectamente que nunca lo he dejado de hacer… - le confesó. Aunque como aclaró la chica, Ranma lo sabía perfectamente. Y Akane sabía que Ranma todavía la quería. Si no, nada de lo pasado esos años habría tenido sentido.
- Entonces huyamos…
- ¿Cómo?
- Huyamos juntos, Akane. – Akane no terminaba de entender todo eso. - ¿Qué hacemos en un lugar en donde todo nos traicionan y nos hacen competir? Donde todos son obstáculos y tonterías. Lo… lo he estado pensando este último día, mientras esperaba tu llegada. Has decidido dejar la Toho y a tu familia por venir a verme. Yo, he dejado a Mousse y a la Sargento, y no tengo un mísero yen. Es ahora o nunca. Vámonos a un lugar en donde nadie nos conozca… donde… donde podamos volver a empezar. - A medida que decía todo esto, Ranma dejó subir sus manos hasta posarlas en las mejillas de Akane. La calidez de sus palmas embriagó a Akane nuevamente. ¿Huir? ¿Volver a empezar? Akane sabía, que tiempo atrás, no haría falta que se lo dijese dos veces. Que con los ojos cerrados habría aceptado. Pero esa definitivamente era otra Akane. Era la Akane inmadura y soñadora. Pero ahora todo era diferente. Ahora estaba lista. Y al fin podía ver la realidad. Por eso, finalmente, apartó las manos de Ranma de su rostro.
- Ranma. No podemos. No puedes hacer eso. – Le dijo mientras bajos su brazos, pero no soltó las manos del chico. – Puede que alguna vez, lo aceptase. Sabes que nada me haría más feliz, que volver a empezar, de esa manera tan idílica. Pero no. Así no. Tienes que volver. Tenemos que volver. Esta vez no pienso ver como te autodestruyes sin hacer nada.
Ranma no dejaba de mirarla a los ojos. Akane notó como la desilusión se impregnaba en su mirada, pero aun así continuó.
- Siempre creí que eras una persona tan segura de ti misma, que nunca dudarías. Que creías tanto en ti mismo, que nunca te faltaría el valor. y precisamente por eso, serías un gran artista. Pero era al revés. Precisamente por eso, si sigues así, no serás más de lo que eres ahora. Tienes que volver. Yo te ayudaré, pero tienes que volver y acabar esa película.
- Tu no sabes… - Ranma, por primera vez le apartó la mirada. – Tu no lo comprendes Akane… Para ti es muy fácil decirlo. Pero, ¡¿y si me equivoco? ¡Ya no solo es cosa mía, mucha gente trabaja en ese proyecto! ¡Ni… ni siquiera era mi película! ¡Era un guión tuyo! ¡Es…!
- ¡Es tu responsabilidad, Ranma! – Le gritó Akane. - ¡No sólo eso! ¡¿Y si huyo contigo y no encontramos donde vivir? ¡¿O como vivir? ¡¿También será así, también volverás a huir? ¡No hay diferencia alguna!
- Pero tú…
- ¡Ranma, vas a tener que volver! ¡Te ayudaré en todo lo que necesites, pero primero tienes que volver!
Ranma se mantuvo en silencio. Mirando al suelo. Akane sabía que no tenía que darle tiempo a que su miedo volviese. Tenía que hacerle ver que estaba ahí.
- Yo… yo también me enfrentaré a mis miedos. También haré lo que quiero. También buscaré mi camino, junto a ti. – La chica volvió a levantarle con fuerza la cara, para obligarle a que le volviese a mirar a los ojos. – Juntos… juntos no volveremos a… no huiremos nunca más.
Akane empezó a llorar si saber porqué.
- Juntos saldremos adelante… - Dijo Ranma mientras volvía a tomar co sus manos el rostro de Akane. Akane sonrió al sentir el tacto de su amado.
- Si… mientras nos amemos, no puede salir mal. Mientras sepamos que el otro estará ahí, todo estará bien…
Ranma le devolvió la sonrisa. No sabía como, pero le había convencido. Y Akane lo sabía
El tiempo se detuvo aquella noche de domingo, cuando Ranma huyó el primer día de rodaje. Y volvió a avanzar en ese mismo momento. Aunque se seguían amándose, todo ese tiempo, todos esos años de peleas, era simplemente porque Ranma no "había vuelto". O más bien, no lo había ido a buscar. Sí, era también culpa suya. En vez de pensar en Ranma, pensó en ella. Pensó en sus inseguridades y responsabilidades. Y se olvidó de él. Pero esa era la otra Akane.
La Akane de ahora estaba lista. Lista para el futuro. Y lista para hacer comprender a Ranma que no estaría sólo nunca más. Que nunca lo estuvo, y que nunca lo estaría mientras ella siguiese allí.
Y mientras los dos se besaban en unos manantiales en medio de un monte de la provincia de Quinghai, Akane pudo sentir que, al fin Ranma sentía que ella estaba con él.
Capítulo final
Dark Side of the Moon
[Terminado a las 5:17 horario de Greenwich]
[Cafés servidos: 2]
[Veces que se borró todo el capítulo y se volvió a empezar de cero : 4 (no es broma)]
NFutL: Bueno, os confesaré algo. Este es el fanfiction que más me ha costado de todos los que he hecho hasta el momento. El que más capítulos se dejaron a mitad y tuvieron que reescribirse (El último se reescribió tres veces). El que más perdido me he sentido y el que considero menos redondo. Incluso menos que "Una de esas Historias que Nunca Acaban". Llegaban momentos en que no sabía a donde tirar, ni me acordaba de la esencia. Que no me terminaba de "meter en el universo". Aunque tampoco es que haya dicho "se acabó, lo termino así mismo". No, de hecho, cuando lo empecé (y de un tiempo a esta parte anoto las ideas), tenía varias cosas claras. Sabía que Ranma terminaría en China y saldrían Cologne y Shampoo. También sabía que Dark Side of the Moon era el guión que Ranma regala a Akane. Que Ukyo volvía de América… Pero el complot de Kuno contra la familia Tendo salió solo, el problema de presión de Ranma también (De hecho nunca definí bien por qué discutieron Ranma y Akane), e incluso la huida a Jusenkyo. Todo eso fue "sobre la marcha", fiándome de cómo se desarrollaban los sentimientos de los personajes.
De cualquier forma, al fin ha acabado. Y ha acabado como yo quería: Ninguno de los dos tenía razón. Y es la verdad. Akane por su parte, se obsesionó por ser la digna sucesora de su padre, hasta tal punto que era una marioneta de si misma. Ranma en cambio, se creía de tal manera el centro del mundo, que no podía soportar que tantas cosas dependieran de él. Y su primer amor fue causa de la admiración mutua y de una dependencia amarga. Ni Akane se haría responsable de los errores de Ranma, ni este le proporcionaría la libertad que deseaba. Los dos se encontraron de bruces con una realidad que no querían. Pero por suerte, siguieron amándose. Eso les ayudó hasta el final. Lo que pase después, ya os lo dejo a vuestra imaginación.
En fin, no le quiero seguir dando vueltas. Este será, por el momento, el último fanfiction que escriba para Ranma ½. De hecho me queda un fic (Chronicles of the Five Star, que recomiendo a todos leer aunque no sepan nada de Star Wars. Todos son personajes originales, y me haría especial ilusión a mi :P) y no pienso empezar nada nuevo. Si vuelvo a escribir una historia larga, será para que intentar que la publiquen. Y aparte de eso, me dedicaré a corregir fanfictions. En mi profile pondré más información.
En cualquier caso, esto no será una despedida. Si no más bien un largo descanso. Así que seguramente nos volveremos a leer. Como siempre gracias por haber seguido este fic, que tanto esfuerzo me ha costado. Especiales a quienes hayan leído estas líneas finales, y a los que han seguido mi trayectoria de fics de Ranma, un saludo más especial si cabe.
Nos leeremos más adelante.
Abril del 2010
