DISCLAIMER:
Esta historia está basada en el cuento "EMBRUJO", que se publicó en la revista "ROMANCES", del mes de julio de 1951, escrito por la autora CARMEN G. GONZÁLEZ DE MENDOZA, conocida también, como MARIA DEL CARMEN GARRIDO (wikipedia)
Los personajes del manga y anime "INUYASHA" pertenecen a RUMIKO TAKAHASHI.
De la colección de revistas "ROMANCES" de mi Abuela, esta segunda adaptación, que espero que les guste…
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Kagome se sorprendió de sí misma al decir con toda seguridad que si, si haría el amor con él, si se entregaría a él y lo disfrutaría, pues esta vez sería por voluntad propia y no en medio de un arrebato de furia, en manos de aquel hombre que se quería vengar de su hermana.
La frialdad de aquellos recuerdos amenazaba con apagar el fuego que había crecido en su interior en medio de aquel baile, pero sintió el suave y firme apretón de las manos de Sesshomaru, volviendo a aquella hermosa realidad, donde estaba siendo cortejada por un Príncipe, casi de cuento de hadas.
Llegaron a la suite y en cuanto se cerró la puerta tras de ellos, Sesshomaru se abalanzó sobre ella, encerrandola entre sus brazos, apoderándose de sus labios, sumergidos ambos en la combustión de aquel beso que inflamaba sus cuerpos.
La alzó suavemente y la llevó hacía la enorme y mullida cama, acostandola sobre ella para evitar que lastimara su pierna.
Kagome respiraba emocionada, sintiendo su cuerpo temblar, rogando porque no fuera demasiado evidente, resignandose al sonrojo de su rostro, mientras sus ojos no se podían apartar de la belleza viril de aquel torso desnudo que parecía esculpido en mármol.
Él se había quitado la camisa, mientras se embriagaba con el aroma dulcemente salvaje de la excitación de Kagome, que lucía hermosa a su merced, con el negro cabello desparramado en el blanco y esponjoso edredón, mientras sus mejillas lucían sonrojadas de manera inocente y sus ojos resplandecían enamorados.
Sus pensamientos quisieron desviarse de aquel erótico momento, quedándose congelado en su lugar, despertando de aquella ensoñacion al sentir la tibia mano de ella sobre su rostro, guiandolo hasta sus labios, perdiéndose en ellos.
Se apoyaba en uno de sus brazos para no dejar caer todo su peso sobre ella, y con la mano que quedaba libre, comenzó a subir por debajo de su vestido, acariciando la desnuda piel de su pierna sana, acercándose peligrosamente a su intimidad, mientras sus labios habían trazado un camino de besos por cuello, hasta el inicio de sus redondos senos.
_ ¿Puedes ayudarme con el vestido?...
Kagome quería más y sé atrevió a pedirle que la desnudara, aunque su rostro estaba irremediablemente encendido.
Sesshomaru trazo con una de sus garras, una linea justo en medio, cortando el vestido por la mitad, dejando a la vista el suave y blanco cuerpo desnudo de Kagome, sobre el que colgaba también, su sexy ropa interior.
_ Era un hermoso vestido…
No pudo evitar sonreír por el comentario de Kagome, y se abrazó a su cuerpo, acomodándose entre sus piernas.
_ Creeme, te vez aun mejor sin el…
Kagome no podía creer tanta sensualidad de aquel hombre al que creía de piedra, y se abandonó a sus besos y a sus manos, que la acariciaban de arriba abajo, espantando aquel miedo que tenía en mente y la creencia de que su cuerpo jamás reaccionaria a las caricias de un hombre o un youkai.
Pero ahí estaba, en aquella lujosa suite, desnuda, jadeando, contorsionandose, rogando por más, mientras la humedad de su intimidad era más que obvia, sintiendo la necesidad urgente, de ser llenada por él y aliviada de aquella sensual tortura.
Los dedos de Sesshomaru se atrevieron a ir más allá, comprobando, tanteando, explorando y torturando, hipnotizado por algo que no alcanzaba a comprender, sumido en el deleite de aquel delicioso manjar que deseaba probar cuanto antes, pues ella era eso, un manjar dispuesto para los Dioses.
Sus labios fueron más allá, degustando aquel fruto prohibido que lo incitaba con su aroma, cayendo rendido ante él, mientras aquella ardiente hembra se retorcía bajo sus caricias.
_ ¡Sesshomaru! n-no aguan-to m-más…
Ella mandaba en esos momentos y a su petición, sé acomodo en medio de ella y se hundió en aquella tierna, cálida y palpitante carne, que clamaba por él.
Sus cuerpos se movían al mismo ritmo frenetico, acariciandose, besandose y abrazandose con fuerza cómo si tal cercanía no fuera suficiente.
Kagome se sentía desfallecer y por un momento sintió que comenzaria a hiperventilar, después de que un destello de terror invadiera su mente, justo cuando comenzaba a atravesar aquel túnel que la llevaría a su culminación.
Sesshomaru, en medio de aquella vorágine de sensaciones y esencias, detectó la ínfima nota de miedo y algo muy dentro de él se removió, buscando su rostro, mirando a lo ojos sin dejar de embestirla, besando su rostro con pequeños besos mariposa, que provocaron que ella se apretara más a su alrededor, tomando sus manos, entrelazando sus dedos, ambandonandose ambos al clímax que habían alcanzando, explotando en miles de partículas, antes de caer rendidos en los brazos del otro, resconstruyendose poco a poco, volviendo a la normalidad con cada latido, mientras ambos seguían dándose tiernas caricias y pequeños besos fugaces, con palabras que escapaban de sus labios y risas traviesas de pajarillo que lograban que Sesshomaru, la apretara más contra sus brazos.
_ Fue maravilloso…
Solo un susurro en aquella habitación envuelta en penumbras y Sesshomaru volvió a adueñarse de su cuerpo.
Así, hasta que los rayos de un nuevo amanecer asomaron por el ventanal de aquella elegante suite.
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_ ¿Qué es la "Cacería Anual"? Jako-nii comentó que llegaría justo a tiempo para el evento…
Kagome recostada sobre el torso de Sesshomaru, dentro de la bañera, se dejaba consentir, mientras él pasaba una suave esponja por su cuerpo, de manera casi seductora.
_ Desde hace siglos se realiza, obviamente poniendo cómo objetivo una presa o varias… antes los espacios libres eran más abiertos y había oportunidad de explayarse, pero cómo comprenderás es cada vez más difícil, entonces las presas disminuyeron en tamaño y aumentaron en velocidad, la competencia actualmente es más amistosa y tradicional, que antes, cuando mi padre vivía y de esa manera se arreglaban disputas territoriales, o sé arreglaban alianzas o uniones entre clanes.
Ella escuchaba encantada, todas sus palabras, tratando de imaginar cómo sería todo en aquellos tiempos.
_ Este año participarán el Clan Ookami, el Clan Kitsune, el Clan Kuma y el Clan Shika, al igual que distintas e importantes familias humanas, entre ellas la familia Yoshida .. la cacería dura unas cuantas horas y después sigue la celebración con una cena-baile de la que mi madre se ha encargado estos años.
_ ¿Tu participaras?...
Sesshomaru sonrió, sintiendo Kagome, la vibración de su risa en su espalda, que le pareció casi cómo un ronroneo, sintiendo su corazón enternecer ante la idea de su mente.
_ Tengo que…
Ni una palabra más.
Y comprendió Kagome que él era el único de su casa que podía participar, después de la muerte de su padre y su hermano.
Sentía curiosidad por saber que clase de relación tuvieron, si había sido buena o distante, y saber cómo había sido aquel del que no sé hablaba, del que no había siquiera fotos o imagenes en aquella mansión, y que ella por respeto había evitado buscar en internet.
Ella entendia de secretos dolorosos, pues ni siquiera había mencionado a su hermana en muchos años, para ella, más que muerta, había dejado de existir en su vida, donde había decidido que solo serian su madre, su padre y ella.
Tal vez más adelante, ambos tendrían la suficiente confianza cómo para hablar de aquello que cargaban sus almas.
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Los días habían pasado y la "Cacería Anual" sería al día siguiente.
Lady Izayoi había estado ocupada con todos los preparativos de aquella fiesta que tanto le recordaba a su difunto marido y que cada año organizaba con devoción recordando cada una de las que estuvo a su lado, y le daba tristeza pensar, en que no habría nadie después de ella para hacerlo el siguiente año, pues Sesshomaru aun no había decidido unirse a nadie.
Pero no podía negar que había ido una enorme sorpresa darse cuenta de lo cariñosos que habían regresado él y Kagome de aquel paseo a la ciudad que habían hecho, sintiendo esperanzada y feliz, tratando de interrogarlo cada vez que podía, feliz de notar un atisbo de felicidad en su de por sí, frio rostro.
Aun así, cómo quien no quiere las cosas, había intentando instruir a Kagome, en algunas cosillas, por si sus rezos se hacían realidad y ambos terminaban unidos antes de que ella partiera de esa vida.
Los días habían sido un dulce secreto, pues Kagome se había negado a dar a conocer las cosas aún, pues quería primero hablar con Bankotsu y Jakotsu, ya que ambos eran cómo su familia.
Por las noches, Sesshomaru se escabullia en la habitación de Kagome, desapareciendo cuando los primeros rayos del sol se hacían notar, aunque sabía que en una mansion llena de youkais era algo inútil de esconder, y la doncella al servicio de Kagome había sido la primera en descubrir aquel romance, arreglando la habitación de Kagome, con el rostro sonrojado, mientras ella fingía demencia.
Pero él también estaba de acuerdo con aquello, sabía que era demasiado pronto cómo para dar a conocer un romance entre ambos.
Kagome caminaba por el largo pasillo hacia su habitación, haciendo malabares con las muletas y el celular, pues Jakotsu había enviado un mensaje en el que avisaba que estaba a punto de regresar de Francia, cuando de pronto, un par de fuertes brazos la tomaron de la cintura, metiendo aprisa a una habitación oscura, dejando las muletas abandonadas, mientras era acariciada y besada con urgencia.
Ella había aprendido a detectarlo, sorprendida de lo sigiloso y rápido que podía ser, logrando que ella fuera capaz de olvidar al mundo y sus prejuicios y convertirse en sus manos, en la más moldeable de las masas, siendo desnudada, antes de que alguna réplica pudiera alcanzarla, seducida, antes de que pudiera siquiera decir su nombre, y llevada al clímax, antes de que alguien pudiera notar su ausencia.
A veces de pie, a veces alzada en sus brazos y otras tantas más, cabalgandolo desenfrenada, y eso sin contar las noches, en las que él se tomaba el tiempo de explorar y ella de conocerlo y aprender a seducirlo también.
Su sexualidad había florecido, explotando entre los brazos de aquel sensual Príncipe Daiyoukai.
Kagome estaba abrazada a él, mientras ambos estaban semidesnudos, sentados en el piso, en aquella habitación en penumbras, en la que apenas unos instantes atrás habían tenido sexo.
_ Jakotsu me ha avisado que llega a mediodía al aeropuerto de Narita y de ahí rentara un vuelo privado para viajar hasta Chitose, donde quiere que pasemos por él… tengo muchas ganas de verlo, aunque lamento que tal vez nuestros "encuentros" se puedan ver interrumpidos por su presencia…
Él la abrazó después de escucharla hablar.
_ No te preocupes, encontraremos la manera y si aun así no sé puede, aún nos quedan las noches.
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_ ¡Kagome!...
Jakotsu, emocionado abrazo y alzó a su amiga, expresando cómo siempre sus ganas de verla.
_ Luces preciosa, se nota el amor…
Lo había dicho a su oído, pero Sesshomaru había sido más que consciente de sus palabras, sintiendo algo en su interior, incomprensible, pues se debatía entre el orgullo y el rechazo.
_ Bienvenido Jakotsu san…
_ Sesshomaru sama… ¿porque tu informalidad siempre suena tan formal?.
_ Vamos, mi madre tiene muchas ganas de verte, definitivamente eres su chico favorito.
Y Kagome no podía dejar de sentirse feliz de tener pronto, todos a sus chicos favoritos a su lado.
La Casa de la Luna, era un hervidero de sirvientes, que limpiaban todo de arriba a abajo, acondicionado habitaciones, cambiando cortinajes, colgando en las paredes antiguos cuadros de los antepasados de la familia Taisho, todas las generaciones anteriores a Sesshomaru.
Los preparativos para la gran Cacería Anual, tenían que estar listos a tiempo, así que Sesshomaru dejo que Kagome subiera a la habitacion de Jakotsu, en lo que él atendía algunos asuntos.
_ Te he traído muchos regalos, algunos de parte de mis padres y otros de mis hermanos Kyokotsu, Mokotsu y Ginkotsu, que no podran venir a la "Cacería Anual"...
_ Entonces ¿el que resto de los Yoshida si vienen?...
Jakotsu, comenzaba a sacar las cosas de su maleta y a ordenarlas sobre la gran cama, mientras Kagome, esperaba sentada sobre la misma, abrazando una almohada.
_ Si, este año Bankotsu, Renkotsu y Suikotsu serán los que participen en nombre de nuestra Familia.
Jakotsu, trataba de ser paciente y esperar un tiempo prudente antes de asediarla con todas las preguntas que tenía en mente, pero no soportaba más.
_ ¡Bueno, ya!... necesito saber, ¿que ha pasado todos estos días?.
Kagome, sonrojada, tomaba las manos de Jakotsu.
_ Hemos hecho el amor, todas las noches desde aquella cita… yo pensé que después de… bueno, tú sabes, mi cuerpo rechazaría la intimidad con otro hombre, pero no ha sido así, lo he disfrutado mucho.
Jakotsu la abrazaba al borde de las lagrimas, pues él sabía cómo había sufrido por aquella cuestión, además de el temor que había sentido al creer que tal vez jamás reaccionaria ante ningún hombre, por el miedo al recordar aquella noche.
Él había querido a Inuyasha, había sido un amigo entrañable para todos en su familia, pero Kagome era más que su amiga, era su alma gemela, su hermana, y por un momento había llegado a aborrecer a aquel que la había lastimado, abusando de su cuerpo… un odio que perduró, hasta que supo toda la verdad, una en la que Kagome había quedado dañada, cómo un "efecto colateral" de aquella cruel historia.
Solo rogaba que Sesshomaru fuera lo suficientemente fuerte, cómo para sortear las dificultades que aún persistían después de tanto, pues era ingenuo pensar que la verdad podria quedar oculta para siempre.
Había sido un idiota al jurar con sangre, algo irrompible en la familia Yoshida, pero Bankotsu era sabio, no el balde, Kyokotsu, su hermano mayor, lo consideraba su consejero, así que tenía que confiar en sus razones.
_ Me siento feliz por ti Kagome, todo este tiempo siempre he deseado que encuentres quien sane tus heridas…
De repente guardó silencio, viéndola fijamente a los ojos, mientras sostenía sus manos, preguntandose Kagome, que pensamiento lo había distraído.
_ ¿Jako-nii?...
Él volvió a la realidad y solo la abrazo.
_ Perdon… me distraje…
Pero la abrazó más fuerte aún.
_ Perdón…
Y por un momento, aquella disculpa le pareció a Kagome, más sentida de lo que en realidad pretendía ser, pero decidió ignorarlo, pensando que talvez eran figuraciones suyas.
_ Debes estar cansado, ¿porque no tomas una siesta para que te recuperes del Jet-lag?.
_ Si, pero quédate conmigo para que me despiertes o me iré de largo.
Jakotsu sé sentía terriblemente mal de tener que esconder algo tan importante, y más a ella.
Así que mientras estaban acostados, solo pedía porque llegado el momento, Kagome y Sesshomaru pudieran sortear las dificultades e Inuyasha descansar en paz de una vez por todas.
Pero sobre todo, que su mejor amiga fuera capaz de perdonarlo por guardarle un secreto tan grande.
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Bankotsu había decidido que viajaría en tren hasta Hokkaido, pues aquellos días que había pasado en Tokio, había sido un ir y ver entre la remodelación de la casa de sus padres y los negocios pendientes de la familia, a los que había tenido que presentarse.
No había dormido bien y había decidido rentar un camarote y poder descansar una noche completa sin interrupciones, y llegar fresco al día siguiente a Chitose, donde recogeria a sus hermanos en el Aeropuerto, al que llegarian desde Londres, a tiempo para la Cacería Anual.
La última llamada a bordo había sonado, y mientras caminaba alcanzo a ver una silueta familiar, que caminaba delante de él.
Aquel cuerpo delgado, de largas piernas y cabello color caoba, tan familiar y entrañable, la youkai de la que se había enamorado hacía muchos años, Kagura Onigumo.
Cómo si su pensamiento la llamara, ella volteo al sentir la mirada de él, y se detuvo para esperar que la alcanzara.
_ Buenas tardes Yoshida san.
_ Buenas tardes, ¿no sabía que estuvieras en Tokio?, pense que tal vez estarías con Lady Izayoi ayudando con los preparativos.
_ Me tomé un par de días, pero estare para la Cacería Anual.
Ambos guardaron silencio mientras caminaban, espiando disimuladamente.
Bankotsu no podía dejar de pensar en aquellos días de pasión compartidos con ella, en los que se había enamorado perdidamente y cuando había creído morir, mudandose lejos de su familia a otro país, después de que ella se comprometiera con uno de sus mejores amigos, solo porque era de mejor estatus que él.
Aun era difícil para él, estar a solas con ella.
_ Bueno, aqui nos separamos, mí cabina es la número 33.
Kagura asintió sin decir más y se dirigió al propio, sin dejar de pensar en lo irónica de la vida, pues había rechazado al único que había dicho amarla por Sesshomaru, pensando en el maravilloso porvenir que tendría, siendo que en ese momento, ni poderosa, ni Sesshomaru, ni amor.
Estaba sola, esperando que Lady Izayoi al final decidiera pedirle a su hijo casarse con ella antes de morir, cómo última voluntad.
O al menos era la idea que pretendía sembrar en ella, entre platicas y pláticas, cuando ella se quejaba de que su hijo se quedaría completamente solo, cuando ella faltara.
Pero de nuevo la imagen de Bankotsu y aquel masculino cuerpo de tez bronceada y ojos de azul oscuro, invadió sus pensamientos, recordando la pasión y la devoción con que le hacía el amor, sintiéndose excitada de repente.
Quizás… solo una vez más…
Bankotsu bebía cognac a oscuras, viendo el paisaje avanzar frente a sus ojos, sintiéndose frustrado, pues la noche de descanso que había esperado, sé había ido al traste desde el momento en que se encontró con Kagura.
Una cosas era tener quien lo tuviera anclado a la realidad, cómo su hermano o Kagome, incluso la presencia de Sesshomaru, al que jamás le había guardado rencor, pues estaba seguro de que nada supo de sus sentimientos.
Pero otra muy diferente era estar los dos en un tren, rodeado de extraños que jamás repararian en ellos dos, y donde aquellos sentimientos enterrado volvían a resurgir.
Sé sentía tan patético, pues ella lo había visto cómo quien mira una pared.
Los suaves golpes en la puerta de su cabina lo sacaron de aquel mar de pensamientos lujuriosos que comenzaban a envolverlo, pero pensando que era el mesero, jamás pudo imaginar que al abrir la puerta encontraría a Kagura, con el rostro sonrojado, sonriendo seductoramente, igual que antaño.
Sin decir palabras ella se abalanzó sobre sus labios, y él la recibió con los brazos abiertos dejándose seducir nuevamente por aquella hembra que ya una vez lo había llevado a la ruina.
Era mortalmente tentadora.
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¿Les gusto?...
Hoy no me explayaré con los comentarios de autor, pero sí lo suficiente cómo para pedirles una disculpa por la tardanza… aqui sigo, tengan paciencia.
Les mando un abrazo supercalifragilisticoespialidoso hasta donde estén…
YOI MINO :.
