Capítulo 10
Lizzie arrojó su mochila al suelo y saltó sobre su cama. Tomó un libro de la pila del velador y empezó a leer, mientras silbaba una canción. No alcanzó a leer dos páginas cuando escuchó golpes en la puerta.
—Pase. — Dijo, bajando el libro con una mueca de disgusto. Lydia apareció en el umbral de la puerta, riéndose estúpidamente.
—Lizzie, mamá dice que bajes. — Lydia se apoyó en el marco de la puerta, examinando atentamente el interior de la pieza de su hermana, ahí había demasiados libros para su gusto.
— ¿Para qué? — Gruñó Lizzie, arrugando el ceño. Se podía imaginar perfectamente para qué la estaba llamando su madre. Lydia empezó a reír tontamente de nuevo.
—No sé, pero está muy interesada en que bajes. Y Collins también está ahí. Creo que está haciendo de casamentera. — Lizzie levantó las cejas, pero optó por ignorar el último comentario de Lydia.
—Dile que tengo que estudiar. — masculló Lizzie volviendo al libro.
—Como si me fuera a creer… — masculló Lydia. Lizzie la miró interrogativamente. —Es viernes. — Agregó Lydia. —Ni siquiera tú estudias un viernes.
¿Por qué todo el mundo piensa que soy una nerd insoportable?, pensó Lizzie, lanzándole una mirada asesina a su hermana. Lydia pareció no darse cuenta de eso, y empezó a tamborilear con los dedos en el marco de la puerta.
— ¿Vas a bajar? — Le preguntó a Lizzie, que había vuelto a levantar el libro frente a su cara. —Yo creo que Collins se muere de ganas de verte.
—Jajaja. Entonces dile que no pienso bajar. — contestó Lizzie, de mal humor. Lydia soltó una nueva risita tonta y salió, dejando la puerta abierta. Lizzie bufó enojada, se paró y cerró la puerta de un portazo. Volvió a tirarse en la cama y abrió de nuevo el libro. Alcanzó a leer uno o dos capítulos antes de que su madre abriera la puerta.
—Elizabeth Anne Bennet, ¡Baja inmediatamente!
—Mamá, no me necesitas para nada… déjame leer un rato, si no te importa. Además no tengo ganas de estar con los Collins.
— ¡Lizzie! No seas maleducada. Vas a bajar ahora mismo, y vas a actuar como una señorita bien educada.
—Pero… mamá… — intentó decir Lizzie. Lo que pasa es que William Collins es insoportablemente pretencioso y creído, y preferiría verlo lo menos posible, pensó, pero llegó a la conclusión que no era una buena idea decírselo a su madre cuando ya estaba bastante enojada. —Yo… tengo… esteee… otras cosas que hacer. — Logró decir, después de pensarlo unos segundos. La señora Bennet le dirigió una mirada enojada a su hija y apretó los labios.
—Ni una palabra más. Baja ahora. — Sentenció su madre, dándose vuelta y saliendo de la habitación. Lizzie suspiró y dejó su libro sobre la cama, maldiciendo mentalmente a Collins. Bajó la escalera tras su madre, pisando con fuerza y resoplando, entró a la salita y se sentó junto a la ventana con el ceño fruncido y los brazos cruzados. La señora Collins reprimió un gruñido de disgusto al ver la actitud de la muchacha, pero se repuso rápidamente y le indicó a su hijo con un gesto de la cabeza que se acercara a ella. Collins se paró y se sentó frente a Lizzie, que miraba obstinadamente por la ventana, mientras marcaba el ritmo de una canción con los pies en el marco de la ventana. Tosió para llamar su atención, haciendo que la chica pegara un respingo al oírlo tan cerca de ella.
—Buenas tardes Elizabeth. — Lizzie rodó los ojos al escuchar su nombre completo y apoyó su barbilla en sus brazos, mirando obstinadamente el horizonte. Collins, por su parte, se quedó callado, esperando su respuesta.
—Ya te saludé, ¿o se te olvidó? — replicó secamente la joven después de unos segundos, sin dejar de mirar por la ventana.
— ¿Cómo estuvo tu día? — insistió el muchacho. Lizzie maldijo para sus adentros. "Bien, de hecho, excelente hasta que apareciste tú", pensó en responderle, pero seguramente su madre la tenía en la mira, y no estaba de humor para discutir con su irracional madre de nuevo, por lo que optó por una respuesta más educada.
—Bien, gracias por preguntar. — No preguntó por el día del joven, para no dar pie a otro ridículo y pomposo discurso, pero para su inmensa desgracia, el joven era inmune a esos detalles.
—Mi día fue simplemente perfecto, vivir aquí debe ser una delicia. Es casi como vivir en el siglo XVIII, en un ambiente natural y sin muchas pretensiones. — Lizzie arrugó el ceño al oír esa cursilería, pero el gesto pasó inadvertido a los ojos de Collins, que siguió hablando como si nada. —Desperté con los sonidos de la naturaleza en mi ventana, desayuné con productos naturales, aunque no lo creas, nunca había comido huevos recién sacados de la gallina. Luego salí a caminar, tienen unos paisajes magníficos por aquí, y tuve el agrado de encontrarme contigo y tus hermanas fuera del colegio. Lástima que tuvieras ensayo con tu banda, dimos un paseo por el campo. Una de las vistas más maravillosas que he visto en mi vida, aunque creo que tú ya las debes haber visto varias veces antes. — A los pocos segundos del discurso Lizzie había dejado de escucharlo, y se limitaba a intercalar expresiones comunes, sin dejar de mirar por la ventana, mientras su mente vagaba libremente lejos de ahí.
El muchacho siguió hablando un rato, pero Lizzie ya había dejado hasta de fingir que le prestaba atención, sin que a él pareciera importarle lo más mínimo. La señora Collins vio que Lizzie le había dejado de prestar atención a su hijo, por lo que lo llamó.
—Bill, querido; ¿Por qué no le preguntas a Lizzie algo acerca de ella? — Collins asintió y volvió a acercarse a Lizzie.
—Lizzie, mencionaste que estabas en una banda. ¿Qué tipo de música tocan?
—Cualquier cosa, buscamos nuestras canciones preferidas y vemos como podemos hacerlas. — Le contestó Lizzie. —Pero hasta ahora, no hemos participado en nada grande.
—Mi banda en E.E.U.U era de rock clásico, y participamos en varios concursos estatales. No quiero presumir, pero éramos una de las mejores bandas de la ciudad. Yo tocaba el teclado y compuse algunas canciones. ¿Te interesaría verlas?
—Me encantaría, — Respondió Lizzie, con una sonrisa sarcástica. —Pero esta semana es la semana de exámenes antes de terminar el semestre y tengo que estudiar mucho. Quizás más adelante.
Al principio, pareció que Collins se había desilusionado al oír que Lizzie no podía leer sus letras ahora, pero la última frase (que pretendía significar "ni muerta leería nada que tú escribieras) pareció volver a animarlo. Lizzie puso de nuevo los ojos en blanco, mientras Collins seguía hablando.
Un rato más tarde, Hill llamó a comer y Lizzie tuvo la desagradable sorpresa de de tener que sentarse junto a Collins durante toda la comida, y por más que trató de ignorarlo, la voz monótona de Collins y las risitas tontas de sus hermanas, que se sentaban frente a ella, no le permitían distraerse como le habría gustado. "Cómo monologa este idiota", pensó Lizzie, y acto seguido su mente formó la imagen de Collins en un escenario, usando vestuario isabelino y hablándole a una calavera de la "nívea perfección" del huevo de campo. La imagen la hizo reírse por lo bajo, lo que Collins interpretó como una respuesta positiva a un chiste que acaba de intercalar en su discurso, por lo que contó dos o tres chistes más, los cuales Lizzie no siquiera escuchó.
—Señor Bennet, me permite decirle que vive en un lugar precioso. — Lo felicitó Collins, haciendo que el señor Bennet le devolviera una sonrisa condescendiente.
—Bueno, amigo Bennet, tienes que reconocer que este lugar parece ser el lugar perfecto para criar una familia, aunque claro que hacen falta muchas comodidades de las ciudades grandes. Por ejemplo, falta un teatro apto para mostrar ópera y ballet…
— ¿Para qué? — Lo interrumpió Lizzie. —No estamos tan lejos de Londres, y cuando queremos ver algo de ese tipo, simplemente vamos allá. Además, sería una ridiculez pretender tener un teatro municipal con la población de esta ciudad. De hecho, sería una idea pretensiosa, no tenemos los fondos para hacerlo, y claramente hay cosas mucho más importantes que un teatro que sería más caro de lo que podemos pagar.
Mary esperó a que su hermana terminara de decir sus argumentos y tomó la palabra.
—Lizzie, un teatro sería una inversión importantísima para Meryton. Tener un teatro municipal, nos pondría al nivel de las capitales artísticas del mundo, y ayudaría a fomentar la cultura en nuestra ciudad, cosa que hace mucha falta.
—Sí claro, y mientras tanto, hay personas que pasan hambre y frio. — Le espetó Lizzie, soltando sus cubiertos. —El nivel de desempleo de la zona es casi alarmante. Además, en la Municipalidad hay un salón que sirve para esos eventos, el teatro no puede ser prioridad.
— ¡Lizzie, Mary! ¿Por qué no cambian el tema? — Las detuvo la señora Bennet, antes que Mary pudiera responderle a su hermana. —Estas chicas, son tan inteligentes, que a veces sus conversaciones pueden ser un poco densas. Y estoy segura de que eso hace mal para la digestión.
—Te entiendo querida, William y sus amigos siempre tenían conversaciones tan elevadas, que me sorprendía que a veces pidieran comida. Parecían tan ensimismados en sus debates.
Lizzie se sonrió; se podía imaginar a la perfección esos "debates", si los amigos de Collins se parecían en lo más mínimo a él, esos debates se basarían en un montón de idiotas pretensiosos, tratando de demostrarle a los otros que eran más inteligentes. O sea, una agradable y amena reunión, a la que ella no iría ni aunque la amenazaran con la muerte.
Para evitarse otra hora acompañada del discurso de Collins, apenas terminaron de comer, Lizzie dijo que estaba verdaderamente agotada y que debía descansar para la tocata del día siguiente. Sin esperar la respuesta de su madre, se escabulló por las escaleras.
—No sé qué le pasa a esa niña hoy. — Se quejó la señora Bennet. —Normalmente es de lo más amable…
Las otras hermanas Bennet cruzaron miradas entre ellas. Normalmente su madre se quejaba de que Lizzie no era lo suficientemente simpática, o que trataba mal a los invitados, nunca la habían oído decir que Lizzie era un ejemplo de amabilidad y buen trato.
—Puede ser que esté algo nerviosa… — Dijo la señora Collins, guiñándole un ojo a su amiga. — Frente a ciertas situaciones, las chicas pueden ponerse un poco… especiales.
Lizzie se quedó en su dormitorio, leyendo durante un rato. Cuando sintió pasos en la escalera, se apresuró en apagar la luz de su velador y se metió dentro de la cama. Los pasos pasaron de largo su pieza y llegaron al fondo del pasillo, seguido de varios otros pasos que se dirigieron a las piezas de sus hermanas. Cuando calculó que ya todos estarían en sus piezas, Lizzie volvió a tomar su libro y siguió leyendo. Estaba muy nerviosa por la tocata del día siguiente y no podía dormir ni aunque tratara.
Después de la cena en Netherfields, Darcy subió inmediatamente a su pieza, diciendo que debía escribirle a sus padres. Les mandó un mail corto y conciso, dándoles sus últimas noticias como ellos le habían pedido que hiciera cada cierto tiempo. Cuando hubo enviado el correo, se tiró sobre su cama y tomó un libro de su velador.
Unos golpes en su puerta lo distrajeron de la lectura. Suponiendo que era Bingley, se levantó a regañadientes y abrió la puerta un par de centímetros, lo justo y necesario para decirle a su amigo que lo molestara a otra hora. En lugar de eso, se encontró con Caroline, quien le sonreía por el espacio de la puerta.
—Se me ocurrió que podías querer hablar. — Dijo, haciendo un gesto para que Darcy abriera más la puerta, que Darcy ignoró olímpicamente. — ¿Por qué no me dejas entrar?
—Porque estoy muy cansado, y no tengo ganas de hablar con nadie, mucho menos contigo. — Le espetó Darcy con un gruñido. Caroline no se rindió frente a la obvia negativa del joven.
—No seas amargado… Estoy segura de que nosotros podríamos entendernos perfectamente. — La sonrisa de Caroline se volvió insinuante. —Incluso, podríamos divertirnos…
—No lo creo, Caroline. — Bufó Darcy, cerrando la puerta con fuerza. Antes de que la chica alcanzara a reaccionar, puso el pestillo de su puerta y volvió a su cama. Cerró los ojos e intentó dormir, pero no pudo hacerlo; Caroline lo había puesto de mal humor, odiaba a las mujeres que se le tiraban encima.
Y a pedido del público: ¡actualizaciones los sábados!
Sé, y tengo muy claro, que no hay mucho de Lizzie/Darcy en este capítulo (de nuevo) pero paciencia; en un par de capítulos más se va a compensar todo...
¡Hasta el próximo capítulo!
