Hi!!!!

Holas a todos (as). Hace un buen tiempo que no colgaba un nuevo capítulo de la historia. Lo siento U.U pero de verdad necesitaba tiempo para armar la historia (Les recuerdo que cuando hay un caso de por medio me demoro más) Aquí les obsequio otro hijo mío. La continuación la tengo esbozada, pero no completa, por lo que espero poder colgarla antes que termine el año (Lo curioso es que el capítulo siguiente ya lo tengo terminado XD). Bueno, los agradecimientos de siempre para mis lectoras de siempre (NaonBlake[que hace tiempo que no la leo por aqui], Nocturnal Kikyo, Kagome, Shihoran, Flower6) y para las recientes (en realidad no tan recientes parece) YMaHiNe y Virginia.

¡A leer!


Capítulo 10: Casos frente a los jóvenes detectives: Hakuba. Parte 1: El blanco es Blanca nieves.

- Esclavo del espejo sal de la oscuridad

Ven a mí del más allá, a través de los vientos y del fuego

Yo te conjuro. Muestra tu rostro.

- Dime que deseas saber, majestad.

- Tan solo dime una cosa. ¿Quién es en este reino la más hermosa?

- Bellísima eres majestad, pero ¡ah!… existe otra más bella.

Una criatura que aún cubierta de harapos es más bella.

Ni tu sobrepasas su hermosura.

- Desdichada ¿Quién es ella? Su nombre ¡dilo ya!

- Cual carmín sus labios son,

cabello negro de ébano y cual nieve su piel es.

- ¡Eh! ¡Blanca nieves!

(Snow White and the seven dwarfs)

Akako casi completamente tapada con sus sábanas esa fría noche, rebobinaba la vieja cinta una y mil veces, sólo para ver esa escena. No tenía tan claro porqué desde su más tierna infancia era una de sus favoritas, pero ahora sí que sabía que tenía una relación con su vida inmediata. Ella era la vil, hermosa y sexy Reina bruja, mientras que una princesita sin reino más que su propia casa le arrebataba la gloria perfecta de ser deseada por todos los hombres del mundo. La Reina no debía decir Blancanieves, debía decir Nakamori Aoko.

Ella y su inocencia capturaban la atención del único hombre sobre la tierra que no la tomaba en cuenta a ella, Koizumi Akako. Parecía que hasta el momento lo había hecho todo mal, y si algo podía hacer no era contra ese chico mago, sino contra la distracción que el chico tenía siempre a su lado… su mejor amiga.

- Vamos a ver, Kuroba Kaito, qué harás cuando haga desaparecer de tu vida a esta niña tonta.

&&&&&&&&&&&&&

La habitación de Aoko. Es de noche pero la luna llena ilumina su cuarto como si no hubiera murallas. Una puerta se abre y ella entra con su uniforme del instituto. Me mira y me reconoce pero a pesar de lo espantado que estoy por estar disfrazado de Kaitou Kid, ella no se inmuta y frente a mis ojos comienza a desvestirse sin pudor, lentamente, con la mirada entristecida. Trago fuerte mi propia saliva porque se que me vio y sin embargo parece que no supiera que estoy aquí, mirando cada uno de sus gráciles y sensuales movimientos. Se ve preciosa con su ropa interior blanca que tiene algunos encajes que le dan un candor infantil. De pronto voltea y se me acerca decididamente, quitándome el monóculo y el sombrero. Me sienta en su cama con actitud desenfadada y comienza a desfilar toda su lencería ante mis ojos cambiándose automáticamente con un chisteo de dedos, como si ella fuera la maga y no yo.

Es exquisita. Parece un ángel cuando comienza a bailar para mí con un ritmo suave e insinuante, pero no olvido su mirada, pues desde que me vio así no ha quitado su mirada triste, incluso, mientras baila, parece que puedo ver sus lágrimas. Ahora mi angel parece una grulla bailando antes de su último respiro… un momento… ¿último…? ¡BAAAAAANG!

Un disparo silba en el aire asustándonos. Cuando abro los ojos Aoko yace en el piso ensangrentada. Cuando me inclino noto que en mis manos tengo una pistola aún humeante. ¿Fui yo? ¡KAMI! ¡¿FUI YO?! ¿Yo la maté?

Lloro abrazando su cuerpo exangüe. Quiero morir con ella. ¡QUIERO MORIR!

Kaito despertó bañado en sudor y con su respiración agitada. Al notar que todo había sido una pesadilla se llevó una mano al rostro tapándose:

- No puedo seguir con esto. Si yo no la amo, no puedo seguir sintiendo de esta manera. Es mi amiga, y ese es el único sentimiento que debo albergar… o de lo contrario… tendré que alejarme de ella…

La imagen de Aoko fue lo último que vio antes que el sueño volviera a apoderarse de él.

Esa mañana había entrenamientos y Kaito decidió llegar temprano para ayudar al equipo de Tiro al blanco. Al entrar escuchó una tenebrosa voz femenina que lanzaba un conjuro pidiendo a Lucifer por el alma de Kaito.

- ¡Akako! ¿Qué pretendes?

- Asegurarme tu alma para que nos juntemos en el infierno.

- ¡¿Qué dices?! – Kaito era un poquitín supersticioso y no podía disuimularlo-.

- Se que tienes entrenamiento, pero apenas termines ¿Podrías ir a la azotea? Necesito que hablemos a solas.

- ¿De qué tenemos que hablar tú y yo?

- Ya lo sabes. De nosotros y de ese chico travieso que llevas dentro.

- Todavía insistes… ¡Que no soy Kid!

- Vale… Te espero entonces. No me falles, chico travieso.

Akako se alejó, mientras Kaito la observaba haciendo un divertido puchero a sus espaldas.

- ¡Ey, Kuroba! Si a mi me acosara esa mujer no me quejaría.- Uno de sus compañeros golpeó su espalda para hacerlo reaccionar.

- Esa mujer no me agrada.

- Claro… si ya estás casado con Aoko.

- ¡Pero qué…! – el joven mago siguió a sus compañeros protestando para iniciar el entrenamiento.

Media hora más tarde la clase estaba a minutos de comenzar. Aoko entró a su sala y encontró a Hakuba ya instalado en su pupitre leyendo un libro en inglés que a todas luces parecía de ciencias aplicadas a la investigación forense.

- ¿Qué tal Saguru- kun?

- Nakamori… - el joven detective se puso de pie dejando el libro en el pupitre y saludando a Aoko respetuosamente, como todo un gentleman japonés.

- ¿Eh? Tan correcto como siempre, Saguru- kun… ya deja las formalidades- Aoko sonrió y el detective se relajó-. ¿Qué lees?

- ¡Uh! ¡Ah, esto! Es un libro para mi padre, lo conseguí para él en la biblioteca del CSI inglés. Trata sobre balística.

- ¿Balística? – Aoko se sorprendió del tipo de temas que leía su amigo y se ruborizó escondiendo algo detrás de su espalda-.

- ¡Si! Figurate que el Dr. Paul Jeserich, afirmó en 1898 que el proyectil al recorrer el ánima del cañón y rozar con las estrías de éste a gran presión, sufría una serie de lesiones y por lo tanto si se realizaba otro disparo con el arma del criminal, el deslizamiento por el ánima del cañón produciría unas lesiones en la bala iguales a las que tenía la extraída del cuerpo de la víctima, siempre y cuando el arma empleada fuera la misma… Eh… ¿te estoy aburriendo, Aoko?

- ¡Eh, No!- Aoko quiso disimular la mueca de fastidio y su propio rubor al escuchar la explicación de Hakuba-

- Ya lo sé… Soy un fastidio con estos temas, lo sé por tu gesto y porque seguramente tu padre te ha llenado las tardes de padre e hija con estos temas, pero lo que no logro saber es por qué te sonrojas… ¿Dije o hice algo incorrecto?

Aoko abrió muy grande sus ojos azules y sus mejillas se encendieron más al escuchar la pregunta de su amigo. Se aferró fuertemente a su bolso y recogió aún más sus manos detrás de su espalda, avergonzada porque ella estaba intentando interesarse en temas policiales tomando sus clases en el Prepolicial y sin embargo estaba más interesada en una nueva novelita de la recién traducida al japonés Corín Tellado.

- Verás… Estos temas… Estoy recién comprendiéndolos porque… bueno… No se si te he contado que estoy yendo todos los días a un instituto Prepolicial.

- ¿Y eso existe?- Hakuba se mostró sorprendido- Aoko… ¿Pretendes ser policía?

- Bueno… aún no lo he decidido… me gustaría ser inspector como mi padre, no precisamente un policía… pero verás… no lo tengo claro… aún no he decidido que hacer al finalizar la preparatoria… Quisiera ser un poco como tú o Kaito, que ya tienen un objetivo que alcanzar en la vida…

- ¿De qué hablas? ¡Eres una chica brillante! Estoy seguro que podrás conseguir todo lo que te propongas.

- ¿De verdad lo crees?

- ¡Claro!- Hakuba se acercó a Aoko y le obsequió un cariñoso y gentil beso en la mejilla mientras todos sus compañeros se sorprendieron de aquel gesto tan occidental -. Nunca lo dudes.

- Hakuba… kun… - Aoko se sonrojó hasta la punta de sus cabellos, justo en el momento en el que Kaito entraba al salón -. Por cierto… me… gustaria que me acompañaras a una de mis clases. Estoy segura que te gustarán.

- Sería un placer ir contigo, Nakamori.

- ¿Qué sucede aquí?- Kaito se acercó a la pareja algo malhumorado pues el silencio de sus compañeros al verlo entrar le hizo sospechar sobre las libertades que se estaba tomando Hakuba con Aoko- ¿A dónde iremos?

- ¡Kaito, buenos días!

Aoko sintió las miradas de sus compañeros puestas en los tres y se ruborizó aún más sin saber cómo continuar la incómoda conversación. Bajó su rostro y en su lugar Hakuba continuó:

- Nadie te ha invitado a ti, mago de cuarta. Aoko y yo iremos a una de sus clases del Prepolicial.

- ¿Es cierto eso, Aoko?- Kaito estaba sorprendido de que la chica invitara a alguien a compartir parte de su tiempo libre-. A mi no me has invitado… - Kaito sintió el silencio de la clase y obsequió entrecerrada una mirada asesina a su alrededor, mientras que todos continuaron con sus propias conversaciones, llenando nuevamente el salón con sus voces adolescentes.

- Eso es porque tú eres un mago fanático de ese ladrón. Un admirador como tu no creo que esté interesado en las técnicas policiales ni mucho menos en cómo debe pensar un policía.

- ¡Cómo puedes saber mi opinión si nunca mehas preguntado, chica tonta!

- Esa es otra razón por la que no he pedido tu compañía. Cada vez que nos vemos me insultas, y así jamás podré decidir lo que será bueno para mí. – Aoko ya no respondía explosivamente como antes; ahora sus palabras eran maduras y Kaito no tuvo respuesta al saber que Aoko tenía razón-.

- Siento no ser perfecto como esperas que lo sea… pero no tienes porqué ir con este otaku de los misterios- El mago adolescente miró de reojo al detective enfocando toda su ofuscación en su rival-.

- Tal vez Aoko- chan se ha dado cuenta que como amigo vales muy poco, Kuroba- kun… - Hakuba dio unas palmaditas en el hombro de Kaito para luego continuar- Nakamori, acepto tu invitación. ¿Cuándo quieres que vayamos?

- ¡Ella no irá a ninguna parte contigo!- Kaito explotó-.

- ¡Tú no tienes que decidir por ella!

- Chicos ya basta… - Aoko notó que el tono estaba pasando más allá de la rivalidad y quiso minimizar la tensión sonriendo nerviosa-.

- ¡Tú no puedes ir con este sujeto, Aoko!

- ¿Desde cuando obedezco órdenes tuyas, Kaito?- Ella olvidó su intento de aplacar la molestia de Kaito-.

- No dejaré que vayas sola con este tipo, Aoko. ¡Yo soy el que debe ir contigo!

- Kuroba, ya basta. Estás exagerando. ¿Qué interés tiene tod esto para tí?

- ¡Tú no te metas, Hakuba! – Kaito dio un empujón al detective-.

- ¡Kaito!- Aoko estaba confundida y el silencio que se impuso nuevamente en el salón contribuyó al sentimiento de turbación de la chica-.

- Estás siendo muy posesivo con Aoko, Kaito.

- ¡Crees que no se que la besaste frente a todos justo antes que yo llegara! ¡¡Ella no es una de tus tantas conquistas, imbécil!!

- ¡¡YA BASTA, KAITO!! Fue sólo un beso en la mejilla. No tienes que sobreprotegerme idiota.- Aoko tomó del brazo a su amigo molesta por su machista actitud- ¿Por qué haces esto…?

- ¡Que no te das cuenta que este tipo sólo está jugando contigo!

- ¡Acaso tú no haces algo peor ahora mismo poniéndote así!

- ¡¡¡¡Pero él no es como yo, ÉL NO TE QUIERE COMO YO!!!!

Recién entonces los tres notaron que eran el centro de atención de toda la clase. Incluso hubo quienes se asomaron a la puerta del salón tras escuchar la acalorada discusión. Kaito de pronto notó el intenso énfasis que imprimió a su última frase. Su desorden mental y la confusión de sus sentimientos, unidos al espantoso sueño que recordó en aquel momento le hicieron cometer esa imprudencia tan grande: la sombra de Kaitou Kid pareció entre él y Aoko.

- ¿A... a qué te refieres con "querer"... Kaito?- La chica apretó sus puños y bajó el rostro avergonzada al hacer la pregunta.

- Y… yo… yo… yo soy tu amigo, Aoko… ¡Mi deber es protegerte de tipos como estos!- El chico estaba colorado como un tomate. Mientras decía estas palabras hizo notables aspavientos con los brazos tratando de esconder su rostro de las miradas curiosas de sus compañeros-. ¡Ah! Ahora que recuerdo… Prometí reunirme con Koizumi… ¡Estoy atrasado!

Y sin esperar nada salió corriendo como alma que lleva el diablo hacia el techo del instituto, mientras todos sentían cómo corría una gotita por sus cabezas ante la estúpida forma de terminar la discusión. No se dio cuenta que Hakuba salió tras él dejando a Aoko apenada y buscando la forma de salir de aquella embarazosa situación con una sonrisa nerviosa.

- Hombres…

Llegó al techo jadeando, y encontró a Akako a punto de bajar al salón. Faltaban segundos para que comenzara la jornada del día. Se miraron a los ojos y kaito, desviando sus ojos hacia la barandilla pidió disculpas a la chica.

- Pensé que no vendrías.

- Pues… verás… no perdía nada con escucharte. - Kaito mintió-

- Pues a todas luces parece que hubieras huido de algo o de alguien. Bueno, eso a mí no me importa.

- ¿Y de qué querías hablarme?- El chico se sentó en el suelo en posición mariposa, sonriendo jocoso, tratando de olvidar el mal rato anterior-.

- Tuve un presentimiento y consulté a Lucifer… Debes alejarte de esa chica.

- ¿A qué te refieres con Lucifer?

- Nakamori Aoko. Es tu sentencia de muerte.

- ¿Por qué dices eso?

- Se que lo negarás siempre, pero la compañía de Nakamori no le hace bien al ladrón de guante blanco. Nada bueno saldrá de todo eso y lo sabes.

- Aoko es mi mejor amiga y no pretendo separarme de ella sólo porque tú quieras alejarnos. ¿Qué pasa contigo? Siempre estás tratando de separarnos y no vas a lograrlo.

- ¿Ni aunque te recuerde que soy una bruja muy poderosa que puede destruir su "amistad"?

- ¿Tú eres una bruja?- Kaito puso su mejor cara de incredulidad, aunque bien sabia el secreto de Akako.

- No te hagas el ignorante, Kuroba.

- Pues… yo no se mucho de brujería, soy mago, pero si se que existe una magia muy poderosa que nada puede romperla y eso se llama "cariño".

- ¿Cariño? ¿A quién quieres engañar, Kaito? ¿Qué hay verdaderamente entre tú y Nakamori?

Kaito quedó congelado, mientras escuchaba a lo lejos el sonido del timbre.

- El amor… ¿Por qué ella, Kaito?- Akako esperó la respuesta de Kaito tras incómodos segundos-. No te confundas… no me estoy declarando… Yo no puedo enamorarme. Tú sabes que soy una bruja, y si llegara a entregar mi corazón a alguien podría perder mis poderes… Sólo una lágrima me impediría cumplir mi sueño…

- Koizumi ¿Por qué me dices esto?

- Unos ojos claros se asomaron tras la puerta de la azotea.

- No puedo llorar por amor. Va contra todos mis preceptos, por lo que seré clara. Quiero que te alejes de esa chica porque sé que Kid y Nakamori son la pareja de la fatalidad. Me guste o no, te has colado en mi corazón y no quiero verte en un cajon por culpa de esa chiquilla. No te líes que no te amo como tú te estás creyendo. Es sólo mi orgullo herido por no ser correspondida, pero no puedo negar que sería muy placentero que…- Akako se acercó a Kaito y lo tomó de la solapa de su uniforme atrayéndolo hacia sí misma-.

- Koizumi… - Kaito tomó las manos de Akako y la separó- Yo no amo a Aoko como crees que está pasando, pero tengo un cariño enorme por esa chica. No la dejaré sólo para divertirme contigo ni con ninguna otra, y si piensas que ella puede ser una compañía mortal para Kaitou Kid, eso es problema de Kid, no mío.

- ¿Y si la que muriera fuera ella?

Kaito aferró fuertemente las articulaciones de la chica y la atrajo hasta él con una actitud desafiante.

- ¿Qué estás insinuando?

- ¿Uh?… - Akako pudo sentir el aroma de Kaito a tan poca distancia y se ruborizó- Nada que Kid no pueda entender…

Kaito la soltó suavemente y avanzó hasta la puerta de la azotea, mientras los ojos claros huían escaleras abajo.

- Aoko siempre estará segura, mientras yo esté con ella protegiéndola.

- No te engañes, ladrón… Ella corre peligro mientras estés cerca.

- Tú pareces más peligrosa para ella. Ahora si es todo lo que tenías que decirme será mejor que volvamos a clase. Tal vez pueda advertirle a Kid, si es que lo veo alguna vez, que no debe acercarse a Aoko.

Kaito pensaba que no volvería a cometer el mismo error con Akako que con las demás chicas. Además Akako para él era casi una amiga, y eso podía respetarlo. Pero sus pensamientos se detuvieron pues cuando llegó al descansillo se encontró de frente con Hakuba.

- Escuché parte de tu conversación con Akako…

- Pché… qué poco educado es quien escucha conversaciones privadas.

- Kaito… fuiste casi grosero con Aoko hace un rato. Puede que uds. sean amigos desde hace mucho tiempo, pero nada te da derecho a querer gobernar su vida de la manera que insinuaste antes.

- No entiendo quién te crees tu para entrometerte entre MI amiga y yo.

- Te lo estoy advirtiendo, Kaito. Le contaré toda la verdad a Aoko si llegas a lastimarla… y eso incluye volver a someterla a tus ataques de celos.

- ¿Yo celoso? Esas son imaginaciones tuyas.

- Jamás te acerques a ella. Si te le declaras yo le diré todo lo que se y según entiendo lo único a lo que están destinados ustedes dos es a ser enemigos. Tengo una par de pruebas que podría usar si comenzara a investigar un poco más…

- ¡PUES ENTONCES INVESTIGA LO QUE QUIERAS! Pero de poder probar algo, sólo le provocarías un tremendo dolor- Kaito en un gesto cercano a su cara de póker, sonrió mostrando sus dientes cuál tiburón-. Nos vemos en la próxima clase.

Después del timbre Kaito entró a la sala de clases realizando un pequeño acto de aparición con algunos panecillos del desayuno. Así logró evitar preguntas relativas a los hechos de la mañana. La segunda clase, de japonés, dio inicio.

Media hora más tarde Kaito levantó la mirada y la vio iluminada con el débil sol invernal. Su rostro sereno, atento y concentrado a la clase, hizo que su compañero quedara atrapado en sus pensamientos. ¿Por qué ella? ¿Estaba realmente enamorado de Aoko? No. No podía estarlo, llevaban muchos años juntos como amigos. Seguramente su corazón y su mente estaban confundiendo las cosas. Aquella ilusión era un anhelo que no podía dejar ser, sin embargo verla sonreir, tan diferente como en aquel sueño, se estaba transformando en una tortura. Él siempre tenía las ideas claras, pero frente a esta situación estaba completamente desarmado y antes estuvo a punto de aruinarlo todo. Una vez lo pensó, en aquel caso del pirata: "Algo importante por lo que vale la pena morir"… Morir… las palabras de Koizumi advirtiéndole sobre Aoko pesaban en su conciencia. Suspiró sosteniendo su mentón con las manos y saliendo de su embobamiento cuando un trozo de goma lanzado con velocidad le rebotó en la cara, ladeandose levemente.

Hakuba desde la fila de la pared sacó a Kaito de sus ideas. El detective arqueó sus cejas y amenazó con los ojos a su rival.

Pero los ojos de Hakuba se llenaron de espanto cuando fijó su mirada al frente. Kaito siguió la mirada del detective volviendo a mirar a Aoko cuando notó el punto rojo de luz que vibraba en la cabeza de su mejor amiga. Rápidamente Kaito dirigió sus ojos hacia la ventana para descubrir de dónde venía esa luz, y pudo notar a un hombre rubio, de gabardina y lentes oscuros que se parecía muchísimo al hombre que lo emboscó en Osaka apuntando a Aoko desde la azotea del edificio contiguo al colegio. Al verse notado por Kaito el hombre sonrió mostrandole sus brillantes colmillos a manera de desafío.

Hakuba, que también notó al hombre con el rifle, se puso de pie en un santiamén:

- ¡AL SUELO TODOS!

Kaito se abalanzó sobre Aoko sacándola de la línea de fuego justo cuando una bala de alto poder quebró uno de los ventanales del aula y fue a incrustarse en el suelo justo después de destruir completamente el asiento de la chica. Todo el curso ahora entendió claramente las palabras de Hakuba, y la profesora agitó sus manos indicando al curso agazaparse y salir al pasillo, justo en el momento en el que una lluvia de balas comenzó a destruir los ventanales de la sala. Hakuba cerró las cortinas de dos de los ventanales dando una pequeña ventaja de tiempo a que todos pudieran huir al pasillo, mientras a lo lejos comenzó a escucharse una sirena de emergencia. Un segundo más tarde la lluvia de balas volvió a sentirse con fuerza en el salón del 3º. La chica podía sentir rozándoles las cabezas los zumbidos de las balas. Estaba petrificada, y se tapaba los oídos mientras Kaito trataba de hacerla avanzar en cuclillas hacia la salida. Al llegar al lado de la profesora, esta llamó desesperada a Hakuba, que se había quedado agazapado detrás de una columna que sostenía al ventanal, tratando de encontrar visualmente al responsable de la balacera que aún persistía.

- Imbécil… - dijo Kaito entre dientes al voltearse y notar que Hakuba no podría salir de allí.- Profesora, por favor, llévese a Aoko de aquí.

- ¡Kaito!- Aoko reaccionó pero fue arrastrada por su profesora quien tampoco pudo evitar que el chico se alejara de su brazo extendido.- ¡Vamonos Aoko, no hay nada que hacer! ¡CORRE!

La balacera terminó justo para que Hakuba pudiera ver mejor al tipo que había visto Kaito antes. Así pudo notar que algo estaba cayendo dentro de la sala. En una fracción de segundos reconoció una bomba casera a punto de explotar.

- ¡Rayos!

Notó también que Kaito era el único que aún seguía en la sala y que de un salto estuvo al lado de la bomba.

- ¿Qué haces? ¡Suéltala Kuroba!- gritó mientras Kaito lanzó la bomba por la misma ventana por la que entró.

No hubo tiempo para nada más. Apenas la bomba salió de la sala, un destello de luz iluminó los alrededores, y en apenas dos segundos explotó en el aire, destruyendo con su onda expansiva todo lo que estuviera cerca, y lanzando a Kaito y los restos del ventanal contra una muralla. Hakuba abrió los ojos cuando todo acabó y vió a su rival desmayado con la cabeza sangrando, rastros de pequeñas quemaduras, salpicado de trozos de cristal que le provocaron cortes pequeños y un gran trozo de vidrio incrustado peligrosamente entre su pecho y hombro izquierdo. Cuando el polvo se disipó y todo fue calma y silencio sepulcral Hakuba reaccionó:

- ¡¡¡KAITOOOOOOOOO!!!

El detective rápidamente se levantó y al avanzar hasta el herido lanzó una rápida ojeada por la ventana para asegurarse. Lo último que vio fue al tipo de la gabardina guardando su arma y sonriendo con placer mientras desaparecía de la azotea. Kaito abrió los ojos ante los llamados desesperados de Hakuba, sin poder ocultar el dolor:

- ¿Por qué sonríes?

- Porque estás vivo, idiota.

El joven mago también respondió con una sonrisa cansada mientras Hakuba le ayudó a levantarse. De pronto la profesora y Aoko aparecieron en el umbral de la destruida puerta. Aoko vio a Kaito herido y se acercó rápidamente mientras Hakuba, que lo sostenía apoyándolo por su hombro derecho cruzaba palabras con la educadora que informó que al parecer los daños principales sólo afectaron a esa sala del tercer piso.

Desde afuera se escuchaban los gritos de histeria y diversas órdenes de los maestros para poder aislar y proteger a los alumnos de posibles nuevos ataques. Lo cierto es que ya algunos sabían en qué salón se había iniciado todo, aunque no tenían claridad de qué fue exactamente lo que sucedió. En la mente de la maestra surgió una única razón posible para el ataque: Aoko Nakamori… la hija del famoso inspector de policía… Era el blanco perfecto, además fue la primera a la que atacaron y se salvó sólo por la acción oportuna de Kaito.

Llegaron hasta la enfermería para curar las heridas del joven mago que prácticamente llegó desvanecido. Allí esperaron la ambulancia y la policía, que llegó rápidamente. La división de homicidios artficieros llegó encabezada por Megure, mientras que Nakamori apareció ante su hija liberado de sus funciones, pálido y con los ojos húmedos.

- Hija… ¿Estás bien?- preguntó mientras la abrazaba y la examinaba con la vista-.

- Si, gracias a Kaito, pero él… ¡Necesita ayuda médica urgente!

- Lo ayudaremos, pero tenemos que mantenerte bajo custodia, hija mía. Pueden volver a atacarte. No podrás quedarte con Kaito hasta que resolvamos esto y encontremos al culpable.

- Hakuba que en esos momentos estaba siendo atendido de sus cortes y leves quemaduras, fue el único que comprendió parte de la situación, pero debía estar seguro antes de dar cualquier dato a la policía. El blanco principal no fue Aoko, sino Kaito.


Je je ¿Que les parece? Busqué muchas maneras para comenzar esta historia, hasta que de pronto se me iluminó la ampolleta y recordé que una vez comparé a Akako con la bruja de Blanca Nieves... Esa Reina es la mejor bruja Disney que pueda conocer: sexy, inteligente y voluntariosa. La mejor!

Espero que mi Akako me haya quedado bien. sinceramente me costó mucho darle el estilo que tiene: un poco fría pero de corazón ávido de cariño. Respecto a Kaito... sé que me estoy transformando en una vil Corin Tellado. Si se fijan mi versión de Kaito es un poco posesiva, pero después de todo me autojustifico aludiendo a la melcocha de sentimientos que puede tener, además está contra el tiempo y ahora se suma el peligro que corre Aoko.

¿Sería realmente bueno que Kaito y Aoko tuvieran una relación más que de amigos? ¿Qué pasará con la investigación? ¿Quién era realmente el objetivo? ¿Logrará Kaito recuperarse para poder investigar y proteger a Aoko? ¿Conocerá Aoko toda la verdad? ¿Qué rol tendrá Akako en todo eso?

Próximo capítulo: Capítulo 10; Casos frente a los jóvenes detectives: Hakuba. Parte 2...