El reino de Perséfone III
Los días eran cada vez más fríos y el invierno parecía infinito, era increíblemente irónico que el régimen de Tom Ryddle, Lord Voldemort, se caracterizara por ser un paisaje desolado por blancura, la nieve recubría el mundo, tal vez por eso el hijo de Ryddle era un pirómano, tal vez el prenderle fuego a aldeas enteras era la forma de acabar con la hipocresía del padre.
- ¿Vienes?
Evan volteó a ver quién lo llamaba, no recordó el nombre del joven, ya se había dado por vencido en tratar de aprenderlos, simplemente iba a dejar que desfilaran como personajes incidentales en una historia más grande.
Siguió a su guía por los pasajes del barco que todavía no terminaba de parecerle extraño, llegaron a la puerta de desembarque y salieron de la nave, el frío no tomó a Evan por sorpresa, después de haber visto la nieve por la ventana no se esperaba menos.
- ¿Y aquí es en donde viven?- preguntó Evan sorprendido.
El hombre ignoró la pregunta de Evan y continuó avanzando a pesar del fuerte viento que soplaba en dirección contraria, Evan intentó hacer lo mismo pero pronto se cansó y descaradamente se situó detrás del hombre para protegerse, poco a poco notó que el viento se hacía más suave y no tan frío, siguió caminando con la cabeza gacha detrás de los pasos del mago hasta que finalmente llegaron a un castillo.
- ¿En dónde estamos?- preguntó Evan.
- En el castillo de los Krum, aquí viven y estudian los más jóvenes- respondió una voz a sus espaldas, Evan volteó y notó que el resto de la tripulación había bajado también.
Las puertas del castillo se abrieron y en cuestión de segundos, Evan se olvidó del frío insoportable de afuera.
- Sígueme, no nos vamos a quedar mucho tiempo y tienes que ver algo- ordenó Saggita Malfoy.
Caminaron por los cálidos pasillos del castillo ignorando al alboroto que dejaban atrás, eran los niños que iban a saludar a sus padres.
- ¿A dónde vamos?- preguntó, la mujer lo ignoró, entraron a una habitación llena de retratos, Evan los observó tratando de reconocer alguno.
Saggita le señaló un retrato e inmediatamente salió de la habitación.
- ¡Evan!- saludó la chica del retrato con una sonrisa.
- ¡Hermione!- exclamó Evan sonriendo, observó a la castaña del retrato con cuidado, la chica no debía tener más de dieciocho años, estaba casi igual a la que había perdido hacía más de un siglo.
- ¿Así que llegaste al futuro?- preguntó la castaña. – Nunca dejé de buscarte pero todo fue un vano, no pude encontrarte a tiempo- relató la chica del retrato.
- ¿Qué pasó?- preguntó Evan con trepidación.
- Ese día en los menhires, Ryddle y yo llegamos a 1975 y tú no estabas por ningún lado, dedujimos que habías viajado a otra época, yo perdí mis notas o más bien, Ryddle se las robó, tuve que comenzar desde el principio nuevamente, intenté buscar una señal en los Menhires, algo que me ayudara a encontrarte pero mis intentos nunca funcionaron, incluso robé un giratiempos del Ministerio y construí otro, nada funcionó.
Mientras tanto, Ryddle y yo éramos alumnos de Slytherin, la sociedad había cambiado drásticamente, supongo que ya sabes sobre la sociedad de Walpurgis, Ryddle y yo nos metimos en problemas por eso, fuimos parte de grupo de protesta o al menos yo lo fui, Ryddle tenía sus propios planes, planes que yo ni siquiera sospechaba.
Pasaron un par de años hasta que finalmente pude activar los Menhires nuevamente, la magia estaba ahí pero no me permitió viajar, cuando lo intenté hacer la magia reaccionó con violencia, me desmayé y permanecí inconsciente varios días, Ryddle me cuidó durante ese tiempo pero no parecía mejorar, de hecho conforme pasaban los días me volvía más débil, finalmente Ryddle encontró lo que estaba mal y… eso es lo último que recuerdo de ese tiempo, lo siguiente es mi viaje por los menhires, Ryddle me hizo viajar al futuro.
Y aquí es en dónde mis dos líneas del tiempo se funden, unos meses después de que Ryddle me hiciera viajar, en un hospital de Hampshire, Rachel Granger dio a luz a Hermione Jane Granger.
Nací en la misma fecha, el mismo año en que había nacido en la primera línea del tiempo, no recuerdo a mis padres de esa segunda línea, lo que recuerdo es que creía que Bellatrix y Rodolphus Lestrange eran mis padres, Bella me detestaba, en ese entonces no entendía por qué y soportaba sus golpes en silencio; Rodolphus era lo contrario, pero al que recuerdo con más claridad es a Lord Voldemort, a mi me pidió que lo llamara Tom, sus visitas eran demasiado esporádicas pero recuerdo que a mi gustaban. Un día llegó cuando Bellatrix me estaba castigando, era uno de sus castigos favoritos, me quitaba la ropa y hacía que un elfo me azotara, los elfos evitaban pegarme duro y siempre me curaban en cuanto terminaba pero para mi era insoportable mientras duraba, al ver la escena Tom sólo sonrió y le ordenó al elfo que me llevara a mi habitación, nunca volví a ver Bella ni a Rodo.
Después de eso me llevó con los Malfoy, tenía ocho años y había jugado algunas veces con Draco pero me caía mal, no quería vivir con él sin embargo su mamá fue muy amable conmigo y poco a poco me acostumbré a esa familia, cuando Draco y yo cumplimos once años fuimos a Hogwarts, yo en Ravenclaw y él en Slytherin, fue cuando nuestra relación comenzó a cambiar, supongo que era normal que nos enamoráramos, habíamos pasado juntos suficiente tiempo para confiar uno en el otro pero no el suficiente para considerarnos hermanos.
No sabíamos cómo iba a ser percibida nuestra relación por los demás y en especial por sus padres que me consideraban una hija así que lo mantuvimos en secreto, pensábamos casarnos al terminar Hogwarts, era apresurado pero no teníamos otra salida, fue ese último año de Hogwarts el que Ryddle seleccionó cómo año de llegada, en el solsticio de primavera.
Fue el dolor de cabeza más agonizante de mi vida, permanecí inconsciente una semana reviviendo todos mis recuerdos de las dos líneas del tiempo, cuando desperté comprendí todo lo que había pasado, en la segunda línea del tiempo en la que viví con los Lestrange y con los Malfoy me había convertido en una niña débil y dependiente, seguía siendo inteligente pero por todo lo que había visto en mi niñez me sentía incapaz de valerme por mí misma; en cambio tú sabes cómo soy yo originalmente, cuando éstas dos partes de mi personalidad se encontraron y comprendí que todo había sido culpa Ryddle, nació una incontenible furia dirigida a Ryddle…
Y eso es lo único que puedo decirte, no puedo saber qué pasó conmigo más allá del año en que fui retratada- relató la joven Hermione desde su lugar en la pintura.
Evan se quedó en silencia observando el rostro pintado de Hermione y tratando de encontrar algo que decir.
- Tengo que arreglar esto, Hermione- declaró con convicción.
- No sé si se pueda Evan, los Menhires no pueden ser usados, y cada vez que intentamos "arreglar" las cosas, resultan peor- dijo la castaña.
- He visto este mundo, Hermione, créeme, no hay nada peor que esto- anunció Evan recordando los escenas de incendios y cuerpos humanos a medio comer.
- He escuchado lo que se dice- aceptó la castaña sin emoción.
- Tengo que viajar al pasado nuevamente- se propuso el animago, era la única solución que veía.
- No, ni Saggita ni Allyriane te lo van a permitir- informó la castaña.
Evan arrugó en el entrecejo. - ¿Por qué no?
- Ellas protegen los asentamientos mágicos, si no fuera por ellas Lord Voldemort ya habría descompuesto este mundo más de lo que ya está.
- Pero Allyriane dijo que Ryddle tenía el control de varios puntos mágicos- argumentó Evan.
- Saggita, Allyriane y Voldemort son un triángulo unido por Hermione- declaró la castaña como si Hermione no fuera ella.
- No entiendo- declaró Evan, últimamente no entendía nada.
- Por eso la guerra se ha alargado tanto, los tres están como suspendidos en limbo, pueden pelear eternamente si lo desean pero nunca van a llegar a un final. Dicen los que han tenido oportunidad de ver sus duelos, que cuando ellas cruzan varitas con él, la tierra tiembla y la magia del mundo se estremece, lo mismo sucede entre Scorpius y Tighearnan, esto sucede porque todos ellos están unidos por la magia de Hermione, ella les ha dejado el juego en tablas- explicó la castaña.
Evan razonó un momento las palabras de la chica y abrió varias veces su boca para decir algo, -no entiendo.
- No puedo darte detalles porque yo misma no sé lo que ha pasado, pero básicamente todo se reduce a que por todos ellos corre la magia de Hermione, así como un niño hereda los ojos del papá y el cabello de la mamá, también hereda el sello mágico de sus padres.
- Pero Ryddle no tiene nada que ver con la magia de Hermione- reclamó Evan.
- Sí, por lo que sé, Lord Voldemort unió sus poderes mágicos, se hizo más poderoso pero también tiene más puntos débiles, uno de ellos es que no puede acabar con Saggita; Allyriane escogió ascender para darle una ventaja mayor a su hermana pero no ha sido suficiente para vencerlo porque él puede tomar la energía mágica de Hermione cuando lo desee, aunque no estén cerca.
- Si convenzo a Saggita y Allyriane de que me permitan viajar…
- No, yo lo he hablado con ellas y no les agrada la idea, además, un viaje de esa magnitud requeriría que Voldemort dejara que sucediera- explicó la castaña.
- ¿Entonces qué hago?- preguntó Evan desesperado, Hermione lo miró con compasión.
- Evan, tú nunca estuviste en el pasado, creo que no estás destinado a viajar porque si no, ya lo hubieras hecho, te habría encontrado antes, creo que vas a tener que acostumbrarte a este mundo- explicó Hermione con tristeza.
- ¡No! Allyriane dijo que podía cambiar el pasado y voy a hacerlo. ¡Voy a arreglar esto Hermione! ¡Voy a buscar a Ryddle en el pasado y esta vez me voy a asegurar de que esté bien muerto!- exclamó Evan agitado.
Los demás retratos observaron al mago con interés y comenzaron a murmurar entre sí, qué hombre más grosero, gritando así en la habitación de los retratos, tan desconsiderado.
Evan salió de la sala para buscar a las hijas de Hermione, las iba a obligar a enviarlo al pasado y cambio iba a hacer del futuro un lugar mejor, siguió los gritos sin dificultad, reconoció la voz de Saggita discutiendo contra todas las demás y apresuró sus pasos para ir a enterarse del chisme.
- ¡No! ¡Lo que tenemos que hacer es matarla ahora mismo!- exclamó Saggita con odio y sacando chispas de rencor por sus ojos grises.
- ¡Saggita! ¡Es suficiente!- declaró Harry Potter con autoridad.
Evan volteó a buscar la razón del alboroto y se quedó estupefacto al verla, la reconoció sin haberla visto antes, era la mezcla perfecta de Hermione Granger y Tom Ryddle.
- No era mi intención venir a alterar su grupo, de haber sabido que se trataba de ustedes no habría venido…- intentó disculparse la bruja de ojos verdes y cabello negro rizado, tenía la nariz y la boca de su madre.
- ¡Ay, ya cállate!- interrumpió Saggita enojada y observando a la intrusa con disgusto.
- ¡Saggita, contrólate! No es su culpa- ordenó Gabriel Granger enojado, Diòiridh Kera, la intrusa que Saggita quería matar, miró hacía el mago con agradecimiento.
Saggita volteó hacía Gabriel sorprendida y dolida, por un momento su mirada fue vulnerable pero se recompuso con rapidez y un gesto de desprecio aprendido de su padre apareció en su rostro.
- No, tienes razón, pobrecilla, ella qué culpa tiene de que por su culpa, el caníbal de su hermano haya incinerado una reserva entera- acusó Saggita viendo a su media hermana con ira.
Diòiridh se retrajo como si la acabaran de abofetear pero no se dejó retroceder ante la ferocidad de la rubia, un brillo determinación apareció en sus ojos y abrió su boca para contestar…
- Es mejor que no estén juntas, Gabriel, llévatela a la habitación de confinamiento, en un momento vamos para allá- ordenó Harry Potter.
Gabriel asintió y con un gesto le indicó a Diòiridh que lo siguiera, ambos salieron de la habitación y al pasar al lado de Saggita la rubia resopló de ira al cruzar miradas con la otra bruja.
- Saggita, no voy a tolerar soldados histéricos a bordo, tómate una semana- ordenó Harry Potter con seriedad.
Fue obvio que la mujer estaba haciendo un esfuerzo supremo para no soltar su lengua, Harry le sostuvo la mirada con tranquilidad hasta que ella asintió.
En cuanto Harry salió seguido de otros dos magos que Evan no se molestó en diferenciar, Saggita caminó hacía un sofá y lo pateó con odio, paseó como una desesperada por la habitación y finalmente notó que no estaba sola, Evan la observaba con curiosidad y con diversión.
- ¡¿Tú qué?!- gritó Saggita enojada, sólo estaba buscando victimas que se ofrecieran a aplacar su ira.
- Nada- respondió Evan con rapidez, mejor hablaba con la rubia otro día, uno en que no estuviera tan molesta, sería difícil encontrar un momento así, pero tenían que existir, ¿o no?
