Capítulo nueve
12 días para Xmas.
La llegada de Santa.
Habían pasado varios días desde que Albert salió del hogar de Pony sin decir adiós.
Candy en su desesperación por salvar las tierras del hogar, tomó la decisión de ir en busca de Jimmy y leer el testamento del señor Cartwrigth.
Era una mañana fría y la nieve no cesaba de caer. Aunque eso no impediría que Candy saliera en busca de respuestas.
― Susy necesito que vengas conmigo al rancho de Jimmy. Tengo que saber quien es el dueño de estas tierras, no hay más tiempo que perder.-
Las jóvenes se pusieron sus botas, abrigos, guantes y gorros; y emprendieron su camino bajo la espesa nieve.
― ¡Candy!... Así no llegaremos nunca, creo que no es buena idea continuar caminando en estas condiciones. Nos tomará horas llegar al rancho de Jimmy. Debemos esperar y confiar en el señor Albert.
― ¡Estoy desesperada Susy! no puedo permitir que por mi culpa perdamos estas tierras. - Candy llevó sus manos a su rostro y comenzó a llorar desconsoladamente.
Cuando de pronto unas delicadas manos tocaron sus hombros por la parte de la espalda.
― Candy... ya no llores más. Mi intención no era hacerte sufrir, sino que regresaras a tu hogar, el lugar donde pasaste tus mejores años, tu niñez. - Candy quitó las manos de su rostro y se encontró con esos ojos azules que por alguna extraña razón le daban paz y tranquilidad. Albert estaba frente a ella mirándola con dulzura y delicadeza.
― ¡Albert! Digo, señor Albert ¿es usted? - Albert había llegado antes de lo previsto.
Estaba desesperado por volver a verla y confesarle que él es el dueño de las tierras y, que fue su idea traerla nuevamente.
― ¿Quieres decir que tú eres el dueño de las tierras?
―Candy, hay muchas cosas que no sabes de mi. Pero no es el momento.
― Pero necesito saber todo, ¿quien eres?. Preguntó Candy un poco enojada y nerviosa. Susy se sintió un poco incómoda y regresó al hogar, dándoles privacidad.
― ¡Que te parece si dejamos las preguntas para después y preparamos todo para noche buena! He traído unos regalos para los niños. Pero antes de dar los regalos necesito me ayudes a limpiar los cuartos. ― Los días que estuve dentro del hogar pude darme cuenta que necesitan camas nuevas, sabanas gruesas para este frío. ¡Ven conmigo!. - Albert tomó la mano de Candy llevándola a la Colina, esa Colina que es muy especial para los dos.
― Albert, solo respóndeme una cosa, ¿Eres tú el dueño de este lugar? Solo si me respondes continuaré con esto. - Candy estaba cansada de los secretos de Albert. ¿Que esconde, porque no dice toda la verdad? - se preguntaba repetidas veces.
― Cuando lleguemos a la Colina te mostraré el camión lleno de muebles y juguetes para los niños que viene en camino. También te daré unas cartas que quizás te ayude a comprender un poco más. - Albert nervioso caminó junto a Candy hasta llegar a la cima de la Colina, el momento de revelar su primer secreto había llegado.
Al estar en aquel lugar donde se conocieron hace 20 años, fue como si el tiempo retrocediera para él.
Se sentía feliz, como un chiquillo a punto de abrir su regalo de navidad.
Para Candy Cada vez que subía a la Colina, recordaba a su Príncipe, aquel chico con rostro angelical que la cautivó desde el primer momento que lo miró.
― Candy, estas cartas responderán tus preguntas. ― Albert sacó un fajo de cartas de su chamarra y se las entregó a Candy, todas con destinatario Tío William y remitente Candice White Ardlay.
Las manos de Candy comenzaron a temblar mientras pasaba una a una.
― ¿Porque tienes estas cartas? Yo las envié al abuelo William... ¿a caso el abuelo William falleció y me las regresa contigo?. - Albert observó a Candy y pensó que necesitaría darle detalles, Ella al igual que el resto de la familia lo creía un anciano a punto de morir o lo peor ya muerto.
― Candy, necesito que me escuches con atención lo que te voy a decir.
Yo soy el tío William, es decir, mi nombre es William Albert Ardlay.
― ¿¡Queeeeee!? - dijo Candy llevándose su mano a la boca y dejando caer las cartas. Cartas que gracias a la nieve no salieron volando como el día que Candy corrió tras la carta de Anny, ese día de primavera.
Albert levantó las cartas y dió gracias al padre árbol por cubrirlos de la nevada que no cesaba.
― Candy, yo era demasiado joven cuando quedé de cabeza de la familia Ardlay.
Hubieron circunstancias muy complicadas en la familia que sucedieron.
En la familia Ardlay la línea de sangre es el honor y lo más importante antes que cualquier cosa. – Candy trató de interrumpir pero Albert le pidió que lo escuchara primero.
― Mi Padre, William C Ardlay, era un excelente hombre de negocios y tomó el cargo de cabeza de la familia desde muy joven. Después que mi padre murió la familia quedó en serios problemas. El sucesor William tenía 8 años de edad en ese tiempo. El presidente/ cabeza de la familia tiene que ser un Ardlay en línea directa. La hermana mayor de mi padre, la tía Elroy y los ancianos se las arreglaron para hacerme cabeza de la familia.
Habían otros familiares que querían la silla, la presidencia dentro de la familia Ardlay.
No es necesario que te des cuenta de todo Candy, las grandes circunstancias y conflictos de la familia. Ahora todo está bien.
De todas maneras, los ancianos, incluyendo la tía Elroy me hicieron Patriarca y decidieron defender los negocios de la familia Ardlay, hasta que yo creciera. Hicieron creer que William A. Ardlay era una persona introvertida y no débil. No solo a los socios también a los miembros de la familia. Afortunadamente el Clan se fueron alejando.
Solo hay pocas personas que saben la verdad. La gente se fue confundiendo y los rumores se hicieron más grandes de que el abuelo William era un anciano. Fue una cosa terrible.
La estrategia hizo su efecto. Aún mis familiares, los primos con los que jugábamos cuando era un pequeño, he desaparecido de la existencia en sus recuerdos.
No se los detalles de cómo sucedió. Solamente era una marioneta rodeado por numerosos tutores y maestros desde administración de empresa hasta leyes. Y de sirvientes severos . Estuve rodeado de pura gente adulta.
― ¿El tío William eres tú? el hombre quien me dió su apellido y ayudó a ser quien soy, dejándome tomar mis propias decisiones, sin importar que manchara el apellido.- dijo Candy con lágrimas en su rostro. En ese momento Albert se dió cuenta del impacto que esa noticia había causado en Candy y, que no podría confesarle todavía que él es el dueño del broche que cuelga de su cuello.
Albert continúo con su relato tomando las manos de Candy e invitándole a sentarse al pie del padre árbol.
― Cuando mi hermana Rosmery estaba con vida, me sentía más tranquilo. Rosmery era la única persona que me comprendía, sentía simpatía y se preocupaba por mi situación y de cómo había cambiado mi existencia.
Cuando Rosmery murió, Candy... mi familia por lado maternal, muchas mujeres han muerto prematuramente. Mi madre también murió al darme a luz. Para mi, mi hermana mayor Rosemary fue mi madre sustituta.- Candy observaba al tío William incrédula, mientras su corazón se llenaba de reboso, aquel hombre ya no le parecía un extraño, al contrario, se sentía más junto a él.
― Ese día ...
― ¿Ese día que? Continua por favor? - suplicó Candy.
― ¡Candy prométeme algo! - dijo Albert mirando fijamente a sus ojos llenos de lágrimas . ― Prométeme que regresarás a esta Colina el 27 de Abril de este próximo año. ― ¡Ah, Yo! ... he dejado de venir a esta Colina en primavera. Pero porque me pide que regrese, es doloroso para mi.
― ¿Doloroso? - preguntó Albert con su rostro triste, no era esa la respuesta que esperaba escuchar... Candy en sus cartas le había hablado del chico de la Colina y lo había hecho con mucha alegría.
― En tus cartas me hablas de un chico que conociste hace muchos años, en este mismo lugar en primavera.
― Si... es por esa razón que deje de venir a la Colina en esa estación del año. Yo tengo mucho que agradecerte a ti, Albert, por todo lo que has hecho por mi. Sin tu ayuda no sería quien soy. - Candy se puso de pie y observando la casa Pony dijo:
― Él chico de la Colina jamás lo he olvidado... seguramente ya es un hombre casado, con familia. Debo de darme la oportunidad de conocer personas nuevas.
Fue aquí donde observé una silueta bañando en el río, eras tú. Luego cuando te cuidé y prometiste regresar, pensé en ti... me ilusioné nuevamente.
― ¡Candy! Yo... - Cuando en ese momento el sonido del Claxon del camión interrumpió la conversación.
― ¡Oh!... llegaron los juguetes y camas para los niños - dijo Albert, mientras Candy trataba de procesar todo lo que acababa de escuchar.
Albert tomó la mano de Candy y bajaron hacia el hogar, donde los niños ya estaban esperándoles.
Las personas que Albert había contratado para colocar los muebles habían hecho su labor en un tiempo récord.
Las madres felices, no sabían como agradecer a Albert, ya faltaban pocas horas para celebrar noche buena.
Lo menos que podían hacer era pedirle a Albert que se quedara, si regresaba a su mansión probablemente no regresaría a tiempo ya que el clima cambiaba drásticamente.
Por la noche, las madres del hogar se dieron cuenta de la forma que Candy veía a Albert.
Habían pasado dos horas desde que Candy lo presentó formalmente como el dueño de las tierras y como su patrocinador. Él hombre que fue su tutor hasta su mayoría de edad. Las madres estaban más agradecidas con el señor Albert.
― Candy, no respondiste si vendrías el 27 de Abril a la Colina. Yo estaré esperando por ti.
― Si vendré, no se que me espera ese día y porque tanto tu insistencia, "Anciano William"... - decía Candy con una risa burlona. ―Ja ja ja ja... ¡Quien iba a pensar que el Abuelo William es un hombre tan joven ja ja ja ja!
― ¿Te estas burlando? Ja ja ja - preguntó Albert sonriendo al ver la cara de Candy que reía alegremente. - Susy desde la cocina los podía escuchar, sonriendo felizmente por su mentora.
― Señorita Pony hermana Lane, creo que ya tenemos candidato para la boda, y no creo que será un sacrificio para Candy. - decía Susy mientras continuaba lavando los platos.
― No se que pasará entre ellos dos. Lo que si se, es que Candy ya no tendrá que preocuparse más por la cláusula del testamento.
Las horas pasaron... Albert y Candy continuaban conversando y contándose sus anécdotas ...-Candy se quedó dormida en el sillón. Albert se levantó y colocó una sábana gruesa sobre Candy. ― Eres tan hermosa Candy... no has cambiado nada.
Sonríes con esa alegría y felicidad desde niña.
― ¿Usted la ama cierto? - Preguntó la señorita Pony quien llevaba ratos observándolos.
― Creo que debería decirle la verdad y no esperar hasta la primavera.
Será el mejor regalo que podría darle a Candy.- Albert sorprendido al escuchar hablar a la señorita Pony de esa manera. ― Parece que usted ya sabía quien soy. - dijo Albert observando a la anciana.
― El señor Cartwrigth me lo dijo todo antes de morir. No quería que pensáramos mal de él cuando no estuviera más con nosotros. Lo del donador anónimo lo descubrimos hasta ese día que llegó usted, aquí, enfermo.
― Parece que el señor Cartwrigth faltó a su promesa y me alegra que lo haya hecho.
No se si Candy me acepte como su pretendiente.
― Si no lo pregunta nunca lo sabrá, tendrá que hacerlo tarde que temprano. Y no hay mejor día que la navidad.- Las sabias palabras de la señorita Pony dieron la fuerza para adelantar la confesión, Albert había tomado una decisión.
~~~~~~~~ Noche buena ~~~~~~~~~
― Albert, necesitarás un poco más de acolchado para llenar la barriga... ja ja ja estos cojines no son suficientes. - dijo Candy, mientras ayudaba a Albert colocando su traje de Santa. Albert había pedido ayuda para rellenar su enorme barriga, Candy ya se había colocado su traje de la señora Claus que Albert le había comprado exacto a su medida.
― Creí que querrías entregar los regalos mañana por la mañana. Por eso estamos batallando con estos detalles a ultima hora.
― Quiero ver la cara de los niños cuando entreguemos sus juguetes. Será divertido y ellos se alegrarán... ¡Vamos Candy es noche buena!.
- Susy ayudaría a los niños a pasar con Santa y la señora Claus, vestida de duende y Jimmy de soldadito.
Las madres habían preparado una deliciosa cena navideña. Pavo, Jamón , Ensalada de papas, Panes, Ponche y unos deliciosos postres acompañados de chocolate caliente.
Tom, su esposa e hijos estaban sentados en el enorme comedor que había regalado el señor William Albert Ardlay , el patrocinador de la mejor navidad de toda su vida.
Mientras los niños ansiosos por recibir sus regalos de la mano de Santa.
Todo estaba listo en la sala cerca del árbol navideño.
Felices con sus nuevos estrenos, zapatos, ropa y abrigos todo completamente nuevo.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ En la habitación ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Mientras Candy terminaba de ajustar el cinturón de Santa, sus rostros quedaron frente a frente. La respiración de Candy se acelero al tenerlo tan cerca, no podía negar que Albert era un hombre atractivo y que no le era nada indiferente. Mientras Albert fijó sus ojos en los de Candy a punto estaba de besarla cuando tocaron la puerta.
― ¿Están listos? Los niños están impacientes. - dijo Jimmy sacándoles de su atmósfera perfecta.
― Si... ya estamos listos. - dijo Candy mientras se alejó poco a poco de Santa.
― ¿Listo mi amado esposo? - sonrío Candy haciendo que Santa soñara con ese momento, donde ella lo llamará su esposo, por amor y por la ley. Pero por el momento debía conformarse con ser el esposo de la señora Claus.
Albert salió imitando el famoso "Jo Jo Jo" de Santa ― Feliz Navidad Jo Jo Jo...- Los niños felices comenzaron a sonreír, correr y brincar de felicidad. Nunca habían visto a Santa Claus en su vida.
Albert se sentó en el sillón junto a la señora Claus... jimmy no podía creer lo que sus ojos veían... Candy se veía completamente una anciana.
― Ja Ja Ja Ja... las carcajadas de Jimmy llamaron la atención de todos.
Candy lo conocía muy bien, pues aunque eran unos adultos, por dentro seguían siendo los niños que compartían tiempo en el hogar.
Todos se les unieron a sus carcajadas contagiosas.
Terminaron de entregar los regalos. Los niños cansados se quedaron dormidos al escuchar los cuentos navideños de Albert.
Los levantó uno a uno con ayuda de Jimmy y Candy para acostarlos y abrigarlos bien.
Susy se había quedado dormida en el sofá, Jimmy la despertó y la acompañó a su habitación.
Candy parecía tener toda la energía puesta, como si esperará por su regalo.
Al terminar de acostar el ultimo niño, la señorita Pony pidió a la hermana Lane que dejara a Candy y a Albert solos.
Albert se dirigió al baño quitó su ropa de Santa Claus y se rasuró su barba, dejando su delicado rostro limpio y juvenil.
Al llegar a la sala donde Candy lo esperaba, sentada tomando una taza de Chocolate caliente. Esta casi tira la taza de su mano cuando lo miró acercarse a ella. Albert vestía su traje étnico Escocés.
Candy no podía creer lo que sus ojos observaban, inmediatamente se sacó su insignia de su pecho y la sujetó fuertemente en su mano.
Comenzó a llorar, con incredulidad observaba la figura de aquel galante hombre que tenía frente a ella. Si, Albert era El Príncipe de sus sueños, El Principe de la Colina.
Comprendió que esa era la razón por la que Albert temprano le había pedido regresar en primavera. Dejo caer la taza que sostenía en su mano derramando el chocolate por el frío piso de madera.
Albert se acercó y con una dulce voz preguntó:
― ¿Candy, me puedes regresar mi insignia?
― Y yo soy mucho más Linda cuando sonrío, cierto.
― Aún cuando lloras pequeña.- dijo Albert abrazándole fuertemente.
Se miraron fijamente cuando el reloj sonó las 12 campanadas de media noche.
― ¡Feliz Navidad mi pequeña Candy! Jamás te olvidé.
― Feliz Navidad mi protector, mi amigo, mi Príncipe de la Colina.
-Con lágrimas en sus rostros y un beso profundo sellaron su amor.
Un sobre fue entregado a Candy con las escrituras de la propiedad, planos para la remodelación del orfanato y una clínica que llevará el nombre de la hermana Lane.
Fin.
Gracias a todas las que me apoyaron en esta corta historia navideña.
Mi regalo de navidad para Betzy G... y para toda las seguidoras de la pareja de rubios, Albert y Candy.
Les deseo una feliz navidad al lado de sus seres queridos y un próspero 2019 con mucho amor y salud que es lo más importante.
Bendiciones... nos leemos el próximo año.
Con todo mi amor : Sakura.
