Pasó el tiempo desde aquella noche. Con intención de no volver a incomodar a Midoriya, Todoroki decidió evitarle unos días. Tanto alargó aquella espera que pasó más de una semana sin visitar los establos, pues le apuraba la posibilidad de volver a cometer otro error. Desde entonces su vida en el castillo parecía haber vuelto a aquellos días en los que no conocía a Midoriya.

Aunque lograba mantener la entereza, el príncipe se sentía dolido, pues, ahora que había conseguido aclarar sus revueltos sentimientos, la distancia le pesaba. Mientras se torturaba mentalmente sin descanso, revolvía desganado la comida de su plato. Fue entonces cuando una sirvienta llamó su atención.

- Disculpad, príncipe - dijo - Siento interrumpiros, pero el rey quiere veros ahora mismo.

Aquella noticia provocó que el joven cesara inmediatamente en sus acciones.

- ¿Te ha dicho para qué? - preguntó.

- No, señor. Lo lamento - respondió la mujer.

Debido a que no tenía otra alternativa, Todoroki se levantó de la mesa y se dirigió a los aposentos del rey sin poder ignorar que una parte de él se mantenía inquieta.


Entró tras golpear la puerta suavemente y escuchar el consentimiento de su padre.

- Haz el favor de cerrar la puerta - pidió Endeavor en cuanto vio entrar a su hijo.

Tras acatar aquella demanda, el príncipe se acercó al rey, quien no se había molestado en levantarse de su butacón ni siquiera para recibir al joven príncipe.

- Shouto, no pretendo andarme con rodeos, así que seré conciso - informó mientras sujetaba su copa de vino - ¿Dónde estuviste durante mi ausencia?

A pesar de que era muy posible que Endeavor conociera la respuesta de antemano, Todoroki evitó alterarse.

- Estuve con el profesor Nedzu - mintió.

Esa respuesta solo logró que Endeavor arqueara una ceja de forma incrédula, aguardando unos segundos en espera de que su hijo rectificara.

- Es curioso - comentó ante el silencio que se había creado - Es la misma respuesta que he recibido de Nedzu. Estuve a punto de creerle hasta que mis hombres me demostraron lo contrario - confesó.

En ese momento dejó la copa de vino en la mesilla y se levantó peligrosamente de su asiento.

- Volveré a preguntártelo - advirtió - ¿Qué hiciste exactamente durante mi ausencia en el castillo?

Ante aquel imponente tono de voz, Todoroki decidió callar, pues pretendía evitar cualquier confesión que le incriminara. Por ello, debido a su silencio, el rey continuó con su acusación.

- Mis hombres han estado recaudando impuestos y han encontrado bastante irregular las ganancias de un vendedor ambulante: tres monedas de oro por dos vulgares mazapanes. Una cantidad bastante desorbitada, ¿no es así? - replicó - Tampoco les fue difícil descubrir que el palafrenero no estaba atendiendo sus labores durante ese día. ¿Qué clase de acuerdo tenéis? ¿Tú le enseñas a bailar y él te lleva a la ciudad?

Tras escuchar esa última acusación pronunciada con tanta guasa, Todoroki optó finalmente por reaccionar.

- Me estaba asfixiando aquí dentro - confesó, visiblemente molesto.

- Sabes que permanecer en la fortaleza es una cuestión de seguridad - le reprochó Endeavor, mostrando su descontento - La ciudad está llena de indeseados que no dudarían en atentar contra tu vida.

Finalmente, el rey suspiró mientras se frotaba el puente de la nariz, pues le desgastaba observar cómo su hijo no era capaz de acatar una simple norma.

- Shouto, te advertí que no volvieras a pasar tiempo con ese chico. Por su culpa has vuelto a mentirme.

- Él solo obedeció mis órdenes - rebatió el príncipe.

No obstante, Endeavor prosiguió con su discurso sin tener en cuenta las consideraciones de su hijo. Sabía que no podía infligir ningún castigo al palafrenero simplemente por pasar tiempo con su hijo. Condenarle solo por repudiar su presencia no sería nada sutil por parte de un rey.

- Por tu bien y, sobre todo por el suyo, no vuelvas a desobedecerme. Por el momento, ese maldito roedor ya ha pagado por su traición.

Alarmado, Todoroki miró a su padre ante esa aterradora confesión.

- ¿Qué le has hecho a Nedzu? - preguntó el príncipe.

- Asegurarme de que jamás vuelva a intentar engañarme - declaró severamente - Le ha salido cara su osadía al tratar de encubrirte.

Todoroki, tenso al imaginarse los más temibles castigos, escapó de la habitación y se dirigió a paso firme hacia la sala del piano. Por su parte, Endeavor no se lo impidió, pues ya había dejado claras sus advertencias.


El príncipe caminó sin pausa para, finalmente, encontrarse con su fiel profesor de piano. Cuando llegó vio al tembloroso ratón aferrado a su taza de té, ignorando que su alumno acababa de hacer acto de presencia. Al ver su estado, Todoroki comprobó que su cuerpo no respondía, pues era incapaz de acudir al interior de la sala.

- Oh... buenas tardes, príncipe - saludó el profesor, dirigiendo la mirada al joven.

El príncipe tragó saliva difícilmente, notando cómo su estómago hacía un amago de rechazar la comida. El roedor tenía un vendaje manchado cubriéndole la zona de su oreja derecha, la cual había sido previamente rebanada.

- No os quedéis ahí, que parece que habéis visto un fantasma - le animó Nedzu, quien, a pesar de intentar mantener su habitual positivismo, estaba visiblemente alterado por su lesión.

No obstante, Todoroki hizo un esfuerzo y logró entrar en la habitación hasta quedar cerca de su profesor.

- Eso ha sido... por orden de mi padre, ¿verdad? - preguntó el muchacho, refiriéndose indudablemente a su herida.

- No le deis más vueltas; es algo que ya está hecho - pidió Nedzu, tratando de no preocupar a su alumno.

Sin embargo, aquel comentario, aunque bien intencionado, resultó ser inútil.

- Todo ha sido culpa mía - se lamentó Todoroki - Si no hubiera sido tan imprudente, esto no habría ocurrido...

- Permitidme que os interrumpa - comentó Nedzu - Yo fui el primero que no avisó al rey de vuestra partida. Fui el responsable de asumir los riesgos al dejaros marchar - insistió.

Tras expresar su punto de vista, la estancia se envolvió en un tenso silencio y, por ello, Nedzu decidió volver a intervenir.

- Decidme ahora: ¿encontrasteis lo que buscabas? - preguntó el roedor, con lo que consiguió llamar la atención de su alumno.

- Sí... pero...

- Pero ¿qué?

Todoroki suspiró lastimero tras recordar su lamentable declaración.

- No era lo que esperaba - confesó.

- Bueno, señor, las cosas a veces no salen como deseamos. El futuro es incierto para todos y no hay nada que podamos hacer al respecto - alegó Nedzu - Me gustaría conocer más, pero deduzco que no pretendéis compartir más conmigo.

- Así es - admitió el muchacho - Es un tema demasiado delicado como para involucrarte.

Nedzu no insistió más, pues confiaba en que algún día su alumno expresaría la causa de su desaliento. Meses atrás el roedor le hubiera seguido animando a seguir los pasos de su padre, mas, según pasaron los días, comprendió que aquel camino estaba lejos de alcanzar la felicidad que el príncipe tanto necesitaba.

- Te dejaré descansar - declaró el príncipe a modo de despedida - Adiós, Nedzu.

El profesor realizó una leve reverencia y, acto seguido, el príncipe abandonó la sala. Todoroki cerró la puerta tras de sí, sintiéndose completamente derrotado.


Las horas pasaron hasta caer la noche. Mientras sus piernas inquietas se revolvían bajo las sábanas, en la mente del príncipe no había silencio. De nuevo, sus ruidosos pensamientos le mantenían desvelado, incapacitado para conciliar el sueño.

Frustrado, se incorporó sobre la cama. Tal como se encontraba de avanzada la noche, no lograría dormir las horas necesarias. Por ello, vencido por el insomnio, se frotó los ojos y se levantó del colchón. Sus silenciosos pies descalzos caminaron por el suelo frío hasta que llegó a la ventana. Fue entonces cuando, en ese momento, Todoroki recordó la noche en la que escapó a ver a Midoriya. Sin saber siquiera su nombre, simplemente acudió con intención de conocerle.

Habían cambiado tanto las cosas desde entonces. Esa noche, sin embargo, los establos no estaban iluminados, por lo que nada le aseguraba que aquel lugar estuviera siendo atendido. A pesar de ello, optó por abandonar sus aposentos y enfrentarse al frío, pues le resultaba más satisfactorio que cualquier noche en vela.


Abrigado con una capa encima de su camisa blanca caminó por los lúgubres establos. Mientras afianzaba el agarre de su capa, escuchaba cómo la escasa paja que había fuera de las cuadras crujía bajo sus pies calzados. Asimismo, los cantos de los grillos inundaban el lugar y lo único que el príncipe podía contemplar era cómo algunos curiosos cuadrúpedos dirigían sus orejas hacia el joven, preguntándose seguramente el porqué de su visita nocturna.

Todoroki paseaba cerca de las puertas de las cuadras, observando a los animales descansar. Entonces, para su sorpresa, fue capaz de distinguir un conocido jovencito completamente echado en el suelo del interior de una cuadra, descansando su espalda en la pared. Pensando que su imaginación estaba jugando con él, Todoroki decidió entrar en la cuadra. Mientras acariciaba el pelaje del animal para evitar que se alterase, se fue acercando al chico dormido.

- ¿Midoriya? - llamó.

Su voz sonó más insegura de lo que pretendía, pues el hecho de imaginarse que delante de él podía yacer el cuerpo inerte de Midoriya le embargaba de un profundo desasosiego. Aunque fuera un pensamiento de cobardes, nunca aprendería a dejar de temer a la muerte de las personas que quería.

El príncipe se acercó al joven palafrenero y comprobó para su consuelo que su compañero respiraba. De alguna manera ese niño torpe se había quedado dormido dentro de una cuadra. Entonces se agachó delante del chico y, a pesar de que la luz era escasa, observó con atención las facciones relajadas del muchacho. Nunca antes le había visto dormir y debía admitir que aquella imagen era muy gratificante.

Con algo de duda Todoroki acercó una mano al rostro del muchacho y, osadamente, se permitió la libertad de acariciar la mejilla de Midoriya con las yemas de sus dedos. Aquel acto tan inocente y simple provocó que el corazón del príncipe se acelerase, pues se imaginaba que estaba invadiendo su intimidad. Evitando mirar sus labios para no perder la razón, comprobó que su piel estaba fría, pues ignoraba en qué momento el muchacho había caído dormido.

- Midoriya - llamó con dulzura, intentando que despertara - Midoriya - insistió.

Mientras, finalmente, Midoriya despertaba, Todoroki se quitó la capa para cubrir el cuerpo del joven.

- ¿Todoroki? - murmuró el chico algo confundido, todavía adormilado.

- ¿Acaso quieres morir de frío? - preguntó tras arroparle.

Atontado, el palafrenero comprendió entonces lo que le había pasado.

- ¿Qué... qué haces aquí? - preguntó Midoriya, apenas capaz de mantenerle la mirada al príncipe.

- Yo podría preguntarte lo mismo - le rebatió Todoroki - Hace horas que la fortaleza ha cerrado sus puertas. ¿No deberías estar con tu familia?

- Bueno... Últimamente mi madre pasa mucho tiempo en el hogar del curandero porque uno de nuestros caballos cayó enfermo - explicó, recordándole así que su familia criaba caballos - Estamos teniendo algunos problemas para dormir.

- Lo entiendo - respondió el príncipe - ¿Eso es lo único que te quita el sueño?

Ante aquella pregunta, Midoriya no tuvo más remedio que darse por vencido y confesar.

- No - admitió - No he dejado de pensar en tus palabras desde la última vez que nos vimos.

Su declaración consiguió alimentar la esperanza del príncipe, pues le satisfizo saber que era objeto de los pensamientos del muchacho.

- Midoriya, no voy a mentirte: estoy deseando conocer tu respuesta.

- Y ¿por qué me has estado evitando estos días? - preguntó el chico.

- No quería incomodarte con mi presencia, pero la espera también me ha mantenido en vela.

Midoriya recostó su espalda en la pared mientras desviaba la mirada, incapaz de encarar aquella verdad.

- Yo quiero estar contigo, Todoroki - confesó - Pero pensar en ello me hace sentir extrañamente culpable.

El príncipe decidió finalmente sentarse enfrente del muchacho para estar más cómodo, quedando cerca de él para impedir que la oscuridad fuera un obstáculo para distinguir sus expresiones.

- ¿Cómo te sientes ahora mismo? - preguntó Todoroki.

- Abrumado. Debería sentir alivio al haber identificado lo que siento... Pero tener que reconocerlo está resultando una tortura - explicó - ¿Por qué no podemos ser solo amigos?

- Midoriya, tú ya sabes lo que siento. Así que me estás pidiendo algo imposible - le aseguró Todoroki.

- Pero no hay más que impedimentos - rebatió el muchacho - Cada vez que nos juntamos algo sale mal.

En efecto, el príncipe empezó a recordar las ocasiones en las que no solo se habían visto afectados ellos mismos, sino también habían perjudicado a otras personas.

- Somos un desastre, Todoroki - afirmó Midoriya mientras esbozaba una triste sonrisa.

- Acabas de decirme que te gusta estar conmigo - apuntó el príncipe - Midoriya, estás siempre pensando en proteger a los demás. ¿Por qué no dedicas un momento a pensar en ti? En lo que tú quieres. En lo que sientes. En lo que está aquí - pidió mientras posaba suavemente su mano en la zona del pecho de Midoriya, donde se ubicaba su corazón - Hay ocasiones en las que es necesario ser un poco egoísta.

Tras su discurso, Midoriya no se vio capaz de contestar con ningún argumento convincente. Aunque no podía negar esa extraña atracción, esa sensación de conforte cuando estaba con el príncipe, Todoroki le estaba pidiendo que diera la espalda a sus principios.

Ante su silencio, Todoroki retiró finalmente su mano del pecho del muchacho.

- ¿Piensas que no ha sido duro para mí? - le reprochó Todoroki, con lo que consiguió volver a sacarle de sus pensamientos - Hasta que conseguí identificar lo que sentía por ti yo no era más que una mezcla de emociones contradictorias - explicó - Has hablado de impedimentos. Mi padre está afanado en separarme de ti porque te considera una distracción en mi camino. Imagina su reacción cuando se entere de que estoy enamorado de ti.

Midoriya dejó su mirada fijada en el rostro del príncipe, observando cómo su declaración era pronunciada sin ningún atisbo de vacile.

- Todoroki... ¿puedo preguntarte algo? - pidió, lo cual fue respondido de forma afirmativa - ¿Desde cuándo te sientes así por mí?

- Hasta donde he llegado a comprender... desde que fuiste tan torpe que te chocaste conmigo en los establos.

- Pero eso es mucho tiempo - valoró Midoriya mientras esbozaba una lastimera sonrisa - ¿Por eso me besaste antes del gran baile? - preguntó curioso.

- Sinceramente... aquella vez me sentía celoso de tu amiga - respondió Todoroki mientras, muy a su pesar, retiraba la mirada, pues le avergonzaba admitirlo.

Por su parte, Midoriya escuchó esa confesión de forma escéptica, pues no le encajaba que una figura tan respetable como el príncipe pudiera sentir algo tan caprichoso e infantil.

- Pero si no somos más que eso: amigos - aseguró Midoriya.

- No es por eso. Cuando estabas con ella siempre te veía relajado, como eres tú de verdad. Yo también quería disfrutarte de esa forma - confesó.

- No querías conocer la ciudad... Querías conocerme a mí - comprendió entonces el joven palafrenero.

- Eres un chico inteligente, Midoriya - concluyó el príncipe.

Sintieron entonces que todo había quedado dicho, que ya era inútil negar lo evidente. Que aquel haya sido el resultado del cruce de sus caminos podría significar lo más parecido a la felicidad. Sin embargo, para Midoriya no suponía ninguna liberación.

- Midoriya - llamó el príncipe, rompiendo el silencio con su próxima advertencia - Voy a besarte.

Ante semejante aviso, Midoriya comprendió que no era sensato oponerse, pues aunque no fuera correcto, una pequeña parte de él deseaba progresar, destruir las interminables distancias y dejar de darse de bruces contra el mismo muro una y otra vez. A pesar de que fuera inmoral, a pesar de que fuera el comienzo de sus problemas,... abandonó su cuerpo en el momento que los labios del príncipe acariciaron los suyos.

Después del primero, llegó un segundo y un tercer beso hasta que, finalmente, Midoriya se resignó a corresponderlos de forma arrítmica. Tal fue la creciente intensidad de los besos que los labios de ambos llegaron a arder. Sin nada que decir, Todoroki sujetó la nuca de Midoriya mientras sus besos se alargaban, deseando sentir en su piel las caricias del muchacho.

Como si sus súplicas hubieran sido escuchadas Midoriya se sujetó torpemente de la camisa del príncipe tras abrirse paso entre la capa que, unos momentos antes, le arropaba. El joven palafrenero dejó de necesitar aquella prenda de abrigo en cuanto sintió la cálida lengua de Todoroki empujando la suya, lo que mandó un eléctrico escalofrío a todo su cuerpo.

Ante semejante intromisión, Midoriya ahogó un gruñido en respuesta, mas no mostró ninguna intención en interrumpir aquella vorágine de pasión. Tal era el hambriento deseo del príncipe que sus jadeos comenzaron a hacerse notar. Tratando de no ser brusco, Todoroki atrajo a Midoriya hacia él hasta que ambos acabaron recostados sobre la mullida paja, pues su anterior postura le estaba empezando a incomodar.

Midoriya trató de desechar por unos minutos toda la educación que había recibido, todas las normas sobre el comportamiento correcto. Tan irrefrenable fue su intento que llegó a marearse, extrañado al encontrar gratificante esa situación tan incorrecta. El príncipe, tumbado bajo su cuerpo, deslizó una mano a la cadera del palafrenero. Tras terminar un sonoro beso, Todoroki articuló su nombre.

Midoriya... - llamó frente a los labios del muchacho con una inusual voz ronca, desorientado tras liberar sus emociones reprimidas.

El hecho de escuchar a Todoroki pronunciar su nombre de forma tan lasciva provocó, simplemente por unos breves segundos, que el palafrenero fuera invadido por un intenso sentimiento de posesión. Acalorado por esa necesidad, Midoriya comenzó a jadear con intención de acompasar los fuertes latidos de su corazón.

Por unos instantes Midoriya abandonó su cordura y permitió a sus caderas hacer presión contra la ingle del príncipe, consiguiendo de esa forma arrancarle un tímido gemido de sorpresa. Aquel delicioso sonido logró que un juguetón cosquilleo recorriera el vientre de Midoriya. Con el vello de la piel erizado el muchacho se dispuso finalmente a comenzar a desabotonar la camisa del príncipe para dejar a la vista sus clavículas.

La piel de Todoroki era blanca, propia de un distinguido miembro de la nobleza. De pronto, tras haberse visto cegado por la impaciencia, Midoriya contempló cómo sus manos empezaban a temblar. Paralizado por la duda no fue capaz de avanzar.

- ¿Midoriya? - llamó el príncipe al notar a su compañero tiritar.

Al haber sido golpeado de nuevo por sus conservadores pensamientos, las enseñanzas recibidas que exigían un comportamiento cortés, Midoriya frunció los labios con rabia, pues veía imposible retomar sus intenciones. Todoroki, tras lograr asimilar que el chico estaba actuando de forma extraña, empezó a mostrar preocupación.

- Midoriya, ¿estás bien? - preguntó mientras acariciaba las manos del joven palafrenero.

El chico pareció sobresaltarse ante aquel cariñoso toque y, creyendo haber decepcionado al príncipe, rehuyó su mirada.

- Lo siento... - murmuró acongojado - No puedo hacerlo.

Llegados a tan inesperado punto la excitación de ambos se había reducido de forma considerable, pues sus respiraciones no tardaron en recuperar su habitual velocidad. No obstante, las manos de Midoriya seguían temblando levemente.

- Cálmate, por favor - pidió el príncipe, tratando de tranquilizar al chico - No haremos nada esta noche.

A pesar de que quería contemplar el alivio en la actitud del muchacho, lo único que veía era desilusión. En un intento por reconfortar al muchacho Todoroki abrazó a Midoriya y lo atrajo hacia él.

- Lo siento - insistió Midoriya con el rostro enterrado en el cuello del príncipe.

- Deja de disculparte - demandó Todoroki - La culpa es mía por haberme precipitado.

El príncipe enredó con suavidad una mano en el cabello revuelto del muchacho y, mientras observaba el techo de la cuadra, esperó a que se relajara. Tras aguardar un momento de silencio, una duda cruzó la mente de Todoroki.

- Midoriya - llamó - ¿Me tienes miedo?

Ante semejante cuestión, el joven palafrenero se incorporó sobre el cuerpo del príncipe con intención de encararle.

- Por supuesto que no - se defendió.

Cuando escuchó su respuesta Todoroki enarcó una ceja, escéptico, lo cual hizo rectificar a Midoriya.

- Bueno, es solo que... no puedo evitar pensar que soy inferior a ti... - explicó.

Oír tan odiadas palabras consiguió que el príncipe suspirase de agotamiento.

- Midoriya, estoy harto de tus habladurías - expresó con evidente molestia.

Entonces, ante los temerosos ojos del palafrenero, Todoroki rebuscó en su cinto y desenfundó su daga, la cual siempre llevaba consigo por si llegaba a quedarse desarmado en combate. Midoriya, esperando lo peor, trató de apartarse. Sin embargo, enseguida comprobó con extrañeza las intenciones del príncipe.

Todoroki deslizó la hoja sobre la palma de su mano con gesto de molestia hasta que, tras ejercer un poco de presión, consiguió que brotara sangre.

- Mira - exigió mientras mostraba su herida - No soy invencible, Midoriya. Soy un chico normal, ¿recuerdas? - aseguró - Sangro como cualquier otra persona. Siento frustración y veces me veo completamente solo. También puedo entristecerme o sentirme amparado cuando estoy contigo. Soy capaz de ponerme muy celoso y me equivoco más veces de las que me gustaría - declaró ante la atenta mirada del chico - No soy una deidad ni un héroe. No soy superior a ti. Lo único que nos diferencia es que yo he nacido encerrado en esta fortaleza.

Incapaz de rebatirle, Midoriya guardó silencio tras escuchar su discurso.

- Espero que algún día lo comprendas - deseó el príncipe.

- Me esforzaré más - aseguró el chico con determinación - Lo prometo.

Finalmente y, tras percatarse de nuevo del frío de los establos, Todoroki volvió a aferrarse al cuerpo de Midoriya, deseando sobre todo protegerle y compartir con él su calor. Pensó entonces en lo irónico que resultaba abrazar a la persona con quien todavía no era alguien cercano. Sus sentimientos eran mutuos, mas las distancias seguían separándoles. El príncipe afianzó el abrazo, impotente.

A pesar de que pretendía velar por el sueño de Midoriya, terminó perdiendo el aguante y, finalmente, ambos cayeron dormidos.


- Shouto.

- Mmm... - ignorando aquella llamada, se revolvió entre la paja.

- Shouto, despierta.

Al escuchar que esa solemne voz no descansaba, abrió los ojos sin moverse de su lugar y descubrió cómo a su lado permanecía todavía dormido Midoriya, quien estaba echado de costado. Desde luego, el palafrenero no era quien le llamaba.

- Vamos, arriba.

En cuanto descubrió la estoica figura de su padre aguardando impaciente en la misma cuadra en la que se encontraba, lejos de alarmarse, Todoroki se incorporó con pesadez y se dispuso a acercarse a Midoriya para despertarle.

- Despreocúpate de él - demandó el rey al ver las intenciones de su hijo - Ven conmigo. Ahora.

Su imperante tono de voz no toleraba ningún reproche, por lo que, tras dirigirle una última mirada al palafrenero, Todoroki obedeció a su padre.

Siguió al rey a regañadientes hasta que, finalmente, llegaron a la sala del trono. El joven príncipe podía imaginarse el evidente descontento de su padre al haberle descubierto durmiendo junto a Midoriya encima del pajar como un pordiosero.

- Abotónate la camisa; estás completamente indecoroso - ordenó Endeavor a su hijo mientras observaba con desprecio los botones desabrochados de su camisa arrugada.

Mientras veía cómo su hijo acataba su mandato negándose a observarle, el rey no ocultó su molestia.

- Te lo he advertido, Shouto. Te he advertido más de una vez que te alejaras de él - reprochó - ¿Se puede saber qué habéis hecho?

- Nada - respondió Todoroki - No hemos hecho nada porque él no quería.

Al escuchar aquel comentario tan desafiante, Endeavor decidió no contenerse más.

- Lamento comunicarte que has llegado demasiado lejos. Por lo tanto, no me dejas otra alternativa.

Entonces hizo llamar a sus hombres para, posteriormente y ante la inquietud de su hijo, ordenar a los caballeros que trajeran ante él a Midoriya.

- ¿Qué pretendes? - exigió saber Todoroki tras ver cómo los caballeros se retiraban a proceder con sus demandas.

- Tú has empezado con esta relación absurda. Serás tú quien la termine - declaró el rey.

Y, ante los ojos del príncipe, Endeavor dejó a la vista la daga de su hijo, la cual, seguramente, el joven había descuidado en la cuadra. Al reconocer enseguida su arma, Todoroki se palpó de forma instintiva el cinto y comprobó que, efectivamente, no estaba en su poder.

- Eso es mío - le reprochó a su padre.

Sin embargo, el rey ignoró aquella réplica y contempló cómo los dos caballeros a los que había hecho llamar con anterioridad traían a paso ligero a Midoriya, quien, atemorizado, trataba de caminar al mismo ritmo. Las miradas de Todoroki y Midoriya se encontraron en ese instante, inquietos por la desconocida situación. Asimismo, algunos miembros de la nobleza que también habían coincidido en aquella sala observaban curiosos la extraña detención.

- Caballeros, me temo que este palafrenero supone un peligro para la estabilidad del reino - habló el rey seriamente - Ha llegado a atentar contra la vida de mi hijo.

- Pero ¿qué dices? - intervino molesto Todoroki ante la absurda acusación de su padre.

No obstante, el rey no se detuvo. Sujetó la muñeca izquierda del príncipe y mostró a sus hombres la cicatriz de su palma.

- Anoche ese monstruo desarmó a mi hijo e intentó apuñalarle - relató - Por fortuna, en ese momento llegué y les encontré forcejeando.

- ¡Todo eso no son más que mentiras! - bramó Todoroki tras zafarse del agarre de su padre.

Para su desgracia, ni Endeavor ni los hombres a su cargo le prestaron atención, pues cuando el rey hablaba el príncipe era invisible.

- No tengo nada más que añadir. Ya sabéis el castigo que merecen los traidores como él - concluyó el rey.

Sin intercambiar ninguna palabra más los caballeros esposaron a Midoriya.

- No... - articuló el príncipe mientras contemplaba cómo sus martirizantes pesadillas estaban cobrando vida.

A pesar de que no había testigos de esa historia ficticia, de que la noche había trascurrido sin ningún disturbio ruidoso... ¿quién podría poner en riesgo su integridad al afirmar que el mismísimo rey estaba mintiendo?

- Lleváoslo - demandó finalmente el rey.

Al ver cómo aquellos hombres se llevaban escoltado al joven palafrenero, Todoroki no se molestó en controlarse más.

- ¡NO! - gritó mientras avanzaba hacia el chico - ¡MIDORIYA!

No fue capaz de llegar más lejos debido a que Endeavor le sostuvo fuertemente del brazo.

- ¡MIDORIYA! - insistió el joven príncipe, fuera de sí.

El joven palafrenero simplemente no era capaz de reaccionar. Mientras era arrastrado hacia los calabozos, observaba al príncipe tratando en vano de acudir a su lado. Endeavor se percató entonces de que estaban llamando demasiado la atención con el inadecuado comportamiento de su hijo.

- Estás dando el espectáculo - masculló el rey justo antes de empezar a arrastrar a Todoroki a sus aposentos.

Endeavor llevó al príncipe a trompicones hasta la habitación del muchacho y, una vez allí, le soltó bruscamente antes de cerrar la puerta tras su entrada.

- ¡Haz que lo suelten! - exigió Todoroki con la respiración acelerada.

- Has vuelto a desobedecerme, Shouto. Quizás consigas entrar en razón al amanecer, cuando veas el cuerpo inerte de ese chico colgando de una soga - declaró, ignorando la petición del muchacho - Comprende por fin que, mientras viva, yo soy la ley.

Dispuesto a abandonar a Todoroki, el rey se giró para retirarse de la sala. Sin embargo, el filo de una espada peligrosamente cerca de su cuello detuvo sus acciones.

- Eso puede arreglarse - aseguró el joven príncipe, quien había desenfundado su espada para apuntar a su padre con ella.

Sin apenas creerse lo que había escuchado, el rey observó a su hijo en posición de combate como si estuviera enfrente del enemigo. Aquella situación era tan surrealista que Endeavor reaccionó soltando una burlona carcajada.

- ¿Tienes idea de a quién estás amenazando? - preguntó - Si no fueras mi hijo, ya te estarían arrastrando hacia el cadalso. ¿Acaso pretendes combatir contra mí?

- Llevo entrenando desde los seis años; soy más competente de lo que imaginas - rebatió Todoroki, quien simplemente observaba a su padre cargado de odio.

- Y ¿quién te ha estado entrenando todos esos años? - le recordó el rey mientras desenfundaba su propia espada.

No tenía intención de enfrentarse a muerte contra su sucesor, mas creía que un buen escarmiento sería suficiente para recordar a su hijo de una vez por todas cuál era su lugar. Por ello, Endeavor aguardó a que el joven príncipe iniciara aquel encuentro con el primer golpe, el cual fue frenado por el rey.

Todoroki sabía que en un combate cuerpo a cuerpo contra su padre no contaba con ninguna oportunidad de ganar. Sin embargo, si se trataba de un enfrentamiento de espadas, tenía una posibilidad. Y así, ambos se enzarzaron en un encuentro de aceros que chocaban entre ellos con fuerza y estruendo. En los ojos del príncipe no había razón, solo rabia, venganza, desdén. En lo único que pensaba era en pasar por encima de su padre y llegar hasta Midoriya.

No obstante y, pese a que estaba infravalorando las energías de su hijo, Endeavor se percató enseguida de la decisión con la que Todoroki le atacaba; cómo adivinaba sus movimientos, cómo trataba de herirle. Aunque admitía que el chico tenía gran habilidad con la espada, no iba a dejarse vencer por su propio hijo. El príncipe avanzó de forma arriesgada hacia su padre hasta que, finalmente y con el fin de evitar ser acorralado, Endeavor optó por clavarle el puño en el estómago con fuerza.

Tras ese inesperado golpe, Todoroki terminó cayendo al suelo de rodillas y, tras resbalarse la espada de su mano, dobló su cuerpo en un intento desesperado por respirar. Se abrazó a sí mismo mientras trataba, en busca de oxígeno, de tomar una bocanada de aire.

Entonces Endeavor, al verse fuera de peligro, volvió a enfundar su espada y se agachó para, posteriormente, agarrar el cabello de Todoroki. Con un fuerte tirón hacia atrás observó el rostro del muchacho.

- Escúchame bien - le dijo - Solo eres un niño que está jugando a ser gobernador. Que piensa que no hay peligro alguno en no tomarse la vida en serio.

Endeavor soltó el cabello de su hijo y se levantó.

- No me gusta llegar a tales extremos, mas es posible que solo la muerte de ese muchacho te haga cambiar de parecer.

El rey caminó hacia la salida, dispuesto a abandonar a su hijo. Se giró para observar a Todoroki y, de forma despreocupada, dejó caer su daga en el suelo de la habitación.

- Que pases una buena noche - deseó con sorna antes de cerrar la puerta.

Fue entonces cuando Todoroki se levantó del suelo lo más rápido que pudo, pues el característico sonido de una llave girando le alertó por completo. Llegó a la puerta y movió el pomo desesperadamente, tratando de abrirla. Por desgracia, ya era tarde: su padre le había encerrado en la habitación.

Rabioso, golpeó la puerta al sentirse impotente. Se sintió agotado y, lentamente, el joven príncipe resbaló hasta el suelo sin separarse de la puerta. Ya no podía actuar. Midoriya había sido condenado a muerte y él no podía salvarle. Había perdido.