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Capítulo 9: Confesiones.

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Poco después de que Draco abandonara la enfermería, la profesora McGonagall había hecho acto de presencia. Al principio había comenzado todo un alboroto porque no lo había encontrado en clase y en cambio estaba en la enfermería.

-¿Qué ha sucedido, Potter?- le preguntó buscando a madame Pomfrey con la mirada, quien ya venía aproximándose.

-Me sentí un poco mal durante el desayuno- le dijo sin muchas ganas, su mente seguía con Draco.

-¿Todo está bien?- le preguntó la profesora a la medimaga, quien asintió de inmediato.

-No encontré nada mal con él, un poco de descanso debería dejarlo como nuevo.

-De acuerdo- asintió y se dirigió a Harry –he venido porque el profesor Dumbledore tiene un mensaje, quiere verte en su oficina lo más pronto posible, pero en vista de la situación, será mejor que lo hagas mañana, asegúrate de que sea lo primero que hagas ¿de acuerdo?

Harry asintió sin prestarle demasiada atención, sólo quería que lo dejaran solo. No entendía nada, Draco también lo quería, entonces ¿por qué rechazarlo? Si se trataba por ser un mortífago, Harry le había ofrecido la alternativa de dejar todo eso y de brindarle protección, pero aparentemente Draco tenía motivos de peso para estar de parte de Voldemort… ¿podría ser posible que lo hiciese por gusto, que después de todo lo que había visto durante su ausencia le tomara gusto a…? No, tenía que haber otra razón.


Dentro de la sala común Blaise leía frente al fuego. A pesar de que el invierno ya había terminado hace mucho, dentro de las mazmorras siempre hacía frío. Mal lugar para un sitio lleno de serpientes, pensó regresando de página. Llevaba casi una hora leyendo ese libro y no había entendido ni una palabra, simplemente estaba concentrado en otras cosas. Draco había estado actuando muy extraño desde su llegada y por si fuera poco no se había presentado a ninguna de las clases. Pansy estaba frenética, tanto que hacía media hora que había salido a buscarlo, dejando a Blaise en una calma que sólo era capaz de conseguir cuando la morena desaparecía de su vista.

La puerta se abrió y él alzo la mirada, esperando encontrar a Pansy quejándose por no haber tenido éxito, pero en lugar de ello fue Draco quien atravesó el umbral de la puerta. Sin mirarle siquiera subió a su habitación y cerró la puerta. Blaise no dudó en levantarse e ir tras él.

Llamó a la puerta pero no recibió respuesta así que abrió suavemente, haciendo rechinar los goznes. Draco estaba sentado en la esquina de su cama, observando las profundidades del lago desde su ventana.

-¿Draco?- le llamó tocando su hombro, pero el rubio ni se inmutó. -¿Draco, qué sucede?- preguntó sentándose a su lado, pero él ni siquiera se molestaba en mirarlo, era como si el Draco que tenía en frente fuese un cascarón vacío. Sólo había visto a Draco comportarse de esa manera en una ocasión hace algún tiempo y sospechó que esta vez se trataba de lo mismo.

-Se trata de Potter, ¿no es así?- le preguntó con cautela. Los ojos del rubio poco a poco recuperaron su brillo hasta hacerse excesivo. Blaise se sorprendió por esa reacción, en especial porque su amigo rara vez dejaba entre ver sus emociones.

Draco se levantó y le dio la espalda, cruzándose de brazos. Entonces Blaise fue consciente de lo fuerte que era Draco, si los rumores eran ciertos y había estado con el Señor Tenebroso durante su ausencia, el que estuviera cuerdo ya hablaba bien de su templanza. Por eso era tan desconcertante que la mera mención de Potter le afectara. En el fondo sólo era un joven igual que él, se recordó poniéndose de pie y rodeándolo con los brazos. Draco siempre había sido un punto débil para él y no soportaba verlo así. Por eso fue más doloroso cuando Draco se apartó de él y salió de la habitación murmurando una rápida disculpa. Ojalá supiera cómo ayudar a Draco, se lamentó regresando a su propia habitación.


Todos estaban reunidos alrededor de la mesa, el ambiente era más tenso de lo normal y nadie se atrevía a hacer el menor ruido. Todas las velas estaban apagadas, por lo que la única iluminación que tenían era el de la chimenea y la de la poca luz que se filtraba de entre las nubes de tormenta. Si alguien hubiese dejado caer un alfiler, se habría escuchado su trayectoria antes de tocar el suelo, cortando el aire como un cuchillo.

-Mi Señor- se atrevió a pronunciar Goyle, atrayendo la atención de todos. Pero la roja y penetrante mirada del Lord lo hizo callar de inmediato.

Tom Riddle se puso de pie y comenzó a dar vueltas por la habitación, sin prestarle atención a nadie. Naginni le seguía celosamente hasta que subió a la mesa y observó fijamente a uno de sus mortífagos.

-Lucius…- pronunció Voldemort con su voz seseante -¿Quisieras decirme dónde está Narcissa?- todos lo miraban, aliviados de no ser ellos quienes eran interrogados por su Señor. Lucius se quedó paralizado unos segundos, sin saber qué decir. Su mujer lo había abandonado un año atrás, desde que había sido apresado en Azkaban y ese era un dato que Lord Voldemort conocía a la perfección, casi se podría decir que se trataba de una pregunta retórica si no fuera por la carga de veneno con la que iba acompañada. "Te dejó" le decía ente letras "Estás solo en el mundo, Lucius".

-No lo sé, mi Señor- contestó por fin, era peor no decir nada.

-Y dime ¿Dónde está tu hijo?- esta vez era una pregunta de verdad. Lo peor es que no tenía ni idea de qué contestar, lo lógico sería que regresara al colegio, pero eso habría sido una estupidez… aunque pensándolo bien, ni si quiera Voldemort se había atrevido a violar las puertas de Hogwarts. Pero el precio por una mentira era demasiado alto. Observó a Severus en busca de ayuda, que le confirmara con la mirada que efectivamente Draco estaba en la escuela, pero el profesor ni se inmutó. Estoy solo en esto, se dijo pasando saliva.

-Yo… no lo sé, mi Señor.

-No lo sabes… ¿no lo sabes? Es tu vástago, Lucius estaba bajo tu supervisión y apenas tuvo ocasión, se largó. Escapó como un cobarde. Es igual que su padre.

-Mi Señor, yo…

-¡Callate!- ordenó volviéndose hacia él en un rápido movimiento, apuntándole con su varita. Lucius se encogió en su asiento, esperando por el hechizo que nunca llegó. -¿Lo ves?- le dijo –un cobarde… ¡Crucio!

-¡AHH!

El dolor era terrible, agonizante. Creía ver cómo su cuerpo se retorcía involuntariamente, pero no lo sabía del todo, lo único verdadero en esa habitación era todo ese dolor y, dentro de esa terrible sensación se descubrió a sí mismo sintiendo un odio profundo por Narcissa por dejarlo y a Draco por traicionarlos a todos y juró que si algún día tenía la oportunidad, se vengaría de ambos por hacerle pasar tal humillación y tanto sufrimiento.


Al día siguiente su humor no estaba mejor, pero el deber era el deber y Dumbledore había pedido explícitamente por él. Al menos era un alivio no tener que estar cerca de sus amigos y tener que darles explicaciones, por el momento no se sentía capaz de repetir todo lo que había sucedido, temía que al hacerlo se derrumbaría por completo y eso era algo que no se podía permitir, tenía que ser fuerte y pelear en esa maldita guerra.

Los corredores estaban vacíos y era lógico, después de todo, los demás debían estar en clases. Esa soledad física le iba bien, en especial cuando ya la traía cargando desde dentro, cuando le carcomía desde el pecho y se expandía hasta sus piernas, sus brazos, su cabeza.

Comenzó a subir las escaleras de caracol hasta llegar a la oficina del director luego de haber pronunciado la contraseña. Era curioso como el profesor se empeñaba en usar nombres de golosinas cada semana…

Alzó el puño para llamar a la puerta, pero antes de poder tocar alguien ya estaba abriendo desde dentro.

Se dice que si uno toca el mercurio en su estado líquido, este puede atravesar los poros y mezclarse en el torrente sanguíneo, irritar la piel, los ojos y las vías respiratorias; que es un metal pesado que no conduce calor. Toxico en todos los sentidos, dañino ante el contacto humano. Pero por alguna extraña razón los seres humanos parecen sentir una masoquista atracción por aquello que les hace daño. Harry pensó en esto fugazmente cuando, al encontrarse con ese par de ojos grises y brillantes, no pudo evitar relacionarlos con el brillo del mercurio. Draco le devolvía la mirada, carente de expresión y con el rostro rebosante de cansancio, pero Harry no podía apartar la mirada, no importaba que esos ojos grises y brillantes le hicieran escocer los ojos y arder cada centímetro de su piel por ansias de tocarlo, no importaba que le doliera respirar el aire que no venía de su aliento, no podía apartar la mirada como quien no puede dejar de tocar el mercurio atraído por sus inusuales, aunque dañinas, características.

Finalmente Harry se hizo a un lado y Draco pasó sin dirigirle la palabra. Tampoco era como si él supiera qué decirle.

-Harry, muchacho. Adelante- le llamó Dumbledore desde dentro, haciéndole despegar los ojos de Draco para entrar a la oficina. –Tengo excelentes noticias, Harry. Ya tenemos la copa.

-¿Qué? Quiere decir… ¿La copa de Helga?

-Así es.

-Pero ¿cómo?

-Ya hablaremos sobre eso, ahora pasa, siéntate- Harry así lo hizo –le alegrará saber que el señor Malfoy ha vuelto- le dijo casualmente. Asintió distraído, no era un tema que deseara tocar por el momento. Dumbledore frunció el ceño, pero Harry no lo notó.

-¿Tiene la copa con usted?- preguntó en cambio.

-Oh sí, aquí está- dijo sacándola de un cajón detrás de su escritorio, protegida por un trozo de tela que le pareció extrañamente familiar. ¿Dónde había visto ese pañuelo antes? –¿Podrás traer la espada?- le pidió.

Harry se levantó de inmediato y sacó la espada de Gryffindor de su lugar en la pared. A penas se acercó al escritorio, la copa comenzó a vibrar violentamente. Dumbledore la tomó entre sus manos, ignorando la punzada de olor que sintió.

-Hazlo, Harry- le dijo aferrando la copa con fuerza. Los papeles que el director tenía en su escritorio comenzaron a elevarse, atrapados en una ráfaga. Harry intentó aproximarse lo más rápido posible, pero era como luchar contra corriente o tratar de salir de un tornado. Cuando logró atravesar el remolino de papeles que se había vuelto en su contra, elevó la espada por encima de su cabeza y enterró la espada en la copa. Un brillante rayo de luz se extendió por la habitación, como si se tratara de una explosión a escala, arrojándolo hasta topar con pared. Los papeles cayeron de golpe y la oficina se sumió en la penumbra. Humo negro comenzó a salir de la copa, elevándose en una sola figura: un rostro agonizante, como ahogando un grito. Y de pronto, todo había terminado.

Harry se levantó con dificultad, la espada había salido disparada de sus manos luego del impacto, así que ahora sus manos estaban vacías. Se aproximó lentamente hacia el escritorio, donde permanecían los restos humeantes de la copa dorada de Helga Hufflepuff. El director también había salido disparado pero, por suerte, había caído sobre su silla. Harry no le prestaba atención al anciano director, sólo podía ver el pañuelo que había caído a un lado de la copa. Lo tomó entre sus manos y sintió la suave seda verde entre sus dedos como si se tratase de una reliquia valiosa. En una de las esquinas del pañuelo, las iniciales D.M. estaban bordadas elegantemente con hilo plateado. Harry se paralizó.

-¿Señor- preguntó –cómo dice que consiguió la copa?

-Es cierto, casi olvidaba decírtelo muchacho. Ha sido el señor Malfoy quien la ha traído.

-¿Draco la robó?

-Debo admitir que no esperaba algo tan grande de su parte, algo de información valiosa tal vez, pero nada comparado a un Horrocrux, Harry. Debes de estar muy orgulloso de él- le dijo con una sonrisa pícara en el rostro.

-Yo… sí- dijo sin mucha convicción. ¡¿Qué diablos sucedía?! Si Draco había robado la copa, eso quería decir que no estaba con Voldemort… ¿trabajaba para la Orden, acaso? No entendía nada. Draco le había dicho que lo quería ¿por qué rechazarlo? ¿en el fondo aún lo odiaba? La mente de Harry trabajaba a una velocidad impresionante. De pronto sintió las piernas débiles. Cayó al suelo. Dumbledore corrió hacia él apenas rozó el suelo con sus rodillas.

-¡Harry!- le llamó el director.

-Draco- murmuró- necesito ver a Draco.

Inmediatamente después, Harry ya estaba de pie dispuesto a encontrar al rubio y pedir una explicación ¿Qué demonios estaba pasando? Necesitaba escapar, estar solo un momento, pensar lo que iba a decir.


El día había sido largo, sin duda. Luego de una pesada clase de encantamientos, había tenido que hacer su tarea retrasada de Herbología y Transformaciones. Gracias a Merlín tenía a Hermione para ayudarle a terminar sus deberes o ya habría reprobado el año para esas alturas. Por si fuera poco, Harry había desaparecido de nuevo, mientras se encaminaba a la cocina no podía evitar preguntarse qué sucedía con su mejor amigo. Últimamente desaparecía demasiado durante el día, y cuando lo veía apenas y le dirigía la palabra. Nunca había visto a Harry comportarse de esa manera, ni siquiera después de la muerte de Sirius y Ron temía que se debiera al asunto de Malfoy. ¿Sería ese hurón insufrible tan esencial en la vida de su amigo? Él había tenido sus dudas desde el principio, pero Hermione tenía razón: Harry era muy impulsivo.

Luego de ser atendido como un rey por los elfos de la cocina, regresó a su habitación sintiéndose completamente satisfecho. Había comenzado a oscurecer y seguramente todos estaban en el comedor. Era una pena que no pudiera haber esperado a la hora de la cena, pero en ese momento se sentía más bien somnoliento por todo lo que acababa de comer como para dirigirse al comedor y acompañar a sus amigos.

Todo estaba muy silencioso, incluso la sala común estaba completamente desierta. Subió lentamente, luchando con el cansancio y abrió la puerta de su dormitorio. Dentro todo estaba aún más oscuro ya que no contaba con la luz de la chimenea. Cerró la puerta a sus espaldas y comenzó a quitarse la corbata del uniforme hasta que un quejido lo detuvo. De inmediato sacó su varita.

-Lumos- conjuró apuntando en todas direcciones, en busca de la fuente de aquel ruido hasta que lo encontró. Sentado en la coriza de la ventana que dejaba colar una ventisca de aire helado, se encontró con la silueta de alguien con las piernas abrazadas contra su pecho. Era imposible no reconocerlo.

-¿Harry?- le llamó, acercándose mientras bajaba la varita, a medida que sus ojos se acostumbraban a la penumbra del cuarto. –¿Harry, qué sucede?- Fue entonces cuando notó los ligeros espasmos que sufría su amigo.

-¿R-ron?- preguntó, pasándose las manos por las mejillas rápidamente antes de volverse hacia él -¿Qué haces aquí tan pronto, no deberías de estar cenando?

-Comí algo antes…- dijo apenas, alarmado por el comportamiento de su amigo. –Harry, ¿qué tienes?

-Yo… no es nada ¿Ibas a acostarte? Puedo salir si te molesta…

-No, no importa. Soy tu amigo, Harry sé que algo te pasa- estaba tan cerca de su amigo que podía ver el rastro de humedad que le había quedado por el rostro. –Sabes que puedes decirme lo que sea.

-Ron yo… no sé qué hacer- le dijo con la voz entrecortada y se arrojó contra su pecho. Ron tardó unos segundos en reaccionar y rodearlo con los brazos para ofrecerle su apoyo, nunca lo había visto tan mal.

-Ya… tranquilo- trató de consolarlo torpemente.

-Ron no puedo más- le escuchó decir a su amigo contra su túnica desarreglada –Ron me he enamorado de Draco.

Aquella confesión le cayó como un balde de agua fría, como el grito de la comprensión en medio de un silencio sepulcral. "Merlín, ¿qué hemos hecho?" pensó, agachando la mirada hacia su amigo, sintiéndose más culpable que nunca.

-¿Estás seguro de eso, Harry?- sólo recibió un asentimiento como respuesta –Y… ¿él lo sabe?- entonces su amigo se estremeció con más fuerza y tuvo miedo.

-Sí, se lo dije- se quejó por fin –pero me… me rechazó.

-¡¿Qué?! Pero ¿por qué?

-¡No lo sé! ¡Sí lo supiera no me sentiría tan desesperado! ¿Qué razón puede ser tan grande para que, aun si él me quiere de regreso, se niege a estar conmigo?- se lamentó separándose de él para verlo a los ojos. Ron dejó escapar un largo suspiro ¿podría Harry perdonarlos?

-Harry…- le dijo sujetándolo por los hombros –hay algo muy importante que Hermione y yo tenemos que contarte.

-No… ahora no, por favor Ron.

-Es importante, Harry. De verdad tienes que escuchar esto- le dijo y salió corriendo en busca de Hermione. Esto no podía continuar así.


Harry regresó a su lugar tras la ventana, algo desconcertado. Había esperado que Ron reaccionara de otra manera, que se molestara. "¿un chico?" le preguntaría atónito "Pero si es Malfoy" se quejaría más tarde, pero en lugar de eso había recibido la respuesta más extraña, así que decidió esperarlo para escuchar eso tan importante que tenía que decirle.

Minutos más tarde Ron regresó trayendo a Hermione del brazo. Ambos parecían haber estado discutiendo.

-… pero Ron.

-No, Hermione tenemos que decírselo.

-¿Ron? ¿Hermione?

-Harry…- le dijo el pelirrojo bajando su tono de voz –amigo, siéntate. Tenemos que hablar contigo.

El moreno frunció el ceño ligeramente y se dirigió a la orilla de su cama, para tomar asiento.

-Hace unas semanas- comenzó Hermione –Ron y yo pensamos que… bueno yo leí algo y creí que… ¡Te estabas alejando tanto! Yo nunca creí que… de haber sabido que tú…-

-Hermione, no entiendo nada. Tranquilízate ¿qué sucede?- le interrumpió Harry, tomándole la mano en un gesto compasivo. Esa fue la gota que desató el torrente de lágrimas. Hermione se dejó caer de rodillas al suelo y comenzó a murmurar:

-Siempre has sido muy leal, Harry eres capaz de darlo todo por las personas que quieres… pero también eres muy imprudente y temíamos que cometieras una locura y él… ¡él es un mortífago, Harry! Creímos que estabas en peligro, pero tú no querías verlo…

-No entiendo, Hermione.

-Tú y Malfoy… ustedes dos estaban juntos hace un par de semanas.

-…¿Qué?

-Eran pareja desde que comenzó el año.

-Pero… ¿qué dices? Eso… eso es ridículo. Si Draco y yo hubiésemos tenido algo creo que lo sabría!

-No, no puedes recordarlo porque… porque…-

-Estabas siendo irracional, amigo. Siempre estabas de mal humor y ya no hablabas con nosotros, creímos que no podías darte cuenta del peligro que corrías así que…

-…Así que te borré la memoria- terminó Hermione –Encontré un hechizo selectivo, sólo olvidarías ciertas cosas, nada que pusiera en peligro tus otros recuerdos.

-Entonces… ¿borraste mi relación con Draco? ¿Porque ustedes creían que era un mortífago?- Harry no podía dar crédito a lo que escuchaba, no tenía sentido, si habían tenido una relación entonces ¿Por qué… -¿Por qué me rechazó?

-Malfoy me vio hacer el hechizo, así que le pedimos que se alejara de ti, para dejar de ponerte en peligro.

Así que era eso. Mientras él se la pasaba golpeándose contra los muros tratando de comprender por qué Draco insistía en alejarse de él, su respuesta estaba frente a él, ahí donde él creía que tenía a sus mejores amigos.

-¿Cómo pudieron?

-¡Es un mortífago, Harry!- se justificó su amiga, Ron asintió detrás de ella.

-¡No, no lo es!

-¡Tiene la marca!

-¡Ya lo sé, pero trabaja con la Orden!- gritó, levantándose. Estaba furioso.

-¿Qué?

-¡Que Draco ha estado arriesgando su vida en nombre de la orden mientras ustedes me apuñalaban por la espalda!- les dijo, sintiendo una oleada de preocupación. Por Merlín, ¡había estado tan ciego!

Sin esperar respuesta salió corriendo de la habitación. Tenía que encontrar a Draco y decirle que sabía la verdad, que lo quería, que lo perdonara por no haberse dado cuenta antes de que algo iba mal. Sin haber revisado el mapa del merodeador sabía perfectamente a donde ir, al único lugar en el que le constaba que Draco pasaba las noches desde hace algún tiempo: la torre del reloj.

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N.A: En vista de que el capítulo anterior generó mucho odio y crucios para con mi persona he decidido subir este capítulo antes de tiempo (antes de que mi integridad física y moral se vea afectada por su profundo desprecio xDDD) Naaa, pero no quería hacerles sufrir tanto, cómo vieron?

Oh vaya, tenía tantas ganas de escribir esto! Y el que sigue! OMFS ya quiero que lo lean +w+ yo sé que ya no quieren crucearme ;D o por lo menos no por tanto tiempo o.o

En verdad espero que les haya gustado, si mis cuentas no me fallan, a partir de ahora los caps puede que sean un poco más largos, ustedes como ven, les ha gustado este? había pensado en dividirlo, pero tampoco quiero alargar taaanto el fic así que, como ustedes gusten n.n

Nos leemos pronto n.n chanee~~