Entramos en el bar, torciendo a la derecha desde donde estamos. Allí está Claire para recibirnos, como de costumbre.
-¡Buenos días, chicas!
-Hola, Claire.
-¿Qué os pongo, preciosas?
-A mí un vaso de leche y unas magdalenas.-La pobre Kya aún sigue con comida de enferma.
-¿Para mí alguna sugerencia?
-Tengo unos bizcochos de chocolate esponjosos. ¡Los he hecho yo misma!
-Será un placer probarlos. Ponme un zumo de uva también.
-¿Zumo de uva?
-Sí, ya sabes, con un poco de hielo y una pajita.
-¡Claro, enseguida!
-¡Claire Reagan!
-Hola, Sidney.
-¿Aún no te has aprendido como le gusta a Kylie su zumo? ¡Tienes que acordarte de los gustos de la gente!
-Ya lo sé, sólo me he despistado.
-Vamos, jefe, no seas así con ella. Siempre se acuerda.
-¿Lo ves? Hasta ella lo dice. Te enfadas enseguida.
-Anda, ve a trabajar.
-Sí, señor.
Claire se marcha a la cocina.
-¿"Señor"? Vaya chica….
-Yo no sé mucho de paternidad, jefe, pero tal vez deberías dejar respirar un poco a Claire.
-Un padre tiene que marcar sus límites, pequeña. Si no, les sueltas demasiado y después no vuelven.
-Como tú digas… Oye, ¿Sabes lo que te pregunté ayer, de los sucesos del hotel Cape West?
-Ya te dije que no puedo contarte nada más.
-Solamente dime una cosa, ¿Por qué la casera esquiva el tema?
-Porque es mala publicidad para el edificio, ¿No crees?
Así que es cierto al fin y al cabo…
-Oye, ¿Os cuento algo, chicas?
-¿De qué se trata?-pregunta Kya.
-¿Cómo se os dan los crucigramas?
-¿Los crucigramas?
-Pues no hay ninguno que yo no pueda resolver.- Yo, como siempre, la más modesta de las dos.
-¡Qué modesta es la señorita Hyde! A eso lo llamo yo tener confianza.
-¿Por qué nos lo pregunta, señor Reagan?
-Tomad esto, para las dos.
Sidney nos da un papel. Es una especie de crucigrama.
-Podéis participar en un sorteo de mil dólares que hago para decirle adiós a este bar.
-Claro, tú también te tienes que ir.
-Qué pena…
-Y además, mil dólares. Ten por seguro que participamos.
-¡Ja, ja!
-Oye, jefe, mi padre me ha dicho que no es la primera vez que se planea demoler el bloque.
-Así es. Ya hace 15 años se planeó el desalojo. ¡Y era más o menos para las mismas fechas!
-Sí, exacto…
-¡Y exactamente un año después te vi el pelo por primera vez!
-Supongo que fue una alegría no perder el bar, ¿No?
-Sí, aunque todo fue muy curioso.
Claire irrumpe en nuestra conversación.
-¡Ya estoy aquí!
Nos deja las cosas en la barra para que podamos seguir hablando con Sidney.
-¡Buen provecho!
-Gracias.- Mi "prima" y yo al unísono.
Claire se marcha.
-Jefe, ¿Te importaría hablarnos de eso?
-Pues… El 10 de diciembre del 80 la señora Patrice nos envió una carta a todos los inquilinos en la que nos decía que teníamos que desalojar el bloque porque iba a ser demolido.
-¿Y entonces?
-Por allá el día 28, la señora Patrice nos avisó de improviso de que la venta del bloque se había cancelado, por lo que podríamos seguir aquí. A todos nos pilló un poco por sorpresa.
-¿Y por qué se paró la venta?
-No te lo puedo decir. Sencillamente porque no tengo ni idea.
-Entiendo…
Estamos un rato comiéndonos nuestros aperitivos y yo empiezo a comerme el coco, como de costumbre. ¿Qué narices pasaría para que se cancelara de sopetón la venta del edificio?
-Oye, Kylie, tal vez deberíamos pensar en resolver el crucigrama.
-Sí, tal vez. Siempre va bien despejarse, porque estoy hecha un lío.
-Si tú lo dices… Veamos qué pone…
-"Encuentra cinco palabras repartidas por todo el Lucky's Café para completar el crucigrama. ¡Buena suerte a todos!" Parece que el período de entrega es hasta el día 22.
-Solo tenemos dos días. Creo que ahora que hemos acabado de comer, podemos hacer tiempo buscando.
-De acuerdo.
Empezamos a mirar por todas partes.
-¿Qué te parece este cartel de neón, Kylie? A mí me gusta.
-Sí, no está mal.
Neón, ¿Eh? Creo que esa palabra cabía en una de las casillas…
-Mira, aquí en horizontal, cabe "Neón"
-Apúntalo a lápiz por si nos equivocamos.
Cojo un lápiz de mi bolsillo y escribo la palabra en el lugar que le corresponde.
-También deberíamos echar un vistazo a los anuncios. Hay un par pegados a las ventanas.
-Este de diseño retro me gusta. Un té de limón.
-Limón… Kylie, esa puede ser otra palabra.
-Sí, pero hay dos huecos posibles. Apúntala aparte y luego vemos.
Apunto "Limón" en mi agenda.
-¿Y este otro cartel? Qué rico, galletas con chocolate.
-Las típicas "cookies".
-¿Otra palabra?
-Tal vez. Mira, hay un hueco de 6 para ponerla en singular.
Apunto "Cookie" en horizontal.
-¿Y dónde más podemos buscar?
-Creo que más fácil, imposible. Ya tenemos dos palabras más: Lucky, Café.
-Pues ahora, repartámoslas por el crucigrama.
Después de pensar un poco, todas las palabras encajan. Queda algo así:
Y
A
M F
N
N
-Esto ya está. ¿Jefe?
-Dime.
-Aquí tienes el crucigrama, de pe a pa.
Sidney coge el crucigrama y comprueba que está perfecto.
-¡Muy bien, Einsteins! Muy fácil, ¿No?
-Jefe, para la pelirrojilla todos son pan comido.
-¡Como mande usted, Majestad! En fin, aquí tenéis vuestro resguardo para el sorteo.
Kya coge la papeleta. Tiene el número 24. Mira, nuestro cumple.
-El resultado saldrá el día 23. ¡Buena suerte!
-Gracias…
-Vendremos puntuales a recoger nuestro premio. ¡Ja, ja, ja! La verdad es que con la racha que llevo últimamente de suerte nefasta, siempre espero que me toque la lotería.
-Pues hale, mucha suerte a las dos futuras cumpleañeras.
-Nosotras nos vamos ya. Esperaremos a tus padres en casa.
-Muy bien. Chao, jefe, luego nos vemos.
-Adiós, chicas.
Salimos del bar.
-Kya, ¿Te importaría ir subiendo a casa? Yo voy enseguida.
-De acuerdo.
Kya sube las escaleras mientras yo me quedo en medio del vestíbulo pensando en mis cosas. Alguien hace chirriar las escaleras.
-¿Kylie?
-¿Eh?
Me giro. Es Mark Rivet.
-Ah, hola.
-Menos mal que te encuentro. Yo… Quería disculparme por mi comportamiento del otro día.
-No tiene importancia. Yo no me tomo estas cosas muy a pecho. Y en cuanto a Sue, no tienes que preocuparte. Me ha dicho que ya lo ha olvidado.
-Muchas gracias, de verdad. Yo… Sniff…
¿Ahora se me pone a llorar?
-Oye, Mark, no tienes que ponerte así por eso. Ya es agua pasada.
-Lo siento mucho, es que… Desde que mi madre murió, no tengo ganas de hacer nada… Pero en cuanto hablo contigo, me desfogo de la cruel realidad…
¿Su madre murió? ¿Acaso la señora Patrice habla por teléfono con un fantasma?
-Siento tu pérdida.
-Gracias. Oye, te he visto hablar varias veces con la señora Patrice. ¿Te ha dicho algo?
-¿De qué?
-Sobre mí, digo.
-¿El alquiler?
-Te lo ha contado, ya veo… En efecto, ahora mismo no puedo pagar el alquiler, y me he retrasado por ello.
-¿Ahora mismo? ¿Es que vas a recibir algún dinero pronto?
-Exactamente. Dentro de poco espero recibir una cantidad de dinero importante. Y en cuanto lo haga, pagaré el alquiler sin problema.
-Entiendo…
La puerta se abre repentinamente. Y quien entra al ritmo del zapateado de sus botines altos es… Electra.
-Oh, Electra.
Mark se queda blanco como la leche.
-¿Mark? ¿Estás bien?
-Yo… Tengo que irme…
Mark sube las escaleras a toda prisa. ¿Qué le ocurre de repente?
-Electra, ¿Qué haces aquí?
-No te importa, Hyde. Solamente vengo de visita.
-¿Visitar a quién?
-A alguien cuyos problemas son más interesantes que los tuyos o tu viejo.
-¿Cómo que mi viejo? ¿De qué problemas me hablas?
-¿Acaso te parece poco pegarle un tiro a un compañero cuando era poli?
Me está volviendo a sacar de quicio.
-Déjalo, hay gente con un pasado más oscuro que el de vosotros los Hyde.
-¿A quién te refieres? ¿A quién estás investigando?
-¿No quieres saber quién es?
-Ya sé que no me lo vas a decir. Y no me importa. Paso de los trapos sucios de los demás.
-¿Ni siquiera de los de los machitos de tus amiguitos?
Así que busca a un chico.
-Creo que ya he hablado demasiado por ahora. Ya hablaremos, Hyde. Más tarde.
Electra se va.
-Así que un chico… ¿Se referirá a Mark?
La puerta se abre otra vez. ¿Y quiénes son esta vez? Dejo tiempo para responder… Se acabó el tiempo.
-¡Anda, nos estás esperando!
-Esto… Claro, mamá, ¿Por qué no?
-¿Se puede saber qué haces en mitad del vestíbulo?
-Tengo mala memoria, pero creo recordar que no eres el propietario del vestíbulo, viejo Hyde.
-Ojito con lo que hablas, mocosa. Eh, ¿Y el alquiler? Espero que tu memoria esté lo suficientemente bien para haberte acordado.
-Sí, ya está todo solucionado. No os preocupéis por eso.
-Oh, estupendo. Oye, cielo, Ed nos ha dicho lo de tu segunda oportunidad. ¿Cómo lo has hecho?
-¿Os soy sincera? No tengo ni idea.
-¿Vamos a casa a hablar con más tranquilidad?
-Vamos.
Empezamos a subir los tres las escaleras, yo, como siempre, sin prestar atención a nada. De repente, algo me hace volver a la Tierra. Hay un sobre tirado en medio del pasillo.
-¿Eh?
Lo recojo sin pensar. Es de un seguro de vida, y es para… ¿Mark Rivet? ¿El niñito de mamá ya está afiliado a un seguro? Espera un segundo…
-¿Por qué te paras?
-Id tirando vosotros. Se ha caído una carta y voy a devolvérsela a su dueño.
-¿Tú haciendo favores? ¿Qué estás tramando esta vez? ¿Otra de las tuyas?
-Sí, es que en realidad la carta es para mí y contiene información secreta sobre una máquina para dominar el mundo, ¿Sabes?
-Pues a mí me parece bien que empieces a preocuparte un poco por los demás. Ve tranquila y no tardes, ¿Eh?
-Vale.
No tardaré siempre y cuando Mark no se enrolle al explicarme de dónde sale la carta.
-Decidle a Kya que iré para allá enseguida. Está en casa.
-De acuerdo…
Mis padres entran en casa y yo llamo al 206 después de oír que la puerta de mi apartamento se cierra. Mark responde.
