OK, debo una gran disculpa otra vez por la espera.
Pero tiene justificación, (aparte de la escuela) quise ponerle un poco más de esfuerzo y sentimiento al capítulo. (Aún que no se si lo logre)
Solo diré que conviene tomar algún té o bebida o comida y no se presionen en leerlo. Por que si esta larguito (Bastantito)
También que…
Me alegró por Ita-chan, al fin ató cabos sueltos.
Y como los demás países le daban sus pequeños empujoncitos ;3
Maiden Out.
P.D, Aún falta su Epílogo y su pequeño Extra
-Humm…- un leve sonido emitió en la boca del italiano. Se sentía realmente relajado por una extraña razón. Tenía sus ojos cerrados, al parecer se encontraba dormido, pero su conciencia ya había despertado. Empezó a mover sus manos lentamente, sentía una superficie tercia y suave. Sintió también, su respiración que iba lenta pero tranquila. No se encontraba alterado. Había un poco de dolor en espalda y al parecer en sus pies también. Pero estaba bien.
Italia empezó a menear su cabeza levemente, quería despertar. Empezó a moverse, sus piernas, sus brazos y su cuerpo, pero denotó algo; al hacer ciertos movimientos le provocaba dolor. Comenzó a desesperarse. Apretaba fuertemente su ceño para abrir sus ojos, pero no funcionaba. Pero nuevamente esa sensación de alivio lo invadió y se relajó. Entonces, pudo abrir sus ojos con calma. Al abrirlos, su vista era borrosa, no sabía donde se encontraba. De hecho no lo sabía. No tenía recuerdos de lo que había pasado.
-¿Dónde… estoy…?- pronunció bajamente mientras llevaba su mano derecha a sus ojos. –Italia-kun ¿Cómo te encuentras?- murmuró una voz. Italia, con dificultad; volteó a su derecha. Aún risueño sonrió suavemente al ver quien era. –Japón- dijo alegremente, el japonés solo acento su cabeza. –Me siento… un poco mareado…- talló con su mano unos de sus ojos. -¡Vaya que has pegado un buen susto Ita-chan!- exclamó una voz efusivamente. Italia, dirigió su vista que ya se encontraba un poco más enfocada a su izquierda. Era el awesome de Prussia. -¿Prussia?- dijo con asombro. –Realmente pensé que no ibas a salir de esta- suspiro el peliplateado, mientras se acercaba para sacudir el cabello del joven país. -¿Salir… de esta…?- pronunció un tanto confuso. -¡Claro que sí!- afirmó -¿Qué no te acuerdas que caíste de un barranco cuando estabas en la casa de Japón?- lo miró asombrado. Italia solo negó -¿Italia-kun no te acuerdas de lo que paso?- se acercó el nipón.
Los ojos de Italia miraron los del japonés. Realmente no se acordaba. Los dos países se observaron entre sí, confusos. -¿Es correcto que no se acuerde Japón?- miró un tanto preocupado al país. Japón llevó su mano al mentón y cerró sus ojos –Tengo entendido que a veces después de un evento postraumático, suelen olvidar las cosas- suspiro -¿Estas diciendo… que lo olvido por completo?- preguntó con asombro. Los dos países miraron a Italia, quien se encontraba totalmente confundido.
-Posiblemente- añadió. Veneciano, completamente extrañado por el comportamiento de los países; empezó a mirar a su alrededor. Detalle por detalle. Hasta que llegó a darse cuenta donde se encontraba. Estaba en su casa de Venecia, específicamente en su habitación. Dirigió su vista hacía el mismo. Se encontraba en su cama, recargado; sobre varias almohadas para que le hicieran soporte para poder incorporarse. Con sus manos tentó su rostro, no había nada diferente en ella. Agacho su vista y observó que se encontraba sin ropa de la cadera hacia arriba. Lo único que lo cubría era varias vendas que le daban vuelta a su pecho. Retiró su la sabana que cubría la mitad de su cuerpo y al ver lo que había quedo sorprendido. Sus piernas estaban totalmente vendadas y más especialmente sus pies. Eso explicaba el por que del dolor que sentía. Miró sus manos, se encontraban perfectamente como sus brazos. Italia sin saber el por que de sus heridas miró a los países que lo miraban fijamente.
-¿Qué fue lo que me pasó?- dijo un poco asustado. Japón se acercó a un costado de Italia y lo miró seriamente. -¿Realmente no te acuerdas?- preguntó, Italia solo movió su cabeza afirmando -¿No me estas mintiendo?- volvió a preguntar con una expresión más seria. –Claro… ¿Por qué te mentiría?...- dijo un poco nervioso ante la reacción del japonés. Pero era obvio el porque. Después de lo sucedido, era difícil saber si Italia se encontraba huyendo o no. –Japón, no creo que Italia este mintiendo- dijo seriamente. -¿Entonces crees que es correcto que le digamos lo que pasó?- volteó a ver al prusiano. Esté solo agacho su mirada. -¿Decirme que?- una ansiedad empezó a crecer dentro del italiano.
La tensión entre los dos países que se encontraban a su lado era fuerte. Pero tenían razón. ¿Qué pasaría si le dijesen a Italia todo lo ocurrido? Si le contaran respecto a Alemania y sus recuerdos… ¿Ocurriría lo mismo?
Era un riesgo muy delicado. Los dos países continuaban en silencio, tenían que pensarlo muy bien. Las consecuencias que tendrían que pasar de nuevo en caso de que Italia reaccionara de esa misma manera. Pero si no ocurriría y actuara como se debe, sería una buena esperanza para él. Sin embargo, la moneda se mantenía en el aire. Tenían que pensar en algo rápidamente.
-Por favor, díganmelo- la voz de Italia se oyó segura en toda la habitación. Era tan segura, que los países se quedaron anonadados. –No sé… que fue lo que paso…- agacho su mirada -¡Pero quiero que me lo digan!- una fuerte mirada dirigió a ambos países. –Quiero saber que fue lo que paso- miró sus piernas y su pecho un tanto preocupado. –Porque dentro de mí tengo una sensación muy rara… y si ustedes saben el por que; quiero que me la digan sin titubear- era la primera vez que Italia se veía tan seguro. Los dos países sonrieron. Realmente, aún que Italia no sepa que fue lo que paso; al parecer había algo diferente en él. Prussia, se encamino colocándose al lado de Japón. Y miró al italiano un poco angustiado –Ita-chan…- pasó un trago de saliva, aún se sentía un poco preocupado por la reacción que tendría Veneciano. –West… recuperó sus memorias…- y en la última palabra se pudo escuchar como la voz de Prusia se hacía un hilo.
Italia, quedo serio. –¿Perdón?- dijo confuso –No te entiendo…- se empezó a notar en la cara del país cierta tensión. Prussia miró rápido a Japón, ya no sabía que hacer. –Fuiste muy precipitado Prusia-san…- también el país empezó a tensarse. –Italia, Alemania… recuperó sus memorias como Sacro Imperio Romano…- inhalo aire para continuar –Y… tu te enteraste… y entraste como en una especie de crisis…- realmente el peliplateado no sabía como decir las cosas, el nipón solo junto las manos esperando que todo saliera bien. –Al parecer, mi west vino aquí contigo y… - rascó su cabeza un tanto nervioso –Al parecer discutieron y te fuiste con Japón. Pero él te quiso hacer entrar en razón- miró de vuelta al japonés, este le hizo una seña que continuara –Y… saliste corriendo de su casa y te… caíste a un… barranco…- rió nerviosamente.
Se sentía un idiota al no saber como explicar eso. No era algo awesome.
Con temor ambos países esperaban la reacción de Italia. Este, se encontraba con los ojos abiertos de par en par y con la boca abierta. –No…- suspiró con fuerza y empezó a respirar un tanto agitado –Ugh… no entiendo…- llevó su mano a su rostro, realmente lo confundieron más. -¿Alemania?...- empezó a respirar más rápido. –Italia-kun por favor cálmate- se acercó el japonés hacía el italiano y lo sostuvo por sus hombros. –No tienes que ponerte en ese estado estando en esa condición- intentó decirlo con un poco de calma. -¡No entiendo!- cerró con fuerza sus ojos y empezó a apretar su cabeza con sus manos. El mayor temor de Japón y Prussia estaba ocurriendo. Los mismos hechos volverían al pasar.
Sin embargo…
-Me duele…- apretó más fuerte su cabeza, mientras una lágrimas salieron de sus ojos –Me duele mucho…- empezó a gemir. –Ita-chan yo se que es difícil entender… por que west recuperó sus memorias, pero juntos…-
-¡No, no es eso!- gritó el italiano con fuerza -¡La cabeza me duele mucho!- empezó a llorar –Siento que me va a explotar- Prusia miro asombrado al italiano, ¿No estaba diciendo el termino "dolor" con respecto a sus sentimientos? – ¡Italia-kun resiste!- intentó incorporar al italiano, pero era imposible. Italia se encontraba doblegado completamente a causa del dolor. -¡No me hables!- gritó. -¿¡Japón que rayos le pasa a Italia!- exclamó asustado –¡Ssshhh!- lo calló -No losé…- habló en voz baja –Posiblemente sea a causa de la caída que tuvo y hasta ahorita le esta dando efecto- lo miro seriamente.
Pero el dolor de Italia aumento, empezando a moverse de un lado hacia otro bruscamente. Era un dolor horrible, era como si miles de punzadas lo atacaran seguidamente. El escuchar, mover e inclusive respirar le provocaba malestar en él. No podía resistirlo. –Japón…- lloraba –Ayúdame…- apretó con más fuerza su cabeza mientras se colocaba en posición fetal. Pero el nipón no sabía que hacer respecto a eso. Se sentía inútil. Prussia en un acto precipitación salió de la habitación.
Las sabanas empezaron a enrollarse alrededor del país. No podía más aguantarlo. Cerraba sus ojos con fuerzas mientras contraía su cuerpo. Lo único que pensaba era en intentar disminuir el dolor pero era imposible, nada servía para desvanecerlo. –Basta…- sollozó –Basta…- gimió. Japón asustado, se acercó al italiano y lo levantó con cuidado. –Italia-kun tienes que soportarlo, recuerda que eres un país- dijo un tanto alterado pero sin perder la calma. Pero era más inaguantable, el italiano no se contuvo. -¡Bastaaaaaaa!- gritó fuertemente.
Y como sí fuera una bomba, todo estalló en mil pedazos.
Un sin fin de imágenes bombardearon la mente de Italia. Había recuperado las memorias de ese día. Cada imagen, cada sentimiento, cada lágrima, lo sintió en cada fibra de su ser. Recordó todo lo que había pasado, las memorias de Alemania, los demás países, la visita a Venecia, cuando huyó con Japón y ocurrió el accidente que tuvo, Alemania cargándolo... Todo recordó en un instante. Pero más principalmente, aquel sentimiento que nació dentro de él. Italia, se incorporó lentamente, mientras que dentro de su mente repasaba cada memoria. Se sentía tan raro, recuperar aquello que solo sucedió hace dos días. Era una sensación tan extraña, que; estando en el presente lleguen de golpe. ¿De golpe?, Italia abrió sus ojos de par en par.
Italia sintió la misma sensación que Alemania en ese día.
El día que recuperó por completo sus memorias.
-Alemania…- empezó a respirar rápido como si tuviera miedo. Necesitaba verlo -¡Alemania!- gritó mientras se levantaba de la cama. Pero al hacer contacto sus pies en el suelo, sintió como si miles de agujas los pincharan debido a sus lesiones; pero no lo detuvo. -¡Alemania! ¡Alemania!- caminaba con esfuerzo hacia la puerta. Comprendió en ese justo momento, que se había precipitado, agitado y no se había percatado o por lo menos puesto a pensar, como se sentía Alemania. Era otra de las cosas cuales, gracias a su necedad y egoísmo; no había pensado. -¡Alemania…!- unas lágrimas salieron de sus ojos, los pies le estaban matando de tan heridos que estaban. -¡Italia-kun detente!- Japón se interpuso delante de él. -¡Te estas lastimando más!- exclamó mientras lo sostenía. -¡No me importa!- intento empujar al japonés que se interponía entre la puerta y el, pero el japonés no lo permitía -¡Déjame ver a Alemania!- lloró desesperado, pero le negó la salida.
-¡Italia!- se escucho una voz del otro lado de la puerta. Los dos países voltearon al mismo tiempo -¡No west! ¡No entres!- era la voz de Prussia. -¡Déjame pasar Prussia!- dijo molesta la voz. Se notaba alterada -¡Italia! ¡Italia!- gritaba fuertemente su voz. Era Alemania quien se encontraba al otro lado. Al escuchar su voz, y el modo en que lo llamaba; sintió como su corazón se estremecía un poco y retrocedió. Japón miro al italiano quien de repente había dejado de hacer esfuerzo y lo soltó. El rostro de Italia se encontraba ruborizado y sus ojos brillaban fuertemente mientras divagaba su vista. –Ve, ve, ve…- empezó a repetir seguidamente su muletilla y también como con sus manos empezó a jugar, abriéndolas y cerrándolas mientras se movía de un lado al otro. Se estaba comportando raro. El japonés continuó viendo los movimientos de Italia, comprendiéndolos y analizándolos. Entonces de la nada, el nipón soltó una pequeña risilla. Había comprendido. Italia estaba nervioso, pero no por miedo. Si no, por saber que el alemán se encontraba al otro lado de la puerta. En otras palabras, se estaba comportando como un "joven enamorado" al no saber como actuar si se mira frente a frente con la persona que quiere. –Prussia- se acercó a la puerta y la abrió solo un poco para poder tener contacto con el país. –Ah, dime Japón- dijo sonrientemente. Se encontraba aplicando una llave alrededor del cuello de su hermano para retenerlo. -¡Que me sueltes!- se sacudía fuertemente el alemán –Italia esta bien- rió un poco – Fue una falsa alarma, así que llévate a tu hermano- sonrío. Alemania y Prussia no creyeron lo que acababa de decir si claramente, hace unos momentos; Italia empezó a quejarse de un terrible dolor. –Solo Italia-kun esta pasando por un momento "bochornoso"- guiño un ojo el pelinegro. –No entiendo- comentó Prussia mientras soltaba a su hermano. Alemania, confundido; miró al japonés. -¿No me estas mintiendo?- susurró. Japón solo negó con su cabeza –Es la verdad, lo juró como el hombre japonés que soy- sonrió –Así que le pido que se vaya Alemania-san- miró hacia atrás, el italiano se encontraba sentado en su cama. –Italia va a estar bien-
Alemania, aún preocupado, decidió resignarse y hacer lo que le pidió el país. –Confiare en ti…- suspiro un poco triste, marchándose, no sin antes hacer un intento de ver hacía el interior de la habitación. Pero no pudo ver nada ya que solo estaba abierto muy poco. Prussia, observo como se marchaba su hermano un tanto angustiado de ese lugar y miró con un poco de indignación a Japón. –Si esto es una broma- cruzó sus brazos- -No me agrada…- Japón, sin dejar de sonreír abrió la puerta para que entrara. –Al contrario, es algo muy hermoso- Prussia miró al país ¿Cómo que "hermoso", si hace rato Italia se quejaba del dolor? Entró a la habitación mientras se cerraba la puerta. -¿Entonces de que se trata?- suspiro. –Mire a Italia-kun por favor- dijo serenamente. Los awesomes ojos rojos del prusiano se posaron sobre el italiano. Se encontraba sentado en su cama viendo hacia el piso y con sus pies balanceándose como un columpio. Aún continuaba jugando con sus manos y su rostro se encontraba totalmente roja. Para Prusia, para su la critica de su awesomes persona; Italia se encontraba comportando como un niño que hizo algo vergonzoso. –Um…- continuó viéndolo detenidamente. Entonces dio un respingón -¡Espera!- volteó hacia el japonés -¿¡No me estarás diciendo… !-señaló con su dedo al joven país. Japón solo río.
-¡Kesesesesese!- soltó una risa -¡Esto es tan awesome como yo!- se encamino hasta la cama del italiano y se sentó a su lado izquierdo. -¿Ita-chan que es lo que sucede?- le miró con alegría –Incluso pude escuchar tus gritos llamando a mi hermano- rodeó su cuello con su brazo. –No… no lo sé…- tartamudeó un poco sin poder dejar de moverse –Me paralice…- susurró en voz baja. Prussia solo sonrió mientras le dirigía una calida mirada. -¿Acaso es por que escuchaste a mi hermano gritar tu nombre con tanta fuerza?- dijo dulcemente. Las mejillas de Italia se tornaron más rojas. –No entiendo… por que me puse así… siendo que lo quería ver…- dijo nerviosamente. El nipón, al ver la reacción del joven país; no pudo sentirse enternecido y se colocó a su lado derecho. –Eso se llama "L'amore"- dijo sonriente. Italia dio un pequeño salto al escuchar eso, que incluso su rulo se paralizo. -¡Ja… Japón!- miró totalmente apenado al japonés. -¿¡Qué es lo que dices!- sacudió sus brazos fuertemente. -¡No digas esas cosas por favor…! ¡Aparte… yo… ah… este, yo siempre…!- empezó a ponerse más nervioso, realmente estaba cohibido -¡Lo eh… lo eh… ama…!- empezó a temblar más fuerte de tanta pena, que no le permitió hablar.
Prussia y Japón rieron al mismo tiempo mientras rodeaban al italiano con sus brazos.
-Realmente, has vuelto Ita-chan- sonrió el peliplateado –Y con una nueva esperanza- el nipón abrazo fuertemente al pelicastaño, realmente estaba agradecido de que Italia haya vuelto con un nuevo brillo en sus ojos. No era aquel, opaco y sin vida que tenía desde que empezó todo este lió. Si no un brillo especial, un brillo; que contenían los ojos de Alemania cuando regresaron sus memorias. Por ello, Prussia rió de felicidad.
Poco a poco, un Italia iba renaciendo.
-¿Nueva esperanza?- dijo confundido nuestro Italia, ya que no comprendía por que se comportaban de ese modo con él. Debería estar molesto por su comportamiento. -¿A que te refieres?- lo miró confundido. Japón lo soltó de su abrazo y lo miro fijamente -¿Realmente no te has dado cuenta?- dijo sorprendido. Italia negó con su cabeza. –Bueno…- suspiró y sonrió. Tenía que comprender que era la misma Italia despistada de siempre –Me refiero a que…- Pero el sonido de alguien subiendo con desesperación las escaleras lo distrajo. De repente la puerta se abrió de golpe.
-¡Venecianooooo!- entró escandalosamente a la habitación Romano. La Italia del sur se encontraba con su rostro lleno de lágrimas. -¡Maldito bastardo me tenías preocupado!- se tiró llorando al regazo de su hermano -¿¡Qué te crees haciéndome esto a mi estúpido!- apenas se le entendía lo que decía por lo tan fuerte que lloraba. Italia, un tanto sorprendido por la actitud de su hermano; colocó sus manos arriba de la cabeza de este. –Oni-chan…- susurró un tanto apenado ¿Realmente había hecho sentir tan mal a su hermano? –Yo, yo lo siento…- se disculpó tristemente. Romano continuaba llorando en el regazo de él mientras abrazaba sus piernas. Estaba destrozado. –Perdón…- dijo bajamente –Realmente es mi culpa todo esto…- agacho su cabeza, se sentí tan idiota.
Romano, indignado; levantó su cabeza y miró molesto a su hermano. -¡Claro que es toda tu maldita culpa!- lloró mientras golpeaba las piernas de Veneciano -¿¡Acaso me ibas a dejar con toda esa cosa de tu estúpido festival!- gritó.
Una áspera sensación se sintió en toda la habitación. –Oye Romano…- habló Prussia -¿Porqué… no eres más considerado con tu hermano?...- realmente no sabía que decir. Romano había dicho algo realmente que no iba al caso. Sus lágrimas fueran una mentira, no le importaba su hermano; le importaba la carga que le iban a dejar si Veneciano no apareciera. – ¡Oni-chan eso es muy cruel!- chilló de la nada Italia -¡Y yo que pensé por un momento que me querías mucho!- empezó a llorar. -¡Pero tú eres un maldito por que me dejaste con todo esto!- lloraba al mismo ritmo que su hermano. -¡Pero Oni-chan!- gimió -¡Tu me hiciste creer que realmente me querías!- Como si fueran dos niños chiquitos, las dos Italias se encontraban a llorando fuertemente, una más fuerte que la otra o tal vez al mismo nivel.
Solo Japón y Prussia sonrieron. Sabían que a partir de ahora, todo iría bien.
-Ahh…- se escucho un gran suspiro en la habitación –Romano ¿Porqué siempre no me haces caso?- Los dos Italias y los otros dos países voltearon hacia. No era más que el país de la pasión. España.
-¡España-nii-chan!- dejo de llorar Veneciano y sonrió. –Ah… Romano…- se encaminó hasta donde se encontraba la Italia del sur y lo levantó del suelo como si pesara como una pluma. –Te dije que no molestaras a tu hermano- dijo un tanto molesto -¿Por qué nunca le haces caso al jefe?- lo soltó suavemente. -¡Cállate bastardo!- chasqueó sus dientes -¡Tu no eres nadie para que me andes dando ordenes!- empezó a golpearlo en el brazo con fuerza. –Ahh, nunca cambiaras Romano…- alzo sus hombros y suspiro. -¡España! ¡Pensé que te quedarías allá afuera con los demás!- se levantó de la cama el prusiano y se colocó al lado del castaño. –Ha claro que no- sonrió –De hecho, vine aquí ya que Romano salió corriendo- señaló al italiano que aún le continuaba pegando en el hombro -Cuando le dijiste a Alemania lo que le estaba pasando a Ita-chan- dirigió su vista hacia Italia. –Sabes Ita-chan- se hincó justo al frente de Italia y lo miró fijamente. Veneciano lo miraba con curiosidad –Romano lloraba como un pequeño niño al enterarse de que te habías escapado de tu casa- sonrió -¡Eeeh! ¿Enserio?- abrió sus ojos de par en par –Por supuesto- rió –Estaba taaan preocupado por ti, que llamo a todos los países que existen y sabidos por haber para saber tu paradero-
Los ojos de Veneciano empezaron a brillar y unas lagrimitas de emoción salieron de sus ojos. -¿¡Es eso cierto Nii-chan!- gritó efusivamente hacia su hermano, realmente se encontraba conmovido ¡Su hermano se había preocupado por él! Romano, con su cara totalmente ruborizada; empezó a temblar. -¡Que… que cosas dices… idiota!- tartamudeaba -¡Eso es más que una mentira!- cruzó sus brazos -¿Yo preocuparme por ti?- bufó – ¡Ni muerto lo haría!- hizo un puchero. -¿Romano pero que estas diciendo?- arqueó una ceja el español -¡Pero si estabas más histérico que el mismo Alemania!- sacudió su cabeza –Y eso que Alemania es el principal que se preocupa por Ita-chan- Italia, se ruborizo un poco ante el comentario de España.
-¡Chi! ¡Eso es mentira!- no dejo su posición a la defensiva. –Digas lo que digas…- suspiro y se levantó del suelo –Tu quieres en verdad mucho a Ita-chan ¿Quieres que les diga a todos, como le llorabas a tu hermano cuando eras solo un pequeño país?- le sonrió de oreja a oreja a Romano. Este solo se quedo callado haciendo pucheros.-Era de imaginarse- cerró sus ojos –Pero ese no es el punto en esta situación- los volvió a abrir y miró a Italia. –Ita-chan, no vuelvas a pegarnos esos sustos ¿Vale?- acarició el cabello de Veneciano. –Lo bueno es que tu estas aquí de nuevo con nosotros- volteó a ver a Prussia, Japón y al aún avergonzado Romano.
Italia solo agachó su cabeza.
-Lo siento…- murmuró -¡Vamos no tienes que ponerte así Ita-chan!- exclamó Prussia –Estas sano y a salvo-
-¡Ese no es el caso!- gritó la Italia del norte. Sus manos apretaban fuertemente las sabanas, mientras respiraba un poco hondo, realmente el italiano; no entendí por que estaban ahí todos. Tan alegres y contentos. El solo quería… que se enojaran con él, por todos los líos que han causado -¡Los he hecho meter en problemas!- elevó de nuevo su cabeza -¡Solo he hecho que se preocupen por un idiota como yo! ¡A Japón, a Prussia y a… Alemania…!- sollozó un poco. -¿Por qué no están enojados conmigo? ¡Deberían regañarme!- gimió –No deberían estar aquí tan alegres ni bromeando…- susurró con tristeza. Los países, guardaron silencio y miraron al italiano.
–Por que eso no nos importa Ita-chan - susurró suavemente el español. Italia hizo un leve respingo
–Ciertamente- añadió el japonés –Puede que nos hayas dado un buen susto y preocupación- -¡Pero eso no significa que estemos molestos contigo!- sonrió el prusiano –Nosotros entendemos que estas pasando ahorita estúpido hermano menor…- habló bajamente –Pero de algo es seguro… esta… estamos… feli…li… felices… que estés bien… bastardo… Y te vamos a apoyar- volteó su rostro rápidamente Romano, ya que se encontraba totalmente sonrojado al decir esas palabras. –Y te aseguro… que el estúpido macho patatas esta igual…-
Italia, había quedado estupefacto. Miró a cada uno de los países que estaban al entorno de él. No lo estaban mirando con desprecio, si no con comprensión. Él realmente pensaba, que se encontraba solo. Desdé el momento en que Sacro Imperio Romano desapareció, nadie le había extendido la mano para apoyarlo. En vez de eso, querían que lo olvidara. Dentro de sí mismo, creó una imagen de cada país erróneo. Que solamente, lo que les convenía lo aceptaban y lo que no ignoraban. Por eso también no le importo el huir, solo pensaba en sí mismo y en esa persona. En las demás no, por aquel suceso que ocurrió hace ya mucho tiempo.
Pero estaba mal. En este momento, lo comprobó.
Sintió como su corazón se sentía oprimido por un fuerte sentimiento, haciendo que empezara a llorar. Lloraba con fuerza y de su boca, salían aquellas emociones que había reprimido durante tanto tiempo. Como si fuera un acto de reacción, Romano, España, Prussia y Japón abrazaron al italiano.
–Ahora tienes algo muy importante que hacer Italia-kun…- sonrió el japonés separándose de el. –Tienes que encargarte de tu festival- Aún llorando Italia, observo al nipón –Pero…- gimió mientras se enjuagaba las lágrimas –Alemania…- lloraba -¡No te preocupes por mi West! ¡El awesomes de yo se encargara de él!- gritó entusiastamente. –Aparte, el seguro entenderá todo, así que no te preocupes- guiño su ojo awesomente. –Aparte hay tiempo para todo Ita-chan- sonrió el español –Todo ira bien-
Italia, cerró sus ojos. Con sus muñecas, enjuago sus lágrimas de sus ojos e intento calmarse. Lentamente, con un poquito de temor, sonrió levemente. Tenía que confiar. Una seguridad crecía.
Así que, confiaría en sus palabras.
. . . . . . .
Una cuchara de plástico de color verde brillante, fue enterrada en un pequeño bote de gelato de chocolate. Se enterró un poco en él y se sacó un poco en la cuchara que fue llevada a la boca. Al pasarse el bocado fue nuevamente al bote y tomó un poco más. Pero esta vez la cuchara se quedo en la boca del italiano. Italia se encontraba detrás de unas cortinas rojas, comiendo un poco de gelato para pasar la ansiedad. Por alguna razón se sentía ansioso. Sacó la cuchara de su boca y la lleno de gelato de nuevo. Aún no sabía, como fue convencido para que terminara haciendo la bienvenida y la inauguración del festival.
Incluso, se ve encontraba como si no le hubiera pasado nada. En vez de estar en su cama, estaba vestido, con un elegante smoking negro, con una camiseta de color blanco antiguo, unos elegantes mocasines cafés (Que por cierto, estaban rellenos de algodón para que los pies de Italia no se lastimaran más) y usa un pequeño moño negro. Solo continuaba usando las vendas de en su pecho. Que también ya no le dolía tanto. Las ventajas de ser un país. Pero aun así, se sentía muy ansioso.
¿Cómo era posible, que este pasando todo como sí nada? Aparte, ¿Qué pasaría con Alemania? Aún no había arreglado ese asunto personalmente con él. Lo único que recuerda, era ese momento bajo la lluvia; donde lo levantó del suelo y le dijo que él era lo más importante que él tenía. Italia, empezó a ahogarse con el gelato al recordarlo y empezó a temblar. Ahí estaba esa sensación de nuevo, aquella sensación; que Japón le había dicho que era "Amor", pero para el italiano era algo con ironía ¿Como puede pasar eso siendo que ya lo ama? –Aaaaah- sacudió su cabello con su mano libre -¿Qué es lo que voy hacer?- chilló –Ni siquiera se lo que debo hacer- suspiro y comió un poco más de gelato –Ni mucho menos, como voy a reaccionar ante Alemania- dijo un tanto desanimado.
-¡Hey Ita-chan! ¿Ya estas listo para salir a hacer tu gran escena?- una voz animada se escucho detrás de bambalinas. Era Prussia. Quien por cierto, también se encontraba usando un traje de vestir, de color azul marino. Una camiseta blanca, corbata azul cielo y unos zapatos negros.. -¡Prussia! ¿Cómo conseguiste llegar aquí?- dejó el bote de gelato en una caja y caminó hacia él. –Pase V.I.P A.W.E.S.O.M.E- guiño el ojo –Mentira- rió -Solo quería verte para saber como te sientes- apoyo una mano en el hombro del Italia –Bien- sonrió mientras agacha su mirada. –Ya veo- suspiró –Por cierto, ya hablé con mi hermano. Yo se que te interesa más eso que esta cosa- sonrió. Italia rápidamente elevó su cabeza para escuchar con atención. –No te preocupes, el esta bien. Comprendió que tenías que hacer esto y que no lo podías dejar pendiente- suspiro –Ya sabes como es mi west- alzó sus hombros –Adora esas cosas de "cumplir", "responsabilidad" y etc, etc- giró su mano. Italia suspiro –Grazie- y agacho su cabeza. –Realmente… quiero encontrarme ya con Alemania y arreglar todo esto- sonrió bajamente.
-Ita-chan solo ten paciencia- lo miró a los ojos –Aparte, tienes que verte elegante para todas aquellas señoritas que mueren por verte- chasqueó sus dedos –Ya me contaron por ahí, que eres un rompecorazones cuando es este festival- le dio unos leves golpes con el codo en el hombro del italiano. –A mi ya no me interesa eso Prussia- cerró sus ojos el pelicastaño. -¡Kesesesesesese! Pues si, como ya tienes en tu anzuelo a mi west; pues ya no te interesa- rió fuertemente. -¡Prussiaaa!- gritó avergonzado Italia. -¡No digas esas cosas por favor!- se ruborizó. -¡Ita-chan se apena! ¡Que lindo!- salió corriendo de ahí, pero antes de irse se detuvo de golpe y miró al italiano. -¡Oh por cierto! ¡Mi hermano esta entre toda esa multitud, así que tendrás a un valioso espectador!- y desapareció de la vista del italiano. Italia, se quedo petrificado. ¿Alemania, entre el público? Veneciano empezó a imaginarse a la gente y que una de ellas era esa persona. Su corazón empezó a latir con fuerza y sentir fuertemente esa ansiedad. Ahora si, ya no sabía que iba a hacer.
Prussia se escabullo para salir detrás de las bambalinas e encaminarse a los palcos principales del teatro. Para ser más precisos en donde se encontraban, la inauguración se iba a efectuar a en el teatro "La Fenice" uno de los más bellos teatros y famoso de Venecia y toda Europa. Si quieres elegancia y refines; ese era el lugar perfecto. Al salir de las bambalinas corrió por todas las hileras de asientos forrados de terciopelo rojo y también a la gente que buscaba un buen asiento para ver la bienvenida. Llegó hasta la entrada principal donde se encontraban las escaleras para subir hacia los palcos. Empezó a subir hasta a los más privilegiados de los palcos, el que daba cara a cara hacia el escenario. Ahí se encontró con los demás países quienes también se encontraban vestidos elegantemente. -¡Kesese! ¡Que nadie tomé el asiento de en medio por que ahí van los más awesomes!- rió mientras se encaminaba hacia ese lugar. –Lo siento, pero ya te lo gane amigo mío- se apuró el español a tomar el lugar. -¡Ja eso lo dices por que eres un celoso por no ser como yo!- rió y sin importarle el lugar se acomodó a un lado de España. Japón quien se encontraba en los más separados de los asientos, recorrió unos cuantos y se sentó al lado del prusiano. –Prussia-san ¿Cómo se encuentra Italia-kun?- dijo con seriedad. Prussia, quien se encontraba maravillado viendo el teatro con el mínimo detalle; volteó a ver al nipón. –Bien, solo que ahora esta muy nervioso- sonrió -¿Por qué?- dijo curioso el japonés -¡Le dije que mi hermano iba a estar entre la audiencia!- rió con fuerza. -¡Estúpido!- recibió un golpe fuerte en la cabeza por parte de la Italia del sur quien apenas estaba llegando a los palcos. -¡Ahora se encontrara más nervioso mi tonto hermano y arruinara todo!- se sentó aun lado de España molesto. -¡No me golpees que de mi rostro es lo que me da de comer!- se sobó el lugar donde lo golpeó. -¡Estúpido! Ahora debe estar como un idiota buscándolo entre la gente- cruzó sus brazos y sus piernas. –Pero…- llevó su mano al mentón Japón. -¿Cómo va ser posible que lo noté si toda la gente esta usando disfraces?-
Los países se asomaron por la barda. Tenían razón. Había algunas personas que entraban vestidos de etiqueta. Pero otros, entraban vestidos con mascaras y trajes victorianos; tal como consistía el carnaval. -¡Oh!- exclamó Prussia. –Bueno ahí yo ya no se nada- suspiró -¿A que te refieres?- lo miró España. –Bueno- puso una pose pensativa –West había también pensado eso de que si, Italia lo mirará; se pondría nervioso. Por eso me menciono que estaría entre la audiencia; pero no se si se iría disfrazado o normal- sonrió.
-Bueno…- bufó Romano –Por lo menos no creo que mi hermano sea capaz de verlo de esa manera- se relajo un poco. –De hecho si él ya esta entre nosotros, no lo logró ubicar- España se seguía asomando por la barda. –Solo espero que Italia-kun se encuentre mejor- suspiro el japonés. –Aún siento que tiene un poco de miedo- agacho su mirada. España, Prussia y Romano se miraron entre sí, se sonrieron mutuamente; y rodearon al país. Japón, confuso; los miro fijamente. Pero de la nada, comenzaron hacerle cosquillas. -¡No digas eso ni de broma!- dijeron al uníoslo. El país solo se reía fuertemente.
Italia se encontraba como un león enjaulado. Caminando de un lado al otro desesperadamente. Las palabras de Prussia se habían aferrado a su mente. "Alemania esta ahí" "¡Alemania esta ahí!" se repetía ese pensamiento seguidamente. -¡Waaaah no, no, no pienses en eso!- se sacudía su cabello desarreglándose completamente. -¡Japón no sabe lo que dice! ¡Claro que lo que tengo no se llama nervios de "Amor"! ¡Solo es… ansiedad!- gritó -¡Si, si, si! ¡Es ansiedad!- exclamó efusivamente intentado convencerse así mismo. -¡Jejejeje! Aparte, ¡Es irónico! Yo siempre he querido y amado a Alemania- se ruborizó -¡Así que no puede ser eso!- continuaba caminando de un lado al otro. Realmente se encontraba ansioso. Tanto, que no se dio cuenta que su supervisor se encontraba aun lado de él. –Italia- lo llamó con cierta timidez -¿¡Qué!- gritó fuertemente, que el supervisor dio un salto. -¡Wuah supervisor disculpe!- lo abrazó fuertemente al darse cuenta que era él. -¡Disculpe no quería asustarte!- lo apretó con más fuerza. –Veneciano… esta bien…- intento calmarlo ya que lo estaba abrazando cada vez más fuerte. –Suéltame por favor… ya vamos a empezar…- dijo dificultosamente ya que no podía respirar. Italia, al escucharlo; lo soltó y se alejo un poco de él. –Ahh Veneciano ¿Pero que es lo que te pasa amigo?- sonrió un poco –Mira, estas totalmente despeinado y con tu ropa mal acomodada- empezó a arreglar uno que otro cabello que tenia rebelde y le acomodó con cuidado el moño. Italia solo agacho su mirada. -¿Sucede algo?- murmuró el superior –No nada, no te preocupes- sonrió inocentemente y miró hacia el escenario. Camino un poco y se asomó un poco sobre las cortinas, solo lo bastante para que solo un ojo pudiera observar todo el teatro. Miró como las personas se apuraban para poder tomar las primeras hileras, mientras que otras; preferían subir a los palcos. Cerró sus ojos un momento y suspiro -¿Cuánto tiempo llevamos haciendo esto?- sonrió y volteó a ver a su jefe –Yo llevo mucho tiempo que he perdido la cuenta…- rió levemente y se volteó nuevamente hacia el escenario. -Pero tú creo que llevas apenas de 5 años- susurró suavemente. –Veneciano…- el joven miró con cierta preocupación a su compañero. ¿De que se supone de que esta hablando? Pareciese que estaba intentando buscar un tema de conversación para distraerlo. Pero era imposible. Ya que él llevaba mucho tiempo conociendo al italiano y sabía, que en ese momento; Italia no se encontraba bien.
-Italia, sabes…- sobó un poco su cabeza –Si tienes algo que decirme, yo puedo…- -¡No hay tiempo!- gritó alegremente, interrumpiendo su acto de solidarismo -¡Ya va a empezar! ¡Ya apagaron las luces!- la actitud del italiano cambio repentinamente, y en un acto fugaz; tomó la mano de su supervisor. -¡Espera Veneciano no tan rápido!- gritó el superior. Ambos corrieron al centro del escenario justamente donde había una "X" en el centro y tomaron sus posiciones. Un técnico, corrió al lado de Italia y le entrego un micrófono y otro al supervisor. –Ya saben, si tienen fallas avísennos- guiño el ojo –Cuando salga del escenario las cortinas se abrirán y todo comenzara- sonrió y salió de ahí. -¡Veeeee! ¡Que emoción!- batió sus brazos Italia, realmente se encontraba animado. El joven miró al italiano, pudo ver como había recobrado sus ánimos y actitud de felicidad, que le produjo un largo suspiro. –Seguramente era un momento de nerviosismo…- se dijo a sí mismo. Un sonido fuerte se escucho en todo el escenario y las cortinas empezaron abrirse. Unos aplausos acompañaron el abrir de las cortinas y la presentación de los anfitriones. –Dios, son muchos ¿No crees?- dijo levemente el supervisor y miró de reojo al italiano. Este se encontraba serio y con los ojos abiertos de par en par. Pareciese que había visto un fantasma. -¿Veneciano?- susurró mientras sonreía para que nadie se diera cuenta que le estaba hablando al país. Pero no reaccionaba. -¡Veneciano!- gritó bajamente, pero el italiano aún así no reaccionaba. Parecía que había entrado en transe. -¡Ah! ¿Qué?- reacción finalmente Italia, miró sorprendido al supervisor. Este le hacía gestos con la cara señalándole hacia el frente. Italia volteó y ahora comprendía que sucedía. Las cortinas se habían abierto de par en par y los espectadores esperaban.
-¡Aaah!- se acercó el micrófono -¡Chao soy Italia!- dijo sonrientemente –Italia… eso ya lo saben…- dijo entre dientes -¿Ah enserio?- le preguntó sin despegarse el micrófono de su boca haciendo que la gente lo escuchara y se riera un poco. -¡Bueno, bienvenidos sean todos a este maravilloso evento que celebramos día con día!- gritó alegremente –Veneciano…- dijo tímidamente y un poco nervioso por el micrófono el supervisor –Se celebra cada año…- un gota de sudor recorrió su frente. -¡Veeee es cierto!- exclamó. La gente volvió a reír. -¡No importa!- rió -¡Mientras toda esta gente tan linda venga a visitarnos desde muy, muy lejos!- guiño su ojo alegremente. –Eso tienes razón- dijo ya con confianza su co-anfitrión. Al parecer Italia ya se estaba adentrando el papel de Host. -¿Pero por que mejor no le explicas de que va este carnaval?- miró fijamente al país –Tu que eres el gran país donde se organiza todo esto- sonrió. -¡Por supuesto!- dijo alegremente.
-Pero primero que nada, déjame ver cuantos vinieron ahora- rió y corrió al frente del escenario donde podría verlos con más cuidado. -¿Seguro? ¡Son demasiados!- dijo un tanto nervioso. El italiano, casi llegando a la barda, empezó a mirar desde el principio de todas las hileras de los asientos que se encontraban delante de él. Con mucho detalle y sin procurar saltarse uno.
Era una mentira eso de contar cuantos habían venido. Solo estaba buscando a una persona en especial.
Para no levantar sospecha, Italia sonreía y a una que otra persona le sonreía y lo saludaba. Era imposible que evitara un asiento aún que estuviera vació, ya que se sabía todos los asientos habidos y por haber. Podía ver como la gente, que se encontraban vestidas de etiqueta o con disfraces, lo miraba con curiosidad y pensativa, realmente les llamaba la atención que se pusiera a contar a todas las personas que se encontraban en ese lugar. –No esta…- dijo en voz baja al terminar de revisar lo asientos y continúo con los palcos. También allá arriba, había personas vestidas elegantemente y uno que otro traje de carnaval, pero aún que tuvieran esos trajes la gente; se podía saber quien era. Y ninguna, a la vista del italiano; era Alemania. Recorrió las cinco hileras de palcos que había desde arriba hacia abajo, de derecha a izquierda e inclusive; llegó a ver a los demás países que le sonreían y lo saludaban. Excepto Romano… que sabía las intenciones de su hermano.
Al terminar de revisar todos los asientos, suspiro. No estaba, al parecer fue una mentira por parte de Prussia; ya que sabía muy bien como se sentía él en ese momento. De repente sintió un gran alivio en su corazón, pero no sabía el porque. -¿Y bien?- se le acercó el joven -¿Cuántos son en total?- recargó una mano en el hombro del italiano. -¡Veee, lo olvide!- rió el pobre -¡Y eso que había revisado cada palco y asiento!- hizo un puchero. –Vamos, vamos ¡No te desanimes!- sonrió –Así que por favor, se amable y cuéntale a nuestros invitados la historia de este maravilloso carnaval- extendió su brazo y señalo a todos los presentes.
Italia sonrió y se acercó el micrófono a su boca -¡Pues verán!- empezó a hablar –Este carnaval surgió cuando a veces los de la nobleza querían divertirse…- hizo una pausa –Solían… disfrazarse para… me… mezclarse…- empezó a bajar el volumen de su voz hasta quedar completamente en silencio. Los espectadores esperaron a que el italiano volviese a retomar la historia del carnaval, pero no sucedió. –Veneciano…- susurró preocupado el supervisor -¿Qué pasa…? ¡Veneciano…!- lo sacudió levemente.
Pero Italia, se había quedado mudo. A lo lejos, no muy cerca de la entrada principal del teatro, una silueta negra se recargaba sobre un pilar. No podía ser ¡Había revisado demasiado bien todo los rincones del teatro! Debía ser por la presión de lo que había sucedido… Realmente había sido mala idea salir de la cama. El italiano se talló ambos ojos y volvió a observar bien ese punto. Aún estaba ahí esa silueta, poco a poco su corazón empezó a latir con fuerza y en su cara empezó a salir un leve rubor. Se forzó un poco más y se enfocó en esa figura, rezando; de que no fuera él.
Sobre el pilar, se recargaba una persona con los brazos cruzados; se encontraba disfrazado. Se encontraba usando una mascara muy extraña. Era una mascara plateada con pequeñas incrustaciones en ella que le tapaba el rostro a partir de su nariz hasta su frente pero, en vez de terminar ahí la mascara; se encontraba como una especie de velo negro corto que le cubría por completo tu cabello y terminaba al ras de su hombros. Solo se podía observar la mitad de su cara y ni siquiera sus ojos se podían ver, ya que también estaba cubierto. Su ropa era muy medieval, como si fuese una especie de caballero. Traía puesto un traje de color negro, el saco tenía hombreras barbudas que le colgaban también unos pequeños cordeles y también tenia una cola larga hasta las rodillas. De camiseta, usaba una camisa de blanca y como adorno un pañuelo que era sujetado por una joya ovalada roja.
Entonces, como si supiera que lo estaba viendo; la persona sonrió calidamente.
Italia, al verlo sonreír; sintió como su cuerpo empezó a temblar. Ahí estaba él. Ahí estaba Alemania.
-Ve, ve, ve, ve, ve, ve…-el cuerpo de Italia se puso a temblar por completo. Su mano sentía como el micrófono tomaba un peso demasiado pesado e inclusive un calor masivo hizo que empezará a sudar. Pero ahí estaba, parado; petrificado sin dejar de ver a esa persona que aún continuaba sonriente. Su corazón latía fuertemente, el rubor fue creciendo hasta cubrir su cara por completo y comenzó a respirar fuertemente. -Ve, ve, ve, ve, ve, ve…- no dejaba de pronunciar su muletilla. Era signo de que se encontraba en pánico.
-¡Oye Veneciano! ¡Continúa!- le susurró en el oído su supervisor, quien se encontraba preocupado de que su compañero arruinara la bienvenida -¡No puedes quedarte así vamos di algo!- empezó a sacudirlo levemente. Pero Italia no podía despegar sus ojos de Alemania. Aún que no podía ver su rostro ni mucho menos sus ojos, sentía como esa mirada penetrante lo miraba con calidez. Entonces, el alemán empezó a caminar con mucha seguridad y lentamente hacia el escenario. -¡Ve, ve, ve, ve, ve, ve!- empezó a temblar más fuerte conforme veía acercarse el alemán, que hasta tiro el micrófono. No quería que se acercara más, se encontraba realmente asustado, temeroso y lo más principalmente, nervioso. Intentaba calmarse ¿Por qué había razón para entrar en pánico? Era solo Alemania. Pero cada paso que daba este, sentía como su corazón iba a salir de su pecho. -¡Dios Italia reacciona!- lo tomó por los hombros y empezó a sacudirlo desesperado. -¡Ve, ve, ve!- exclamó nerviosamente… entró en crisis.
-¡Ya no lo soportooooooooooooooo !- y en acto de desesperación salió corriendo tan fuerte como sus piernas se lo permitieran. -¡Veneciano!-gritó molesto el supervisor ante el acto del país. La gente comenzó a comentar lo que había sucedido, mientras que a lo lejos, en los palcos; se podía oír la voz de Prussia gritando "¡Se los dije!" con gran burla.
. . . . . . . . . .
Una persona dio un pequeño suspiro y se recargó en una pared. Se encontraba cansado de estar esperando tanto tiempo. Más por las cosas que cargaba consigo, que eran unas cajas de plásticos llenas de utensilios y en su brazo que se encontraba doblado, llevaba unos largos retazos de tela azul cielo para que no se arrugaran. Se levantó de la pared y recorrió un largo pasillo hasta el fondo donde se encontraba una ventana. Al ver hacia fuera, pudo ver como cientos de personas se encontraban preparando el gran salón donde se organizaría la fiesta de bienvenida. Preparando las mesas, cubriéndolas con manteles blancos y, como centro de mesa; un par de velas rojas aromáticas. Eran muchas mesas y poco tiempo.
Volvió a suspirar, y con cuidado llevo un mechón de cabello detrás de su oreja, ya que le molestaba un poco. De repente, un sonido se empezó a escuchar fuertemente. Con cuidado, soltó las cajas de plástico que cargaba en el suelo y rápidamente metió su mano al bolsillo, sacando su celular y lo colocó en su oreja para contestar.
-¿Aló?- dijo con cierta sensualidad –Hablas con Francia-dijo pícaramente mientras sonreía. Pero esa sonrisa no iba a durar mucho, ya que de izo facto su cara hizo un gesto de desagrado. -¡Llevo más de 3 horas esperándolo y aun llega!- gritó molesto –Me dijeron, "Después del evento te lo enviaremos"- arremedó -¿Pero acaso lo veo aquí? Nooooo- dijo irónicamente, chasqueo los dientes y espero la respuesta de quien le habló. –Sí, ya casi terminan de adornar el salón- se encamino hacia la ventana. –Ahorita mismo me encuentro en los cuartos privados del segundo piso que tiene- cerró sus ojos y trató de calmarse –Tal como quedamos- suspiro.
-Claro, también traje mis cosas conmigo- volteó a ver las caja que dejo en el suelo –No pude terminarlo por que había quedado con él para que se lo probara y cerrar las vastillas- se rascó un poco la cabeza. –Pero, al parecer creo que va querer entrar desnudo- dijo un poco molesto.
Guardo un poco de silencio y presto atención.
-¿Seguro que me lo voy a encontrar aquí?- comentó incrédulo y espero la respuesta –Esta bien- sonrió –Voy de inmediato y luego te vuelvo a llamar- suspiro –Mándale mis saludos a la dulzura de España, que pronto vera a su papi Francia- guiño un ojo sensualmente – ¡No tienes que ponerte celoso Prussia! También hay un pedazo de Francia para ti- lanzó un beso. –Adiou- dijo sonrientemente y guardo su celular.
Caminó hacia su caja, la levantó y caminó de regreso ese gran pasillo. Como había dicho antes, se encontraba en el segundo piso de un gran salón de Venecia, específicamente en los cuartos VIP.
Francia, siguió caminando hasta llegar a la primera habitación que era como una especie de recamara. Como pudo, giró la perilla dorada de la puerta y entró a la habitación. Prendió el switch de la luz y quedo maravillado con la habitación. Parecía como una habitación de un rey o reina; aún que estuviese acostumbrado a ver esas habitaciones cuando era joven, no podía evitar que se viera maravillado al entrar en ellos. La habitación se encontraba elegantemente adornada, las paredes; estaban pintadas de color crema y unos bellos cuadros, de ciertas pinturas famosas italianas; las vestían. Un bello candelabro hecho de pedrería cristalina colgaba en medio de la habitación iluminándola, y los muebles; eran finísimos hechos de caoba.
-Vaya, en verdad que Italia le gusta la buena vida- entró a la habita el país y cerro la puerta. Se encamino hacía unos sillones que se encontraban en medio de la habitación y con cuidado, sobre ellos; estiró las telas que cargaba en su brazo y su caja. Al dejarlo ahí volteó a su derecha y pudo ver que en una esquina, al lado de un cuatro de Van Gogh, se encontraba un armario. Se dirigió a él y se detuvo al frente de este. Era un armario de caoba con unos acabados de enredaderas alrededor de el, era bastante ancho pero no muy largo. Tomó con sus manos, las dos agarraderas plateadas que tenía en las puertas, y al suspirar las abrió de par en par.
-¿Pero que haces ahí?- dijo el francés con un sonrisa –Deberías estar preparándote idiota- rió
Hecho un ovillo, en una esquina del armario. Se encontraba Italia. Con timidez, volteó su rostro para mirar al francés. Su cara se encontraba totalmente sonrojada y aún continuaba temblando. –Francia-oni-chan- dijo bajamente -¿Qué haces aquí?- murmuró. El rubio le extendió una mano invitándolo a salir –Vine aquí para terminar mi trabajo- sonrió. Italia, miró la mano del francés y con precaución; colocó su mano sobre la de él. –Vaya que estas rojo Italia- rió -¿Acaso te has puesto hacia por que me has visto?- recorrió con lengua su labio inferior, pero fue ignorado. –Francia-oni-chan no digas eso- dijo tímidamente. Francia miro asombrado al italiano, realmente no tenía la actitud tan alegre de siempre. Si no que estaba totalmente cohibido.
-Bueno no importa- sonrió y sacó a Italia de su escondite –Tengo que ponerme a trabajar y terminar mi deber- guiño su ojo y se encamino hacia el sillón. Italia, miró como el francés tomaba con cuidado aquellos pedazos de tela y los miraba con sumo cuidado. Pero lo que más le interrogaba era saber, como Francia dio con su paradero. Nadie, excepto él; sabía que este era el único lugar donde tenía lugar para esconderse.
-Italia- dijo suavemente haciendo que reaccionara el Italiano –Ocupo que vengas a pararte al frente de este espejo s'il vous plaît- señalo un pequeño taburete que estaba ubicado al frente de un espejo de cuero completo. -¿Eh?- lo miró sorprendido, ¿Para que ocupara que haga eso? Y sin decir nada más se camino hacia donde estaba el francés. Con cuidado se subió al taburete dándole la cara al espejo, y entonces se dio cuenta con lo que le decía Francia. Realmente, aún que ya no estuviera tan nervioso; aún se encontraba un poco ruborizado. Agachó su mirada tímidamente.
Francia, empezó entonces a caminar en círculo alrededor de él. Viéndolo de pies a cabeza con más mínimo detalle. A veces se detenía y acercaba una mano para levantar la tela de su traje y luego continuaba caminando. Italia, miraba con curiosidad al francés. Realmente no tenía la menor idea del por que estaba ahí.
-Italia- se detuvo exactamente al frente del país –Quiero que te quites la ropa- dijo con suavidad viéndolo a los ojos. -¡Veeee!- gritó asustado -¡Francia-oni-chan! ¿No serías capaz de…- dijo un poco temeroso ante lo que había dicho. Francia empezó a reír fuertemente. -¡Claro que no quiero hacer nada de eso!- alzó sus hombros –"Bueno todavía no…"- se dijo entre pensamientos –Solo ocupo que te quites el saco, los pantalones, los zapatos y la camiseta con su corbata- sonrió y volvió nuevamente al sillón. –Veee…- atónito, Italia empezó a desvestirse. Francia, abrió su gran caja que traía consigo y empezó a sacar unas cosas. Veneciano, sin dejar de desvestirse, miraba como el rubio sacaba ciertas cosas y lo cargaba en sus brazos con cuidado. Era muy extraño. –Francia-oni-chan- dijo el italiano mientras se desabotonaba la camiseta –Dime douceur- le contestó sin dejar de sacar cosas -¿Por qué estas aquí?- terminó de quitarse la camiseta y prosiguió con sus pantalones -¿Cómo supiste que yo iba a estar aquí?- desabotono el botón de sus pantalones.
- Oh ese es el gran secreto de hermano Francia- terminó de agarrar todas las cosas que ocupaba y camino hacia Italia –Pero, realmente fue un pequeño pajarito quien me dijo que estarías aquí- guiño su ojo. Con su pie, con agilidad; movió una pequeña mesa vacía que había y colocó sus utensilios. Italia miro entonces que era lo que cargaba consigo, lo que vio lo dejo sorprendido. En la mesa había carretes de hilos, agujas, tijeras y varios retazos más pequeños de tela de otro color.
-Toma, ponte esto por favor- le extendió lo que era al parecer de Italia un pedazo de tela. Pero al extenderlo, vio que se había equivocado. Lo que tenía delante de él era al parecer un saco.
Ahora lo entendió todo.
-¡Aaaaaaah es cierto!- dijo emocionado -¡Tu me ibas a hacer mi traje del carnaval!- sonrió mientras se colocaba el saco. –Vaya que realmente se te olvido- dijo resignado mientras le entregaba la otra pieza que era el pantalón. –Tú personalmente me pediste que lo diseñara… como todos los años anteriores…- tosió un poco. –Pero no pude terminarlo por que cierto "señorito", me menciono que había engordado, así que no le cerré ciertas bastillas- suspiro -¡Si, si me acuerdo de eso!- gritó emocionado mientras veía el producto semi-finalizado puesto en él. –Pfff..., por un momento pensé otra cosa…- dijo un tanto aliviado el italiano -¿Otra cosa?- dijo curioso el francés mientras en una aguja insertaba un hilo de color azul rey –Si- dijo Italia sin dejarse de ver en el espejo. –Como por ejemplo, tomar otra Córcega…-
-Si tu quieres…- se le arrimo el francés –Si tienes ganas que te consienta como tu te lo mereces…- con su dedo índice, tocó ligeramente el rulo de Italia haciendo que este diera un respingo –Sabes que te lo puedo dar…- intentaba seducirlo.
-¡Francia-oni-chan! ¡No digas esas cosas!- gritó apenado -¡Esta bien, esta bien!- se alejo con pucheros Francia –De todos modos… ¿Ya tienes quien lo haga cierto?- le sonrió traviesamente. Italia volvió a ponerse rojo. –Oni-chan… pero que cosas dices…- agacho su mirar.
Francia soltó una pequeña risa. –Vamos chico, extiende tus brazos- sonrió. –Veamos…- se llevó a la boca unas agujas e hizo unos pequeños dobleces del lado de la bastilla. –Que raro…- tomó una aguja y lo puso en el doblez. –Sigues teniendo la misma talla- miró al italiano con extrañeza. –Posiblemente, no engorde del todo- rió inocentemente. Francia solo sacudió su cabeza. –Por favor abróchate tu saco-
Italia con cuidado se abrochó los cuatro botones dorados que tenía y volvió a estirar sus brazos. Italia miro con cuidado su saco, realmente Francia estaba haciendo un buen trabajo. El saco era realmente hermoso con cu corte realmente pegado al cuerpo.
Era color azul rey y sus costados, llevaba color negro que abarcaba cierta gran parte de enfrente, haciendo que solo quedara una línea gruesa del azul rey. Las solapas seguían siendo de color rey y a sus orillas usaban un color dorado. Y las mangas eran realmente increíbles, estaban dobladas y eran de color negro y en la orilla el color dorado. También usaba unas mancuernillas de rubí y de esta le colgaban unas tiras largas de color dorado junto con dos cordeles de un azul mucho mas fuerte. Italia realmente estaba maravillado. Francia realmente hacia los trajes cada vez más mejores que el año pasado.
-Así que Italia…- dijo en voz baja el francés - Ya… ha recuperado sus memorias ¿Cierto?-
Italia, quien todavía se encontraba maravillado por el trabajo de Francia; despertó de sus pensamientos al escuchar su pregunta. Bajo su vista para observarlo, pero al francés se encontraba con sus ojos fijos en su trabajo; tomándolo como pretexto para no voltear a verlo. Italia lo sabía, Francia era aquella persona que provocó aquel accidente. Y ahora que lo veía, estaba a solas con él. –Sí…- murmuró en voz baja –Ya lo ha recordado todo…- agacho su mirar. –Ya veo…- insertó la aguja con el hilo en una bastilla al costado del saco.
Un gran silencio invadió la habitación. Italia, seguía mirando a Francia, pero este no por que seguía concentrado cerrando la bastilla. El italiano suspiro, realmente ahora no sabía que decir; al momento en que Francia preguntó aquello una tensión había comenzado. Pero, era inevitable; estamos hablando con aquella persona que hace mucho tiempo le había dicho que olvidara a Sacro Imperio Romano y que siguiera su vida como siempre. Aquella persona, que peleó contra él y provocó que la existencia de aquel pequeño imperio desapareciera. Era Francia, aquella persona que en el muy fondo de su corazón lo odiaba por haberle provocado aquel dolor. Y ahora, que estaban bajo el mismo techo; no sabía como reaccionar. Solo podía permanecer ahí, hasta que Francia terminara con el traje, y después; salir y actuar como si nada hubiera pasado.
Pero, aún que pensara de esa manera; sentía que estaba mal. Era como si nuevamente tratara de huir de aquello que lo había lastimado. ¿Pero como iba ser posible hablar respecto a ello? Aún no olvidaba aquel día. Sí le pedía perdón, por aquel acto de coraje que había hecho contra él, no sabía si Francia actuaría petulantemente, demostrando; que desde un principio el tenía la razón. Pero si pretendía que no pasaba nada, era como si dejara todavía esa pequeña astilla enterrada en su corazón.
-Discúlpame Italia- paró de coser –Por aquello…- murmuró bajamente. El italiano, intrigado se bajo del pequeño taburete, para que pudiera estar cara a cara. -¿De que te disculpas Francia-oni-chan?- procuró que lo viera a los ojos. Francia, volteó a ver al país y dio un suspiro. Parecía que estaba apunto de decir algo difícil y en sus ojos dibujaba cierta pena.
-Por lo que ocurrió ese "día"- dijo un tanto apenado –El día en que te dije que olvidaras a Sacro Imperio Romano- Italia abrió sus ojos de par en par. No podía creer lo que estaba escuchando. –Por eso, te pido que me perdones…- y como buen caballero, se hincó delante del italiano.
-¡Francia-oni-chan! ¿Pero que estas haciendo?- reaccionó incrédulo y apenado -¡No tienes que ponerte así! Así que por favor levántate del suelo…- dijo sonrientemente y le tendió la mano. Sin embargo, Francia sacudió su cabeza negándolo. –Sabes…- continuó hincado y con la mirada baja –Me comporté como un cretino ese día… Cuando debí haberme comportado gentilmente…- susurró -¡No importa! Eso es pasado, ya no importa mas oni-chan- intentó nuevamente que tomara su mano. Pero no sirvió.
-Juana de arco ¿Te acuerdas de ella cierto?- sonrió –Era mi dulce doncella, era un joven tan hermosa que hizo tantas cosas por mí…- guardó silencio –Por este tonto país que solo buscaba grandeza…- rió. Elevó su cabeza y miró fijamente los ojos del italiano quien todavía se encontraba extrañado por la actitud del francés.
-Cuando mi amada murió en manos del fuego… me sentí tan desolado…- dio un trago de saliva, realmente le era difícil hablar de algo tan doloroso –Me sentí abatido, con una enorme furia contra Inglaterra…- frunció un poco su ceño –Quería desquitar mi enojo, mi odio, quería matarlo al igual como lo hizo con mi doncella… ¡Tenía tanto odio!- exclamó –Pero no podía hacer nada… "Era solo un mortal", me decían mis superiores… - un nudo en garganta empezaba aparecer en Francia –Llegue en un punto… que me encerré yo solo en una burbuja, era tan doloroso…- una lágrima recorrió por la mejilla del francés -¡Solo era un joven de 19 años! ¡Pero yo… la amaba tanto!- poco a poco la voz de Francia empezó a quebrarse –Pero… decidí que era mejor dejarlo así…- enjuago con su muñeca sus ojos.
-Entonces, ocurrió lo tuyo… Como un país, tuve que hacer lo necesario para poder seguir adelante…- suspiro –Pero me di cuenta, que había hecho algo terrible; cuando vi en tus ojos esa rabia tan inmensa hacia mí…- susurró –Incluso, dijiste las mismas palabras de odio, de venganza y rencor… Había hecho aquello que tanto odie…- agacho su cabeza –Por eso, cuando me ibas a golpear; no aplique ninguna resistencia… Por que lo merecía…-
Italia, un poco afligido… se hincó delante del francés y lo abrazó…
-Te admiré ¿Sabes?- cerró sus ojos el rubio –Por que… a pesar de todo lo que ocurrió… Empezaste actuar como el de siempre. El alegre, simpático e idiota Italia… Inclusive, actuaste como siempre conmigo…- sonrió. Italia solo siguió abrazándolo. –Parecía, que no te importo, que lo comprendiste y lo dejaste por la paz…- susurró –En cierto modo, me diste cierto empujón para soportar lo de mi doncella… Pero lo tuyo Italia, era mucho más fuerte que lo mío…- abrazó lentamente al italiano –Por que su amor iba ser "eterno"; pero aún cargabas ese dolor, ya que él seguía vivo pero sin aquellas apreciadas memorias…- guardo silencio.
Francia, cerró sus ojos y abrazó con fuerza al italiano. Realmente, durante todos esos siglos; Francia se sentía culpable de aquella acción. Aún que él sea solo un país, las acciones de aquellas personas también son las de él.
-Por eso te pido...-
-No te disculpes- fue interrumpido –Déjalo así, no importa Francia- dejó de abrazar al francés y se alejo de él. –Pero Italia…- dijo sorprendido el francés –Que no importa- sonrió calidamente –Eso es el pasado así que hay que dejarlo ya ir- Francia sintió como una profunda calidez lo rodeaba. Italia, no se encontraba triste ni mucho menos molesto. Al contrario; estaba sonriente y con una calida mirada, intentando calmar al francés. –Es cierto, fue muy duro aquellos momentos… pero es algo que ocurrió hace mucho tiempo- sonrió –Yo tampoco pensé; en lo que paso contigo y Juana de Arco- agacho su cabeza –Pero era algo en cierta manera "inevitable"… lo que nos paso a ambos- susurro –Japón me dijo, que Dios me había dado la oportunidad de que esa persona estuviera a mi lado, no como ustedes; que aquellas personas no eran como nosotros…- susurró –Me sentí como un idiota por que me comporte estúpidamente y no pude haberme comportado como ustedes…- tomó con delicadeza la mano del francés – Valorar aquello tan importante para mí, en mi corazón… y seguir adelante…- sonrió. –Le tomé tanta importancia a algo tan vago… así que el que tendría que pedir disculpa soy yo; por semejantes idioteces que hice- cerró sus ojos.
Con cuidado, Italia se levantó y le extendió la mano al francés.
-A partir de ahora en adelante…- sonrió - ¡Vamos a seguir con nuestras vidas sin remordimientos Francia!- rió -¡Así que no te disculpes y no lleves en tu ser cosas tan vagas como esa!-
Francia abrió sus ojos sorprendido y sintió como un paz los rodeaba a ambos -Siempre tan alegre Italia…- sonrió inmensamente mientras tomaba la mano del italiano. Realmente… Italia había cambiado.
-Vamos, ¡Dejemos el dramatismo aun lado y terminemos ese traje!- guiño su ojos el francés –No quiero que te veas como cualquiera en esta fiesta- rió.
Italia solo sonrió alegremente.
. . . . .
Con cierta cohibidse, Italia se asomó por el pasillo principal que da hacía el salón. Miró como la gente poco a poco se empezaba aglomerar, vestidas elegantemente con trajes tradicionales del carnaval. Los hombres vestían trajes elegantes de colores oscuros y uno que otro de colores vivos. Y las mujeres, vestidos hampones con grandes colas y con un sin fin de joyería. Y lo mas principal, todos usaban mascaras de gran variedad: De máscara completa, antifaz, que cubría sola la mitad de su cara, e inclusive algunas tenían picos demasiado largos alusión a un pájaro.
Al ver a la gente, siento cierto miedo y retrocedió. No se sentía listo o más bien… no se sentía listo para cierta cosa. Italia sacudió su cabeza, no era momento para pensar en eso. Y con paso decidido. Salió rumbo al salón.
La gente, de repente dejó de hablar y hacer sus cosas; pareciese que hayan visto aún Dios o un Rey.
¿Y como no iba ser factible eso?
Italia llamaba la atención con su traje manufacturado por Francia.
Era realmente llamativo, el saco ya había sido terminado pero faltaba lo demás. Ahora llevaba un gran capa azul rey que consistía en una pequeña y luego continuaba la otra que arrastraba elegantemente. También se encontraba usaban una camisa negra, que en los puños llevaban pequeños holanes y para hacerle juego; un par de guantes blancos. Y, también se le añadieron otros dos objetos como un gran moño blanco largo en vez de corbata, y en la solapa; una gran pluma del mismo color azul sostenida por un remache dorado. Su pantalón era igual que su saco, era azul rey pero a sus costados, había dos líneas de color negro; y sus mocasines negros.
Y si eso no fuera poco llamativo, faltaba la máscara.
Era un antifaz color dorado, con pequeñas molduras. En la parte de los ojos estaban cubiertas, pero estaba hecho de una manera, que nadie podía verlo a sus ojos; pero Italia si podía ver a los demás. Y no solo era también la máscara, se encontraba usando nuestro italiano un gran sombrero de pico color azul rey y a sus orillas usaban el color dorado. Y, aún lado; había una gran "cascada" de plumas color blanco que llegaban hasta su hombro, y de estas; salían dos tiras largas de color rojo que al final tenía unos remaches de aros color dorado.
Si el país de Italia tuviera un rey… Lo estaríamos viendo justo en este momento.
Veneciano caminaba con cierta refines, procurando; no distraerse con nada. La gente, se acercaba a él maravillados ante su presencia. Italia solo sacudía su mano en forma de saludo, mientras la gente se emocionaba al ver que han devuelto su saludo. Y en un abrir y cerrar de ojos Italia llegó a la entrada principal del salón y se detuvo. Todas las personas que estaban presentes en el teatro, ahora se encontraban placidamente sentadas en las mesas adornadas glamorosamente. Platicando vivazmente, o simplemente; tomando una copa de vino. Intento buscar entre tanta gente a los demás países, pero le fue difícil; ya que todos estaban vestidos llamativamente y había una máscara cubriéndoles el rostro. Entonces, de la nada, su corazón empezó a latir con fuerza y comenzarse a poner nervioso.
Cerró sus ojos e inhalo y exhalo profundamente. –Tu puedes… tu puedes…- apretó sus manos fuertemente y dio un paso hacia delante. Al hacer acto de presencia, los invitados que se encontraban placidamente sentados, se levantaron para recibir al país. No era necesario hacer una presentación, el simple hecho de ver el traje finamente confeccionado era fácil de saber de quien se trataba. Italia dio un trago de saliva y camino hacia el centro de la pista.
Podía sentir como la mirada de todas las personas se fijaba en él, viéndolo de pies a cabeza sin perder el mínimo detalle de este. En cierto modo se sentía incomodó, e inclusive le dio escalofrió. Pero tenía que seguir caminando, no podía quedar mal de nuevo ante la gente. Al llegar al centro de la pista reluciente, sonriente extendió un brazo y se inclino cordialmente, dándole a sí a todos la bienvenida. La gente empezó a aplaudir. Entre los aplausos, Italia sintió nuevamente un escalofrió por la parte de atrás. Volteó pero no había novedad alguna. –Solo son nervios Veneciano…- se dijo a sí mismo. Volteó hacia su derecha, donde se encontraban los músicos e hizo una seña para que empezara la música.
-¡Che la danza abbia inizio miei ospiti d'onore! (Que el baile empiece, mis queridos invitados)- levantó sus brazos haciendo la invitación. Las personas, sonrieron y se levantaron inmediatamente hacia la pista de baile. Italia sintió de nuevo ese escalofrío de nuevo, volteó rápidamente pero… nada, no había nada. Solo observo algo que le llamó bastante la atención. Uno de los músicos, específicamente el maestro que guía la orquesta; tenía un pequeño rulo que salía de su máscara. Era Mariazell.
Italia, con cuidado; esquivó a las personas y se encaminó hacia la orquesta y se colocó detrás del guía. –Disculpe…- dijo tímidamente intentando no interrumpir -¿Acaso eres… tú Austria?- se asomó al rostro de la persona que estaba cubierto de la mitad hacia arriba su cara. –Efectivamente, Italia- sonrió el aristócrata. -¡Wuah no pensé que irías a estar aquí!- dijo un tanto aliviado el italiano, al saber que había alguien conocido por ahí. -¿Pero que cosas estas diciendo Italia?- sonrió – Donde ella un evento donde se ocupe buena música, estaré siempre yo ahí- continuó guiando a la orquesta. –Me alegro que estés aquí- sonrió el italiano – ¿Dime Italia? ¿Qué haces aquí? deberías estar atendiendo a tus invitados- le llamó un poco la atención -¡Anda ve y atiéndelos idiota!- y con cuidado con un brazo, lo aventó con fuerza hacia la gente que estaba bailando.
-¡Veeee!- fue bruscamente aventado que provocó que uno de los invitados que estaba tomando vino se manchara del líquido -¡Pero que estas haciendo idiota!- gritó molesto el joven al ver su saco blanco lleno de vino. -¡Jajajajaja eso te pasa por ser un malhumorado!- se burló su compañero que lo acompañaba. -¡Lo siento señor!- dijo totalmente apenado el país -¡Déjeme lo arreglo! ¡Le prometo que lo dejare bien limpio!- se le acercó al joven y empezó a quitarle el saco -¿¡Oye pero que haces!- se sonrojo al ver como, despreocupadamente el italiano le quitaba la ropa -¡Suéltame!- empezó a sacudirse -¡No señor por favor permíteme!- insistía llorando el italiano. -¡Suéltame!- y en una de esas jaloneadas, la máscara del individuo salió volando. Italia quedo sorprendido al ver rostro de la persona.
-¡I…Inglaterra!- gritó efusivamente -¿I…talia?- se sorprendió al ver el italiano. Italia inmediatamente, observo al compañero de Inglaterra, que era nada más ni menos que América. -¡Hello Italy!- grito alegremente mientras se retiraba el antifaz. -¿¡Pero que hacen aquí!- sonrió -¡Nunca pensé que los llegaría a ver aquí!- recogió la máscara de Inglaterra. -¿Pero que dices Italia?- rió el ingles –Tu nos invitaste al carnaval y como buen caballero acepte la invitación- dijo refinadamente –Solo que este Yankee se me pegó- chasqueo sus dientes -¿¡Pero que estas diciendo Inglaterra!- gritó indignado -¡Si America no esta aquí! ¡No es considera una fiesta!- se elogio –Si, si lo que tu digas- bufó el rubio, Italia solo sonrió. -¡Ah!, pero por favor permíteme arreglarte tu saco- volvió al tema principal –No importa Italia- sacudió su cabeza –De todos modos, puedo quitarme el saco, debajo de este tengo un chaleco así que no importa- se desabotono el saco blanco y lo colocó sobre su brazo. -¿Ves?- le enseño el saco negro que tenía -¡Vee es cierto!- dijo sorprendido –Solo iré a dejar este saco en la entrada principal donde guardan los abrigos- guiño un ojo –Así que vamos America- empezó a caminar jaloneando al americano del brazo -¡Pero Inglaterra!- hizo berrinche -¡Yo quería hablar con Italia!-
-¡Vamos!- lo jalo con mucho más fuerza arrastrándolo a rastras.
Italia solo rió mientras se despedía moviendo su mano.
-Vaya… no me acuerdo que haya invitado a Inglaterra…- dijo pensativo –Pero bueno…- suspiro sonriente –No import… ¡Aaaah!- golpeó el suelo con fuerza, ya que alguien lo había golpeado. La gente asustada, se alejo del italiano -¡Pero que dolor!- se incorporó lentamente hasta volver a estar de nuevo en pie -¿Qué me habrá golpeado?- empezó a sacudirse la parte trasera de él. Entonces, al agachar su vista; observo algo muy curioso. Había un oso polar y un panda jugando en el suelo. -¿Disculpe señor? ¿Esto es parte del carnaval?-se le acercó un encargado del salón. –No, claro que no lo es- sonrió –Pero realmente es una visita agradable de estos dos pequeños- se hincó y sobo el lomo de cada uno. -¿Acaso se perdieron pequeños?- rió. Al ver la gente, como el anfitrión se comportaba tan amablemente, y también pensando que eran parte de la atracción; empezaron a sentar en el suelo y a tocar a los animales. Estos, solo respondían con suaves gruñidos. -¡Pero que lindos!- gritó Italia –Pero aún me pregunto ¿Cómo es que llegaron aquí?- los acariciaba. De repente, los dos osos se levantaron del suelo y empezaron a correr asustados. Como si hubiesen visto un espectro. -¡Esperen! ¿A dónde van?- gritó Italia.
-¡Con permiso! ¡Con permiso!- gritaba una persona vestida de un traje rojo -¡Kumajirou-kun! ¡Detente por favor!- gritaba, por muy extraño que parezca; bajamente, una persona que usaba un traje color crema. Ambos, cubiertos por una máscara que tapaba la mitad de su rostro. -¡Panda detenté ahí-aru!- el primer sujeto rebaso al italiano, Italia solo se quedo quieto -¡Te dije que era mala idea traer a esos dos!- reclamó la otra persona. -¡Y yo que iba a saber que se comportarían así-aru!- le contestó. Y así ambos, rebasaron al italiano.
Italia, asombrado; miró nuevamente a los dos chicos que había pasado de largo.
-¿China…? ¿Canadá…?- dijo bajamente, realmente se encontraba sorprendido. –Esperen… ¿A ellos también los invite…?- una gran incógnita apareció en la mente del italiano. Pero, nuevamente; sintió de nuevo ese escalofrió que le estaba comenzando a dar miedo. Sacudió su cabeza para no pensar en eso. Con mucha educación, paso entre la gente y las personas que estaban bailando. Rápidamente, llego hacia un rincón del salón donde no había nadie y nadie podía verlo. Y ahí, procedió a pensar.
¿Cómo puede ser posible que estén varios países presentes en esa fiesta?
Primero, fue a Austria. Y luego le siguió Inglaterra y America y por último; China y Canadá. Era muy extraño, él no recordaba en absoluto que los haya invitado. Puede de que Austria se auto invite solo… pero ¿Los demás? Era muy extraño…
Desdé la posición en donde se encontraba, empezó a mirar todos los alrededores. En inclusive, se quito la máscara para poder observar mejor. Podía ver a lo lejos, las parejas que estaban bailando el vals que Austria tocaba con alegría. También observo como Inglaterra y America seguían peleando. Y a lo muy lejos, a Canadá y China que habían por fin atrapado a sus mascotas. Sin embargo, sus ojos captaron algo que habían pasado desapercibidos. Al lado de China se encontraba un joven alto, que usaba una gabardina de color negro y una máscara de pico, que sonreía alegremente. Era Rusia.
Italia talló sus ojos y continuó observando alrededor. A lo lejos, había un par de chicas que se encontraban usando vestidos no tan llamativos como las demás damas que usaban vestidos hampones. Al contrario, se encontraban usando unos un poco más frescos y delgadazos. Claro lo único que no cambiaba era las máscaras.
-¡Hungría-san, Bélgica-san!- parpadeó sorprendido. Entonces, motivado por la curiosidad, corrió hacia el otro extremo del salón, casi cercas donde se encontraba Austria. Y volvió a poner atención a sus alrededores. -¡Letonia, Estonia, Latvia y Polonia!- gritó alegremente al ver los países bálticos y al otro país conversando vivazmente en una mesa. Una alegría inmensa y un tanto confusa rodeo al italiano. A pesar de que, no los había invitado; todos los países estaban ahí. Hablando, riendo y celebrando en su fiesta. Era algo tan extraño que en cierto modo alegraba al italiano. Inmediatamente, una idea se le vino a la mente a Italia.
Si todos los países que conocen estaban ahí… Entonces…
El corazón de Italia comenzó a latir con fuerza. Era cierto… Si esa persona hizo acto de presencia en el teatro; también lo haría ahí. Italia empezó a sentirse un poco acalorado por lo nervios, que se quito los guantes y se aflojo un poco el moño. Nuevamente… los nervios lo invadieron.
Pero, lo peor de todo no era eso; si no el simple hecho de que él podría llegar de la nada al frente de él, al lado de él, atrás de él; con solo pensarlo, Italia empezó a agitarse.
-¿Pero a quien tanto andas buscando?- una suave voz se escucho detrás de él mientas sentía como una mano se colocaba sobre su hombro. Italia sintió como su corazón se salía de su pecho y empezó a híper ventilar. No quería voltear, no quería; se sentía tan asustado y apenado. -¡Ve, Ve, Ve, Ve!- empezó a temblar
-¡Ita-chan! ¡Ita-chan!- lo sacudió fuerza una persona -¡No es mi hermano! ¡Cálmate!- era Prussia. Entonces, Italia soltó un gran y fuerza suspiro. -¡Waaah por favor háblenme de frente por favor!- agitó sus brazos apenado –Disculpa Italia-kun- se disculpó el japonés ya que el había sido quien le hablo. -¡Kesesesese!- rió el prusiano -¡Realmente estas hecho un tomate!- se tapó su risa con su mano. -¡Prussia no te rías de mí!- se ruborizo.
-¿Cómo te encuentras Italia-kun?- se le acercó el japonés –Ah…- suspiro –Muy bien… solo que Prussia me asusto- hizo un puchero. Este solo rió. -¡Veee Prussia y Japón están vestidos de gala también!- se distrajo al ver los trajes que llevaban puestos. Prussia, se encontraba usando aquel traje tan despampanante que tenía desde hace siglos, de sus años de conquista; y una máscara plateada que le cubría la mitad del rostro. Japón, usaba algo más sencillo, como un traje de vestir de color negro, con un pequeño moño también negro y un antifaz ligero. –Por supuesto. No podíamos perdernos esta maravillosa fiesta- volteó a ver a toda la gente que se encontraba bailando el nipón. -¡Sí ya me di cuenta!- exclamó alegre –No se porque pero… ¡Están casi todos los países aquí!- batió sus brazos.
-Fue por que ellos quisieron venir a verte- sonrió el japonés –Como te dijimos en un principio, Romano llamó a todos los países para saber si estabas con uno de ellos. Y en cierta manera, se preocuparon al no saber nadie de tu paradero. Pero; al enterarse que te encontrabas sano y a salvo decidieron venir- relató con calidez.
-Pero, como se iba a ver un tanto raro que hayan llegado de golpe al carnaval, decidieron entre todos decir que los habías invitado- rió el prusiano.
Italia se quedo inmóvil. ¿Realmente todas esas personas se habían preocupado por el? Era inaudito. Ni siquiera, la mayoría ha hablado bien con ellas; sin embargo… ahí estaban; presentes.
Veneciano, agacho su cabeza y con sus guantes secó unas lágrimas que empezaron a brotar de sus ojos.
-Oh Ita-chan, no es momento para ponerse así- levantó el rostro del italiano Prusia. –Es que…- gimió un poco –Me hacen sentir que me comporté verdaderamente como un idiota…- miró con un poco de melancolía a los países. –Ya te dijimos que no importa Italia-kun- dijo con gentiliza Japón –Tu nueva esperanza es lo que empieza a contar ahora- sonrió. Nueva esperanza… ahí estaba otra vez esas dos palabras que no entendía Italia.
-¡Pero no es momento para eso!- gritó Prussia -¡Hay una gran fiesta y tu tienes que estar de buenos humores!- le extendió la mascara, los guantes. -¡Vamos póntelo y que la fiesta comience!- rápidamente el prusiano le colocó los guantes y acomodó el moño que se había aflojado. -¡Italia-kun!- exclamó el japonés -¡Como buen anfitrión tiene que ir a bailar con una de estas jóvenes, así que por favor valla!- empujó al italiano hacia la pista de baile. -¡Es…esperen!- sintió como era impulsado por los dos países y en un santiamén termino en medio de la pista de baile. Esté, sorprendido ante el acto impulsivo de los países los miro sorprendidos. Solo los dos países sonreían mientras lo saludaban.
-Estuvo cercas…- dijo entre dientes el japonés –Y que lo digas…- le contestó Prusia -¡Oye Francia ya puedes salir!- le hizo una seña el peliplateado. Desdé un pilar, Francia; que se veía un poco agitado, se acercó a los dos países. -¡Ya no puedo más!- exclamó y se recargo a un lado de Prussia. -¡Oh vamos no seas exagerado Francia!- rió el awesome. -¡Cállate! ¡Tu no sabes lo que es confeccionar un segundo traje igual al de Italia en menos de 20 minutos!- jadeaba –Tranquilo, por lo menos veremos en unos minutos tu gran trabajo en acción- cruzo sus brazos con genialidad.
Francia solo sonrió. Tenía razón…
-¿Francia-oni-chan?- dijo curioso el italiano al ver a Francia llegar con los otros países –Parece agitado… uhmmm… ¿Qué le habrá pasado?- se preguntó a si mismo. Pero eso no era importante ahora. Japón tenía razón. Tenía que ser un buen anfitrión y danzar por lo menos con unas cuantas señoritas. Italia, solo sonrió y miró a su alrededor las parejas que bailaban en torno de él. A lo lejos, vio un pequeño grupo de muchachas, que se encontraban viéndolo tímidamente. Italia, como buen caballero; se acercó a ellas e hizo reverencia quitándose el sombrero. –Señoritas…- las miró con calidez -¿Alguna de ustedes me concedería una pieza de este vals?- sonrió galantemente.
Prussia en algo tenía razón, realmente Italia se convertía en un casanova en esas fiestas.
Las jóvenes se ruborizaron y se miraron entre sí. Y al no saber quien de ellas sería la afortunada, aventaron una chica al azar, que se detuvo al frente del italiano. Con cierta timidez, colocó la joven su mano sobre la del italiano. Este solo sonrió y dio unos pasos para atrás hacía la pista. Pero la joven se reuso. -¿Qué sucede bella?- dijo intrigado. –Este… disculpe…- murmuró un tanto apenada -¿No debería estar usando usted su máscara…?- sonrió levemente. Italia, inmediatamente; tentó su rostro en la parte de los ojos. Tenía razón. -¡Aah pero que descuidado soy!- se reprimió a si mismo –Espera un segundo, deja me la colocó- le sonrió, y tomando la máscara que había dejado en el bolsillo del sacó empezó a colocársela. Pero…
-¡Wuah no puedo amarrármela!- intentaba con todas sus fuerzas hacer un nudo fuerte para que no se cayera pero no podía. Miró a las jóvenes de enfrente, que se reían levemente. No podía permitir eso y ni mucho menos pedirles ayuda. Quedaría mal. Dio un suspiro e intento nuevamente sin tener éxito. Estaba empezando a desesperarse.
-Espera un momento, no lo estas haciendo bien- unas manos rozaron con las del italiano y le quitaron las cuerdas de la máscara. Italia, se paralizo; sintió como eran sujetas a la perfección y apretadas fuertemente sin lastimarlo, y que tampoco se cayera la máscara. –Listo- dijo suavemente una voz –Ya no se te caerá-
Italia, con cierta dificultad; se dio la media vuelta para ver a esa persona que le había ayudado. Sentía, como lentamente ese movimiento; se hacía eterno. Como cada respirar se tornaba lenta y pesada, y que su corazón; latía desenfrenadamente. No había duda de que…
Al voltear, pudo ver delante de él; a una persona que usaba su mismo traje de él, el mismo; pero que la diferencia era el color verde hoja.
Su corazón se estremeció más…
Al voltear a ver su rostro; Italia llevó una mano a su pecho y sujeto con fuerza su saco, en la parte donde estaba el corazón. Llevaba la misma máscara… que usó esa persona en el teatro.
Su ser se estremeció…
Entonces, como si fuera cosa del tiempo; todo se detuvo alrededor de ellos.
La música dejo sonar, la gente dejo de bailar, ahora; todo giraba en torno a ellos.
Italia, fue estirando poco a poco sus brazos, lentamente… hasta llegar al rostro de la persona. Con timidez se acerco bastante a él, para alcanzar el nudo de la máscara. Y como si esta cooperara, se deshizo fácilmente. Sus dedos temblorosos, se recorrieron hasta la orilla de la máscara y con cuidado incrusto sus dedos. Comenzó a retirarla poco a poco, observando; como esta abandonaba el rostro de esa persona dejándola al descubierto. Al quitarla, permitió ver la melena rubia que cubría la tela; y sus ojos que se encontraban cerrados, se abrieron lentamente.
Ahí estaban esos ojos azules penetrantes que lo miraban con calidez mientras una sonrisa, se dibujaba en su rostro.
Italia, lentamente sus ojos comenzaron a cerrarse y su respiración se hizo acortada. Mordía su labio inferior y cerró con fuerza sus ojos. Estaba intentando no llorar. Pero ese sentimiento era tan fuerte…
-¡Alemania!- gritó mientras con fuerza se abalanzaba hacia él y un fuerte llanto brotaba. El alemán, lo abrazó con fuerza contra él y como si fueran invisibles, unas lágrimas cristalinas dibujaron un camino en sus mejillas.
-¡Alemania! ¡Alemania! ¡Alemania! ¡Lo siento mucho, perdóname por favor!- gemía -¡Fui un tonto, perdóname por favor!- escondió en la ropa de Alemania –Perdón, lo siento tanto…- sus manos se aferraron a la ropa del país –Italia…- susurró el alemán –Me alegro tanto de verte de nuevo…- unas lágrimas más gruesas salieron de sus ojos –Tenía… tanto miedo…- gimió muy levemente –De que te hubiera pasado algo y que todo fuera mi culpa…- murmuró -¡No por favor no digas eso!- se alejó del alemán -¡Todo fue mi culpa! ¡Lo siento fui un estúpido!- sacudió sus brazos con fuerza -¡Incluso te he hecho llorar!- se talló sus ojos e intento calmarse.
-¡Cla… claro que no estoy llorando…!- se ruborizó el alemán mientras intentaba secarse la lágrimas -Lo… lo que pasa es que… ¡Se me metió una basura en el ojo!- gimió. -¡Eres un mentiroso! ¡Claro que estas llorando al igual que yo!- insistió -¡Claro que no!- repuso firmemente y miró los ojos del italiano.
-Ja…- se tapó la boca el italiano -¡Jajajajaja! ¡Veeeeeee!- empezó a reírse, el alemán de igual manera empezó a reírse, al mismo tiempo que Italia. Pero poco a poco, aquella risa; se fue convirtiendo lentamente en llanto.
Pero no era un llanto de tristeza… si no uno de alegría.
. . . . . . . . . .
-Grrr…- desde una habitación privada, que se encontraba en el segundo piso del salón; Romano se encontraba mirando con odio hacia fuera de una ventana. –Maldito bastardo desgraciado…- hizo puño una mano –Algún día… algún día…- empezó a fruncir el ceño -¡Romanooooo!- llegó sonriente España y le entrego una copa de vino -¡No te pongas de esa manera! ¡Deberías estar feliz!- le dio un trago a su copa de vino. -¡Hoy estamos celebrando!- lo abrazo por el cuello.
-¡Has de estar jodiendo!- gritó malhumorado -¿¡Como carajos quieres que me ponga alegre con ese idiota macho patatas!- apuntó hacia fuera de la ventana. –Le dije mil veces a ese desgraciado…- empezó agitarse -¡Le dije mil...! ¡Ummmmmm!- fue interrumpido, ya que Bélgica había tomado la copa de Romano y con fuerza se lo dio a beber. -¡Jum Romano por favor!- dijo molesta -¿Qué acaso no puedes estar un día sin ser un gruñón?- cruzo sus brazos. Romano bufó -¡Aparte estamos celebrando!- extendió sus brazos.
-Ciertamente- añadió Japón –Hoy es un día… que valdrá la pena recordarlo- levantó un poco su copa. -¡Pero aún así!- insistió Romano –No creo que…-
-¿Aún estas preocupado por Ita-chan?- se acercó Prusia aún lado de Japón sonrientemente. Romano, solo agacho su cabeza. Había dado en el clavo. –Temo que mi tonto hermano se lleve otra desilusión…- murmuró bajamente. Los países guardaron silencio. Tenía razón. –Realmente…- hablo el aristócrata –Puede que tenga razón Romano pero…- -Ita-chan no actuara como lo ocurrido…- añadió sonriente Hungría. –Italia, a pesar de que le pedí disculpas por lo que ocurrió hace mucho…- murmuró el francés quien se encontraba recargado en una pared –Italia solo me dijo "No importa, es el pasado"- sonrió –Si hubiera seguido con su actitud pesimista, no creo que haya dicho eso con semejante alegría- rió y le dio un trago a su copa de vino.
– ¿Italia-kun a crecido un poco más verdad?- rió Rusia -¡Haaa! Incluso nos ha dejado algo importante de su experiencia-aru- guiño un ojo el chino.
-A veces…- murmuró America –Creo que Italia-kun es un país un tanto complejo…- sonrió –Y esta vez lo demostró como tal…- los países miraron atentos al americano –A mi me ha dado entender… que nosotros los países… ¡error!- sacudió su cabeza –Tanto países como humanos, no deberíamos depender tanto de nuestros recuerdos…- susurró
–Es cierto, que son algunos realmente valiosos, aquellos tiempos donde compartimos alegría con esas personas, momentos inolvidables; pero tenemos que tener la suficiente fuerza para comprender que algunos no serán iguales en el presente… Y que talvez, aquellos momentos terribles, deberíamos dejarlos ir, ya que ocasionan daños a nuestros prójimos…- dirigió una mirada hacia Inglaterra –Por eso, creo que ahora Italia; a sido capaz de comprenderlo- sonrió calidamente. –Por eso, estamos celebrando Romano…- levantó su copa de vino.
-Vaya, ¡Hasta que dices algo bueno America!- golpeó fuertemente la espalda del yankee -¿¡Te estas burlando de mí!- le reclamó –No como crees…- dijo sarcásticamente. -¡Luego terminas llorando como un bebé cuando te recuerdo mi independencia!- exclamó -¡No te me pongas a la defensiva America!- gritó el ingles.
-¿Qué acaso ustedes dos no pueden dejar de pelear alguna vez?- suspiro el español, y luego; volteó a ver al italiano -¿Estas satisfecho o necesitas más pruebas Romano?- le sonrió –Esta bien…- bufó resignado –A parte, Italia también nos demostró algo ahora…- sonrió el japonés mientras volteaba hacia la ventana –Nos enseño que también los milagros existen, y que la esperanza siempre perdura si uno lo desea de corazón…- colocó su mano sobre la ventana.
Los países guardaron silencio.
-¡Pero aún así no dejare a ese bastardo con mi hermano!- se pegó fuertemente en la ventana
-¡QUE LOS DEJES EN PAZ ROMANO!- gritaron al mismo tiempo todos los países presentes
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-Lo siento…- murmuró Italia –No importa…- dijo suavemente el alemán –Lo siento…- -Que no importa…- replicó de nuevo –Lo siento…-
-Italia… Que no importa…-
Los dos países, se encontraban a las afueras del salón, caminando; sobre un pequeño camino que daba hacia el jardín principal. La noche ya había caído y las suaves luces de los faroles que estaban al lado del sendero, se prendieron para iluminar el camino. Italia, se había quitado ya su sombrero y su máscara dejándolos en el salón al igual que Alemania.
-Alemania… lo siento…- repitió nuevamente -¡Que no importa Italia!- dijo un tanto frustrado –Ya déjalo así, no importa- suspiro -¡Pero es que… No me siento cómodo si no te pido las disculpas necesarias para que me perdones!- se detuvo y se colocó al frente del alemán –Pero aún así Italia, no importa- cerró sus ojos y sonrió. –No importa- le sacudió el cabello y continuó caminando. -¡Es… espérame…!- apresuró su paso para volver estar al mismo ritmo que Alemania.
-Deberías estar molesto conmigo- hizo un puchero -¿Por qué debería de estarlo?- lo miró intrigado –Por la estupidez que hice…- agachó su mirada –Te preocupe y a lo demás también…- dijo un tanto triste. Alemania se detuvo su caminar y volteó a ver al italiano. –Mira…- levantó el rostro de Italia suavemente con su mano –A mi ya no me importa eso, a mi solo me interesa que te encuentres mejor, a salvo y conmigo- le sonrió calidamente que hizo que Italia se sonrojara –Así que deja de preocuparte- continuó caminando -¿¡Pero que tal si vuelvo hacer algo así nuevamente!- se apuro otra vez para alcanzar a Alemania.
-No creo que lo hagas…- sacudió su cabeza -¿O acaso, lo volverías hacer?- lo miro con ternura. Italia, solo agacho su cabeza apenado. –Mira, ya llegamos- señalo hacia al frente.
Habían llegado al jardín principal, cual estaba adornado principalmente por una fuente monumental con la figura de la Diosa Venus que era iluminada, por unas luces que estaban debajo del agua. A sus alrededores, miles de arbustos y árboles adornaban toda el área; y en los suelos, miles de flores de varios colores tapizaban el suelo. Alemania, se dirigió a una pequeña banca, que se encontraba bajo la luz de un farol y se sentó. Dio un fuerte suspiro –Realmente, es demasiado bello…- cerró sus ojos y se dejo relajar por los aromas que expedían las flores y la suave brisa, que producía la fuente gracias a sus caídas de agua. Abrió sus ojos y miró a Italia quien aún se encontraba parado. -¿Qué ocurre Italia?- lo miró preocupado. Italia, quien se encontraba pensativo reacciono –Nada, nada- sonrió y se sentó al lado del alemán.
-¿Realmente ha sido un día muy pesado?- suspiro el alemán –Se podría decir que sí…- miró fijamente hacia la fuente. Un silencio prolongado rodeó a los dos países. Solo el suave sonido de la fuente se escuchaba, junto con el viento que golpeaba la copa de los árboles y el pequeño ruido que provocaban los grillos. Italia, miró de reojo a su acompañante, se encontraba con los ojos cerrados y totalmente relajado. Italia sonrió, tal vez debería hacer lo mismo.
-Alemania…- habló bajamente -¿Te puedo preguntar algo?- volteó a verlo –Dime- abrió sus ojos azules y lo miro con tranquilidad. -¿Tú crees…- hizo una pausa –que todo ira bien de ahora en adelante…?- agacho su cabeza. Alemania permaneció pensativo observando al italiano -¿Por qué lo preguntas?- dijo curioso. –No losé…- empezó a jugar con sus manos –Esto… es nuevo… Y no se que hacer…- murmuró bajamente –Japón me había dicho, que era debido a mi "Nueva Esperanza" como él dice… pero aún me es un poco difícil de comprender…- sonrió –Pero lo bueno… es que ya entendí a que se refería con el termino "Amor"- rió –Pero, si entiendo cierta parte de a lo que se refería…- miró con calidez al alemán y se acercó un poco más a él.
–Ahora comprendo, que todos estos siglos estuve mal… que mi comportamiento, encerrándome a mi mismo en un burbuja y mi cierto rencor hacía ti estaba mal…- susurró –Que no siempre, las cosas serán como uno lo desea, que las cosas cambian; pero que aún así podríamos ser feliz en una manera diferente…- se movió un poco más hacia Alemania –Eso era lo que cuenta, que no son de tanta importancia cosas triviales como las memorias… que lo único que vale realmente; es que tu estés aquí…- volteó su rostro hacía el alemán.
-Qué tu, aún permanezcas a mí lado… tal como me lo prometiste…- susurró y se acercó un poco más hacia el rostro del alemán, este solo permanecía en silencio –Con memorias o sin memorias…- cerró sus ojos mientras se acercaba hacia el alemán. Pero…
-¡Waaaaaaaaaah!- gritó el italiano mientras se alejaba de golpe -¿¡Que ocurre Italia!- abrió sus ojos de par en par asustado, por la reacción del italiano. -¿¡Pero que estoy haciendo!- batió con sus manos su cabello -¡Veneciano tonto, Veneciano tonto!- empezó a golpearse la cabeza. -¿¡Italia pero que ocurre!- agarró la mano del italiano para que no se golpeara. -¡No soy una chica! ¡Soy un chico!- gritó nervioso -¡Y estuve apunto de… de…- se ruborizo al recordarlo -¡Aaaaaaaaaah! ¿¡Pero que estoy haciendo!- volvió a sacudirse el cabello con fuerza. Realmente, se sentía avergonzado. Mucho más, por que ahora Alemania sabía que desde que eran niños, él siempre pensó que era una niña. -¿¡Por que tuve que equivocarme de sexo!- empezó a sollozar.
-Meint Gott Italia…- soltó un suspiro y rió el alemán. -¡Pero es cierto!- exclamó -¡Tu siempre pensaste que era una niña! ¡Por eso aquella vez me besaste!- lloró. –Italia… relájate…- sonreía el alemán -¡No, no!- batía sus brazos -¡Ahora tu reputación se mancharan y pensaran que eres del otro bando!- se tapó el rostro con sus manos -¿¡Pero que he hecho!- decía agobiadamente.
El alemán, solo sonreía mientras movía su cabeza de lado a lado intentando entender al italiano. Con cuidado, tomó ambas manos del italiano con una mano y con la otra, movía su mentón hacía él. Y sin dejarle tiempo al italiano para que reaccionara, besó suavemente los labios de Italia.
Italia, solo cerró sus ojos.
-¿Ves?- se alejo solo un poco del italiano y lo miró con ternura –Inclusive… aunque haya pasado más de mil siglos. Te volví a besar cuando estabas llorando…- sonrió –Pero ahora no es una despedida…- dijo suavemente el italiano sonriendo.
-Italia, siempre te he amado a pesar de que yo no tuviera mis memorias…- susurró –Solo que, era un poco reservado respecto a eso…- se ruborizo un poco -¡Pero ten por seguro que yo… siempre… te…- tartamudeó un poco ya que la pena lo empezaba a invadir –Te... te…-
-¿Amaré…?- dijo sonriente Italia mientras lo miraba con ojos de travesura. El rostro de Alemania solo se torno rojo como un tomate.
Italia solo sonrió.
Su felicidad era tan inmensa, pero tan inmensa…
Como aquel amor que profanaba fervientemente hacía esa persona…
-Yo también te amaré…- rodeó con sus brazos el cuello del alemán y se acercó al rostro de este.
- Todo el tiempo que dure mí vida y pase lo pase…- susurró –Italia…-
Y besó con ternura los labios del alemán.
Ahora comprendía, aquellas palabras…
Nueva Esperanza…
. . . . . . .
Capítulo 10°" Nuovo Speranza" (Nueva Esperanza)
