10. Patriarca Aioros
Milo dormía plácidamente sobre la cama de Arles, ajeno al ruido que Aioros y Afrodita realizaban con el objetivo de despertar al caballero de Escorpio.
Lo único que consiguieron fue que el griego se diera media vuelta sobre el colchón y sonriera en sueños, murmurando algo incomprensible.
—Seguro que está soñando con alguna guarrería de las suyas— apostó el sueco, quien recogió la túnica y sacudiéndola un poco, se la tendió al caballero de Sagitario.
—No importa, déjale dormir— zanjó Aioros—, al fin y al cabo no creo que nadie entre en esta habitación cuando salgamos— continuó ojeando por encima el informe de Shion—. Cambiando de tema, hoy tengo que repasar las tropas y recoger los informes de las misiones encomendadas…si no recuerdo mal, tienen que regresar Misty, Sirius y Albiore…
"Aioros, caballero de Sgitario,
Mi sucesor y futuro Patriarca con toda la responsabilidad que conlleva. Tengo para ti las mismas tareas que le di a Aldebarán, ya que te tocar ejercer en martes.
Al fin vas a poder saborear lo que supone regir este Santuario. Cuento con tu inestimable ayuda para recomponer todos los posibles daños que hayan sucedido hasta tu subida al trono.
Orden del día (prioridad):
—Repaso de las tropas. Tienes que llamar a los caballeros de bronce, los caballeros de plata y a las amazonas ante tu presencia y pasar revista. A tus compañeros debes llamarlos al final del día, como siempre hago. En este caso es más para que comentéis los problemas que surjan y ponedle solución.
—Entrega de informes de misiones. Aquellos caballeros que hayan regresado de sus misiones la semana anterior, deben entregarte los informes. Te adjunto una lista de aquellos que están fuera. En el repaso de tropas, los que hayan regresado, infórmales de que necesitas esos documentos.
—Serás Patriarca en funciones desde que Milo (en fin…espero que no se quede dormido) te entregue las vestiduras hasta las 06:00 de la mañana del día siguiente. Dormiréis en mi cuarto. A las 06:00, el compañero que te releve tiene que presentarse en mi templo para poder realizar el traspaso de poder.
Espero que se te de bien y no desesperes. Muchísima suerte en tus tareas.
Un sincero abrazo
Fdo: Patriarca Shion"
Los dos caballeros comentaron brevemente las asignaciones del día y cuando Afrodita terminó de peinar a su compañero y colocarle el casco, los dos salieron de la habitación.
—No sé por qué, pero tengo la sensación de que alguien nos observa— pronunció el sueco, observando alrededor. Aioros sonrió levemente, asintiendo ante tal percepción.
Una vez se despidieron, el nuevo Patriarca se dirigió al comedor a desayunar con tranquilidad.
—¡Buenos días hermanito!— canturreó Aioria, entrando en la sala. Aioros dejó caer la tostada que estaba comiendo y ésta fue a aterrizar sobre el regazo del caballero.
—Cómo no…por el lado de la mantequilla, la ley de Murphy…— dijo chasqueando la lengua con fastidio. A continuación tiró la tostada sobre el plato y cogió varias servilletas para limpiarse, mientras su hermano menor colocaba una silla frente a la mesa y se sentaba al revés, apoyando ambos brazos sobre el respaldo.
—¿A santo de qué tanto alboroto? Te recuerdo que nadie debe saber quién soy yo— recriminó Aioros a su hermano. Éste suspiró pesadamente mientras alargaba la mano para recoger la tostada y meterle un bocado.
—Verás, es que hay novedades…
—¿Tan temprano?
—Sí— prosiguió Aioria—, de hecho es que Nergal ha desaparecido.
Su hermano mayor dejó de limpiarse inmediatamente.
—¿Y puede saberse dónde está?
Aioria sonrió y recogió la taza de café de su hermano, dándole un trago.
— Camus ha encontrado algo muy interesante.
—Soy todo oídos…
Una vez que el Patriarca fue informado de los descubrimientos, Aioros encargó a su hermano que llamara a Camus, para una visita posterior a la revisión de tropas. Con este recado, Aioria se sacudió las manos y aún masticando el último pedazo de tostada se despidió de su hermano.
—¡Urania! ¡Anda, hazme un par de tostadas más! ¡Y un café cortado!— gritó Aioros a la sirvienta.
Tras desayunar apropiadamente, Aioros se dirigió a la sala del trono y se sentó, repasando las fichas de las misiones antes de mandar llamar a los caballeros de plata y bronce.
[Mientras tanto, en algún lugar recóndito del Santuario…]
—¡Devuélveme el anillo!
—Ni hablar.
—¿Pero para qué lo quieres?
—No es de tu incumbencia, pero lo necesito— Saga contempló el anillo de oro blanco, revisándolo entre sus dedos. Los caracteres en una lengua muerta completamente desconocida para él le intrigaban.
Nergal gruñó una maldición y trató de arrebatárselo al caballero de Géminis, pero Saga lo esquivó con rapidez.
—O me lo devuelves ahora o conocerás mi ira—amenazó, haciendo que la sala, iluminada tenuemente con antorchas se apagara por completo, dejando que el resplandor que emitía el dios fuera la única fuente de luz.
Saga, sin pensárselo un segundo más, deslizó el anillo en el dedo índice derecho. Inmediatamente, una fuerza poderosa fue insuflada en su ser. Un aura rojiza contorneó al caballero.
—Ay, por todos mis dioses compañeros…— gimoteó Nergal al contemplar la apariencia de dios del Inframundo de Saga. Éste se hallaba en pleno éxtasis de poder y comenzó a probar sus nuevas habilidades adquiridas. Creó una serie de fuegos fatuos con las manos, observándolos con deleite.
—Ya estoy listo— exclamó soltando una risotada.
Y abriendo un portal en el suelo, se lanzó de inmediato en él, cerrándose a su paso.
—¡No, espera! ¡Diantres! ¿Y ahora qué hago? Es la última vez que presto mi anillo a nadie…
Sin aguardar un segundo más, salió de aquel lugar.
[Templo del Patriarca]
Las dos filas de caballeros de bronce y de plata dejaban entre medias un pasillo para que el Patriarca pudiera ir revisando las tropas sin problemas. Marin y Shaina, encargadas de los caballeros de plata, se daban codazos mutuamente y cuchicheaban entre ellas.
Fue la amazona de Águila quien relató a Aioros la situación de sus muchachos, de los caballeros de plata que habían regresado y de los ausentes en misiones extranjeras.
—Oye Shion ¿y nosotros cuándo vamos a ir a algún lado? Me aburre estar aquí siempre…
Shaina fue a reprender a Seiya, pero el Patriarca le pidió silencio y girándose, se encaminó hacia el caballero de Pegaso. Se situó frente a él.
—Caballero de Pegaso, es una falta muy grave hablar sin que yo le conceda permiso y más aún cuando su superiora me está informando de sus compañeros. Tenga más respeto y cállese, o de lo contrario me veré obligado a encerrarle en el calabozo un par de días.
—Shion ¿dormiste mal? Menudo genio gastas hoy, que no es para tanto…
—¡Silencio he dicho! Seiya, no te lo repito más veces o cierras el pico o te castigo— finalizó tajante Aioros, dejando escapar su cosmos al enfurecerse. Dándose media vuelta se dirigió hacia donde Marin aguardaba, completamente pálida ante esa situación embarazosa.
El caballero de Pegaso alzó una ceja confuso. Aún cuando sus compañeros le trataban como si no tuviera luces, el muchacho se percató de que el cosmos que irradió el Patriarca era el de Sagitario.
—¿Aioros?— llamó cautelosamente. El Patriarca se giró al oír su nombre, recibiendo un chistado de la amazona de Águila. Aioros regresó la vista a la mujer, quien sentía que iba a desmayarse.
Shaina, percatándose de la delicada situación, avanzó hasta Pegaso y le dio una colleja.
—¡Deja de decir sandeces Seiya y obedece al Patriarca!
Marin y Aioros respiraron tranquilos, al ver que Seiya al fin cerraba la boca mientras se frotaba la nuca.
—Bien…prosigamos…¿qué me decías?— preguntó el Patriarca a la amazona, quien prosiguió comentándole asuntos militares.
Tras dar su visto bueno, Aioros despidió a los presentes excepto a los tres caballeros de plata que habían regresado de su expedición.
Misty, Sirius y Albiore entregaron sus informes. El Patriarca los revisó por encima.
—A ver…Misty…tú estuviste fuera menos de un día, que fuiste a Esparta…y eso fue hace dos jornadas ¿verdad?— preguntó al caballero de Lagarto, quien asintió con un aspaviento amanerado—; y tú Sirius has estado cuatro días en Namibia…y Albiore hiciste una visita exprés a la isla de Andrómeda…¡perfecto! Bien, pueden retirarse— anunció Aioros, dejando libres a los caballeros de plata.
Una vez finalizadas sus tareas, Aioros aguardó en el trono de oro, ya que esperaba la visita del caballero de Acuario.
Las puertas principales del templo se abrieron de golpe y entraron Shura y Dohko en tromba.
Distraído como estaba el caballero de Sagitario contemplando el vuelo de una mosca, se sobresaltó en su asiento.
—¡Aioros, malas noticias!— gritó el español con los ojos desorbitados.
—¿Qué pasa ahora?
Dohko resopló y se cruzó de brazos.
—¿Quién si no iba a ser?
El griego empalideció súbitamente y cruzó los dedos
—No por favor, que no sea él, que no la haya vuelto a liar parda…
Sus dos compañeros se miraron y su cara de circunstancias desplegó la ira del caballero de Sagitario.
—¡¿Pero qué tengo que hacer para que Kanon se esté quieto de una santa vez?!
El caballero de Libra frunció el ceño.
—No, esta vez no es Kanon quien se marcó el tanto, sino su hermano.
El Patriarca golpeó el reposabrazos del trono con el puño.
—Peor aún. ¿Qué ha hecho?
En ese momento Camus entró acompañado de Nergal.
—Que se ha ido al Inframundo gracias al anillo— informó el francés con su característica voz helada.
—¿Y eso qué tiene? Mejor me lo pones, en cuanto Radamanthys le pille por allí abajo le torturará. Él se lo ha buscado.
—Me temo que no comprendes la gravedad de la situación— prosiguió Camus —. Ese anillo es un obsequio de tiempos vetustos cuando las deidades se repartieron las zonas a gobernar. El anillo que llevaba Nergal le daba poder para regir el Inframundo sumerio y cualquier otro Inframundo.
—Con ese anillo, Saga está en igualdad de poder que Hades…con todo lo que ello supone—terminó el dios sumerio.
Aioros miró de soslayo a Nergal y le pidió que especificara sus palabras.
—Fácil— respondió el dios—, simplemente que cualquier habitante del Inframundo debe mostrarle obediencia, ya que sería como un dios para ellos.
El Patriarca tragó saliva y sintió un sudor frío recorriendo sus sienes.
—Pero eso no es posible, ya que tú mismo, cuando estuviste en el Inframundo, tuviste problemas.
Nergal esbozó una sonrisa tras su barba.
—Claro, porque no estaba reconocido por Hades. El problema es que cuando nos hicimos amigos…pues sellé el pacto con él.
Shura se adelantó a preguntar lo que todos temían.
—Y resulta que el pacto se sella con el anillo…independientemente de quién lo porte.
—Así es— finalizó Nergal.
La ristra de improperios que bramó el griego hicieron retumbar las paredes del templo.
—Mira, el espíritu iracundo de Shion está tomando fuerza en Aioros. Con razón le ha elegido Patriarca— musitó Shura a sus compañeros, quienes asintieron atemorizados.
Una vez que el Patriarca se calmó, decidió tomar cartas en el asunto.
—¿Qué podemos hacer?— preguntó mirando a Nergal, buscando una respuesta.
—Pues de momento, llamar a Deathmask para que nos lleve al Inframundo, porque sin mi anillo, he perdido muchos de mis poderes.
Camus cerró los ojos unos segundos para pensar.
—¿Dónde está Milo?— preguntó a Aioros.
—Pues tú sabrás, que para eso eres su mejor amigo.
El francés negó haberlo visto en todo el día. Ante esa declaración, Aioros se incorporó de su trono y subió hacia los aposentos de Arles, seguido de los tres compañeros y del dios sumerio.
Al llegar ante la puerta, el caballero de Sagitario rezó para que estuviera despierto. Abrió la puerta y se encontró al caballero de Escorpio roncando feliz en la cama.
—En serio ¿cómo puede dormir tanto?— se preguntó Dohko acercándose a la cama.
Camus echó un vistazo por la habitación en busca del libro y de unos apuntes que había dejado a su amigo.
—Pues esto no es nada, su récord de dormir es de 14 horas y 45 minutos— dijo el francés, pasando las hojas del librito rápidamente hasta dar con lo que quería—; aquí está, donde dice que tu esposa Ereshkigal posee un anillo igual. Podríamos utilizarlo.
Nergal arrugó el ceño y descompuso su faz.
—¿Qué pasa?— preguntó Aioros al ver ese semblante de desagrado— ¿Es que no sabes dónde está tu mujer?
El dios sacudió la cabeza.
—Creemos que puede ser la otra urna que trajeron de Irak los caballeros de plata— informó Camus.
—Ah, perfecto ¿cuál es el problema entonces?— interrogó de nuevo el Patriarca, al ver que el dios no cambiaba su gesto de disgusto.
—Pues que no me hace gracia la idea de tener que aguantar a mi esposa.
Los caballeros no tardaron en carcajearse por esa confesión y le dijeron que, por mucho que le pesara, necesitaban la ayuda de la diosa para poder dirigirse al Inframundo y parar a Saga antes de que armara una buena.
Nergal aceptó a regañadientes y Aioros decidió adelantar la reunión con el resto de compañeros para poder dedicarse el resto de la tarde y noche al asunto de Ereshkigal.
Milo se quedó en la habitación durmiendo.
Avisados el resto de dorados, a excepción de Escorpio, se reunieron en la sala principal del Patriarca.
Aioros tomó asiento y carraspeó un par de veces, antes de comenzar.
—Bien, tenemos un asunto importante entre manos. Saga se ha marchado al Inframundo con un anillo poderoso de Nergal y no sabemos sus intenciones.
Sus compañeros se echaron a reír ante tal frase.
—¿Cómo que no sabemos sus intenciones? Pero si está más que claro, quiere dominar el Inframundo— soltó Deathmask, esbozando una sonrisa de satisfacción.
—Sí, bueno, tienes razón…sus intenciones son siempre retorcidas, no sé para que digo eso…el caso es que hay que pararle los pies cuanto antes, de lo contrario nos veremos metidos en una situación muy complicada. Esta noche bajaré al Inframundo, así que necesito que me acompañen varios de vosotros. Deathmask, te necesito porque aunque Nergal llevará el anillo de su mujer, quiero tenerte para poder ir y venir al Inframundo por si acaso. Dohko y Kanon, vendréis los dos conmigo para hacer entrar en razón al idiota de Saga. Shura, tienes que quedarte aquí porque mañana te toca ejercer como Patriarca y yo no sé cuándo regresaremos. Camus, a ti te necesito esta noche para que me ayudes con Ereshkigal y Nergal, obviamente también te vienes con nosotros al Inframundo. ¿Está claro? Los demás estad atentos a cualquier problema que surja en el Santuario y ayudad a Shura mañana cuando ejerza.
Kanon alzó la mano pidiendo permiso para hablar.
—Dime.
—Yo no quiero ir al Inframundo.
Aioros se pasó la mano por la cara en gesto de cansancio.
—Tú te vienes, porque tienes que ayudarnos con tu hermano. Si lo haces bien, daré parte positivo de tu comportamiento a Shion— concedió su compatriota, muy a su pesar.
Ante tal oferta, el gemelo accedió y aceptó la encomienda.
Los caballeros continuaron la reunión hasta bien entrada la noche, con el fin de establecer los roles de cada uno en aquella misión nueva.
Una vez finalizada, los caballeros requeridos se quedaron en la sala del trono a la espera de ser llamados para iniciar la misión.
Por su parte, Aioros junto a Camus y Nergal se encaminaron a la sala de investigaciones donde se hallaba la vasija de la esposa del dios sumerio.
Bajo la tenue luz de la luna que se filtraba por la ventana, los jóvenes levantaron la urna intacta que permanecía sobre una de las mesas.
El griego cogió la urna entre sus manos e intentó abrirla, pero no pudo.
—No sé cómo se abre…— gruñó molesto, tendiéndosela al francés.
Camus recogió la vasija y se colocó al lado de la ventana, observándola con detenimiento.
Con suavidad pronunció unas palabras en un idioma extraño.
La urna comenzó a emitir un brillo purpúreo que brotaba de las rendijas, deslizándose como una delicada bruma. El caballero de Acuario siguió recitando a medida que el resplandor se hacía más y más intenso hasta que la vasija estalló en mil pedazos, liberando a su prisionera.
Frente a ellos, la diosa Ereshkigal apareció flamante, con un aura violáceo, enmarcando su cuerpo divino. Vestida con una larga túnica azul oscura con detalles plateados, su cabello rizado de color castaño recogido en un exquisito peinado, contempló a los dos caballeros de oro con unos ojos de color ámbar. Los pies terminaban en unas garras de ave de presa y extendió unas alas negras recubiertas de plumas.
—Vaya…tantos milenios encerrada en una urna…¿dónde estoy?— preguntó somnolienta.
—Buenas noches reina de mi corazón— susurró Nergal con cautela. Conocía de sobra el carácter fácilmente irritable de su señora.
—¿¡Por qué has tardado tanto en despertarme!? ¡Inútil! ¡Querías dejarme encerrada para la posteridad y que tú pudieras largarte con cualquier fulana de tres al cuarto! ¡Gañán, que eres un gañán! ¡Abandonarme a mí, A MÍ! Esto no te lo perdono ¿me oyes? ¡Jamás!
Los esposos se enzarzaron entonces en una agria discusión marital, mientras Aioros y Camus tomaban asiento en los taburetes, esperando a que se calmara la situación.
Una vez que la diosa logró relajarse, Nergal se la presentó a los dos caballeros.
—Disculpad las formas…es que ha salido a su madre en lo del mal carácter, ya me entendéis— Ereshkigal entonces comenzó una nueva pelea verbal con su marido a costa de su madre, pero Aioros zanjó la discusión arguyendo que estaban perdiendo el tiempo.
—Verás señora, es que tenemos que ir al Inframundo a recuperar el anillo de su marido. Un compañero nuestro se lo arrebató y ahora mismo está en el Inframundo griego seguramente generando problemas.
La diosa escudriñó a los dos y dictaminó que decían la verdad. A continuación se dirigió a su marido y le soltó otra retahíla de reproches por haber perdido la joya.
—Está bien— dijo tomando aire—, os prestaré mi anillo para acceder el Inframundo y recuperar el de mi marido. Pero ¿qué obtenemos a cambio?
El griego se quedó unos segundos pensando.
—¿No so vale con recuperar el anillo?— preguntó confuso.
Nergal suspiró y miró a su esposa.
—Llegamos al acuerdo de que nos devolveríais a nuestro país de origen, para poder regir el Inframundo en condiciones. Seguro que ahora mismo está en manos de Hela.
—¿Nos vamos pues?— apuró Camus, previniendo una nueva discusión entre las deidades. Todos accedieron a la propuesta y salieron de la habitación.
Llegaron a la sala principal, donde Kanon, Dohko, Shura y Deathmask aguardaban charlando.
—Bien muchachos, al lío. Os presento a Ereshkigal, la esposa de Nergal— anunció Aioros a sus compañeros, que saludaron rodilla en tierra a la diosa.
—Qué educados, qué suerte tiene Atenea— piropeó.
—Si te escucha Shion, se echa a reír y no para en dos semanas— dijo Dohko sonriendo.
Aioros se desvistió y entregó las vestimentas a Shura. El español plegó la túnica y ocultó el casco áureo debajo. A continuación el griego colocó ambas manos sobre los hombros de su amigo.
—Adelantamos tu nombramiento. A partir de ahora, eres Patriarca. Espero estar mañana de regreso. Cuídate ¿de acuerdo?— dijo palmeando un hombro al dejar caer sus brazos. El español asintió.
Dohko se colocó la armadura de Libra y Aioros la de Sagitario. Kanon, como siempre, a pelo, ya que su hermano no le prestaba la armadura de Géminis ni para mear. Deathmask, ya traía su armadura de Cáncer puesta. Nergal se colocó el anillo de su esposa y se preparó para la aventura.
—Nos vamos, cuidaos mucho— dijo el chino despidiéndose de Camus, Shura y Ereshkigal.
Los tres contemplaron a sus compañeros salir del templo Patriarcal. Camus se excusó con el español y le dijo que él se retiraba a su templo a dormir, no sin antes llevar a la diosa hasta los aposentos de Atenea.
Una vez a solas, Shura suspiró y subió las escaleras que daban al cuarto de Arles. Abrió la puerta y encendió la luz.
—¡Pero tú qué haces todavía aquí!— exclamó viendo a Milo parpadeando por la intensa luz. Bostezó y se sentó en el borde del colchón, restregándose los ojos.
—¿Qué hora es?— preguntó somnoliento.
—Casi las doce de la noche, so marmota. Llevas casi 24 horas durmiendo sin parar. Anda, lárgate a tu templo que yo quiero dormir ya— informó el español, tirando del brazo del griego.
Milo volvió a bostezar y salió de la habitación dando tumbos.
—Qué sueño tengo…
Shura sacudió la cabeza incrédulo, mientras se desvestía para tumbarse en la cama y dormir.
[Mientras tanto, en el Inframundo…]
—¡Mi señor, mi señor! ¡Un intruso en el Inframundo!
Valentine y Sylphid entraron en tromba en el templo de Radamanthys, quien estaba repantingado en el sofá leyendo una novela y disfrutando de su sempiterno whiskey.
El juez cerró los ojos y apretó los dientes.
—¿Cuántas veces tengo que repetir que no quiero que nadie interrumpa mi descanso?
Los dos subordinados se acojonaron ante la amenaza que conllevaban esas palabras.
—Pero es que es muy importante, todos aquellos que le ven, tienen que arrodillarse— informó el chipriota abriendo los ojos al máximo.
Radamanthys frunció el ceño mientras daba un sorbo a la bebida.
—Pues…resulta que es…
Y Sylphid dio el nombre. Su superior apretó el vaso que sujetaba entre las manos y éste estalló en mil pedazos.
—Ni que estuviera enamorado de mi, a juzgar por lo que le gusta tocarme los huevos.
¡Perdón por el retraso en actualizar! Estoy de vacaciones y no me conecto con la asiduidad pertinente, pero aquí está la décima entrega de las desventuras de estos caballeros.
Espero que os haya gustado y disfrutárais la lectura.
¡Un abrazo!
