• Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.
• Advertencias: Lemon, intento de suicidio fallido.


Sangre por Amor
Capitulo X: Felicidad al alcance de tu mano

Arthur caminaba, a paso lento, tambaleándose ligeramente. Muchas veces se sostenía de vigas o de las propias paredes, o de lo que encontraba.

No tenía el control de su propia mente y cuerpo, sus ojos sin vida eran cuencas grises con vestigios de un hermoso verde que había existido antes. Sus pies lo encaminaban a vaya saber donde; no se controlaba, ni tenia ganas de hacerlo, solo seguía su instinto, sus ganas de querer hacer algo por mas loco que fuese. Ya había bailado en un farol, así que podía hacer lo que se le plazca.

Pobre Suiza, estaba manchando sus tierras con solo pisarlas.

Igualmente tenia el presentimiento de que eso pronto no seria problema, no sabia porque. Pero sabía que dejaría de ser un problema pronto.

Siguió tambaleándose hasta llegar a unas escaleras. ¿Dónde estaba? Miro, como un ciego busca infructuosamente el motivo del sonido de la voz o el ruido, estaba subiendo a un puente. Estaba en las escaleras de un puente de ladrillo.

Subió, y subió con dificultad, pero llego a la cima. Cuando asomo su cuerpo por la barandilla de concreto, sintió el frio viento darle en la cara, congelando sus poros al instante. Mucho no le importa y se queda ahí, mirando a la lejanía.

Observa muchas cosas, los edificios brillantes al horizonte, el cielo nocturno, la cristalina agua que cruzaba de medio el puente, cristalina y hermosa, fría, sobretodo. Parecía un espectáculo digno de ensueño, precioso, una joya, literalmente. Nunca había visto nada mejor, Suiza era envidiable, ciertamente, con paisajes espectaculares y atrayentes, variedad y carisma, no por algo Vash era considerado el mejor país para vivir…

¿Y para morir cual?

Había oído que en Lituania había muchos suicidios, también en los países del norte de Europa, pero, ¿Eran el mejor lugar para morir? No lo sabia con exactitud, para él, el mejor lugar era su casa, su tranquila y aislada casa en Gran Bretaña. Lejos del mundo, solamente teniéndose a él mismo, sin nadie que molestara. Básicamente, solo, como siempre, solo y sin nadie mas. Quizá sus hermanos, pero nadie mas.

Nadie que pudiese hacerle daño.

… Entonces no debía haber absolutamente nada a su alrededor. Todo era malo, empezó a pensar. Todo te lastimaba, producía irritación en tu piel, te rasgaba, te enfriaba, te calentaba, te hacia sentir algún malestar de repente.

Ese pensamiento le repugna. Frunce la nariz, asqueado. Era cierto, ¿Cómo no lo vio? Todo en el mundo te hace sentir mal, de alguna manera u otra, hasta la existencia de los animales te afecta. Todo era malo, todo, todo, todo.

Los sentimientos en especial, tales como: fe, esperanza, libertad, sueños, pero sobretodo uno, uno que marco su vida a fuego, uno que simbolizaba unión y algo mas, el amor era el peor de los sentimientos

Se debatió internamente sobre lo que pensaba, y llego a la conclusión de que era cierto, verídico. El amor solo te hace sufrir, llorar mientras sabes que alguien o algo mas tiene lo que tu no. Siempre había sido así, nadie le había dado real atención, nunca, siempre solo, solo solo solito. Maldecía el día en que nació, del vientre de su difunta madre. Maldijo a sus hermanos por forjarle una infancia miserable, y a todos los otros factores que hicieron su personalidad dura y aislada.

Maldijo a todo el mundo.

En especial a sus adorados hermanos mayores. ¿Por qué justo ahora tenían que tratarlo bien y cuidarlo? ¿Por qué no lo hicieron cuando era un débil e inocente niño sin salida? ¿Por qué?

Recordó el sueño que tuvo mientras estaba en la clínica, corriendo por un camino de oscuridad donde solo aparecían las imágenes de sus momentos felices con el americano. Toda esa felicidad que ya no posee y que ahora solo es un hueco vacio en su pecho.

Muchas veces sintió ganas de clavarse un objeto punzante y filoso en ese lugar donde debía estar el corazón, sabia que no encontraría nada, pero igualmente buscaría en sus entrañas.

Volvió a ver el horizonte, levantando su cabeza. Seguía ahí, hermoso, sin saber que un alma sufría. Debía haber tantas que padecían lo mismo que él y recurrían al mismo método absurdo. Drogarse con antidepresivos y ahora pensar tu propia muerte tirándote de un puente.

Las estrellas eran hermosas, pensó Arthur. Mientras ya decidido, prosiguió a pasar su cuerpo por la barandilla, y quedar de frente a frente con el gran rio que cruzaba el puente. Vio hacia abajo, el agua parecía helada, sonrió, eso haría más fácil todo, sus músculos no tardarían demasiado en morir, por lo que seria todo rápido.

Ya todo estaba decidido… ese seria su final.

-Me hubiese gustado, que por lo menos esto haya sido diferente. –

Pronuncia, lleno de dolor. Ese seria el fin de todo dolor y sufrimiento, causado por el destino y la vida que le toco. Ahí estaba el resultado de todo, fin del juego para Arthur Kirkland.


Alfred corría, desesperado, no sabia donde estaba, solo se guiaba por sus pies en la gran Ginebra. ¡Maldición! ¿A dónde iría Arthur en un estado depresivo? ¡Maldita sea!

«Venga, América-san, nosotras lo guiaremos con el amo.»

Escucho en su mente. Detuvo su andar para mirar a todos lados, buscando al causante de esa aguda voz. No encontró a nadie, estaba solo en la calle.

De pronto sintió como le jalaban su chaqueta de cuero, volvió a voltear, para encontrarse nuevamente con nada. Lo jalaron mas fuerte, y entendió, aunque renegó, que se trataban de esas ''amigas'' que tenia Arthur, las hadas que tildaba de inexistentes. No creía que existieran, claro, pero aun así se dejo guiar por esa opaca intuición que sentía. Si eso era una señal para encontrar al de ojos verdes, ¡Bienvenido sea!

-¡Espérame, Arthur, el héroe va en camino! –Grito a todo pulmón, volviendo a correr, ahora guiado por la extraña presencia mágica de las hadas.-

Las criaturas mágicas aplaudían alegres, mientras veían como el americano corría hacia donde le guiaban.

-¡Rápido, no queda mucho tiempo! –Canto una de las hadas, dirigiendo al americano.-

Corrieron, y corrieron.

Alfred no entendía como pudo haber llegado hasta el otro lado de la ciudad, estaba ahora en un amplio bosque que decía ser una plaza. Pasó por un lugar desconocido alumbrado por extensos faroles de luz amarilla, un claro, hasta llegar ahora a donde estaba.

A la lejanía veía a unas sombras que le eran muy conocidas. Demasiado, cuando las observo bien, noto que eran quienes pensaba. Francia y Canadá estaban corriendo paralelamente a donde estaba él.

Chasqueo la lengua, ellos ya lo habían encontrado. Vio un cruce al camino donde estaban su hermano y su ''cuñado'', no dudo en tomarlo a gran velocidad, desviándose de su trayecto, quedo corriendo detrás del canadiense que iba a unos cuantos pasos delante de él.

Al notar otra presencia detrás de él el otro americano volteo la cabeza, encontrándose con su hermano.

-¡Alfred! –Grito, sin detener su marcha, delante de su cuerpo, el francés hizo lo mismo, tenía cara de pocos amigos.-

-¡Matthew! Where's Arthur? –grito el también, la persona que contesto no fue su mellizo, sino mas bien el novio de este.-

-¡Esta ahí arriba! –Señalo con su mano a lo alto de un puente, que cruzaba el rio congelado por el frio.-

-Shit! –Exclamo, y como pudo paso a su hermano y al galo.-

La respiración empezaba a faltarle. Su cuerpo tampoco respondía bien, solo sabia que tenia que seguir sea como sea.

Llego a unas escaleras, las cuales salto de a un escalón para subir. Casi llegaba al final, pero…

Se tropezó con el último escalón, cayendo de cara al piso, sus gafas salieron volando a quien sabe donde. Y solo veía la imagen nublada de Arthur, tras la barandilla, apunto de tirarse al vacio.

-Adiós, mundo cruel. –fue lo ultimo que dijo el inglés, antes de caer.-

-¡NOOOO! –Grito Alfred, con todas las fuerzas que le quedaban, estirando su brazo.-

Y al escuchar esa voz conocida, el europeo que ya estaba inclinado para lanzarse, voltea su mirada, atónito, encontrándose con los llorosos ojos de Alfred, rogándole que no haga lo que pensaba hacer.

No sabía si era por el efecto de la droga, o por su propia depresión, que sintió que de sus ojos también bajaban lágrimas de puro dolor. Ahí estaba, la persona que le partió el alma en pedazos. Alfred, América estaba ahí, rogándole que no se suicide.

-¡No lo hagas, por favor! ¡Arthur! Todo esto fue un plan de mis jefes, no, yo no quería, ¡Me obligaron! ¡Arthur, no me dejes por favor, no otra vez, Iggy! –Gritaba ahogado en llanto, creyendo que su mentor ya se había tirado al rio.-

Arthur del otro lado no lo podía creer, ya estaba estable, pegando su espalda al a baranda, mirando atónito como las lagrimas caían del rostro de su niño emancipado. Las gruesas gotas también caían de sus ojos, ¿Era verdad lo que estaba diciendo? No, no podía creerle otra vez, ya fueron dos veces en las que creyó en que todo iba a estar bien, no otra vez, no sigas mintiendo más.

-¡I love you England! ¡I love you so much! –

Para el americano, todo estaba dicho. Inglaterra se tiro del puente, y solo quedaba decirle lo mucho que lo amaba, sin remedio, para él, todo su mundo termino debajo del rio…

Pero no fue así.

Sintió que la vida le daba una oportunidad mas para ser feliz a el también. Escucho un sonido, y levanto la cabeza, tenía los pómulos fríos por las lágrimas heladas por el clima. No creyó lo que veía, no lo procesaba. Ahí estaba, nítido, real, vivo… Inglaterra, arrodillado frente a él, en un estado demacrado y triste, pero, era el, era su Arthur, estaba ahí, vivito, no era un sueño. Realmente…

Realmente estaba vivo. Y extendiendo los brazos, casi inconscientemente para recibir un abrazo.

-¡Arthur! –no dudo en tirarse a sus brazos, a llorar, alegre.-

-¡Al, Alfred! –Al sentir los grandes brazos del otro, se dejo llevar, cerrando los suyos propios alrededor de la espalda del más grande.-

Eso y la fuerza del impulso los hizo terminar a ambos en el piso, abrazados como si el mundo fuese a terminarse en cualquier momento.

El estadounidense refregaba su cara una y otra vez en el pecho del mayor, mientras sonreía, era real, estaba ahí, lo sentía, de verdad lo sentía. Era increíble, sus gritos llegaron antes de que el otro pudiese tirarse al fin.

-Nunca, nunca más… -empezó a decir Arthur, debajo del de ojos azules.-

Alfred se separa un poco, levantando su cuerpo, pero aun teniendo sus brazos al costado del cuerpo más frio. Inglaterra pone en su rostro una de sus heladas manos, eran mas frías que las de Iván mismo. Seco sus lágrimas con uno de sus dedos, para finalmente detener esta en su mejilla, y sonreírle con ternura.

-Nunca más vuelvas a dejarme. –dijo finalmente.-

Estados Unidos sonríe, y se inclina, hasta quedar rozando su nariz, esto le causaba un par de cosquillas al más pequeño, que se removió inquieto debajo del menor.

-Te lo juro, esta vez, será para siempre. –Y sella lo dicho con un beso en los labios.-

Arthur no lo puede ni creer, abre los ojos, para después cerrarlos lentamente, disfrutando de la muestra de cariño. Coloca sus brazos alrededor del cuello de su amante, y lo acerca mas empujando su nuca contra su propio cuerpo. El otro se deja estar, gustoso de que su acompañante le exigiera más cercanía, hacia frio, después de todo.

-¡Angleterre, Amerique! -… y como en toda telenovela, viene el francés a interrumpir.-

Ambos amantes se separan, velozmente, y un poco sonrojados. Francia llega corriendo, por las mismas escaleras que habían subido ellos hacia rato. Atrás del galo llega el canadiense, más cansado que su respectiva pareja.

-¡Angleterre! –Grita de nuevo, apartando al americano de su rival.- ¡Arthur, estas bien! –

Lo abrazo casi con desesperación, llorando en su hombro, lo había visto en la lejanía, a punto de tirarse de lo mas alto del puente, esa imagen se le quedaría gravada por siempre, la de su rival y amigo a punto de terminar su vida de esa forma. Siempre creyó que el otro era medio suicida, pero de ahí a hacerlo, era algo que ni en sueños pensaba.

-¡Deja de chillar, Francis! –le dice, sonrojado, tratando de que el otro lo deje.-

-¡No, no, no! –hacia berrinche el mayor de los rubios.- ¡Tu no sabes lo que significo para mi verte ahí! ¡Apunto de matarte, Angleterre! –Soltó, causando que Inglaterra se estremeciera por el recuerdo.- Se que la has pasado mal, y que casi siempre te auto convences de que estas bien, pero yo se que no es verdad, si tienes problemas debes venir con onii-san y decirle, porque, porque yo te ayudare, porque el pasado tiene que quedarse ahí, en el pasado. ¡Si me tienes miedo después de lo de Jeanne estas equivocado! ¡Yo… yo jamás podría odiarte de verdad, Angleterre! ¡Eres mi amigo, Arthur, por todos los cielos, confía en mí! –decía a toda marcha, pero entendible, volviendo a deprimirse.-

El inglés creía no haber oído bien. Su enemigo de toda la vida le estaba diciendo que no le guardaba rencor, que es mas, que confiara en él que lo ayudaría en todo lo que pudiese y mas. Nunca se espero eso de Francia, de todos, menos de Francia.

Mientras el francés seguía llorando, detrás de el estaba su novio, mirando con ciertos celos la escena que se montaron. Pero feliz al fin y al cabo, el que no podía decir lo mismo era Canadá, que estaba cabizbajo.

E instintivamente, el de ojos violetas voltea a su antiguo tutor, mirándole, con los ojos cristalinos. Arthur lo mira, y ladea la cabeza, tranquilo, dándole confianza al menor de los hermanos de América del Norte. Canadá solo asiente, quizá un poco mas tranquilo.

Paso el rato, y después, Alfred tomo en brazos a su amante para cargarlo, el inglés ya había vivido suficiente por un día, un largo día, que todavía ni terminaba…

A espaldas de los cuatro, las hadas celebraban alegres el haber evitado que su amo haya hecho una grandísima locura. Ahora podían seguir tomando el té con él, por mucho más tiempo.


Y en el hotel. Gales e Irlanda, que sin duda se sentían realmente inútiles, tomaban gustosos unas tazas de té, con todas las hadas alrededor de la mesa. Contentas y degustando un panecillo cada una.

-Hey, ¿Glen? –Llama el irlandés a su hermano.-

-¿mmm? –Pronuncia, con una cremona en la boca.-

-Me siento el peor héroe de la historia. No hicimos nada para evitar lo de Arthur, y encima, le dejamos tomar esas asquerosas pastillas como un enfermo cualquiera. –Dijo, algo resentido por su falta de protagonismo en la escena que sin duda habría sido interesante recordar.-

-Y bueno, a veces los héroes de verdad deben permanecer en silencio hasta la próxima aventura, eso decía mama, ¿No? –Dijo como si nada, probando otro dulce.-

-Si, bueno, mama decía muchas cosas. –contradijo un poco desconfiado el pelirrojo.-

-Ya, ya. Solo hagamos esto, -empezó a decir, hablando también para las hadas.- Al que se le llegue a escapar que dejamos que Arthur tome antidepresivos, lo mato. –Dijo con tono serio, y transmitía con su mirada aterradora que era verdad que iba a matar a alguien.-

-¿Y si se le escapa a usted, Amo Glen? –hipotétizo un hada, sentada en el borde de la mesa.-

-… Me mato. –suspiro, pero nadie le escucho.-

Y así siguieron, tomando el té gustosamente… hasta que…

Alguien azoto la puerta con tanta fuerza que hizo que varios jarrones se rompieran. Los hermanos miraron al productor de este hecho, y no era nada mas ni nada menos que la persona que menos querían ver en ese momento. Un alterado Escocia entro por la puerta, con un norirlandés igual o peor que el mayor de los hermanos, con un par de hadas a su alrededor.

-¡Sasana, Sasana! –entro gritando Irlanda del Norte.- ¡Rápido, Bryan, Sasana esta en problemas! –Decía, tomando a su hermano de la ropa, desesperado.-

-¡No, esperen…! –quería decir Bryan, pero fue interrumpido por Escocia que empezó a zarandearlo.-

-¡¿Dónde esta el mocoso? ¡Mierda, no puedo dejar que cuiden a nadie, dúo de inútiles, hasta Ulster es mas responsable que ustedes dos!

Comenzó una pelea entre los pelirrojos, uno diciendo que basta que les iba a explicar la situación (omitiendo la parte de la droga y el suicidio fallido), otro desesperado buscando a su hermano hasta detrás de los cuadros y otro que estaba mas enojado y alegando que todos (menos él y, por caso único, Irlanda del Norte porque no había metido la pata ahora) eran unos inútiles.

Por la puerta aun abierta entra el perro de Gales, el cual se sube a la cama que era de su amo. El rubio suspira al ver el escándalo y va a jugar con su mascota, que hace tiempo no veía. Las hadas lo siguieron.


Mientras que en otra parte del hotel, en la habitación de Alfred. Arthur miraba por la ventana, distraído, llevaba puesta ropa simple y holgada, un pijama de su novio para ser exactos, de color azul oscuro. Ese día había sido eterno, entre la droga que ingerido, la locura, el exceso de las pastillas y el intento de suicidio, mas la historia del porque todo esto paso (contada pura y exclusivamente por su novio). Uff… era agotador.

Con suerte se le paso el efecto de las pastillas (al total) por culpa de un asqueroso café que le obligaron a tomar. Pero aun sentía ese sabor asqueroso en su boca, puaj, esas serian experiencias que omitirá en su diario personal.

Alfred salió del baño, con una toalla alrededor de la cintura, y otra con la que se secaba el cabello, miro a su novio pensativo, y se le ocurrió una gran idea, algo que tenía ganas de hacer desde hace mucho, mucho tiempo.

Se le acerco lentamente, y como el otro estaba de espaldas a él mirando por la ventana, fue más fácil abrazarlo por atrás. El inglés reacciono, de manera tardía pero efectiva, sintió el aliento del americano darle en la nuca, se sonrojo mucho, se había desacostumbrado a eso.

-Tonto, no bajes la guardia con una persona que esta en abstinencia hace tres meses. –Sonreía pese a su desgracia.-

Arthur, de nuevo siendo el mismo, ladea la cabeza y sonríe con superioridad.

-¿Y acaso es mi culpa? –Emplea su amada ironía.- Apuesto a que te has ido a acostar con alguna de esas putas baratas que hay en tu casa, maldito traidor emancipado y pervertido. –Dijo, sabía que el otro jamás le pudo haber sido infiel, pero igual tenía ganas de desquitarse un poco.-

Alfred lo obliga a mirarle, tomándole la nuca y el mentón de paso. Ambos se miran a los ojos, el estadounidense lo besa de pronto, de una manera caliente y apresurada. Lo recuesta en la cama, debajo de él, y apaga la luz con la perillita que estaba a un lado de su cama. Arthur abre los ojos, se habían reconciliado hoy, (sin contar que también habían terminado oficialmente hoy) y ya quería hacerlo…

Pero si el también tenia ganas, no se lo iba a negar porque estaría cometiendo un terrible pecado.

Abre aun más los ojos, al sentir como el otro muerde su labio inferior, seguido de una sensual introducción de lengua en su cavidad húmeda. Suelta un gemido dentro del beso, dándole mas espacio al menor de seguir con el acto, entrelaza sus lenguas, tomando su rostro con ambas manos y recorriendo toda su boca. El rubio inglés hace lo mismo, solo que tomando las manos que tenia a los laterales de la cara.

Siguen besándose así hasta que el aire se hace escaso y por las malditas leyes de la naturaleza se separan, aun unidos por un hilo de saliva que se termina de romper al alejarse demasiado el uno del otro.

-Amé-América –toma aire, limpiándose la baba.-

-¿Qué? Estuvo bueno para entrar en calor, ¿No lo crees? –sonríe, limpiándose con su antebrazo.- Fue mucho tiempo, y en serio necesito esto. –vuelve a besarlo.-

Con una de sus manos empieza a subir la camisa del pijama del otro. Tocando su vientre en primera instancia, para después recorrer todo su pecho con su mano. Arthur se tensa un poco, y el americano empieza a devorar el cuello del otro, mordiéndolo y besándolo al mismo tiempo de una manera que lo hacia hervir.

-Idi-o-otaaa, ¿T-tú cr-crees que y-yo no qui-quie-ro hacer-lo? –mientras hablaba se le escapaban gemidos.-

-Eso parece. –dice como si nada el otro rubio, quitándole finalmente la camisa para dejarlo semidesnudo, como él que solo tenia una toalla.-

-Bobo, de seguro quiero hacerlo mas que tu. –Murmura, volteando su cabeza.-

-Mientes. –América vuelve a besarlo, esta vez de una manera posesiva y fuerte.-

Arthur se separa del beso, y sin mirar a los ojos de su amante, hace lo mismo que estaba haciendo este hace segundos. Besa su cuello, dejándole alguna que otra marca, no quería que supieran cual fue el tipo de ''reconciliación'' que tuvieron, aunque era mas evidente que nada como iba a terminar todo aquello. Ahora era él el dominante, estaba recostado sobre el cuerpo del menor, besándolo. Siguió el recorrido de besos bajando por su cuello y clavícula, lamiendo la punta de sus pezones y besando su pecho.

Alfred estaba realmente en el cielo, sintiendo como el rubio lo besaba. Gemía de vez en cuando.

Arthur besa su ombligo, para pasar a besar parte de su cadera. Alfred no lo aguanta más y se saca la toalla, dejando ver su gran excitación. El inglés sonríe, y besa por última vez los labios de su amante, el cual estaba por demás rojo. Baja a sus caderas nuevamente, y abre sus piernas, con sus hábiles manos toca el miembro excitado del menor, el cual suelta un gran y hondo gemido. Besa la entrepierna de este con diversión y procede a lo siguiente.

Aun masajeando con sus dedos el miembro del mas joven, lo toma con ambas manos, y sin despegar sus verdes ojos del mas grande, se lo mete en la boca. Alfred comprime un gemido, mordiendo su mano izquierda, mientras el otro se reía, gustoso de hacerle sentir al otro el sufrimiento por el que paso (y de paso acondicionar el ambiente).

Mordía la piel ligeramente, mientras lo sacaba y lo metía en su cavidad bucal, el rubio mas oscuro empuja un poco su cabeza hacia adentro, ahogándole, pero pudiendo seguir con el ritmo, el cual aumento al sentir como el otro temblaba por la excitación.

Finalmente se corrió dentro de su boca, Arthur lo trago todo, para después limpiar su boca. Volvió a besar el cuello del americano, al cual lo abrazo profundizando así el roce entre ambos cuerpos calientes.

-Ahhh… Arthur, no me muerdas tan fuerte. –Pidió, sin muchas ganas de que se cumpliera esa petición.-

-¿Y yo soy el mentiroso? Ahh, eres un tonto aaha… -llego a decir entre jadeos, pues el americano se puso encima suyo, aprovechando su momento de debilidad.-

-Si, porque soy el héroe de la historia, ¿O te olvidaste? –Le sonríe agradablemente, empezando a tocar la erección del otro sobre la tela del pantalón.-

-Ahh… mmghm, sii, creo que lo ol-olvide. –Dijo con malicia, sintiendo como el otro empezaba a masajearlo sobre la tela, aun más fuerte que antes.-

-Entonces te lo voy a recordar, mi amor. –

Cuando termino de hablar, bajo los pantalones hasta quitárselos, con un poco de ayuda de Arthur, claro. Vio su miembro duro sobresalir de los bóxers negros que llevaba, eso lo excito bastante a él. Pero no se dejo manipular por la sonrisa irónica del otro, como le encantaba el tsunderismo del inglés, pasaba de ser un suicida compulsivo a ser la cosa más erótica del planeta Tierra.

Y mientras regalaba besos al más pequeño, quito finalmente esa prenda molesta que lo separaba del cuerpo de su novio. Cuando ambos estuvieron como Dios los trajo al mundo, ni hablar de las caras rojas, dio vuelta al menor, dejándolo de espaldas a él. Arthur sabia lo que seguía, y se aferro un poco a las almohadas que tenia por la cabeza.

-No tengas miedo, si ya sabes como es esto. –Dice el americano, lamiendo un par de dedos de su propia mano.-

-Si, pe-pero, es doloroso. –Cuando termino de hablar, sintió como alzaban un poco su trasero para meter en él dos dedos húmedos.- Ahh, ahh, más despa-, aaah, cio~ -

-Claro, como digas. –y haciendo todo lo contrario a lo que le pidió su amante, introdujo un tercer dedo, el otro soltó un par de lagrimitas, las cuales Alfred limpio eróticamente con su lengua.- No llores mas, por favor. –Le pide, con voz ronca, en su oído, el cual aprovecha para lamer el lóbulo.-

-Mmmgm, lo, lo pensare. –Evito gemir para sonar seductor, lo cual funciono bien.-

-Malo. –Alfred muerde su oreja, empezando a mover un poco los dedos dentro del inglés.-

Soltó un par de gemidos, al igual que Arthur, y después los saco. Dio vuelta al europeo para quedar frente a su rostro nuevamente, volvió a besarle, entrelazando sus lenguas una y otra vez.

Arthur ladea un poco la cabeza, al separarse del otro. Iba a empezar a penetrarlo, pero lo detiene poniendo una mano en su pecho.

-Ven, acércate un momento. –El otro obedece, aunque confundido, queda sobre la cara del mayor.-

-¿Qué…? –

Arthur lo beso, tomando su rostro con ambas manos. Sin dudarlo, Alfred correspondió, sintiendo toda la angustia que tenia el otro acumulada. Se vuelven a separar, no por falta de aire, más bien porque necesitaban lo que venia.

-Ya, ya esta, sigue. –Le sonrió con confianza, de nuevo, Alfred obedeció.-

Bajo a sus caderas, y tomo su erección para empezar a meterla dentro de la entrada del británico, el cual arquea la espalda, adolorido. Al principio empieza a meterlo con lentitud, pero después de ver que su amante se acostumbro, lo mete todo y bastante rápido, sin medir la fuerza.

-¡Aaahh! –se queja Arthur.- Tont-to, ¡T-te di-je que des-pacio! –

-Perdón. –Dice sin sinceridad, pero aun con una sonrisa.-

-¿Cuándo mierda empiezas? ¡Hay personas que a pesar de vivir mucho tiempo no tenemos paciencia, no se si sabias! –le vuelve a decir el otro, deseoso de que comenzara ya de una vez con el acto sexual.- Eres el peor activo que eh tenido en mi vida, Alfred. –susurra, el otro solo pone una cara de pocos amigos, pero con una mirada maliciosa, empieza a moverse, dándole placer al otro.- Mmmmgg, aaah, aaaahhh, -Alfred repetía el movimiento, una y otra vez, haciendo estallar al otro.-

-¿Nadie te dijo que no menciones a otros amantes cuando esas teniendo sexo? –Alfred empieza a embestirlo mas fuerza.-

-Si a esto se le puede llamar sexo, nadie me lo dijo. –Arthur se inclina, para agarrarse del cuello del otro, y sentirlo aun mas.-

América sigue embistiéndolo, ahora masturbando el miembro del otro.

-Ahh, ahh…, ahh… -Inglaterra gemía, en puro éxtasis, disfrutando del momento aun mas que el estadounidense.-

Estados Unidos le siguió, gimiendo repetidas veces sobre la voz de Reino Unido. Empezó a acelerar el ritmo, mientras su acompañante movía las caderas, deleitándole aun más.

Siguieron así por un buen rato, ambos ahogados en placer puro. Arthur sentía que su propia erección también necesitaba atención, se llevo una mano para masajearla, pero el de ojos azules fue mas rápido al empezar a masturbarlo, muy rápido, mientras que al otro ya no le quedaba voz para gemir.

Termino corriéndose en la mano de su amante, el cual hizo lo mismo, solo que dentro de su cuerpo. Los dos se abrazaron y se besaron, sintiéndose cerca, sabían que no podían compensar tantos segundos, minutos, horas, días, semanas y meses sin haberse visto ni tocado ni acariciado, ni siquiera dedicándose ese profundo amor que sentían, pero si esa noche había sido el comienzo de una nueva vida juntos, ahora si que era para siempre, pues bienvenido sea.

Se durmieron abrazados, cubiertos por las sabanas de la cama, soñando con el futuro que les esperaba, amándose, sin esperar al día de mañana para enfrentarse a sus jefes.


Bueno... como ven todo termino bien y... no se que mas decir u_u Se que muchos no querian ver esto, pero tranquilos, hay un final alternativo =333 Gracias a todos que comentan esta historia! Que solo le faltan un par de caps para que finalice n.n

No se olviden que si quieren la continuacion -en base al final alternativo- voten en el poll (:

Bye bye~

Proximo Capitulo: Porque siempre estaras conmigo