¡Hola pequeñas criaturillas!
Confieso primeramente que me ha gustado escribir mucho este capítulo, lo estaba esperando desde hace mucho *-* así que espero les guste a ustedes también.
Voy a contarles algo, si me permiten… porque son casi las 12 am y yo ando actualizando. Para quienes no forman parte de la comunidad de , les comento que de entre las muchas cosas que se nos permite hacer desde nuestro ¿panel? –no sé cómo llamarlo- tenemos una opción llamada "Traffic Graph" en la cual podemos ver graficas sobre las visitas y los países de donde vienen; en base a esto suelo decidir los horarios en los que actualizo mis fics para que ustedes los puedan tener a una hora decente –no como hoy a las 12 am-. "Malas decisiones" tiene más visitantes de México que otros países (me da mucho gusto a los mexicanos y latinoamericanos les guste tanto KHR! A pesar de que no hay doblaje), siendo así les doy una "preferencia" por lo cual debería actualizar temprano en la mañana o a media tarde para que puedan leer el mismo día en que sale. Así por ejemplo en el fandom de One Piece que es más popular en España suelo actualizar entre las 2 y las 4 am (Hora del pacifico) para que a más tardar a medio día de allá tengan el capítulo listo. Aun así, muchas veces se me complica hacer esto y termino –como hoy- subiendo a horas no apropiadas. Me disculpo mucho con ustedes, en verdad. Trataré de hacer mi mayor esfuerzo para complacerlos a todos.
Independientemente del país donde estén leyendo este fanfic les agradezco de corazón el tiempo que se toman para hacerlo, no hay nada más bonito que saber que les gusta lo que uno hace y le pone toda el alma. Mi trabajo es suyo y la mayor gratificación de todas es saber que siguen ahí dándole apoyo. A cada uno de ustedes le doy un abrazo muy afectuoso. Los quiero.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! No me pertenece, todo es obra de Amano-san.
Malas decisiones
Nuestra primera vez
Intentaba analizar de todos los ángulos posibles aquellas prendas que llevaba puestas, era ya el quinto conjunto que se probaba y aún no decidía cual escoger. El espejo frente a ella no le dejaba mentir en que lucía hermosa en aquel vestido de color ciruela, pero el rostro de Lussuria le indicaba que no era de su total agrado; Fran por otro lado estaba más pendiente en la inmortalidad de un cangrejo.
-Todos son tan bonitos, no puedo decidirme por solo uno –decía Misuki. La reunión estaba a cosa de nada y debía optar por que vestir.
-Todavía te faltan muchos, además hay que escoger zapatillas –agregaba Lussuria, estaba muy contento en su labor de ayudar a la peliazul en la búsqueda del vestido perfecto.
-¿Tú que dices Fran? –Le consultó Misuki.
-Que no sé porque estoy aquí… es aburrido –su voz monótona sonó con diez veces más de monotonía.
-Necesitaba más puntos de vista. Eres joven y serás mi pareja en la reunión –aclaró Misuki.
-Impertinente-san, cualquier cosa esta bien. Pruébate el blanco –lo que sea para salir de su habitación y recuperar su preciosa libertad.
-Está bien.
Al contemplar aquel vestido de noche muchas cosas se le vinieron a la mente, por que aquella prenda tan hermosa era sumamente parecida al primer vestido que usó en su vida… ese que nunca olvidaría.
Después de eso no prestó mucha atención a los siguientes, así que al final se decidió por uno. Todos eran carísimos, pero tenía mucho dinero para despilfarrar. Lussuria escogió por ella los accesorios y después de unos momentos más terminaron todo aquello. Incluso Fran había salido con un magnifico traje nuevo para usar el día de la reunión.
-Lussuria, no sé qué habría hecho de no ser por ti –le abrazó Misuki después de haber llegado a la mansión.
-Lo sé, eres mala para estas cosas –confesó con una gran sonrisa. Aquella peliazul no sabía nada de moda a diferencia de él.
-Hasta escogiste un atuendo espectacular para Fran.
-Impertinente-san, esta es la primera y la última vez que haré algo así.
-Pero fue divertido… por unos momentos –Misuki le echó el brazo encima.
-No hables por todos –contestó Fran, un poco incómodo por el compañerismo de la peliazul.
-Gracias por ir aunque no quisieras –Estaba a punto de abrazarlo cuando el pequeño bribón se escapó de su vista.
-¿Por qué te llevas tan bien con esa rana? –Preguntó muy curioso el oficial del sol.
-Es solo que… él me recuerda a mi hermano –dijo muy pensativa-. Y eso me hace feliz.
Más tarde, sin nada aparente que hacer, Misuki deambulaba por la mansión comiendo un gran racimo de uvas moradas. Ya había hecho su trabajo de comunicarles a los hombres bajo su comando –los pocos que Squalo había puesto a su disposición- de lo que pasaría en unos días: el encuentro con Shiavone. Todos debían estar pendientes de cualquier anomalía para efectuar el plan en caso de algún percance.
Y mientras daba aquel rondín habría de toparse con su tan querido jefe, que al igual que ella probablemente solo estuviera haciéndose el vago en esos momentos. Los ojos carmesí de Xanxus observaron con detenimiento aquellas uvas en su mano, mismas que se dirigían a su boca para ser devoradas.
-¿Qué? –le encaró Misuki con la boca llena, era muy incómodo tener esa mirada dándole toda su atención únicamente a su ser.
-Nada –dijo secamente mientras le pasaba de lado para dejarla atrás.
Por extraño que fuera ese momento, además de vergonzoso, ambos habían girado su cabeza para observarse antes de seguir con su camino. Como si quisieran decir algo pero su mente estuviera ocupada en otro asunto. Lejos, muy lejos.
…
Japón, seis años atrás.
La base de Vongola estaba echa un alboroto, especialmente para los guardianes de Tsunayoshi, quienes sabían a lo que se enfrentarían. Si bien las relaciones internas de Vongola habían crecido un poco, la hostilidad mantenida entre la familia del Décimo y Varia seguía siendo difícil. Por ello, como un acuerdo en común los líderes de ambas organizaciones habían decidido frecuentarse para ahondar más en una buena relación.
La noticia había pasado desapercibida para los más jóvenes y los nuevos reclutas de Vongola, no porque no se hubieran enterado de ello, sino más bien porque Tsunayoshi prefería mantenerlos al margen de alguien como lo era Xanxus. Ya lo conocía bien y hasta para él todavía era difícil tratarlo.
En los recorridos por la creciente base de Vongola en Japón, Tsuna acompañaba al líder de Varia en calidad de guía. Fue ahí donde por primera vez los ojos carmesí de Xanxus se posaron sobre aquella chica de cabellos azulados y tez blanca, quien peleaba al mismo tiempo con dos de los más jóvenes de la familia del Décimo.
No sabía a ciencia cierta por qué le había interesado observar aquel entrenamiento insignificante que estaba llevándose a cabo en el jardín, a varios metros de donde se encontraban. Ante la insistente mirada por parte del moreno, Tsuna se atrevió a hablar.
-Ella es Misuki, hace un tiempo que está con nosotros –comentó al percatarse de lo que observaba Xanxus.
-¿Sigues recogiendo basura? –Espetó sin tacto alguno. Por donde lo viera no podía ver más que desperdicio, ella no era un guerrero de alta calidad.
-Yo no lo diría así –sonrió forzadamente-. Misuki-san se ha esforzado mucho todo este tiempo para estar a la altura.
-No es más que una pérdida de tiempo. ¿De dónde la has sacado?
-Hace poco menos de dos años Hibari-san la trajo aquí… no podía dejarla sola.
Fue la pauta para que Tsuna relatara la historia de aquella muchacha, una que Xanxus increíblemente se dispuso a escuchar sin objeciones, aunque a él le iba y le venía la vida de los otros.
Misuki había nacido en una familia muy pobre, con un padre alcohólico y una madre irresponsable, su núcleo familiar siempre fue muy disfuncional y ninguno de sus dos progenitores cubría las necesidades económicas, físicas ni emocionales de ella como era debido. Para cuando cumplió los siete años su padre había fallecido debido a la vida que llevaba, dejándolos a ella, su madre y un pequeño de un año totalmente desamparados.
Ante la difícil situación que vivían su madre comenzaba a desesperar, convirtiéndose en alguien totalmente irresponsable en sus labores de madre. Debido a eso, Misuki se encargaba de cuidar a su hermano como si fuera su hijo. Las cosas no mejoraban para su lamentable familia, después de tres años de la muerte de su padre, su madre decidió abandonarlos para dejarlos a su suerte. Misuki apenas tenía once años y hermanito cinco.
No le había quedado más opción que trabajar para poder alimentarse, ella no quería ser como sus progenitores y abandonar a su pequeño hermano; así que no lo importaba hacer de todo un poco con tal de traer un poco de pan a sus hambrientos estómagos. Pero las cosas distaban de mejorar para aquellos dos hermanos, pues años más tarde el pequeño hermano había enfermando de algo realmente grave y las medicinas para su curación eran sumamente costosas. Fue entonces, que con tan solo trece años de edad Misuki encontró un trabajo que podía brindarle el dinero que necesitaba para curar a su hermano.
Nunca en su vida iba a olvidar aquel hermoso vestido blanco que le habían hecho usar para encontrarse con su primer cliente. La mirada vacía de su rostro, carente de emoción pese a estar consumida por el miedo, era una niña que iba a ser devorada por un sujeto que no se tentaría el corazón por hacerle daño.
Fueron momentos terribles para alguien quien apenas estaba comenzando a crecer, tener que adentrase en ese mundo sucio y lleno de gente enferma y atroz era desquiciante; sin embargo, el amor que le profesaba a su único familiar era más grande que cualquier cosa, así que soportaba todo aquel abuso físico y psicológico que recibía con tal de obtener el dinero para curar al pequeño.
Año y medio después de pertenecer a ese insufrible infierno, pese a todos sus esfuerzos por sacar adelante a su hermano y darle una mejor vida… él falleció. Era un dolor demasiado grande, uno que su corazón no podía soportar, él era su razón para seguir viviendo en un mundo tan podrido y ahora que se había marchado de su lado no podía importarle menos lo que sucediera con ella. Al fin y al cabo ya no podían quitarle algo más preciado.
Ciertamente ya no tenía motivos para seguir viviendo esa clase de vida, vender su cuerpo por dinero ya no tenía ningún significado, pero lamentablemente ese mundo se había convertido en su único estilo de vida. No sabía hacer otra cosa que no fuera eso, no tenía un hogar, no tenía familia… así que ¿qué más daba seguir haciéndolo?
Poco a poco se fue relacionando con más gente hasta que casi al cumplir los quince años se convirtió en acompañante de mafiosos, los cuales obviamente pagaban más dinero por los servicios de mujeres como ella. Misuki pese a los golpes de la vida era una muchacha muy hermosa, de ojos vacíos y sonrisa amplia… siempre dispuesta a obedecer lo que le pidieran. Era de las favoritas de Ichinose, quien no se tentaba el corazón para hacer lo que se le viniera en gana con ella.
Y no fue solamente con esa familia de mafiosos con las que se vio envuelta. Afortunadamente la familia Vongola asaltó a una de ellas por ese tiempo, dejando destruido el imperio que estaban comenzando a crear. Fue ahí donde Hibari la había encontrado: postrada en una cama, acabada y sin ganas de vivir. Algo había visto el guardián de la nube en ella que había considerado que valía la pena rescatar y llevase consigo.
No había mucho que explicar después de que Shamal le hubiera entendido y explicado un poco a los guardianes de Vongola. El corazón de Tsuna no pudo simplemente decir que no al urgente llamado de ayuda que provenía de ella.
Hibari desde ese día se encargó de sus cuidados ante la sorpresa de todos. Misuki al principio había estado demasiado distante y desconfiada al respecto pero nadie la culpaba por eso, entendían todos lo difícil que habría de haber sido soportar aquello. Cuando al fin Vongola se ganó la confianza de la peliazul esta habló sobre lo que le había sucedido y como es que había terminado de esa manera.
Nadie objetó al respecto de que Misuki se quedara definitivamente como parte de la familia. Tsuna se lamentaba el hecho de no haber podido hacer algo por su hermano, que de haberla conocido de antes tal vez le hubieran podido salvar.
Toda la familia Vongola la amaba enormemente, cada uno a su manera, y estaba tan profundamente agradecida de ello. Al final había encontrado en el lugar que menos imaginó un hogar a cual pertenecer. Estaba agradecida con todos, pero especialmente con la persona que le había sacado de ese lugar primeramente: Hibari.
Él se convirtió en su mentor, en su amigo, su apoyo y fortaleza… Hibari era el hombre que le había devuelto sus esperanzas y sus ganas de vivir. Hibari era el hombre a la cual ella amaba.
Así que después de dos años de haberla rescatado, Misuki se esforzaba mucho en poder aprender a pelear para ser de utilidad en el futuro. Empleaba mucho de su tiempo en practicar con quien fuese. Por qué le debía su vida a Vongola y como tal con ella le pagaría la nueva oportunidad que le habían dado.
Xanxus había escuchado atentamente toda la historia proveniente de Tsunayoshi sobre aquella chica, procesando en su mente los pros y los contras de haber hecho algo como eso. Seguía sin entender la fascinación de Tsuna y sus hombres por recoger gente de la calle. De haber sido él le hubiera dado una patada por el culo y echado –de nuevo- a su surte.
Mientras pensaba en ello, por unos instantes, la mirada caoba de Misuki se encontró con los escandalosos rubís de él. Fue poco el tiempo en que se sostuvieron la vista de manera distante, pero solo eso bastó para que pudiera entender eso que Hibari probablemente había visto en ella. Cuando sus miradas se separaron Xanxus chasqueó la lengua, molesto por el incómodo sentimiento que le había provocado aquella chiquilla.
No quiso darle más rodeos y prefirió seguir en su recorrido por la base.
-¿Quién es ese sujeto que anda con Sawada-dono? –Preguntó muy curiosa la peliazul al guardián de la lluvia.
-Su nombre es Xanxus, es el líder de los asesinos independientes de Vongola Nono –aclaró la duda amablemente Yamamoto.
-Espera, ¿él es la persona con la cual pelearon por los anillos Vongola? –dijo con sorpresa. Es que ella los había visto caminar como sin nada por los pasillos.
-Así es. Pero digamos que tenemos una relación más o menos pacifica con ellos ahora.
-Vaya. Ese Xanxus da miedo…
-¿Ya te lo encontraste? –Se echó a reír el moreno, eso era algo en lo que todos inevitablemente coincidían.
-Hace rato… tenía cara de pocos amigos. Sentí un escalofrío cuando cruzamos miradas –de solo recordarlo su piel se volvía de gallina.
-Mejor no te metas con él. Sabemos de lo que es capaz cuando se molesta.
-Aunque sea parte de Vongola dudo sea alguien a quien vaya a ver mucho ¿cierto?
-Esperemos que así sea.
Pero esa idea fue opuesta a lo que sucedió en la última noche de la estancia de Varia dentro de la naciente Vongola del Decimo.
Por ese tiempo Misuki seguía siendo una muchacha amable de buenos modales, de haberla conocido unos años después Xanxus se habría encontrado con la mujer de carácter fuerte que cocía en la actualidad.
Los ojos caoba de ella miraban insistentemente al hombre extranjero vestido en ropas locales, en algún punto de su mente aquel hombre de cabello negro y ojos rojos le recordaba mucho a Hibari. Ambos tenían esa expresión de seriedad en sus rostros, sin embargo, la mirada cálida que Kyouya siempre le daba era la opuesta a la que Xanxus profesaba.
Ambos estaban frente a frente en la oscuridad de la noche, en un curioso encuentro por los pasillos. Era sorprendente que una sola persona tuviera la presencia como si fueran mil, los ojos carmín de Xanxus examinaron a Misuki de pies a cabeza. Conociendo ahora la clase de persona que había sido le daba cierta repugnancia.
No sabía muy bien porque simplemente no podía hacerse a un lado y dejarlo pasar, el escalofrío que había sentido antes cuando cruzaron miradas era nada comparándolo con esos momentos. Además, aquellos ojos intimidantes bañados en sangre resultaban ser descaradamente bonitos ara su total sorpresa. Xanxus daba mucho miedo, no le quedaba la menor duda.
Aquella uva morada se deslizó por su garganta, había olvidado que estaba comiendo aquella fruta cuando se encontró con él. A veces le daba mucha hambre por las noches y solía ir a la cocina a buscar alguna fruta para comer. Las uvas eran sus favoritas.
-Un gusto, Xanxus-san –se inclinó Misuki como saludo. Sentía que debía mostrarle respeto al ser parte fundamental de Vongola.
-A un lado, escoria –espetó sin miramientos. No esperaba realmente que ella fuera a comportarse con educación.
-Lo siento –se hizo a un lado, sin embargo, Xanxus se quedó en su mismo lugar-. ¿Sucede algo malo?
No obtuvo una respuesta con palabras, solamente esa mirada férrea puesta en ella, esa que no entendía la razón de ser. Podía sentirse tan pequeña debajo de ella, indefensa… pero por alguna razón, no podía detestar aquellos ojos rojos, sino todo lo contrario. Una sonrisa fue la respuesta a su intimidante mirada. Misuki había aprendido a darle buena cara a las dificultades, y esa parecía ser una muy grande.
Por alguna razón Xanxus no podía entenderla del todo, más en una parte muy en el fondo de él podía sentir algo de empatía… e incluso aún más profundo, un reflejo de su situación. Pero compararse con esa clase de personas no era su estilo, así que solo el hecho de estarlo contemplando le hizo fruncir el ceño ante aquella sonrisa.
No dijo absolutamente nada, simplemente prosiguió con su camino; al igual que ella.
…
Xanxus estaba viendo como descaradamente le sonreía de la misma manera en que lo había hecho hace muchísimo tiempo atrás. Misuki contemplaba aquel gesto que claramente era de enfado, y eso solo le hacía querer sonreír más. ¿Desde cuándo le gustaban esa clase de expresiones en los hombres? Aunque no iba a mentir en decir que incluso ese gesto no se miraba mal en él.
-¿Qué? –Replicó inmediatamente Xanxus. ¿Qué tan malo o bueno era que se hubieran encarado de esa manera?
-Nada –contestó tranquilamente. El moreno dio media vuelta y prosiguió a lo suyo-. Siempre has sido igual –comentó Misuki un tanto feliz.
-Cállate –chaqueó el líder de Varia ante aquella verdad. Cuando menos él siempre había sido grosero, rudo y malgenioso… a saber por qué Misuki se había vuelto así también. Debía admitir, no le molestaba en lo más mínimo.
