El día pintaba bien, a pesar de que pasó la noche llorando y pensando en lo infinitamente horrible que era vivir su vida. La mañana le dio un vuelco a las cosas, ya que nunca se imaginó que sería tan divertido jugar con la perra de Finlandia. Si, esa perrita que, o era inmortal, o periódicamente reemplazaba ya que siempre había estado presente en la casa de Tino.
Oh, qué dichoso el ser un animal. Es feliz con cosas tan simples, pero tan básicas... ¿Porqué yo no me conformo con que ponga su mano en mi cabeza y me llame "buen chico"? Pensaba Emil continuamente, echándose sobre los montones de nieve en el patio del finlandés, persiguiendo a la perrita y escondiéndose de ella cuando al fin decidía contraatacar. No tenía idea a donde había ido Lucas después de desayunar, pero seguramente volvería para mediodía.
-Hana, no lo muerdas!- gritó Tino cuando la mencionada comenzó a jalonear con el hocico el pantalón de Emil, en modo juguetón, ya que el humano bastardo no le lanzaba la pelota – sé amable, señorita.
Como el islandés lo suponía, Lucas volvió a la hora de la comida con un montón de verduras, increíblemente él preparo la comida -cosa que hacía literalmente, décadas, no hacía para Emil- y sirvió los tarros de cerveza. Por supuesto después de la comida pusieron música pesada, que no era muy del gusto del menor, y bebieron vodka hasta que el cielo se oscureció. A Emil tampoco le gustaba mucho el vodka, prefería mil veces el Brenninvín pero ya que estaba en casa ajena, tenía que acostumbrarse.
-Oh vamos Emil, no es para tanto! -rió estrepitosamente su anfitrión, bastante bebido pero con la suficiente fuerza y cordura para burlarse del menor de los nórdicos que se aferraba al sillón, como gato aterrorizado, debido a un intenso mareo. No quería levantarse, no podía siquiera intentarlo, y el mover los ojos del punto que había seleccionado en la pared para posicionarlos significaba una intensa confusión. Tratando de diferenciar de nuevo el techo del suelo recorrió la habitación con los ojos, encontrandose con Lucas que lo miraba, sonriente, desde una silla a la derecha. Oh, qué visión tan perfecta; estaba sentado relajadamente, con una pierna sobre la otra, su brazo sobre el soporte de la silla y sujetando con elegancia un vaso de vodka. Los botones de su camisa más cercanos a su cuello desabotonados, la corbata totalmente deshecha, el cabello ligeramente despeinado y una hermosa y suave sonrisa producto de la ebriedad. Maldijo al mareo. "Seguramente, si me le insinuara ahora no podría rechazarme", pensó, pero estaba demasiado débil como para arriesgarse.
Al final, no pudo levantarse por su cuenta. Cuando abrió los ojos se encontró en su habitación, solo, sin recordar el modo exacto en que había llegado hasta ahí. Ya se sentía menos ebrio. Escuchó voces y risas en la sala,pero prefirió quedarse e intentar dormir.
Un par de horas después despertó al escuchar a alguien entrar mas no se movió. Sintió que alguien se sentaba junto a el, en la cama, y le acariciaba el cabello.
-Emil...
Un escalofrío le recorrió la espalda al escuchar la voz de su hermano. El porque le visitaba tan noche y en tales circunstancias fue una pregunta detonante para miles de posibles conjeturas que comenzaban a torturarle. Fingió que dormía.
-Lo siento mucho, Emil... -se agachó para besar su frente- siempre has sido tan buen niño... pero eres mi hermano, mi hermanito... nada más. Realmente, agradezco que no me lo hayas dicho directamente. Me rompe el corazón imaginarte llorando...
Al terminar, lo besó de nuevo en la frente y salió a tropezones de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. El impacto de Emil fue simplemente indescriptible. Todo se le caía encima. Cada pequeña ilusión que se había hecho desde que notó sus sentimientos por el noruego, se convertían en un bloque de cemento sobre su pecho. Respirar, llorar, incluso cerrar sus párpados resultaba infinitamente doloroso. Las lágrimas resbalaban por su rostro, inundando la almohada. No fue consiente de cuanto duró su llanto, pero al amanecer dejó la casa de Tino y volvió a su hogar, sin dar explicación alguna. Fingió su mejor sonrisa al despedirse de los otros dos, pero en el vuelo a casa las lágrimas lo dominaron de nuevo. Ésta era la confirmación máxima de sus temores. El dolor... no tenía idea de cuánto duraría, pero seguro, en algún momento dejará de importarle. Tenía tantos problemas en casa que excusas no le faltarían para distraerse, solo en sus íntimos momentos de soledad esas palabras inconscientes, dichas al creer que no las escuchaba, regresaban para herirle como astillas encarnadas.
Ok, primero que nada, mil disculpas por haber tardado tanto en escribir este capitulo. Me odio a mi misma por tardar siglos en ponerme y terminarlos en una hora máximo, no soy muy reflexiva en lo que escribo y, si lo dejo ir, tengo que esperar muchos meses hasta construir otra idea que me motive.
También la falta de reviews me desmotiva muchísimo. Ya saben, escribir para la nada es muy triste. Les agradecería que si leen el fic me dejen un review para saber que lo hicieron, sus opiniones y con quién querrían que quedara Emil. Este fic tiene todavía muchas posibilidades.
