Capítulo 10

Cara:

Después de tres días de escuela en Forks, Washington, empezaron los sueños. Imágenes borrosas y confusas que me daban vueltas en la cabeza. Por lo que podía deducir, no estaban conectadas, sólo eran pensamientos diversos.

Pero no eran míos.

Al principio, estaba yo sola en una habitación a oscuras. Probablemente un sótano. La oscuridad estaba tranquila, vacía. Reptaba por el interior de mi cuerpo y me daba escalofríos. Pero entonces, la escena cambiaba. Me encontraba en la bifurcación de una carretera, un camino llevaba a la seguridad obvia (pues estaba lleno de luz y flores) y el otro era más siniestro. Yo no quería ir por ese camino, pero mis pies se movían solos. Las sombras parecían moverse.

Un paso. Antes de poder dar otro, el mundo empezó a sacudirse demasiado rápido para ser normal. Incluso para mí. Los árboles eran borrones, mis pies apenas tocaban el suelo. El corazón empezó a martillarme contra el pecho, no podía controlar mi propio sueño.

Una fuerte neblina, demasiado espesa para ser bruma, lo cubre todo y yo dejo de moverme. Congelada en el tiempo. Oía voces pero no podía entender las palabras. ¿Me hablaban a mí? ¿O entre ellas?

Y entonces escucho mi nombre. Se repite una y otra vez hasta que temo volverme loca intentando encontrar a la persona que me llama. Cara… Cara…

-Cara… ¿Cara? ¡Cara! –con un grito, me caí de la cama, con las sábanas ensortijadas en los tobillos formando un lío. Con la mano busqué a tientas el escritorio pero sólo conseguí derribar el despertador, que me golpeó en la cabeza.

-Au… -murmuré. Hubo una risilla familiar sobre mí y me volví para dirigirle una mirada asesina a mi novio.

-Lo siento –Jacob me ayudó a levantarme, combatiendo una sonrisa. Fuera de la ventana de mi habitación estaba oscuro, el cielo extrañamente despejado y azul. En mi alarma caída (y dolorosa) se leía 1:00.

Jake se sentó en el borde de la cama mientras yo trajinaba, preparándome. La emoción empezó a burbujear dentro de mí. Era mi primera noche de "vigilia" como una miembro oficial de la Manada. No había una ceremonia ni nada de eso, sólo el silencioso reconocimiento de que yo también era un licántropo y simplemente tenía sentido que me sumara.

Me puse el chándal, lista para una larga noche merodeando por los oscuros bosques en mi forma lobuna. Aún temía la Mente de Manada, pero iba mejorando, continuamente. Y ésta noche seríamos sólo Jake y yo.

Tendido en mi cama, en su habitual atuendo de bermudas (y punto) Jake tarareaba una canción, que yo no conocía, con los ojos cerrados. Había trepado por la ventana, que había dejado abierta. Con suerte, mi padre no se preocuparía por investigar la repentina corriente y entrada.

-Vale, lista –dije y él me estudió con un ojo. Una lenta sonrisa apareció en su cara mientras se levantaba. En dos zancadas, sus brazos me rodearon, sus labios se posaron en los míos. Instantáneamente sin aliento, suspiré y me entregué al beso, echándole los brazos al cuello.

Un repentino crujido proveniente del rellano nos hizo separarnos bruscamente y Jake salió por la ventana. Me precipité bajo las sábanas y conté hasta diez, recuperando el aliento. Justo como sospechaba, mi padre abrió una rendija de la puerta y metió la cabeza. Vio que estaba despierta y entró.

-Hey, nena… ¿te encuentras bien? –contuve el aliento cuando fue a la ventana y la cerró silenciosamente.

-Sólo un poco sofocada… puede que esté resfriada.

-Oh… ¡entonces mejor que me aleje! Voy a ir a un partidazo de béisbol en Seattle este fin de semana –papá, siempre el niño. Su vida consistía en trabajar, deportes, yo, deportes, dormir, comer y deportes. Aún así, por el momento agradecía mi buena estrella.

-Oh, sí, no deberías perdértelo. Buenas noches, Papá –sin otra palabra, cerré los ojos y fingí dormir. No estoy segura de si funcionó, pero él no es precisamente un maestro de la percepción. En cuanto se cerró la puerta, me levanté de un salto, deslicé la silla bajo el manillar (un retraso para por si acaso) y brinqué fuera de la ventana, cerrándola detrás de mí.

-¿Jake? –susurré, escudriñando los oscuros árboles. Ahí, escondido un poco más adentro, había un lobo de color rojizo, con la lengua fuera en una sonrisa lobuna. En segundos, me transformaba, cambiando manos por garras, piel por pelaje.

Jake:

Tener a Cara a mi lado hacía mi turno mucho mejor. Normalmente, me quedo royendo mi propia cola. También ayudara que hubiera una verdadera buena razón para hacer turnos en vez de hacerlos simplemente porque sí.

Así que esto es lo que hacéis toda la noche. La voz de Cara apareció en mi cabeza y, por un segundo, yo veía por sus ojos. Más cerca del suelo y con ángulos más intensos. Sacudí la cabeza y bloqueé su visión.

¿No es emocionante?¡Oh, casi no puedo contenerme! ¡Guau!¿Eso era una roca?

Solté una risa ronca y aguda y le rocé el hombro con el mío. Hubo un segundo de calor extra, pero volvió a la normalidad. Las hojas de los árboles crujían con el viento, los animales se escabullían, ansiosos por salir de nuestro camino.

Una repentina y fuerte ráfaga de viento nos llegó y el pelaje de la espalda se me puso de punta. Vampiro. Hubiera conocido esa esencia en cualquier lugar, el olor de la muerte mezclado con el sabor metálico de sangre mezclada. Era asqueroso.

¿Qué es eso?Cuidado, es uno de ellos.Y ellos son…Sí. Quédate a mi lado. Su miedo me recorrió y durante un segundo me quedé pillado en él, antes de apartarlo. A veces la Mente de la Manada puede estorbar.

Agachándonos, nos deslizamos entre los árboles, buscando y esperando cualquier señal. En realidad, no esperaba que pasara nada, por eso llevé a Cara conmigo. Pero si éste era el tío que había matado a Charlie, necesitaríamos refuerzos.

Me giré cuando una pequeña rama se partió detrás de nosotros y sólo pude ver algo muy pálido perdiéndose en la distancia. Empezó a latirme la adrenalina en las venas cuando pensé en perseguirlo. Hacerlo trizas. El instinto de cazar al enemigo me llenaba intensamente.

Pero primero tenía que ocuparme de Cara. No era una esencia que conociera y eso sólo podía significar peligro.

Escucha atentamente. Necesito que corras a casa de Sam, tan rápido como puedas, ¿vale? No te pares por nada, simplemente corre¿De qué¡Tú vete!

Tras un segundo de vacilación, dio la vuelta y desapareció entre los árboles, las hojas del suelo apenas se movieron. El corazón empezó a amartillarme, la respiración se me agitó. Otro golpe de viento volvió a traer la esencia desde otro lado diferente. Estaba dando vueltas.

Ahora podía oírle, sus rápidos pies casi no tocaban el suelo. Me agaché tan bajo que podría haber estado allí tumbado y cerré los ojos, escuchando atentamente. Ningún latido de corazón, ninguna respiración. Sólo las ocasionales pisadas. Se abrió su camino alrededor de mí y esperé unas vueltas, cronometrándolas perfectamente. Tenía un tiro.

Detrás… en frente… izquierda… en frente… derecha… detrás… izquierda… Era inconstante y frenético pero en el momento justo, me abalancé.

Mi cuerpo golpeó algo tan frío y duro como la piedra y nos mandó volando. Caímos al suelo dando vueltas, gruñendo y bufando. En cuestión de segundos, estábamos de pie y enfrentándonos el uno al otro. Su pelo era casi blanco, sus ojos rojo brillante. Su ropa estaba hecha jirones y sucia, pero no había tiempo para juzgar lo que parecía.

-Abandona mientras puedas, lobito. Puede que sólo te deje vivir dos minutos más –dijo, su voz un bajo susurro. Tenía una mancha de sangre en el cuello de la camisa, y por un repugnante momento se me ocurrió que podía ser de Charlie.

Esa rabia me impulsó, dándome más determinación para terminar esto cuanto antes. No dejaría que se me fuera de las manos, como hicieron esos vampiros el año pasado. No se convertiría en una guerra. Sólo una batalla.

Garras fuera, fui hacia sus extremidades, intentando arrancárselas. Él me esquivó fácilmente, pero no antes de que consiguiera golpearle en el estómago. Su camisa se rasgó aún más, pero la piel de debajo seguía intacta. Se abalanzó sobre mi espalda cuando yo cargaba contra su garganta y nos encontramos en mitad del salto, cayendo al suelo. Él aterrizó sobre su brazo con un nauseabundo crujido y se le quedó mutilado e inútil.

-Suerte –se burló y, antes de que pudiera ver lo que estaba planeando, estaba detrás de mí, el tronco de un árbol joven en mano, las raíces pendiendo. Vino volando y me golpeó en un lado, lanzándome por los aires.

Golpeé un abedul gigante y caí al suelo en un amasijo arrugado. El dolor era insoportable. Sabía que tenía alguna costilla rota (el crujido me lo decía) podía sentir sangre aún caliente goteándome de la cara. Antes de que pudiera tomar aliento, estaba siendo alzado del suelo y lanzado al suelo, aterrizando en mi pata izquierda.

El mundo empezó a desdibujarse, los colores empezaron a emborronarse y, aún así, intenté levantarme y enfrentarle. Estúpido Jake. Estúpido. ¡No podía con él! ¿Por qué no podía aceptarlo y esperar la ayuda?

El vampiro soltó una risa baja y letal, y me di cuenta… de que la ayuda no llegaría a tiempo. No tan rápido como para vencer a un vampiro a golpe de muerte. Un miedo real me inundó y me sentí frío de repente.

¿Cara? Envié una llamada mental. Podía sentirla, no muy lejos, con Sam y Jared. No muy lejos… pero no lo suficientemente cerca.

Estamos llegando, Jake, aguanta. Sí, era fácil para él decirlo, él no estaba siendo zarandeado como una muñeca de trapo humana. Esa sensación de hormigueo que significaba el cambio viajó por toda mi columna vertebral y un minuto después, me convertía en el Jacob humano. Desnudo en los bosques con un vampiro mortífero cerniéndose sobre mí, listo para acabar conmigo.

Se agachó junto a mí, una sonrisa revelaba unos dientes puntiagudos. Durante un segundo, la cara de Bella pasó por delante de mis ojos. Ella podía hacer lo que él estaba haciendo. Ella podía ser él, acechando alguna criatura inocente en algún lado. La idea me puso enfermo.

Me giró la cabeza a un lado, fijándose en mi cuello, y ni siquiera pude luchar contra eso, tenía los ojos nublados con sangre de la brecha de la cabeza. Me costaba respirar por las costillas rotas y el brazo me dolía tanto que me daba náuseas.

Pero antes de que él pudiera hundirme los dientes y antes de que me desmayara afortunadamente, la esencia familiar de madreselva llegó a mí. Y en el siguiente instante, el vampiro no estaba, dejándome solo en los bosques mientras la ayuda finalmente llegaba.