Es temprano, demasiado temprano, pero tengo que entrenar, o Perlmutter acabará matándome un día de estos. No me apetece nada salir al campo de entrenamiento, ahora cubierto de nieve, pero tampoco tengo opción. Veo dormir a Demming, que por lo menos no ronca como el otro imbécil. Tras la pelea pidió el cambio de habitación y yo, sinceramente estoy encantado. Demming es un buen tío, parece que al final no es el niño mimado que pensaba. Quizás mis prejuicios están relacionados con como mira a Kate. No puedo sacarme de la cabeza como la besó, debería odiarlo por ello, pero me cuesta. Ayer me pidió disculpas por ello, diciendo que nos sabía que lo nuestro iba en serio. Debí de decirle que no había nada nuestro, o mejor dicho que si lo había yo lo había destrozado, pero me callé. Y espero que tarde en enterarse, porque sería incapaz de ver como la besa otra vez. Me pregunto si pensaría lo mismo si besara a Gina… no, al respuesta es no. Me traería sin cuidado. Pero con Kate es diferente y no lo entiendo, porque solo hace una semana que la conozco… no lo entiendo, pero Kate me importa, como solo me ha importado otra mujer, Kyra.

Día nueve

-¿Entonces puedo ir al entrenamiento? –Pregunté ansiosa. El doctor se rió, divertido y negó con la cabeza.

-No sé porque tienes tantas ganas de correr sobre la nieve, pero la respuesta es no. Hasta que no te recuperes del todo te quedarás dentro del edificio y da gracias de que te dejo ir a las clases. –Esto último lo dijo con tono de advertencia, así que me callé y asentí, como una niña buena. –Aquí tienes, tomate una cada ocho horas y bebe mucha agua.

-Muchas gracias doctor.

Le sonreí y me marché, tenía una hora antes de la primera clase, mientras que mis compañeros hacían el entrenamiento. Fui a la habitación y saqué los apuntes que necesitaría ese día. Suspiré frustrada, escribir no era mi fuerte. Ante mí tenía un montón de garabatos y folios con esquemas llenos de tachones. Tardaría bastante en pasarlos a limpio, tenía que aprender a escribir de otra forma, si no quería perder la mitad de mi tiempo en intentar comprender mis propios apuntes. Pero empezaría otro día, ahora iba a dedicar mi hora libre para otra cosa. Me levanté y fui a la consulta del doctor Burke, llamé a la puerta. Tenía que hablar sobre mi padre.

-º-

-¡Kate!, me sorprende verla, la cita era esta tarde, ¿no? –Me miraba sorprendido, hizo un gesto para que me sentara y se sentó en frente de mí, observándome con atención, esperando. Me gustaba ese hombre, su rostro reflejaba paz, tranquilidad, era agradable. Sentía que con él podía hablar de cualquier cosa, no me juzgaría y me ayudaría. No solo porque fuera su trabajo… realmente tenía una especie de don. Respiré hondo y me decidí a hablar.

-Necesito que me ayude… es sobre mi padre. Le conté todo lo ocurrido el fin de semana y también la conversación de ayer. Me escuchó con atención, sin interrumpirme. Cuando terminé estaba desesperada, sentía ansiedad. –Tiene que ayudarme por favor, no sé cómo cuidar de él, ni que hacer…

-Kate, tu padre está enfermo, necesita ayuda, pero tú no puedes dársela, al menos no toda la que necesita. –Intenté protestar, pero alzó la mano y continuó. –Necesita ayuda especializada, tú no estás preparada para eso…

-¡¿Entonces qué hago?!

-La reuniones de Alcohólicos Anónimos suelen ayudar, puedo darte varias direcciones donde te orientarán sobre el tema, pero debes tener presente una cosa. Para que tu padre se cure tiene que estar dispuesto, no puedes obligarle a pedir ayuda.

-¿Debo dejar que destroce su vida?

-No, debes encontrar un momento en el que esté lúcido y hablar seriamente con él y también decirle como te sientes tú. Puedo ir contigo si quieres y estar ahí, intentar ayudarte a dialogar con él, no es buena idea que lo hagas sola, pero nada de esto va a ser fácil.

-Rick me dijo que quería ayudarme…

-Ese joven tiene buenas intenciones, pero no creo que su ayuda te sirva para esto.

-No se lo he contado todo… -Le hablé de Martha, la madre de Rick y de lo que éste último me había contado sobre ella. Burke me escuchó con atención y se frotó la barbilla, pensativo.

-Si tienes a una persona de confianza que pueda ayudarte con este tema, no dudes en pedirle ayuda, te será bastante más útil que yo, al conocer el tema de cerca. Sinceramente no tengo mucha experiencia con temas de adicción… aun así, ¿crees que tú padre aceptará hablar con esa mujer?

-No lo sé… -A su hijo prácticamente le había tratado de cabrón…, no sabía que haría con Martha. Pero esa mujer parecía ser buena persona, podía confiar en ella, aunque también pensaba que podía confiar en Rick… me aparté de nuevo esas ideas de la cabeza, se trataba de mi padre, tenía que ayudarlo sí o sí y si para eso necesitaba la ayuda de Martha Rogers, no dudaría en pedirla.

-Kate, ¿hay algo más que quieras contarme?

-Me mintió... -No fue necesario que le aclarase de quien hablaba. Me observó en silencio, otra vez esperando, le conté todo, me aparté las lágrimas con rabia, no quería llorar por él. -...y ahora no sé qué hacer, no sé si puedo confiar de nuevo en él... ¿qué debo hacer?

-¿Qué quieres hacer? -Tirarme a sus brazos, me dijo una voz. Matarlo, dijo otra. Hablar con él y aclarar esto. Nada de hablar, coge la pistola y mátalo, así practicas. Las tres voces volvieron a discutir, dándome de nuevo dolor de cabeza. Suspiré. -No sé que quiero hacer, no lo sé...

Salí de la consulta mientras que mis voces seguían discutiendo. Iba a tener que hablar con Rick para pedirle el teléfono de su madre, pero no sabía cómo hacerlo, se suponía que no le hablaba. ¡Qué diablos!, dijo que quería ayudarme, ¿no?

-º-

Tenía tiempo antes de las clases, los chicos tenían que ducharse tras el entrenamiento. Pensé en como acercarme a Rick sin que nadie estuviera delante. No podía ir a buscarlo a su dormitorio, me expulsarían, ni mucho menos a los vestuarios, me expulsarían, ni tampoco me podía sentar con él en el comedor, me expulsarían… cualquier cosa que pensase acababa con el "me expulsarían". Podía esperar a que acabasen las clases y pedirle que habláramos, en el gimnasio, por ejemplo. Era uno de los pocos sitios donde no estaba prohibido que estuviésemos dos personas del mismo sexo, aunque sabía que había alguien vigilando, para que no se hiciera una gimnasia especial, por así decirlo. Al final me decidí por esto último, esperaría a que acabasen las clases y para ello me sentaría cerca de él, bueno, lo más cerca que pudiera, teniendo en cuenta que estábamos separados por una línea imaginaria.

Dediqué mi tiempo libre a continuar pasando mis apuntes a limpio, después me dirigí al aula y pensé durante unos segundos. Me senté en uno de los pupitres situados justo en la línea divisoria y esperé. Mis compañeros fueron entrando, Lanie se sentó a mi lado y sonrió, parecía feliz y relajada. No sé porque pero algo me decía que había estado saltándose las reglas y no sola precisamente. La sonrisa de Esposito me lo confirmó. Me acerqué a ella, susurrando.

-Estáis jugando con fuego.

-No te creas. –La miré sin entender, se me escapaba algo. –Luego te cuento. –Dijo sin más. No insistí, tenía que estar pendiente de Rick. Por fin lo vi entrar y para mi disgusto iba delante de Gina, que sonreía. Mátalo y a miss Silicona también. No seas malpensada, solo viene delante de ella, no tiene por qué significar nada. Céntrate Kate, tu plan. Estaba hasta las narices de voces imaginarias, me iba a volver loca. Quedaban pocos asientos para los hombres cercanos al mío, así que me puse manos a la obra. Cogí mi libro de "Flores para tu tumba" y cuando Rick estaba lo bastante cerca hablé en voz alta, para nadie en particular.

-Ojalá algún día pudiera conocerlo, me encantaría sentarme al lado de Richard Castle. –Me miró sorprendido y luego miró hacia el escritorio del profesor. Solo había un vigilante, asegurándose de que nadie se sentara donde no debía. Perlmutter y Gates no estaban, así que todo iba bien. Me miró de nuevo y le hice un gesto, apenas perceptible para que se sentara cerca. Asintió y se sentó a unas dos sillas más allá. Bien, las cosas iban bien. Por fin llegó la profesora, seguida por Perlmutter, que nos miró a todos con una sonrisa burlona. Mis voces dejaron de discutir enseguida, preocupadas, al igual que yo y que todos los demás. Tenía un folio en la mano lo puso a la altura de sus ojos y empezó a leer. Fue enumerando varios nombre, haciendo un gesto para que los nombrados se pusieran de pie. Sentí que temblaba, no sabía para que era esa lista, pero tenía la sensación de que no era nada bueno. Perlmutter dio el último nombre.

-Meredith Grey. –La pelirroja se levantó, en silencio. Perlmutter guardó la lista y nos miró a todos, levantó el brazo y señaló la puerta. –No habéis superado la prueba con más de un tres, es lamentable. Sois unos inútiles, no servís ni para llevar los café a los policías de verdad, ¡estáis expulsados! -Se oyó un murmullo, algunos gritos de indignación y algún que otro sollozo. Uno a uno fueron abandonando el aula, dirigiéndole miradas de odio al teniente, que parecía aburrido. Meredith fue la última, pero se quedó quieta durante unos segundos, miró furiosa a Perlmutter y espetó:

-¿Eso significa que ya podemos follar de nuevo? –Se hizo un gran silencio, Perlmutter la miró fijamente y no contestó se limitó a esperar a que la chica se marchase. La pelirroja le dirigió una última mirada de profundo odio y se marchó. El resto no decíamos nada. Lanie parecía sorprendida ante la revelación de Meredith. Esposito y Ryan tenían la boca abierta y Rick, bueno Rick estaba escribiendo a toda velocidad en un folio. Me pregunté que estaría escribiendo. El teniente volvió a hablar.

-El resto sabréis vuestras notas cuando terminéis todas las clases al final del día, estarán colgadas en los tablones de anuncio. –Se marchó sin más, mientras que la profesora lo seguía con la mirada. ¿Le comentaría algo al capitán Montgomery sobre aquello? La verdad es que Perlmutter no era santo de mi devoción, pero no quería que lo despidiesen…

La primera clase trascurrió con normalidad y en la segunda nos dieron una charla sobre el cacheo. Cuando terminó se levantó y pidió dos voluntarios. Nadie se ofreció, puso mala cara y leyó en su lista:

-Rogers Richard y Beckett, Katherine. –Nos miramos entre nosotros. Esa profesora parecía no recordad la regla de nada de contacto físico, así que no nos movimos. Nos miró con impaciencia.

-¿A qué diablos esperan?, vamos ¡vengan aquí! –Nos levantamos y acudimos en silencio, se cruzó de brazos, nos miró. -¿Y bien?

-¿Qué es… exactamente lo que debemos hacer? –Rick parecía confundido. La mujer lo miró exasperada. –Cachee a su compañera.

-¡¿Cómo?! –Ahora estaba sorprendido y yo, bueno yo no estaba de acuerdo en absoluto con aquello. –Señor… no debemos… tener contacto físico…

-No recuerdo haberle pedido que la tumbe sobre el escritorio y le arranque la camisa, señor Rogers. –Se oyeron risas burlonas, miré hacia los pupitres, Gina y Sorenson me saludaron con la mano, riendo. Sentí como me hervía la sangre. –Cachee a su compañera, ahora, es una orden. –Suspiró y asintió.

-En… bien… yo…

-Dios, he visto cadáveres con más sangre que usted, ¡empiece de una vez!

-Señorita… ponga los brazos en cruz. –Me dijo. Obedecí en silencio, él miró a la profesora que asintió. Se acercó a mí y pasó ambas manos por mis brazos y también por mis costados, palpando varias veces. Sentí como se me erizaba la piel. –Ya está.

-¿Ya está?, termine y haga el favor de no tocarme más las narices. –Se mordió el labio, cabreado y volvió a acercarse a mí. Palpando de nuevo, esta vez por las piernas. No pude evitar soltar un jadeo, cuando me rozó el trasero. –Lo siento. –Susurró, solo para que yo lo oyera. No dije nada, sentí como me temblaban las piernas y un intenso calor corría por mi cuerpo. Rick paró y miró a de nuevo a la mujer, que asintió.

-No ha estado mal.

-¡Y tanto!, ¡a ella le ha gustado y todo! –Se oyó una voz entre mis compañeros. La profesora miró hacia allí, con el entrecejo fruncido, pero no dijo nada. Yo estaba roja, deseando que acabe la clase.

-Pueden salir y hagan el favor de dejar de comportarse como niños. –Fui con rapidez a por mis cosas y salí de allí como alma que lleva el diablo. Rick recogió lo suyo y me siguió, poniéndose delante de mí antes de que subiese las escaleras que conducían al dormitorio.

-Kate, espera.

-Rick por favor, déjame pasar.

-No. Me dijiste que me sentara cerca y ahora me vas a decir por qué.

-Lo único que pienso hacer es encerrarme en mi cuarto y no salir de allí nunca más.

-Vamos nos seas cría, no es para tanto. –Lo miré con odio, pero me mordí la lengua. Él suspiró.

–Escucha, no quiero discutir, si quieres irte, hazlo. –Se hizo a un lado, lo miré agotada.

-Está bien… sí, quería hablar contigo.

-Tú dirás. –Dijo, muy animado.

-Aquí no. Vamos al gimnasio.

Fuimos hasta el gimnasio, que estaba vacío, el vigilante debía haber salido. Me senté en uno de los dos bancos y él se sentó a mi lado. No dije nada, aún me sentía muy avergonzada por lo que había ocurrido en clase. Al final empezó a hablar él.

-Kate, de verdad, no pasa nada, solo fue un ejercicio, deja que la gente diga lo que quiera.

-Siento mi reacción… -En realidad lo que quería decir es "siento haber disfrutado tanto de ese cacheo", pero no iba a dar más detalles.

-¿Qué reacción? –Me miró, interesado.

-Sabes a lo que me refiero. –Le corté.

-No, no lo sé…

-Rick, ¡no sigas por ahí! –Me levanté, no iba a perder el control, no solo porque pudieran echarme, sino porque me negaba a demostrar ningún síntoma de debilidad delante de él.

-¡Yo no he sacado el tema! –Protestó.

-Está bien, vamos a dejarlo.

-Bien.

-Bien. –Me dirigí a la puerta pero al final me giré, enfadada.

-Dijiste que me ayudarías con lo de mi padre.

-Y lo mantengo. –Dijo, sin entender a que venía eso.

-Necesito hablar con tu madre.

-Vale, le diré que hable contigo este viernes.

-Bien, gracias. –Volví a girarme, pero él se levantó y se pudo delante de mí.

–Espera, no puedes hacer esto.

-¿Hacer qué?

-Pedirme un favor y luego hacer como si no me hablases. Kate, somos adultos, comportémonos como tal.

-¿Adultos?, no soy yo la que ha traicionado la confianza del otro. –Dije indignada.

-No era mi intención. Pensaba decirte lo de los libros.

-¿Sí?, ¿Cuándo?

-Pues… eh… más adelante.

-Ya, claro. Después de conseguir tu objetivo ¿no? Me acuesto con la pobre e inocente niña virgen, le enseño unas cuantas cosas sobre el sexo, le demuestro lo macho que soy y luego ya le digo la verdad, o mejor me voy a ver a quien más me puedo tirar. –Dije cabreada.

-No, para, no sigas por ahí.

-¿Acaso es mentira? –Le enfrenté.

-En primer lugar para mí tú no eres una niña pobre e inocente y en segundo lugar si quisiera echarte un polvo y nada más ya lo habría hecho. –Contestó, indignado.

-Lo intentaste, pero yo no quise.

-¡Vamos, Kate!, he notado tu reacción en clase… -Me puse roja. -…podría convencerte para hacerlo en menos de cinco minutos, pero yo no soy así. Tú no estás lista para eso y lo comprendí este viernes, nunca te haría hacer algo para lo que no estás preparada. Y si lo hiciéramos, sería mucho más que un simple polvo. No soy un cabrón, aunque no te lo creas.

No dije nada. Se giró y se dirigió a la puerta. –Hablaré con mi madre y ya te contaré. Espero que algún día quieras hablar conmigo para algo más que para pedirme favores, mientras estoy a tu disposición… pero recuerda Kate, no soy un monstruo y no voy a consentir que me trates como tal. –Se marchó sin decir nada más y yo me dejé caer en el banco agotada. Bueno el plan no había salido mal de todo, hablaría con la madre de Rick, con suerte podríamos ayudar a mi padre entre las dos, pero me sentía culpable.

No tenía hambre así que pasé de ir a comer y fui directamente al dormitorio, me tumbé en la cama, pensando en lo que me había dicho, aunque en realidad solo había una frase que estaba en mi cabeza, sería mucho más que un simple polvo... ¿qué habría querido decir con eso?...

-º-

-¿Otra vez en tu mundo? –Lanie asomaba la cabeza por la barandilla, con una sonrisa. Me incorporé y me encogí de hombros. –No has bajado a comer.

-No tenía hambre.

-¿Has vuelto a discutir con el escritor? –Adivinó. Asentí con la cabeza, Lanie subió por la escalerilla y se sentó a mi lado. -¿Qué te ha hecho ahora?, aparte de meterte mano en clase. –La miré de mal humor.

-No me metía mano…

-Kate, he notado el calor que desprendías desde mi asiento, hasta yo me he puesto cachonda…

-¡Lanie!

-Vale, vale, cuéntame, ¿qué ha pasado ahora? –Suspiré y le conté lo sucedido en el gimnasio. Lanie me escuchó con atención y cuando terminé de hablar sonrió.

-¿Por qué sonríes?

-Está loco por tus huesos y eso que apenas os conocéis… y lo mejor es que tú sientes lo mismo.

-¡No es cierto!

-Venga Kate, deja de negarlo, tú misma lo dijiste, no te importaría estar entre sus brazos…

-Eso fue antes de saber que me había mentido.

-No seas tan rencorosa, él podría hacer como si no existieras, pero no, te ayuda con lo de tu padre, se preocupa por ti… quedan pocos hombres así.

-¿Y sí solo quiere…

-¿Echarte un polvo? –Aparté la vista, encogiéndome de hombros. –Lo dudo Kate, no sé, no parece de esos.

-No tardó ni dos días en tirarse a Gina.

-Exacto. Si solo quisiera echar un polvo seguiría usándola a ella, ¿no crees?

-A lo mejor ese es el problema, que no soporta que lo rechacen y por eso insiste.

-O a lo mejor le importas y nada más. Quizás deberías darle otra oportunidad.

-Lanie…

-No hablo de echarte a sus brazos Kate, simplemente conócelo, sé su amiga. Puede que te sorprendas.

-Vamos… tenemos clase. –Bajamos de la litera y fuimos a salir, pero me di cuenta de algo y la agarré del brazo.

-¿Por qué estabas tan contenta esta mañana?

-¿Eh?, a eso, Javi me ha invitado a pasar el fin de semana en su casa.-La miré sorprendida. –Como amigos Kate, como amigos. Aunque los amigos pueden hacer muchas cosas. –Dijo divertida.

Me reí. –La verdad es que pensaba que os estabais saltando las reglas.

-No y no es fácil, por eso precisamente vamos a pasar el fin de semana juntos, hay que aprovechar el tiempo perdido en el convento. –Fuimos a las clases, Sorenson estaba en la puerta me sonrió, burlón.

-Pero si es sor Katherine, aunque… esta mañana no parecías muy virginal ¿eh?, que se siente cuándo te tocan ahí ¿divertido?

-Cuando te toca un hombre de verdad y no uno como tú, sí. –Me dirigí a uno de los asientos más alejados, Lanie me sonrió, mientras que Sorenson me miraba furioso, le ignoré. La clase pasó despacio, cuando terminó mi amiga se marchó directa a la enfermería y yo me dediqué a mirar mis apuntes, o mejor dicho, mis jeroglíficos. Poco después entró Gates.

-Como ya saben mañana tienen la primera clase de tiro, durante toda esta semana tendrán una evaluación psiquiátrica para asegurarnos de que pueden llevar armas. Si la suspenden, tendrán problemas. Las listas con los horarios para la evaluación están junto a las notas del examen de ayer. Tras esta clase podrán verlas. Espero que ninguno de usted suspenda la evaluación, porque no se le permitirá continuar en la Academia.

Gates se marchó y comenzó la siguiente clase, sobre psicología criminal. Cuando terminó salí temblorosa del aula, caminando preocupada. Sabía que no había sacado menos de un tres, pero eso no me consolaba. Quería sacar mucho más, necesitaba buenas notas, muy buenas. Me paré delante del tablón, donde estaban las notas. Algunos ya se habían enterado de las suyas y respiraban aliviados, otros parecían contentos. Esposito sonreía. Le pregunté con la mirada.

-Un siete, no está mal y Lanie un ocho.

-Felicidades ¿y qué pasa con Ryan?

-Un seis, ha ido a decírselo a Jenny.

-No está mal. -Comenté, él se encogió de hombros.

-¿Y tú qué?

-No me atrevo a mirar...

-Venga, ya sabes que tienes más de un tres, mira de una vez.

Volví a mirar el tablón, ojeando los nombres, buscando el mío, pero una fragancia que conocía bien me distrajo y una mano se colocó al lado de la mía, buscando con el dedo su nombre.

-¿Has aprobado? -Preguntó con formalidad.

-No lo sé, no encuentro mi nombre...

-Debes buscar por el apellido.

-Lo sé. -Dije molesta.

-Bueno, pues parece que he aprobado. -Comentó con indiferencia. Alcé la mirada y dirigí la vista hacia la lista donde estaba su nombre. Había sacado un ocho y medio. Lo miré sorprendida.

-Pero ¿cómo has...?

-¿Te sorprende?

-Pues... no sé, bueno quiero decir... saliste tan rápido del examen...

-Leo rápido, ventajas de ser escritor. -Comentó con una sonrisa.

Me reí, sin darme cuenta, nos quedamos mirándonos durante unos segundos, pero él apartó la mirada, mirando de nuevo el tablón.

-¡Vaya, pues parece que la señorita ha sacado un sobresaliente, no está nada mal! -Miré las listas, incrédula y di un grito de alegría. Rick se rió. -¡Yo si que estoy sorprendido!

Lo miré indignada.

-¿Qué?, he visto tus apuntes, son horribles, ¿cómo puedes entender algo en esos folios?

-¿Vas a enseñarme tú a escribir, señor escritor?

-Podría, si quisieras.

-¡Sí, hombre!

-Lo digo en serio. Yo podría ayudarte con tus apuntes, si es que se les puede llamar así y tú me ayudas a mí con el entrenamiento, antes de que Perlmutter me mate. ¿Qué te parece?

-Que yo, con mis horribles apuntes, he sacado mejor nota que tú, eso me parece. -Él sonrió y se encogió de hombros.

-Bueno, si un día te cansas de jeroglíficos ya sabes dónde estoy... -Nos sonreímos de nuevo.

-Rick yo...

-¿Sí?

-Bueno... que... a lo mejor no es tan mala idea... pero no sé donde vamos a quedar para ello...

-Los fines de semana, quedamos dos horas, tú me ayudas con algún entrenamiento y yo te ayudo a escribir...

-No sé... -Vamos di que sí estúpida. Dile que no, dile que no, no juegues con fuego. Sé práctica, dile que sí y si ves que se pasa lo destrozas en el entrenamiento.

-Bueno, piénsatelo y me dices, yo voy a llamar a mi madre, para lo que ya sabes. -Miramos alrededor, asentí.

-Gracias. -Él sonrió y se marchó.

Fui al dormitorio, con una sonrisa en la cara. Había sacado una nota estupenda, Rick hablaría con su madre y... a lo mejor era hora de empezar de cero. No sabía cómo sería una relación con Rick, pero me moría de ganas por saber cómo sería una amistad y esta vez quería arriesgarme. Al fin y al cabo, quien no arriesga, no gana.

Me ha sonreído. ¡Me ha sonreído! Parece que al final voy a tener una oportunidad de recuperar su confianza, y esta vez voy a hacer las cosas bien. Ella tiene sus prioridades y yo voy a estar ahí. Sé que mi madre puede ayudarla, está loca, pero es la mejor persona que conozco y yo... bueno, ayudarla a escribir apuntes siempre viene bien. Voy a hacer las cosas de otra manera, nada de agobios. Su vida ha cambiado de golpe, está asustada y necesita alguien en quien confiar y en quien apoyarse. Necesita un amigo y si eso es lo que necesita, eso es lo que voy a darle.